Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Veo que a todos nos ha emocionado el gran avance del capítulo anterior, veremos qué sucede de aquí en más. No creo que Shikamaru se rinda, pero Temari también es bastante testaruda y seguirá batallando. ¿En qué punto se encontrarán por fin? Lo sabremos en los próximos capítulos muajajajajaja
Bueh, ya deliré.
Como siempre, saludo a los anónimos Courtheyhime, me alegra que te haya gustado la escena del beso, ya iba siendo hora de que ocurriese XP Veremos cómo se las apañarán para ponerse de acuerdo, si es que lo logran (?) Muchas gracias por seguir apoyando la historia n.n abby, muchas gracias por tu emoción, espero que el fic siga siendo de tu agrado hasta el final. Gracias también por leer y comentar n.n ana, jajaja! Todas fangirleando y emocionándose, estos dos juntos son dinamita XD ¿Queda entre tus besos favoritos? ¡Qué honor, gracias! Espero que sigas disfrutando de la historia n.n bd, qué bueno que hayas podido hacerte de un tiempito para leer y que hayas pasado un lindo rato. Shikamaru se acerca, claro que sí, pero Temari es dura-dura. Veremos cómo lo resuelven. Gracias n.n
Saludo y agradezco también a los lectores en general, espero que lo estén disfrutando. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
VII
Será con… ¿peonías?
La carta había llegado por la mañana, pero fortuitos avatares la depositaron en sus manos recién cuando estaba a punto de anochecer. Ni bien entró en la posada el encargado se la entregó y ni bien distinguió el sello del Kazekage procedió a abrirla con ansiedad. Hacía tiempo que Temari, más allá de los documentos habituales, no recibía una misiva personal de sus hermanos.
Gaara le refería las novedades de la aldea. Por lo general sus cartas, cuando se decidía a escribir, eran tan escuetas como su parquedad natural disponía, y tan desprovistas de sentimentalismos como el mapa genético de los Sabaku parecía prometer. Temari meneó la cabeza con resignación. Su familia no tenía remedio.
Sin embargo, esta carta guardaba una diferencia notoria con las anteriores, ya que debajo de las anotaciones convencionales venían varios párrafos asombrosamente nutridos que la llenaron de estupor. De la curiosidad casi se saltea el primer contenido, pero se contuvo lo suficiente para leer a su debido tiempo las líneas más insólitas con que se hubiese topado jamás:
Tal vez pienses que me tomo libertades que no me corresponden, pero ya que estás ausente para ocuparte de estos asuntos me he sentido inclinado a abordarlos en tu representación. Sé que más allá de mi cargo sigo siendo el menor de los tres, pero precisamente porque soy el Kazekage pensé en usar mi investidura para cerciorarme del tema a fondo y transmitirte los pormenores del caso.
Ya conoces al clan Shin, su poder e influencia, su lealtad e historia. Hubo un tiempo en que una de las familias que lo componen temió carecer de herederos, hasta que un día fueron bendecidos con la llegada de un primogénito: un varón, el único hijo de la pareja. Imaginarás lo que significa para la familia el único vástago que la vida les ha ofrecido.
Pues bien, ese chico ha crecido y actualmente es el único heredero con vistas a erigirse muy pronto en el líder del clan. Un jounin muy valioso además. En concreto, debo decirte que él y su padre me han ofrecido una alianza con nuestra familia, una alianza que se formaría si aceptases casarte con él.
Temari levantó la vista por un momento, anonadada. ¿Casamiento? ¿Gaara le estaba pidiendo que considere casarse? Perpleja, se apresuró a continuar con la lectura.
Sé que es precipitado, sorprendente y completamente ajeno a tus circunstancias actuales. Te conozco, Temari, y sé cuán insubstancial te resulta cualquier proyecto de boda, sobre todo si la novia eres tú. Sin embargo, porque sé lo poco que te importa tener eso en tu vida es que me tomé la libertad de asegurarles que intercedería ante ti.
No es por la alianza, ni por la aldea ni por diplomacia, sino porque estoy cansado de verte sola. Lamento la brusquedad. De todas formas, si tampoco te interesa que alguien te tenga entre sus pensamientos –porque he hablado con Leigi muchas veces y otras tantas he podido observar cómo te mira- sólo dilo y transmitiré tu negativa. De no haber visto en él un interés verdadero, ni siquiera hubiese considerado la propuesta y tú jamás te hubieses enterado de nada.
Lo he hablado con Kankuro y ambos coincidimos en que eres demasiado terca cuando se trata de ti y que ninguno tiene objeciones sobre el candidato. En lo personal muchas veces he sospechado que tenías predilección por cierto ninja de Konoha, y que algún día aparecerías informándonos sobre tus propósitos con él. Pero como el tiempo corre y eso no parece que vaya a suceder, como hermano quisiera que sopesaras seriamente esta alternativa.
Temari leyó el saludo final y se crispó. Vaya, cuando a Gaara se le daba por hablar salía a relucir lo afilada que podía volverse su lengua. Pocas veces se había dirigido a ella de esa manera tan espontánea, tan íntimo que ciertamente la incomodaba, y tan honesto en su preocupación que no podía menos que conmoverla. Algunas palabras, incluso, rayaban en lo afectuoso.
Por supuesto que conocía a los integrantes del clan Shin y recordaba muy bien a Leigi, con quien había hecho la academia de niña. Era un joven con el que se podía contar y habían compartido muchas misiones juntos, además de pláticas, intereses y objetivos de vida. ¿Era el heredero más prometedor para su clan? A Temari no le sorprendía ni medio.
Ahora, el tema de la propuesta de matrimonio era otro asunto. Y por más que se esforzó, no consiguió recordar las "miradas significativas" que tan alevosamente señalaba su hermano. Temari releyó para estar segura de que había entendido bien y luego bufó, irritada. ¿Leigi enamorado de ella? ¿Desde cuándo?
Luego releyó la línea más interesante, porque lo de casarse con Leigi, por más tierno que sonase, estaba fuera de discusión. ¿"Predilección por cierto ninja de Konoha"? ¿"Propósitos con él"? ¿"No parece que vaya a suceder"? ¿Por qué maldita razón cósmica su hermano sabía de un asunto del que ella ni siquiera había dado muestras de atravesar?
¿O sí las había dado? ¿Hace unos años, quizás, cuando era ella la de las "miraditas"? Hasta Gaara sospechaba de ellos, incluso antes de que el propio Shikamaru empezara a plantearse sus sentimientos. Porque a Temari no le cabía duda de que se refería a Shikamaru.
-Por todos los cielos –masculló, molesta. Arrojó la carta sobre la cama y se dirigió al pequeño balcón para observar el paisaje y meditar.
¿Por qué de repente había tantos hombres dispuestos a casarse con ella? ¿No tenían mejores cosas que hacer? ¿Acaso era la única mujer soltera sobre la tierra? En su opinión, el matrimonio estaba sobrevalorado.
Desde donde se ubicó, podía apreciar el tranquilo andar de los esporádicos aldeanos que volvían a sus casas, los tenderos de los puestos cercanos recogiéndolo todo para cerrar y un sujeto que venía calle arriba en dirección a la posada con un paquete entre las manos. Temari, hastiada, puso los ojos en blanco al reconocer ese característico y perezoso avance.
-o-
-¿Peonías?
-Peonías.
Temari las miró asombrada. Eran flores tan particulares, tan difíciles de hallar, que ya no supo si impresionarse con Shikamaru o con las capacidades en jardinería que demostraba poseer Ino. En la planta habían florecido dos hermosas, singulares y rosadas corolas, y tuvo que tomarse unos cuantos segundos para admirarlas como correspondía.
Esta vez se habían acomodado en el interior de la posada, donde se disponían las mesas para la comida de los huéspedes. Había anochecido y afuera el aire se arremolinaba en una brisa fresca y algo molesta, por lo que ambos decidieron dejar a un lado la prudencia de costumbre en procura del cobijo apropiado. Se arriesgarían a que el intercambio fuese visto en público, pero confiaban en que cada huésped atendería sus propios asuntos.
De todas formas no había muchos concurrentes, sólo dos mesas se presentaban ocupadas aparte de la suya. Ellos se instalaron en la más alejada en busca de la mayor intimidad posible, aunque la maceta que Shikamaru llevó en la ocasión no era precisamente discreta. Percibieron por el rabillo del ojo que una de las jóvenes de la mesa más próxima les echaba una curiosa mirada y que luego se inclinaba sobre su familia para hacerles notar el detalle.
-Parece que soy el único ser humano que regala flores en esta tierra –masculló Shikamaru, incómodo con la situación.
-Agradécelo, ahora sí que te convertirás en un célebre galán –se burló Temari, aunque tampoco le gustó el chismorreo. Habían subestimado la curiosidad ajena.
-¿Debería?
-Por supuesto. Además de inteligente y estratega, la gente te reconocerá ahora por tus dotes de caballero andante.
-Los caballeros andantes hacen mucho más que regalar flores.
-Pues con más razón, entonces.
Shikamaru gruñó y ella sonrió mientras jugueteaba con las flores. El joven hubiera querido hablar con ella en un lugar más reservado, sobre todo teniendo en cuenta lo que había sucedido la última vez, pero finalmente creyó que lo mejor sería cederle algo más de tiempo y de espacio para que no se sintiera acechada. Aunque dudaba mucho de que alguien del carácter de Temari conociera ese tipo de sensación.
Aun así, el hecho de que no la hubiera podido localizar a lo largo del día y de la semana le dio pie a sospechar que lo estaba rehuyendo. Una reacción comprensible desde cierto punto de vista, pero absolutamente infantil si tenían en cuenta que ya no tenían trece años y que al menos él iba en serio. Sin embargo, esto a su vez le dio motivo para examinar otras implicaciones.
Por ejemplo, parecía que no era el único que carecía de cierta habilidad para manejarse en el terreno emocional. Temari era fuerte e independiente, pero esas virtudes fueron desarrolladas en su entrenamiento como shinobi. Extrapolarlas al plano humano, por decirlo de alguna manera, era otro asunto. Lo había acusado a él de ser lento para entender esas cosas, pero aunque ella fuese más perceptiva, también resultó ser bastante ineficaz para manejarlo.
Lo mismo podía decirse con respecto a la experiencia. En lugar de tomar el toro por los cuernos, eludía su mirada y fingía que nada había pasado, como si un beso de ese tipo fuese fácil de olvidar. Era evidente que también titubeaba sobre la mejor forma de lidiar con esa contingencia. A veces se preguntaba si sentía algo por él realmente o si sólo se estaba engañando a sí mismo.
-Las peonías simbolizan riqueza y prosperidad –comentó mientras ella seguía embobada con la planta en cuestión-. Parece un gran augurio.
-¿Estás insinuando que si acepto formar una pareja contigo tendré un excelente estilo de vida?
-Tal vez –suspiró Shikamaru, que de lo último que tenía ganas era de hablar de economía.
-¿Entonces qué significado tiene que me regales estas flores?
-También representan veracidad –repuso él, acomodándose mejor en la silla para captar su esquiva atención.
-¿Veracidad? –se extrañó Temari, mirándolo a la cara por fin.
-Sí, veracidad. Tú sabes: autenticidad, sinceridad, franqueza, claridad… Lo básico.
Temari hizo una mueca, molesta. Entendía hacia qué condenados rumbos quería dirigir el chico la conversación, y se cruzó de brazos con fastidio para dejar más en claro aún lo mucho que le disgustaba. Sin embargo, si seguía eludiendo el tema, sería peor.
Respiró hondo y comenzó a barajar diversas formas de relajación. Tenía que prepararse para lo que venía, tenía que aclimatar su mente para sobrellevar el asunto, para defenderse si era preciso e incluso para tolerar si llegaba a ser absolutamente necesario. Pero de ninguna manera se dejaría vencer, maldita sea.
Demonios, ¡sólo se trataba de un beso! Ella era una mujer madura, podía hablar de un simple beso con absoluta tranquilidad puesto que no tenía nada de qué avergonzarse.
-¿A qué te refieres con eso de veracidad? ¿Por fin me preguntarás qué edad tengo? –indagó en un último intento "maduro" por demorar lo inevitable.
-Sabes perfectamente que estoy hablando de lo que sucedió la última vez.
-¿La última vez? –replicó ella con gesto de inocencia-. No lo recuerdo.
-Deja de fingir ser algo que, estoy seguro, detestarías mucho.
Ahora la chica frunció el ceño, visiblemente irritada.
-Y tú aprende a tener un poco más de tacto.
-Prometo aprenderlo cuando dejes de hacerte la tonta.
-Si al menos dejaras de actuar como un sabelotodo.
-Si al menos dejaras de actuar tan testaruda –retrucó él.
La kunoichi abrió la boca para volver a disparar sus dardos, pero la amenazadora mirada del ninja la contuvo.
-Está bien, está bien, ¡está bien! –se hartó Temari, que se acodó sobre la mesa para encararse con él-. Comencemos por aclarar entonces que fuiste tú el que me besó, ¡yo ni siquiera te miré con ganas!
A Shikamaru tan pueril observación un poco le hirió. Diablos, él también tenía un orgullo que cuidar, y hacía tiempo que ella venía vapuleándolo con su desdén.
-Puede que al principio no las tuvieras, pero luego me correspondiste.
-¿En qué momento, si se puede saber?
-Cuando moviste los labios.
Temari lo miró con la boca abierta, estupefacta.
-¡Yo no moví los labios! –se defendió.
-Sí que los moviste, y muy bien por cierto.
-¡Los moví porque los tuyos estaban presionándome! –arguyó ella entonces, desentendiéndose del halago.
-Y gemiste una vez.
-¡Por supuesto que no!
-Y no sabías dónde poner las manos.
Ahora la joven se quedó boqueando como pez fuera del agua, completamente ruborizada.
-¡Pero si no te toqué ni un pelo! –exclamó indignada, echando por la borda cualquier provisión de tolerancia que se haya auto-suministrado con anterioridad.
Los cuchicheos y suaves risitas que llegaron a sus oídos desde la mesa cercana les advirtió que habían elevado la voz más de lo necesario y que se estaban manejando como dos mozalbetes de secundaria. Con discreción intercambiaron miradas de comedimiento, reclamándole en silencio al que tenían enfrente para que se tranquilizara. Instantes después retomaron la conversación.
-Si quieres discutir los detalles podemos hacerlo más tarde –señaló él. Hubiera querido agregar "o repetirlos", pero supuso que la broma sería muy mal aceptada, aparte del hecho de que notaría el fuerte componente de sinceridad que conllevaba-. El asunto es que debemos hablar de lo que pasó, debemos ser sinceros con nuestros sentimientos.
-Soy sincera con mis sentimientos –porfió Temari.
-Por supuesto que no.
-¿Y qué te hace pensar eso?
-¿Tengo que reproducir la plática desde que entré por esa puerta? –replicó Shikamaru.
-¿Serías capaz? –lo desafió ella.
-Sería problemático. Prefiero creer que de aquí en más te comportarás como la kunoichi que sé que eres.
Ante semejante reconvención Temari se quedó sin palabras, culposa y abochornada. Shikamaru se había dirigido a ella como un padre con su hija descarriada, y lo odió por eso. No obstante, todavía conservaba cierta dosis de sensatez para aceptar la legitimidad del sermón. Ella mejor que nadie sabía de qué penosa manera se había estado comportando.
Y lo maldijo, maldijo a Shikamaru y su nefasta capacidad para ponerla en su lugar. Si hubiese sido Kankuro el que lo hiciera, habría tomado su abanico para mandarlo a volar por los aires sin piedad, pero cada vez que era Shikamaru el que la ubicaba, sentía como si paralizase sus nervios con su sombra. A él lo respetaba.
-De acuerdo –masculló, tragándose su orgullo-. Hablemos de eso.
Shikamaru suspiró con una mezcla de alivio y cansancio que a Temari le hizo desviar la vista con irritación. Hacía tiempo que no sostenía una batalla cuerpo a cuerpo, pero la sensación que le generaba hablar con ella en esas condiciones se parecía bastante al estrés posterior a una pelea.
-Primero que nada quisiera recordarte que me gustas –señaló Shikamaru. Temari ni siquiera se mosqueó-. Segundo que nada, ya que resulta más que evidente lo que sucede entre nosotros, me parece que es tiempo de comenzar a salir como novios.
La otra lo miró con infinita perplejidad. ¿Había dicho lo que creía que había dicho?
-¿Que qué? –se exaltó.
-Lo que oíste.
-Pensé que primero íbamos a hablar.
-Estamos hablando.
-Oh no, no estamos hablando –dijo ella entre dientes para tratar de mantener el tono bajo de la discusión sin mermar su enfado. Creyó ver por el rabillo del ojo que los comensales de la mesa de antes volvían a echarles un vistazo con curiosidad-. Estás estableciendo parámetros de relaciones sin consultármelo, lo cual es muy distinto, jovencito.
-Palabras más, palabras menos –repuso él, bostezando con indolencia-. ¿Desde cuándo utilizas ese tipo de terminología?
-Adivina –masculló ella, ceñuda.
-Pues resulta muy halagador de tu parte.
Se había propuesto ser sincero y lo hacía, le había planteado de una vez por todas lo que tendría que haberle pedido inmediatamente después de besarla. Le había dado una semana de tiempo para que se hiciera a la idea, así que ahora arremetería sin escrúpulos, más seguro que nunca de sus sentimientos por ella.
Aquella vez, después de salir de su despacho, durante un buen tramo del trayecto de regreso apenas si pudo ver por dónde iba, pues todos sus sentidos apuntaban en una única dirección: era ella o nada. Embobado, torpe, distraído, caminó por la calle sin registrar rostros conocidos ni saludos cordiales, pues en su mente había espacio para una única idea: era ella o nada, tan simple y tan problemático como eso.
Al día siguiente, más repuesto, se dedicó a pergeñar absurdos asedios y ridículos embates con el propósito de acelerar los plazos que él mismo se había establecido al inicio de la aventura. ¿Qué más podría hacer un joven enamorado? Hasta a un hombre tan adusto y desinteresado como él de vez en cuando lo afligía cierta candente desesperación.
Le pareció francamente ilógico que siguieran en ese estúpido tironeo sólo para terminar llegando al único resultado posible: su aceptación. Sin embargo, la conocía bastante bien y sabía que nunca debía dar nada por sentado ni permitirse confiarse, porque si había un hueso duro de pelar en el mundo shinobi, ese hueso era sin dudas Sabaku No Temari.
Para Shikamaru era ella o nada, no había vuelta atrás. En cambio para la kunoichi, ¿quién podría aseverarlo? Aunque estuviera padeciendo el mismo tipo de tormentos que él, aunque hubiera divisado por fin el amor, ella no era de las que se daba por vencida así como así y de seguro estaría más que dispuesta a sacrificar cualquier posibilidad de vida amorosa con tal de salvaguardar su preciado orgullo. ¿Cómo desarticular semejante determinación?
Y en el supuesto caso de que sólo se tratase de darle tiempo, el ninja tampoco se halló dispuesto a esperarla mucho más. Después de experimentar un ápice de la pasión que corría por debajo, ya no quiso continuar por el sendero de la paciencia y de la espera sapiente. Además, la propia mujer podría perder los estribos y tomar decisiones bruscas que lo excluyeran definitivamente.
Por eso, entonces, ni bien pudo sacudirse los últimos efluvios sentimentales de una adolescencia tardía, se abocó a reformular ciertos aspectos de su estrategia con mayor seriedad. De hecho, en los días posteriores al beso había echado a rodar sus nuevos y secretos planes. Puede que ella, cuando lo descubra, se enoje y quiera asesinar a más de uno, pero para ese entonces, si todo salía bien, él ya tendría vía libre para dedicarse a apaciguarla.
Por paradójico que fuese en relación al obsequio de la jornada, esa información permanecería en reserva durante algún tiempo más. A esas alturas de las circunstancias, con cada movimiento que hacía arriesgaba el cuello y no tenía por qué comentarle esas temerarias incursiones a nadie.
Al notar su prolongado retraimiento, Temari se impacientó.
-Es tarde, Shikamaru, estoy muriendo de sueño. Si no tienes ninguna otra cosa que decir…
-Me gustaría que fueses tú la que hable.
-Vaya, ¿entonces puedo hacerlo? –ironizó ella.
-Sólo si es para decir la verdad. Las peonías no se marchitarán por oír algunos de tus embustes, pero apreciaría mucho que dejes de mentirte a ti misma.
-Pues aunque te parezcan embustes, mi postura no ha cambiado –porfió la joven. Sintió que el corazón se le partía en trozos pequeños de bordes puntiagudos, y que al removerse dentro de sí la pinchaban sin piedad. Sin embargo, tenía que perseverar-. De ninguna manera aceptaría ser tu novia, ahí tienes mi respuesta.
Ni por instinto ni por carácter Temari era de las que se rendía, incluso a pesar de sí misma y de lo que ese empeño podía costarle. Estaba completamente enamorada de Shikamaru, no hacía más que corroborarlo día tras día, pero aunque empapelara su cuarto con flores y peonías de todos los tamaños, jamás le diría la verdad. No podría.
No, al menos, mientras el mismo corazón que clamaba por aquel condenado perezoso se hallase dividido además entre dos lealtades. No mientras la incertidumbre la embargara, mientras siguiera preguntándose si tenía que ser él. Porque sin importar cuán decidido se mostrase ni con cuánta convicción la persuadiera, el miedo más grande que la invadía era el de fallar y perderlo.
Con eso nunca podría vivir, jamás lo superaría. Entre perder a Shikamaru por alguna clase de entredicho o desencuentro y clavarse un puñal en las entrañas no había ninguna diferencia, sólo que en el primer caso jamás podría perdonárselo. Podría soportar su cercanía, su insistencia, su vanidad masculina ofendida sin tocarlo ni sanarlo con las demostraciones debidas, pero nunca podría vivir con el remordimiento de decepcionarlo.
-Me gustaría poder ofrecerte otra cosa –agregó después en voz baja, sin mirarlo-, me gustaría tener tu seguridad y la certeza de un amor como el que dices tener. No creas que me resulta fácil rechazarte sin más.
-Al contrario, creo que todo el tiempo has estado eligiendo el camino fácil –señaló él.
Temari se removió con incomodidad.
-Quiero decir que yo también tengo un gran aprecio hacia ti y que…
-Vamos, Temari, sabemos muy bien qué ocurre aquí.
Ahora la chica lo miró encrespada.
-Estoy tratando de ser honesta.
-Pues yo creo que sigues dando vueltas en el mismo lugar.
-¡Mira quién lo dice! –se burló ella-. Si tienes tan claro "lo que ocurre aquí", sabiondo, entonces exponlo y ya. ¡Nunca te vi con tantas ganas de hablar como hoy, maldita sea!
Como de costumbre, Shikamaru hizo caso omiso de sus bravuconadas.
-Eliges relegarme porque es el camino fácil para evitar enfrentarte a una decisión que cambiará el resto de tu vida –comenzó diciendo él-. Sin importar cuánto he argumentado para deshacer esos temores, para que consideres que puede que tu vida esté aquí y no en Suna, te has aferrado a la negación. Pues bien, princesa, no pienso dejar que arrojes tus esperanzas por la borda. Te haré salir de tu madriguera muy pronto, puedes contar con ello.
Es imposible describir el nivel de seguridad y seriedad con el que se expresó Shikamaru y la calidad del desconcierto con el que escuchó ese borbotón de veracidades la pobre Temari. Jamás lo había oído hablar así, ¿en qué momento había madurado tanto?
Además, ¿la última línea había sido una amenaza? ¿Qué diablos se proponía ahora? De sólo pensarlo, a Temari la atravesó un escalofrío.
Sin agregar mucho más que algunas referencias a la hora y a que él también tenía sueño –quizá mucho más que ella, como correspondía a su carácter-, procedió a levantarse con parsimonia, a dirigirle una última y perezosa mirada de "te lo tienes merecido por orgullosa" y a enfilar hacia la salida de la posada con su característico paso cansino.
Estupefacta, Temari observó su rencorosa mirada y su partida enmudecida, absolutamente anonadada por ese rapto de locuacidad. Sin importar el tiempo que llevaban como amigos, Shikamaru no dejaba de asombrarla. Era el único hombre que podía irritarla, pasmarla, asustarla y desconcertarla, todo junto y a la vez.
Y era el único que se había animado a decirle que la amaba. Si miraba sobre su hombro, podría asegurar sin temor a equivocarse que no había ningún otro pretendiente tan amorosamente declarado remoloneando por allí.
