Capítulo VI

Sello de Propiedad

Phineas
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—Danny, Danny, Danny… No lo hagas, Danny. No…

—¡NO!
Me levante bruscamente de la cama y voltee la cabeza a los lados. «Solo fue un sueño. Una pesadilla» pensé.
—¿Qué sucede, Phineas? —la voz de Ferb se escuchaba adormilada aún, por suerte. Era como la tercera vez en la noche que lo despertaba.
—Nada. Solo fue un sueño, vuelve a dormir —me miró a los ojos con fastidio y después susurró frustrado:
—Sera mejor que te tomes unas pastillas para el sueño —bromeó.
—¿Sabes qué? Creo que será mejor que me baje a la sala y duerma en el sofá; no quiero que tengas problemas de insomnio en la escuela.
Asintió con la cabeza y después, con toda la rudeza del mundo, se tapó con las sabanas hasta la coronilla y dio media vuelta a su cuerpo.
Estire las piernas y después me dirigí al armario. Cogí dos cobijas gruesas y calientitas, tome una almohada y me dirigí a la puerta. Voltee a mirar la cama de Ferb y susurre despacio:
—Descansa, Ferb. —sacó solamente la mano de las cobijas y me enseño el pulgar hacia arriba. Asentí y baje las escaleras.
Perry me siguió el paso, por lo que agradecí a Dios; odiaba estar solo en la sala; en la oscuridad; solo.
Acomode la almohada en el sofá de cinco asientos y estire las dos cobijas. Me metí dentro de ellas y mire a Perry que estaba en el suelo mirándome con rostro esperanzado.
—Ven aquí, pequeño —golpee el hueco del sofá que había hecho para que él se acostara junto a mí. Brinco al sofá y dio tres vueltas en el mismo punto antes de acostarse.
Lo abrace y lo atraje más hacía mí como si de un peluche se tratara.
Cerré los ojos y dormí.


"—Dijiste él nombre de Danny; ¿Por qué no el mío?
"Me incline y ella dio un respingo. Recargué ambas manos uno a uno de sus costados y sentí su respiración agitada.
"—No lo sé… —susurró y después me miro ruborizada—. ¿Por qué tendría que decir tu nombre? —«En el orgullo, justo en el orgullo»
"—Tendrías qué —susurre.


"—Danny, Danny, Danny… No lo hagas, Danny. No…
"—Te odio Danny. Te odio más que a mí propia vida.
"Mire a Isabella una vez más. Tenía los ojos cerrados fuertemente. Gimiendo de dolor pero, a la vez, de placer…
"—Danny, no continúes. Danny…
"¿Por qué él; porque no yo? No tenía sentido. Ella había conocido a Danny justo esa misma mañana. ¿Por qué él?


"—¿Cuántos cumples? —me miro a los ojos; esperanzada.
"—Diecisiete —pronuncie incapaz.
"—¿No se supone que tendrías que cumplir dieciséis? —pregunto extrañada, lo cual comprendí.
"—No. Me adelantaron un año. De hecho, me iban a adelantar diez años más pero, no quería perder mi etapa de juventud y rebeldía. Así que no acepte —la mire pensativo—: ¿Tienes dieciséis?
"—Sí. No soy una niña genio como tú —se burló.
"—Yo no soy un niño —la mire a los ojos con el ceño fruncido—. Odio que me digan "niño" —«Lo odio. »
"—Perdón…


—¡Basta!
Perry se agito y gruño; perfecto, lo había asustado.
Me levante del sofá y mire el reloj de mano; eran las . Perfecto, se me haría tarde y el autobús me dejaría.
Corrí al cuarto con todo y cobijas y almohada, con Perry siguiéndome el paso, y con la mente en otro lado.
—Buenos días, dormilón —dijo Ferb en cuanto entre al cuarto. Ya se había puesto el pantalón de la escuela, los tenis de la escuela y, la camisa de la escuela, igual. Irónico; todo de la escuela—. Pensé en despertarte pero, creo que es mejor que tú solo te hagas responsable de tus cosas.
Se puso el suéter —cabe decir que también de la escuela— y se miró al espejo del tocador por última vez. Se acomodó el cabello y después se volteó hacía mí.
—¿Qué? —hice una mueca de fastidio y él sonrió.
—Desayuno. —fue su última palabra antes de tomar la mochila y bajar las escaleras.
—Menudo lío. —susurre.
Sacudí mi cabello y me dirigí al armario. Saque el uniforme y me lo puse todo tan rápido que ni me di cuenta de cuando me puse el pantalón al revés. «Mierda, ahorita no»
Me lo volví a quitar y después me lo puse bien.
—¡Phineas, ya llego el autobús! —la exclamación de mi madre me saco de mi estado dormido y sentí la adrenalina recorrer por mis venas. La sensación del azul violáceo la sentí en los ojos y exclame una "O" muda con la boca.
Mis tenis me los puse a una velocidad precisa y la mochila casi no la alcanzo con la mano cuando salí volando prácticamente por las escaleras.
Mientras bajaba corriendo por las escaleras trate de acomodarme el suéter de la manera más "presentable" que pude.
Pase por el comedor y mi mano rozo algo que tome por inercia mientras salía corriendo. Abrí la puerta y ni siquiera me dio tiempo de despedirme de mi madre cuando vi que Ferb se asomaba por la ventanilla del autobús. El tenis izquierdo se me empezó a salir y comencé a cojear a saltitos hasta llegar a la puerta del autobús a tropezones.
La señora del autobús —que se llamaba Margott— se rio al verme entrar y yo refunfuñe.
—Buenos días, Phineas —susurró mientras yo asentía con la cabeza y buscaba un lugar vacío de entre toda la multitud.
Todos los asientos estaban ocupados y Ferb estaba sentado junto a Baljeet; para colmo. Pero para mí buena suerte había un asiento vació con dos vacantes, alivio. Me senté lo más cómodamente junto a la ventana y comencé a cerrar los ojos concibiendo el sueño.
Solo duro treinta segundos en cuanto el autobús volvió a detenerse. Abrí los ojos y comencé a sentir presión en mi corazón. «Oh no»
Estábamos enfrente de la casa de Isabella.
El "señor pánico" se apodero de mí en cuanto la vi salir presurosa de su casa —tipo yo en la mañana— y azotó la puerta. Corrió al autobús y, en cuanto piso el primer escalón sentí que el corazón se me iba a salir del pecho en cualquier momento.
—Buenos días. —le sonrió a Margott y supe enseguida que el mundo terminaría.
La mirada la dirigió a los lugares buscando uno vacío. En cuanto cruzo la mirada conmigo y, observo, por si fuera poco, que junto a mí se encontraba el "único" lugar vacío, el mundo se me fue al vacío porque al instante descubrí que seguía incomoda por lo que había pasado un día anterior; claro, la había besado. Y no estuvo mal, nada mal.
Debo admitir que, talvez no sabía besar muy bien pero, aun así, fue delicioso. Después de un rato supo seguirme el paso y el resultado fue excelente. Cuando mi lengua acaricio la de ella, sabía a la gloria misma; creo que comió Hot-Cakes o Panqueques porque toda su boca tenía la esencia demasiado dulce que, incluso, era muy tierno para mi gusto.
Comenzó a caminar con mucha duda y evitando el contacto visual conmigo. Y no la culpaba; estaba tan nerviosa el día anterior que quiso quitarme la camisa. Por un instante creí que quería tener sexo conmigo y, aún en ese momento en el cual se sentó a trompicones a mi lado, no descartaba la idea.
Nuestras piernas estaban teniendo "mucho" contacto. Ella trataba de apartarse de mí lo más que podía pero, no se alejaba tanto ya que si lo hacía caería al suelo.
Su mirada la dirigía solamente al pasillo, tratando de no voltear a mirarme.
—Hola —susurre tan débilmente que creí que no me había escuchado.
Se volteó hacia mí y sus ojos se clavaron en los míos con mucha profundidad que creí que estaba soñando.
—Hola —susurró despacio.
Sus labios estaban más rosados que el día anterior y se veían mojadamente apetitosos. Sí; se veía sumamente hermosa ese día.
—¿Cómo estás? —mi voz la escuche ronca y supe enseguida que eso era malo; sentía mi erección creciendo.
—Bien, algo cansada, pero bien.
—¿Cansada? ¿Por qué será? —mi tono de voz se escuchó muy sarcástico y me maldecí por ello.
—¿Q-Que? —aún tartamudeando se veía muy linda—. Y-Yo no-no. So-solo… Tengo sueño…
—¿Tan cansada estás? —mi voz seguía sonando tan provocativa y tan sarcástica que quise aventarme por la ventana.
—¡Oye! —exclamó con la cara colorada y me dieron ganas de echarme una carcajada—. No seas un pervertido… —desvió la mirada hacia abajo y no puede evitar reírme por lo roja que estaba—. ¿De qué te ríes? —levanto la barbilla y clavó sus ojos en los míos, con el ceño fruncido pero con la cara avergonzada; ella no estaba en momentos de desafiarme.
—Nada, solo te vez tierna cuando te sonrojas —sus ojos se abrieron desmesuradamente y se tapó la cara con las dos manos, refunfuñando quien sabe qué cosas.
—Cállate, Phineas —susurró aún con la cara sobre las manos.
—No, es divertido, Isabella.
Me volteó a ver y supe enseguida que para ella no era "nada divertido". El contacto visual duro como un minuto y después Margott grito:
—¡Ya bajen holgazanes!
Isabella y yo dejamos de mirarnos a los ojos y después nos levantamos de nuestro asiento. Ella avanzo despacio y con cuidado delante de mí, claro; primero esperó a que la bola de salvajes saliera primero.
Al bajar las escaleras se volteó hacia mí y susurró:
—Adiós —dio media vuelta y comenzó a avanzar con paso veloz; obviamente, tratando de alejarse de mí.
—¡Hey, ¿a dónde vas?! —la detuve de la muñeca antes de que se alejara demasiado de mí.
—A clase…
—Pero aún tenemos veinte minutos libres —arquee las cejas y me la comí con la mirada.
—Es verdad —rio tímidamente y susurró—. Deja de mirarme de esa manera; es incómodo.
Di una carcajada y comencé a avanzar jalándola conmigo de la muñeca.
—¡Hey, ¿a dónde me llevas?! —sollozó tiernamente.
—A la escuela. ¿Creíste que te llevaría a un lugar apartado de aquí? —alce una ceja y ella desvió la mirada, ruborizada—. Claro, a menos que… Que tú quieras que… Tú y yo… Nos vallamos a un lugar apartado de aquí… Solos…
Avance hacia ella y la tome del mentón con la mano. Isabella me empujo y se echó a correr.
—¡Claro que no quiero! —exclamó mirándome a los ojos. Dio media vuelta y enseño a los guardias de seguridad se credencial. Entro a la escuela y comenzó a correr.
Saque rápidamente mi credencial y se las enseñe. Al entrar a la escuela, eche a correr detrás de ella; aún la alcanzaba a ver.
Volteo su mirada atrás y, cuando me vio, hizo una cara horrorizada y corrió más rápido.
—¡¿A dónde vas?! ¡Isabella! —grite y ella me ignoró.
Cuando me di cuenta de que había doblado en uno de esos callejones de la escuela donde, para mi suerte, eran sin salida y nadie pasaba por ellos, me sentí aliviadamente feliz.
Cuando entre la vi al final del callejón, topando con pared, asustada y yo sin saber porque.
—Aléjate de mí, Phineas —dijo sofocando un grito.
Yo ya la tenía acorralada y me sentí satisfecho por ello. Avance lentamente hasta ella y, cuando la tome por la cintura, ella dio un respingo.
—No lo hagas, otra vez no —susurró, excitada.
—Dime que no te gusto lo que paso ayer entre tú y yo, y te dejare en paz —le susurre en la oreja. No dijo nada y fue como una señal del semáforo en verde—. Eso pensé —dije y me la comí.
Sus pequeñas manos subieron de mis hombros hasta mi cuello. Su boca era mi primera droga favorita; la segunda era el chocolate.
Recorrí cada milímetro de su boca con mi lengua, sabía a zarzamora. No era un gran aficionado a la zarzamora pero, después de todo, era una deliciosa fruta.
Enterró los dedos en mi cabello y le arranque un gemido dentro de mi boca. Comenzó a ponerse de puntitas y supuse que ya se había cansado. La tome con las dos manos por debajo de los muslos y la cargue. Sus largas piernas se enrollaron mí cintura.
La senté en un contenedor de basura —que estaba cerrado— y ella no aparto en ningún momento sus manos de mi cuello.
Mis manos descendieron de su cintura hasta sus piernas. Las acaricie con los dedos y ella solo gemía en mi boca.
Su piel era suave y tierna; como la de un bebé. Ascendí de nuevo con mi mano derecha y, con solo el instinto acompañándome, levante ligeramente su falda para que mi mano se adentrara en el territorio femenino.
Clavó con más precisión sus dedos en mi cabello y me beso con más fuerza.
Mi mano ascendió más y más hasta que, para colmar, la tela suave de la braguita impedía el paso.
Acaricie el centro del territorio femenino, y sentí la bragueta húmeda. Sonreí entre besos y ella pareció molestarse; me apretó más a ella y también comenzó a meter su lengua dentro de mi boca.
Metí la mano con lentitud dentro de la bragueta y los pliegues de bellos femeninos eran cada vez más abundantes.
Ella sofoco un grito al darse cuenta de que mi erección comenzaba a crecer. Tenía que admitirlo; jamás me había sentido tan excitado de esa manera, ni con Ariana.
Mi mano avanzó más y más, y cuando estuve a punto de llegar al centro, el timbre de asistir a clases sonó.
Deje de besarla y saque rápidamente mi mano de su braguita. Me limpie la mano con el pantalón y después la baje del contenedor de basura con la otra.
—Hay que irnos, es tarde, Izzy.
No dijo nada y la jalé de la muñeca.
Avanzamos a paso veloz y con un retraso de nueve minutos llegamos a la clase de Química.
La clase ya había comenzado y todos nos miraron cuando entramos.
—Buenos días, disculpe la tardanza —mire a los ojos al maestro y me sonrió.
—No se preocupe, joven Flynn. Solo trate de llegar más temprano la próxima vez.
—De acuerdo.
Camine hasta una de las bancas de una mesa. Isabella estaba de la mano tomada por mí. Escuche murmullos de nosotros y solo sonreí. Sí, de seguro pensaban que estaba engañando Ariana. ¿Y qué? Ella también me engañaba a mí. Efectivamente, Phineas Flynn ya no era el niño distraído de trece años de edad.
Isabella apretó con más fuerza mi mano y se apegó más a mí. Sentí como su rostro lo ocultaba con fuerza en mi espalda. Con su otra mano apretó mi suéter y murmuró:
—Todos nos están viendo. Hablan de nosotros.
—No importa; de todos modos me iré al infierno —exclame con tono burlón y voltee a ver a Danny que, me miraba con cara de maniático psicópata. Cosas banales para mí.
Le sonreí y después fije toda mi atención en Isabella que, dudaba si ir a sentarse junto a Danny o quedarse conmigo.
—Yo le gané; el día de hoy tú eres mía.
Me miro asustada y asintió.
Se sentó a mi lado y murmuró suavemente:
—Cuando Ariana nos vea y…
—No vino hoy a la escuela —la interrumpí—. Fue con su familia a Sidney y no volverá hasta el jueves por la noche.
—Pero ayer la escuche decirte que se verían hoy en la escuela y…
—Sí, lo dijo. De tanto tiempo de estar conmigo se le olvido que tenía un viaje por la noche.
—Cuando sus amigas le digan que tú y yo…
—No lo harán —volví a interrumpirla—. Ellas saben quién soy yo y de lo que soy capaz. No lo harán. Menos Jane, ella es de fiar.
—¿La rubia de cabello corto que siempre está con Ariana?
—Sí; ahora Jane es buena persona y es de fiar. No le dirá nada a Ariana. El enamoramiento que ella tiene hacia Ferb la hizo cambiar. Sabe que Ariana a veces puede ser muy impulsiva.
—¿Ferb es tu hermano? ¿Él peliverde?
—Efectivamente. Hermanastro —la corregí.
El maestro comenzó a hablarnos acerca del experimento que teníamos que hacer. Era fácil, podía hacerlo sin necesidad del microscopio.
—¿Por qué el maestro no te regaño cuando llegamos tarde? —susurró Isabella, tomándome por sorpresa.
—Ferb y yo fundamos la escuela. Nos tienen respeto por ser los directores generales de ésta Institución.
—¿Tú y tu hermano fundaron el instituto? ¿Ustedes son los originales directores? —me miro incrédula.
—Sí; la fundamos cuando teníamos catorce años. Nos tratan como alumnos porque nosotros lo pedimos. Pero eso sí, si nos mandan a detención por algún motivo, los que estarán en problemas serán ellos —su mirada aún era incrédula y tuve que suspirar para ver cómo explicarle—. Ferb y yo creamos cosas desde que éramos niños. Una vez hicimos un cohete para llegar a la luna y traer helado lunar —su mirada era como la de un adulto escuchando a un niño hablar de dragones y hadas en su cuarto—. Ahh… En la tarde que vayas a mi casa te enseñare.
—¿Iré a tu casa?
—Por supuesto que sí. Mi casa. Fiesta de cumpleaños. A las seis de la tarde. Mi cumpleaños. Hoy. ¿Recuerdas?
Sus ojos se abrieron desmesuradamente y pensé que caería del banco en cualquier momento. «Claro, olvido tu cumpleaños; obviamente»
—Lo olvidaste, ¿no es cierto? —alce una ceja, incrédulo.
—Por supuesto que no. Tengo miedo de ir a tu casa —suspiró, cansada.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Mi familia no muerde, solo mi hermano y yo.
Cerró los ojos con fuerza y pude observar como la piel de gallina se hacía muy sensible. Le acaricie la espalda y ella abrió los ojos, viéndome.
—Pero no te preocupes; le diré a mi hermano que solo yo te podre morder.
—Cállate, Phineas
Me tape la boca y reí bajo. A veces, sin que ella se lo propusiera, podía ser muy adorable para mi gusto.
—Hay que ponernos a trabajar —murmure.
—Claro —susurró indiferentemente.
La clase fue la más larga y aburrida de mí vida.


—¿Puedes alejarte de mí un instante?
—No.
—¿Y porque no?
—¿Por qué no le reclamaste lo mismo a Danny ayer?
—Cállate ya, Phineas.
Se sentó en una mesa vacía y yo me puse a su lado.
—Ni siquiera me dejas hablar con Danny… —suspiró.
—¿Es que lo prefieres a él? Anda, vete con ese idiota.
—…Y tampoco con Luke…
—¡Te dije que el día de hoy eras mía, Isabella! —exclamé frustrado—. Te has quejado de mí durante todo el transcurso del día.
—Es que pareces chicle.
—Anda, te he dicho que te vallas. Lárgate con ese imbécil de Danny. Ya no me interesa nada que tenga que ver contigo.
—¿Crees que lo prefiero a él? —me miró incrédula.
—Eso es lo que me has estado demostrando.
—Bien. ¡Haz lo que quieras con tu estúpida vida!
Se levantó de la silla y dio media vuelta. Con el ceño fruncido se echó a caminar rápidamente.
Reaccione y me levante de la silla. La alcance con mis brazos rodeando su cintura por detrás.
—Perdón —susurre.
Camine con ella llevándola a mi lugar favorito desde esa mañana.
—¿Te han dicho alguna vez que eres bipolar? —murmuró, nerviosa; sabía a donde me la llevaba.
—No sabes cuantas veces —ronronee detrás de su oreja.
—Alto… —murmuró con la voz demasiada baja que apenas y la escuche.
Camine hasta el callejón en el que habíamos estado por la mañana y, con gemidos torpes, exclamo mi nombre. Sonreí mientras la recargaba en la pared del rincón más oscuro y alejado. Voltee su cuerpo hacía mí y, mientras me aproximaba más a ella, susurró:
—Sigue…
Me detuve antes de rosar sus labios y sonreí. Me acerque a su oreja y ronronee:
—Como digas.
Bese su cuello y sentí la piel de gallina abriéndose paso junto a mis labios. Abrí la boca y atraje hacia mí la sangre de esa parte sensible del cuello. Sus gemidos retumbaron en mis oídos y solo seguí mí propio instinto.
Jale más y más esa sangre; casi queriendo beberla. Chupe y lamí con fuerza en esa zona; si Isabella no me hubiera gritado "Basta" era muy probable que incluso la hubiera mordido.
—¿Qué rayos estás haciendo?
Me miro a los ojos y supe que estaba molesta, y quien sabe porque.
—Te estoy dejando la marca.
—¿Marca de qué? Si lo que tú hiciste fue dejarme un chupetón en el cuello.
—Exacto. Esa es la marca.
—¿Marca?
—Si… Veras… Es significado de que me perteneces.
—No te comprendo.
—Es como cuando quieres comprar queso pero, cuando ha el queso lo pones en el carrito no significa que ya es tuyo; debes de pagarlo primero.
—Sigo sin comprender.
—Sí, es como si tú fueras el queso, yo soy él cliente, y el chupetón es el dinero. Es como un… Como un sello de propiedad.
—¿Un sello de propiedad? ¡Tú estás loco! —exclamó.
Me empujó y me aparto de su camino. Comenzó a salir del callejón y le grite:
—¡Ese chupetón es mí marca, ¿oíste?! ¡Es mí sello de propiedad; tú eres mía hasta que el chupetón desaparezca!
Se detuvo en seco y se giró hacía mí.
—¿Disculpa?
No pude esperar ni un segundo para correr hacía ella y abalanzármele.
La bese en los labios y ella recargo las manos en mis hombros. Supe que no tenía que acostumbrarla al deseo y me tuve que separar de ella.
—Esto es solo una pequeña muestra de lo que refiere "Sello de Propiedad" —la tome de la barbilla y le di un beso en la frente; demasiado romántico para mí gusto—. Vámonos, Izzy —la tome de la mano y entrelace sus dedos con los míos.
Comenzamos a salir del callejón; dirigiéndonos a "TLR II" en el edificio 79.
Al llegar, Danny nos esperaba en la puerta con los brazos cruzados junto a Luke.
—¿No se supone que tú tienes novia, Phineas? —su voz de barítono retumbo por todo el salón de clases e Isabella tembló.
—Bueno, Ariana tampoco es la novia más fiel del mundo.
—Te aprovechas solo por el hecho de que ella esté de viaje.
—Ariana siempre me ha sido infiel, yo lo sé. Es la primera vez que le soy infiel a ella. Ariana no tiene derecho a divertirse solamente ella; yo también me quiero divertir —le sonreí con una mirada desafiadora. Danny me miro a los ojos y, supongo que, después de pensar, frunció el ceño y pronunció con voz incrédula y molesta:
—¿Me estás diciendo que Isabella solo es un entretenimiento para vengarte de las infidelidades de Ariana? —alzó una ceja y sentí que la mano de Isabella comenzaba a aflojarse; queriendo separarla de la mía. Se lo negué apretándola más con fuerza.
—No —negué con la cabeza—. No lo confundas todo, Danny. Isabella me resulta más interesante e importante que Ariana.
Voltee a ver a Isabella a los ojos; buscando una aprobación en ella. Pero ella estaba mirando a los ojos a Danny; parecía ilusionada.
Me volví hacía Danny y éste hizo un gesto negativo con la cabeza.
—Y en todo caso, ella no es ningún juguete.
—Si ese es el caso, ¿por qué no terminas tu relación con Ariana? —abrí los ojos desmesuradamente al oír el murmullo de Isabella a mis espaldas, sorprendiéndome. La mire con desaprobación y ella hizo una mueca de incomodidad—; es decir, bueno, solo es una pequeña opinión —desvió la mirada y agachó la cabeza.
—Porque Ariana está de viaje… No la puedo ver…
—¿Que más importa? Esto parece un juego de niños —Danny avanzó y le susurró algo a Isabella que le hizo poner la piel de gallina. Luke se fue detrás de Danny; como su sombra.
—Terminare mi noviazgo con Ariana; claro que lo hare —mire al techo y di una carcajada. Observe a Isabella por el rabillo del ojo y pude divagar que tenía un tono más rosa en las mejillas de lo habitual—. Pero… El problema es de que ella quiera dejarme libre y que… Y que comprenda mis razones.
—Que… Que incomodidad… —susurró Isabella con la vista perdida en algún punto en específico.
—Claro. Oye, Isabella.
—¿Qué?
—¿Ya tienes la ropa que usaras hoy? Es que quiero que te veas sexy para que me prendas ésta noche. Quiero jugar contigo a solas. Hoy. En mi cuarto. En la noche.

Continuara…