Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Parece mentira pero hemos llegado ya al penúltimo capítulo de esta historia. Temari, desde luego, seguirá negándose rotundamente a aceptar a Shikamaru, pero el estratega tiene una imagen que cuidar y continuará perseverando.

(Tendría que haber puesto eso en el summary XD).

Tal y como prometí pude actualizar en poco tiempo y seguramente lo mismo ocurra con el capítulo final. Desde ahora sólo puedo decirles GRACIAS por haber seguido la historia a pesar de la tozudez de la protagonista y lo inesperadamente laborioso del galán u_uU

Saludo a los anónimos Courtheyhime, me alegra que lo sigas disfrutando. El fic ya termina, sep, pero al menos vamos a saber por fin qué decisión toma Temari. Muchas gracias por tu compañía n.n M. Joy, Temari no puede decidirse, confiemos en que logre solucionarlo pronto. El final está llegando, allí lo veremos. Muchas gracias por estar ahí n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


IX

Será con… ¿crisantemos?


Algunos días después, Temari caminaba de regreso luego de otra agotadora jornada de trabajo oficinesco. El sol todavía resplandecía detrás de los árboles, aunque la palidez del cielo anunciaba ya la proximidad del ocaso. Un paisaje muy bello, sin duda, uno que podría ver cuantas veces quisiera si se decidiese a permanecer allí.

Sin embargo, no se atrevía a tomar semejante resolución aún. Mudarse de aldea, cambiar de aire, cambiar de cotidianidad, cambiar de vecinos, cambiar de familia… No podía, simplemente no podía hacerlo.

El trabajo siempre le venía bien para refugiarse de sus inquietudes, cada vez más molestas en la medida que el tiempo pasaba y adquiría mayor conciencia de sus sentimientos. Cuando levantaba la vista de un documento, le asombraba corroborar la hora y entender cuánto llevaba leyendo. Sin embargo, era el único amparo espiritual que pudo encontrar.

Además, después de dos besos tan apasionados y reveladores, reprimirlo o negarlo todo habían dejado de ser opciones apropiadas. El trabajo, en cambio, le hacía bien. Había perdido la paz, había sido puesta contra las cuerdas y le quedaban pocos asideros mentales para mantenerse a flote, además de que la situación había dejado de estar bajo su control, por lo que cualquier ocupación se convertía en una estrategia de defensa.

¿Control? ¿Es que acaso alguna vez había controlado la situación? Shikamaru era el único que llevaba el control desde el principio y de nada valdría recriminarse ahora por ello. Había hecho lo que pudo, se mantenía firme en su negativa y todavía contaba con el recurso de una boda en su propia tierra, por si con su sola determinación no alcanzaba. El estratega podía ser el dueño del contexto, pero de ninguna manera sería el dueño de su voluntad.

Procuró caminar con parsimonia para respirar aire puro y relajarse, agradecida con esos días de calma sin tener que confrontarlo. Algunos niños pasaron corriendo a su lado y sonrió. Los tenderos la saludaron con una respetuosa inclinación de cabeza y los ninjas con los que se cruzó lo hicieron apenas con un gesto, solemnes como de costumbre. Luego, dejándose vencer por la tentación, se detuvo en un local para comprar castañas.

Rostros familiares, calles frecuentadas, saludos habituales… Temari masculló una maldición. Era como si se lo hicieran a propósito.

Con el paquete en una mano y una castaña mordida en la otra, giró en dirección a la calle donde se asentaba la posada. Aun antes de llegar, divisó a una conocida figura masculina sentada en los peldaños de la entrada con el rostro vuelto al cada vez más apagado cielo del atardecer. Temari casi se atragantó con el trozo que estaba comiendo.

Se detuvo para toser y tratar de componerse, lo único que le faltaba era que la viera en ese estado. Sin embargo, cuando levantó la vista, notó su rostro vuelto hacia ella, mirándola con la impavidez de costumbre. A esa distancia no podría saber que se había atragantado, ¿cierto?, todavía podía vivir tranquila sin el esporádico recuerdo de un accidente de esa clase delante de él. Cuando sintió que el calor de la asfixia cedía, hizo varias inhalaciones y recorrió los últimos tramos que la separaban de Shikamaru.

El ninja la esperaba con tranquilidad desde hacía algunos minutos, sabedor de la inminencia de su llegada. Siguió aguardándola con calma cuando la vio detenida a pocos metros, perturbada por alguna razón, y todavía se mantuvo incólume en el momento en que ella reinició la marcha. Sólo cuando la tuvo delante de sí enfrentándolo con adusto semblante se dignó a ponerse de pie.

-Bienvenida –dijo por fin.

Ese saludo tan característico, tan propio de una familia y de un hogar, la puso nerviosa sin poder evitarlo. Lo único que sí pudo hacer fue ocultarlo de la mirada ajena, imprimiendo más sequedad en su actitud.

-¿Qué haces aquí? –replicó.

Shikamaru no esperaba menos.

-Vine a verte –respondió con simpleza.

-Creo recordar que la última vez que nos vimos terminó bastante mal.

-Pues yo creo recordar que la última vez que nos vimos terminamos demasiado bien.

De nuevo los nervios, la indignación, las ganas de matar… Temari compuso una sonrisa torcida, pasando de una mano a otra el paquete de castañas porque la primera le había sudado tanto a causa de la tensión que había humedecido el papel.

Debía hacer todo lo posible por mostrarse entera, estoica, invulnerable a sus inconvenientes comentarios. Debía ser más fuerte que nunca, invocar todo el autodominio que le quedaba para hacer gala de él frente al único sujeto sobre la tierra, aparte de sus hermanos, que tenía el coraje de provocarla.

-Qué bueno que lo recuerdes con tanta nitidez –insinuó ella con malicia-, es la clase de cosas que no se vuelven a repetir en la vida.

El joven tuvo que reconocer una vez más que se enfrentaba a una kunoichi de cuidado. Dio un paso hacia ella, acercándose, sin desenfocarse de sus ojos.

-Eso está por verse –la desafió.

-Eso está acabado –masculló ella.

-No en mis planes –retrucó él.

-Pues besarte de nuevo tampoco está en los míos.

-Testaruda.

La misma palabra clave, había que ser temerario para emplearla de nuevo. Sin embargo, Temari persistió en su tozudez.

-Desvergonzado –le espetó.

Por un momento pareció que iban a lanzarse uno sobre otro, no por impulsos románticos precisamente, pero antes de reiniciar la rencilla supieron contenerse a tiempo. Ninguno de los dos tenía deseos de volver a hacer el ridículo por más enamorado que estuviera, así que se limitaron a taladrarse con la mirada. Ambos tenían su orgullo, caramba, además de sus "propios planes".

Así, nariz con nariz, envalentonados con la terquedad del otro, no se percataron de la cercanía hasta que cierta oscilación de sus ojos lo develó. De inmediato se hicieron a un lado, ofendida ella y satisfecho por el logro él.

Shikamaru sabía que estaba entrando en una fase fundamental. Ahora todo dependía del tacto con el que se manejase, y aunque la última reunión y ese torpe intercambio hayan sido quizá de lo más alejado a sus propósitos originales, el notar que se esforzaba por contenerse era prueba suficiente de que la alteraba, y eso ya era mucho.

Tenía que ser cuidadoso pero, a la vez, aguijonearla lo más posible. En ese momento era como el pájaro carpintero posado en el duro tronco de un árbol y que sólo contaba con su perseverancia para obtener lo mejor de él. Pero para eso debía picar y picar, o jamás resquebrajaría la superficie.

Además, parecía que la medida adoptada tiempo atrás no había hecho mella en ella, o al menos él no lo percibía. Tal vez había sido demasiado despliegue para nada, involucrando a personas que en cualquier momento le pedirían explicaciones por el intento fallido. Al pensarlo, no obstante, se encogió mentalmente de hombros, deseando que de todas maneras hubiese servido de algo.

Cuando la vio más calmada, se inclinó para recoger la planta elegida. Se la tendió con gesto amistoso y Temari, que logró retomar las riendas de sus sentidos, procuró lucir normal y tan fría como se había propuesto en alguna lejana ocasión. Sin embargo, al ver unas flores tan coloridas y características, no pudo menos que extasiarse.

-Crisantemos –murmuró.

Al ninja le gustó el cambio que se operó en ella con sólo fijarse en la flor. Era como si la barrera de hielo que había elaborado se hubiese disuelto en parte.

-Había muchas especies, Ino tuvo que ayudarme a elegir.

-Son preciosas.

-Pues ahora son tuyas.

Bastó con demostrar una pizca de dulzura para que Temari vuelva en sí de inmediato y recuerde en qué instancia se encontraban. Sacudiéndose los amorosos pensamientos que por un instante la acometieron, dejó la maceta en el suelo de la galería y miró a Shikamaru con la misma seriedad de antes. Había levantado la barrera de hielo nuevamente.

-Son las últimas que aceptaré –informó, resuelta.

-Sabes que tengo un objetivo y que nada me disuadirá de continuar hasta el final.

-Haz lo que quieras, pero te advierto que yo también haré lo que considere necesario.

-¿Es esa una declaración de guerra?

-¿Acaso no estamos en una desde el principio? –replicó ella. Luego, resoplando inconforme, puso los brazos en jarra-. Jamás hubiera imaginado que algún día llegaría a enemistarme contigo, pero te juro que lo estoy pensando. Y no ha sido mi culpa, mocoso holgazán, sino la tuya.

-Nunca llegaremos a eso.

-¿Nunca? ¿Puedes asegurarlo? ¿Puedes darte el lujo de ofrecer un juicio tan definitivo?

-Estoy seguro.

Ella lo miró durante unos instantes con cierto estupor.

-Pues habla por ti –repuso luego, encrespada.

-Hablo por los dos –insistió Shikamaru sin dejarse afectar por su enojo. Siempre supo que Temari utilizaba la irritación como mecanismo de defensa, por lo que no se dejaría amedrentar-. ¿Sabes qué significado tienen los crisantemos?

-No me interesa.

-Significan longevidad –expuso él sin hacerle caso-, seguramente asociada a la idea de duración, de persistencia. Y en la misma línea, significan fuerza y determinación.

-No me conmoverás con eso.

-Lo sé. Lo único que pretendo es que asumas lo que sientes y tomes la decisión que tienes que tomar.

Hubo cierta carga de recriminación en su voz, lo que sublevaba todavía más a Temari. Volvió a encararlo ceñuda, dispuesta a lanzarle por la cabeza una sarta de reconvenciones no muy ortodoxas referidas a sus repentinas ínfulas de macho alfa. Si quería ser un holgazán vaya y pase, pero haría bien en mantener esa postura hasta el final.

Luego bufó, desistiendo, y se cruzó de brazos componiendo un mohín de reproche. Estaba harta de esas discusiones. ¿Y así y todo él insistía en comprometerse con ella? Porque dada la situación actual, el plan de conquista inicial se había transformado en una campaña pre-matrimonial, no era tan tonta como para ignorar el detalle. Maldita sea su insistencia y los sentimientos que había despertado dentro de sí.

Shikamaru suspiró con cansancio, interiormente aliviado por chicanear sin llegar tan lejos como para reiniciar una de sus típicas peleas por el predominio de la especie. Él también era muy conciente de que la fase de conquista ya se había terminado, con éxito para su fortuna, pero restaba quizá lo más arduo por resolver: que la kunoichi se afincase en Konoha y formalicen.

En ese estado de cosas ya no estaba muy dispuesto a esperar con paciencia a que la resolución le surgiera con naturalidad, simplemente porque no podía permitírselo. Si seguía dándole tiempo, lo más probable era que reuniese el valor para negarse definitivamente y marchase para no volver. Y en tal caso no sólo perdería a la mujer que amaba, sino a la mejor amiga que había tenido.

Si a lo largo de ese dificultoso trayecto hubiese un momento para presionar, ese momento había llegado. Estaba convencido de que sus sentimientos eran correspondidos, lo que debía procurar ahora era que anhelase concretar el mismo proyecto que él.

-Ya es de noche, ¿quieres entrar? –preguntó para romper el silencio.

-Estoy bien aquí.

-Apenas puedo distinguir tus rasgos.

-Pues confórmate o vete.

-De todas maneras te ves bonita a la luz de la luna.

-Oh, por favor –dijo ella con sarcasmo-, el cliché del galán no te queda.

-Supongo que no –repuso Shikamaru, meciéndose el cabello con pudor-. A ti tampoco te queda el papel de heroína solitaria.

-Al diablo –gruñó ella.

-Deberíamos resolverlo con un duelo.

Ella lo miró con las cejas levantadas.

-¿Perdón?

Shikamaru compuso un ademán reflexivo.

-¿Por qué no? Se trata de la determinación que cada uno posee para mantenerse firme en su postura, así que, ¿por qué no medirnos en un combate?

-¿Estás loco?

-No.

-¿Estás de broma?

-Puede ser –admitió por fin el ninja ganándose otra ceñuda mirada recriminatoria-. Pero dadas las circunstancias hubiera sido una buena opción. Hubiese sido como una revancha de nuestros primeros exámenes chunin… Te habría ganado otra vez.

Eso fue chicanearla demasiado.

-En tus sueños, sabelotodo –se irritó ella, encarándolo con orgullo-. Y tú no ganaste, ¡sino que te diste por vencido como el perezoso que eres!

Shikamaru asumió una actitud defensiva.

-Oye, tranquila, sólo soy el chico de las flores.

-Sí, claro, el chico al que todavía puedo aventar al infierno con mi abanico.

-Añoraba esas bravatas tuyas.

-¿Crees que no lo haría?

-Por supuesto que creo que lo harías –dijo él, mirándola a los ojos-. Es exactamente el mismo tipo de determinación con el que me he propuesto conquistarte y con la que defenderé lo nuestro en el futuro, con la que pienso hacer que funcione. ¿Entiendes que en eso no bromeo y que no desistiré hasta lograrlo?

Temari lo encaró con los puños apretados. Ahí iba de nuevo con la estrategia de utilizar sus propias ideas en su contra, el muy ladino, y ella, como una idiota, siempre terminaba por caer. ¿Es que podría ganarle en algo alguna vez a ese chiquillo? Estaba segura de que algún día la lógica la mataría.

Ni el más poderoso ninjutsu ni el más estremecedor de sus enemigos, ni siquiera los pilones y pilones de carpetas y documentos que amenazaban con desmoronarse sobre su orgullosa cabeza, terminarían con su vida, claro que no. Pero la habilidad, el método y el juicio de Shikamaru para guiarla en una simple conversación hasta una idea que pudiera usar en su favor la aniquilaría por completo. He ahí al hombre de su vida, desgraciadamente.

Porque lo peor del caso es que, además de enfurecerla, ese rasgo la enamoraba todavía más. En ese preciso momento, por ejemplo, se moría por darle una paliza que lo dejara seminconsciente para luego rematarlo con un beso que le cortase el aliento. Así sabría lo que ella sentía cada vez que se conducía de esa forma, el estado de vulnerabilidad al que la reducía.

-Debe sentirse genial que yo diga las palabras y que tú las vuelvas en mi contra –masculló.

-No tanto –repuso el otro con desfachatez-, no si no funciona.

-Cínico.

-Oh, vamos, Temari, sabes que todo esto me ha resultado problemático.

-¡Pues entonces no lo hubieras comenzado! ¡Te pedí mil veces que desistieras!

-Entonces podrás echarme la culpa de todo una vez que nos casemos.

La joven, superada por el descaro con el que lanzó semejante idea, empezó a boquear como pez fuera del agua. Ni siquiera supo si quería insultarlo, golpearlo, indignarse o reírse de la ingenuidad con la que se lo planteaba. Matrimonio, ¡el muy desubicado persistía en mencionar el matrimonio! ¿Cómo diablos se las apañaba para traerlo siempre a colación?

Tratando de mantenerse en sus cabales, Temari remontó en su mente el hilo de la conversación, comparándolo con los diálogos anteriores. Era absurdo, ¡esa palabra había sido pronunciada con demasiada frecuencia entre ellos! Por todos los cielos y los dioses del mundo shinobi, ¿qué tenía ese chico en la cabeza?

Por su parte, Shikamaru continuaba con el plan de picar sobre la superficie, y entendió que había trozado un buen segmento de ella. Tal vez se hubiese aventurado demasiado en el tablero, tal vez le faltaba asegurar fichas para respaldar sus movimientos, pero, ¡diablos!, si la minuciosidad y el raciocinio ralentizaban los resultados, empezaría a obrar también con el instinto.

Temari todavía evitaba tomar la decisión de quedarse con él, mucho menos aceptaría pensar en casarse, lo sabía bien. Aun así, quiso dejarle absolutamente clara la magnitud de sus pretensiones. Ya no eran unos niños, se habían enamorado y lo más natural del mundo era que tuviesen planes de matrimonio. Al menos desde su perspectiva.

Estaba hecho, había arrojado todas sus cartas sobre la mesa. Fue franco, honesto y recto sin apelar a ningún subterfugio ni a las jugarretas típicas de los sujetos que prometen el oro y el moro sólo para obtener de la mujer que les gusta un buen entretenimiento. Él no estaba jugando, nunca lo haría, mucho menos con ella –apreciaba demasiado su vida además-, por lo que se aseguró de hacérselo saber.

Durante algunos instantes se prolongó el silencio, en parte porque Temari se había quedado sin palabras y en parte porque algunos de los huéspedes de la posada, de regreso, pasaron junto a ellos, saludándolos al verlos. Tuvieron que devolver la amabilidad y reservarse cualquier intento de insulto o disuasión para cuando volviesen a estar a solas.

De paso, el fresco de la noche en algo menguó los nervios y la tensión acumulada. De pronto, Temari recordó que todavía llevaba consigo el paquete de castañas, arrugado a más no poder, y tomó una para canalizar la angustia que experimentaba masticando. A fin de cuentas, por más que renegase de ello, también era una mujer.

Shikamaru estiró la mano para tomar una y ella apartó el paquete con brusquedad. Lo miró con amenaza y él procuró olvidarse de volver a intentarlo.

-Si estás pensando en subir a tu habitación, recuerda llevarte los crisantemos.

-¿Quién dijo que me iría?

-Tu cara de pocos amigos.

-Mira quién habla –masculló ella.

Otro huésped pasó a su lado y los saludó con la cabeza, y ellos retribuyeron educadamente el gesto. Temari tomó otra castaña.

-A quién se le ocurre hablar de casamiento en estos días –farfulló con la boca llena-. Sólo a un idiota, o a un jugador… quizás a un suicida.

-Jugador no –repuso él-, pero idiota seguro que sí. Y tratándose de ti, suicida también.

-Deja de bromear conmigo, jovencito –se irritó ella, engullendo otra castaña.

-A decir verdad, cuando platico contigo ya no sé dónde termina la seriedad y dónde comienza la broma. Es problemático, pero a la vez interesante.

Sólo por decir eso, de haberse sentido predispuesta, se hubiese lanzado sobre él para abrazarlo y estrecharlo contra sí. Era tan demoledoramente sincero, sensible y observador, que cada vez estaba más segura de que lo rechazaba sólo porque le atemorizaba la idea de perderlo. Esa era la gran aprensión con la que tenía que lidiar.

Quién necesitaba promesas, vestidos bonitos, dinero para diversión o un chofer que la llevase de un lado a otro, cuando sólo necesitaba que la conociera, que la escuchara, que supiera conducirse con sus defectos y que se divirtiera a su lado. Ella le resultaba interesante con todo y su testarudo carácter… Era lo más dulce que le hubieran dicho jamás.

Sin embargo, ni estaba predispuesta ni era la típica mujer enamorada de la historia. Se reservó sus inquietudes para más tarde, para cuando estuviese sola y pudiese batallar con ellas. Tomó la maceta con los crisantemos –porque más allá de sus problemas con el ninja las plantas eran sagradas y las conservaría consigo- y por fin halló una contundente forma de ponerle el punto final a la extenuante puja psicológica.

La idea la atravesó de parte a parte en menos de un segundo, y a causa de la angustia ni siquiera se tomó ese lapso para pensarlo mejor.

-Me alegra saber que lo pasas tan bien conmigo –dijo con sarcasmo-, pero debo advertirte que al parecer no eres el único.

-¿A qué te refieres?

Por fin Temari se dignó a pensárselo otra vez. Quizá iría demasiado lejos, dañaría, pero algún día terminaría por enterarse y mejor que sea de sus propios labios y no por comentarios de terceros. Tomó aire y se dispuso a imprimir una buena dosis de rotundidad en sus palabras.

-Hay algo que no te he contado aún –dijo, empezando a sentir cierta culpa pero, a la vez, segura de la calidad de la determinación que la guiaba. Se aferró aún más a la planta que cargaba-. Hace unos días llegó una carta de Gaara.

Shikamaru apenas modificó su semblante, aunque lo suficiente para delatar su preocupación.

-¿Una carta de Gaara? –replicó. Ella asintió-. ¿Te pide que regreses?

-No, no lo ha hecho todavía.

-¿Entonces?

Temari volvió a retardar su respuesta, pues ahora luchaba contra sus escrúpulos. Lo último que quería era hacerle daño, aunque sabía que así sería.

-Bueno… en la carta me habló del tiempo que llevo instalada aquí… tal vez a la deriva –empezó, reuniendo valor para no claudicar-. El asunto es que me habló de un ninja, el único heredero de un clan muy importante de mi aldea. –Aquí Temari tragó saliva con dificultad, conciente de lo que hacía y algo avergonzada por utilizarlo de esa manera. Era increíble cómo el enojo inicial que la impeliese a eso se evaporaba en la nada dejándola inerme-. Parece que pidió mi mano. Hizo una propuesta oficial de casamiento y Gaara me ha suplicado que lo considere.

Los grillos cantaron sonoramente en medio del silencio que se hizo entre ambos. Temari fijó la vista en el rostro de Shikamaru, y aún en la penumbra advirtió que aparecía inescrutable. Nada, ni un solo músculo de la cara fue alterado por la noticia, y la kunoichi pasó del asombro al enojo liso y llano otra vez. ¿Es que ningún imprevisto afectaba a ese idiota?

-Entiendo –terminó por decir Shikamaru, impasible-. Supongo que debes pensarlo. Creo que por hoy fue suficiente. Ahora, si me disculpas, quisiera ir a descansar. Y tú también deberías hacerlo, has tenido un día muy largo.

Temari lo miró boquiabierta, sin podérselo creer. Shikamaru le echó un último vistazo y, con la misma impavidez con la que lo encontró esperándola, se despidió y se marchó a su casa, dejando a la estupefacta mujer clavada en el suelo.