Capítulo VIII

Danny Freeman

Isabella
-


—Isabella, no me duele nada decirte que, eres solo un juguete.

—¡Danny!
El sudor en mi cuerpo era resbaloso y aterrador.
Ya habían pasado dos días desde el cumpleaños de Phineas y, para ser sincera, me la estaba pasando del carajo.
Ferb Fletcher trataba de evitarme lo más posible; según él, yo era "un fruto prohibido".
Yo evitaba a Phineas Flynn a cualquier intento que se me podía dar.
Danny Freeman me odiaba y me evitaba; "yo era una traidora por hacerme del juguete de Phineas Flynn"
Danny se comenzaba a convertir en un completo misterio para mí; su razonamiento y su forma de pensar eran indescriptibles; me era difícil leer su mente.
Si así iban a ser mis clases del instituto, y apenas era mi primera semana de clases, no me imaginaba como iban a ser las demás clases.
En mi segundo día de clases, cuando Danny y Phineas habían discutido de mí y de Ariana, antes de retirarse del salón, Danny me había susurrado: "Isabella, no me duele nada decirte que, eres solo un juguete".
Al principio no había entendido la indirecta hasta que, ese mismo día, en la noche, cuando Phineas Flynn me había dado un puñetazo en la cara, comprendí que, la indirecta decía: "Eres el juguete de Phineas Flynn".
Mire el reloj del tocador.
1.18 am
No podía dormir; la pesadilla de Danny caminando y abandonándome me perseguía desde el Martes antes de dormir. Espeluznante y dominante; esa era la forma de describir el sueño.
Mis manos las dirigí a mis ojos; tapándolos. Las lágrimas comenzaban a descender hasta mis labios.
Me estaba muriendo por dentro; sin Danny Freeman yo no era nada…


—¡Isabella! ¡Despierta!
El grito de mi madre me sofoco y las lágrimas volvieron a nacer.
—Oye, ¿estás bien, pequeña?
—Yo… Sí… —mi madre me miro a los ojos preocupada; reteniendo los gritos—. Iré a darme una ducha —susurre.
Hice las cobijas hacia un lado y, con pereza, me levante de la cama, descalza y con la mirada perdida, mi madre me detuvo por los hombros.
—Isabella, no comprendo que es lo que te sucede —suspiró—. Desde que fue la fiesta del chico Flynn, ha cambiado algo en ti. No sé qué paso ahí pero… Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, lo sabes muy bien. Así que, si quieres decirme que paso ahí, estaré atenta y te escuchare.
No la mire, me deshice de su agarre bruscamente —sin querer— y me encamine hacia al baño buscando mi ducha.
—No sucedió nada malo —y el portazo hizo eco en el cuarto.
Resbalar, seguro, mirar la nada; quizá el techo.
La loca sensación de "posiblemente" estar completamente sola era "Un fracaso".
Humedad en los ojos, agitación; desesperación…


—Ya me voy —enfaticé con la cara escuálida.
—¿Tan temprano?; falta casi una hora para que las clases comiencen.
—Lo sé; me iré caminando. Caminar no hace daño, ¿oh sí? —y cerré la puerta.
Lluvia; fue lo primero que encontré cerrando la puerta de la casa.
Peor día, simple día, luminoso día; todos los días eran igual sin importar el clima.
Después de todo, solo la lluvia me daba ese calor que necesitaba y esa pequeña fuerza de no estar todo el tiempo en la soledad.
Lo mejor de todo era que, después pasados los diez minutos bajo la lluvia y, sin embargo, caminando, el cabello me quedaba empapado y era como si me volviera a bañar.
—¡Isabella! —esa voz…
—¿Luke? —dirigí mi mirada atrás; en donde se encontraba él chico.
—Isabella, ¿qué tal?
—Bueno… Si omitimos el hecho de que Ferb Fletcher me evita, que Phineas Flynn sea una verdadera y pésima influencia para mí, y que, sin embargo, Danny Freeman me odie; pues sí; todo anda bien.
Luke Saint carcajeo y avanzó conmigo por las calles de Danville.
—Danny no te odia.
—¿Seguro?; él me dijo: "Eres el juguete de Phineas Flynn"
—Él no dijo eso —dio una carcajada tremenda.
—No; pero eso quiso dar a entender.
Luke me volteo a ver a los ojos y, con una sonrisa en los labios, me paso el brazo por los hombros.
—Escúchame atentamente, Isabella.
—De acuerdo, con tal de que no digas estupideces, te escuchare.
Él rubio volvió a reír animadamente y después explicó:
—Danny está celoso; eso es todo.
¿Disculpa? ¿Oí bien o estoy sorda?
—¿Qué? —replique estupefacta.
—Que Danny está celoso —repitió.
—¿De qué?
—De Phineas, por supuesto.
—¿Qué hizo Phineas?
—Eres tan incomprensible —suspiró—-. Otra vez; ¿qué consideras a Danny?
—Mi amigo, claro.
—Tú amigo…
—Sí, a menos a que te refieras a otra cosa; no sé, ¿su mejor amiga?
—Su mejor amiga, eh…
—Supongo.
—Bien; si dices ser su mejor amiga, supongo que deberías de conocerlo a la perfección.
—Sí; celoso es un nuevo defecto que acabo de descubrir.
—Entonces, ya que eres "su mejor amiga", supongo que conoces todo de él.
—¿A qué quieres llegar con esto, Luke?
—¿Realmente crees conocer a bien a Danny?
—Claro que sí.
—¿Te mereces el título de "Mejor amiga de Danny Freeman"?
—¡Claro que me lo merezco; soy la única que tiene el derecho! —exclame frustrada.
—Bueno, ya que eres su mejor amiga, supongo que ya conociste a su familia, ¿no es así?
Detuve mi andar en seco.
«El golpe más bajo que me pudieron dar en toda la vida»
¿La familia de Danny? Era verdad; él sabía, literalmente, todo acerca de mí; le había redactado prácticamente toda mi vida el lunes.
Ni siquiera sabía si él era huérfano o, quizá, vivía en una economía pobre. Si tenía hermanos o no. Si sus padres lo querían. Quizá él era el hijo mayor y tenía que cuidar de sus hermanos pequeños mientras que sus padres trabajaban tiempo completo. ¡Oh quizá, sus hermanos lo maltrataban a pesar de ser menores que él! ¡Peor; ¿Qué tal y sus padres lo golpeaban?!
«¡Qué horror!»
—Apuesto a que no sabías que él yo no es virgen —continuo Luke con cierta diversión.
Imposible… Danny no es…
¿Prostitución? Quizá para ganar algo de dinero para su familia. No. Definitivamente eso no podía ser; Danny no era de esa clase de personas.
«Bueno, entonces, sí dices que no lo hizo por causas económicas; ¿porque lo hizo?»
¿Obligación? ¡Sí! ¡Definitivamente eso! Quizá sus padres lo obligaron a dejar de ser virgen con el típico lema de los padres: "Ya eres un hombrecito"
No. Danny no se dejaría manipular con arrogancias como esas.
«Entonces, ¿Por qué lo hizo?»
Solo que… No… Danny… Él lo hizo porque…
¿Placer? ¿Danny quería placer en aquellos instantes en los que perdió su virginidad?
«Definitivamente»
—Y, ¿sabías que entre Ariana y Danny sucedió algo impactante?
Ya no lo pude soportar más. Quería que se callara.
—Me voy —escupí en su cara y, vi en ella, un deje de diversión—. Vete al carajo, Luke.
Repugnante. Danny no me podía hacer eso a mí. ¿Por qué él era un misterio para mí de aquella manera?


—Bien, señorita García Shapiro, tiene que hacerlo con más asentó en la pronunciación. Ahora, repita después de mi: "Egli migliore amico dei sentimenti, è la pioggia"
—" Egli miglore ameco del sentimenti, è la pioggea" —mis ojos los dirigí al techo buscando una señal de ayuda.
—¡No, no, no! Es: "Egli migliore amico dei sentimenti, è la pioggia"
—¿"Eglee migliere ameco der sentimenter, è la pioggia"?
—No tiene remedio… —suspiró la maestra de italiano—. ¿Alguien me puede ayudar con la señorita Shapiro? —preguntó desde el escritorio hacia los asientos en donde se encontraban todos sentados y trabajando. Nadie respondió—. ¿Ningún voluntario que nos quiera ayudar? ¿No? Bien; entonces yo escogeré. Veamos… ¿¡Danny Freeman!?
Mi corazón se paralizó y no quise voltear a donde él estaba.
—¿Si, maestra? —volver a escuchar su voz masculina y profunda, hizo que mis piernas se sintieran de gelatina.
—Venga un momento, por favor.
La silla rechino, el eco de los pasos se hizo presente en el salón, los refunfuños continuaron, y, finalmente, el calor corporal del cuerpo masculino a mi lado hizo señal con un delicioso aroma a chocolate.
—¿Me llamaba?
—Necesito de su ayuda —suspiró la maestra—. Pronuncie está palabra.
Levanto el cuadernillo y en él, enseño la frase.
—¿"Él mejor amigo de los sentimientos, es la lluvia?"
—Sí, pero necesito que usted lo pronuncie en italiano.
Danny suspiró y, después, con un poco de vacilo, hablo:
—" Egli migliore amico dei sentimenti, è la pioggia"
Su forma de decirlo fue tan deliciosa que tuve que mirar a otro lado para no cometer una estupidez.
—¡Perfecto! —expresó la maestra—. Necesito que usted y la señorita Shapiro se pongan a estudiar italiano; señor Freeman, usted será él tutor de ahora en delante de la señorita Shapiro en la clase de italiano.
Mi cuaderno cayó al piso y tuve que sostenerme del escritorio para no caer. Danny me sostuvo con las dos manos de la cintura y después susurro con voz preocupada:
—¿Estás bien, Isabella? —busco mis ojos y, cuando los encontró, me soltó.
—Creo que… Creo que me dieron nauseas —jadee.
—¿Se siente mal? Tendrá que ir a la enfermería.
—Yo la acompaño —pronunció Danny con seguridad.
Sentí un dolor de jaqueca tremendo; realmente necesitaba ir a la enfermería.
—Vayan y, ¿señor Freeman?
—¿Si?
—No se separe en ningún momento de la señorita Shapiro, claro, a menos que sea por cuestión de horario de clases.
—De acuerdo.
Danny me tomo por detrás de los hombros y camino conmigo hasta salir del salón.
—¿Qué te duele? —pregunto de repente.
—Tengo nauseas, y me duele la cabeza de una manera tremenda.
—Ven.
Voltee atrás; en donde se encontraba él. Camine con mucho vacilo hacia Danny por las náuseas. Casi tropiezo con él.
Me sujete con fuerza de sus hombros y hundí mi rostro en su pecho.
Su olor era una extraña pero exquisita combinación del perfume masculino y de su olor natural que era el chocolate.
—Hueles rico —suspire aturdida.
Me abrazo con sus fuertes brazos de la cintura y hundió su rostro en mi cuello, junto a mi cabello.
—Tú igual —susurró.
No quería que terminara; no quería acabar; el momento era perfecto para alegrarme el día.
—Danny, por favor; no me sueltes —«Eso no estaba en el libreto»
—Jamás te soltaría, princesa Bella.
Alce mi mirada y me encontré con esos ojos color ámbar llenándome de paz, abrazándome y protegiéndome.
Paso su brazo izquierdo por mi espalda y se agacho para poner su brazo derecho debajo de mis muslos. Me cargo como si yo fuera la "Bella Durmiente", y él, "Él Príncipe Azul"
Su paso era seguro y la mirada la tenía completamente fija al frente. Por otro lado, yo estaba como estúpida embobada en sus ojos ámbar.
De repente perdí la noción del tiempo y sentí que éramos solo él y yo sobre el mundo.
—¿Entonces, que te duele?
Y el momento se fue; sin darme cuenta ya estábamos en la enfermería y me estaban preguntado cual era mi malestar.
—Yo… Yo… —no podía dejarlo; es decir, Danny aún me cargaba en brazos y yo no podía dejar de mirar esos ojos ámbar que me estaban penetrando. Cerré los ojos un momento y fruncí levemente el ceño—. Tengo dolor estomacal, me está dando vueltas la cabeza, y, desafortunadamente, tengo nauseas.
—Bien, por favor, ¿la podrías recostar en una camilla? —pregunto la enfermera a Danny.
Él asintió levemente y, con pésame en su mirada, me recostó con mucho cuidado sobre una camilla vacía.
Antes de que sus brazos me abandonaran por completo, lo sujete de la mano y él solo me miro unos instantes.
Yo sabía que él tampoco se quería separar de mí, así que lo jale más hacía mí y él solo concluyo en asentir.
—Tomate esta pastilla y duérmete una hora —pronunció la enfermera acercándose con un vaso de agua y una pastilla sobre un pequeño plato.
—De acuerdo —susurre y me lleve la pastilla volando sobre mi garganta acompañada de agua.
—Tú te puedes ir ya a tus clases—le dijo la enfermera a Danny.
—Es que la maestra de Italiano me encargo cuidar de ella y no separarme hasta que se sintiera mejor y, la verdad, yo también me sentiría más seguro si la cuido hasta que esté más estable.
La enfermera dudo un momento, y después, con un poco de vacilo, tomo dos hojas, escribió en ellas unas cuantas palabras y después puso un sello en cada una.
Se las dio a Danny y después volteo a verme.
—Voy a salir a mi casa por unos medicamentos que necesitamos aquí; ¿está bien que te quedes con él? —asentí con una pequeña sonrisa y después se dirigió a Danny.
—Tiene que estar una hora exacta dormida. No creo que tengas problemas con eso. Y, no te preocupes, no creo que venga ningún herido.
Danny rio brevemente y después asintió.
Y así, la enfermera se retiró.
—¿Estas bien así? ¿No quieres alguna otra cobija o algo más?
—Bueno… Yo… No…
—Isabella, dime que quieres —hablo con tono fuerte.
—Quiero una tontería.
—¿De qué tontería estamos hablando?
—¿Quiero que te acuestes conmigo? ¿Se podrá? —vacilé.
Sus ojos los abrió desmesuradamente con un leve rubor en sus mejillas. Desvío la mirada y susurro:
—Sí que es una tontería.
Se tapó los ojos con una mano y, después, con demasiado vacilo, se metió dentro de las cobijas conmigo.
Yo estaba volteada del lado contrario a él.
De repente, sentí la cara como jitomate cuando Danny me abrazo de la cintura con sus fuertes y cálidos brazos.
Quería verlo, quería tenerlo más cerca, quería inundarme en sus hermosos ojos ámbar. No podía resistir la tentación.
En un movimiento lento y suave, me gire hasta quedar frente a él.
No vi rubor ni nervios en su mirada; simplemente vi calma y tranquilidad.
De haberme visto en un espejo, seguro que yo seguía estando como un jitomate.
Me estaba mirando, solo a mí, y eso me gustaba; me gustaba verme reflejada en esos orbes ámbar; que solo me viera a mí; aunque él no pensaba constantemente en mí, cuando él me miraba, por un instante, muy breve a decir verdad, él pensaba en mí.
—Danny… Yo… —mis labios temblaban y sentía que mi cuerpo se estaba derritiendo como paleta de hielo—. Yo…
—Shh… —me puso en dedo en los labios. Mi corazón latía realmente rápido; hacía "Doki-Doki" —. Se supone que te debes de dormir una hora.
Con lentitud, inclino su cabeza y, con suavidad, deposito un cálido beso en mi frente.
«Doki-Doki»
«¡Mi corazón va a explotar!»
No sabía que hacer; me sentía tan torpe. Estire lentamente mis brazos y lo abrace por el torso. Hundí mi rostro en su pecho y aspire con fuerza.
«Chocolate…»
Cerré los ojos y las mil sensaciones me inundaron.


Al abrir los ojos, me encontré con un Danny roncando suave y levemente.
Reí mentalmente y acaricie su rostro.
Era tan lindo, tan suave, tan tierno.
Bese la comisura de sus labios y abrió los ojos.
—Isa… Bella… —titubeo.
—Hola…
Danny levanto la mirada y después vi asombro en ella.
—No puede ser posible… —susurró aterrado.
—¿Qué sucede?
—¡Hemos dormido dos horas; una hora de más, Isabella!
—¿Enserio?
—Sí, la escuela termina en veinte minutos.
Y no hubo movimiento; no se levantó ni se fue; se quedó quieto en su lugar, se aferró más a mí y me acaricio mi cabello.
Hundí nuevamente mi rostro en su pecho y aspire con fuerza su olor a chocolate.
«Que rico»
Sentí un peso en los ojos y pensé que quedaría dormida nuevamente, hasta que…
—Hay que irnos, Bella.
Suspire resignada y asentí levemente.
Danny me soltó y levantó solo su torso de la cama, dejando las piernas acostadas.
—No me quiero ir —habló tan quedito que apenas si lo escuche.
—Pues no lo hagas.
—Tengo obligaciones en casa.
Hizo a un lado las cobijas y se levantó con pereza. Me extendió una mano y la tome para poder levantarme de la cama.
Me acomode mi cabello y agarre mi mochila que se encontraba en la cama de junto.
—¿Ya te sientes mejor?
—Mucho mejor.
Caminamos por los pasillos hasta encontrar la puerta. Todos ya estaban empezando a salir y otros hasta ya se estaban yendo a casa.
—Me voy —hablo Danny de repente, dio media vuelta y comenzó a caminar a la puerta de la escuela.
—¡Espera!
Giró la cabeza y me examino con la mirada; no tenía que desconcentrarme en sus ojos.
—¿Iras a tú casa? —pregunte como estúpida.
—Evidentemente.
—¡Quiero ir contigo!
Avanzó hasta quedar justo enfrente de mí y acarició mi mejilla.
—No —respondió secamente y me soltó.
—¿Por qué no? —refunfuñe.
—No quiero que vallas; el camino a casa es muy peligroso.
—Danny…
—¿Además, porque tendrías que ir a mi casa? —arqueó las cejas.
—Porque tenemos que estudiar.
—¿Estudiar?
—¡Italiano, idiota!
—Estudiamos mañana en la escuela, Bella.
—¡No! Sabes bien que soy pésima en italiano; tenemos que estudiar.
—¡He dicho que no, Isabella! —exclamó frustrado. Se rasco la nuca y después avanzó hacía la salida—. Ya me voy.
—¡Te seguiré, Danny Freeman!
Detuvo su andar en seco y giro la cabeza.
—Has lo que quieras, Isabella García.
Y se fue.


Ésta era la cosa más loca y extrañamente estúpida que pude haber hecho en toda mi jodida vida.
—Llevas medía hora siguiéndome, ¡¿quieres parar esto ya, Isabella?!
Se detuvo y choque con su espalda.
—¡Auch…!
Me azobe la cabeza y cerré los ojos.
—Agarra mi camisa
—¿Qué?
—Qué agarres mi camisa
—¿Para qué?
—Solo sujeta un extremo de mí camisa por detrás y camina; es para que no te separes de mí.
—Danny…
—Carajo; ¡solo hazlo, maldita sea, Isabella! —gritó mientras volteaba a verme.
—No es necesario que me grites.
—Isabella, te juro que me jode que las chicas sean de ésta manera.
—¿Exactamente de qué manera?
—Así, tan insolentes.
—¿Disculpa?
—Mira, te diré la verdad; tú solo eres y actúas como una niña insolente, caprichosa y mimada.
—Yo no soy la que se cree "El todas mías"
Danny dio una carcajada irónica y tuve ganas de ahorcarlo.
—Tu manera de hablar es tan graciosa, Isabella.
—¡Eres un desgraciado, Danny Freeman!
Le empecé a dar golpes en el pecho y de repente él me detuvo de las muñecas.
—Si no te detienes ahora, te juro que jamás volverás a saber de mi, Isabella.
—¡Eres un estúpido!
—¡Y tú una insolente!
—¡Testarudo!
—¡Niña caprichosa!
—¡Eres un egocéntrico!
—¡Y tú una amargada!
—¡¿Estás seguro de que yo soy la amargada?!
—¡Sí, y también eres una…!
—¡¿Te quieres estar calmado?!
—¡Pero si tú eres la que me enloquece!
—Yo no soy la que rogó todo el día por estar contigo como perrito faldero.
—Y yo no soy él que hizo que su padre le abandonara.
Me quede estática como una piedra y me paralice.
«Que golpe tan más bajo»
—Perdón… —murmuró.
Sentía un nudo en mi garganta; era seguro, en cualquier momento me iba a soltar a llorar.
Me di media vuelta; dispuesta a marcharme e irme por donde llegue.
Danny me abrazó por la cintura antes de que pudiera dar un paso.
—Suéltame —susurre.
—No, perdón.
—¡¿Que te crees; qué puedes insultarme con mi pasado como si fueras alguien que estuvo presente en ese entonces?!
—Isabella, no llores.
—¡No estoy llorando! —y un respingo se me salió.
—¿Estás segura?
—¡Sí, suéltame ya! —y empecé a moverme entre sus brazos.
Danny me dio media vuelta de los hombros y me topé con sus ojos ámbar clavados en mí.
Mi boca la abrí para decir algo pero él me abrazó nuevamente.
—Perdóname, princesa. No llores, no quise… Yo… Yo solo… Perdóname, no quería decirte eso.
Me dio un beso en la frente y luego se separó, me miro de pies a cabeza y después, con precaución, tomo una de mis manos con delicadeza e hizo que agarrara un extremo de su camisa por detrás para que él siguiera con su andar.
Así seguimos; el avanzando y con sus manos dentro de sus bolsillos, en cambio yo, con una mano en la parte baja de mis labios para evitar llorar y, la otra, sujeta de la camisa de Danny por detrás; como a una niña pequeña con un adulto.
De repente llegamos a un lugar parecido a un barrio. Danny se detuvo y me agarro fuertemente de la mano con la que me sujetaba de su camisa. Entrelazó sus dedos con los míos y camino más rápido.
Unos tipos de camisas negras con tatuajes en sus hombros comenzaron a caminar hacia nosotros; yo me espante y como resultado me cubrí con el hombro de Danny.
—¡Hey, Dan! —saludo un rubio de ellos.
—¿Qué hay? —despreso Danny.
—Últimamente nada interesante ni del otro mundo —el rubio me miro atreves de sus ojos grises y sentí miedo al conectarme con ellos—. ¿Quién es tu amiguita?
—Ella es… —se volteó a verme y me miró—. Bella.
—Pues que hermosa. Oye Bella, quieres ir a dar una vuelta con noso…
—Y es mi novia —interrumpió Danny con su voz de barítono retumbando por la calle.
Sentí la piel tan sensible como la de un bebé o quizá, increíblemente, como la de él oro lizo.
—Hola —murmure bajo.
—Isa… —Danny cerró la boca de improvisación por haberse equivocado de nombre —…Bella, él es Mike.
—Un gusto —susurre suavemente.
—Bueno, ya nos tenemos que ir, hasta luego Mike —habló Danny como si tuviese prisa.
—Hey, Dan, ¿a dónde vas?
—¿A dónde voy? ¿A acompañar a Bella a su casa?
—¿Quieres que te acompañemos? —pregunto Mike con amabilidad.
—¡Para nada! —expresé con las manos agitándolas—. Seria todo un rollo.
—En lo absoluto.
—Perdona, es que Danny me ha prometido… Me ha prometido… —mire a un lado, mire a otro lado y nada se me ocurría poner como excusa. Danny me dio un leve codazo y me miro con los ojos abiertos de par en par. Me señalo con ellos hacía abajo y al bajar la mirada pude ver que con su mano formaba una pistola—… Me ha prometido llevarme a la cárcel a ver a un familiar mío.
—Que lastima… ¿No quieren antes ir a por un café?
—No te alcanza ni siquiera para las galletas —murmuró Danny tan bajo que apenas si yo lo escuche.
—Amm… No, pero gracias Mike —le sonreí gentilmente.
—Es una lástima que una chica como tú esté con un chico como él.
—No es nada especial; es decir, míranos, somos una pareja normal y feliz.
—Bella, es hora de irnos —suspiró Danny—. Mike —Danny lo miro de una forma tan seria y extraña que a mí me perturbó por un instante. Se acercó a él y le susurró en el oído—: No te le vuelvas a acercar nunca más; ella es mía.
—Ya veo… —murmuró él rubio. Cerró los ojos con suavidad y, al abrirlos, supe que iba a morir—. ¿Y no compartes?
Empezó a llover de repente de una manera brusca y fuerte.
Danny dio dos pasos al frente con las manos por delante.
—Mike, no quiero problemas —habló Danny con precaución.
—Ni yo pero, no debemos de ser ególatras entre amigos, ¿entiendes? Hay que compartir.
Mike avanzó con lentitud junto con sus demás amigos hacía nosotros.
—Escucha, solo quiero irme y ya; no quiero tener problemas.
—Pues si Bella nos acompañara a nuestro lugar especial, estaríamos gustosos de dejarte ir.
—Sabes que eso nunca sucederá.
—Lo sé, pero tenía que intentar no causar disturbios aquí y ocasionar una pelea.
—Si nos dejas ir, no se ocasionara ninguna pelea.
—¿Pero que ganaría yo?
—Ningún problema conmigo.
—Temo decir que ambos sabemos a la perfección que los problemas ya se ocasionaron.
—Mike, no tenemos por qué pasar por esto, y lo sabes.
—Ya no hay marcha atrás, Dan.
—Mike… No lo hagas…
—¡Qué más da; ya está hecho!
—¡Te arrepentirás!
Y el grito de Danny hizo hueco en todo mi espacio interior; como si fuese a desaparecer en cualquier momento y yo no pudiese hacer absolutamente nada por él. Como si me jalaran y me pusieran esposas para separarme de él. Como si fuera tan imposible e inalcanzable para mí.
Un golpe.
Dos golpes.
Tres golpes.
Al cuarto golpe pude reaccionar.
—Métanla al carro.
El quinto golpe.
Un agarre en mis manos y un jalón hacía una dirección desconocida.
Un sexto golpe hizo prender mi enojo.
La puerta de un carro blanco que no sabía de donde había salido, se abrió.
El séptimo golpe me enfureció.
Un empujón.
Y el octavo golpe fue suficiente para prender mi ira.
Un noveno golpe y las carcajadas resonaron. Si daban el décimo golpe todos iban a morir.
Y la espalda trono al recibir el décimo golpe.
Entonces, no fui yo la que reacciono, no; fue mi instinto.
Las manos las gire y así el que me las sujetaba se retorció y cayó al suelo.
Un tipo me sujeto con fuerza de mis hombros por detrás, en respuesta, yo le di un cabezazo y me soltó.
Corrí y patee al primer sujeto que me encontré. Luego le di un golpe con el puño cerrado en su cara.
Se inclinaron y me jalaron de las piernas arrastrándome. En respuesta, jale igualmente con mis manos a alguien de las piernas y esté cayó al piso de cara. Lo sujete con fuerza de los tobillos, y lo lancé hacía el sujeto que tiraba de mis piernas.
Aproveche su distracción y me levante corriendo hasta él.
Más rápido, más rápido.
Me sujete con las dos manos de los hombros de un tipo y, con fuerza, brinque apoyándome de sus hombros. Una lanzada fuerte provocada por el impulso de mi cuerpo, hizo que llegara justo enfrente de él.
Él iba a decir algo, pero lo calle.
La lluvia ya había empapado mi uniforme completo y sentía que mi blusa se transparentaba.
Un golpe en el estómago.
Se inclinó y se cubrió con las dos manos el abdomen, lo que ocasionó que se pusiera a mi altura.
—No vuelvas a ponerle una mano encima a él —le escupí cara a cara.
Danny estaba tirado boca abajo y tuve que ayudarlo a que se levantara. Cuando se levantó y estuvo consiente de todo, me tomo de la mano con fuerza y echo a correr junto conmigo.
Corrimos adelante y no nos detuvimos ni miramos para atrás en lo absoluto; solo corrimos y corrimos sin piedad y sin descanso.
Me jalo hacía un callejón y sofoque un grito cuando el chocó contra la pared con la espalda y se sujetó de mis pechos por detrás.
—Danny… ¿Qué haces? —susurre alterada.
—Shh… Perdón… —y me soltó.
Cuando su calor corporal de cualquier parte de su cuerpo me abandono por completo, sentí un jodido vació en mi interior que se comenzó a congelar; necesitaba su calor para no morir helada, así que mis impulsos me dominaron.
Di media vuelta y quede frente a su pecho fuerte.
Rodee su cintura con mis brazos y hundí mi rostro en su pecho. Aspire el chocolate con fuerza y di un pequeño respingo.
—Isabella… ¿Qué haces? —susurró alterado.
—Shh… Perdón —y no lo solté.
Sus manos las tenía alzadas con un aspecto como de asustado; sin tocarme.
Sentía su mirada clavada en mí.
Poco a poco sentí como sus músculos se fueron relajando y con lentitud me abrazó.
Nadie hablo durante seis minutos, no por incomodidad, si no, para no romper el momento y echarlo todo a perder con vaciladas.
—¡¿Dónde carajo están, Fritz?!
—Mike, yo no tengo ni la menor idea.
Y mis ojos se congelaron al escuchar esas voces.
—Ven conmigo —susurro Danny mientras me apretaba con fuerza de la mano.
Y nuestras pisadas resonaron por todo el callejón
—¡Ahí están!
Corrimos y corrimos. Solo me dio tiempo de cerrar los ojos y esperar a ver que sucedía.
—¡Ahh! —el grito de Danny se hizo presente y su tropiezo hizo que ambos cayéramos al suelo.
—¡Los tenemos!
Mike se desfajo y saco su cinturón. Lo enrolló en su mano y avanzó.
—¿Te pones así por una perra cualquiera, Fields?
Y entonces, Mike le pego con el cinturón en la espalda a Danny.
—¡Ahh! —el grito de Danny me sofocó. Yo estaba tirada al suelo junto a él y, aparte, nuestras manos seguían entrelazadas; sentía el frio en sus venas.
Un golpe con el cinturón en la espalda. Otro. Otro. Otro más.
Los gritos de Danny me empezaron a doler.
Es que no comprendía; ¿porque a Danny le estaban pegando y a mí no?, es decir, yo fui la que los había golpeado a ellos y me había defendido.
De repente, Danny volteó y detuvo el cinturón con una mano antes de rosarlo. Se levantó con el cinturón en mano y sin soltar aún mi mano.
—No te vuelvas a meter conmigo ni con ella —gruñó.
Sin avisar, Danny le soltó un puñetazo en la cara a Mike.
—Vámonos.
Y echamos a correr.
Cerré los ojos y me deje llevar por su mano y por mis piernas.
¿Fields? ¿Mike le había dicho a Danny, Fields? Pero si él es Freeman. Fields es Ariana.
De repente sentí que Danny había dejado de correr y ahora solo caminaba con demasiada tranquilidad. Bastante, para ser honesta.
La lluvia aún no paraba y yo me estaba congelando.
Me detuve en seco.
—¿Qué sucede? —pregunto Danny mientras volteaba a verme.
—¿Por qué no estamos corriendo de ellos?
—Porque ya ha pasado el peligro, Isabella.
—¿Cómo?
—Aquí jamás nos encontrarían; ya estamos por llegar a mi casa.
Levante el rostro y me encontré con residencias preciosas.
La calle estaba completamente limpia y olía incluso rico. Había jardines tremendamente enormes; como del tamaño del terreno de mi casa. Eran casas enormes y evidentemente de personas con mucho dinero.
—¿Qué hacemos aquí? —murmure mientras Danny me jalaba para continuar caminando.
—Pues por aquí vivo.
—No te creo.
—Sí, ya llegamos —y avanzó más rápido.
Mi mirada estaba completamente perdida en las casas lujosas del lado izquierdo y del lado derecho. En cuanto mi mirada la dirigí al frente, me encontré con lo más lujoso que mis ojos pudieron haber visto.
Era la suma de muchos terrenos. Primero eran muros de aproximadamente cinco metros de alto y un metro de ancho; impenetrables. Cada muro del lado derecho e izquierdo, median talvez unos veinte metros de largo. Detrás de ellos había barreras de arbusto de cuatro metros de alto.
En el centro de los dos muros se encontraba un camino ancho de aproximadamente cuarenta metros de largo hacía el centro. Terminando el pequeño camino, se encontraba dos puertas de rejas grandes, negras y elegantes. Y, al final, un gigantesco jardín que daba la suma de quince veces mi casa. Después del jardín, se encontraba una tremenda mansión de incontables pisos.
—Estás temblando.
—Pues estoy empapada de la lluvia, ¿qué esperabas?
—Vamos, talvez haya algo de ropa de mi hermana que te sirva para cambiarte.
Y me arrastro a caminar por el bonito camino.
Me estaba congelando. Amaba la lluvia, pero a veces ésta exageraba conmigo.
—¿Vives aquí?
—Sí.
—¿Cómo?
—Mira, yo soy solo el hijo de una criada.
—¿Enserio?
—Sí.
De la nada note que ya habíamos llegado a las rejas y Danny se acercó a un curioso aparatito del lado izquierdo, pegado en una torre.
Presiono un botón y acerco sus labios.
—Necesito entrar.
—¿Quién es? —respondió el aparato con voz masculina.
—Soy Danny, ábreme, Venancio.
—Perdonad, no he reconocido la voz. Abro de inmediato —voz castellana.
Las rejas se abrieron lentamente y Danny me jalo para comenzar a caminar. El jardín era realmente precioso. Había una tremenda alberca y había un tipo laberinto en el jardín trasero.
La puerta principal era de color gris y muy enorme. Danny abrió la puerta y todo fue como un sueño.
—Bienvenido, joven Freeman —pronunció en coro una fila del lado izquierdo de sirvientas.
Hombres vestidos con un esmoquin se acercaron a Danny.
—¿Se le ofrece algo, joven Freeman? —preguntó uno de ellos.
—No.
—El señor y la señora Fields llamarón y le dejaron el recado de que llegarían para antes de la cena —habló otro.
—Gracias por el recado.
—¿Quiere comer algo con la señorita?—comento otro mientras me sonreía.
—No, pero gracias —después se volteó hacía mi—. ¿Tú quieres comer algo?
—N-No —tartamudee.
—Bien, subiremos a mi habitación —se volteó hacia una sirvienta de aproximadamente catorce años—. Prepara ropa del cuarto de mi hermana, y en cuanto la tengas lista, llamas a mi puerta y llevas a la señorita a la habitación de mi hermana.
—S-Si —tartamudeo la chica.
—Tú ven conmigo —murmuró Danny cerca de mí y me jalo de la mano a las escaleras.
Fueron tal vez tres o cuatro pisos los que subimos. Al llegar al destinado piso, Danny me llevo por un largo corredor.
De repente Danny detuvo su andar y se paró en frente de una puerta. Abrió la manija y entró conmigo.
—¿Qué es esto? —di un respingo.
—Es mi habitación, claro.
Dejó que yo entrara primero y después cerró la puerta detrás de él.
«¡Click!» escuché. Era evidente; Danny le había puesto seguro a la puerta.
Puso la mochila a un lado de la cama. Se comenzó a desbotonar la camisa y sentí morir.
—Para ser el hijo de una criada, te tratan bastante bien —murmure.
Dio una carcajada fuertemente y retrocedí un paso.
—Era una broma, realmente soy el hijo de los dueños.
Y me paralice.
Recordé la conversación de Luke y yo por la mañana y me sentí del carajo. Yo que me imaginaba a Danny pobre y trabajador. Con unos padres crueles y siendo el hijo mayor, teniendo que cuidar a sus pequeños hermanos menores. Siendo golpeado por sus padres.
«Pero que imaginación tienes, Isabella»
—Entonces, ¿por qué uno de los señores llamo a los señores de la casa como "señor y señora Fields"? ¿Por qué no Freeman?
Danny se quitó la camisa y la dejo sobre la cama.
Sus músculos estaban bien definidos y marcados. Tenía unos hombros anchos y unos trapecios impresionantes. Sus pectorales se veían duros. Su abdomen estaba muy marcado y perfecto. Su cabello color chocolate estaba mojado por la lluvia y rebeldemente despeinado, y sus ojos ámbar penetraban con fuerza.
Pero hubo un problema; su espalda.
—¡Dios, Danny, tú espalda! —me escandalicé.
—¿Está muy mal?
—Te pegaron muy fuerte. Está roja y tiene muchos moretones y rasguños.
Danny se arrodillo sobre la cama y yo me subí también. Me arrodille en la cama y me arrastre hasta quedar justo detrás de él.
Rose su espalda:
—¡Ahh! —gimió.
—¿Te duele mucho?
—Solo es el ardor.
—¿Dónde tienes alcohol?
—Isabella… —exclamó.
—Danny, eso no se puede quedar así.
—Tengo alcohol y algodón en mi baño, ve por ello —rodeó los ojos.
Me metí corriendo a su baño y busque lo pedido.
Salí del baño y me volví a acomodar en mi posición de antes de la cama.
Saque una bolita de algodón y gire la tapa del alcohol, vacíe un poco de alcohol sobre la bolita de algodón y tape la botella de alcohol.
Con mucho cuidado comencé a tallar suavemente el algodón sobre las heridas de la espalda.
—¡Isabella! —gimió.
—Perdona —susurre.
—No importa —murmuró.
Seguí tallando el algodón y aspire con fuerza por la nariz. Su espalda, a pesar de estar lastimada, era perfecta; era una espalda ancha y musculosa, fuerte y poderosa.
—Soy adoptado.
Y deje de tallar.
Lo dijo tan de repente que sentí que me congelaría.
—¿Qué?
—Que soy adoptado. Es por eso que mis padres se apellidan Fields y yo Freeman; no quise que me cambiaran el apellido sin importar que yo me convirtiera en uno más de su familia.
—Pero… Pero Ariana se apellida Fields.
—Y no es ninguna coincidencia —suspiró tan fuertemente, que me erizo la piel frágil—. Ariana, básicamente, es mi prima.
—Pero entre ustedes dos hubo un romance…
—¿Cómo lo sabes? —su espalda la puso recta y se quedó quieto; como si hubiera dejado de respirar.
—Me dijeron… —temblé
Se volteó hacía mi bruscamente con el ceño fruncido. Deje de respirar.
—¿Quién te dijo? —gruñó.
—Jane… —susurre.
—Jane… —murmuró.
—Si…
Se volvió a voltear de mi lado contrario; como estaba antes.
—Bueno… El hermano de mi papá es el padre de Ariana. Es un diputado muy importante en Danville, ya te lo había mencionado el lunes.
Al fin pude respirar y de nuevo comencé a tallar el algodón sobre la espalda de Danny.
—¿Recuerdas a Alex? —preguntó
—¿El chico que me presentaste el lunes? ¿El rubio de ojos verdes?
—Sí.
—¿Qué tiene él?
—Es mi hermano —susurró tan bajito que apenas si lo pude escuchar.
—¿Qué? ¿Y porque no me lo dijiste cuando me lo presentaste?
—No te lo mencione porque no quería. Es mi hermano, sí. Pero presentártelo solo como a mí amigo sería mucho mejor.
—Ahora entiendo; ayer Alex me dijo que Ariana era su prima, lo que da a entender que tú, por ser el hermano de Alex, eres también el primo de Ariana. Lo has confirmado tú mismo hace un rato.
—Solo adoptivamente; como yo soy adoptado, Ariana y yo no poseemos la misma sangre, no tenemos el mismo lazo familiar.
—¿Y porque no quisiste cambiar tu apellido a Fields?
—Porque siempre seré Freeman. Cuando yo nací, mi padre murió en un accidente de automóvil por ir con prisa al hospital para ver mi parto. Mi mamá fue madre soltera, no tenía a nadie en el mundo más que a mí. Siempre me protegió y tuvo fuerza y valor para cuidarme.
"Un día, para protegerme de un novio de ella que me estaba golpeando, ella le enterró un cuchillo y el tipo la empezó a ahorcar. Fui rápido por un vecino y esté llamo a la policía. Mi mamá murió protegiéndome, y él tipo se fue a la cárcel. Me mandaron a un orfanato y me adoptaron un mes después de haber llegado. Tenía seis años cuando llegue a ésta familia.
"Los Fields me quieren y yo a ellos, pero jamás me cambiaría el apellido de una héroe.
—Lo lamento.
—No importa, eso sucedió hace diez años.
Y nos quedamos en silencio.
Yo solo me concentre en curar su espalda y él se quedó callado.
—¿Por qué los tipos de hace un rato te dijeron Dan? —dije de repente.
—Porque no confió en ellos; si les digo que me llamo Danny Freeman, sabrán quien soy yo y vendrán a por mi familia.
—Pero les dijiste que eres Fields; el apellido de tus padres; pueden venir a por ellos.
—Existen muchos Fields en el mundo.
—Entonces… ¿Por eso dijiste que mi nombre era Bella; para protegerme?
—Algo así —murmuró.
—Perdona por hacer que te golpearan.
—No iba a dejar que te fueras con ellos.
—Perdona. —repetí.
Danny se volteó por completo hacía mí y deje de tallarle.
—No tienes por qué disculparte —me penetro de nuevo con sus ojos.
—Tengo que hacerlo; te han golpeado por mi culpa.
—Isabella, ya basta.
—¿De qué?
Se acercó un poco más a mí y temblé.
—No te tortures; tú no tuviste la culpa; fui yo por haber dejado que vinieras conmigo.
—Danny…
—No, detente. Fue una mala idea que vinieras —se acercó más.
—Basta, Danny.
—¿Basta?
—Vine hasta aquí por ti. Y lamento el daño que te ocasioné.
—Isabella, eres muy importante para mí; no voy a dejar que vuelvas —ordenó.
—No, Danny. Toda ésta locura de venir fue por ti. Porque me gustas —cerré los ojos por mi confesión—. Me gusta tu voz. Tu cabello. Dios, tus ojos. Me gusta la manera en la que me haces temblar. Me obsesiona que me toques cualquier parte de mi cuerpo. Me gusta la manera en la que me miras…
—¿Te gusta que te mire? —abrí los ojos por su pregunta—. ¿Te gusta que te observe? ¿Quieres que te penetre con la mirada? ¿Quieres que te toque? No importa que sea cualquier parte de tu cuerpo, ¿verdad? —lo mire a los ojos y temblé; cada vez se acercaba más a mí—. ¿Quieres mi cercanía? ¿Quieres mi cuerpo? —Acerco su boca a mi oído y susurró—: ¿Quieres que te vuelva a hacer temblar? —su aliento me acaricio como una manta y me erizo la piel.
—Danny… —murmuré mientras se acercaba más a mí.
Y me beso.
Ese era mi primer beso con Danny. Sin importar que, era perfecto.
Me abatió con su boca y me devoró con su lengua. Su hambre era feroz y poco sutil. Me necesitaba con urgencia y yo a él.
Incluso su boca sabía a chocolate. El manjar, el postre, la combinación exquisita de sabores únicos y deliciosos.
Me tomo de las caderas y se inclinó un poco más hacía mí. Yo en cambio, me aferre con las dos manos de su cuello y lo apreté más hacía mí.
Enrolle mis piernas en su cintura y él me dejo caer consigo mismo sobre la cama.
Me estaba aturdiendo de tanto amor que sentía.
Cuando Phineas me había besado, él lo había hecho con deseo y calentura.
Cuando Ferb me había besado, lo había hecho con timidez.
Ahora que Danny me besaba, él no solo me mostraba su necesidad de mí y su apetito feroz. Él me estaba mostrando su amor hacía mí, su ternura y su calidez. Me estaba abriendo las puertas de su corazón.
Me acaricio las piernas y sentí al deseo dominándome.
Mis manos las bajé y acaricie su ancha y estrecha espalda. Mi suerte fue que no se quejó de dolor por sus heridas.
Mi lengua y la suya se estaban conociendo. Él y yo nos estábamos explorando mutuamente.
Subí mis manos y enterré los dedos en su húmedo cabello chocolate. En cambio, él comenzó a subir más sus manos de mis piernas. Acaricio mis muslos y sentí que la respiración se me cortaba.
«¡Tock, Tock!»
Los golpes en la puerta se escucharon y yo maldecí por ello.
Ambos retiramos las manos de donde se encontraban y nos dejamos de besar.
Danny me observo por diez segundos con la respiración agitada y se contuvo a decir algo. Se separó de mí y se levantó de la cama. Camino descalzo hasta la puerta y la abrió.
—¿Si? —pregunto hostigado y un poco molesto.
En la puerta se encontraba la linda y joven sirvienta de hace un rato.
—Joven Freeman… —la chica enrojeció como un tomate al ver descalzo y sin camisa a Danny. Solo sus pantalones negros lo acompañaban—. La ropa de su hermana… —busco algo dentro de la habitación con la mirada y, al encontrarme acostada sobre la cama y, al volver a dirigir se mirada al cuerpo semi desnudo de Danny, se dio cuenta de lo que estábamos haciendo y se puso incomoda—… Ya está lista…
—Me alegro.
Danny se volteó hacía mí y me llamo con un asentimiento.
Yo me levante de la cama y sentí un frio infernal; yo aún seguía empapada de la lluvia.
Camine hasta la puerta y contuve la respiración.
—Isabella, Melissa te llevara a la habitación de mi hermana; ahí podrás bañarte y cambiarte de ropa.
Yo asentí y camine hasta Melissa.
—Iré por ti en una hora —y cerró de un portazo.
Mire a Melissa preocupada y está solo me sonrió dulcemente.
—Sígame, señorita Isabella.
La seguí hasta detenernos en una puerta blanca del otro lado del corredor. Abrió de la manija y entre después de ella.
—¿Qué es esto? —pregunte maravillada.
—Ésta es la habitación de la señorita Emily Fields; la hermana del joven Danny Freeman.
Esa no parecía una habitación; parecía más bien una boutique.
En el centro se encontraba un sillón redondo y, en las paredes había fotos. De un lado se encontraba un gigantesco tocador.
Dos pasillos en el fondo de la habitación y una puerta junto al tocador.
—Sígame por favor, señorita Isabella.
Solo conseguí asentir con la boca abierta y camine persiguiendo a Melissa.
Ella me guio por uno de los dos pasillos y sentí mi cuerpo sin aire.
—Este es el armario de la señorita Fields.
Y me congele.
Era el paraíso en persona; el armario era tal vez del tamaño de mi habitación.
De un lado se encontraban cientos de vestidos de gala colgados. Del otro lado se encontraban vestidos frescos, faldas, blusas y suéteres delgados. En la pared del centro había cajones con muchas bolsas de lujo y zapatos de piso y de tacón.
En medio había una vitrina llena de joyas preciosas.
—Escoja la ropa que quiera utilizar y dese un baño fresco y calientito antes de vestirse.
Camine por el estrecho salón y acaricie la textura de los vestidos con los dedos de mi mano.
—Es todo tan bonito pero… —me dirigí a Melissa—. ¿Y Emily? ¿No se enojara porque una extraña uso de su ropa? Cuándo ella llegue no explotara?
Melissa dio una dulce carcajada y después acaricio la tela de una blusa.
—La señorita Fields tiene 28 años y vive en España. Tiene una mansión increíble y es una arquitecta muy sobresaliente en ese país. No creo que venga de España hasta Danville solo porque una joven uso su ropa de cuando tenía 17 años —suspiró—. Además, la señorita Fields siempre fue muy dulce y risueña. Nunca se puso antes que los demás. Ella defendía lo bueno y lo justo de lo malo. Ella fue caritativa y amable. Muy buena persona. Todo lo contrario al joven Alex Fields.
—¿Cuántos años tiene Alex?
—El joven Fields va a cumplir 18. La señorita Fields tiene 28. Y el joven Freeman tiene 16.
—¿Danny es el menor?
—Sí. Emily Fields, al igual que el joven Freeman, es adoptada. Sus padres no podían tener hijos, así que adoptaron a Emily recién nacida. Diez años después, un milagro se hizo presente y la señora Fields concibió a Alex. Ellos quisieron volver a tener un hijo pero ésta vez no pudieron, así que adoptaron Danny dos años después del nacimiento de Alex.
—¿Emily y Danny son adoptados?
—Ya lo dije.
—¿Por qué Danny no me conto eso?
—Porque el joven Freeman es muy reservado y no confía en las personas con facilidad.
Agache la cabeza y me aferre a ello.
«Que golpe tan más bajo»
—Es mejor que escoja su ropa y se vaya a dar una ducha.
—De acuerdo —murmure.
Camine con lentitud hasta el otro lado y tome una blusa blanca con pequeños encajes dorados.
—Emily no usaba pantalones, ¿verdad?
—Jamás los usó.
Tome un vestido muy corto y sin tirantes blanco. La falda tenía holanes preciosos y tenía una cinta negra alrededor de la cintura con un lindo moño en el centro. Agarre unos zapatos de piso blancos y un suéter delgado negro.
—Voy a estar aquí por si me necesita.
—Claro.
Me dirigí al baño y abrí la puerta. Era un yacusi enorme y no quise perder tiempo. Abrí las llaves del agua y deje que se llenara. Comencé a quitarme la ropa mojada con lentitud y sentí un frio infernal al quedar completamente desnuda.
El agua llego a su tope y está automáticamente se apagó. Metí un pie con lentitud dentro del agua y la sentí calientita.
Me metí con lentitud y al estar completamente adentro, sentí todos los músculos relajándose y el cuerpo calentándose.
«¡Que rico!»
Tome una pequeña porción del shampoo caro que se encontraba a mi lado y comencé a bañarme.


Oí a la puerta tocar con suavidad y me mire una última vez más en el espejo.
—¿Está todo bien adentro, señorita Isabella?
No podía salir así del baño.
—No del todo bien.
—¿Quiere que le ayude en algo?
—Es que no me gusta el cómo me veo con el vestido
—Debe de estar bromeando; seguro que se ve muy bien.
—¿Segura, Melissa?
—Usted salga. Ya vera que se ve bien.
—De acuerdo.
Metí mis pies dentro de los zapatos blancos y me puse con mucha delicadeza el suéter negro sin abotonarlo.
Abrí la puerta con mucha lentitud y, cuando vi a Melissa, me dio mucha pena.
—¡Se ve preciosa, señorita Isabella! —exclamó la chica.
—¿Tú crees?
—Demasiado. Venga —y me jaló de la muñeca.
Me sentó en frente del tocador e hizo lo que cualquier madre puede hacer con su hija; arreglarla.
Me cepilló el cabello con mucha delicadeza y, al terminar de desenredarlo, lo acomodo —más no lo peinó— de una manera llamativa.
Tomó el maquillaje de los cajones e hizo su trabajo.
«¡Tock, Tock!»
—¿Ya estás lista, Isabella? —la voz de Danny sonó del otro lado de la puerta.
—Me olvide por un momento de Danny —susurre mientras reía en susurros con Melissa—. Dame diez minutos más, por favor.
—De acuerdo.
Y no escuche los pasos alejarse.
—¿No se ha ido? —susurre a Melissa.
—Es posible que se haya quedado detrás de la puerta esperándola —contestó igualmente en un susurró.
Me puse roja.
—Hay que apresurarnos.
—De acuerdo.
Me polveó mi nariz y fue a por un perfume de los cajones del armario.
Me vi en el espejo.
No exageró con mi maquillaje y, sin embargo, me veía muy llamativa.
—Con esto estará lista.
Saco un frasco azul de una cajita y lo destapo. Apunto a mi dirección y me roció todo el cuerpo de la loción.
Olía a sandia. No era empalagoso el olor. Era un poco dulce y muy fresco; demasiado fresco.
Abrí la puerta de la habitación y lo vi ahí; enfrente de la puerta, recargado en la pared y con la cabeza gacha.
Se había puesto un pantalón de mezclilla negro, uno par de tenis blanco, y una camisa de manga larga negra.
—Ya estoy lista —murmure.
Danny levanto la vista con ojos distraídos y, al recorrerme el cuerpo con la mirada de pies a cabeza, se aclaró la garganta y frunció el ceño ligeramente.
—Bueno, ven —y aún sin dirigirme la mirada, me extendió la mano—; vamos abajo.
Tome su mano y Danny me jaló.
Rodeó su mano izquierda con mi cintura y yo solo me deje llevar.
Comenzamos a caminar por el pasillo y a bajar los incontables pisos.
—Te vez preciosa —me susurró al oído de repente.
—Solo espero que tu hermana no se enoje.
Danny dio una carcajada y me sentí nerviosa.
—¿De qué se enojaría Emily?
—De que he usado muchas de sus cosas.
Volvió a dar una carcajada y me espante.
—Ella no se enojara; ella no es así. Además ya no vive aquí.
—Si me entere.
—¿A si? ¿Cómo?
—Melissa me dijo —murmure.
—¿Qué más te dijo?
—Qué Emily también es adoptada.
—Exacto.
—Que es una chica muy dulce. Todo lo contrario a Alex.
—Bueno, Melissa no te ha dicho ninguna mentira —sonrió.
—¿No te has enojado con Melissa?
—¿Por qué tendría que hacerlo? Yo te iba a contar eso de todos modos.
—¿Enserio? ¿Por qué?
—Porque… Porque confió en ti, Isabella.
Me ruborice e ignore su mirada.
Al comenzar a bajar las escaleras principales, vi a un señor de cabello dorado y de ojos verdes. Se veía de treinta y tantos años. Muy joven a decir verdad y, su cuerpo, a pesar de estar tapado por un traje de etiqueta gris, se veía musculoso y ancho. El señor estaba riendo con una señora de, igualmente, treinta y tantos años. Ella tenía la piel tan blanca como la porcelana y poseía unos bellísimos ojos grises. Su cabellera era larga y rubia. Entonces vi a Alex. Él estaba sentado en un sillón con un elegante traje de etiqueta negro. Su cabello dorado estaba tan despeinado como siempre y sus ojos verdes nunca lo abandonaban. Alex era la viva imagen de su padre; ambos eran tan guapos.
Cuando ellos tres presenciaron a Danny y a mí, dejarán de reírse y nos miraron bajar de las escaleras; "me miraron" bajar de las escaleras.
—Ellos nos ven; ellos "me" ven —murmure a Danny mientras aún bajábamos de las escaleras.
Carcajeó ligeramente y se aferró a no soltarme de la cintura.
—Tranquila, no te comerán. Además te ven por lo preciosa que estás.
La incomodidad me invadió.
Bajamos los últimos cinco escalones y caminamos en dirección a ellos.
Danny me soltó un momento y fue a saludarlos.
—Papá, ¿cómo estás? —le dio un fuerte abrazo.
—¡Hijo! Me alegro tanto de verte.
Danny camino hasta su mamá y le dio un beso en la mejilla.
—Mamá, te extrañe tanto.
—Danny, cariño. No sabes cuánto quise que estuvieras con nosotros —y lo abrazó del cuello.
—Yo igual.
El papá de Danny se aclaró la garganta fuertemente.
—¡Es verdad! —y soltó a su madre—. Papá, mamá. Ella es Isabella.
Danny se acercó a mí y me abrazó de la cintura.
—Mucho gusto. Soy Isabella García Shapiro, la…
—Mi novia. —la voz de Danny me interrumpió.
Yo lo mire a los ojos impactada. Él me guiño el ojo y comprendí su juego.
—Amm… Si… Soy la novia de Danny —reí nerviosa.
—¡Pero qué bonita eres, Isabella! —el chillido de la señora Fields me aturdió por un momento el oído.
Se acercó a mí y me dio un abrazo.
—Mucho gusto —murmure.
—Yo soy Azami.
—¡Es un nombre japonés! Significa "Flor del cardo" —explique.
—¡Que lista! Buena chica que has escogido, Danny —sonrió la señora Fields.
—No es para tanto —reí nerviosa.
El señor Fields se acercó a mí y me tendió la mano. La tome y él me dio un beso en ella.
—Mi nombre es Kazuko, soy el padre de Danny.
—Kazuko: "Una armonía"
—Eres muy inteligente, Isabella.
—No, simplemente me gusta Japón.
—Mi padre y la madre de Azami son japoneses; es por eso que nos pusieron esos nombres; ella y yo nos conocimos en Japón.
—Qué bonito —susurre.
—La cena ya está lista. Isabella, ¿gustas acompañarnos? —pronunció de una manera exquisita la madre de Danny.
—Ya es muy tarde; creo que es mejor que me vaya —disimule.
—No te preocupes; yo te puedo llevar a tú casa en mi carro —murmuró Danny.
—Pe-Pero…
—Nada, nada. A cenar.
La señora Fields me tomo de los hombros por detrás y comenzó a guiarme hasta el comedor. Yo quería retiñirme pero sus pasos eran muy rápidos.
Al llegar al comedor, note una mesa muy elegante y no tan larga.
El señor y la señora Fields se sentaron juntos y, junto a ellos, se sentó Alex. Enfrente de ellos, nos sentamos Danny y yo.
Lo primero que llegó de comer fue crema de dientes de elote.
Me sentía extraña comiendo en la casa de unos millonarios que acababa de conocer; es decir, no tenía ningún sentido; ¿cómo permiten que una desconocida total entre a su casa, se meta al cuarto de su única hija y se ponga de su ropa y, para variar, que sea "novia" de su hijo más pequeño?
De repente sentí los ojos de Alex clavados en mí y mi única esperanza fue tomar de la mano a Danny por debajo de la mesa.
—¿Sucede algo? —me susurró suavemente.
—N-No —tartamudee.
Los orbes verdes de Alex me estaban comiendo y yo solo sentía que me asfixiaba. Me empecé a mover incomoda en mi lugar y Danny lo noto.
—Iss, ¿me pasas la sal, por favor?
La voz de Alex salió a flote y todos mis huesos se aflojaron como gelatina en un santiamén.
—¿Yo? —pregunte como estúpida.
—Sí, tú —su contacto visual me dio escalofríos y me sentí del carajo.
Con mucho cuidado y precisión, tome la sal y estire la mano con ella. Él también estiro la mano para alcanzarla y, cuando lo hizo, su mano la rozo con la mía apropósito.
Era fría; helada como el hielo. Los escalofríos me volvieron a recorrer la columna vertebral.
—¿Segura que todo anda en orden? —murmuró Danny.
—S-Sí… —temblé con los labios.
—¿Alguien quiere postre? —río la señora Fields—. Es broma; de todos modos los obligare a comer.
Me puse roja de pena ajena.
—Y cuéntame Isabella, ¿en que trabajan tus padres? —pregunto el señor Fields mientras aún comía de su crema de dientes de elote.
—Bu-Bueno… Mamá es agente de bienes raíces y… Y… —normalmente cuando hablaba de mi familia, mi lengua se trababa y me ponía nerviosa.
—Pásame una servilleta, cariño —dijo la señora Fields a Danny.
—Y papá está en París.
—¿Viaje de negocios? —el señor Fields sorbió de su sopa.
—N-no… Él vi-vive ahí… —balbucee.
Todos —a excepción de Danny— dejaron de comer y me miraron con cara de confundidos.
—Pero si tú vives en Danville; ¿porque él vive hasta París? —hablo la mamá de Danny.
—Yo… Es que… mamá y papá están divorciados pero… Pero… yo estoy co-con mi mamá y… Y…
—¿Tú padre se mudó hasta París? —me interrumpió Alex.
—N-No… Mamá y yo nos mudamos a América.
—¿Eres de origen Francés? —continuó.
—¡S-Sí! Soy francesa si a eso te quieres referir.
—Ya decía yo que tenías un acento americano muy extraño y peculiar.
—¿Y porque se separaron tus padres; claro, si se puede saber? —murmuró el señor Fields.
—Mamá nunca me dijo por qué se separaron exactamente pero, solo sé que ellos discutían mucho cuando yo era pequeña. No he tenido contacto con mi padre desde que tenía los seis años.
—Lo lamento mucho.
—N-No se pre-preocupe —le sonreí amablemente.
—¿Y desde cuando que eres novia de Danny? —murmuro pícaramente la mamá de Danny.
—Bu-Bueno… Desde… Desde…
—Desde ayer —interrumpió Danny.
—Isabella, espero que vengas más seguido a visitarnos; eres la primera chica que trae Danny a la casa —susurró.
—¡Mamá! —exclamó Freeman.
—Creo que será mejor que ya me valla; ya es muy tarde —murmure.
—Claro; yo te llevo a tú casa.
Danny se levantó bruscamente de la mesa y me tomo de la mano.
—Con su permiso —me levante igualmente—… Fue un gusto conocerlos.
—El gusto fue nuestro, Isabella. Espero que regreses pronto —sonrió el señor Fields.
—¡Cla-Claro! —y fui jalada a la fuerza por Danny.
Empezó a caminar muy rápido y abrió la puerta bruscamente. La cerró y me llevo hasta la parte trasera del jardín. Me guío a la cochera y la abrió con una contraseña en un aparato eléctrico. Al entrar, dio un aplauso y las luces se encendieron.
Incontables autos se encontraban. Y no solo eran autos modernos y lujosos; también se encontraban autos antiguos pero con un buen motor.
En una pared se encontraba una vitrina con muchas llaves colgadas y él cogió unas. Camino hasta un Audi gris y me abrió la puerta del copiloto.
El asiento tenía un forrado de piel y realmente todo era fantástico y moderno por dentro.
Cuando Danny entro en el asiento del piloto, cerró la puerta bruscamente y se quedó quieto.
La impaciencia me abrumo por tanta incomodidad.
—¿Qué tienes? —susurre sin mirarlo a los ojos.
Él no contesto y sentí temor por un instante.
—¿Todo anda en orden?
Aspiró con fuerza con la nariz y cerró los ojos.
—Sí —y arranco el coche.
Durante todo el camino me recargue en la ventana y vi el recorrido.
¿Qué rayos le pudo haber picado? Es decir, todo andaba en orden en la cena y de repente ¡Bum! El señor gruñón vuelve.
Cerré los ojos y trate de dormir durante el camino.


El ronroneo del motor se apagó y divague mi casa por la ventana.
Voltee mi cabeza y vi a Danny mirando a un punto perdido enfrente.
—¿Estás bien? —le toque el hombro.
Parpadeo dos veces y cerró los ojos con fuerza mientras agitaba la cabeza de un lado a otro.
—Sí, amm… Perdona, Isabella.
—No hay de que disculparse —suspire y abrí la puerta del carro, me baje y lo mire dos segundos—. Adiós, y gracias —y cerré la puerta del auto.
Ya era suficiente por hoy; un día demasiado alocado a decir verdad. No quería pensar en Danny en las siguientes horas; alejada de él, sí.
Camine sin mirar atrás.
Sin vuelta atrás.
Sin pensar en él.
«¡No mires atrás!»
—¡Isabella, espera! —escuche el grito a mis espaldas.
No quise voltear a verlo porque sabía que quedaría rendida ante él.
—¿Qué? —exprese aún sin mirarlo.
—Te acompaño hasta tú casa.
—Ya estamos en ella.
—Me refiero a dentro de ella, hasta tú cuarto; para asegurarme de que todo está en orden.


—¿Quién fue el último chico que estuvo dentro de tú casa?
—¿De qué hablas?
—Isabella, no estoy estúpido; sé que alguien más aparte de mí, ha estado aquí.
Di un largo suspiro y me resigne a mi futuro.
—Phineas.
No se inmuto si un segundo y decidió abrir la puerta de mi cuarto.
—Bonito —murmuró.
Avanzó dentro del cuarto y observo todo.
—¿No es lo que esperabas?
—No esperaba nada.
Se detuvo en frente del tocador y observó la foto.
«¡No, esa foto no!»
—Quien es él.
Y ahí íbamos otra vez con otro celoso preguntón.
—Santiago.
—¿Santiago? ¿Quién es ese? ¿Jamás me hablaste de él?
Era la primera vez que mencionaba a Santiago en frente de Danny.
Era algo extraño e incómodo.
—Mi mejor amigo de la infancia. Es de Nueva York.
—Isabella, quiero que me digas la verdad.
—Te escucho.
—¿Estás enamorada de alguien?
—No tengo porque contestarte.
—Nunca dije que era obligatorio contestar.
—Sí.
—¿Y de quien estás enamorada; de Santiago, Phineas, o yo?
¿Enamorada? Claro que yo estaba enamorada pero, ¿de quién? Desde que Santiago me había confesado sus sentimientos y desde que había conocido a Phineas y a Danny, jamás había analizado mis sentimientos más fuertes hacía ellos.
—¿Y cómo llegaste a la conclusión de que estaba enamorada de uno de ustedes tres?
—Intuición.
—Creo que no estoy enamorada, creo que simplemente alguien debe de enamorarme.
—Si yo intento enamorarte antes de esos dos, ¿te dejaras?
—Mi respuesta es: Si me enamoras, yo te enamorare a ti.
Antes de cualquier cosa, me tomo de las muñecas y me recargo sobre una pared.
—Empezare yo —y me beso.
Las facciones de mi cara se suavizaron y me lo lleve al otro mundo.
Fue como si el más pequeño grano de arena se convirtiera en una roca.
La presión que ejerció en los labios fue dulce y suave. Aunque la pasión que nos controlaba a ambos creció a gran magnitud.
Me cargo de los muslos y sentó en la silla del tocador mientras yo me sentaba sobre él.
Metió la lengua dentro de mi boca y me inundo a chocolate.
Le rodee el cuello con las manos y desee más, mucho más.
Por accidente moví algo del tocador y cayó al suelo rompiéndose en el impacto.
Pero tanto Danny como yo no nos interesó.
Empecé a sentir la erección de Danny rosando mi vagina.
Acarició mis piernas y se movió junto conmigo al compás del ritmo.
«Más, mucho más»
No quería nada más que no fuera a Danny; solo lo deseaba a él y a nadie más que a él.
«¡Ding Dong!»
Ambos nos detuvimos y nos quedamos estáticos por cinco segundos.
Me baje de las piernas de Danny y me fui corriendo por las escaleras. Danny bajo detrás de mí.
—Mamá.
Al recibirla ella me dio un beso corto en la mejilla y después observo inquieta a Danny.
—Él es Danny Freeman, mi…
—Su amigo —me interrumpió.
Era algo no de esperarse de Danny al decir aquello.
Valentía y sinceridad al fin en todo el santo día.


—Parece que a tú madre le he caído bien.
—Eres un tipo bastante amigable.
Danny me sonrió dulcemente y me dio un beso fugaz en los labios antes de meterse al Audi.
—¡Espera!
—¿Qué?
—¿Iras mañana a la escuela?
—Sí —carcajeó.
—No me abandonaras, ¿verdad?
—¿Estás de broma? Jamás abandonaría a mi princesa.
Y el Audi acelero dejando a la calle vacía.

—Te esperare mañana, Danny.

Continuara…


Notas: Éste capitulo va dedicado a mis seguidores de devianTART
Los extraño mucho. Debo de admitirles que es muy diferente publicar aquí que en devianTART.
Es algo nuevo y debo supongo que acostumbrarme. Les extraño. Y he aquí la deuda que les tenía; el capitulo 8.
¿Al fin lo han leído? ¿4 meses de espera han valido la pena? ¿Les ha gustado?
Yo espero realmente que si les haya gustado :)
Los extraño y gracias.

Ali-angelita19

Alyssia Kristalin