Epílogo
El barco surcaba el mar a gran velocidad, la brisa marina rozaba sus mejillas y las llenaba de vida, el fuerte sol oscurecía el tono de su piel, y las gotitas que salpicaban de las olas la refrescaban.
Adoraba asomarse a la baranda y mirar las olas al romper con el casco, era uno de sus pasatiempos favoritos, sobretodo cuando aparecía algún delfín saltando, jugando. Adoraba el mar.
-Renesmee, cariño, ¿por qué no vienes y me ayudas con el timón?
-Claro papá- Respondió la niña sonriendo ampliamente- Solo miraba las olas.
-Lo se.
-Es que no puedo evitarlo- Lo miró con una mirada llena de júbilo- Me siento tan bien cuando lo miro, es como si me hablara, a veces, me parece que me canta para que me duerma, es como si el mar formara parte de mi.
-Y así es, cielo- Le sonrió Edward- El mar forma parte de ti, al igual que forma parte de tu madre.
-¿De mamá?
-Si, tu madre es una gran navegante, y adora el mar tanto como tú- Le contó recordando la forma en que se conocieron- Puede estar un tiempo separada de él, pero al final, necesita volver a navegar, no puede ser completamente feliz si no tiene el mar.
-Pero mamá se pasa el día en el camarote, no sale para nada.
-Eso, cariño mío, es porque tu madre está esperando un bebé- Volvió a explicarle- Y cuando una mamá espera un bebé tiene que tener mucho cuidado, por eso ahora ella descansa en el camarote.
-¿Por eso está tan gorda?
-Si cariño, por eso- Sonrió al pasar por su mente la imagen de su adorada Bella con una enorme barriga albergando a su segundo hijo- Pero cuando tu hermano o hermana venga al mundo, mamá volverá a estar delgada y volverá a navegar como lo ha hecho siempre.
-¿Y volverá a darme clases?
-Claro- La tomó en brazos y la colocó a su altura- Volverá a ser la misma de antes, lo único que cambiará es que tendremos un miembro más en la familia.
-¿Y cuando el bebé llegue yo que haré?
-Tú te convertirás en una hermana mayor, tendrás que enseñarle todas las cosas que sabes, porque él no sabrá nada- Le explicó con calma- Al principio, mamá y yo tendremos que estar muy pendientes de él porque no podrá andar, ni hablar, y mamá tendrá que darle de comer, pero cuando sea un poquito más mayor, tú podrás enseñarle todo lo que sabes.
-¿Cuando yo era un bebé también teníais que cuidarme así?
-Claro, todos los bebés necesitan que sus papás los cuiden- La abrazó- Pero, ¿quieres que te diga un secreto?- Le dijo viendo que su hija sentía algunos celos del bebé que estaba en camino.
-Dime.
-Tú siempre serás mi princesa.
La niña pareció complacida, le dedicó la mayor de las sonrisas y se colocó frente al timón, ayudando a su padre a dirigir el barco hacia las costas españolas.
Cerca del mediodía, uno de los tripulantes corrió hasta donde estaba Edward, le susurró algo al oído y esperó a que él le indicara que hacer.
-Está bien, quédate aquí con ella- Le señaló, después miró a Renesmee, se agachó a su altura y le acarició la mejilla- Cariño, voy a entrar con mamá, necesita que esté a su lado, y quiero que tú te quedes aquí, aunque creas que tienes que entrar.
-¿Por qué? ¿Qué sucede?
-Sucede que mamá va a tener a tu hermanito, y necesita ayuda- Le dijo intentando parecer sereno- Pero no es bueno que las niñas vean algo así.
-¿Le va a doler?
-Si, cariño, mamá va a sentir mucho dolor- Le explicó- Pero se pasará en cuanto saquemos a tu hermanito- Se escuchó un grito procedente de los camarotes que hizo que Renesmee se asustara.
-¿Por qué mi hermanito le hace daño a mamá?
-No le hace daño él- Suspiró nervioso, quería correr junto a Bella, pero sabía que no podía dejar así a su hija- Verás, cuando una mamá tiene un bebé, el cuerpo de las mamás tiene que abrirse para que salga el bebé, y cuando eso pasa duele mucho, pero después, cuando el bebé ya ha salido, el cuerpo vuelve a ponerse bien y la mamá está curada- Le explicó lo mejor que pudo.
-Entonces, ¿después mamá se pondrá bien?
-Te lo prometo- Le sonrió- Y ahora quédate aquí con Mike aunque oigas a mamá quejarse.
Edward entró rápidamente en la zona de camarotes, fue hasta el camarote en el que se encontraba Bella y se introdujo rápidamente. Allí estaba ella, en pie, junto a la ventana, con un camisón puesto, mirándolo fijamente.
-Edward- Le sonrió tendiéndole la mano para que fuera hasta ella.
-¿Qué haces levantada?
-Parece que así me molesta menos- Le abrazó cuando lo tuvo al lado- Hablé con tu padre antes de zarpar y me recomendó que en alta mar intentara permanecer en pie el mayor tiempo posible- Le explicó para tranquilizarlo- Incluso me dijo que si podía dar a luz en pie sería más rápido y menos doloroso.
-Está bien- Se rindió- Pero si ves que no puedes aguantar, dímelo y te pondrás en la cama sin réplica.
-Te lo prometo.
Durante los siguientes 20 minutos, Bella estuvo paseando por la habitación, gritando con cada contracción, apoyándose en Edward cada vez que le faltaba el aliento, hasta que no pudo más.
-Edward, necesito empujar.
-¿Segura? Igual tendrías que esperar un poco más- Dijo preocupado, recordaba que con Renesmee habían sido algunas horas.
-Aunque quiera, no puedo esperar, necesito empujar, lo necesito.
-Está bien, lo que tú necesites- Le dijo cogiéndola fuerte de los brazos- ¿Mi padre te explicó que hacer?- Asintió aferrándose a él con otra contracción- Pues indícame que debo hacer.
-Voy a apoyarme en la pared, y necesito que tú estés observando como va todo hasta que tengas que cogerlo.
-Está bien, haré lo que haga falta.
Bella se quitó el camisón, se colocó con las manos apoyadas en la pared y, como pudo, esperó a que Edward se colocara entre sus piernas y pudiera ver bien. Separó las piernas todo lo que pudo y cuando sintió la necesidad de empujar lo hizo con todas sus fuerzas, ahogando un grito. Así continuó cada vez que lo necesitaba.
Edward aguardaba nervioso tal y como le había indicado ella, sin ver ningún cambio que le hiciera alarmarse, hasta que, una de las veces que Bella empujaba, vio como la intimidad de ella se iba abriendo, muy lentamente, en otro empujón pudo ver que aquello que la estaba abriendo era la cabeza de su bebé.
-¡Dios mío! ¡Está saliendo Bella! ¡Le veo la cabeza!- Dijo emocionado.
Bella no pudo contesarle, otra contracción le hizo empujar de nuevo. La siguiente contracción fue tan fuerte, que Bella no pudo evitar gritar al mismo tiempo que empujaba, lo hizo con tal intensidad que la cabeza terminó de salir por completo. Edward la cogió con cuidado, y esperó a que Bella volviera a empujar para ayudar a su bebé a salir por completo.
De inmediato, nervioso porqué Bella pudiera caer al suelo, se puso en pie, le colocó al pequeño en sus brazos y la cargó hasta la cama, ella apenas era consciente de que tenía a su bebé entre los brazos, aun estaba intentando recuperar la respiración.
Una vez estuvo ella en la cama, a salvo de cualquier caída, Edward volvió a coger al bebé, lo examinó por completo, y sonrió ampliamente.
-Es un niño Bella, es un niño- Apenas podía aguantar las lágrimas. Miró a Bella, que poco a poco iba recuperando el aliento, y que también le sonreía- Es un hermoso hombrecito.
-Déjame verlo- Le pidió con alegría, y Edward volvió a colocarlo en su regazo- Mi chiquitín, que ganas teníamos de que llegaras.
-Desde luego, nos ha costado varios años, pero al fin ha llegado- Comentó Edward acariciando la frente sudorosa de Bella al recordar las veces que había hablado de aumentar la familia y como habían fallado intento tras intento. Llevaban intentándolo desde que Renesmee había cumplido el mes de vida, y sin embargo habían tardado cuatro años en conseguirlo- Nuestro príncipe por fin ha llegado.
-Si, por fin- Besó la cabeza de su pequeño- ¿Has pensado como vas a llamarlo?
-Charlie Cullen Swan.
-¿Charlie?- Los ojos de Bella se unieron a los de Edward emocionados- ¿De verdad vas a llamarlo así?
-A él le debo que tú seas la mujer más maravillosa del mundo, que mejor forma de demostrarlo que poníéndole su nombre a mi primer varón.
-¿A tu primer varón? ¿Es que piensas tener más?
-Todos los que quieras darme, mi amor, jamás me saciaré de ti por completo- La besó y la dejó allí con el pequeño Charlie unos minutos.
Salió en busca de Renesmee, caminando con calma por los pasillos. Adoraba su familia, todos y cada uno de sus miembros tenía algo especial, todos y cada uno de ellos había hecho que su vida tuviera sentido.
Pero lo que más adoraba era el espíritu indomable de su mujer, espíritu que había heredado su pequeña Renesmee. Mirándola sonriente dirigiendo el timón estuvo seguro de una cosa, tanto Bella como ella siempre serían Piratas de corazón.
Hola a todos, siento mucho el retraso, y no me lo explico porque hace algunas semanas que tengo el capítulo 27 pero sin embargo no está subido. Pero bueno en compensación, os traigo el epílogo también y con él, el final de esta historia.
Pero esto no es una despedida si no queréis, ahora mismo estoy subiendo otra historia llamada "Quiero recuperarte" y pretendo subir una nueva dentro de poco.
Y para los que les gusten "Los juegos del hambre" también estoy escribiendo un fic de esa saga llamado "El renacer del Sinsajo".
Espero que os haya hecho disfrutar esta historia y veros en alguna otra de mis historias :)
