Perdoooon nuevamente por la demora, es que entre los estudios y todo lo demás, se hace difícil subir. Pero prometo que la terminare.
Merlín se apoyó al fibroso tronco del árbol que tenía más próximo, y se sentó de espaldas a él, tratando de pensar cómo iba a solucionar todo aquello.
¿Cómo iba a abandonar a Arthur, luego de esperar dos semanas de que lo busque? Y ahora ¿Cómo iba a separarse de Nathaniel, que parecía ser el primer hombre que lo entendía en la tierra? Y una gran persona, cabe aclarar.
En fin, ¿Cómo iba a elegir entre dos personas por las cuales sentía algo profundo?
Se pasó la mano por el pelo, exasperado. ¿Por qué todo le pasaba a él?
Sintió como las lágrimas volvían a acumularse en sus ojos, pero se negó a llorar. No ahora. Ahora tenía que ser fuerte. Se sorbió la nariz y se paró, dispuesto a seguir caminando.
Había hecho un largo trecho, y le sorprendió que nadie lo hubiese seguido. O tal vez sí, pero fueron tan silenciosos que él no se dio cuenta. Ni bien pensó eso y retomo la marcha, escucho pasos detrás de él.
Se dio la vuelta, enojado, y se encontró con Nathaniel, que lo miraba tristemente.
-¿Qué hacéis aquí? – inquirió con voz fría Merlín.
Nathaniel se encogió de hombros, y raramente, no sonreía.
-He escuchado voces, y pensé que lo mejor era venir a ver si todo estaba bien.
Merlín no había oído nada. ¿Acaso eso era mentira y un pretexto?
-Merlín, escucha. – dijo decidido Nathaniel, mientras se acercaba a él. – No vengo aquí a convencerte de elegir algo. Sí no quieres hacerlo, lo entenderé. Sí quieres marcharte con él, pues hazlo. Pero sí lo vas a hacer, hazlo por ti, y no por ellos. ¿Entendido?
Merlín asintió con la cabeza lentamente, deseando que no le hubiese dicho eso. ¿Y ahora cómo iba a hacer? Dioses, esto era difícil.
Nathaniel le sonrió tristemente y levanto la mano, saludándolo. Dio media vuelta, dispuesto a marcharse, pero Merlín lo retuvo.
-¿A dónde vas?
-A decirle a Arthur que prepare un caballo. – susurró dolido, sabiendo que Merlín deseaba eso más que nada. Sabía que no podía competir con el rubio, y más con su relación. Él no tenía cosechado lo que habían formado ellos durante unos años. Él podía sentir grandes cosas hacía Merlín, pero ambos sabían que Merlín no sentía lo mismo por él. Si no lo sentía hacía su rey, y Nathaniel lo comprendía.
-Nathaniel…- trató de frenar merlín, moviéndose por primera vez.
Nathaniel se dio la vuelta, a la espera; y cuando Merlín se plantó delante suyo, lo abrazo sin más. Eso era lo único que tenía para hacer. No iba a decirle más nada, prefería guardarse sus sentimientos, pero no se podía marchar sin no darle un abrazo. No luego de todas las locuras que vivieron juntos en esas dos semanas.
Merlín hundió su cara en el hueco que hacía el cuello y el hombro, y le devolvió el abrazo. Ninguno decía nada porque no querían hacerlo. Al igual que ninguno quería separarse. Era duro, Merlín lo sabía, pero tenía que volver. Su destino estaba con Arthur, y en Camelot, no en un bosque, con un vagabundo.
Cuando se separaron – luego de varios minutos – Nathaniel le estaba sonriendo, y apoyando una mano en su hombro y apretándola cariñosamente, se atrevió a hacer una última pregunta:
-Déjame saber algo, ¿Por qué eliges a él?
Merlín lo miro, sin saber que contestar. En parte, se marchaba con él por su destino, para hacer que en Camelot vuelva la magia, para cumplir con su destino, y por otra parte….Pues, porque lo quería. Así de simple. No había más excusas: sentía algo por él que nadie podía comprender. Y sabía que muy dentro de suyo, Arthur sentía lo mismo. Pero no lo dejaba ver.
Pero…él tampoco quería no elegirlo a él.
-Nathaniel….
Cuando iba a continuar, alguien los interrumpió. Y con ese alguien significa muchos soldados que iban tras ellos.
Nathaniel desenvaino su espada al tiempo que Merlín se ponía delante de él, para protegerlo. Y su amigo no entendió aquello. ¿Cómo lo iba a proteger si no tenía espada? Pues, eso era obvio, ¿no? Merlín no quería ocultarle algo tan grande a Nathaniel. Quería que se sintiera especial, quería que fuese el único que supiera su gran secreto.
-¡Merlín! –grito, al tiempo que trataba de atacar al soldado que se aproximaba a Merlín.
Pero el morocho fue rápido: extendió su mano y sus ojos rápidamente se tornaron dorados. El soldado voló por los aires y cayo del otro lado, rodeado por sus amigos, quienes miraron a Merlín con un gran miedo.
-¡Es un brujo! - gritaron.
Merlín no perdió el tiempo, giro sobre sus talones y obligo a un sorprendido Nathaniel a correr. Los gritos que daban los soldados indicaban que se estaban acercando, por lo que corrieron más deprisa.
Saltearon varios caminos y serpentearon senderos, se escondieron en varios arbustos y volvieron a la marcha cuando los soldados desaparecieron.
Merlín estaba agitado de tanto correr, pero Nathaniel seguía intacto, como si nada hubiese pasado; salvo por una cosa: estaba más pálido que nunca. Al parecer, no había sido buena idea develarle su secreto.
Merlín lo miró fijamente, y tratando de encontrar la manera de tranquilizarlo, rodeo su cara con sus manos y lo obligo a mirarlo a los ojos.
-No soy malo – fue lo primero que dijo. – Soy hechicero, pero utilizo mi magia para hacer el bien.
Nathaniel asintió lentamente, entrecerrando los ojos.
-Has preguntado porque lo elijo a él, pues bien, en parte lo hago porque es mi destino. En Camelot está prohibida la magia, como bien sabes…
-¿Vives en un reino donde te expones a la muerte todos los días solo por él? – interrumpió Nathaniel, sin capaz de creerlo. ¿Hasta dónde llegaban los sentimientos de merlín hacia Arthur para arriesgarse tanto? – Encima, ¡el que no quita esas leyes es tu Rey, y tú eres su sirviente real! ¡E incluso dices que es tu amigo!
Merlín miro por encima de sus hombros durante un momento, sin saber cómo explicarle la situación. Luego de unos segundos, tomo aire y acoto:
-Es un poco engorroso, lo sé, pero todo tiene un motivo y explicación.
-¿Explicación para que arriesgues tu vida por él? Merlín, arriesgas tu vida por alguien que te mataría sí supiera quien eres en realidad.
-No, estoy seguro que no…
-Y si estás seguro, ¿Por qué no se lo has dicho? ¿Ni siquiera los caballeros lo saben?
¿A qué pregunta contestaría primero, y de qué modo lo haría?
-Es mi destino. – trato de explicar todo de una sola vez.
-¿Tu destino? – pregunto incrédulo Nathaniel. A etas alturas no sabía si lo estaba gastando o estaba siendo serio.
-Mi destino es estar con él, protegiéndolo y ayudándolo a hacer un Rey justo, y hacer de Camelot un lugar donde la magia vuelva a estar. – explicó lo mejor que pudo, sin meter al dragón en todo esto. Sabía que si nombraba que era un Dragonlord, Nathaniel rápidamente se moriría allí.
Lo miro sin dar crédito a lo que oía, y se hecho a reír.
-¿Por qué lo ayudarías? Sí no es más que un…
-Es una gran persona, sólo tienes que conocerle. – interrumpió Merlín, dispuesto a proteger a Arthur.
Nathaniel comprendió el tono de su voz y callo, asintiendo con la cabeza. Miro hacia todos los lados para evitar la mirada de Merlín, pero este último no podía permitirse perderlo. Tenía que saber si estaba con él.
-¿Tienes miedo? – inquirió, todavía rodeando su cara con sus manos.
Nathaniel se atrevió a mirarlo fijamente. Luego de un suspiro, argumentó:
-Sé que no serías capaz de dañar a alguien sin no tener un pretexto, Merlín. En lo poco que te conozco, me has dejado más sorprendido que cualquier hombre que he conocido en mi vida. Eres una persona destinada a hacer grandes cosas, por lo que veo, y yo no te lo prohibiré. Sí tu destino es Arthur… - tragó antes de continuar contra su pesar. – Supongo que no puedo hacer nada al respecto.
La sonrisa que le regaló basto para que a Merlín se le haga más difícil el adiós. Sin poder contenerse, se atrevió a apoyar su frente contra la de su amigo, que le acababa de prometer en silencio que podía contar con él.
-Es lo más raro que me ha ocurrido en la vida. – susurró Nath, sonriente
-Si vivieras más conmigo, te sorprendería saber todo lo que puedo hacer.
-No lo dudo. – afirmo Nathaniel. Espero unos segundos y luego agregó: - Me quedare en un reino, cerca de Camelot, por si alguna vez me necesitas. Hace mucho tiempo mi tío, quien está en la corte, me ha ofrecido un hogar con él, y también un trabajo de herrero. No está mal para empezar.
Merlín sonrió satisfecho. Podía sentirse tranquilo de que su amigo iba a estar protegido en un reino, con trabajo y vivienda, no solo, vagando por el bosque, con soldados detrás de él.
-Eso es estupendo.
-Será mejor si vinieras, pero…bueno, ya sabemos la razón.
Merlín asintió dolido. Seguían con sus frentes apoyadas entre sí, cuando escucharon que alguien venía nuevamente.
Se separaron rápidamente, pero eso no alcanzo para que Arthur no pueda verlos.
Se encontraba del otro lado, mirando la situación con gran desagrado. Tenía la espada en mano, lista para ser usada. Y seguramente, pensó Merlín, la hubiera utilizado contra Nathaniel, a no ser porque los gritos de los soldados volvieron a ser escuchados.
-¿Y los demás? – pregunto Merlín, al tiempo que se acercaba al enojado Arthur, quien lo miro lastimado.
-Fuimos obligados a separarnos. – Aquel comentario pareció mas para aquellos dos, pero Merlín no presto atención. – Un grupo de bandidos nos han sorprendidos, y he venido en tu rescate. Pero parece que ya se me han adelantado.
Nathaniel lo miro con odio y se acercó peligrosamente a Merlín. Arthur levanto la espada, y Nath detuvo el paso. Había comprendido la amenaza.
-No discutáis. – adelantó Merlín, quien por dentro estaba tentado, observando como Arthur protegía lo que le pertenecía.
-No me puedes dar órdenes, Merlín. – dijo divertido el rubio, mientras seguía mirando de mala manera a Nathaniel.
-Vamos, no empecéis. – Merlín suspiro y se dirigió a Arthur, obligándole a bajar la espada, y aunque lo consiguió de mala manera, lo consiguió, y eso era lo importante.
-La necesitaras para otra ocasión. – aseguro Merlín.
-Sí, para una decapitación. – afirmo Arthur sombrío, mirando a Nathaniel, quien acababa de soltar una risa.
Merlín se le unió, y abandonado por sus fuerzas, Arthur les siguió. Aquello era gracioso. ¿Dónde se había visto un Rey amenazar a alguien que se acercaba a su ex sirviente? ¿Dónde se había visto? En ningún lugar, obviamente.
Los gritos de los soldados volvieron a escucharse, esta vez más fuerte. Y cuando giraron la cabeza, se encontraron con que los tenían a muy pocos metros, corriendo de tras de ellos.
Arthur envaino la espada rápidamente al tiempo que emprendía la carrera, siguiendo a Nathaniel, que había agarrado a Merlín y lo había obligado a correr.
-¿Hacia dónde? – le grito el ladrón al rubio.
Arthur pensó en las posibilidades: no tenían un caballo para llegar a ningún reino, y lo más probable es que llegaran a un pueblo, en donde no serían muy bienvenidos. No pudo pensar en otra cosa:
-¡Tenemos que escondernos!
Nathaniel asintió con la cabeza, mientras que Merlín se sentía un estorbo allí: ¿Por qué nadie le pedía su opinión?
-¡Conozco un lugar! – volvió a gritar Nath, agarrando a Merlín del brazo y obligándolo a girar hacia la izquierda.
Arthur los siguió nuevamente, no muy contento con estar escapando de una situación justa. Él no hacía eso…En lo que se había metido Merlín. Cuando regresaran a Camelot, lo iba a reprochar, y mucho.
Nathaniel los guio por el denso follaje del bosque, en el cual la luz se estaba desvaneciendo. La tarde caía y consigo venía la noche, para dar lugar a nuevos peligros. No podían estar mucho más en el bosque, necesitaban un lugar para descansar.
Llegaron al lugar donde Nath les había dicho. Una gran piedra custodiaba la entrada, por lo cual, esta estaba bloqueada. Arthur no entendía cómo iban a hacer para meterse allí, pero no contaba con que su nuevo acompañante fuera tan listo: trepo la roca y quito del medio las ramas que tapaban otra entrada, e incitándolos a que entraran, los tres se encontraron a salvo del peligro.
La cueva estaba un tanto húmeda, y no había nada de luz, por lo cual estaba en una eterna oscuridad.
El eco de sus pasos aseguraban que se abría muchos pasillos a su alrededor, pero ninguno de los dos – amo y sirviente- sabían cual tomar. Nathaniel le puso una mano en los hombros a cada uno y susurró:
-No se despeguen de mí. Un paso en falso y pueden acabar muertos.
Tomo la cabecera y se dirigió el túnel de la izquierda, seguido atentamente por el rubio y el morocho. La marcha duro aproximadamente dos horas, en las cuales bajaron varias escaleras, saltaron algunos pozos y esquivaron varias trampas. Al final del día, se hallaban sentados alrededor de un cálido fuego, que rápidamente había encendido Nathaniel.
-Este lugar es enorme. – comentó Merlín, observando la infraestructura del lugar. Estaba claro que aquel lugar antes había sido la bóveda de un gran reino, y arriba estaban las salas reales, con su comedor y habitaciones todas revueltas.
-En verdad que sí. – afirmó Nathaniel, al tiempo que le lanzaba a ambos un par de manzanas.
-¿De dónde las sacas? – quiso saber el morocho.
Nathaniel sonrió:
-Secreto.
-¿Cuándo has hallado este lugar? – pregunto al cabo de un tiempo Arthur, hablando por primera vez.
El ladrón se tardó un rato en responder, inseguro.
-En una huida. – contesto sin más.
-¿Y estaba así cuando lo hallaste?
-No, la piedra en la entrada junto con las ramas lo he ideado yo. En las noches de invierno, puedes morir congelado allí fuera.
-¿Y con un simple fuego te basta?
-Sí. Algunas veces tenía miedo de morirme quemado. Soy de dar vueltas cuando duermo. – Sonrió.
Arthur hizo uno de sus típicos gestos y termino de comerse la fruta.
Luego de eso, nadie hablo. Todos estaban cansados y no se hallaban a gusto allí. Ese era el hogar de Nathaniel, por así decirlo.
-Supongo que…querrán marcharse ni bien salga el sol. – susurró Nathaniel después de un rato, algo triste.
Arthur asintió, mirando a Merlín.
-No tengo caballos – continuó- pero creo que esto puede servirlos de algo…
Comenzó a rebuscar en un extremo de la cueva, bajo una pila de rocas. Saco una bolsita repleta, y cuando la abrió, unas monedas de oro cayeron al piso.
Arthur lo miro, sorprendido por aquel gesto. ¿De verdad le iba a dar oro? ¿Para qué lo iba a necesitar? Podía conseguir un caballo como se le dé la gana, era un Rey, y no le iban a privar un caballo.
En cambio, Merlín ya había abierto su bocota:
-¿De dónde lo has sacado?
-Merlín, ser bueno con la espada tiene sus privilegios. Me gano la vida con ella. Ya te lo dije.
-Sí, pero nunca pensé que ganaras tanto…Sí tienes dinero, ¿Por qué no pagas la deuda?
-No pienso derrochar mi dinero en algo tan inútil.
-¿Y piensas gastarlo en…?
Termino por separar más de la mitad de la bolsa y se los tendió. En un primer momento, los dos se negaron a aceptarlo, por lo cual, ofendido, Nathaniel los amenazó:
-Si no lo aceptan, lo tirare al fuego.
A regañadientes, Merlín tomo las monedas, sabiendo que aquello era innecesario.
-¿Qué haremos con esto?
-Basta para un caballo y alimento para el día de viaje.
-Estas dando por sentado que te abandonare. – mascullo Merlín, mirándolo a los ojos.
Nathaniel se encogió de hombros, sonriendo. Pero Merlín no le encontraba el lado divertido.
-Nunca dije que me iría. – siguió, sabiendo que eso le dolía tanto a Arthur como a él.
-Ya. – le cortó Nathaniel, quien no quería adentrarse en sentimientos y demás. Volvió la vista a Arthur, quien miraba al fuego con una gran excepción y tristeza en sus ojos. Nathaniel le palmeo el brazo, sacándolo de su trance. - ¿Hago la primer guardia? – se ofreció, pero Arthur negó con la cabeza.
-La haré yo. – Se levantó sin mirar a ninguno de los dos, con la cota de malla tintineándole, y se sentó en la entrada del frio túnel, vigilando que nadie escape, y que nadie entre.
Mientras tanto, Merlín trataba de no observarlo, sabiendo que no tenía que haber dicho aquello. Nathaniel le rasco la cabeza juguetonamente, como solía hacer, y le aconsejo dormir.
Se tumbó de espaldas al suelo, y le deseo las buenas noches, mientras Merlín seguía mirándolo, sin comprender que situación estaba pasando específicamente.
Al cabo de media hora, Merlín abrió los ojos, molesto de no poder dormirse, y miro a Arthur, que seguía intacto en la entrada.
Tal vez…solo tal vez podría hablar bien, seriamente, exponiéndole toda la situación. Nathaniel estaba roncando suavemente, por lo que no tenía de que preocuparse.
Se incorporó lentamente, tratando de no hacer ruido, pero ¡Oh, vamos, era Merlín! Se tropezó con la espada de Nathaniel, que estaba apoyada en una roca, y cayó al suelo. Arthur giro la cabeza, y al ver que había sido Merlín, no le dio importancia, pero no quito la vista de él, incluso cuando se le acerco y se sentó a su lado.
-¿Por qué no estas durmiendo? – fue lo primero que dijo, volviendo la vista hacia el oscuro túnel, que representaba muy bien la situación que estaba pasando: en la oscuridad total, sin saber por dónde caminaba ni a donde se dirigía.
-No puedo dormir. – contestó simplemente.
Callaron y pudieron sentir la tensión en el aire, rogando que venga la mañana. Merlín quería hablarle, pero a la vez no. Quería acompañarlo, pero al vez no. Quería estar con él, pero a la vez, no.
Y Arthur….Arthur simplemente quería que vuelva a Camelot, que todo vuelva a ser como antes. Y quería sacar de su mente la imagen de su amigo con aquel tipo extraño…
Al cabo de unos minutos, Arthur suspiró, dejando en el aire una pregunta sin respuesta:
-¿A dónde hemos ido a parar?
Merlín lo miro. Eso mismo quería saber él. El perfil de Arthur mostraba como siempre orgulloso, fortaleza y valentía, pero no sabía que era lo que mostraban sus ojos ahora. ¿Por qué estaba tan celoso e inseguro de Nathaniel? ¿No veía que solo era un amigo?
-No lo sé – se limitó a responder.
-¿Sabes? Siempre he creído que eras un debilucho, que no dudarías tanto en los exteriores, pero me he equivocado. A decir verdad, tenía miedo de encontrarte muerto cuando emprendí la búsqueda.
-¿Por qué emprendiste la búsqueda? – quiso saber.
-Tendría que haberte escuchado. Tuve que hacerlo cuando entraste a mi habitación aquella noche, pero en cambio te eche como un perro. Dios, que idiota fui. ¿Cómo pude dudar de ti?
-Me pregunto lo mismo. – dijo en tono triste el morocho.
Arthur negó la cabeza, desconforme con sí mismo.
-Lo lamento.
-¿Por qué siempre dices que lo lamentas cuando te das cuenta de que la situación está al límite? ¿Por qué no puedes confiar una vez en mí y ya?
Arthur suspiro, molestado. No estaba de humor para que alguien lo reprochara.
-No es mi forma de ser, y lo sabes. – se excusó.
-Como tú también sabes lo cuanto me molesta eso.
-Por favor, Merlín. – pidió, volteándose para mirarlo mejor.
Merlín le sostuvo la mirada durante largo rato, mirándole los ojos y parte de la boca. A decir verdad, había extrañado esas cosas…
-¿Qué quieres que diga? – pregunto, en un susurró.
-Vuelve a Camelot. – pidió, sintiéndose morir si decía que no.
¡Cuando deseo escuchar eso! Pero ahora… Le había dicho a Nathaniel que era su deber, su destino, pero en verdad, lo que más importaba, ¿lo deseaba ahora realmente?
Miro atrás, hacia su amigo, que dormía pacíficamente, sabiendo que su compañero de aventuras se iría por la mañana, con alguien que lo odiaría – o no- si alguna vez se enteraría de lo que era en realidad.
Nathaniel sabía que poseía magia, y aun así, lo quería, pero, ¿Arthur? Nunca se lo había demostrado, pero sabía lo que pensaba de ella.
Suspiró, y volvió a mirar a su amigo.
-No pienses en nadie más, solo en ti. – acotó.
Merlín cerró los ojos y negó con la cabeza. Esto era absurdo.
-No puedo, lo siento, pero no puedo. No iré. – dijo al fin.
No, no, no. Esa no era la respuesta que quería el rubio. No podía permitirlo. ¿Regresar sin él? No.
-Tienes que volver. – insistió.
-Dame una razón. – Pidió merlín, sabiendo que existían muy pocas razones válidas por las cuales tenía que volver. Y a Arthur se le ocurrió decir la más idiota:
-Mis aposentos están sucios.
Merlín contuvo una risa.
-¿No has buscado a un sirviente? – bromeo, pensando que aquello era una broma.
-No quería que nadie reemplace tu lugar. – contesto lo más serio del mundo.
-Oh, que considerado de tu parte – dijo en tono sarcástico. – Anda ya, ¿Por qué no lo has hecho?
Arthur balbuceo una respuesta. Luego, Merlín comprendió.
-¿En serio no querías que nadie ocupara mi puesto?
-Solo vuelve a Camelot. – se excusó, para no tener que contestar a la pregunta.
-¿Por qué te interesa tanto el que lo haga? – si no podía responder su anterior pregunta, que por lo menos contestara esa.
-Porque me interesas.
-¿Es que no puedes admitirlo y ya? – inquirió, haciendo referencia a lo obvio, y harto de que nunca lo confiese.
Ambos hicieron silencio. Insinuar era una cosa, pero decirlo directamente era otra.
-No puedo decirlo, porque sé que nunca se podrá dar. Por eso os pido que vuelvas a Camelot.
-¿Quieres que vuelva sólo para estar?
-Me basta con solo verte a salvo, y con verte, Merlín. Sabes que lo nuestro nunca podrá ser…
-Lo sé, pero no puedo creer lo egoísta que estás siendo. Sé que, al ser dos hombres, no podemos estar juntos, y más si tú eres el Rey. Si yo fuera mujer, claro, sería distinto. Pero como tú no puedes renunciar a la corona, y yo no puedo convertirme en mujer, las cosas nunca podrán ser. – Dijo, diciendo lo que siempre callo.
-Yo no lo hubiese dicho mejor.
-Pero no puedo regresar a Camelot. No sabiendo que…
-Merlín, estarás conmigo. – eso era lo único importante.
-Pero no de la manera en la que ambos queremos. A ti te basta con verme allí, y poder echarte algo de vez en cuando conmigo, cuando a mí me queda solo la soledad. – Y aquello no iba a permitirlo. Se incorporó, incomodo, y empezó a dar vueltas frente a él.
-No puedo hacer otra cosa, no te quiero lejos. – insistió, testarudo.
-Y yo no quiero que mi vida acabe en la nada. Si ahora tengo la oportunidad de hacer algo con ella, y no quedarme estancando, cosa que pasaría si decido irme a Camelot, ¿Por qué no tomarla?
-Sabes que no quieres hacerlo. Vamos, Merlín, tú tampoco me quieres lejos.
-Quiero planear un futuro, Arthur.
-Y yo no quiero no estar en él.
-Tendrás que quererlo, porque nuestra relación nunca irá a alguna parte. – argumento, dolido.
-Tiene que haber al menos una razón por la cual te quedes. – Se incorporó y se acercó peligrosamente a é.
-Hay muchas, pero el problema es que todas llevan a lo mismo. – dio dos pasos atrás, tratando de mantener distancia.
-Sí todas llevan a lo mismo, ¡pues que lo hagan! Te quiero a mi lado, no compliques las cosas.
-Solo los títulos que llevamos complican las cosas. Solo nombres. Y nos pertenecen. Al menos, yo pertenezco a ese nombre. – Eso era obvio, tenían que admitirlo.
-No Merlín, tú me perteneces a mí.
-Eso no es cierto. – comento seguro.
-¿Lo crees así? Entonces, ¿Por qué me has esperado?
Touché.
-Sólo por… - no sabía que decir.
-Merlín, no mientas más. Acabemos con esto. Regresa a Camelot.
Dio unos pasos hasta quedar nuevamente frente a él.
-No es tan fácil como antes. Dejaría atrás a un amigo si lo hago.
-Y sí no lo haces, dejarías atrás a una familia. Y a mí, por favor…
-No somos nada. – sentenció Merlín.
-Y nunca lo seremos. – aclaró.
-Entonces, ¿por qué seguir?
-Porque pienso luchar por ti. Aunque eso no nos lleve a ninguna parte.
-¿Contra quién? Pelearas solo, porque nadie te ayudara, y nadie te enfrentará.
-Estas muy equivocado respecto a eso último. Yo sé de alguien que lucharía por ti.
-¿Quién? –quiso saber Merlín.
-Yo . – Nathaniel se incorporó rápidamente. – Yo lucharía por ti.
Gracias por seguir leyendo y dejando sus reviews! (Nota para lily-castle: Subí o te mato) Ahora sí, hasta dentro de una semanita, con el FINAL.
