HEAVENLY BLUE
Notas de la autora: Bueno,como ya tenía escrito este capítulo, decidí no demorarme mucho en subirlo. La verdad es que cuando lo escribía, pensaba en algunas aclaraciones que tenía que hacer aquí, pero por algún motivo ahora no puedo recordarlas. Supongo que pueden esperar. Bueno, espero que les guste ese capítulo. Gracias a todos los que se han pasado por aquí y le han dado un poco de tiempo a este fic, que lo escribo con mucha ilusión. Sé que a veces da flojera escribir un review, pero si pudieran dejar algún comentario, por más pequeño que sea, créenme que eso me haría muuuuy feliz.
Disclaimer: One Piece no me pertenece. Si no, no me estaría mordiendo las uñas por este hiatus de una semana. ¡Ya quiero que sea miércoles… de la próxima semana! Los créditos de este genial manga son para Eiichirou Oda.
…
SEGUNDO CAPÍTULO
- Nombre: Anna. Apellido: Read, tomado de sus padres adoptivos, que al parecer habrían muerto cuando apenas tenía 6 años. Edad actual: Entre 14 y 15 años. Lugar de procedencia: Alguna isla del West Blue. Fue ahí donde comenzó su actividad en la piratería, cuando sólo tenía 11 años. Hace 1 año aproximadamente entró en el Grand Line, pero al parecer es la única sobreviviente de su tripulación.
Doflamingo se dejó caer sobre el sofá, mientras escuchaba la información detallada que Vergo le ofrecía acerca de su más reciente adquisición.
- Entiendo. Buen trabajo, Vergo.
- El Grand Line no es un mar para los piratas solitarios. – siguió explicando el fiel subordinado del pirata Donquixote. – ¿Qué mejor que unirse a una tripulación poderosa como la nuestra?
- Es verdad. Pareciera que caímos del cielo para ella.
- Aunque… - prosiguió el pirata de cabello negro, con el ceño fruncido. – Siempre cabe la posibilidad de que no se trate de un encuentro fortuito.
- Lo había pensado, aunque no tendría ningún sentido.
- De todos modos, me mantendré alerta. Si encuentro algo sospechoso, te lo haré saber.
- Te lo encargo.
…..
El suave rumor del agua llamó la atención de Anna. La joven pirata, nueva integrante de los Piratas Donquixote, siguió el sonido del agua hasta llegar a un pequeño riachuelo, el cual embellecía los alrededores del palacio que se había convertido en su hogar provisional. Anna se inclinó en la orilla del río y con sus dos manos, logró capturar un poco de agua para luego echarla sobre su rostro.
Habían pasado tres días desde su incorporación a la tripulación de Doflamingo y apenas empezaba a acostumbrarse a su nueva vida. ¿Tendría la fuerza suficiente para seguir adelante o terminaría sucumbiendo ante sus propias debilidades?
El sonido de unos pasos llamó su atención de repente. Sin pensarlo, llevó su mano hasta su espada, la cual se mantenía ajustada a su cinturón, y se giró de forma brusca. Sus ojos azules se encontraron con un par de fríos ojos grises. Anna frunció el ceño. Había escuchado muchos rumores nefastos de él, pero era la primera vez que lo tenía tan cerca.
- Tú eres Trafalgar Law, ¿cierto? – preguntó la muchacha, sin despegar la mano de su espada.
- Y tú debes ser Anna. – los ojos del joven pirata aterrizaron sobre la mano izquierda de la muchacha, que se mantenía aferrada a la empuñadura de su espada. – No hay necesidad de estar tan tensa. No pienso atacarte.
Anna esbozó una leve sonrisa.
- Disculpa, pero no creo que pueda fiarme de tus palabras. Aunque estemos en el mismo bando, tu reputación te precede.
Esta vez fue Law quien no pudo evitar sonreír.
-¿Acaso no eres tú también una pirata? No creo que estés en mayor capacidad que yo para hablar de reputación. Además, por lo que he visto de ti, soy yo el que no debería bajar la guardia.
Por unos segundos, Anna mantuvo fija su mirada en el joven pirata, mientras se rehusaba a soltar su espada. Finalmente, decidió relajarse y dejó caer su mano izquierda.
- Viniendo de alguien como tú, supongo que debería tomar esas palabras como un halago.
Law no respondió. Sus labios se mantenían torcidos en una sonrisa que muchos considerarían escalofriante, sin embargo Anna no se inmutó con ese gesto. Había aprendido a no intimidarse frente a otros, sin importar que se tratase de un pirata talentoso con una reputación que haría que cualquier adulto se estremeciera. Por años, Anna había mantenido sus ojos puestos en los Piratas Donquixote. Sabía todo lo que tenía que saber sobre el líder, Donquixote Doflamingo, y los miembros más poderosos de su tripulación, entre los cual se encontraba el joven doctor. Anna había memorizado línea por línea la noticia que, hace ya algunos años, había dado a conocer la existencia de Trafalgar Law. El doctor, procedente del North Blue, se había unido a muy temprana edad a la familia Donquixote. No obstante, pese a su juventud, había mostrado desde un inicio habilidades excepcionales para la medicina. Además, era poseedor de un siniestro poder que el artículo no llegó a especificar, pero que, por lo que había escuchado, le había permitido enfrentarse con éxito a piratas experimentados y marines de rangos nada desdeñables. Anna no estaba segura de su edad, pero sus cálculos señalaban que el peligroso pirata no podría tener mucho más de quince años. Aun así, su altura, superior a la de un muchacho promedio de su edad, y la dureza de sus facciones, parecían atribuirle muchos más años de experiencia. Pero sobre todo, lo que más envejecía su rostro, eran las profundas ojeras que cubrían de forma perenne sus párpados inferiores. Anna sonrió para sí misma. ¿Qué sería lo que le quitaba el sueño al joven pirata? ¿Serían acaso los fantasmas de todas las personas que había asesinado, con esas manos que llevaban inscritas el símbolo de Doflamingo? Aquella sonrisa endemoniada que Anna nunca olvidaría.
- Te has quedado sin habla de repente. – la voz de Law sacó a Anna de su ensimismamiento.
La muchacha frunció el ceño.
- Es que no tengo nada más que decir. – soltó, dándole la espalda al joven cirujano. No obstante, antes de que si quiera pudiese dar un paso, la voz del pirata la interrumpió nuevamente.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué te has unido a los Piratas Donquixote?
Anna giró sobre su eje para encarar nuevamente al joven de los ojos grises.
- ¿Hay algún problema con eso? – espetó la muchacha, con voz fría.
- ¿Con qué propósito una chica como tú busca con tanta vehemencia trabajar para un pirata como Doflamingo?
-¿Una chica como yo? – Anna rió levemente. - Yo podría preguntar lo mismo: ¿Por qué te has unido tú?
Esta vez fue Law quien frunció el ceño. ¿A qué venía la pregunta de la muchacha?
- ¿Acaso estás diciendo que somos iguales? – inquirió Law, sin despegar su fría mirada de la pirata. Cualesquiera que fuesen los motivos de la muchacha, no podían compararse a los de Law. Había un abismo de distancia entre ellos. Una novata como ella, que aún conservaba cierta luz en su mirada, no podía compararse con él.
- Lo que digo es que si te mantienes alejado de mis asuntos, yo no me meteré en los tuyos. – respondió la pirata. La tensión se mantuvo por largos segundos que parecieron minutos, hasta que dos hombres de Doflamingo interrumpieron la escena.
- Así que aquí estabas, niña. – habló uno de los hombres, de nombre Rostock. Este era de baja estatura, apenas llegaba al metro cincuenta. Tenía la piel muy blanca. Un sombrero de copa cubría su cabello azulino y llevaba puestas unas gafas negras. A su lado se encontraba un hombre de piel morena que superaba los dos metros de altura. Tenía la cabeza rapada. En ese momento, un saco largo de color verde oscuro cubría su musculoso cuerpo. Su nombre era Wismar. – El joven amo quiere verte.
Anna se quedó viendo a los recién llegados con una mirada llena de frialdad. Este gesto no pasó desapercibido para Law.
- Entendido. – respondió finalmente la muchacha. El hombre bajo le hizo una seña para que los siguiera.
- No te convendría involucrarte mucho con ese, niña. – habló el hombre del sombrero, cuando los tres se habían alejado lo suficiente del joven doctor. – A pesar de que es de los nuestros, reconozco que a veces me da escalofríos quedarme a solas con él. Para ser un mocoso, está bastante desquiciado. Aunque es talentoso, y por eso es del agrado del joven amo…
- Hablas de más, Rostock. – lo cortó el hombre alto de tez morena.
Los tres se mantuvieron en silencio hasta que por fin llegaron al salón principal, donde Doflamingo los esperaba con su habitual sonrisa.
- Me alegra verte, Anna. Tengo un pequeño trabajo para ti.
Continuará…
