HEAVENLY BLUE

Disclaimer: One Piece no me pertenece. Es obra del genial Eichirou Oda.

TERCER CAPÍTULO

Las olas mecían la pequeña carabela, que llevaba la insignia de la familia Donquixote en su vela principal. Anna reposaba sobre la cubierta, con los ojos cerrados; sin embargo, no dormía. Su mano izquierda apretaba con fuerza su katana, la cual se encontraba apoyada sobre su hombro derecho.

- Todo comienza aquí. No puedo dar marcha atrás. – pensó la joven pirata.

Habían pasado cerca de 12 horas desde que había partido de la guarida de los Piratas Donquixote. Después de 3 días con la tripulación, Doflamingo le había dado por fin una misión.

- Hay un barco que contiene una carga que me interesa mucho. Necesito que vayas por ella. – le había dicho Doflamingo. - Como es tu primer trabajo, Rostock y Wismar te acompañarán. Ya sabes, en caso de que necesites ayuda.

¿Ayuda? Anna se mordió el labio inferior para evitar reírse. Ella sabía muy bien que la intención de Doflamingo de enviar a esos dos con ella no era ayudarla, sino mantenerla vigilada. Aquel primer trabajo era una prueba impuesta por el pirata, y ella debía asegurarse de pasarla.

- Si no lo logro, nada de lo que he hecho hasta ahora tendrá sentido.

Anna abrió los ojos lentamente. Su mirada aterrizó en sus pequeñas manos, en las que podían distinguirse algunas leves cicatrices. Cicatrices que había ganado en su lucha por la supervivencia (en un principio), mientras se aferraba con desesperación a todo lo que encontrase a su alcance. Había huido y luchado tanto, tanto tiempo, en la soledad, sólo con la esperanza de llegar a ese momento, en que su vida volvería a cobrar un sentido, aunque este fuese efímero.

- Niña, despierta. – Rostock chasqueó sus dedos en frente del rostro de Anna. – El objetivo ya está a la vista.

Anna cogió su espada y se puso de pie. Wismar le entregó un catalejo para que la joven observase el barco señalado como objetivo. Sin embargo, al hacerlo, se dio una gran sorpresa. La muchacha se mordió los labios, mientras mentalmente maldecía a Doflamingo. Casi podía ver la sonrisa de Doflamingo, burlándose de ella.

- Es una embarcación civil. – soltó.

- Así es. ¿Algún problema con eso? – el pirata más bajo le dedicó una siniestra sonrisa.

- No. – se apresuró en decir Anna, mientras seguía examinando el barco. – Hay guardias en cubierta. Si nos acercamos de forma descuidada, nos atacarán con sus cañones y nos hundirán antes de que podamos abordar el barco.

- ¿Qué sugieres que hagamos? – quiso saber el pirata de la cabeza rapada.

- Tengo una idea. – la muchacha le entregó el catalejo al hombre de mayor altura. – Esperen mi señal.

….

Los guardias de la embarcación civil 'LaRoxette' habían tenido días bastante tranquilos. Por suerte, no se habían cruzado con ningún barco pirata, pero en el caso de que lo hicieran, se sentían lo suficientemente preparados. Estaban navegando por el Grand Line, después de todo, y tenían que estar listos para enfrentar cualquier peligro. Por suerte, llevaban armas suficientes y algunos cañones que les servirían para contrarrestar cualquier ataque pirata.

- ¡Señor, mire eso! – habló uno de los guardias. Su superior se le acercó de forma rápida.

- ¿Qué sucede? ¿Qué has visto?

- Una mujer…

- ¿Una mujer?

El superior le arrebató el catalejo al guardia y por medio de este, pudo observar un pequeño bote que flotaba sin aparente rumbo en el mar. En él, se encontraba una joven mujer inconsciente.

- Pobre, debe de haber naufragado. – comentó el superior. - ¡Traigan la soga! ¡La ayudaremos a subir a bordo!

Entre varios guardias, lograron alcanzar a la joven mujer que yacía inconsciente sobre el bote y la subieron a bordo. Algunos de los hombres no pudieron evitar admirar su belleza. Su cabello corto caía de forma desordenada sobre su pálido rostro. Sus labios rosados estaban entreabiertos.

- Es muy bonita. – soltó uno de los hombres.

- Pero se ve muy joven.

- Es verdad, parece sólo una niña.

- ¿Estará bien?

- ¡Traigan al doctor!

La mujer empezó a reaccionar de pronto.

- Gracias por salvarme. – comentó, con voz suave, mientras depositaba sus fríos ojos azules sobre los guardias que acababan de salvarla de las aguas. Uno de los hombres se le acercó para ayudarla a ponerse de pie, pero en cuanto tomó su mano, notó que algo extraño pasaba con su cuerpo. De pronto, había perdido la capacidad de moverse.

….

- Es muy astuta, pese a ser tan joven. – en la cubierta de la carabela, Rostock descansaba con la espalda apoyada en el mástil, mientras jugueteaba con un pequeño encendedor que había adquirido días antes. – Pero bueno, así son todas las mujeres. Por eso uno no debe fiarse de ninguna. Aunque tengan esos rostros tan angelicales…

Wismar, por otro lado, observaba con interés la espada que Anna les había dejado. La hoja, pese a haber absorbido mucha sangre, no había perdido ni un poco de su brillo original.

- ¿Has escuchado algo de lo que he dicho, Wismar? Tú nunca prestas atención…

- La señal. – el hombre de cabeza rapada envainó la espada de la mujer pirata y se puso de pie. Sus ojos apuntaban a la embarcación civil, en cuya cubierta se podían apreciar unas luces. – Es nuestro turno.

Los piratas Donquixote se acercaron con la carabela al barco civil y rápidamente se dispusieron a abordarlo. Cuando lo hicieron, vieron que Anna ya había atado a todos los guardias al mástil del barco. Estos observaban la situación con rostros llenos de indignación, pero incapaces de hacer o decir algo.

- Se quedarán así por unos minutos. – comentó Anna, mientras extendía su brazo en dirección a Wismar para que este le devolviera su espada. – Debemos encargarnos de los otros ahora.

- Bueno, para nosotros tres, eso no será ningún problema. – el pirata más bajo esbozó una maliciosa sonrisa.

Los tres piratas sorprendieron a los otros civiles que se encontraban en los otros compartimentos del barco. Ninguno de ellos fue capaz de oponer resistencia alguna. Al final todos terminaron en cubierta, atadas de manos y pie, mientras Anna y los demás subían al barco la carga que tanto le interesaba a Doflamingo.

- Bueno, ya está todo a bordo. – confirmó Wismar.

- Entonces podemos irnos. – comentó Anna, pero se detuvo al sentir la mano de Rostock sobre su hombro.

- No tan rápido. Al joven amo no le gusta dejar testigos. - Anna se tensó. Ya se había imaginado desde un principio que el asunto no podría resolverse de forma tan fácil. Después de todo, Doflamingo había armado todo para probarla. - ¿Quieres hacernos los honores, niña?

La joven muchacha posó su mirada sobre los pobres hombres, que ahora la veían con una expresión de horror. Sabían muy bien lo que les pasaría. Lentamente, Anna desenvainó su espada. Notaba que sus manos temblaban ligeramente. No era la primera vez que asesinaba a personas inocentes. Aún recordaba muy bien cuando tuvo que hacerlo. Para sobrevivir, había tenido que aliarse a personas inescrupulosas y hacer cosas de las que sus padres se avergonzarían. Pero habían sido siempre situaciones de vida o muerte, donde ni siquiera había tenido tiempo suficiente para reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

La situación, en ese momento, era completamente distinta para Anna. No sólo por el hecho de tener que ejecutar a sangre fría a personas inocentes, sino porque era la primera vez que lo haría bajo las órdenes de Donquixote Doflamingo. Se convertiría en una asesina más al servicio de ese hombre.

- ¿Qué sucede? ¿No puedes hacerlo? – la sonrisa de Rostock era tan grande que apenas cabía en su larguirucho rostro. Anna pensó que para ella sería fácil acabar con los dos piratas, liberar a los guardias y huir. Pero entonces, ¿para qué habría viajado tan lejos? Hace mucho había decidido entregarlo todo, incluso su vida, para cumplir sus objetivos y no era el momento de echarse atrás. No podía hacerlo. Por todo el dolor que había pasado… sus sacrificios, las vidas que había tomado, la vida de sus padres… Por todo eso, no podía rendirse.

Con paso firme, Anna se acercó a los guardias, mientras alzaba su espada por encima de su hombro. Luego, de forma violenta, la dejó caer sobre la cabeza de uno de los guardias.

…..

- Han hecho un buen trabajo, los tres. – Doflamingo recibió a sus subordinados con su habitual sonrisa. – Ahora podremos disfrutar todos de la mercancía.

El líder de los piratas Donquixote se acercó a una de las enormes cajas de madera que Anna y los demás habían traído de la embarcación que habían atacado. La muchacha no había hecho preguntas sobre que era aquella 'carga valiosa' que Doflamingo quería tanto en sus manos, pero estaba a punto de descubrirlo. El pirata agitó su brazo y una de las tablas de madera que conformaba la caja se hizo trizas al instante. Doflamingo introdujo su brazo en la caja y sacó una botella de vino.

- Es una cosecha de 50 años, muy valiosa y deliciosa. Normalmente no estaría dispuesto a compartirla, pero como han hecho un muy buen trabajo… - Doflamingo estiró la botella en dirección a Anna.

- No, gracias. No bebo.

- Es una pena. Pero es entendible, aún eres muy joven.

- ¿Puedo retirarme ya?

- Por supuesto.

Anna se dio media vuelta y empezó a caminar en dirección a la salida. Sus puños estaban apretados fuertemente, al punto de que sus propias uñas empezaban a marcarse en su piel. Había matado a tantas personas sólo porque a Donquixote Doflamingo se le había antojado un poco de vino. Con la riqueza que cargaba el pirata, había podido conseguir el licor sin la necesidad de hacer algo ilegal. La muchacha sonrió levemente y agitó la cabeza. No se trataba del vino. Todo había sido una cruel prueba impuesta por Doflamingo, y ella la había pasado. Eso era lo más importante.

- Me gustaría felicitarte por tu buen trabajo, pero la verdad es que no te ves satisfecha.

Anne se detuvo en el umbral de la gran puerta del salón. Apoyado sobre la pared, se encontraba Trafalgar Law, que la veía con una maliciosa sonrisa dibujada en los labios.

- ¿Qué te hace pensar eso?

El doctor no respondió. Sus ojos cayeron sobre los puños apretados de la muchacha. Anna se dio cuenta y de inmediato abrió sus manos. Law soltó una pequeña risa, pero no dijo nada más. Anna sintió el impulso de decir algo que borrara la sonrisa del rostro del pirata, pero rápidamente su impulso se apagó, dando pasó al enorme cansancio y frustración que sentía. En silencio, la joven se retiró de la sala y se refugió en su habitación.

Aquella noche, Anna no logró conciliar el sueño.

Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA

Decidí trasladar las notas al final del capítulo, para poder comentar un poco de la historia sin temor a spoilear algo. Este fue un capítulo centrado en Anna casi en su totalidad. No será así para la mayoría de capítulos. Sé que en fics de este tipo la mayoría quiere ver a Law en todo momento, e intentaré que así sea, sin comprometer el desarrollo de la historia. Lo que me gustó de esta parte fue pensar en lo maquiavélico que puede ser Doflamingo. Es divertido escribir de él. Con los últimos acontecimientos del manga, la verdad veo posible que sea capaz de hacer algo tan cruel como lo descrito en este cap.

Espero que les haya gustado el cap. Me gustaría mucho recibir sus comentarios, incluso si son críticas. Las críticas ayudan mucho a crecer :) Saludos.