HEAVENLY BLUE

Disclaimer: One Piece no me pertenece. Solo Oda podría dibujar un capítulo tan genial como el 730. Los aplausos son para él.

CUARTO CAPÍTULO

Law cerró de golpe el libro y lo colocó sobre su escritorio, junto a una enorme colección de textos sobre medicina que había acumulado durante los últimos años. Por enésima vez en esa noche, acostó su cabeza sobre la almohada e hizo el intento de conciliar el sueño, pero por más que lo intentó, no tuvo éxito. Una semana atrás había adquirido aquel nuevo libro sobre drogas naturales y ya lo había leído como 5 veces, una por cada noche de insomnio. Se sabía de memoria el nombre de cada una de las drogas mencionadas, así como sus efectos. No tenía deseos de seguir leyendo. Fijó su mirada en la estantería que se encontraba empotrada en la pared, sobre su escritorio. Esta se encontraba llena de libros sobre medicina, biología y química. Ya los había leído todos y no tenía ningún interés en revisarlos de nuevo.

Resignado a la idea de que tampoco conseguiría dormir aquella noche, se dispuso a dar un paseo. El frío de la noche no suponía ningún obstáculo para él, ya que estaba acostumbrado a los climas de baja temperatura. Después de todo, procedía de una isla donde el frío predominaba por largas temporadas, aunque habían pasado muchos años desde la última vez que vio su hogar.

Su espada no lo abandonó durante su paseo. De alguna manera, había adquirido la costumbre de que su arma lo acompañara a donde fuese. No se trataba de una medida preventiva. Law era perfectamente capaz de defenderse sin ella. Simplemente, prefería mantenerla cerca de sí.

En medio de la quietud de la noche, un sonido en particular llamó su atención. Se trataba de un sonido que conocía bien. Era como una suerte de susurro, pero no uno suave, sino más bien violento, rápido, metálico… Era la voz de una espada que era agitada con remordimiento. Un grito silencioso, ahogado en medio de la oscuridad. Law no se consideraba así mismo un espadachín, pero conocía muy bien el sonido que producía una espada al cortar lo que sea, ya sea carne (el sonido que prefería) o el mismo viento.

Sus pasos lo guiaron hasta el lugar donde dichos sonidos se originaban, y entonces la vio. La tenue luz de la luna iluminaba el filo de la katana de Anna, haciendo que esta brillara e iluminara apenas el rostro de la mujer. Sin percatarse de la presencia del doctor, la joven pirata siguió agitando su espada con vehemencia, partiendo en dos las hojas de los árboles que caían a su alrededor. Aunque sus cortes eran violentos, la expresión en el rostro de la mujer denotaba una absoluta calma. A Law le pareció que en ese momento, Anna llevaba puesta una máscara, una muy conveniente, que ocultaba cada una de las emociones de la muchacha y que sólo alguien que también la tuviera puesta podría distinguir. Quizás se había equivocado. Quizás aquella mujer si era más parecida a él de lo que jamás le hubiese gustado admitir.

Anna se detuvo de forma abrupta. La hoja de su espada había reflejado una figura que no esperaba ver. Lentamente, envainó su espada. Law se dio cuenta de inmediato de que la mujer se había percatado de su presencia.

- Parece que no soy el único al que le cuesta dormir últimamente. – soltó el doctor.

- Sólo me apetecía practicar con la espada, eso es todo.

- ¿Y te apetece practicar con la espada todas las noches?

- ¿Me has espiado todas las noches?

- No ha hecho falta. Las sombras debajo de tus ojos hablan por sí mismas.

Anna se llevó las manos a los ojos de forma inconsciente. Luego, frunció los labios.

- No eres el más indicado para hablar de las marcas en mis ojos. – contestó, ciertamente ofendida por las palabras del pirata. – Tú tampoco parece que duermes mucho.

- Sufro de insomnio crónico. – respondió con naturalidad Law. La muchacha se quedó en silencio un largo rato, sin encontrar palabras para seguir discutiendo con el doctor, cuyos ojos se desviaron hacia la espada que la muchacha sostenía con fuerza. – Parece que tienes una buena espada ahí. ¿Es el recuerdo de alguien querido o simplemente la robaste?

- Fue forjada para mí. – Anna hizo un esfuerzo para reprimir sus deseos de golpear al doctor y borrar así su sonrisa burlona. No soportaba el aire de autosuficiencia que rodeaba al pirata. – Quizás tu si hayas robado tu espada, pero yo…

- ¿Puedo verla? – la cortó Law.

- No dejo que cualquiera tome mi espada.

- ¿Cualquiera? – el joven de ojos grises frunció el ceño.

- Así es. Y si no te importa, empiezo a sentirme cansada… - Anna pasó al lado de Law, dispuesta a retirarse con dirección su habitación. Su pequeña charla con el doctor de los piratas de Doflamingo empezaba a estresarla.

- Room. Shambles.

Anna se paró en seco. Estando de espaldas al doctor, no había podido ver lo que este había hecho, pero sentía algo distinto. Posó su mano sobre el lado izquierdo de su cinturón, y entonces se dio con la enorme sorpresa de que su espada había desaparecido. En su lugar, encontró una pequeña rama que terminó cayendo al suelo cuando ella giró de forma abrupta.

- ¿Cómo? – Anna abrió los ojos de par en par al ver como Law sostenía su espada con total tranquilidad. - ¿Un usuario…?

- ¿No se te había ocurrido? – Law desenvainó lentamente la katana de Anna, para poder admirar su hoja. – La mayoría de miembros de esta tripulación poseemos el poder de una fruta del diablo.

Anna se mordió el labio inferior. Por supuesto que lo había imaginado. Law simplemente la había tomado desprevenida.

- Felicitaciones. Está en perfectas condiciones.- el doctor volvió a envainar la espada y se la lanzó a Anna. – El brillo de la hoja está intacto, pese a la gran cantidad de sangre que, me imagino, debe haber consumido.

- No creo que sea tanta como la que ha consumido tu espada.

El joven pirata soltó una pequeña risa.

- Ahí te equivocas. Yo no dejo que mi espada beba la sangre de cualquiera.

La muchacha apretó con fuerza su espada. Otra vez ese tonito de superioridad, y esos ojos que parecían decir: 'soy mejor que tú'. Para Anna, Law no era más que otra marioneta más al servicio de Doflamingo, capaz de obedecer cualquiera de sus órdenes como un perrito fiel.

- Pero tú estás haciendo lo mismo. – escuchó su propia voz en su cabeza. Pero no… no era lo mismo. Ella tenía un propósito muy claro.

- Te ofende ¿verdad? – prosiguió Law, con ese tono socarrón que tanto irritaba a Anna. – No te gusta que alguien mencione los crímenes que has cometido con esa espada. Es gracioso. La mayoría de piratas aquí se enorgullecerían y contarían a sus víctimas como trofeos.

- Supongo que no soy como ustedes.

- ¿Una pirata con valores? No me hagas reír. Entonces dime, Anna-ya, ¿en qué te diferencias? ¿No acabas de asesinar a una tripulación entera por un capricho de Doflamingo?

La joven apretó los dientes, haciendo cada vez más visible su enojo. No había podido conciliar el sueño por días pensando en lo que había hecho. No necesitaba que viniera un pirata como Law a recordárselo, cómo si él estuviera libre de todo pecado. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que su capacidad de autocontrol se desvanecía. Tenía deseos de hacer desaparecer a Law, costara lo que costara.

El odio en los ojos de Anna no pasó desapercibido para Law, pero lejos de sentirse intimidado, un profundo interés se apoderó de él. Quería seguir provocando a la muchacha y quebrar esa máscara que cubría sus verdaderas emociones.

- Yo te diré en que nos diferenciamos, Anna-ya. Tú eres… débil.

La pirata no pudo contenerse más y con un rápido movimiento, desenvainó su espada, intentando golpear al doctor en el acto. Law apenas pudo esquivar la hoja de su rival, que pasó a centímetros de su rostro.

- Es rápida. – pensó el doctor.

Anna no perdió el tiempo y tras fallar en su ataque, dio un rápido paso hacia adelante e intentó coger a Law con su mano libre. El doctor logró tomarla por el brazo, asegurándose de que la muchacha no pudiera tocarlo. Luego, cogió también el brazo con el que Anna sostenía su espada.

- Aunque eres muy buena con la espada, esa no es tu principal arma, ¿cierto? – comentó Law. – Lo supe desde el momento en que te vi luchar, el día que te uniste a la tripulación. Sin duda se trata de una fruta muy interesante, lástima que no te servirá conmigo.

- No estés tan seguro. – Anna le estampó una fuerte patada en el estómago a Law, logrando que este la soltara. Luego, se abalanzó contra el doctor. Alzó su espada sobre los hombros, lista para cortar al doctor que se encontraba de pie frente a ella.

- Room. Shambles.

De pronto, Law desapareció frente a los incrédulos ojos de la muchacha. Con sus poderes, el doctor había logrado intercambiarse de posición con la pirata.

- ¡Detrás! – Anna se dio media vuelta y agitó su espada de forma horizontal, intentando golpear a Law con esta. Para su desgracia, el de ojos grises fue más rápido. Con su espada ya desenvainada, Law cortó rápidamente la mano con la que Anna sostenía su espada. La muchacha abrió los ojos de par en par al ver como su mano y su espada caían al suelo.

- Jaque… - antes de que Anna pudiera reaccionar, Law apuntó al pecho de la mujer con su nodachi. Los ojos afilados del pirata demostraban una frialdad absoluta. Anna sintió como si el tiempo se detuviera para ella. ¿Sería su final? El pirata esbozó una siniestra sonrisa. –… Mate.

Sin compasión alguna, Law atravesó el pecho de la mujer. Anna se quedó inmóvil de la impresión. Por un momento sintió que hasta su corazón había dejado de latir.

- En una batalla, no conocer las habilidades de tu rival podría ser fatal. – habló con total tranquilidad Law, mientras desenterraba lentamente su espada del pecho de la muchacha.

- No hay sangre… ni dolor… - Anna se sorprendió al ver que ni una gota de sangre había caído. Luego, se percató de que a pesar de que su mano yacía en el suelo, sosteniendo su espada, aún podía sentir la frialdad del mango en su mano.

- Te dije que esta espada no bebía la sangre de cualquiera. – Law envainó su espada y empezó a alejarse del lugar.

- Te mataré. Juró que la próxima vez lo haré.- soltó Anna, con los dientes apretados por la furia que sentía.

- Estaré esperando. – contestó, con una gran sonrisa, mientras seguía caminando, hasta que la oscuridad de la noche engulló por completo su alta y delgada figura. Sola, en la oscuridad, Anna se dejó caer de rodillas en el suelo y golpeó el suelo con fuerza, llena de frustración. Tenía ganas de gritar, pero sus impulsos murieron en sus labios fruncidos.

Continuará…

Notas de la autora:

Bueno, a partir de este capítulo Law y Anna tendrán más momentos de interacción. A mí me gustan este tipo de relaciones, que empiezan con mucha fricción… Law y Anna aparentemente no se llevan bien, pero la verdad es que ambos tienen más cosas en común de lo que , hasta este capítulo, les gustaría reconocer. Disfruté escribiendo este capítulo y espero que a ustedes les guste leerlo. Gracias por los comentarios y por seguir el fic. Saludos y hasta el próximo capítulo.