HEAVENLY BLUE
Disclaimer: One Piece no me pertenece, es obra del genial Eichirou Oda.
QUINTO CAPÍTULO
La luna seguía brillando en lo alto del cielo cuando Anna decidió por fin moverse. No podía quedarse toda la vida en el suelo, lloriqueando por lo que acababa de pasar. Ya tendría tiempo de vengarse de Law y de toda la tripulación de Doflamingo. Sólo debía ser paciente.
Lentamente, se puso de pie y tomó la mano que Law le había cercenado. No estaba segura de lo que hacía, pero intentó colocársela nuevamente. Para su sorpresa, esta encajó de forma perfecta con sólo ponerla encima. Sin necesidad de una operación u algo parecido, su mano había vuelto a la normalidad.
- Que extraña habilidad.- soltó Anna, mientras examinaba cuidadosamente su mano. – Y que desagradable.
…
Law se presentó ante Doflamingo con una expresión poco alentadora. La falta de horas de sueño durante los últimos días empezaba a pasarle factura. No se sentía del mejor humor para hablar con su jefe, pero no tenía otra opción.
- Mientras no tenga la fuerza suficiente, tendré que hacerlo. – pensó
- ¿Me mandaste a llamar? – preguntó Law, una vez estuvo en frente del rubio pirata.
- Sí. Verás… No he podido evitar fijarme en lo bien que te llevas con nuestra nueva colaboradora. – Doflamingo esbozó una risa burlona. Law frunció el ceño.
- Nunca te faltan ojos para espiarnos, ¿cierto?
- Fu fu fu, no sería un buen líder si no le prestara atención a mis subordinados.
Law sonrió.
-De todos modos, yo no calificaría mi relación con Anna-ya como… buena. – el doctor no pudo evitar recordar el juramento que la muchacha había hecho de matarlo.
- Como sea. – Doflamingo le dio la espalda a Law y se dirigió a una mesa pequeña en donde se encontraba una botella de licor y varios vasos. Doflamingo se sirvió el líquido. – Rostock y Wismar escribieron un reporte muy positivo sobre las habilidades de la chica. Al parecer podré hacer un buen uso de ella.
Doflamingo se llevó el vaso a los labios.
- Pero no quiero quedarme con una sola opinión. – prosiguió el pirata, tras beber un sorbo del licor.
- ¿Quieres que la siga de cerca?
- No será ningún problema para ti, después de todo, tengo planeado un pequeño trabajo para ambos.
La sonrisa se borró de los labios del pirata más joven.
- Siempre he trabajado solo. – soltó.
- Lo sé, y lo has hecho muy bien, pero esta vez te acompañará Anna.
Law no contestó. Sabía que cuando a Doflamingo se le metía una idea a la cabeza, no había forma de hacerlo cambiar de opinión. El de ojos grises soltó un sonoro suspiro.
- Entiendo. – Masculló - ¿Me necesitas para algo más?
- No, ya puedes retirarte. Te alcanzaré los detalles del trabajo luego.
Sin agregar ninguna palabra, Law se dio media vuelta y se retiró de la habitación.
- No me gusta la actitud de ese niño. – se escuchó una voz proveniente de un rincón de la habitación. Oculto, en las sombras, se encontraba Lao G, un viejo subordinado de Doflamingo. – Necesita unas cuantas lecciones de modales.
El líder Donquixote no respondió y se limitó a beber otro sorbo del licor que se había servido.
…..
El día había sido completamente improductivo para Anna. Tras su encuentro nocturno con Trafalgar Law, la muchacha había regresado a su habitación pero no había tenido éxito para conciliar el sueño. Se había pasado toda la mañana y buena parte de la tarde revisando los libros de la biblioteca que el antiguo rey del palacio había dejado y que por suerte Doflamingo no había tocado. Se había tomado su tiempo buscando algo que le interesara. La biblioteca estaba repleta de libros de historia y ficción, temas que no captaban su atención. Sus ojos se habían paseado por decenas de títulos hasta que por fin se detuvieron en un pequeño libro dedicado a la herbología. Por horas, Anna se dedicó a repasar cada una de sus páginas, hasta que una discusión entre Baby 5 y el pequeño Dellinger terminó por interrumpir su tranquilidad.
Resignada a la idea de que no podría seguir concentrándose en el libro, decidió salir a dar otro paseo por el amplio jardín que rodeaba el palacio. Sentía que durante los últimos días, no había hecho mucho más. Pero por lo pronto, le convenía ser paciente. Quería que Doflamingo la reconociera, pero no podía aventársele encima y levantar sospechas. Debía de ganarse su confianza poco a poco, y la forma de empezar era demostrándole de qué era capaz.
- Eso… - Anna se detuvo de golpe cuando sus ojos captaron algo en el suelo. Al agacharse, distinguió unas hierbas que conocía muy bien. Su padre solía usarlas para combatir todo tipo de dolores. – No sabía que crecieran aquí.
Con mucho cuidado, la muchacha arrancó unas cuantas hierbas. Sabía que podían serle útiles en alguna oportunidad. Pero además de su utilidad, Anna sintió que al observar dichas plantas, revivía momentos de su pasado.
- Así que aquí estas. – una voz fría hizo que la cálida expresión en el rostro de la muchacha fuera reemplazada por una de total seriedad. Anna se dio media vuelta y se encontró cara a cara con Trafalgar Law.
- ¿Qué quieres ahora? – preguntó la muchacha, de forma brusca.
Law hizo un gran esfuerzo por reprimir sus deseos de reír al ver el rostro enfadado de la muchacha.
- Tenemos un trabajo.
- ¿Tenemos? ¿Tú y yo? – Anna se tensó. Se la había pasado todo el día maldiciendo a Trafalgar Law en su mente. ¿Cómo es que de repente tendría que realizar un trabajo en su compañía?
- Nos vamos ahora. Prepara tus cosas. – ordenó el doctor.
Anna contuvo sus deseos de seguir discutiendo y se limitó a obedecer al joven pirata. Resignada, se retiró con dirección a su habitación, para coger lo que fuera necesario. Law la vio marcharse. El doctor estaba por seguirla cuando un detalle captó su atención. Sus ojos aterrizaron sobre las hierbas que se encontraban en el suelo y entonces notó que algunas habían sido arrancadas. Se agachó para examinarlas y se dio cuenta de que se trataban de plantas medicinales, las cuales habían sido tomadas con tal cuidado de modo que las raíces quedaran intactas. Aquellas hierbas no eran tan fáciles de identificar, y dado la delicadeza de las raíces, requería cierto cuidado arrancarlas del suelo sin dañar las fibras. Si Anna había tomado esas plantas, definitivamente no se trataba de una pirata normal, sino que había demostrado tener cierto conocimiento en medicina natural. El pirata sonrió. ¿Cuántos secretos más escondía aquella joven mujer?
…
Luego de acomodar sus cosas en una pequeña bolsa, Anna se encontró con Law en las afueras del palacio. El doctor parecía no llevar nada más que su espada.
- ¿Qué llevas ahí? – inquirió Law. Sus ojos grises apuntaban a la pequeña bolsa que Anna había atado en su cinturón.
- Un poco de medicina y algunos Belis (*no sé si es la forma correcta de escribirlo, pero decidí dejarlo así)
- Los Belis no van a ser necesarios, Doflamingo me dio lo suficiente. – Law le dio la espalda a la muchacha y empezó a caminar hacia las afueras del palacio. – En cuanto a la medicina, no sé tú, pero yo nunca la he necesitado para un trabajo.
Anna apretó los labios, pero decidió no decir nada y seguir al pirata. Ambos caminaron en silencio hasta que finalmente llegaron a un puerto, donde tomaron una pequeña embarcación que tenía la insignia de los Piratas Donquixote.
- ¿Qué clase de trabajo tenemos que hacer? – quiso saber Anna, una vez el barco se encontraba surcando las aguas.
- Son varias cosas – empezó a explicar Law, mientras revisaba un Eternal Pose que había recibido de Doflamingo. – Pero básicamente se resume a asesinato.
El joven de ojos grises soltó las últimas palabras mirando a Anna, esperando ver alguna expresión de disgusto por parte de la muchacha. No obstante, no fue capaz de percibir nada. El rostro de la muchacha se mantuvo sereno.
- ¿A cuántas personas has matado, Anna-ya?
- Más de las que podría contar. – respondió la muchacha, intentando mantener la calma. No podía dejar al descubierto ningún atisbo de debilidad.
- Bien, te hará falta la experiencia. – el doctor sonrió de forma siniestra.
Anna prefirió no seguir la conversación. Alzó la mirada y sus ojos se detuvieron en el hermoso cielo estrellado que se encontraba por encima de sus cabezas. Todo parecía tan pacífico allá arriba, pero estaba seguro que aún en medio de tanta belleza, existía el caos. Lentamente, sin despegar sus ojos del cielo, Anna se dejó caer hasta que quedó sentada en el suelo, con la espalda acostada contra una de las paredes del barco. El clima era fresco. Una suave brisa meneaba su corto cabello. Por un instante, Anna se olvidó de que se encontraba en una embarcación pirata en compañía de uno de los subordinados de más confianza del hombre que tanto odiaba, y se dejó hipnotizar por la belleza de la luna llena y la serenidad de una noche silenciosa. Poco a poco, las fuerzas empezaron a abandonarla y sus ojos se fueron cerrando. Después de todo, había pasado muchas noches sin dormir de forma apropiada.
Cuando volvió a abrir los ojos, en el horizonte se asomaban ya los primeros rayos del sol. El barco seguía su rumbo sin novedad alguna. Nada excepto el mar se asomaba por las cercanías. Anna intentó levantarse, pero de pronto sintió el cuerpo ligeramente entumecido. Al juntar sus manos, se dio cuenta de que estas estaban heladas.
- Si te quedas dormida a la intemperie durante toda la noche, es probable que sufras de hipotermia. – el doctor salió del interior del barco.
- Lamento decepcionarte, pero no moriré tan fácilmente. – contestó Anna, mientras se frotaba las manos. – No soy tan débil.
Law sonrió.
- No hace tanto frío de todos modos. Pero te recomiendo no volver a hacerlo, ya que es probable que la temperatura descienda a medida que nos acerquemos a nuestro destino.
- ¿A dónde nos dirigimos?
- Te explicaré cuando llegamos. - fue la respuesta cortante del doctor. Anna no insistió. La muchacha se fijó en los ojos cansados de Law. Al parecer el pirata no había conciliado el sueño.
- Pensé que habías dormido.
- No, estaba ocupado examinando la medicina que trajiste.
Anna abrió los ojos de par en par. De inmediato se fijó en su cinturón y se dio cuenta de que su bolsa había desaparecido.
- ¡Tomaste mi bolsa! – exclamó la muchacha, con aire ofendido, mientras se ponía de pie.
- Evidentemente. Somos piratas, por si no lo recuerdas…o quizás intentas no hacerlo.-Anna apretó los puños. Si Law quería pelea, ella se la iba a dar con gusto. – Pero, tengo que reconocer que sabes lo que haces. Fue muy útil de tu parte traer un poco del Radix Miraculum que cogiste en el palacio. Podría hacerte falta.
- No más falta de la que te hará a ti… - empezó Anna, con ánimo de empezar una discusión, pero de pronto se percató de algo más interesante. - espera, ¿cómo conoces esa hierba?
- No subestimes mis conocimientos sobre plantas medicinales. Soy un doctor, después de todo. – comentó Law, con el ceño fruncido.
- Aun así, es una hierba difícil de identificar. Era sólo parte de una leyenda hasta que…
- Fue catalogada por primera vez por el doctor Gerard Rembert, hace algunos años. Sus conocimientos no han sido expandidos por todo el mundo aún, así que sólo algunos expertos conocen a la perfección la apariencia y propiedades de dicha planta. Sin embargo, me da la impresión de que tú conoces de su existencia desde hace mucho más tiempo. ¿Por qué será eso?
Anna se tensó. Había bajado la guardia frente a un hombre del que debía cuidarse en todo momento. No quería que este terminara descubriendo detalles sobre su pasado.
- No… Leí acerca de esa hierba en el libro del doctor Rembert. – mintió Anna, intentando sonar convincente, aunque estaba segura de que el joven de ojos grises había percibido muy bien el ligero temblor de su voz.
- El codiciado libro del doctor Rembert… Que afortunada eres de tener uno de los pocos ejemplares que existen. Muero de curiosidad por saber siquiera como se llama…
Law hizo una pausa. Anna tragó saliva.
- ¿Y bien? – prosiguió el doctor. - ¿Podrías decirme como se llama ese libro?
La muchacha no pudo contestar de inmediato. Conocía las investigaciones del doctor Rembert, pero no había tenido la oportunidad de tener en sus manos el dichoso libro publicado. De hecho, se trataba de un objeto sobre el cual ella misma había intentado poner sus manos, pero no había tenido éxito. No lo había buscado con demasiada intensidad. Sus energías estaban concentradas en otro propósito, después de todo.
- Mitos …y verdades… sobre… medicina natural: … - Anna se mordió los labios. Sabía que el título era aún más largo. – Compendio de…
- Compendio de medicina natural. Mitos y verdades de más de 154 plantas naturales. ¿No era así? Un título un poco tedioso de memorizar. – los labios de Law estaban torcidos en una sonrisa socarrona que Anna tenía deseos de borrar. Sin embargo, en ese momento no podía hacer más que escuchar, con el rostro enrojecido por la vergüenza y la ira. – Especialmente si no has leído el libro.
Law empezó a caminar en dirección a Anna. La muchacha no se atrevió a hacer nada. Sus ojos azules huían de los grises del joven pirata.
- Dime, Anna-ya, ¿quién realmente eres? ¿Qué es lo que intentas ocultar?
Anna no contestó de inmediato. Por un momento, sopesó la idea de desenvainar su espada y atacar a Law, pero al instante se dio cuenta de que no tendría posibilidad alguna de vencer a su rival. Law era muy astuto, y poseía una habilidad contra la cual ella se encontraba en total desventaja.
- ¿A qué viene este interrogatorio? – se decidió a Anna, haciendo el máximo esfuerzo por ocultar los nervios que la agobiaban. - ¿Acaso Doflamingo te ordenó investigarme?
Ante la mención del líder de los Piratas Donquixote, el gesto de Law cambió. Su sonrisa burlona se atenuó ligeramente. Este detalle no pasó desapercibido para Anna, que decidió insistir con el tema.
- No te tardaste ni un poco en acatar sus órdenes. Con razón eres uno de sus subordinados más valiosos.
El rostro de Law reflejaba en ese momento una frialdad absoluta. Anna no pudo evitar sonreír un poco al notar el gesto del pirata. La muchacha aprovechó el silencio del doctor para esquivarlo y dirigirse al interior del barco. Le apetecía buscar algo de comer. Por un momento, se permitió sentirse victoriosa.
Continuará…
Lamento haber tardado tanto para subir esta parte. Tuve un problema con mi computadora y por eso no he podido actualizar hasta ahora. Espero que les haya gustado este capítulo. Muchas gracias a todos los que han seguido este fic, sus comentarios me animan a seguir escribiendo. Prometo no tardar tanto para actualizar el próximo capítulo.
