HEAVENLY BLUE

Disclaimer.- Si One Piece me perteneciera, no estaría muerta de curiosidad por saber que pasó en el Bloque D. Esta genial obra le pertenece a Eiichirou Oda.

SEXTO CAPÍTULO

Anna se dejó caer sobre una de las sillas que se encontraban en la estrecha cocina del barco de la familia Donquixote. Físicamente se encontraba en buen estado, pero mentalmente estaba agobiada. Law había estado muy cerca de descubrir más detalles de su pasado. Y de hecho, pese a los intentos de la muchacha de esquivar sus preguntas, estaba segura que el doctor había obtenido suficiente información como para empezar a armar el rompecabezas. Anna hundió su rostro entre sus manos. ¿Qué iba a hacer si el de ojos grises le contaba a Doflamingo acerca de sus sospechas? Law era, después de todo, uno de los subordinados de más confianza del hombre apodado Joker, o al menos eso era lo que todos creían. No obstante, en cuanto Anna mencionó el nombre del pirata rubio, la expresión en el rostro del doctor se endureció de inmediato. ¿Por qué? ¿Acaso la relación entre Law y Doflamingo no era tan cercana como pensaba?

Anna se quedó en silencio unos instantes, en busca de una respuesta que nunca llegó. Finalmente, decidió que lo mejor sería dejar sus dudas a un lado y concentrarse en lo que sabía que tenía que hacer: seguir ganando méritos para acercarse más a Doflamingo. Si cumplía con éxito esa misión, habría dado un paso adelante en sus propósitos, y se aseguraría de hacerlo, aunque para ello tuviese que trabajar junto a Trafalgar Law.

Entre tanto pensar, Anna no pudo evitar sentir un poco de hambre. La muchacha abrió las alacenas de la comida y encontró un poco de arroz y condimentos. Nunca fue una gran cocinera, pero los largos años de soledad le habían enseñado a valerse por sus propios medios. La muchacha cogió los ingredientes y rápidamente se preparó unos onigiris (bolas de arroz). Al menos eso calmaría su hambre. Después de todo, llevaba más de 12 horas sin probar bocado.

Mientras Anna comía su segundo onigiri, la puerta de la cocina se abrió. Law entró a la pequeña habitación sin decir palabra alguna. Anna no pudo evitar alterarse al verlo. Temió que el doctor prosiguiera con el interrogatorio. No obstante, para su sorpresa, el pirata la evadió por completo. Sus ojos grises aterrizaron sin escalas en los onigiris que se encontraban sobre la mesa. Sin decir nada, Law estiró su mano y cogió una de las bolas de arroz que Anna había preparado.

- Oye… espera…

Law hizo caso omiso de las palabras de Anna y su expresión de protesta, y se llevó el onigiri a la boca.

- Esto sabe a mierda. – soltó, aunque no dejó de comer. Él también llevaba varias horas sin comer.

- Lo sé…No había mucho que pudiera hacer, no habían ingredientes… - empezó a excusarse Anna, sonando apenada, pero de repente se dio cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones al doctor. – ¡Bueno, si no te gusta puedes prepararte tu propia comida!

Anna tomó la bandeja donde se encontraban los onigiris y la alejó de Law. El doctor sólo la vio con una expresión seria en el rostro.

- Tú… - habló Anna, sin quitarle los ojos de encima a Law. – No sabes cocinar, ¿cierto?

- Tengo los conocimientos necesario. – contestó el doctor, sin mirarla a los ojos.

- Entonces te sugiero que uses esos conocimientos necesarios para preparar tus propios alimentos. – Anna colocó sus brazos alrededor de la bandeja.

- Room. – Law no se inmutó por la actitud de la muchacha y alzó su mano derecha. – Tact.

Los onigiris empezaron a flotar. Anna cogió dos en el aire, pero no pudo evitar que los otros tres flotaran hasta llegar a las manos de Law. Ante los ojos sorprendidos de la pirata, el doctor empezó a comer las bolas de arroz con total tranquilidad.

- ¿Qué crees…? – Anna se levantó de la mesa y empezó a caminar en dirección a Law, cuando de pronto el barco se agitó de forma violenta. La muchacha tropezó y terminó estampándose contra Law. De no haber estado el cirujano en el camino, habría dado contra el suelo.

- ¿Una tormenta? – se preguntó Law, sin siquiera prestar atención al hecho de que Anna se encontraba apoyada contra su pecho. Para la muchacha, sin embargo, aquel pequeño accidente no pasó desapercibido. Con un rápido movimiento, la pirata se aseguró de alejarse de Law. No entendía por qué de pronto se había puesto tan nerviosa. Quizás porque la sola presencia de Law la inquietaba de sobremanera, y el hecho de tenerlo tan cerca no había hecho más que empeorar la situación.

-Pero… el mar parecía tan tranquilo.

- ¿Acaso olvidaste que esto es el Grand Line? – Law se dirigió rápidamente a cubierta y vio que el barco era azotado por violentas olas. El cielo, que lucía tan tranquilo tan solo minutos atrás, estaba completamente inundado por grises nubarrones.

- ¡El viento es muy fuerte! – exclamó Anna, que también había salido a cubierta.

- Esto se pondrá feo. – comentó Law. Aunque la situación era alarmante, su rostro no reflejaba preocupación alguna. – Si caemos al mar estaremos muertos, ya que somos usuarios.

- ¿Cómo puedes decirlo tan tranquilo?

De pronto una ola golpeó fuertemente el barco. Law y Anna tuvieron que sujetarse de la baranda del barco para evitar caer.

- ¿Qué hacemos? – gritó Anna. Los truenos retumbaban en el cielo, al mismo tiempo que una profusa lluvia empezaba a caer sobre sus cabezas.

- ¡Salir de esta! ¡Hay que arriar las velas! ¡Yo me encargaré de eso! ¡Tú coge el timón, debemos girar a estribor! – ordenó el doctor. En otras circunstancias, Anna no hubiese recibido los mandatos del pirata con tan buena disposición, pero dada la extrema situación que vivían, la muchacha no tuvo otra opción más que acatar cada orden diligentemente.

Anna se dirigió a toda prisa hacia el timón. Ya estaba por tomarlo cuando de pronto una fuerte ola golpeó contra el barco, haciendo que este se ladeara de forma violenta. Anna salió disparada por el impacto hacia la barandilla. Su espalda chocó fuertemente contra la madera del barco, pero no se quedó el ahí. El barco volvió a agitarse de forma violenta y Anna, sin poder mantener el equilibrio, terminó resbalando por la barandilla.

-¡No! – Anna intentó cogerse de la barandilla sin éxito. Le pareció verse a sí misma caer de cubierta. El mar la engulliría y en cuestión de segundos se ahogaría debido a los efectos de su fruta del diablo, que le impedía mantenerse a flote en el mar. Anna cerró los ojos y se preparó para ser recibida por las frías aguas, pero esto nunca sucedió.

- Shambles.

Anna se sorprendió al descubrir que en vez del mar, había caído sobre la cubierta del barco. Law había utilizado su habilidad para intercambiar su cuerpo con un barril que se encontraba en cubierta y así salvarla de caer al océano.

- ¡No bajes la guardia!– le gritó el doctor desde cierta distancia, con el ceño fruncido. - ¿Acaso quieres morir?

- No…- con mucho esfuerzo, debido al violento temblor del barco por las olas, Anna logró levantarse y retomó su camino hacia el timón. – Claro que no pienso morir aquí…

La muchacha llegó al timón y se aseguró de girarlo en la dirección correcta.

- ¡No pienso morir en este lugar! – soltó Anna, más para sí misma que para responder al doctor. No obstante, su declaración llena de determinación no pasó desapercibida para Law.

Tras una ardua lucha, ambos finalmente lograron sobrevivir a la tormenta, aunque esta los dejó exhaustos. Anna dejó que sus rodillas cayeran al suelo. Su corazón latía fuertemente. Law por otro lado, parecía más sereno, aunque su respiración se mostraba ligeramente más acelerada de lo normal.

- Nos hemos desviado un poco de nuestra ruta… – empezó a hablar el doctor, mientras revisaba un Eternal Pose. Anna, sin embargo, no lo escuchaba. No podía evitar pensar en su cercana experiencia con la muerte. Un pequeño descuido pudo haber significado el final de su viaje. La muchacha apretó los puños. Le dolía tanto pensar que por culpa de una estupidez, todos sus sacrificios pudieron haber sido echados por la borda. Pero por sobre todo, lo que más pesar le causaba, era el hecho de que quien había terminado salvando su vida había sido alguien a quien consideraba su enemigo y a quien detestaba, Trafalgar Law. No quería tener que deberle nada al subordinado de Doflamingo. – Nos detendremos sólo para reparar los daños del barco y luego continuaremos. No hay tiempo para descansar.

- ¿Por qué…tú…? – soltó la muchacha, sin ver a los ojos al joven pirata, y sin atreverse a continuar la frase.

- ¿Por qué te salvé? – Law sonrió, con la usual socarronería que lo caracterizaba.–Quería ahorrarme disgustos con Doflamingo. No podía dejar que el objeto de su interés terminase en las profundidades del mar por culpa de una pequeña tormenta.

Por enésima vez desde que se conocieron, Anna le dedicó una mirada llena de frialdad al pirata de ojos grises. No le había gustado para nada el énfasis que Law le había dado a las palabras 'objeto', 'interés' y 'pequeña tormenta', lo último con la intención de hacerla sentir más débil. El doctor soltó una breve risa al ver la expresión de la muchacha y sin agregar palabra alguna, se dispuso a ingresar al barco, para verificar los daños que este pudiese haber recibido debido a la tormenta. Anna se quedó en la cubierta, vigilando que el barco mantuviera el curso dado por Law y evitar así que una nueva tormenta volviera a sorprenderlos con la guardia baja.

De pronto, en medio de la quietud del mar, Anna pudo divisar una isla. La muchacha utilizó el catalejo para tener una vista más detallada del lugar. A través del lente, pudo distinguir una copiosa vegetación que crecía desde la orilla. No había señas de presencia humana en las cercanías. Anna se apresuró en buscar al doctor.

-Trafalgar – le dijo en cuanto lo encontró – Hemos llegado a una isla.

Law no le contestó y se apresuró en subir a cubierta. Al ver la isla, revisó el eternal pose y un log pose que había llevado.

- Definitivamente no es la isla que buscamos. – comentó. – Pero tampoco es un lugar normal.

- ¿A qué te refieres?

- El Log Pose no está reaccionando. No tiene un campo magnético, o quizás si lo tiene pero es muy débil.

- Todas las islas tienen un campo magnético distinguible, es por eso que el Log Pose puede reconocer su ubicación. ¿Por qué esta no?

- No lo sé, lo único cierto es que esta no es una isla ordinaria.

Los dos piratas se acercaron al misterioso lugar con el barco. Al llegar, notaron que el agua dejaba al descubierto una fina capa de tierra, sobre la que se erigía una espesa vegetación, compuesta principalmente por unos árboles gigantescos. De pronto, Anna dejó escapar un ligero gemido. Sin mediar palabra alguna, la pirata abandonó el barco y se adentró en la profusa vegetación. Con un gesto de fastidio, Law se apresuró en seguirla. ¿A qué venía ese acto tan impulsivo? Cuando el doctor alcanzó a la joven, recién pudo descubrir el porqué de la decisión de la muchacha de abandonar el barco de forma tan abrupta.

- Suspiro del diablo. – soltó Anna, mientras se agachaba junto a un conjunto de arbustos, en las cuales se apreciaban unos frutos rojos del tamaño de unas mandarinas. – Es una planta que puede tanto salvar una vida como acabarla por completo. Sus hojas son muy útiles para combatir infecciones, pero su fruto es mortífero. Se ve apetitoso, pero una sola mordida te llevaría al infierno en cuestión de minutos.

La muchacha cogió un pequeño cuchillo que llevaba en el cinturón, cerca a su katana, y se dispuso a extraer las raíces de la mencionada planta. Una vez hubo terminado, Anna giró hacia su derecha y sus ojos quedaron clavados en otra planta.

- Esta es llamada Delirium Platin. Es una planta altamente venenosa. No se le han descubierto usos médicos. - Por un instante, Anna se permitió olvidarse del propósito por el cual se encontraba en aquel lugar, en compañía de Trafalgar Law. Rodeada de aquellas interesantes plantas, la muchacha recordó los viajes que solía realizar con su padre durante su niñez y cómo este la había instruido sobre las diferentes especies de plantas medicinales que existían en el mundo.

Law observaba a la muchacha en silencio. La mujer hablaba con tanta naturalidad que parecía que de pronto hubiese olvidado todo el rencor que declaraba sentir por el doctor. Sólo al cabo de unos segundos el de ojos grises se dio cuenta que no era él a quien la pirata se dirigía. Anna se encontraba inmersa en un mundo al cual el doctor no tenía permiso de entrar. En aquel mundo, la muchacha se permitía sonreír y hablar de forma veloz, llena de entusiasmo. Law se preguntó si aquel era el verdadero rostro que la de ojos azules intentaba esconder bajo esa máscara de frialdad que había creado. Law no pudo evitar sentir enormes deseos por resquebrajar esa máscara y revelar la verdadera forma de Anna. Más que nunca, se sentía intrigado por descubrir el pasado de la muchacha. ¿Por qué tenía tantos conocimientos de drogas naturales? ¿Por qué se ocultaba a sí misma bajo aquella careta y por qué había decidido unirse a Doflamingo, aun cuando este hecho le causaba evidente (para él) pesar? Law quería descubrir todo eso, pero no para decírselo a Doflamingo. Quería guardar la información de la muchacha como un as bajo la manga que en algún momento podría utilizar. Tenía la impresión de que, al igual que su jefe, él también podría encontrarle mucha utilidad a Anna… o al menos de eso se quería convencer.

- Nunca había visto tanta variedad de drogas naturales reunidas en un solo sitio. – comentó Anna, mientras se ponía de pie.

- En efecto. – agregó Law. – Este parece ser un paraíso para ti. Pero me sigo preguntando cómo es que sabes tanto del tema.

- He viajado demasiado tiempo sola.

- Estos no son conocimientos que se ganen solo con la experiencia.

- Quizás he conocido a un par de personas interesantes en mis viajes. Me imagino que a ti te pasó lo mismo.

- No creo haber tenido tanta fortuna.

- ¿Entonces nunca has tenido a nadie que puedas considerar un maestro?

Law no respondió. Por primera vez, Anna pudo percibir una emoción distinta al enfado que solía mostrar el doctor cuando esta intentaba confrontarlo. La joven captó una sombra en los ojos del pirata que nunca había visto, y la cual no pudo descifrar. ¿Se trataba acaso de tristeza? Antes de que alguno de los dos pudiera añadir alguna palabra más, un grito agudo llamó su atención. Ambos cogieron sus espadas, a la espera de la aparición de un posible enemigo. De pronto, uno de los arbustos cercanos empezó a ser sacudido. Anna y Law se mantuvieron en silencio, esperando a que el responsable de tal alboroto se hiciera presente. Finalmente, al cabo de unos segundos, una figura pequeña se abrió paso a través del arbusto. Se trataba de un niño, de no más de diez años. El pequeño vio a los dos con ojos asustados y sin mediar palabra, se desplomó frente a los ojos de los jóvenes piratas. Tras superar la sorpresa, Anna reaccionó acercándose al niño y colocándolo boca arriba. Este tenía los ojos fuertemente cerrados. Un sudor frío recorría todo su cuerpo.

- Déjalo ahí, no es nuestro problema. – habló Law, con una voz fría. Anna no contestó. Sabía que el doctor tenía razón, pero no podía evitar sentirse preocupada por el niño. Sin embargo, decidió hacerle caso al pirata. Si mostraba su preocupación, Law empezaría a sospechar de ella. Se había esforzado por mantener una actitud de total indiferencia al dolor ajeno, con tal de ganarse la simpatía de Doflamingo, y no estaba dispuesta a quitarse la careta tan pronto. Con cuidado, Anna dejó al niño en el suelo y se levantó. Law hizo el ademán de dar media vuelta. – Regresemos al barco. Tenemos que repararlo para marcharnos cuanto antes.

Anna estaba por dar un paso en dirección al barco, cuando sintió como el niño la sujetaba del tobillo, lo más fuerte que su pequeña mano le permitía. Anna se giró y vio al pequeño, que la veía con ojos suplicantes. Sus pupilas estaban dilatadas. El niño intentó hablar, pero no era capaz de emitir más que vanos balbuceos.

-¿Qué haces? Tenemos que irnos.

- Este niño… - Anna se agachó una vez más junto al niño, justo cuando este empezó a sufrir de violentos temblores. Sus pupilas dilatadas seguían apuntando a Anna. – Ha sido drogado.

Law se detuvo de golpe al escuchar las palabras de la muchacha, pero no porque se sintiera preocupado por la salud del niño sino porque le intrigaba el hecho de que este hubiese sido drogado. ¿Quién podría haber hecho algo así y con qué propósito? Si lo que Anna decía era cierto, entonces aquel lugar no estaba tan desierto como imaginaba.

- No es el efecto de alguna droga natural, probablemente sea una sustancia procesada, creo que es… – Anna sostenía con una mano al niño, mientras que su otra mano reposaba sobre la frente de este. Law se arrodilló a su costado y tomó la muñeca del menor con el fin de medir su pulso. Luego, tomó su frente, rozando sin querer la mano de Anna.

- CHN2 – completó el doctor, con total seguridad - Fiebre, pupilas dilatadas, pulso acelerado por aparente deshidratación… Necesito un análisis de sangre para estar seguro, pero lo más probable es que haya ingerido CHN2.

- ¿CHN2? – Anna no pudo evitar sorprenderse por el poco tiempo que le había tomado a Law identificar la sustancia ingerida por el niño. Por un momento había subestimado sus conocimientos médicos.

- Si, es una potente droga estimulante.

- Pero, ¿quién haría algo así y por qué?

- Probablemente… - Law cogió el polo del muchacho y lo levantó por encima de su ombligo, revelando una serie de números y letras que habían sido tatuados en el vientre del menor. – … la misma persona que inscribió este código en su piel.

- ¿Qué es esto? – Anna estaba sorprendida. Nunca había visto nada igual. Law, por otro lado, si estaba familiarizado con esa clase de símbolos. - ¿Acaso este niño…es un… esclavo?

- En términos prácticos, es lo mismo. Pero es probable que este 'esclavo' sirva a propósitos más específicos.

- ¿A qué te refieres?

Law no tuvo tiempo de contestar, porque en ese momento un grupo de hombres armados con fusiles y pistolas llegaron y los rodearon. Al verlos, Anna intentó desenvainar su katana, pero Law la detuvo tomando su mano.

- ¿Qué haces?

- No hagas nada. – le dijo el doctor, sin verla a los ojos. Luego, para la sorpresa de la muchacha, el de ojos grises levantó ambas manos por encima de su cabeza, en señal de rendición.

Continuará…

Lamento haber tardado nuevamente en actualizar. Este fue un capítulo difícil de escribir definitivamente, pero me gustó como quedó. Anna y Law empezarán a conocerse más en esta misión. Así, muy lentamente, empezará a avanzar la relación de ambos. Es difícil escribirlos a ambos, porque son dos personajes fríos que anteponen sus intereses a cualquier sentimiento, pero como este es un fic romántico, debo lograr que avancen en ese panorama sin traicionar sus personalidades. Es un gran reto y espero estar a la altura, para poder escribir un buen fic ,con una buena trama, buen desarrollo y sin que los personajes caigan en el OOC.

Quería aprovechar este espacio para agradecer a todos los que han enviado sus reviews, me animan mucho a seguir con este fic. Espero que les siga gustando la historia. Saludos y ¡Feliz Año Nuevo! Que los deseos de todos se cumplan en este año.