HEAVENLY BLUE
Disclaimer: One Piece no me pertenece, es obra de Eiichirou Oda. Esto es sólo el pequeño trabajo de una fan.
OCTAVO CAPÍTULO
Anna se quedó de piedra al escuchar como aquel hombre la había llamado. El nombre 'Vivianne' no era uno cualquiera para ella. Se trataba nada más y nada menos que el nombre de su fallecida madre.
- No, no puedes ser ella… - el hombre empezó a sacudir la cabeza en señal de negación. - Eres muy joven. Además, ella murió.
-¿Cómo lo sabes? - Anna dio un par de pasos en dirección al misterioso hombre. - ¿Cómo sabes el nombre de mi madre? ¿Quién demonios eres?
-¿Tu..tu madre?-balbuceó el viejo, confundido.
-¿¡Quién eres!? ¡Responde! - insistió Anna, alterada.
- Su nombre es Gerard Rembert. - contestó Law, que observaba la escena sin perder la calma, pero con el ceño fruncido.
Anna abrió los ojos de par en par. Recordaba bien ese nombre, ya que pertenecía al famoso herbólogo del cual ella y Law habían estado hablando. Se trataba de un doctor de mucho renombre, pero que había desaparecido sin dejar rastro hace algunos años. ¿Qué hacía él en ese lugar, y por qué conocía el nombre de su madre?
-¡Contéstame! - la muchacha prosiguió con su interrogatorio. El viejo Rembert la observaba nervioso. No quería contestar a la pregunta de la muchacha. -¿¡Cómo sabes el nombre de mi madre!?
- Yo, yo… - el herbólogo retrocedió unos pasos, sin saber qué hacer. Su mirada reflejaba confusión. De pronto, introdujo su mano en el bolsillo y sacó una pequeño pistola, con la cual apuntó a Anna.
- Shambles.
Ante los incrédulos ojos de Rembert, Law usó sus poderes para intercambiar las esposas que lo mantenían prisionero con el arma que había sacado el hombre.
-¿Una Akuma no mí? - el hombre soltó las esposas que habían aparecido en su mano, en reemplazo de la pistola. - ¿Quién eres?
- Tuvimos suerte que nuestros captores fueran tan idiotas. - empezó a hablar Law, mientras descargaba el arma que acababa de robar. - Pero no puedo culparlos. Al parecer sólo están siendo manipulados por ese pirata del bigote que nos recibió en la entrada.
Law dejó caer el revólver descargado y le mostró al herbólogo el dorso de su mano, sobre el cual se encontraba tatuado el símbolo de los Piratas Donquixote. Al ver el tatuaje, el viejo Rembert se dejó caer en el suelo, completamente aterrado.
-¡Ese símbolo! ¡No puede ser! ¿Eres un subordinado de Doflamingo?
- Por largos años, Joker ha estado siguiendo tu pista. ¿Quién diría que te encontraría en este lugar?
-¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo me encontraste?
- Fue por pura casualidad que llegamos a esta isla. Pero cuando vi el tatuaje en el cuerpo del niño e identifiqué el uso de la droga CNH2, tuve la sospecha de que quien estaba detrás de esto no podía ser otro que el desaparecido doctor Gerard Rembert, buscado por el gobierno mundial por experimentar con sustancias ilegales y por tener vínculos con la piratería. Tus textos fueron vetados y la marina empezó una búsqueda exhaustiva, con tal de dar con tu paradero, pero no tuvieron éxito. Era difícil encontrar pistas sobre un hombre que poseía otra identidad: Rackman Ray.
Ante la mención de aquel nombre, Anna dejó escapar un ligero gemido. Law se fijó en ella y se sorprendió al notar que su blanquecina piel parecía más carente de color que nunca. Sus ojos estaban abiertos de par en par y un ligero sudor empezaba a recorrer su frente.
- Trafalgar… - habló la muchacha, en voz baja, sin despegar sus ojos del herbólogo, que seguía sentado en el suelo. - Libérame de estas esposas.
- ¿Qué pretendes? - la cuestionó Law, con el ceño fruncido.
- Hazlo… por favor…
El joven doctor la observó detenidamente antes de tomar una decisión. 'Por favor' no era una frase que la muchacha usaría a menudo con él. Parecía realmente desesperada. Sin entender bien el motivo, el pirata decidió acceder a sus pedidos y usó sus habilidades para deshacerse de las esposas que restringían los movimientos de la joven mujer. Una vez se hubo liberado, Anna se abalanzó de forma violenta contra Rembert, usando sus dos brazos para mantener inmóvil al hombre mayor, con la espalda pegada al suelo.
- Anna-ya… - Law no pudo evitar sorprenderse al ver la reacción de la muchacha, sin embargo, no hizo nada para detenerla.
Antes de que Rembert pudiera decir algo, Anna colocó su mano sobre la garganta de este, haciendo suficiente presión como para causarle dolor.
- Escúcheme bien, doctor - la voz de la muchacha era fría y sus ojos estaban llenos de odio. - Yo también soy una usuaria. He comido la Tome Tome no Mi y puedo paralizar a voluntad cualquier organismo viviente que toque con mi piel. Si me concentro lo suficiente, podría paralizarlo de tal modo que hasta su corazón dejaría de latir.
Los ojos del herbólogo se abrieron de par en par. El miedo era fácil de leer en ellos.
- Si no quiere que ese sea su destino, - prosiguió Anna - será mejor que me diga como sabe el nombre de mis padres.
- Yo… está bien… está bien, te diré… pero no me hagas nada. - soltó el hombre mayor, visiblemente aterrorizado por el aura asesina que despedía la muchacha. Esta accedió a soltar la garganta del hombre, pero siguió aprisionándolo contra el suelo. - Yo conocí a tus padres, hace muchos años, antes que nacieras. Tu padre era realmente un genio, yo lo admiraba. Ambos éramos colegas, realizábamos investigaciones juntos. Sentí una gran lástima cuando me enteré de su muerte.
- ¿Por qué usabas su nombre?
-¿Por qué? Porque lo admiraba, por eso… Quería ser como él. - respondió. La muchacha le dedicó una mirada llena de incredulidad. - Te juro, es la verdad. No hay nada más, lo juro.
-¿Porque lo admirabas… empezaste a manchar el nombre de mi padre en asuntos del bajo mundo? - lo cuestionó la pirata, con los ojos llenos de ira. - ¡Mi padre era un buen hombre, sus investigaciones eran siempre por el bien de los demás! Él sólo… ¡Él sólo quería crear medicina para salvar a la gente!
-¡Pero podía hacer mucho más! ¡Tenía la capacidad para llegar más lejos, pero se conformó con ser un médico de cuarta que preparaba medicina para los pobres! - bramó sin pensar el herbólogo, provocando la ira de la menor, que volvió a estrujar su cuello sin piedad. - Pe...per...dón… habl...hablé sin… pensar…
-¿Rackman Ray era el nombre de tu padre, Anna-ya? - intervino Law. La muchacha asintió con la cabeza. - Ese nombre había estado por mucho tiempo en la lista de búsqueda de Doflamingo, pero su nombre fue tachado incluso antes de que yo llegara a la tripulación. Sin embargo, su nombre nunca dejó de sonar en el bajo mundo.
-Así es… tu padre hizo un nombre por su propia cuenta, yo sólo seguí con su legado. - siguió hablando el viejo doctor. - ¿Sólo quería salvar a la gente? Eso es parcialmente cierto, no siempre fue así. Si no, no hubiera llamado la atención de hombres como Doflamingo.
Por un momento Anna sintió un deseo incontenible de volver a estrujar el cuello del hombre, pero se contuvo. En el fondo, sospechaba que su padre no había sido siempre el hombre puro e idealista que recordaba. Sin embargo, eso no aminoraba el dolor que significaba escuchar la verdad.
- Está bien. - Anna se puso de pie, dejando por fin que el hombre viejo se sentara. - Cuéntame todo, y no te mataré.
Mientras el hombre mayor se acariciaba el cuello, que había quedado marcado por la fiereza con la que Anna lo había ahorcado, Law recostó su espalda contra la pared y se cruzó de brazos. Sus ojos seguían detenidamente cada movimiento de la joven de cabellos azules. Anna sentía los fríos ojos de Law sobre ella y no pudo evitar sentirse nerviosa. Se había metido en aprietos. Sabía que todo lo que el viejo contase, Law lo recordaría y se lo diría luego a Doflamingo. Quizás lo más sabio hubiese sido fingir que no tenía relación con el herbólogo, pero había esperado por tanto tiempo conocer más detalles de la muerte de sus padres, que no se había contenido y había terminado interrogando al viejo frente a Law. Pero ya no había remedio. Ella y el doctor habían hablado de más y ahora Law conocía incluso el nombre de su padre. Era cuestión de tiempo para que Doflamingo la descubriera. Anna apretó con fuerza los puños. ¿Qué debía hacer? ¿Matar a Law y buscar vengarse contra Doflamingo de una forma distinta? O quizás podría convencer al rubio pirata de que Law había sido asesinado por el enemigo y ella a duras apenas había logrado sobrevivir. Mientras la joven pensaba en un plan, el herbólogo empezó a hablar, interrumpiendo así los pensamientos de la muchacha.
- Conocí a tu padre cuando ambos éramos aún adolescentes. - empezó a narrar el viejo doctor. - Éramos jóvenes doctores buscando cambiar el mundo, pero no mediante la elaboración de curas para enfermedades ordinarias, sino creando sustancias que le permitieran a la humanidad superar sus limitaciones. El elixir de la juventud eterna era uno de nuestros sueños infantiles. Solíamos soñar con muchas tonterías en ese tiempo.
-¿La juventud eterna? Qué estupidez. - soltó Law. El viejo le dedicó una mirada llena de desprecio, pero continuó con su narración:
- Sabíamos que siendo simples doctores de pueblo, no conseguiríamos nuestros objetivos. Por eso, decidimos llevar nuestro talento al único lugar donde podríamos desarrollarlo en verdad: el centro de investigaciones del Gobierno Mundial. Fue ahí que conocimos al genio más grande de este mundo, el doctor Vegapunk.
Tanto Law como Anna no pudieron evitar mostrar su sorpresa al escuchar el nombre del científico más grande del mundo. Ambos habían leído lo suficiente acerca de él como para estar sorprendidos.
-Los conocimientos de ese hombre eran tan grandes… Nos dieron un montón de ideas. Queríamos hacer realidad sus proyectos, y podíamos haberlo hecho. Si tu padre no me hubiera dado la espalda, uno de los sueños del doctor Vegapunk sería una realidad ahora mismo.
- ¿Qué pasó con mi padre?
- Se asustó. Dijo que caminábamos sobre un terreno peligroso. Que si el doctor Vegapunk había abortado esos proyectos, tenía sus razones. Pero la razón era que, las sustancias necesarias para llevar a cabo esos proyectos habían sido prohibidas por el Gobierno Mundial. Usarlas conllevaba un gran riesgo, pero… ¿qué ha logrado la humanidad sin arriesgarse? El doctor Vegapunk tenía las manos atadas por el gobierno mundial, pero nosotros, como peces pequeños, podíamos movernos con más libertad por los mares del bajo mundo.
- Y así empezaste a vincularte con piratas. - dedujo Law.
- No tenía otra opción, era la única manera de conseguir las herramientas necesarias. Yo me arriesgué mucho para conseguirlas, era valiente, pero no tenía el cerebro de tu padre ni su imaginación. Él conocía todas las sustancias del mundo y sus efectos. Con su ayuda, habría llegado a la fórmula perfecta, pero él se echó para atrás. Renunció a trabajar para el gobierno y me dejó solo, con las manos vacías. Él me traicionó primero.
-¿Cuándo sucedió eso? - inquirió la muchacha.
- Hace quince años.
- Nueve años antes de la muerte de mi padre. - comentó Anna. - Desde que tengo memoria, mi padre se dedicaba a curar a las personas que lo necesitaban usando sus conocimientos en herbología. Nunca supe de su pasado como científico del gobierno mundial.
- ¿Nueve años después murió tu padre, Anna-ya? - preguntó asintió con la cabeza. - Es curioso...nueve años. Es casi el tiempo que tardó la marina en descubrir los tratos del doctor con el bajo mundo. Te lo comenté antes, ¿no, Anna-ya? Sus libros fueron vetados porque hace seis años aproximadamente se descubrió que el doctor Rembert no sólo utilizaba sustancias ilegales en pruebas con humanos, sino que también se supo que tenía conexiones con piratas. El doctor Rembert se volvió un hombre buscado desde entonces, tanto por la marina como por algunos piratas, que se interesaron en su trabajo. No obstante, si tus tratos con los piratas eran más antiguos, me pregunto por qué Joker no te buscaba desde antes.
El viejo hombre empezó a sudar de forma copiosa.
- Y si mi padre dejó de trabajar contigo hace quince años, ¿por qué lo buscaba Doflamingo hace seis? ¿Por qué no te buscó a ti?
- Bueno, yo…
- El nombre de Gerard Rembert no era tan famoso en esa época. - fue Law quien respondió. - El nombre buscado por Joker y los otros piratas era…
- Rackman Ray. - completó Anna. Sus manos temblaban de forma violenta de la ira que la embargaba. - Usaste el nombre de mi padre, todo ese tiempo… Fue así como mantuviste oculto tus sucios tratos de la marina por nueve años.
- Tu padre me dio la oportunidad perfecta al abandonar la marina. Si no me hubiera traicionado, yo…
-¡Mi padre nunca quiso formar parte de tus sucios negocios! ¡Usaste su nombre para tus egoístas propósitos! ¿¡y te atreves a decir que él tenía la culpa!? - Anna cogió al hombre de las solapas y estuvo a punto de golpearlo, pero Law la detuvo.
- Cálmate. - le dijo, con cierto tono de exasperación. - Entonces, puso el nombre de Rackman Ray en el radar de búsqueda de los piratas y la marina, mientras se mantenía oculto y a salvo bajo la protección del gobierno mundial.
- Todo lo hice para cumplir el sueño que ambos teníamos. Yo corría también muchos riesgos. Pero todo estaba bien… hasta que ese peligroso hombre apareció en el camino… Donquixote Doflamingo. Nunca pensé en llamar la atención de un hombre tan peligroso. Por medio de un pirata me dejó una propuesta muy inquietante, para fabricar una sustancia muy interesante. Él tenía todos los recursos para que yo lo hiciera realidad, sin embargo, yo no tenía el conocimiento necesario. Le prometí algo que yo no podía lograr, no solo, al menos. Por eso decidí buscar a tu padre, una vez más. Lo encontré viviendo junto a su esposa y una pequeña niña en un pueblo de una isla pequeña en el West Blue.
-¿Viniste a vernos? No te recuerdo.
- Eras muy pequeña, no tendrías más de seis… y además yo no había tenido este pequeño accidente con mi rostro. - el viejo se llevó la mano a la parte quemada de su rostro, donde yacía el ojo artificial. - Le insistí mucho a tu padre que aceptara mi propuesta. Si los dos nos íbamos con Doflamingo, lograríamos nuestro sueño y estaríamos a salvo. Pero él se rehusó nuevamente. Sabía que había estado usando mal su nombre y que por eso había tenido que viajar mucho para esconderse con su familia.
Lágrimas empezaron a caer sin parar por el único ojo sano del doctor.
- Yo no sabía que él sabía… Pensé que me mataría, pero me perdonó. Me hizo prometerle que no volvería a tratar con piratas, y te juro, que por dos años, abandoné mi sueño, por él. Pero Doflamingo no se rendía. De casualidad, encontré a uno de mis viejos contactos, y me advirtió que Doflamingo llegaría a mi, sin importar cómo. Le escribí a tu padre, advirtiéndole de Doflamingo y rogándole que aceptara a cualquier petición que este tuviera que hacerle, que era la única forma de estar a salvo. Doflamingo no era como ninguno de los otros tontos piratas con lo que había tenido que lidiar. Pero , él…. no me escuchó… No me hizo caso… Luego, descubrí por mis antiguos contactos, que muchos creían que había muerto. Que habían escuchado que Doflamingo se había encargado de mí. La marina seguía mi pista y descubrió que no podía ser el verdadero Rackman Ray, y finalmente llegaron a mi verdadera identidad. Tuve que huir y desde entonces, he sido un prófugo. Hasta que llegué a los pies de mi salvador, el pirata Jeirreddín, un hombre mucho más razonable y menos atemorizante que Doflamingo. Él me ofreció su protección a cambio de mis servicios.
El viejo sonrió levemente, pero al ver el rostro lleno de frialdad de Anna, empezó a sollozar nuevamente.
- Te juro que me dolió mucho lo que le pasó a tu padre.
- Mentiroso. En el fondo le deseabas eso porque nunca pudiste perdonarle que te abandonara como el pedazo de basura que eres.
- ¿Qué puedo hacer para que me perdones? - preguntó el hombre mayor, con un dolor en la voz que a Anna le pareció fingido.
- Morir, para que el alma de mi padre descanse en paz. - contestó con frialdad la muchacha.
- Pe...pero...tú...tú… p-prometiste… - Rembert temblaba de forma incontenible. No era capaz de formular frase alguna.
Anna apretó con fuerza los puños. Lamentaba mucho no tener su espada en ese momento, para poder cortarle la cabeza al desagradable hombre que tenía en frente. Pero aún sin su arma, estaba dispuesta a asesinarlo. No podía sacarse ese pensamiento de la cabeza. Law, por otro lado, la observaba cuidadosamente. Los ojos de Anna no se habían despegado ni un instante del viejo doctor. Sus amenazas de acabar con la vida del hombre parecían ir muy en serio. Law nunca había visto esa expresión en el rostro de la muchacha. Parecía completamente poseída por la idea de la venganza. En ese momento, Anna parecía despedir una suerte de aura oscura que atemorizaría a cualquiera, menos a Law. Él, en cierto modo, entendía aquel sentir de la muchacha.
- ¿Y bien… estás preparado? - soltó Anna, mientras daba un paso en dirección al viejo Rembert, con toda la intención de enterrar con fuerza su puño en su ya desfigurado rostro.
-Espera, Anna-ya. - habló Law, con voz firme. - Aún no le hemos preguntado lo más importante.
Anna se mordió el labio. No quería esperar a que Law hiciese su pregunta. Sentía deseos incontenibles por empezar a cobrarse su venganza. El viejo herbólogo no le producía ya ningún tipo de curiosidad, solo asco.
- ¿Qué es lo que estaba intentando desarrollar? - continuó Law.
-A… algo que hubiera cambiado el mundo… - contestó el viejo, recuperando su capacidad para hablar. - Lo que yo quería era…
Rembert no pudo terminar la frase, porque de pronto la puerta se abrió de golpe. Detrás de esta se encontraba Yusuf, junto a otros hombres armados.
- Pero miren que tenemos acá, dos piratas de la infame tripulación de Donquixote. - habló el pirata del bigote.
- Parece que descubrieron nuestro barco. - comentó Law, tranquilo pese a que acababan de ser descubiertos por el enemigo.
- Ahora es evidente que se dejaron capturar por nuestros hombres. ¿Con qué propósito? - los interrogó Yusuf.
- No tengo ninguna obligación de responderte. - fue la respuesta del joven de ojos grises.
- ¡Señor Yusuf, ayú…! - el viejo herbólogo intento correr en dirección del pirata, pero Anna lo sostuvo fuertemente del brazo.
-¡Estúpido mocoso! ¿Crees que dudaríamos en matarlos? - el pirata levantó el brazo, como señal para que sus hombres levantaran las armas. Al mismo tiempo, Law creó un Room que cubrió la habitación por completo.
-¡Tact!
Los frascos de los estantes empezaron a volar por toda la habitación y terminaron estrellándose contra los hombres. Al liberarse y mezclarse, algunas sustancias produjeron pequeñas explosiones, que crearon una pequeña cortina de humo que fue utilizada por Law y Anna para escapar junto al herbólogo, utilizando una puerta trasera.
- Nos lo llevaremos. - comentó Law, mientras arrastraba el cuerpo del viejo doctor, que había quedado inmovilizado por las habilidades de Anna. - Aún hay cosas que quiero preguntarle.
Anna no respondió, pero estuvo de acuerdo con la decisión de Law. No podía dejar que el viejo doctor continuara haciendo de las suyas, mientras gozaba de la protección de un pirata, y mientras el alma de su padre no encontraba descanso en el otro mundo.
Ambos corrieron por un largo corredor que finalmente terminaba en una especia de sala pequeña con varias puertas.
- ¿Por dónde debemos seguir? - preguntó Anna, pero Law ignoró su pregunta y le dejó al doctor.
- Tú busca la salida y dirígete a nuestro barco. Yo recuperaré nuestras armas.
- Pero… ¿cómo? Ni siquiera tengo un arma…
En ese momento, una de las puertas se abrió y un grupo de soldados entró. Law utilizó sus habilidades para desarmarlos rápidamente y luego, se bastó con su fuerza física para dejarlos inconscientes.
- Toma. - el de ojos grises le entregó a Anna una pistola pequeña y una espada que había tomado del soldado. - No hagas ninguna tontería. Nos vemos en la costa.
Law cogió una espada también y salió apresurado por una de las puertas. Anna dejó escapar un suspiro de exasperación, y luego le dedicó una mirada de desprecio al viejo hombre que yacía inmóvil a su lado. Sabía muy bien a que se había referido Law cuando le había dicho que no hiciera ninguna tontería. Por un momento, sintió fuertes deseos de clavar la espada que Law le había dado en el pecho del doctor, pero luego cambió de idea. Quizás aún podía sacarle información al doctor. Luego, se encargaría de hacerle pagar muy lentamente. La muchacha hurgó en los pantalones del soldado y tuvo suerte en encontrar unas esposas de metal, las cuales colocó en las muñecas del doctor, que lentamente empezaba a recuperar la movilidad de su cuerpo.
- Será mejor que no me ponga las cosas difíciles - Anna lo obligó a ponerse de pie. - O si no tendré que reconsiderar lo de matarlo ahora mismo.
El viejo asintió levemente. Anna lo cogió del brazo y lo obligó a salir con ella por la puerta contraria a la que había tomado Law, esperando que esta condujera a la salida.
Continuará…
Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar. Este capítulo sí que me costó escribirlo. Para esta historia, no tengo un esquema bien definido… tengo ideas, pero aún tengo muchos problemas en la trama que solucionar, así que voy a paso a paso con cuidado. Normalmente, publico un capitulo cuando ya tengo el sgte. casi terminado o terminado, por si cambio de idea en la trama y tengo cambios que hacer. Esta vez no ha sido así, y el cap. nueve está en pañales. He decidido seguir este camino en la trama por más complicado que sea.
Respecto a los nombres de los piratas, quería usar el del Pirata Barbarroja, pero pensé que, ya que es un pirata muy famoso, quizás Oda quiera usarlo después… o hacer alguna clase de referencia. Aunque creo que en un relleno ya escuchamos de un pirata así. Así que decidí usar el verdadero nombre de dicho pirata con ciertas variaciones. Soy mala para inventar nombres así que siempre busco nombres históricos o de lugares, ese es el caso para la mayoría de personajes de este fic. Así, Anne sale de 'Anne Bonney'; su apellido, Read, de Mary Read, y el apellido Rackman es una variación del apellido del pirata Jack Rackham. Aunque no es una variación voluntaria, sólo que me equivoqué al escribirlo la primera vez y así quedó. Ah, y todos son piratas : )
Bueno, eso es todo lo que tengo que decir por ahora. Muchas gracias a todos los que siguen este fic. Espero que les haya gustado el capítulo… Habrá más acción en el sgte. ¿Y el romance? Si , pronto llegaré a eso, lo prometo. Chaoooo.
