HEAVENLY BLUE

Disclaimer: One Piece no me pertenece, es obra del maravilloso Eichirou Oda, si no, no tendríamos que pasar tantos capítulos del manga sin ver a Law XD

UNDÉCIMO CAPÍTULO

Luego de intensos minutos de sufrimiento, las aguas por fin parecieron calmarse. Anna no se dio cuenta en qué momento el barco dejó de sacudirse. Simplemente sucedió. No obstante, aún cuando las olas ya no amenazaban con hundirlos, la joven se mantenía aferrada con todas sus fuerzas al barandal del barco, usando toda la fuerza de su brazo derecho y la que le quedaba del brazo izquierdo. Law, en cambio, consciente de que estaban a salvo, se puso de pie, aunque el barco seguía balanceándose, pero ya sin tanta fuerza.

Los puños del doctor temblaban de ira. Había perdido no sólo a su valioso rehén, sino que también había fallado en su objetivo. Joker no iba a estar para nada complacido y sería él quien tendría que enfrentar las consecuencias. Sin decir nada, Law se adentró en el barco, en busca del Eternal Pose que había dejado antes de desembarcar en la isla. Lo encontró al cabo de unos minutos, debido al desorden que el violento viaje había generado, y de inmediato volvió a salir a cubierta. Para entonces, Anna había abandonado ya el barandal y su espalda se encontraba apoyada sobre el mástil del barco. Su pecho subía y bajaba de forma acelerada.

- No te ves nada bien, Anna-ya. - habló Law, mientras se acercaba a la muchacha. Una sonrisa burlona estaba dibujada en su rostro.- Parece que tuviste más dificultades de las esperadas.

Anna no contestó. El doctor se agachó frente a ella.

- Déjame ver esto. - intentó examinar la herida de la muchacha, pero esta se cubrió el hombro con la mano.

- Ocúpate de tus asuntos. - espetó, con voz fría.

- Eso hago. Soy el médico de la tripulación. Joker empezaría a dudar de mis habilidades si dejara morir a su subordinada por una simple herida de bala.

Resignada, Anna dejó que Law examinara su hombro.

- Sácate la chaqueta. - ordenó el doctor. Anna así lo hizo. Con movimientos firmes pero sin violencia, Law rompió la tela de la blusa de la muchacha, para tener una mejor visión de la herida. - Esto no te va a gustar Anna-ya. La bala ha quedado incrustada en el hueso. Debo sacarla.

- Está bien… pero date prisa.

Law sonrió.

- Al contrario, debo ser muy cuidadoso. No queremos que más tejidos se dañen.

Anna se mordió los labios. Podía jurar que el doctor disfrutaba el momento.

- ¿Con qué vas a sacarla?

- No tengo suficientes herramientas. Para tu mala noticia, adentro es todo un desastre y hasta el agua es escasa. Pero no te preocupes, tengo un método lo suficientemente efectivo. -Anna entendió a qué se refería el doctor. - Pero como te dije, no puedo ser descuidado.

- Bien, tómate tu tiempo, estaré bien. - habló la muchacha, con cierto tono de sarcasmo. Luego, se preparó para ser víctima de un gran dolor.

- Room. Tact.

Usando sus poderes, Law empezó a extraer la bala del cuerpo de la muchacha, cuidando de que en su salida, la bala hiciera el menor daño posible. Las uñas de la muchacha se clavaron en el suelo de madera del barco, mientras con los dientes apretados, hacía todo lo posible por acallar los gemidos de dolor que amenazaban con salir de su boca. Sentía como si la bala estuviese penetrando nuevamente en sus huesos, pero de forma muy lenta. El dolor era tan fuerte, que por momentos sintió que la conciencia la abandonaba, pero su fuerza de voluntad la trajo de vuelta a la realidad. No pensaba desmayarse frente al doctor. Se negaba a mostrar más signos de debilidad. Suficiente había tenido con dejar que Law la salvase en dos ocasiones.

- Ah…ah… - Anna dejó escapar un leve gemido cuando la bala finalmente abandonó su cuerpo. Atisbos de lágrimas se formaron en sus ojos.

- Has perdido mucha sangre, y lo seguirás haciendo a menos de que hagamos algo con esa herida. Intentaré hacer algo - Law se puso de pie y se dirigió hacia la pequeña área de cocina del barco. Usando su habilidad, intentó poner un poco de orden al caos.

Anna, por su parte, esperaba inmóvil en cubierta. Sentía que ,con cada segundo que pasaba, su cuerpo se debilitaba más y más. Por momentos, su vista se tornaba borrosa y respirar se hacía cada vez más difícil. ¿Cuánto tiempo más aguantaría en ese estado, soportando todo ese dolor? Si no hubiese sido tan descuidada, no estaría pasando por eso. ¿Cómo se había permitido terminar en un estado tan lamentable? Anna no pudo evitar sentir una gran rabia consigo misma.

Todavía soy débil… Muy débil…

- ¿Aún vives? - Law salió del interior del barco con una olla humeante y la colocó frente a Anna. Se trataba de agua hervida. El doctor sumergió un pedazo de tela en la olla, sin inmutarse por el agua caliente que había tocado su piel. Luego de esperar un tiempo, Law retiró la tela y la presionó encima de la herida de Anna, con el fin de detener la hemorragia. Anna hizo una mueca de dolor, pero ningún sonido abandonó sus labios. - Suficiente tenemos con la pérdida de sangre como para tener que lidiar con una infección.

- Sólo.. eso me faltaría. - Anna metió su mano derecha en el bolsillo de su pantalón y sacó de este las gruesas hojas de la planta medicinal que había cogido en la isla. - Usa esto… combate infecciones.

- Suspiro del diablo, ¿verdad? - Law recordó el nombre de la planta. Anna asintió débilmente. - Necesito tu espada. Es más pequeña y fácil de maniobrar que la mía.

Law agregó lo último luego de ver la mirada de desconfianza de la muchacha. El joven doctor se sorprendió de la tozudez de la muchacha, aún en situaciones en donde su vida corría peligro. Anna dejó escapar un suspiro y finalmente decidió encargarle su espada al pirata. Este, con mucha habilidad, se encargó de cortar la hoja, de modo que pudiese extraer el gel medicinal que contenía.

- El gel… amarillo del borde… descártalo… usa el del medio…más efectivo... - le indicó Anna, de forma entrecortada. Hablar se hacía cada vez más difícil para ella.

Law no respondió, pero hizo lo que la muchacha le pidió. Tras limpiar la herida, vertió el gel de la hoja sobre un paño limpio y lo colocó sobre el hombro lastimado de la muchacha.

- No puedo hacer nada más en estas condiciones. - con un nuevo paño, Law empezó a cubrir la herida de la muchacha - Necesitas una operación y una transfusión de sangre.

Luego de asegurar el vendaje improvisado sobre el hombre de Anna, Law se dispuso a revisar el Eternal Pose que había recibido de Doflamingo. El barco se encontraba ya en el curso correcto, pero llegar hasta su base podría tomar al menos un día entero. No estaba seguro de si Anna podía esperar un día. Pero no había nada más que pudiera hacer. Todo dependía de la propia fuerza de la muchacha. Sabiendo que no podía ayudarla más, se dispuso a tratar sus propias heridas, las cuales eran superficiales.

…..

Una tenue luz amarillenta, proveniente de una vela, iluminaba la sala. Oculta tras una puerta, Anna no podía escuchar lo que decían sus padres. Muy despacio, empezó a empujar la puerta y asomó su cabeza. Entonces, vio a su padre sentado sobre la mesa. Su esposa estaba de pie a su lado. Había una tercera persona. Se trataba de un hombre de contextura gruesa, cuyo rostro Anna no pudo distinguir desde la posición en la que se encontraba. De pronto,el hombre se volteó y Anna logró ver bien su rostro. Era el doctor Rembert. Anna quiso salir de su escondite y advertir a sus padres de que no confiaran en ese hombre, pero su cuerpo parecía haberse congelado. No era capaz de mover un músculo. Como si hubiese sido víctima de su propia habilidad. De pronto, la puerta de su casa se abrió y dos hombres entraron. Uno era muy alto y corpulento, mientras que el otro apenas llegaba al metro cincuenta. Eran los asesinos de sus padres. Anna intentó gritar, correr hacia sus padres, hacer cualquier cosa. Pero no podía. Ante sus ojos, llenos de lágrimas, la estancia se llenó de sangre. Piso, ventanas, paredes, puertas… todo parecía cubierto por aquel líquido carmesí. De un momento a otro, los cuerpos de todos se desvanecieron, y en su lugar, sólo quedó una figura: un hombre de más de dos metros de altura, vestido con un enorme saco de plumas. Sus ojos estaban escondidos tras unas gafas de sol.

- Es una pena que decidieras traicionarme, Anna-chan. Tenía grandes expectativas en ti.

Anna no pudo responder. Detrás de Doflamingo, la figura de Trafalgar Law emergió.

- Encárgate de ella, Law. - ordenó el pirata mayor. Law desenvainó su espada y empezó a caminar en dirección a Anna. Por más que lo intentara, la muchacha no podía moverse. No podía hablar siquiera.

El joven doctor se detuvo frente a ella y levantó su espada.

- Adiós, Anna-ya.

Anna abrió los ojos de súbito. Ya no estaba en cubierta, si no en el interior del barco, acostada sobre un colchón. Su cuerpo había sido cubierto por una manta. No recordaba cómo había llegado hasta ese lugar. Probablemente se había desmayado en cubierta y Law la había llevado adentro. Law, el hombre que la delataría ante Doflamingo. Anna se preguntó si él mismo sería el encargado de ejecutarla. La muchacha apretó los puños. ¿Qué debía hacer? ¿Esperar lo inevitable? O quizás… ¿debía actuar? Quizás sería menos humillante si Law la mataba en ese barco, sin que tuviera que ver el rostro sonriente del hombre que más odiaba en el mundo. No quería darle esa satisfacción a Doflamingo.

Con mucho esfuerzo, Anna cogió su espada y logró ponerse de pie. Con solo dar unos pasos, ya se sentía agitada. Respiraba de forma entrecortada. Sentía los músculos entumecidos por el frío. El dolor en su hombro no la había abandonado. Aún así, se obligó a caminar.

Law se encontraba en cubierta, con la vista fija en el horizonte, en el cual el sol empezaba a esconderse.

- No deberías caminar. Sólo aceleras tu muerte. - habló Law, en cuanto sintió la presencia de la muchacha detrás de él. No necesitó voltear para verla.

- Es verdad… de una u otra forma… voy a morir… ¿cierto?

Law no respondió. Anna intentó acercarse, pero su cuerpo la traicionó y terminó desplomándose en el suelo. La muchacha esbozó una media sonrisa. Se sentía patética. Casi podía reírse de lo tonta que se sentía. No había forma de que pudiese siquiera tocarle un pelo a Law en las condiciones en la que estaba. Como pudo, se arrastró hasta llegar a una de las paredes del barco y ahí se quedó, con la espalda apoyada sobre la fría madera.

Law se dio la vuelta para encarar a la muchacha. Su mirada se detuvo en la espada que la joven apretaba con fuerza con su mano derecha.

- Todos vamos a morir, eso es un hecho, es algo que no podemos decidir. - contestó Law. - Cuándo y cómo, sin embargo, es una elección que sólo algunos pocos privilegiados pueden tomar.

- ¿Privilegiados? ¿Quiénes?

- Aquellos que son fuertes.

Anna sonrió.

- ¿Como tú y Doflamingo, que deciden sobre la muerte de otros como si no fueran nada? - Anna pensó en sus padres. Ellos no habían elegido morir. No sabían siquiera que esta llegaría de forma tan violenta. ¿Por qué? ¿Acaso porque eran débiles?

- Realmente lo odias, ¿verdad? Pero con odio solo, no vas a conseguir matarlo.

- Lo sabía… Siempre supe eso... Sabía que el odio solo... no me daría las fuerzas suficientes para derrotarlo. - confesó Anna. Hablar le causaba dolor, pero por algún motivo, no podía dejar de hacerlo. Quizás porque callar resultaba más doloroso. - Pero al menos… me motivaba…

-¿En verdad pensaste que lo lograrías tú sola?

Anna no contestó de inmediato. Anna también quería saberlo. ¿Desde un principio, pensó que lo lograría? No era estúpida. Conocía el enorme poder de Doflamingo. Sabía que tenía una misión casi imposible, ya que su deseo era no sólo tomar la vida de ese hombre sino destruir todo en torno a él. Sólo así estaría satisfecha… (?)

- No tienes ni idea de qué tan fuerte puede ser Doflamingo. Una niña como tú jamás podrá superarlo, ni en fuerza ni en inteligencia. - siguió hablando Law. - Perseguir un sueño así, es como intentar atrapar el aire con las manos.

- Da igual… - respondió finalmente Anna. Sus ojos parecían perdidos, pero su voz escapaba con firmeza de sus labios. - No se trataba de eso… ¿Realmente podré lograrlo? ¿Podré vengar a mis padres? ¿Seré capaz de hacerlo? Me pregunté eso muchas veces… No lo sé… Nunca lo supe… Nunca estuve segura de cómo lo haría… si lo lograría… pero…

Anna se detuvo para toser. Sentía que las fuerzas la abandonaban. La herida le dolía. Su cuerpo se entumecía por el frío. Sin embargo, no podía dejar de hablar. Las preguntas que le hacía Law eran las misma que se hacía ella constantemente. Y las respuesta que obtenía desde lo más profundo de su ser nunca eran sinceras. Siempre eran tergiversadas por su propia mente, ansiosa de alimentarse con engaños que la impulsaran a seguir adelante. Pero en esa ocasión, sólo por esa ocasión, iba a permitirse ser sincera. Aunque Trafalgar Law la escuchara, no le importaba. Aunque luego este le contara todo a Doflamingo. Anna sonrió. De todos modos, lo que ya sabía era suficiente para hundirla. Sólo la muerte la esperaba cuando volviesen a pisar suelo firme, si es que la muerte no decidía encontrarla antes de que eso sucediera.

- Tenía que creer, tenía que creer que podría… aún si era una mentira… - siguió Anna.

- ¿Por qué?

- Porque… porque… esa era mi única luz. Sólo aquel pensamiento… sólo eso… esta ambición, es lo único que tengo. No me queda nada más. No me importa si es real… o una mentira… para mí, es mi única verdad. Sólo por ese deseo, he vivido hasta este día.

Los labios de Anna se sellaron, así como sus párpados. Víctima del cansancio y el dolor, la muchacha volvió a perder la conciencia. Law se quedó en silencio, observando atentamente a la joven inconsciente.

Sólo por ese deseo, he vivido hasta este día.

Una débil sonrisa se dibujó en los labios del joven doctor. "¿Un deseo?" Law se preguntó a sí mismo cuál era su deseo para vivir. ¿Tenía uno? ¿Por qué había decidido vivir, aún cuando ya había perdido lo que consideraba más importante? Quizás no tenía uno propio. Si alguna vez lo tuvo, no podía recordarlo. Pero sí tenía un deseo, un deseo heredado, un deseo por el cual valía la pena arriesgarlo todo, como había hecho Anna. Quizás, al igual que Anna, ese deseo era para él una luz en medio de tanta oscuridad. Law rió para sí mismo. Así que en el fondo, él también quería algo de luz que iluminara su ensombrecido camino. Pero a diferencia de Anna, él no había hecho nada para llegar a esa luz. ¿Qué pensaría esa persona de él si lo viera en ese estado? ¿Vería a Law como un traidor? Quizás había llegado la hora de empezar a mover sus fichas. No podía seguir esperando que su oportunidad llegara por sí sola.

Law se sintió como un estúpido. Había estado viendo a Anna por encima del hombro todo ese tiempo, pero en realidad, habían resultado ser más parecidos de lo que le hubiera gustado admitir. Ambos estaban tras lo mismo. Y ambos parecían lo suficientemente idiotas como para creer que tenían una posibilidad.

"Yo también, lo apostaré todo", se decidió Law.

Continuará…

Este es uno de los capítulos que más disfruté escribir. Ojalá a ustedes les haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Siento que por fin Law y Anna dieron un lento paso hacia una relación un poco más amigable… Pero por supuesto que tienen que llegar más lejos, ¿no?

Respecto a cierta frase de Anna…'por ese deseo he vivido hasta este día', es un parafraseo de una frase que el mismo Law usó en el manga. Me pareció buena idea redactarlo así, porque remarcaría el parecido entre Law y Anna que es para mi sobre lo que se basa su relación. Ambos han vivido cosas parecidas y tienen objetivos parecidos, cuando lo acepten y empiecen a confiar el uno en el otro, su relación florecerá xD

Sobre a quien me refiero con 'esa persona', seguro que todos saben a que me refiero, ¿no? Una pregunta: ¿Creen que Cora-san era hombre o mujer?

Bueno, espero que les haya gustado el capítulo. Espero no tardar mucho con el siguiente. Saludos y muchas gracias por leer este fic.