HEAVENLY BLUE
Disclaimer: One Piece no me pertenece, es obra del maravilloso Eichirou Oda. Si no, no estaría comiéndome las uñas por conocer el pasado de Law.
DÉCIMO TERCER CAPÍTULO
Tres meses pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Anna, con la cabeza apoyada en una de las ventanas de la biblioteca del palacio, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido en el salón del trono, cuando Law y ella se presentaron ante Doflamingo para hacer el reporte de su fallida misión. El recuerdo de la brutalidad del castigo de Vergo permanecía fresco en su memoria, así como la imagen de la vacía expresión en el rostro del doctor cuando ambos abandonaron el recinto. En tres meses no había vuelto a ver a Law. Ya sea porque ambos se encontrasen fuera en una misión o porque el joven estuviese empeñado en evitarla(aunque de eso no estaba segura), Anna no había podido encontrarse frente a frente con él.
Y por primera vez, la muchacha realmente deseó verlo, por diversas razones. La lógica, según ella, era porque quería preguntarle el motivo por el cual él no la había delatado ante Doflamingo. El cirujano conocía su pasado, sin embargo, no se lo había contado a su jefe. Prueba de ello era que Anna continuaba con vida. La otra alternativa, era que tanto Law como Doflamingo le estuviesen tendiendo una trampa, pero la muchacha se negaba a creer en ello. Por algún motivo, le dolía pensar en esa posibilidad.
La otra razón por la que quería verlo era difícil de explicar para Anna. No era que se preocupara por él, pero de pronto, un enorme deseo por conocer más sobre el doctor había nacido en la muchacha. ¿Era Law tan unido a Doflamingo como ella pensaba al principio? Al parecer no. ¿Cuáles eran los verdaderos sentimientos de Law?¿Por qué estaba con él cuando parecía no tenerle el menor aprecio? Anna quería encontrar las respuestas, pero no sabía por dónde empezar.
Su angustia la llevó a abandonar la biblioteca del palacio y a empezar a caminar sin rumbo definido por los alrededores. Estar sentada con la vista fija en un solo lugar sólo hacía que sus preocupaciones se acumularan con mayor velocidad en su cabeza. Quizás un paseo podría ayudarla a ocupar sus pensamientos en algo más.
Sus pasos se detuvieron frente al pequeño riachuelo donde por primera vez habló con Law. ¿Por qué había llegado a ese lugar? Antes de que su mente ensayase una respuesta, la mujer percibió la presencia de una persona a sus espaldas. Anna se dio la vuelta de forma abrupta y sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse frente a frente con Law, de la misma forma que había sucedido hace algunos meses, cuando lo vio por primera vez.
- Sígueme. - habló Law, antes de que Anna pudiese decir algo, y luego se dio media vuelta. Anna se quedó inmóvil y en silencio unos segundos hasta que decidió seguirlo. Ninguno de los dos pronunció palabra alguna hasta que se adentraron en el palacio y llegaron a una habitación que resultó pertenecer al doctor.
Una vez adentro, Anna no pudo evitar maravillarse con la colección de libros sobre medicina que ahí encontró. Sin embargo, rápidamente se sacudió esos pensamientos de la cabeza y se concentró en cosas más importantes.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? - inició el interrogatorio la muchacha.
- He tenido cosas importantes en qué ocuparme. - contestó con seriedad el doctor.
- ¿Por qué no le has contado a Doflamingo...?
-No tengo tiempo para preguntas inútiles. - Law cortó a Anna y le entregó un libro. En cuanto la muchacha lo tomó, se dio cuenta que era el libro de drogas naturales del doctor Rembert. - ¿No querías echarle una ojeada a esto?
Anna tomó el libro con fuerza, como si quisiera romperlo con sus propias manos. Aquel era el trabajo del hombre que tanto odiaba. Y pensar que en otro momento veía ese libro como un objeto codiciado, pero en ese instante sólo le traía recuerdos del viejo al que pudo haber matado.
- Deja tus sentimientos a un lado y ábrelo. - habló Law.
- ¿Qué pretendes que haga con esto? No necesito leerlo.
- Quizás si. Después de todo, ese libro podría ayudarnos a descifrar los secretos del hombre al que quieres matar.
Como respuesta, Anna decidió abrir el libro y ojear sus páginas. Al principio, el libro describía drogas básicas, pero a medida que pasaba las hojas, la complejidad del material se acrecentaba.
- Rembert escribió este libro unos años antes de que se hiciera una relación entre él y el hombre experto en drogas naturales del bajo mundo, Rackman Ray. - explicó Law.
- ¿Crees que lo escribió para dejar algún mensaje? - preguntó Anna, sin despegar sus ojos del libro.
- Hay que analizar todas las posibilidades. ¿Encuentras algo interesante en la forma como está estructurado?
- No realmente. Están catalogadas por rareza, al parecer, lo cual no es excepcional. No veo drogas especialmente polémicas por su uso, tampoco. Es un catálogo completo, pero nada que deba considerarse peligroso.
- Aunque muchas de esas plantas no habían sido catalogadas antes.
- Puede que nadie las conociera, pero mi padre sí. Yo las conozco todas, las tengo memorizadas.
Law esbozó una leve sonrisa. Tal como había pensado, los conocimientos de la muchacha eran vastos. Parece que había recibido toda la educación necesaria de su padre, un genio por encima de Rembert.
- Parece que el viejo Rembert era en verdad un doctor fracasado que dependía de tu padre. - comentó Law. - No hay duda de por qué estaba realmente perdido sin él. Es por eso que lo buscó con tanta desesperación, para pedirle ayuda.
Anna recordó lo que les había contado el viejo herbólogo. Había buscado a su padre para que le ayudara a crear lo que Doflamingo le había pedido, pero el doctor Rackman se había negado a ayudarle. Incluso lo había convencido de abandonar sus oscuros negocios, o eso había dicho Rembert. Pero, ¿decía la verdad? ¿Realmente abandonó sus trabajos por dos años? Probablemente el doctor había mentido ahí.
- De alguna manera tu padre logró hacer que el viejo doctor dejara de fastidiarlo por un tiempo, porque dudo mucho que se haya resignado a dejar su trabajo. - sugirió Law. Anna asintió.
- Yo también lo dudo.
- Este libro puede ser el resultado. Quizás tu padre sí le proporcionó información a su viejo amigo, y como resultado, nació este libro.
- ¿Por qué mi padre ayudaría a alguien que usurpó su identidad? - quiso saber Anna, no convencida por la explicación de Law.
- Quizás habían amenazas de por medio, o un interés de tu padre por apoyar las investigaciones de su viejo amigo. Después de todo es difícil de creer que un hombre que llegó a trabajar en el gobierno mundial para seguir sus ambiciones abandonara sus sueños porque sí. Ya sea porque en verdad nunca abandonó su trabajo o porque la visita de Rembert lo motivó a retomar sus investigaciones, tu padre nunca se resignó a dejar atrás los objetivos de toda una vida.
- ¿Cómo puedes decir eso sin saber? ¡Sólo estás especulando sin tener pruebas! - Anna no pudo evitar alterarse. No quería creer otra cosa que no fuera que su padre era un civil inocente cuyo destino había sido signado por el engaño de un hombre a quien creyó su amigo. No quería creer en la responsabilidad de su padre en el fatal destino de su familia.
- Es verdad, no tengo pruebas concretas, pero, hazte estas preguntas: ¿Por qué si supuestamente Rembert le advirtió a tu padre de las intenciones de Doflamingo, no pensó primero en huir con su familia para ponerla a salvo?
Anna no encontró una respuesta inmediata. Recordaba lo que les había contado el viejo: "Le escribí a tu padre, advirtiéndole de Doflamingo y rogándole que aceptara cualquier petición que este tuviera que hacerle". Ella misma recordaba esa carta. Su padre la había recibido el mismo día que los hombres de Doflamingo fueron a buscarlos. Ella no la había leído, pero por el rostro que su padre puso al recibirla y tras escuchar luego la confesión del doctor, supo que tenía que tratarse de esa carta. ¿Por qué su padre no decidió escapar en ese mismo momento entonces?
- No sabemos si es verdad… Quizás la carta de Rembert no era una advertencia… quizás...
- Hay muchas cosas que no podemos saber y que quizás nunca sepamos. Tu padre pudo haberse ido a la tumba con una verdad que podría cambiar toda tu realidad, Anna-ya. Pero hay algo que parece cierto, y es que tu padre guardaba un secreto que podría ser clave en esto.
Anna se quedó en silencio. Se lo imaginaba. Su padre, aún cuando parecía una persona amable, dispuesto a compartir con ella todos sus conocimientos, podía comportarse de una manera distante en ocasiones.
- Pero aún si fuera como dices… - comenzó Anna - no hay forma de saberlo. Mi padre murió sin decirme nada. No quedó nada de él.
- Eso no es del todo cierto. - respondió Law. - Tienes un poco de su conocimiento en tus manos.
Anna se fijó en el libro de Rembert que aún sostenía. Si Law tenía razón, ese libro se había escrito con el conocimiento de su padre. ¿Podía encontrar un mensaje oculto en él? Con cuidado, volvió a examinarlo, intentando descifrar algo. Luego de releer detenidamente el índice del libro, le pareció encontrar cosas inusuales. Algunos nombres parecían fuera de lugar y desobedecían a la estructura lógica del libro.
- Si ese viejo fue capaz de descifrar algo, es probable que tú también puedas, Anna-ya.
- Hay elementos fuera de lugar. - Anna colocó el libro sobre el escritorio de Law y buscó una pluma, con la cual marcó algunos nombres del índice. Law se acercó a ella, y por encima del hombro de la muchacha, empezó a observar lo que esta hacía. - Todas son drogas raras que podrían haber tenido una ubicación distinta en el contenido. Si las analizamos de forma individual, no serían especialmente peligrosas, pero…
- Pero…
- Sintetizadas, pueden producir una sustancia altamente estimulante y de uso prohibido. Pero entonces quedan al aire estas otras tres plantas… quizás si las agrupamos en dos, o tres… - empezó Anna, concentrada en la información que extraía del libro. Habían muchas posibilidades. Law no pudo evitar impresionarse por la velocidad con la que trabajaba la cabeza de la muchacha. Cuando se concentraba, podía ser más inteligente de lo que había juzgado al inicio. Quizás ni siquiera la propia Anna era consciente de su verdadero potencial.
- Será mejor que lo revises con cuidado. Quizás encontremos la clave de lo que ese doctor estaba tramando.
- ¿Y después? Aún si descubrimos qué es lo que planeaba hacer, ¿cómo eso nos podría servir de alguna forma?
Law no tuvo tiempo de contestar cuando de pronto escucharon fuertes golpes en la puerta. Quienquiera que sea que estuviese detrás de ella, tenía prisa por velos. Con una seria expresión en el rostro, Law abrió la puerta. Detrás de esta se encontraba el pequeño Dellinger, que observaba a Law y a Anna con una mirada de sospecha.
- Así que ya volviste de tu misión. El joven amo quiere verte. - habló el menor.
- Dile a Doflamingo que en un momento lo buscaré. - fue la respuesta de Law.
El doctor estaba por cerrar la puerta, pero el pie de Dellinger lo detuvo.
- ¿Qué hacen ustedes dos aquí, solos? - preguntó el niño, lleno de curiosidad, mientras paseaba sus ojos entre ambos piratas. - ¿Están tramando algo?
- No. - contestó Law, con naturalidad.
- ¿Y entonces? Quizás deba decirle al joven amo…
- No hay motivo para que lo hagas. - insistió Law, con cierto fastidio.
- No lo haré si me dices que hacían. No es normal que te reúnas a solas con alguien de la familia, Law. Dime o le contaré al joven amo.
Anna frunció el ceño. Dellinger era un niño entrometido. Si no escogían la excusa adecuada que dejara satisfecho al pequeño pirata, este seguiría molestándolos e incluso podría llegar a problemas mayores con Doflamingo. ¿Cómo podían simplemente deshacerse de él sin usar algún método violento que incitara mayores suspicacias?
- ¿Por qué tan callado? - insistió Dellinger. - ¿Qué es lo que no me puedes decir?
Law le dedicó una mirada llena de seriedad, aunque por dentro, sentía fuertes deseos de deshacerse del mocoso a patadas.
- Nosotros… - empezó a hablar el joven cirujano, con un tono neutral. - Teníamos sexo.
El silencio se apoderó del lugar. La expresión burlona de Dellinger se borró por completo, dejando en su lugar un rostro pálido de la sorpresa que poco a poco empezó a tornarse de un tono rojizo. El pequeño se había quedado sin palabras.
- Ahora que lo sabes, déjanos tranquilos. - Law aprovechó el desconcierto del menor para cerrar de un portazo. Luego, se volteó para ver a Anna y descubrió que la muchacha lo veía con el rostro tan ruborizado como el de Dellinger, o incluso más.
-¿¡Có-cómo has podido decir eso!? - exclamó la muchacha, enrojecida por el enfado y la vergüenza.
- Era la forma más rápida y eficaz de mantenerlo alejado de nuestros asuntos. Seguro que no querrá volver a llamar a esta habitación. - contestó Law, con total serenidad. -Ahora, llévate el libro y examínalo lo más que puedas. Debo presentarme ante Doflamingo. Hablaremos luego.
Law se retiró de la habitación, dejando a la muchacha con un nudo en la garganta. No podía creer el descaro del pirata para dar una explicación tan vergonzosa a un niño.
-¿Qué se ha creído? - murmuró la chica, para sí misma, incapaz de tranquilizar el violento latir de su corazón. Pasaron varios minutos hasta que el color de su rostro finalmente volvió a la normalidad.
La oscuridad reinaba ya en toda la isla. Anna se encontraba en su habitación, examinando el libro del doctor Rembert, cuando un pedazo de papel apareció de repente frente a ella. La muchacha desdobló el papel y descubrió un mensaje: "ven al puerto". Anna tomó su espada y de inmediato se dirigió al lugar indicado, donde encontró a Law esperándola junto a una embarcación.
- ¿Para qué me llamaste? - inquirió la muchacha.
- Doflamingo se ha marcado, junto con Picas, Trebol y Diamante. Están tramando algo grande. Es nuestra oportunidad para poner en marcha nuestro plan. - explicó el doctor.
- ¿Nuestro plan?
- Si. Nuestro para exterminar a Donquixote Doflamingo.
Continuará…
Después de más de un mes, por fin puedo actualizar. Lamentablemente, entre los estudios y el trabajo me quitan tiempo para sentarme a escribir tranquilamente. Siento tener que tardar tanto, pero creo que… es mejor, tarde que nunca, así que aunque sea de a pocos, me dedicaré a escribir este fic hasta terminarlo. Este capítulo estaba un poco serio, hasta cierta escena del final que me ayudó a romper la tensión. No se si salió un poco rara jeje pero a mi me divirtió escribirla asi que la dejé.
Ahora que Law y Anna empezarán a trabajar en pos de un objetivo en común, tendrán muchas más oportunidades de conocerse a fondo. Todo empieza por la confianza, y es en este aspecto que su relación empezará a mejorar.
Espero no tardar mucho con el sgte. cap. Saludos y gracias por el apoyo que me han dado hasta ahora a través de sus follows, favorites y sus comentarios. Me ayudan muchísimo.
