Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y a la saga Crepúsculo, sólo me adjudico la historia y algunos personajes.
"Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo."
Abraham Lincoln.
Capítulo 3: Anthony Cullen.
Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad
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Mi camita estaba suavecita, podía sentir el aire fresco de la mañana. Escucho las aves cantando a lo lejos y el frío de Forks empañando los vidrios de las ventanas. Mis sábanas eran moradas, mi color favorito. Mi cabello estaba enmarañado sobre la almohada. Estaba en paz, era el único momento de calma que tenía.
—¡Isabella, ven aquí! —Vociferó Renée, sobresaltándome.
Me levanté con rapidez, metiendo mis piecitos en las pantuflas desgastadas de mi mamá. Me miré en el espejo y noté que mi ojo no había mejorado. A ella no iba a gustarle, aella no le gustaba que la llamaran de la escuela porque creían que me maltrataba. Mi maestra no entendía que mi mami era buena, sólo un poco estricta.
Temblé con mucho miedo al visualizar el reloj.
Mi mami me golpeaba y mi papi me despreciaba. Según ellos, era un gran error en sus vidas, pero ya soy grandecita y puedo asumir estas cosas. ¡Sí puedo!
Me dirigí con mi querida mamita y le miré con ojos llenos de terror, pero también de cariño, la quería mucho, a pesar de que ella a mí no. Quizá sí le arruiné su adolescencia, como muchas veces había escuchado que decía.
—¿Dónde estabas, pequeña niña mentirosa? —Cuestionó, sus ojos llameaban de ira y desprecio.
Tal vezestaba molesta porque eran las seis de la mañana y yo seguía dormida. Mi mami dice que eso es de flojos, ella me ordena que me levante a las cinco para limpiar el jardín y dejar hecho el desayuno antes de irme a la escuela.
—Lo siento mami, me quedé dormida —respondí sorbiendo por la nariz y una lágrima se deslizó por mi mejilla, esperando el primer golpe.
—¿Qué te he dicho sobre eso, Isabella? —preguntó, cogiéndome fuertemente del brazo. Dolía, chillaba de dolor—. ¿Eh? ¡Responde, niña embustera! —Gruñó.
—¡Bella, cariño!
Siento cómo me zarandean y tiemblo.
—¡Suéltame! ¡Suéltame! —exclamo al borde de las lágrimas.
Cuando abro los ojos me encuentro con su dulce y preocupada mirada azulada, Carlisle me tiene sobre su pecho, dándome su apoyo. Suelto un suspiro y me relajo, él repite mi acción. Pobrecillo, los sustos que le hago pasar.
Varias lágrimas se derraman por mis mejillas y él me mece suavemente, rasca mi espalda como consuelo y seca mi rostro con sus dedos. Cierro los ojos, cuento hasta diez y vuelvo a abrirlos.
—Ya pasó, ¿vale? —asegura.
Asiento y respiro profundamente.
—Gracias, Carlisle —digo.
Él afianza su agarre sobre mí y recuesto mi cabeza en su pecho.
Odio estas mañanas… Las detesto. ¿Cómo es posible que aún recuerde todas esas barbaridades de mi infancia? ¡Por Dios! Sólo tenía ocho años. Me entristece saber que no es un recuerdo tan lejano y que todavía puedo sentir las golpizas y los malos tratos, además de las feas palabras que soltaban los labios de mis progenitores.
Supongo que además de tener asistentes, periodistas, cocineros, y todo ese personal, tendré que contratar a un psicólogo. Carlisle me lo había propuesto antes, pero me negué rotundamente. Aunque, sin duda, lo necesito. Necesito tratamiento para mis traumas.
No siempre he sido la mujer fuerte y terca que soy hoy en día.
Anteriormente era una niña débil y sumisa, alguien a quien podías matar a golpes y aún así no protestaba. Tenía un nivel de autoestima muy bajo, era imposible hacerme creer que era una mujer bonita y que podía alcanzar el sueño que yo quisiera… Hasta que Jacob Black llegó a mi vida. Él me ayudó a deshacerme de muchos demonios, hasta llegué a practicar boxeo para liberar las tensiones. Bailé, canté y disfruté de mi adolescencia, todo esto a escondidas de mis bastardos padres, si es que se les debe llamar así. No es como si de verdad yo les importara, a pesar de que yo sí me preocupo por ellos. Cada cierto tiempo les transfiero dinero a sus cuentas bancarias, probablemente es lo más estúpido que he hecho en toda mi vida. Pero al fin y al cabo, cuando muera, me llevaré la satisfacción de que ayudé a esas personas que me obligaban a llamar papá y mamá. Si bien recibí muchos maltratos de su parte, nunca me faltó alimento ni una mantita caliente para dormir.
Y entre tantos pensamientos, uno llega y me golpea: ¿Yo también seré así con mis hijos?Me aterra. Quizá ahora mismo esté esperando un bebé. Y no estoy preparada para ello, ni de chiste. Sé que no soy una mala persona, al contrario, suelo ser demasiado caritativa, pero un hijo es un terreno que nunca he tanteado. Es totalmente desconocido para mí. Mi mente hace corto circuito cuando procesa la palabra hijo. Es un completo melodrama. ¿Yo, con un bebé? ¿Un pequeñín de Carlisle y mío? ¡No, Dios mío! ¡No me hagas esto!
Alguien chasquea los dedos frente a mis ojos.
—Hey, Bella, ¿qué tienes? —pregunta Kat.
Hoy es mi día de universidad, ¡sí! Justo lo que necesitaba. De nuevo, Carlisle no ha puesto ningúnpero. Sin embargo, sigue cabreado porque aún no le he hablado sobre el asunto que Alice mencionó. Y ese asunto es el bebé. Tendré que hacerme una prueba para asegurarme antes de decirle algo¿Quién lo diría? Yo en estos apuros.
—Nada —respondo encogiéndome de hombros—. Sólo estoy algo distraída. —Le sonrío.
Ella rueda los ojos con fastidio.
—Claro, y yo soy la Primera Dama de los Estados Unidos. —Dramatiza.
Suelto una estruendosa carcajada por su juego de palabras y levanto mi pulgar. Me ha encantado lo que dijo, pensándolo bien, ¿por qué no elegir a Kat como segunda dama? Lo consideraré…
—Bella… —murmura—, cariño, vuelve al mundo —pide en tono de advertencia.
Y sé que si no regreso me sacará la información. A veces es tan… Alice.
Levanto las manos en alto, rindiéndome, pero con una clara diversión en mis ojos.
Pronto se nos une Matt.
—Hola pequeñas, aquí llegó su Matt. Quiero que sepan que soy un dulce pan. Vengan a… comerme… Ya. —Anuncia en su típica rima de mierda, aunque esta vez duda más. Supongo que está quedándose sin ideas.
En esta ocasión no me río, estoy demasiado frustrada por la maternidad.
Matt lo nota y me enarca una ceja. Se lleva una mano al pecho, en signo de que está dolido por mi reacción, toma asiento a mi lado y me mira fijamente.
—Matt, no comiences… —Le regaña Kat.
Él levanta las palmas de las manos, igual que yo hace unos minutos, como forma de rendición total. Kat es exasperante.
—Tranquila, Kat. Sólo no estoy teniendo un buen día —murmuro.
La expresión en el rostro de mi compañera se ilumina con comprensión y preocupación.
—¿Quieres hablar sobre ello? —Inquiere con voz suave.
Yo niego lentamente. Desde luego que no quiero.
—Quizás luego —susurro mientras el profesor se instala para dar comienzo a la clase.
Matt acaricia mi espalda con suavidad y susurra en mi oído que todo estará bien, a lo que sonrío agradecida.
Sí, Matt, espero que el universo te escuche, quiero que todo esté bien.
La única clase del día pasa lenta, pero me sirve de distracción para no volverme loca.
En la tarde estoy muy callada y pensativa, al igual que en la mañana.
Y decido llamar a mi ginecóloga, puesto que no puedo comprar una prueba casera, todos se enterarían incluso antes de saber si estoy o no embarazada.
—Hola Giselle, soy Isabella… —Saludo.
La línea se queda en silencio durante un momento.
—Oh, señora… ¿Qué tal? —pregunta.
Ruedo los ojos al escucharla, señora.
—Me preguntaba si tenías tiempo para mí.
Ella duda unos minutos, luego vuelve a contestar.
—Sí, claro. —Yo suspiro—. ¿Algún problema? —pregunta preocupada.
—No, no… Nos vemos a las tres.
. . . . . . .
—Entonces, dices que dejaste de tomar la pastilla, ¿sólo un día? —Cuestiona mientras anota algo en mi historial médico.
Asiento distraída y luego recuerdo que no está mirándome.
—Sí —respondo bajito.
Ella frunce el ceño.
—¿Ves esas cortinas? —pregunta.
—Uhum.
—Ve, ponte la bata que está allí y sal. Voy a examinarte.
Mi piel se pone de gallina de inmediato. Eso sólo significa una cosa… Es probable que sí esté embarazada.
—Eh, Giselle. —Carraspeo—. ¿Cuáles son las probabilidades?
Ella me mira con nostalgia, seguro atiende este tipo de casos diariamente, y pensar que ni siquiera puede tener hijos. Debe ser duro tratar con personas que se preocupan y se vuelven locas cuando sospechan que están embarazadas.
—Cámbiate, luego hablamos. ¿Vale? —Ordena.
Cierro los ojos, cuento hasta diez y exhalo todo el aire contenido.
Finalmente me levanto y me cambio detrás de las cortinas.
La bata apenas y me cubre un poco, pero da igual, Giselle me ha visto hasta donde no llega el sol.
Me pide que me tumbe sobre la camilla y abra las piernas.
—Voy a realizarte un ultrasonido transvaginal —explica—. Esto es una sonda, le colocaré un preservativo y algo de gel. Lo introduciré para visualizar mejor tu útero y ovarios, así veremos si hay bebé o no.
—¿Por qué no una ecografía normal? —pregunto alarmada.
—Porque probablemente estás de unas dos o tres semanas, y así sería imposible verle. —Se encoge de hombros.
Asiento y cierro los ojos.
Realiza el procedimiento que me ha explicado antes e introduce la sonda, siento una leve molestia y tomo una respiración profunda.
—Respira, tranquila Bella.
Abro los ojos y veo que Giselle está ensimismada en una pantalla, tiene los ojos brillosos y una mueca en los labios, muy semejante a una sonrisa.
—Sí… Aquí está —afirma mientras sigue moviendo la sonda dentro de mí. Señala algunas cosas en la pantalla, el bebé aún no tiene forma, pero me alarmo cuando escucho un sonido constante—. Y ese es su latido —añade.
¡Dios mío! Estoy en shock. Mis ojos están muy abiertos, mi corazón late rápidamente y mi piel se eriza con sólo escuchar esos latidos.
Estoy embarazada.
. . . . . . .
Carlisle está petrificado. Sus ojos están dilatados y abiertos de par en par.
Yo me siento asustada, desde luego que no es la reacción que esperé, esperaba gritos y llantos… O algo peor. Pero, sin embargo, no ha hecho nada más que mirar al vacío.
—¡Carl! —grité desde la sala.
No puedo seguir escondiéndolo. ¡Es ahora o nunca!
La doctora dijo "nada de emociones fuertes", bueno, creo que eso no aplica para la reacción que va a tener mi esposo. Va a matarme, machacarme y luego me va a desayunar cuando se entere de mi estado. O quizás va a venderme a Europa, quién sabe.
Él llegó casi corriendo, asustado.
—Me pegaste un susto, Isabella. —Gruñó—. ¿Qué es tan urgente?
Me armé de valor y vomité todo lo que salió de mis labios.
—Estoy embarazada de dos semanas y no sabía nada hasta hoy, el bebé está bien, ¿okay? —exclamé muy rápido, ni siquiera yo me entendí.
Carlisle frunció el ceño.
—¿Qué? —preguntó confundido.
Inhalé y cuadré mis hombros, decidida.
—Dije que estoy embarazada.
Su mirada se posó en mi barriga y luego en mi rostro. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, pero su mirada ya no estaba ahí, se veía distraído. Pensativo.
—Anthony Cullen —susurra y una sonrisa se dibuja en su rostro.
N/A:
Ahora sí, mátenme… Sé que quieren hacerlo. Antes de lo que hagan… AMO A MATT. LO AMO, LO AMO, LO AMO. Quiero que me recite esos poemas de mierda por las noches(? Ahora, volviendo al momento donde ustedes me hacen papilla, ¿qué piensan de este capi? Es corto porque esta semana hubo doble actualización. Y era sólo para sacarle las dudas a muchas. ¿Anthony Cullen? ¿Les suena ese nombre?
Gracias por comentar y marcar como favorita mi historia.
Ahora tecléenme sus advertencias y amenazas de muerte. Las recibiré con mucho amor y cariño. Y las contestaré todas.
Pronto se viene grupo de Facebook. Para subirles foticos de todo. Y así interactuamos más.
Goodbye.
Dejen sus amenazas, en serio… ¿O sus tomatazos? Da igual.
A x.
PD (nunca falta): Feliz día del Padre… Y para ti también, Carlisle. (Muahahaha).
