Disclaimer: One Piece no me pertenece. Es de Eichirou Oda. Sólo él sería capaz de dibujar un flashback tan bueno como el que estamos viviendo con los últimos capítulos del manga.
Décimo cuarto capítulo
-¿Nuestro plan para exterminar a Doflamingo? - repitió Anna, incapaz de salir de la sorpresa que las palabras de Law le habían provocado.
-Así es. ¿Acaso no querías matarlo para vengar la muerte de tus padres?
-Si, pero… ¿Por qué quieres ayudarme?
Law dejó escapar una breve risa.
-No lo hago para ayudarte. Yo también tengo mis propios motivos para vengarme de él.
-¿Y cuáles son esos motivos? - quiso saber la pirata.
La sonrisa desapareció del rostro del joven doctor.
-No necesitas saberlo.
-Todo lo contrario. ¿Cómo sé que no me estás tendiendo una trampa?
-Si realmente crees eso, no perderé más mi tiempo contigo. - Law empezó a caminar en dirección al barco que se encontraba anclado en la orilla. - Sólo tienes dos opciones: quedarte aquí y seguir soñando con siquiera tocar a Doflamingo, o venir conmigo y formar parte de mi plan. Quizás así tus posibilidades de matar a Joker dejen de ser nulas. Tú escoge.
Anna se quedó inmóvil, mientras Law se preparaba para zarpar. El pirata tenía razón. Sus posibilidades eran muy pequeñas. Se había dado cuenta que ella sola no lograría acercarse a Doflamingo. Law era ciertamente un aliado fuerte. Pero, ¿podía confiar en él? ¿Valía la pena arriesgarse? La única certeza que tenía era que, si no lo hacía, nada cambiaría.
No tenía otra alternativa. Decidida, Anna aceptó la propuesta de Law. El joven doctor simplemente sonrió cuando la vio subirse al barco.
-Te explicaré los detalles cuando hayamos zarpado. No quiero que nadie de la familia nos escuche 'por accidente'. - explicó el de ojos grises. Anna asintió.
El mar se mostraba tranquilo. Ya lejos de la isla que Doflamingo usaba como base, Law se dispuso a explicarle a Anna los detalles de su plan.
- Doflamingo y sus tres líderes ejecutivos estarán fuera de la base por al menos seis meses. Están inmersos en una operación muy importante. Ni siquiera yo tengo todos los detalles.
-Pensé que te contaba todos sus planes
-Pues ya ves que no. - contestó el joven con cierta aspereza, disgustado por la interrupción de Anna. - Aprovecharemos esta oportunidad.
-¿Para qué?
-Para ir al West Blue.
Anna enmudeció un instante debido a la sorpresa. ¿Qué era lo que estaba tramando Law?
- ¿Por qué? ¿Qué piensas hacer ahí?
Law la observó atentamente. Sabía que no sería fácil para él convencerla, pero tenía que hacerlo. Descubrir el secreto que el fallecido padre de la muchacha ocultó con tanto esfuerzo se había vuelto vital para proseguir con el plan que había ideado.
- Iremos a tu antigua casa.
-¿Qué? ¿Pero por qué?
-Es evidente que tu padre te ocultaba algo. Tengo la sospecha de que si damos con eso, podremos negociar con uno de los más grandes enemigos de Doflamingo: Jeireddín.
-¿Y por qué quieres negociar con él? ¿Acaso planeas…?
-Si. Pienso utilizarlo para destruir a Doflamingo.
Anna guardó silencio. Nunca había visto tanta intensidad en la mirada de Law. El joven doctor estaba completamente decidido.
-¿Y por qué crees que podrías encontrar la clave para esa negociación… en mi antigua casa?
- Es sólo una sospecha. El infame doctor Rembert se hizo famoso por alardear de conocimientos que originalmente tenía el doctor Rackman. Cuando Doflamingo lo acorraló para hacerle ese pedido imposible, él acudió a tu padre por ayuda y obtuvo este libro. Pero no debió ser suficiente. Por algo Doflamingo envío a sus subordinados a tu casa.
- Puede que Doflamingo descubriera la verdad del engaño de Rembert.
- Si Doflamingo hubiese descubierto eso, Rembert no estaría vivo. Y tampoco dejaría que sus subordinados asesinaran a una carta tan valiosa. Tu padre no hubiese muerto hasta revelar todos sus secretos a Doflamingo. - Anna calló. Mientras Law hablaba, lo único que atinaba a hacer la muchacha era apretar fuertemente sus puños. - Lo que yo creo que es que Doflamingo envió a sus subordinados a silenciar a tu padre, no a buscar información de él. Y si hizo eso, fue porque pensó que ya había obtenido lo que quería.
-El libro…
- O más bien, lo que el libro encubre: una fórmula secreta. Si Rembert huyó luego de Doflamingo y buscó refugio con el pirata Jeireddín, debió de ser porque se dio cuenta de que el libro no era suficiente. Quizás si intentó advertirle a tu padre, por el bien de los dos, de que cooperara con Doflamingo. Pero tu padre prefirió callar. Quizás porque lo que su antiguo amigo le pedía que revelara, era más valioso que su propia vida… y la de su familia.
-¡Basta! ¡No tienes pruebas de lo que dices!
-Aún no, pero sólo hay una forma de confirmarlo. Si lo que sospecho es cierto, tendremos información que nos pondrá un paso delante de Rembert y de Doflamingo. Si conseguimos eso, estaremos más cerca de destruir a Doflamingo.
La joven pirata apretó los labios. Law tenía un punto válido. Pero tenía miedo de volver a su casa y descubrir cosas que resultaran ser dolorosas. No quería una verdad que pudiese acabar con los buenos recuerdos que tenía de su padre. Después de todo, era por él y por su madre que había tomado ese camino.
-Si descubrimos lo que quieres… ¿qué haremos luego? - preguntó Anna, sin mirar a Law a los ojos.
- Eso te lo explicaré luego. Nada tendrá sentido si no encontramos la información que busco en tu casa. Por ahora, nuestro objetivo es el West Blue. Anna-ya, esta es nuestra única oportunidad, así que debes tomar una decisión. ¿Seguirás con mi plan?
Anna no contestó de inmediato. La única motivación que tenía para seguir viviendo era vengar a sus padres. Sin embargo, temía descubrir un oscuro secreto que distorsionara la imagen de los padres amorosos que ella quería conservar hasta el momento de su muerte. Pero aquel parecía el único camino para llevar a cabo sus propósitos.
-Está bien. Acepto tu plan.
- Bien. - Law esbozó una sonrisa de satisfacción. - Nos dirigimos entonces a la Reverse Mountain.
Una semana había pasado desde que Anna y Law zarparon de la base de Doflamingo, en el Grand Line. La muchacha observaba con sorpresa como el doctor se la pasaba en cubierta, con la mirada perdida en el horizonte. Sin moverse, sin decir nada. La muchacha no tenía idea de qué pensamientos podían rondar por la cabeza del joven doctor. Durante el viaje, sólo habían intercambiado las palabras necesarias. Anna suspiró. Para ella era como si estuviese viajando sola. La mayor parte del tiempo, la muchacha se dedicaba a hojear el libro que su padre había escrito para su traicionero amigo, en busca de pistas sobre el gran secreto que el Dr. Rackman había decidido ocultar de su propia familia. Sólo así Anna podía matar el terrible aburrimiento del viaje. El resto del tiempo, sólo le quedaba dormir y comer. Y esto último era precisamente lo que a Anna más le preocupaba. Tan apurados estaban en su viaje que casi no habían hecho paradas para reabastecerse. En la pequeña embarcación sólo quedaban unos cuantos panes y casi nada de arroz. Esto último había sido lo único que el doctor había querido ingerir.
Aburrida y muerta de hambre, Anna decidió ir a la cocina, para buscar algo de comer. Como había imaginado, sólo encontró un pan para saciar su apetito. La muchacha se dispuso a morderlo, cuando de pronto Law entró a la cocina. Anna no lo había visto comer en un buen tiempo.
- Es el último que queda y no pienso dártelo. - le advirtió la muchacha.
-No pensaba aceptarlo de todos modos. - el doctor fue por el depósito de arroz, pero para su desgracia, este estaba vacío. Anna se dio cuenta del triste descubrimiento del doctor, y , aunque ,renuente, resolvió cortar un pedazo del pan que tenía en sus manos y se lo ofreció a Law.
-No me sirve que estés débil para luchar, así que acepta esto. No volveré a ser tan amable.
-No necesito tu lástima. Además, si hablamos de fuerza, es seguro que tú necesitarás más ese pedazo de pan.
Anna sintió el deseo de lanzarle el pan a la cara, pero se contuvo.
- ¿Hasta donde llega tu arrogancia? Nos has comido en días. Estás más pálido que nunca.
-Puedo sobrevivir perfectamente unos días sin comer. Además, no tengo hambre.
Para humillación del joven pirata, su estómago no encontró mejor momento para rugir por el hambre. Anna esbozó una sonrisa, divertida.
- Tu cuerpo no piensa lo mismo. Pero si tan humillante es recibir algo de mi, dejaré este pedazo de pan y me largaré. No lo cojas porque más tarde pienso comerlo.
Anna se retiró a cubierta, donde decidió sentarse a descansar. No quería permanecer más tiempo del necesario al lado de Law. Estar a su lado le producía una extraño nerviosismo que ella prefería atribuir a la insoportable arrogancia y frialdad del muchacho.
Horas más tarde, la muchacha regresó a la cocina, y se dio con la sorpresa de que Law no había ni tocado el pedazo de pan que le había dejado. El doctor se había quedado dormido, con la cabeza recostada sobre una mesa. Frente a él, se encontraba el mapa del Grand Line.
-No tiene remedio. - murmuró la muchacha, y decidió coger el mapa, para llevárselo a cubierta. Una vez ahí, mientras revisaba el rumbo de la embarcación, divisó una isla en el horizonte. Según el mapa, se trataba de una pequeña isla poblada que era muy frecuentada por los viajeros del Grand Line, debido a su cercanía a la Reverse Mountain. Anna sonrió, satisfecha. Era la ocasión perfecta para reabastecerse de alimentos.
Una vez en la isla, Anna decidió anclar el barco e ir sola a la isla por provisiones. Después de varios días, había conseguido librarse de Law, aunque sea por unas horas.
Apenas Law abrió los ojos, se sorprendió de notar que el barco se había detenido. Decidió salir a cubierta para verificar que había sucedido, y entonces se encontró con Anna, que regresaba de su inspección por la isla.
- Decidí ir por provisiones. - le explicó la muchacha. - Traje alimentos y medicina. No creo que necesitemos más.
-Está bien. Prepárate para marcharnos. Debemos llegar cuanto antes al West Blue.
Anna asintió. Ambos prepararon el barco y zarparon rumbo a la Reverse Mountain. Cuando estuvieron en marcha, el doctor volvió a recluirse en su propio mundo: sentado, en cubierta, con la vista en el horizonte. Anna no podía evitar sentir curiosidad por el doctor. ¿Por qué motivo buscaba vengarse de Doflamingo? ¿Qué le había hecho el rubio pirata a Law, para que este le odiara tanto? Cuando se unió a la familia Donquixote, sólo podía ver al doctor como la mano derecha del temible Joker. Pero con el transcurrir del tiempo, se había dado cuenta que Law no sólo no guardaba aprecio por Doflamingo, sino que era mucho más que el arrogante pirata que aparentaba ser. Era fuerte, inteligente y un gran doctor. Si no se hubiesen conocido en las circunstancias que lo hicieron, Anna tendría un montón de motivos para admirarlo. Pero el destino los había llevado a conocerse como piratas. Anna sentía que no podía bajar la guardia completamente ante él, pero poco a poco, los motivos que tenía para odiarlo empezaban a diluirse.
Law sentía que su estómago se contraía una y otra vez. El hambre empezaba a convertirse en un problema que no podía obviar por más tiempo. Recordó entonces que Anna había ido por provisiones a la isla. Sólo esperaba que la muchacha hubiese optado por comprar algo más aparte de esos horribles panes que a él le producían náuseas. Estaba seguro que prefería morir de hambre antes que comer eso.
Desganado, se dirigió a la cocina, dispuesto a comer lo primero que encontrara, siempre y cuando no fuesen panes. Pero, entonces, se sorprendió de ver una pila de onigirs (bolas de arroz) sobre la mesa.
Hambriento, Law no esperó más y empezó a comer los onigirs. A diferencia de la primera vez, en esta ocasión los onigiris de la muchacha no le parecieron nada feos. Es más, estos le supieron deliciosos. ¿Sería por el hambre? Antes de que se diera cuenta, Law había arrasado con la comida de Anna. Se preguntó entonces si ella había tenido la oportunidad de alimentarse. La buscó con la mirada, pero no encontró en la cocina. La chica debía encontrarse seguramente en cubierta, pero él no había notado su presencia. La encontró finalmente en popa, con la espalda recostada sobre una de las paredes del barco. Se había quedado dormida en la intemperie.
-Tú no tienes remedio. - musitó el doctor. La muchacha le había hecho un favor, así que pensaba que no estaba mal devolverle un poco de amabilidad. - Room. Shambles.
Con sus poderes, Law intercambió una piedra que halló sobre el barco con una manta. No tenía intención de despertar a la muchacha, así que se limitó a dejar la manta sobre ella, para protegerla del frío de la noche. Sus ojos grises se detuvieron unos minutos en la frágil imagen de la joven, hasta que decidió retomar su lugar en la proa, desde donde podía vigilar que el barco continuase su rumbo sin problemas.
Continuará...
Me siento muy mal. No actualizaba esta historia hace mucho :( Lo lamento mucho. Intentaré que no pase tanto tiempo hasta mi próxima actualización. Desde este capítulo empiezan las escenas románticas, xq Law y Anna tendrán mucho tiempo para ellos solos. Saludos a todos :)
