Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y a la Saga Crepúsculo, sólo me adjudico la historia y algunos personajes.

"Es mejor estar callado y parecer estúpido, que abrir la boca y disipar las dudas."

Abraham Lincoln.

Capítulo 5: Jodida mujer hormonal.

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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—¿Trato hecho? —pregunta.

—Trato hecho, señor Vulturi —murmuro.

Después de dos extensas horas entrevistando al famosísimo Vulturi, acepté su propuesta. Era oficialmente mi periodista personal debido a que tenía la conferencia en mis narices y no estaba preparada en lo absoluto. Faltaban muchas cosas por organizar, en tan sólo dos días estaría volando hasta Madrid. Dudo que mi nuevo empleado me traiga problemas, si sabe lo que le conviene. Quizás sea conocida por mi paciencia y tolerancia, pero un acto más de burla por parte del susodicho y acabaré con esa imagen de paz con la que tanto me etiquetan.

Tal vez estaba actuando muy hormonal últimamente, con esto del embarazo las cosas han dado un giro de trescientos sesenta grados. Sin duda no soy la misma, estoy más caprichosa, si es que es posible, y mucho, mucho más sentimental.

B, ¿tienes un minuto? —preguntó Alice, temerosa.

Asentí y me levanté del comedor soltando un bufido. Alice tomó una larga respiración, ¿ahora qué quería?

Verás, Bella… Carlisle va a visitar un barrio de Seattle. —Comenzó.

¿Cómo? ¿Él solo, sin mí? —Le interrumpí—. ¿Y por qué has venido tú a avisarme? —Cuestioné.

Me sentía ofuscada. Todos evitaban hablarme, ¿es que era un ogro o qué?

Alice posicionó su mano en mi espalda y me rascó para tranquilizarme. A continuación arrastró una de las malditamente ruidosas sillas de la mesa y me sentó. Creo que mi cuñada era la única que me entendía y… Me soportaba.

Vale, me sentía mal por el hecho de que nadie podía estar cerca de mí sin recibir insultos y malas miradas. Pero era inevitable, apenas me decían "hola" y ya quería responder algo mordaz como "sólo en el mar". O, como pasaba con Carlisle, ninguna de sus acciones me gustaba, todas eran erróneas para mí. No dejaba ni hablar al pobre cuando ya estaba diciendo "No me parece". Debo admitir que ha tenido mucha paciencia y dedicación. El problema es que se ha alejado de mí, me mira, habla y toca sólo lo estrictamente necesario. Y es mejor que siga así, ¿o no?

Oye, gordita, me vas a escuchar quieras o no. —Sentenció Alice—. Es mejor que calmes tu mierda y tus hormonas…

Alice… —interrumpí por segunda vez y ella me lanzó una de sus miradas, que hasta a mí me ponían a temblar.

Lo que trato de decir es, ¡relájate! —Prosiguió—. Recuerda qué y quién eres. Todos los ojos están puestos en ti. ¿Qué pensará la población de esas actitudes y esa cara de culo que muestras en las ruedas de prensa?

Y cuánta razón tenía mi mal hablada amiga. Ya habían llegado comentarios de mis recientes posiciones cada vez que salía en noticias. Todos se preguntaban el porqué de mi cambio. Bueno, suerte para mí, nadie sospechaba mi embarazo. Según lo que leí en esas revistas adolescentes de chismes, creían que sufría algún trastorno de personalidad o el estrés estaba haciendo mella en mí, pero nada sobre bebés. Gracias al cielo.

Respiré profundo y abracé a Alice.

Vale, pequeña duende. —Ella me mostró su lengua—. Te advierto que no quiero más malas palabras, por ahora te disculpo. —Advertí.

A la final no sé de qué me quejo. Carlisle decidió no ir a Seattle y quedarse conmigo. Aunque el consejo de la duende no lo pasé desapercibido, estoy, en serio, tratando de mejorar mi estado de ánimo.

—Ay, cosita, tienes mi mundo de cabeza —susurro, dirigiendo mi mano hacia mi vientre.

Un ruido en la puerta de mi despacho me sobresalta.

—El nuestro, cariño —murmura el autor del ruido, Carlisle.

Le sonrío y él se acerca a mí.

Está guapísimo con ese traje negro y la corbata color champán. Creo que está muy bien a sus cuarenta, digo, ¿todos los hombres se ven así de bien a esa edad? No me lo imagino. Y es que, al único que he visto en ese estado tan brillante, elegante y guapo, es a mi marido. Siempre se ve tan fresco y jovial, hasta se me olvida que es mayor que yo.

—¿Por qué no te tomas un descanso, eh? —pregunta y toma mis manos sobre el escritorio.

Le dedico una sonrisa radiante, sólo para tranquilizarlo.

—Porque tengo muchas cosas que terminar, señor Presidente. —Él suspira con resignación—. La conferencia…

—¿Todavía piensas ir? —Me interrumpe.

Con que por esas viene. Dios mío, dame paciencia eterna con este hombre. ¿Cuándo va a entender que lo que yo me propongo lo cumplo?

—¿Y por qué no lo haría? —Le respondo en otro cuestionamiento. Pero mi voz no sale alterada, como la mayoría de las veces en las que discutimos.

Eso es porque técnicamente no estamos discutiendo, pienso.

—Es que B… —¿B? Carlisle, definitivamente sabes lo que haces—. Gi te recomendó reposo. Y un vuelo… —Se detiene, ¿y por qué lo hace? Bueno, mi rostro debe estar entre el desconcierto y la furia. ¿Qué no hablamos de eso en la consulta?

¡Bella! ¿Qué te trae por aquí? ¿Todo bien? —Saludó Giselle sonriente. Qué ginecóloga más mona me gasto.

Carlisle me apretó la mano y le hizo un gesto con la cabeza a los de seguridad para que se retiraran, pedido de mi parte. ¿Cómo iba a tener una consulta con mi ginecóloga con esos gorilas presentes? Ni hablar.

Desde que mi marido se enteró de la presencia del bebé, no paró hasta que viniéramos con Gi para examinar todo. No se fiaba de mí, según él.

¡Oh! ¡Carlisle! —exclamó la doctora, su sonrisa se ensanchó al verlo. Rodé los ojos por este hecho.

¿Qué tan masoquista se podía ser para tener de ginecólogo a la ex de tu esposo? Mucho señores, mucho.

¿Qué tal, Gi? ¿Podemos entrar? —respondió Carlisle con cortesía.

Giselle me guiñó un ojo y abrió la puerta de su consulta, haciéndonos pasar.

Gi me permitió viajar, pesado —digo y ruedo los ojos con fastidio.

El señor delante de mí empalidece.

—¿Cómo me has llamado? —pregunta con los ojos entrecerrados.

Chasqueo la lengua y le suelto las manos, cruzando los brazos sobre mi pecho.

Niega con la cabeza y se levanta, rodea el escritorio y da vuelta a mi sillón, acuclillándose en el proceso para quedar frente a mi rostro, entre mis piernas.

—A ver, pesada. —Se burla—. Sólo quiero que te cuides, ¿vale? —Asiento en afirmación—. Alice irá, Jasper irá y tu equipo de seguridad también, confío plenamente en que regresarás de una pieza. Pero entiéndeme… —Suspira y no sigue hablando, su voz suena entrecortada en las últimas palabras.

Exhalo el aire que he estado conteniendo y tomo su rostro entre mis manos, acercándome y dejando un corto beso en sus labios.

—Te entiendo, Carl, pero no tienes de qué preocuparte. Verás como esa semana pasa volando. —Le animo.

Él se levanta y me tiende su mano, la tomo insegura y con recelo, pero finalmente me jala hacia su cuerpo, estrechándome en un caluroso abrazo.

Maldigo a mis hormonas por sus jugarretas. ¿Por qué tienen que brotarme las lágrimas justo ahora?

—Hey, no llores —susurra y limpia mis mejillas.

Bah, me he comportado como una jodida mala mujer estos días con éste maravilloso hombre que me abraza y me quiere con plenitud.

Nos separamos y él se acuclilla de nuevo para dejar un beso en mi panza, sonrío feliz de la vida. Y me besa una, dos, tres, cuatro veces en los labios antes de retirarse.

. . . . . . .

No había tenido síntomas de embarazo… Hasta ahora. Mientras estaba cenando con Alice y Ann sentí unas náuseas incontrolables. Algo extraño, porque mi plato favorito de Brace es la pasta a la carbonara y sólo necesité verla para sentir repulsión hacia ella. Fue como si mi estómago se quejara de su existencia. Me pasé la lengua por los labios y tragué fuerte, aguantando la respiración. Me repetí un millón de veces que no iba a vomitar, pero no dio resultado.

Me encuentro arrodillada en la cerámica del baño, las arcadas no se detienen. Devuelvo hasta lo que no he comido hoy, suerte que Ann me tiene cogido el pelo con su manita y me rasca la espalda como consuelo. ¡Ay, mi pequeña niña! Alice está llamando a alguna enfermera, otra suerte es que la Casa Blanca esté dotada de este nuevo piso médico, idea de Carlisle, claro está.

—¿Tita está femita? —pregunta Ann a su madre.

Alice hace una mueca de asco cuando otra arcada se apodera de mí y devuelvo en el váter.

—No, cariño, tita tiene un bebé dentro —responde sonriente.

Ann musita un "Oh" y suelta una risita muy tierna.

Con lo que la conozco, sé que esperará a que todo el malestar pase para enterarse sobre qué es tener un bebé dentro. Esa pequeña demoniaca.

Me levanto con ayuda de mi sobrina y procedo a lavarme los dientes sólo cuando creo que no vomitaré más…

Cuando termino, el sabor de la menta invade mi boca y me relaja.

A continuación una rubia enfermera, guapísima, debo decir, me entrega un vaso de agua con unas pastillas.

—Gracias… —Alargo la S para que me dé su nombre.

—Rosalie —murmura y me da una tímida sonrisa.

Y mi autoestima va hacia el piso. Además de tener un cuerpo de puta madre, la sonrisa es de comercial.

—¿Hace mucho que ejerces de enfermera? —Trato de sacar conversación, sé que se siente intimidada por mi presencia.

Caminamos hacia mi habitación, le invito a pasar y tomar asiento donde guste.

Alice y Ann han ido por un bocadillo ligero. Pobrecillas, tampoco pudieron cenar nada.

—Uh… Sí. Un par de años —responde y baja la mirada hacia su regazo.

Platicamos otro rato y ya se le ve menos tensa. Me cuenta que es extranjera, nació en México D.F. y sus padres la trajeron a Norteamérica cuando tenía diez años. Es casi imposible notarle algo raro a su acento, su inglés es perfecto. También me cuenta sobre las diferentes necesidades que pasaron al llegar aquí, pero que finalmente consiguieron su residencia y tuvo que trabajar desde los trece años para pagar sus estudios. Pobre nena, tan chiquita y trabajando. Se decidió por enfermería, ya que la carrera de medicina era muy costosa. Y su mayor logro ha sido trabajar para la Casa Blanca. Cosa que me enorgullece, Rosalie es una de tantas mujeres luchadoras que viven aquí en este país, sean nacidas o no, en el mismo… Son admirables. Mujeres entregadas a lo que hacen y a lo que quieren.

—Rosalie, ¿qué tal si añades otro logro a esa lista tan larga que tienes? —pregunto con una sonrisa casi maternal. No es como que ella sea muy menor que yo, de hecho, le llevo tan sólo unos tres años.

Ella sacude la cabeza confundida.

—No entiendo —dice mordiéndose el labio.

—¿Conoces Europa? —Ella niega con pena—. ¿Me acompañarías a la conferencia? —Propongo.

Ella alza las cejas con sorpresa y un brillo especial en sus ojos. Asiente rápidamente con emoción.

Y hace lo que menos me esperaba. Se levanta del sillón que está a un lado de mi cama, y se abalanza sobre mí para abrazarme y susurrar muchos "gracias".

Lentamente se separa y se golpea la frente con la mano.

—Y-Yo… no… —Titubea—. Disculpe… yo…

Suelto una carcajada por su actitud.

—¿Qué dices? Si me ha encantado tu reacción.

—¿En serio? —cuestiona con sorpresa.

—Claro que sí, Rose. —Le aseguro y le guiño un ojo—. Odio que me tengan miedo y no se atrevan a hacer cosas como la que tú acabas de hacer.

Ella se sonroja fuertemente y, tras darme un beso en la mejilla, se retira. No sin antes pedirme que la llame si me siento mal. Y yo le pido que arregle sus maletas.

Toc toc… —murmura Ann desde la puerta.

—Ven aquí, tesoro. —Le insto, dando unas palmaditas en el colchón, justo a mi lado.

Ella se tumba a mi lado y recuesta su cabecita en mi pecho.

—Tita, no te quiero compartir —susurra con tristeza.

Ah, con que Alice ya le explicó el meollo.

—No tienes que compartirme. ¿Lo sabes, verdad?

—Pero tita, mami me dijo que ibas a tener un pequeño muy parecido a mí. —Hace un puchero y levanta la cabeza para mirarme a los ojos.

Sus labios están temblorosos y está aguantando las lágrimas.

Oh, no… Mi linda sobrinita.

—Hey, Ann, no llores, ¿vale? No te cambiaría por nada del mundo —aseguro y le regalo un beso en la frente mientras acaricio su larga cabellera.

—Tita, mami también me dijo que ése sería tu bebé… y yo no soy tu bebé… lo vas a querer más, tita B. —Solloza y esconde su rostro en el hueco de mi cuello.

Suspiro. Esto será difícil. Ann es muy celosa conmigo, casi tanto como lo es Alice. ¿Qué vendrá en ese gen Cullen? Posesión, celos, amargura, control… Y una larga lista.

—Tú también eres mi bebé, pequeña —susurro y Ann levanta de nuevo su mirada hacia mí, enarcando una ceja—. Tal vez no te haya tenido en mi vientre durante nueve meses como Alice, pero eres mía, eres mi bebé. Y tanto a éste que está aquí —señalo mi panza—. Como a ti, los amo con mi vida, ¿lo entiendes?

La pequeña asiente y se limpia sus ojos. Sonriéndome y dando aplausos de felicidad, me regala un baboso beso en los labios y otro baboso beso en la barriga.

Entre historias inventadas, cuentos que me leía mi madre cuando tenía la edad de Ann y cosquillas, caemos en un profundo sueño.

Aunque no tan profundo, porque a lo lejos distingo algunas voces.

—Dile al bebé cuánto lo quieres, Ann —murmura Carlisle.

Ann suelta una risa casi silenciosa, muy propia de ella.

—Te amo, bebé. Y te espero para que juguemos con mis Barbies, ¿okay? —susurra contra mi plano vientre y coloca su oreja en el mismo sitio. Una sonrisa se forma en mis labios—. Tito Carl, no me responde —dice bajito, con tristeza.

Carlisle se enfunda en una explicación de que aún no sabe hablar y la convence con varios cuentos sobre que dentro de la barriga de mami hay otro mundo, donde los bebés juegan y que si nosotros no le hablamos, se sienten solos. A pesar de que no puedan responder.

Qué ternura es mi marido, pienso.

—Ahora tú, tito —pide Ann.

Ninguno se ha percatado de que estoy despierta, observándolos con los ojos entrecerrados.

Carlisle se señala y gesticula con sus labios. "¿Yo?"

Ann se cruza de brazos y asiente convencida, rodando los ojos.

—Cada día te pareces más a tu tía… —comenta Carl negando con la cabeza, cosa que me hace sonreír de nuevo. Sí claro, como si un Cullen pudiera ser dominado por un Swan.

—Tito, ahora tú. —Repite con desespero.

El tito levanta las palmas de sus manos en rendición y sonríe con diversión.

Se acerca lentamente a mí y me da un suave beso en el vientre, que me causa cosquillas… Luego comienza a hablar.

—Hola, bebé, soy…

—El tito de Ann. —Sugiere la niña con una sonrisa.

—El tito de Ann y tu papá —susurra, sus labios rozando contra la piel expuesta.

Ann se tapa la boca con la mano y se ríe sonrojada. ¿Quién más creías que sería el papá, enana?

Carlisle bota una lágrima de sus ojos y me regala otro beso. Murmurando un te amo, antes de recobrar su compostura y tomar a Ann en brazos, supongo, para llevársela a Alice.

A su regreso le espero sentada en la cama, con una sonrisa bailando en mis labios.

—¿Te desperté? —pregunta preocupado.

Niego y lo abrazo, fundiéndonos en un largo beso.

. . . . . . .

—Estoy segura de que será niño… —insiste Alice.

Llevamos al menos una hora discutiendo sobre si el bebé será niño o niña… Carlisle y yo estamos de acuerdo en que será niña, pero claro, Alice y Ann luchan por contrariarnos.

Hoy era mi día de universidad, pero mandé una carta a la rectoría justificándome, congelé mis estudios durante unos meses… además, la conferencia es mañana, no tengo cabeza para nada más. Desde luego, recibí la llamada del rector, quien aceptó mi decisión.

—Será niña Alice, lo sé —digo y le guiño un ojo.

También nos tomamos un rato de descanso en la Casa Blanca. Hasta Carlisle necesitaba uno. Alegó que quería pasar tiempo de calidad conmigo antes de que me fuera, pero estoy segura de que también necesitaba relajarse.

—¡Ya me lo imagino en mis brazos! ¡Qué cosita tan preciosa! —exclama, ignorando mi comentario.

Por supuesto, debo rendirme, ¿qué más me queda? Ni el mismísimo demonio podría luchar en contra de ella.

A pesar de que Anne asegure que no se puede apostar en contra de alguna predicción de Alice, yo opino todo lo contrario. Tengo la sensación de que será una nena. Espero no equivocarme.

Mientras Alice y Carlisle bromean entre sí, recibo un mensaje a mi móvil.

Te extrañaré mucho, mi Primera Dama. Que tengas un feliz viaje.

Tu amiga que te quiere, Kat.

¡Mierda! No me despedí de Kat y de Matt. Qué buena amiga que soy… Contesto rápidamente.

Gracias, querida. ¿Te pasas por la Casa Blanca?

B, quien igualmente te quiere.

Carlisle me frunce el ceño, si será tonto…

—Es Kat —murmuro rodando los ojos. Él asiente y se levanta en dirección a la cocina.

Hoy me han tenido muy mimada, debo decir.

Hola.

Bella.

Soy tu queridísimo Matt.

Quiero que sepas, que te voy a extrañar, nos vemos cosita y te voy a abrazar.

M.

Suelto una carcajada… Matt y sus rimas. Eso quiere decir que sí vienen.

Le envío un guiño y enciendo la televisión. No están dando nada interesante.

Cuando miro alrededor veo que estoy sola. Carlisle no ha regresado, Alice y Ann tampoco. ¿Qué es lo que traman?

Me encojo de hombros y hago zapping con el mando, tratando de encontrar algo entretenido… Y lo mejor que consigo es Discovery Kids. Vaya, he caído bajo.

Mientras veo Marta habla, un estúpido programa sobre una perra que come sopa de letras para poder mantener conversaciones con sus dueños, mi móvil suena… Serán Kat o Matt.

Esto de los mensajes es nuevo para mí. Poco utilizo el servicio, normalmente todo es por llamadas o citas.

Buenas tardes Isabella, nos vemos mañana en la conferencia.

Edward Masen.

¿Y éste cómo tiene mi número privado?

—Cariño, mira lo que le compramos al bebé —dice Carl con una sonrisa, interrumpiendo mis confusos pensamientos mientras sostiene en sus manos una ropita muy diminuta color amarillo.

Cosa que me trae otra revolución hormonal, porque sollozo.

N/A:

Bueno, la verdad es que no tengo mucho qué decir... Me costó un infierno escribir esto taaaaaaaan corto. Tengo un alto nivel de estrés en mi vida ahora mismo, quizás sea por eso. Aunque, no se preocupen, ya estoy preparando el próximo capítulo ;) Así no me coge el tiempo.

Entonces, ¿qué les pareció el capítulo? No quería darle los típicos síntomas de embarazo, peeeeero, Bella es una persona normal, común y corriente, así que de éstos no se salva. ¿Qué esperan para el próximo capítulo? ¿Alguna idea? Les adelanto que la Conferencia se viene, así que, a lo mejor tomo sus ideas para el capi. Sean imaginativas :D. Para las que están en el grupo, la foto de Alice con el bebé, definitivamente no era Alice embarazada de Jasper, era Alice imaginándose con el hijo de B. Suerte para la próxima. Para las Team Edward, por favor, paciencia.

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A x.