Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y a la Saga Crepúsculo, sólo me adjudico la historia y algunos personajes.

Capítulo VI: "Nuestra Conferencia."

Capítulo beteado por Melina Aragon, Beta de Élite FanFiction (www facebook com / groups / elite . fanfiction)

"¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?"

Abraham Lincoln.

.

El vuelo está retrasado por unas horas, genial. Cojo mi móvil y tecleo un mensaje rápido a Carlisle para informarle. La verdad es que he estado muy aburrida, pero por lo menos sé que no debo estar con muchos camuflajes porque el privado del aeropuerto se ha encargado de evitarme molestos periodistas o personas y me han brindado una excelente sala vip, donde Jasper, Alice y Jake, me acompañan. Sin olvidar a mi equipo de seguridad y a Rosalie, mi enfermera.

—Aquí está tu té poco cargado —dice Alice y me tiende una taza pequeña con mi té favorito.

Sólo por mi terquedad de coger un vuelo y no el jet privado de Carl, él ha decidido despedirse en casa y no venir hasta aquí, puesto que está extremadamente ocupado y yo lo entiendo, pero qué puedo decir, no cambiaría nunca mi personalidad berrinchuda.

Mis antojos han disminuido notablemente, gracias al cielo. Aunque en mi última consulta con Gi, me ha dicho que es temporal, debido a una vitamina que me ha colocado y que el primer mes de uso, tiene ese efecto.

El bebé está en perfecto estado, lo que nos ha alegrado la vida a todos. Si bien, todos pensaron que no viajaría a Europa debido a mi estado, se equivocaron. Gi me dio permiso para tomar un vuelo, eso sí, cuidándome mucho, cosa que Alice le prometió a Carlisle encargarse.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Jake a mi lado mientras lee una revista.

Frunzo el ceño y suspiro pesadamente.

—Emocionada, estresada, ansiosa. ¿Qué te puedo decir? —Le doy la mejor sonrisa que consigo en este instante, es decir, una sin mostrar los dientes.

Mientras él suelta una carcajada y niega con la cabeza, recuerdo el mensaje de Edward Masen. Sí, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? No lo sé.

Tomo mi móvil y busco el mensaje. Lo recibí ayer por la noche, pero no lo respondí con todo esto del obsequio y revisar que las valijas estuviesen en perfecto orden. Así que decido contestar. Ya luego averiguaré lo de mi número y cómo lo consiguió.

*Buenos días, Edward. Esperando mi vuelo ;)*

Isabella Cullen.

Decido usar mi nombre completo porque se trata de una persona ajena, pero realmente lo odio.

Tampoco entiendo ¿por qué me dijo que la conferencia sería hoy?, si está programada para mañana. Insisto, no me gustan las sorpresas.

Después de dos horas de morderme las uñas, nos llaman para abordar el avión y estoy casi dando saltos de felicidad, Alice está soñolienta, Jasper está… siendo Jasper y Jake jugando quién sabe qué en su móvil. Todos nos subimos sumidos en nuestros pensamientos y cogemos buenos puestos, yo prefiero junto a la ventana, me gusta admirar el cielo y la excelente vista una vez que lleguemos. Jasper se sienta a mi lado y Jake y Alice detrás.

Los puestos son reclinables, por lo que me acomodo para tomar una siesta, el vuelo será largo y apenas he podido pegar un ojo desde ayer.

Cuando estoy a punto de dormirme alguien carraspea.

Abro lentamente los ojos y me consigo con Carlisle.

—Buen viaje, cariño —me dice sonriente.

Me levanto de un salto sorprendida y me guindo en su cuello, él me rodea con sus brazos y me besa la sien.

—Debo irme, ya el avión está por despegar. Estaremos hablando. —Sonríe y se separa de mí bajando por las escalerillas.

Todas las personas que nos acompañan en la cabina miran boquiabiertos en mi dirección, esto cuando se percatan de quién soy. Claro, son personas acostumbradas a ver artistas en sus vuelos, por lo que al minuto bajan su vista y se centran en otra cosa.

Adoro que Carlisle haya venido, al menos unos segundos. Creo que es el tipo de sorpresa que en verdad me agrada.

Me siento nuevamente, me abrocho el cinturón y el avión despega. Apago debidamente el móvil y me sumo en un tranquilo sueño donde habitan maracas, cunas y sonidos guturales.

Mi bebé me sonríe y yo a él, luego toma mi dedo medio con sus manitas y yo deposito un beso en su pequeña cabeza. Es tan dulce y gracioso.

—Bella —susurra.

Gimo con molestia hacia aquella voz chillona que me arranca de mi sueño.

—Ya llegamos —insiste.

Vaya, he dormido más de ocho horas.

Finalmente abro los ojos y me encuentro con Jasper que me sonríe educadamente.

Bajamos del avión y Londres me espera con el atardecer. Tendremos que tomar otro vuelo hasta España de sólo dos horas, pero mientras esperamos el despegue vamos a comer algo en un restaurant cerca del British Airways1

Al anochecer, abordamos de nuevo un avión y el tedio hace mella en mí, ya no es ansiedad ni emoción, sólo es fastidio. ¡Quiero llegar ya, joder!

Ninguno de mis amigos se atreve a hablarme sabiendo mi estado de ánimo. Y se los agradezco. Esto no es culpa de mis hormonas, es mi temperamento habitual cuando espero mucho, duermo poco y estoy embarazada…

Así que cuando piso Madrid estoy a punto de besar la pista de aterrizaje. Corrección, cuando entramos al hotel sí que estoy a punto de besar el suelo. Es precioso, todo lujo, brillo, y tranquilidad absoluta. Varios botones vienen en busca de nuestras maletas y el tipo de recepción nos ofrece una retorcida sonrisa y algo de comer, cortesía del hotel. Aquí deben estar alojándose muchas de las otras mujeres de la conferencia.

Subimos a nuestras respectivas habitaciones, yo quise compartir la mía con Alice, pero al parecer ella tenía otros planes con Jasper. Cosa muy extraña porque esos dos ni se soportaban hace una semana. En cambio, Rosaliesí aceptó quedarse conmigo, sólo para cuidarme de posibles dolores y para hacerme algo de compañía. Pero la verdad es que estoy acostumbrada a éstas cosas, creo que quien necesita compañía es ella. Sonrío al verla desempacar con tanto sigilo y pena, como si estuviese incómoda de tenerme allí.

—¿Todo OK? —inquiero. Ella se sobresalta porque estaba todo en silencio, luego me mira y se disculpa de nuevo apenada, arreglándose un mechón del pelo.

—Sí, señora, todo bien. —Fuerza una sonrisa.

Ruedo los ojos y me encamino a mi fabulosa habitación, ya luego hablaré con ella. Les juro que parezco una cría. Este hotel es impresionante. Debajo de las almohadas ponen chocolates y notas con números de los servicios del bar, pero hay una nota que me llama la atención inmediatamente.

Eres hermosa. Sonríe siempre. Te amo. CC.

Podría acostumbrarme rápidamente a estas sorpresas suyas, definitivamente. ¿Será qué sí nos hacía falta un empujón? ¿Ese empujón llamado hijo? Cojo la nota y la guardo en mi blog de notas. Tengo que llamarlo, sino se va a enfadar.

—Hola, cariño —saludo en la línea en cuanto contesta.

—¡Bella! ¡Me tenías preocupado! —exclama con enfado.

Parece que lo conozco más que su propia madre. Pero su enfado no me borra la sonrisa del rostro.

—Lo sé, lo sé. A penas llegué hace una hora. —Él suspira por el otro lado de la línea—. Gracias por la nota, me ha puesto una sonrisa del tamaño de una hamburguesa en mi rostro.

Carlisle se ríe, tenía tiempo sin oírlo reír.

—¿Una hamburguesa? Deberías cenar algo —gruñe—. Pero, no tienes nada que agradecer, sabes que te amo. ¿Están todos bien?

Sí, creo que tengo algo de hambre, es habitual en mí últimamente.

—Sí, Carl, quédate tranquilo. Ya hablaremos, tengo que ir por algo de comer. Te amo. —Cuelgo.

Ha ido bastante bien la conversación, lo que me hace retomar el pensamiento de que nos hacía falta un tercer integrante. Carlisle se ha comportado de maravilla y más atento que nunca, esperemos que las cosas sigan viento en popa para ambos. Mi mayor deseo siempre fue tener un hijo dentro de una familia estable, y creo que lo estamos logrando, a pesar de sus constantes enfados por no poder controlarme. Él sigue sin ser el amor de mi vida, pero al menos es alguien con quien me siento cómoda y tranquila.

Bajo al mini bar que está junto a la piscina sin mis gorilas, aunque sé que me siguen de lejos. Rose toma una siesta, Jake debe estar ligando por ahí, y Alice y Jasper… no lo sé. Así es como me cuidan. Tampoco es que lo necesite.

Pido un batido de fresa y el barman me sonríe abiertamente al reconocerme.

Me tiende un plato de comida, el que había prometido el de recepción, y mi batido. El plato es simple pero delicioso, puré de papas, pollo con especias y una ensalada César. Luego de devorarlo, voy por el batido, y me lo tomo tan rápido que tengo que correr al lavabo a devolver todo lo que he comido. Demonios.

Una vez que suelto todo lo que tengo, me enjuago la boca y me lavo la cara. El pecho me duele por las constantes arcadas. Sin embargo, he logrado acostumbrarme a vomitar, me sucede seguido.

Regreso a la barra y pido un té de limón. Algo para compensar mi dolorido estómago. Mientras lo ingiero un hombre corpulento y cobrizo se acerca a mí sonriente. Espero que no quiera fotos, no estoy para esas chorradas.

—¿Señora Cullen? —cuestiona. La manera en que pronuncia mi apellido es fantástica. Este hombre emana sexo por todos sus poros. Dios mío.

Consigo tragar el té con dificultad y mi respiración se hace más rápida. ¿Qué soy? ¿Una adolescente?

—Sí —logro pronunciar con seguridad.

A pesar de todo no suelen ponerme tan nerviosa los hombres así como para perder el habla y arrodillarme ante ellos.

—Un placer, soy Edward Masen, su acompañante de conferencia —anuncia sonriente y a mí se me cae la baba por el hombre.

Tiene unos bonitos ojos azules, una nariz perfilada y unos labios finos y cincelados.

Calma, Bella. Sólo es el chico con el que te has texteado esta mañana.

Le tiendo la mano y me la estrecha con delicadeza. Me da otra preciosa sonrisa que me marea, pero lo soluciono con que es otro síntoma del embarazo.

—Así que mi acompañante… no lo entiendo —digo apenada observando sus movimientos.

Coge la silla contigua a mí y se sienta con elegancia. Sólo he visto esa elegancia en mi marido, ningún otro hombre se veía así de despampanante como él. Y eso que éste a penas me debe llevar unos pocos años.

Edward me mira pensativo, luego parpadea volviendo a la realidad.

—Pues, a cada mujer se le asigna un acompañante para guiarle durante los días que está en Europa, con el fin de informarle sobre todas las actividades que se realicen día a día en esta conferencia. Recuerde que es de tres días continuos —explica con paciencia.

—Lo entiendo. Gracias. —Sonrío.

Se queda pensativo unos segundos y yo no sé qué más agregar, me ha dejado sin habla, hasta sin respiración. Maldito.

—¿Cómo ha estado el vuelo? —pregunta interesado.

Excelente, hasta es preocupado por los demás. Su sonrisa me tiene rendida.

—Tedioso. —Suspiro—. Pero, ya estoy aquí.

Él asiente y me mira fijamente a los ojos.

—Disculpa, ¿quieres algo de tomar? ¿Vino, whisky?

Uhmmm… También es atento.

—Sí… digo, no… digo, no puedo… —titubeo—. Pero gracias. —Exhalo. Es un momento incómodo. ¿Desde cuándo estoy en las nubes?

Él se ríe bajito y me pide un zumo de naranja, para él pide un whisky.

Pasamos la noche hablando acerca de su trabajo, y muy poco acerca de mí, supongo que prefiere que yo le cuente sin presión. Al parecer es abogado, trabaja como gerente general del buffete de su padre, y está por inaugurar una firma de abogados. Todo esto siendo hijo único, al igual que yo, se crió en un ambiente poco familiar y quiso ser algo más que lo que su entorno le ofrecía, que eran drogas, alcohol y otras cosas letales. Sin embargo, nunca sufrió por dinero, a diferencia de mí.

—Soy periodista y estoy cursando una carrera de derecho —comento con libertad—. Y básicamente mi misión en la vida es ayudar a los que lo necesitan, a todas las mujeres que sufren maltratos, violaciones, secuestros y un extenso etcétera. —Me siento orgullosa por cómo resumí lo que hago. Sinceramente, el estarlo logrando, es mi mayor orgullo.

Cuando hablo de maltratos, violaciones y secuestros, una sombra de tristeza pasa por los ojos de mi acompañante, y me da escalofríos. Es algo entre rabia y dolor.

—¿Sucede algo, Edward? —pregunto con preocupación.

En un acto reflejo cojo su mano y él se pone rígido al instante, lo que me hace soltarla y disculparme en voz baja. Luego Edward se percata de lo que sucede y vuelve a tener su temperamento carismático.

—Lo siento, me he ido. —Coge mi mano y deposita un suave beso—. Me encanta lo que haces. Cualquier cosa que necesites acerca de tu carrera en curso, no dudes en decirme.

Estoy a punto de suspirar y botar de mi nariz corazones. Es un hombre grandioso, quitando la escena de tristeza. Pero creo que todos tenemos algo de dolor dentro.

Mi móvil vibra en mis jeans y reviso.

*Buenas noches, Bella, descansa. Pórtate bien*

Carlisle.

Miro la hora y son las 10 pm. En América deben ser l am.

*Siempre. Descansa, cariño*

Tu B.

Creo que el hecho de pensar que este hombre me ha atrapado en sólo unos minutos, no es portarse mal. ¿O sí? Seguro que a Carlisle también le han atraído otras mujeres y no es nada de pecar mientras no haya más que atracción.

Trato de convencerme con eso.

—¿Tu marido, eh? —adivina Edward.

Sonrío y asiento.

—¿Por qué me has dicho que la conferencia es hoy? Si es mañana por la tarde… —cuestiono confundida, recordando su mensaje.

Edward sonríe con esa sonrisita moja bragas. ¡Dios mío! ¿Qué estoy pensando? Las hormonas son una cosa irregular. Estoy segura de que él sabe el efecto que tiene sobre las mujeres.

—Pues, ahora es nuestra conferencia y mañana es el comienzo de la oficial —dice y se encoge de hombros con inocencia.

La manera en que ha pronunciado "nuestra" me deja boquiabierta. Tiene un tono muy sensual. Repito, emana sexo por los poros. Pero a la vez, es dulce y trágico. No sé qué tiene, pero es como si fuera muy abierto y a la vez ocultara miles de cosas. Es un misterio de hombre, lo que lo hace interesante. ¿Se habrá vuelto de esa manera para conseguir chicas? Es decir, ¿es así para llamar la atención? Si estoy en lo correcto, ha sabido entrenarse.

—Uhmm… —Me limito a responder.

Finalizamos nuestra conferencia con un par de trivialidades acerca de nuestra vida y nos despedimos con un leve abrazo.

Me dirijo a mi habitación y escucho a Rosalie hablando por teléfono.

—Sí, sí… estoy bien aquí… oh, va entrando, te llamo luego. —Cuelga.

—No te preocupes por mí, Rose. —Ella se sorprende por la manera en que la apodo—, sólo me daré una ducha y luego a dormir.

Me examina desde su cama y luego se acerca a mí con rapidez.

—No ha comido, ¿cierto? —murmura observando mis notables ojeras.

—Vomité —gruño.

Ella suspira con pena y me rodea los hombros para llevarme a mi cama, a continuación me pasa unas vitaminas y dos pastillas blancas, supongo que para el malestar de devolver todo lo que a penas has podido comer. Pero, ¿cuál malestar? Me siento fantástica, con vida.

Hacía mucho tiempo que no conversaba así con nadie, a pesar de que ha sido un pequeño rato. Lo mejor del caso fue todo lo que teníamos él y yo en común para discutir. En realidad no es cómo me lo esperé, me agrada en serio. Será genial tenerlo de compañía durante estos días.

.

.

.

La mañana no es tan ajetreada como pensé que sería. Sólo Alice llamando impaciente en mi puerta porque Ann estaba en la línea telefónica y exigía hablar con su tita. Luego Jasper realizándome varias preguntas acerca de la conferencia y finalmente la llegada de Vulturi a mi hotel, quien llegó primero a Europa que nosotros, pero decidió alojarse en otro lugar.

—¿Todo listo para hoy, señora? —pregunta Vulturi.

Creo que es el único de mi equipo al que le permito llamarme señora, sólo porque hay algo en él que en serio no me gusta. Y también porque sigue a prueba, no confío en él. Sobre todo después de que decidiera venirse antes a Madrid. Algo de él, no encaja.

—Eh, sí. —Le quito importancia—. Quiero que tengas la conferencia para transmitirla en vivo por el canal del Presidente —le ordeno, reuniendo toda la amabilidad que puedo.

—Será difícil en vivo, señora Cullen, puesto que no he traído todo el equipo necesario. Pero veré qué puedo hacer —dice con una radiante sonrisa y se retira de mi habitación.

Bueno al menos ya lo tengo trabajando en algo y no acechándome por ahí.

Rose me hace el chequeo matutino de presión arterial y me da unas cuantas pastillas. Creo que la mayoría son para evitar que vomite. Aunque poco y nada comeré en la conferencia, aún no es público mi embarazo, por lo que no quiero que lo sea hoy con toda esa gente viéndome vomitar.

Después de desayunar, decido ir a elegir el atuendo de hoy.

Seguramente me costará un infierno. Un vestido rojo será demasiado llamativo, uno negro será muy de funeral. Un vestido largo color salmón, parecerá de premios Oscar's. Zapatos muy altos, no debo. Zapatos muy bajos, poco elegantes. Mucha bisutería, sería poco humilde. ¿Qué hago?

Durante mi frustración, tocan la puerta y yo gruño, en verdad gruño, un "adelante".

—Buenos días, Isabella —saluda Edward casualmente.

Entra y se sienta en la mesa de té que está junto a la ventana.

Estoy boquiabierta por verlo aquí. Es increíble lo guapo que se ve hoy. Está usando unos jeans oscuros y una franela de algodón violeta. ¿Cómo algo tan simple le puede quedar de infarto? Aún tiene el cabello mojado, supongo que ha tomado una ducha. Tiene un olor varonil, creo que no es ninguna fragancia, es natural.

—Buenos días —consigo decir en medio de mi flaqueza emocional.

¿Cómo logra ponerme en este estado?

Él me sonríe abiertamente, quizás divertido por la situación de verme en shock. Por Dios, Bella, ¡eres la primera dama!

—¿Cómo dormiste?

—¿Me preguntas por mi sueño? —Enarco una ceja.

—Uhmmm, sí. —Enarca igualmente una ceja, pero con diversión.

—Excelente, hasta que he despertado. —Me encojo de hombros con falsa pena.

Él se ríe y niega con la cabeza.

—Bueno, ¿y qué haces ahora? —pregunta señalando el desastre de ropa y zapatos a mi alrededor.

Bufo con frustración.

—Tratando de escoger algo para hoy.

Él observa calladamente todas las prendas, desde su lugar, y finalmente me señala un vestido rojo.

Lo levanto y lo observo.

Es largo, tiene un corte en la pierna derecha que va desde la rodilla hacia abajo, tiene corte en forma de corazón en los pechos y es manga larga, en la cintura tiene algunos detalles con pedrería. Nunca lo he usado. A penas y me había dado cuenta de que lo había tirado en el montón de los que no me gustaban.

Pero en realidad es muy lindo y me gusta. A pesar de que había desechado la idea de usar uno rojo. Sólo que este es un rojo muy opaco.

Al imaginarme en él, me siento segura. Es perfecto para hoy.

—Me gusta —digo sonriente.

Edward me guiña un ojo y se levanta de la silla.

—Bueno, espero que lo uses. —Sonríe—. Te dejo para que te arregles. Nos vemos en un par de horas, ¿vale?

—Vale, gracias.

Se acerca a mí, me deposita un suave beso en la mano y se va, dejándome en el aire, sonriente.

¿Qué ha sido todo eso? Creo que lo que más me gusta de él es que me trate con tanta confianza sin necesidad de que yo se la pida.

Alice entra por segunda vez en el día apresurada a mi habitación.

—¡Se hace tarde, Bella! —vocifera.

Y quiero asesinarla.

—Ya sé, ya sé. —Ruedo los ojos—. Estoy a punto de terminar.

Y no miento, me coloco un pasador para recogerme una parte del cabello y sólo me falta el maquillaje, que de eso se encargará Louis, mi estilista. Le evité el peinado porque en verdad se ha hecho tarde.

—¿Dónde está Louis? —pregunto mientras me agrego la base para ganar un poco de tiempo.

Alice se muerde el labio con nerviosismo y me dice justo lo que no quería oír en estos instantes.

—No vendrá.

Nos toca apañárnosla, lo bueno es que Alice es realmente buena con esto. Después de agregar las sombras y el rímel, vamos por los labios, es lo más difícil de combinar debido al vestido, pero ella decide colocar sólo un poco de brillo y listo. Creo que le va más lo práctico, como a mí.

Me monto en unas cómodas zapatillas de tacón muy corto, el vestido disimula perfectamente lo poco altos que son. Aunque no soy de baja estatura, sí que notarán algo de diferencia. Así es la gente, pendiente de los cambios.

Rosalie está usando unos jeans y una blusa corta de tirantes junto con una chaqueta de cuero roja, creo que tiene planes con Emmett, mi guardaespaldas. Claro, esos planes serán luego de la conferencia. Lástima que no pueda llevármela y deba esperar afuera en la limo, en caso de cualquier percance.

Jasper está muy guapo, ataviado en un smoking. Y Alice… es Alice. Sólo a ella se le ve así de espectacular un vestido negro que le llega a las rodillas y es de corte V en los pechos. Yo me vería como una profesora o algo por el estilo. Sólo falta Vulturi, que llega tarde, usando un traje muy elegante con corbata. Alice y Jasper me halagan por cómo me veo, creo que me gusta mucho este vestido. No sé si porque lo escogió Edward, o porque es hermoso.

Son las cuatro de la tarde y no he sabido nada de él desde las once de la mañana. ¿Le habrá pasado algo?

*Éxitos, Bella. La suerte no la necesitas*

C.

Oh, Carlisle.

*Gracias, señor Presidente*

B.

A penas y había podido hablar con él, sólo cuando Ann llamó esta mañana. Estaba poco contento hoy, y se lo achacó al hecho de que no estaba junto a él cuando despertó. Raramente lo veo en las mañanas, por lo que no eché en falta la presencia de otra persona a mi lado en la cama, pero él si me suele ver mientras duermo así que, debe ser duro para él. Nunca nos habíamos separado al viajar.

Finalmente, llega Edward y yo suspiro de pura tranquilidad. Ya podemos irnos.

Edward trae un traje azul marino con una corbata negra, se ve fantástico y elegante.

—Alice, Jasper, Rosalie y señor Vulturi, él es Edward Cullen, mi acompañante en la conferencia —anuncio con una sonrisa educada, tratando de disimular todas las emociones que este hombre ocasiona en mí.

Alice tose con incomodidad y desvía la mirada, ¿qué le sucede? Jasper en cambio estrecha la mano con Edward, al igual que Rose y Vulturi. Después Alice se recupera de su no sé qué, y repite la acción de los demás. Le observo extrañada. Edward le regala una tensa sonrisa y ella bufa rodando los ojos.

No entiendo nada.

—¿Sucede algo? —le pregunto a Edward mientras nos dirigimos a la limo.

Él me mira confundido.

—Con Alice, quiero decir.

Pone una expresión bastante neutra y luego contesta con simplicidad.

—Somos viejos amigos. —Se encoge de hombros, restándole importancia al asunto.

Pero la verdad es que parecía un asunto importante entre esos dos. Ya hablaré con esa chiquilla.

Cuando estamos a bordo, me siento junto a Edward para hacerle ciertas preguntas, hablamos en susurros puesto que no quiero que los demás oigan. A pesar de que están enfrascados en sus propias conversaciones.

—Oye, ¿cómo obtuviste mi número privado antes de conocerme? —murmuro. Es una pregunta que he querido hacerle antes de llegar incluso aquí.

—Bueno, es privado y todo lo demás, pero quería presentarme contigo antes de que nos conociéramos personalmente y la conferencia me lo permitió. Sólo si era cuidadoso con él —explica con brevedad.

—Sí, he tenido que cambiar muchas veces de número gracias a que se filtra en las redes —digo con fastidio.

Edward ríe.

—Debe ser una tortura tener que huir tanto de los medios, ¿eh?

—Bastante.

Observo el paisaje fresco de Madrid, es muy hermoso, el atardecer deja mucho que desear, al pasar los parques, quisiera montarme en los columpios durante una tarde, así, libremente, sin compromisos, sólo yo.

Luego pasamos por una calle muy parecida a Broadway, es preciosa, tiene diversas tiendas de ropa y hay gente por doquier, caminando de aquí-allá.

Sinceramente, no me caerían mal unas vacaciones aquí. Edward me informa que la calle parecida a Broadway se llama Gran Vía. Él también habla un perfecto español.

—Te ves hermosa —me susurra al oído, mientras observo encantada la Plaza de España.

Inmediatamente se me pone la piel de gallina y una presión desconocida se instala en mi pecho.

—Gracias, Edward. También tú te ves bien. —Le sonrío cortésmente.

—¿Sólo bien? —Hace un puchero encantador—. Creía que me veía de infarto.

Río.

—Tal vez un poco más que bien —digo y me muerdo el labio.

Su mirada se va hacia mi boca y luego hacia mis ojos y sonríe.

—Tienes una risa muy bonita, Isabella.

Siento el calor subir a mis mejillas y sonrío agradecida. En verdad me van bien los cumplidos, sobre todo cuando durante esta semana me he sentido tan poco deseada.

Finalmente llegamos al lugar de conferencia. Y mi corazón está por salirse de mi pecho. Realmente no sé cómo moverme para bajarme. El lugar está atestado de gente y todos enfocan su vista hacia la limo.

—Hemos llegado, señora Cullen —informa Edward, con toda la formalidad que puede. Supongo que porque los demás están escuchando.

Suspiro y el chófer sale de la limo, la rodea, y se dispone a abrir la puerta tendiéndome su mano para ayudarme a salir. Me congelo unos segundos al oír los gritos de las personas ahí fuera, pero finalmente tomo la mano del chófer y salgo.

—Éxitos, Isabella —susurra Edward en mi oído, me da una suave caricia en la espalda y comienza a caminar delante de mí.

.

.

.

N/A:

1. British Airways: Aeropuerto Británico.

Corto, pero por algo se empieza, ¿eh? Disculpen nuevamente la gran tardanza. /Problemas personales/ Quiero saber qué les pareció el capítulo, necesito ideas para la conferencia, un acto vergonzo que puede pasarle a algún personaje, o qué personajes quieren que aparezcan y con qué título, es decir, desempeñando qué papel, ¿de guardaespaldas? ¿Celebridad? ¿Primera dama de otro país? Recibiré sus propuestas :). ¡Gracias por apoyar a esta escritora de muerte!

Únanse al grupo del FB: www facebook com / groups / annbmasenfanfiction /

(Todo junto).

Háganme llegar sus opiniones.

Besos y abrazos.

A x.

(EDITADO/BETEADO)