Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y a la Saga Crepúsculo, sólo me adjudico la historia y algunos personajes.

Capítulo VII: "La Conferencia y otros dramas."

Capítulo beteado por Melina Aragon, Beta de Élite FanFiction (www facebook com / groups / elite . fanfiction)

"Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas."

George Eliot

—¡Bienvenidas, mujeres fuertes, emprendedoras y luchadoras de América y Europa! —saluda con una sonrisa la Reina de España, Tanya Denali, quien encabeza la Conferencia.

Desde mi lugar, muy al frente de la larga mesa, puedo observar su entusiasmo, es casi tan tangible como el mío. Hay muchos mesoneros moviéndose por todos lados, muchos guardias de seguridad y varios hombres al lado de cada una de las mujeres representantes de países de América o simplemente celebridades. A mi lado, como corresponde, está Edward Masen. Se encuentra serio pero muy relajado. Mis acompañantes están sentados en un área de living lejos de mí, puesto que la mesa sólo es para participantes de la Conferencia.

La Reina se instala en un discurso muy extenso sobre el propósito de este hecho.

—… No podemos permitir que las mujeres sigan siendo objeto de violaciones, tráfico humano, trabajos forzados y secuestros. Al contrario, trabajemos en pro de sus derechos. Este primer día de Conferencia será dedicado a legalizar organizaciones para la protección de esas mujeres que han sufrido estas aberraciones ya antes mencionadas. Gracias. —Finaliza. Se escuchan los aplausos y vítores. Edward, también aplaude y me guiña el ojo con una simple sonrisa. Acto seguido el lugar se calma y la Reina vuelve a hablar—. Buen provecho, espero que la comida les sea de gusto y al terminar la cena, nos enfrascaremos en las nuevas organizaciones —dicho esto, se baja del ambón y se dirige a mí.

—Su alteza —saludo y me levanto inclinando la cabeza en su dirección.

Ella me sonríe dulcemente y me da un leve abrazo que no pasa desapercibido para nadie, todos observan atentos la escena. Luego, toma una copa de vino y la levanta, señal de que todos debemos hacerlo también.

—Con este brindis, la inauguración de la Conferencia está hecha. Salud, por las mujeres. —Todos chocan las copas y beben de ella. Por mi parte, disimulo un sorbo pero la verdad es que no bebo ni una gota.

En el momento de la comida, me decido por una sopa muy extraña típica de España, lo cierto es que está deliciosa y apenas sé lo que lleva, tiene un sabor muy parecido al pollo con verduras, pero no sabría decirlo con exactitud.

Todos los demás presentes optan por comer los tres platos servidos, además, de fruta y helado. A penas y puedo comer un poco de uvas, porque ya siento la familiar sensación de que voy a devolver todo lo que he comido. Pero trato de evadirla tomando pequeños sorbos de agua.

En la mesa hablan unos con otros y comentan sobre sus propuestas de organizaciones. Yo me limito a asentir y a dar breves comentarios, no conozco a muchas, pero trato de amenizar el ambiente, ya que, todas quieren escucharme hablar pero definitivamente no estoy de ánimos, siento que en cualquier momento voy a vomitar.

Edward nota mi incomodidad y se remueve en su silla, acercándose a mí.

—¿Te pasa algo? —murmura.

Bebo otro poco de agua y me relajo.

—No. —Niego lo innegable—. ¿Por qué?

Me mira confuso y suspira.

—Puedes confiar en mí —dice con disimulo en mi oído y un escalofrío recorre mi columna vertebral, haciéndome respirar pesadamente, el ambiente se vuelve algo más denso, como si sólo estuviésemos mirándonos él y yo en el momento.

Gracias al cielo Alice nos interrumpe, lo que no me permite esconderle lo que me sucede y tampoco por qué me sucede. Es decir, mi rostro sigue teniendo esa expresión de que en cualquier momento podría manchar mi lindo vestido de vómito.

—Rosalie quiere verte, Bella —dice entre dientes. No le alegra la idea de encontrarme tan cercana a Edward, mucho menos al verme tan fatigada.

Edward nos mira con curiosidad y luego se dirige a otro hombre que está sentado cerca de él.

Aprovechando que todos están entretenidos, me excuso y me levanto, siguiendo a Alice a un lugar privado en donde me espera Rose.

—¿Cómo te sientes? ¿Quieres vomitar? ¿Sientes que te vas a desmayar? Estás muy pálida —me cuestiona preocupada. ¿Qué tendré en el rostro?

—Sólo siento náuseas, Rose, tranquilízate.

Alice se ríe tensamente, supongo que sigue disgustada por el asunto de Edward Masen.

Mientras Rosalie sale en busca de su botiquín, confronto a mi cuñada.

—¿Y a ti qué te sucede? —suelto sin rodeos.

Suspira con cansancio y rueda los ojos. Está fastidiada, incluso podría decir que se siente igual de fatigada que yo del sólo hecho de ver a ese hombre, que a mi parecer, es un caballero. Pero como diría Carlisle, caras vemos, corazones ¿quién los conoce?

—Mira, Bella, no me agrada… no lo quiero cerca de ti. ¿No se podrá hacer un cambio de acompañante? Si es así, hagámoslo ahora mismo —dice todo con tanta rapidez que apenas logro encontrarle sentido a sus palabras.

—Sabes que con eso no me vas a convencer. A mí me cae estupendamente. ¿Por qué querría cambiarlo? —Enarco una ceja retándole.

A pesar de que es terca y no sirve presionarla, tengo que hacerlo, porque necesito que suelte algo, por muy pequeño que sea.

—Sí, a Carlisle le encantaría saber que te gusta ese hombre. —Zanja.

Estoy segura de que ese no es el motivo por el que quiere que no esté cerca de mí, me di cuenta por la manera en que lo miró en el hotel. Pero decido dejarlo para cuando esté más calmada. Además, ¿en realidad me gusta? Suavizo la expresión de su rostro poniendo la mano en su espalda y rascando con dulzura. Ella me mira y bufa.

—Siempre lo logras, ¿eh? —Sonríe—. Por ahora, lo dejaremos junto a ti, no es malo, drogadicto, alcohólico, ni violador, que te baste con eso. Pero cuídate.

Asiento y me abraza fuertemente como hace mucho tiempo que no lo hacía. Alice es de entre todas, mi mejor amiga, mi hermana, jamás dejaría que algo me sucediera, a pesar de ser tan obstinada, me quiere y yo a ella.

Rosalie regresa con varios medicamentos y luego de ingerirlos todos, me pide que chupe por varios minutos una pastilla rosada que me ayudará a pasar la fatiga. Pero mientras, debo volver, porque está a punto de comenzar la parte más importante de la Conferencia y yo estoy de los nervios.

—Buenas noches, un placer estar aquí hoy, soy la Primera Dama de los Estados Unidos de América, Isabella Cullen, mi proyecto "Segunda Dama" comenzó como una iniciativa para ayudar a toda aquella joven menor de 18 años que en el pasado haya sufrido de violaciones y por consiguiente, su vida haya quedado tan arruinada como para no poder valerse por sí sola, ya que, el solo hecho de sufrir algo que atente en contra de nuestras vidas, hace que quedemos marcadas para siempre. Imagínense lo que sería acarrear con estas consecuencias sin tener ningún tipo de ayuda —explico a la multitud de mujeres que me miran con asombro y algo de orgullo—. Luego con mucho trabajo pude abarcar a mujeres mayores con los mismos problemas de violación, esta vez, por parte de sus maridos y así fue surgiendo la idea de hospedarlas en la Casa Blanca con la finalidad de darles unos días de descanso y ayuda psicológica, también nos encargamos de lo judicial, aunque esto apenas se ha revelado hoy. Si estas mujeres conocen la identidad de sus agresores, el FBI se hace cargo de ellos. Gracias a este proyecto he logrado poner cincuenta sonrisas en el rostro de jovencitas y mujeres mayores que creían perdidas sus vidas y aún quedan muchas más por alegrar. Una organización a nivel internacional de este tipo sería de mucha ayuda para aquellas que no pueden ser elegidas por el programa debido a que no son americanas o residentes de los Estados Unidos. Espero el mayor de sus apoyos, gracias. ¿Alguna pregunta? —Esto último lo digo por cortesía.

Suspiro casi imperceptiblemente. Edward me sonríe en señal de apoyo desde su lugar, por alguna razón no quiso subir conmigo pero me basta con su mera presencia. Creo que me extendí unos cinco minutos más de lo que debería durar la explicación de por qué mi proyecto debería ser una organización. Pero en el rostro de muchos de los presentes veo la aprobación, la Reina me dedica una sonrisa y me pide que me coloque a su lado.

Las piernas y las manos no paran de temblarme, nunca había tenido tantos nervios en mi vida, a pesar de sentirme aceptada aquí.

Sé que Carlisle habrá visto o escuchado el discurso, al menos eso espero.

Antes de poder bajar una mujer sentada al lado izquierdo de la Reina levanta la mano. Demonios.

—Señora. Soy de la revista British, tengo una pregunta para usted.

Asiento y le invito a proseguir.

—¿Está el Presidente de acuerdo con que usted aloje mujeres ajenas al Gobierno en la Casa Blanca?

Huy. La pregunta indicada, en el momento menos adecuado. Lo mejor sería desviar el asunto, sin embargo, se daría por sentado el hecho de que Carl no me apoyó al principio y no tenía por qué dejarlo como un hombre sin sentimientos delante de todas estas personas que no lo conocían. Él tenía sus razones para no apoyarme, quizás el qué dirán. Pero vale, al final terminó dejándome tomar la decisión y aquí estoy. Sería bueno responder algo como eso, aunque creo que nadie lo tomaría bien.

—Gracias. Bueno, para ninguno fue fácil tomar esta decisión. Digamos, ¿para ustedes sería fácil albergar a alguien extraño en su casa? ¿En su lugar de privacidad? Es decir, siempre estamos siendo perseguidos por millones de personas que quieren averiguar todo lo que hacemos día a día, pero no sólo con esa intención, a veces con el propósito de sacar a la luz nuestros errores y si bien Carlisle no quería que nos afectara algún infiltrado con malas intenciones, yo tampoco. Pero aquí estamos, no hemos tenido ningún inconveniente con el Proyecto Segunda Dama. Ellas han vivido todo lo que yo hago día a día en ese lugar, en mi hogar, y les he enseñado ciertas cosas. Es un beneficio el mostrarle todas las buenas acciones que pueden realizar a pesar de su pasado, en vez de quedarse rezagadas en sus casas, con miedo. —Cuando termino de hablar escucho al fin aplausos, no sé dónde dirigir mi mirada, sólo veo manos chocándose y mujeres sonriendo, hasta la propia Reina aplaude. Sé que Carlisle estará orgulloso de mí.

Ahora sí, más segura de mí misma, bajo del escenario y me sitúo a un lado de Tanya Denali, la Reina.

La conferencia sigue hasta muy pasadas las doce de la noche, y todas las propuestas son fantásticas. El asistente real anota todos los nombres y se decide que durante el día de mañana se discutirá entre la Corte, su Alteza Real y el Parlamento, cuáles serán las nuevas organizaciones internacionales.

En Estados Unidos mi proyecto está a punto de convertirse en organización oficial, por lo que no me preocupa el resultado, aunque, si quiero que esto llegue más allá de mi nación.

Me despido de cuantos puedo y desde luego, de la Reina quien me sonríe con dulzura y me felicita por el discurso que he dado sobre la Segunda Dama.

Ya en la limo todos estamos grogui y deseosos de llegar a descansar un poco. Mañana no será un largo día, creo que algo podremos dormir.

Emmett y Rosalie tienen pensado salir a caminar un rato, ya que, sus planes se arruinaron al alargarse el evento. Pobrecitos.

Decido tomarme mis píldoras para dormir, a pesar del cansancio, no tengo sueño y sin Rose para platicar no estaré más que dando vueltas en la cama. Lo admito, necesito a Carlisle.

Le dejo varios WhatsApp y espero su respuesta mientras me doy una ducha calientita, como las que tanto me gustan.

Mientras el agua consigue relajar mis sentidos me sumo en mis pensamientos. Edward fue espectacularmente caballero hoy, incluso más que ayer. Es un hombre con mucha dulzura y juventud, aunque me informó que tenía treinta y ocho. Para mí me parece imposible, le calculo unos treinta. Es decir, en cierto modo si me atrae su chispeante personalidad, por otro lado, se me parece muchísimo a Carlisle, así que no es buen momento para compararlos, ya que, en serio, necesito a mi marido. Quizás es sólo eso, Edward tiene una elegancia y una manera de actuar, similar a la de Carl.

Aclaro el jabón de mi cuerpo y me envuelvo en una toalla dispuesta a vestirme para descansar. Al fin y al cabo, las píldoras ya están haciendo sus efectos en mí.

*Buenas noches, B. Te amo. Haz estado impresionante en la Conferencia.*

C.

Como veo que sigue en línea, le llamo.

¿Bella? Santos cielos, te extraño, querida. —Contesta con asombro.

Río.

—Te extraño muchísimo, Carl y te amo —susurro con pena.

¿Pasa algo? —inquiere.

—No, bueno, sí, ya quiero volver a casa.

Dentro de poco, Isabella. —Suspira—. ¿Todo bien? Es un poco tarde para estar despierta, eh.

Así pasamos unos diez minutos hasta que se queda dormido. Para ser sincera, creo que tuvo mucho aguante, allá debe ser casi de mañana. Pobre, quizás dentro de una hora deba levantarse.

Suspiro con resignación. El sueño no me ha vencido. Y descubro que tampoco me he vestido. Rosalie probablemente no llegue aquí esta noche, por lo menos no a nuestra habitación. Considero el dormir desnuda un placer de la vida del que sólo se goza en dos condiciones: viviendo sola o casada.

Voy por un vaso de agua sosteniendo la enorme toalla sobre mi cuerpo.

Toc, toc, toc, toc…

Ha de ser Rose. Así que al fin y al cabo sí regresó.

Abro la puerta con descuido y la dejo abierta para que pase, mientras me sirvo el agua.

—¿Cómo te fue con Em, Rose? —pregunto volteándome para encontrarme con Edward Masen con una sonrisa divertida en los labios.

Escupo el agua de mi boca con asombro. Sí, muy de película. Y corro inmediatamente al clóset a ponerme algo de ropa. Dios mío, ¡me ha visto en paños menores!

Elijo unos shorts de jean y una blusa negra que me llega justo por encima del ombligo. Muy adolescente, a decir verdad. Pero ¿qué se puede conseguir en una situación de apuros?Camino colocándome unas vans. Típica americana. Estoy de revista . Me río internamente por el hecho, generalmente no uso los outfits que me obsequia esa revista. ¿Será éste uno de ellos?

—Lo siento, Isabella, yo no quería…

—Ya déjalo, sólo fue un error mío. —Le interrumpo evitando sus ojos. Estoy muy apenada—. ¿A qué venías?

Edward piensa durante unos segundos y luego sonríe como suele hacerlo para derretir a las mujeres, por lo menos a mí me derrite.

—Quería que saliéramos mañana a almorzar antes de la Conferencia, digo, si gustas…

Finalmente lo miro y asiento, susurrando un OK.

Un bostezo se apodera de mí sin poder evitarlo. Qué vergüenza me da con Edward.

—Oh, es tarde, debes descansar —dice.

—Sí. Pero Rose aún no llega.

—Uhmm… ¿quieres que te acompañe hasta que te duermas? —murmura con cierto tanteo.

Abro los ojos con asombro. ¿Acompañarme? ¿Aquí? ¿Quedarse conmigo mientras me quedo dormida?

—Sólo decía. No tienes que responder sí, Bella. —Arregla el momento de silencio y se levanta dispuesto a irse—. Buenas noches.

—Espera. —¿Fui yo la que habló?—. Quédate.

No podía creer lo que le estaba pidiendo, pero ansiaba su compañía. No podía explicar el por qué, sólo lo quería cerca de mí, al menos por estos días.

Él me sonríe y me guía de la mano hacia la habitación, donde toma asiento en un sillón al lado de la cama y yo me acuesto bajo las mantas.

Cierro los ojos y comienza a tararear una canción de cuna. ¿Será Mozart?

Increíblemente comienzo a caer en un delicioso sueño. Me basta con balbucear un "Buenas noches" para no saber nada más acerca del mundo.

El día transcurre sin altercados. Me levanto a las siete de la mañana y tomo un ligero desayuno que por suerte no vomito. Estoy encantada. Despierto con una sensación mimosa y me extraña.

—Oye, Edward dejó esto para ti —dice Rose y me entrega una hoja doblada por la mitad.

¡Edward! ¡Él durmió conmigo! Bueno, tal vez no en mi cama, pero, ¿se iría cuando caí en brazos de Morfeo? Dios mío, qué pena.

Leo atentamente la nota que pone: "Bella, nos vemos a la hora del almuerzo."

Madre mía. ¡Qué letra!

Rose me sonríe con complicidad y se retira a hacer quién diablos sabe.

.

.

.

—¿Eres soltero o casado? —pregunto y doy un sorbo a mi jugo de fresas.

Edward lo medita durante unos segundos.

Que diga no, que diga no… Pienso.

—No, lo estuve —murmura con cierta incomodidad.

Vaya, problemas amorosos.

—¿Puedo saber a qué se debió la separación? —cuestiono con timidez. De repente quiero saberlo todo sobre él.

Él me mira escrutándome, buscando el motivo de la pregunta. Pero es simple curiosidad. Realmente no es que necesite la información. Lamentaría mucho el obligarlo a soltarme cosas personales.

El silencio se ve interrumpido por el mesonero que trae las bandejas de comida. Agradezco y pido un vaso de agua, creo que lo voy a necesitar al rato.

—No importa si no quieres hablar, lo entiendo perfectamente.

Edward niega lentamente y suspira con pesar.

—Ella me dejó cuando nació nuestra niña —sentencia.

Mis labios se abren y se cierran en un intento de responder ante semejante confesión, pero nada sale de ellos. Tomo un bocado de lo que sea que me haya ordenado.

—¿Así que tienes hija? —curioseo.

—Sí.

Y ahí se corta nuestra conversación. Decido no profundizar más en el terreno, por lo visto no es su tema favorito. Debe seguir amando a esa increíble mujer que fue capaz de dejarlo con una hija de por medio. Genial.

El almuerzo no se ve afectado por eso. De hecho Edward mejora su ánimo y me hace algunos cumplidos acerca de mi vestuario de hoy, ofreciendo su ayuda para ayudarme con el de la conferencia de hoy.

—¿Te fuiste esta mañana? —decido preguntar.

Él se ríe y me guiña un ojo llevando consigo todo el sexo que posee.

—Pues, sí. Cuando Rose llegó. —Sonríe tiernamente acariciando mi mejilla—. ¿Te molesta?

Niego sin saber qué decir. Y me asusta el que no me moleste que otro hombre que no es Carlisle me haya visto dormir.

—Perfecto.

Edward paga la cuenta y nos retiramos a dar un paseo, donde él me coge de la mano y yo encantada de la vida la tomo. Eso sí, cuidando de estar bien cubierta. No soy la mujer maravilla pero sí que sé cómo esconderme. Mis gorilas no deben saber dónde estoy, fue fácil, sólo un: "No quiero que me sigan, estaré en asuntos personales" y ya estaban desapareciendo de mi vista.

No sé por qué dejo que Edward me demuestre su cariño, por qué dejo que este hombre me acaricie, me coja la mano o me bese la mejilla y me coja por la cintura, pero lo que sí sé es que estoy perdida. Realmente me gusta.

La conferencia es aburrida, por suerte dura sólo unas horas y lastimosamente mi Proyecto no es válido, ellos argumentan que es perfecto pero que requiere de mucho dinero y que sería imposible para todos los países albergar a mujeres en sus casas de Gobierno. Sin embargo, Carlisle me asegura que en América ya está aprobado y va a llevarse a cabo. Sé que lo hace para consolarme. Pero no lo necesito, no vine a esta conferencia a ganar una Organización más, vine a exponer mis opiniones e ideas al mundo y hacer justicia con ellas.

—Lo siento, B —dice Jacob y me da un fuerte abrazo.

Río.

—Hey, Jake, estoy bien. ¿Qué mayor logro que estar con ustedes hoy aquí?

Con eso les tranquilizo.

Luego de nuestro paseo Edward ha estado actuando muy extraño. No quiere siquiera acercarse a mí. ¿Será temor?

—Bella, necesito que vayas a unas entrevistas antes de irnos a América. ¿Es posible? —inquiere Jasper.

—Está bien, Jas. De todos modos no quería irme junto con terminar la conferencia. Sólo nos queda un día. Los otros dos serán de las entrevistas. ¿Vale?

Él asiente anotando todas mis palabras y se dirige a informar a varios de los periodistas presentes. No puedo negarles nada por el solo capricho de querer irme.

Más tarde, Alice se acerca mientras ceno un rico pastel de mora. ¡Vaya, cena!

—¿Por qué dormiste con Edward? —Suelta con una mueca de rabia en su rostro.

—¿Qué yo hice qué?

Ella entrecierra los ojos y me toma de los hombros zarandeándome.

—Te dije que tuvieras cuidado. ¡Oh! Carlisle va a morirse —exclama.

—Pues no. —Retiro los brazos de mis hombros—. Edward no se ha acostado conmigo. Y Carlisle no tiene por qué enterarse. ¿De acuerdo?

La duende gruñe un "sí, claro"

—¿De acuerdo? —repito.

Voltea los ojos en un horrible gesto y sale de la habitación dando un portazo.

.

.

.

¡Hola, cariño! Estuviste estupenda hoy…

—Gracias, Carl. Fue difícil aceptar esa decisión, aunque no lo parezca. —Suspiro—. ¿Cómo va todo allá?

Bien, Isabella, todo en marcha. —Escucho su sonrisa seguida de una voz algo extraña—. Oye, ¿hablamos dentro de unas horas? Estoy ocupado.

—¿Estás con alguien? —cuestiono indiferente.

Nuevamente escucho una risita de una mujer y un leve "Shh" de Carlisle.

Eh, sí, sí… con Amanda. Es que me está ayudando con unos papeles y… —Le corto.

Maldito, ¡no de nuevo! ¡No de nuevo, Carlisle Cullen!

Esa Amanda otra vez. La chica con la que me engañó la última vez. ¿Y me lo dice así sin más? Y yo preocupada por lo que pudiera pensar acerca de Edward. ¡Estoy segura de que esa mujer ya se le ha metido en sus pantalones!

Pero no seguiré aguantando esto. No más.

Comienzo a sollozar descontroladamente. Suelto con enojo el vaso de agua que sostenía y éste se rompe estrepitosamente dejando un lío de vidrio por toda la cocina.

¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando todo estaba mejorando? Sí, quizás Edward me guste, ¡pero el deseo no es infidelidad! Maldita sea con Carlisle Cullen.

Recibo otra llamada de su parte y contesto enojadísima.

—No quiero hablar contigo ahora —respondo.

Pero no recibo respuesta.

A cambio, recibo unos gemidos desde la otra línea y un "¡Oh sí!" de parte de esa asquerosa mujer, Amanda. Podría reconocer sus gritos de perra barata desde España.

Lanzo el móvil contra la pared y se hace añicos. Me dejo caer en la puerta del comedor y grito con todas mis fuerzas. ¡Volví a confiar en ese mujeriego! ¡Lo volví a hacer! ¿Y con qué me paga? Teniendo sexo con la misma jodida mujer de antes sin tener la menor pena.

Lloro unas horas hasta quedarme dormida.

Cuando abro los ojos estoy sobre mi cama y Edward está sentado a mi lado, observándome.

—Hola.

Suspiro y unas lágrimas brotan de mis ojos.

Él las limpia con dulzura y deja un beso en mi mejilla.

—¿Qué ha pasado, cielo? —Mi corazón se ablanda ante su amor.

¡Cómo es raro este hombre! Hacía unas horas no me podía sostener la mirada.

—Es Carlisle…

Ante la mención de su nombre se tensa y una vena sobresale de su cuello, aprieta sus puños y cierra los ojos unos segundos. Cuando vuelve a abrirlos percibo algo de rabia en su mirada.

—¿Puedo saber qué pasó?

—Luego, Edward. —Zanjo.

Me levanto y unas arcadas me hacen salir corriendo al baño.

Vomito lo poco que he comido hoy. Edward se acerca preocupado y me hace una coleta en el cabello, me ayuda a mantenerme en pie mientras cepillo rápidamente mis dientes y lavo mi cara.

—Gracias —susurro apenada.

Edward me atrae hacia su pecho y puedo sentir el pausado latir de su corazón. Cierro los ojos y me relajo. Me hace sentir una paz inexplicable. Levanto la cabeza y consigo la suya muy cercana a la mía. Y decido hacer lo inimaginable.

Me levanto en puntillas y rozo suavemente sus labios, sintiendo su respiración y su mirada en mí. No hay asombro en sus ojos. Al contrario, su ira ha desaparecido y ha dado lugar a una lujuriosa mirada que nunca había visto con tal intensidad.

El leve roce de pronto se convierte en un acalorado beso. Delineo sus labios con mi lengua y él invade mi boca con la suya, explorándola. Me besa, me besa con pasión, mientras me toma por la cintura y me apega a su fornido cuerpo. Yo coloco mis manos sobre sus hombros y luego las enredo en su cabello, dejando una leve caricia en mi recorrido, recibiendo un gruñido de su parte. Nuestras bocas están unidas en una perfecta simetría y siento que no podré separarme nunca de él, pero el aire hace imposible la tarea, por lo que el beso se va haciendo más lento y nos apoyamos en la frente del otro respirando agitadamente.

De pronto el nuevo engaño de Carlisle pasa a segundo plano, mis hormonas nunca habían estado tan alocadas. Estaría dispuesta a lo que sea por este hombre ahora mismo.

—Bella…

—¿Uhm?

—Bésame de nuevo —pide.

Y nos fundimos en otro incomparable beso caliente.

Edward es mi sueño.

.

.

.

N/A: Bueno, chicas, (¿chicos?) aquí otro cap de esta locura mía. El siguiente ya está en camino y espero no tardar tanto esta vez pero realmente me la paso ocupada, sin embargo, en cada pequeño momento que tengo libre, trato de escribir lo que puedo. Se vienen partes fuertes, quiero saber qué les ha parecido este cap. ¿Interesante? ¿Lo odian? Díganmelo :( ¿Qué le hace falta a la historia?

Nos leemos en otra parte. Les recuerdo que pueden unirse a mi grupo de FB:

www . facebook groups / annbmasenfanfiction / (todo junto)

Ahí subiré imágenes y adelantos de los cap's.

A x.