Hola! Me alegro de que mi historia les haya interesado, y muchas gracias por los reviews. Como prometí, actualizaría pronto, hubiera querido hacerlo antes pero me han surgido algunos imprevistos. Así que aquí les dejo el cap 2...
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
CAPÍTULO 2
Con su poderoso oído desarrollado, Elena pudo percibir desde afuera la furia que el vampiro mayor se estaba encargando de expulsar. Aparcó el coche junto al de Damon e ingresó a velocidad vampírica al centro del desastre: el living. Muchas cosas habían sido arrojadas en cualquier dirección. Algunas se rompieron y otras sobrevivieron a los golpes. Libros, vidrios, cojines, folios, Damon estaba desatado. La pregunta era por qué.
Stefan había logrado amarrarlo con sus brazos para cuando Elena llegó. Al oír el abrir y cerrar veloz de la puerta, alzaron sus cabezas hacia ella y se toparon con la mirada preocupada de la morocha.
- Gracias, Stef – susurró Elena.
- No he podido hacer demasiado, realmente está fuera de control – bufó, liberando a Damon.
- ¿Acaso no tengo motivos? – se quejó el otro Salvatore antes de beber un largo trago del whisky que había vuelto a su mano.
- Estaré en mi habitación, por si acaso – dijo Stefan mientras subía los primeros peldaños. Elena comprendió que él tampoco lo estaba pasando nada bien, y pensó que luego iría a verle.
La mirada de Damon se posó sobre ella. Era una mirada desolada, dolida, angustiada, incomprendida. Una mirada que jamás le había visto. Fue hasta él y lo abrazó con fuerza sin decir nada. Las palabras en ese momento sobraban. Lo que ella quería era alivianar un poco el enorme dolor de Damon.
El vampiro de cabello negro se resistió hasta que Elena ajustó un poco más el abrazo, demostrándole que no le dejaría, y él debió rendirse. Escondió el rostro en el cabello castaño y lacio de la vampira. Lo olisqueó con calma, sin apuros, inundando sus fosas nasales de aquel aroma que lo enloquecía.
Contra ella no podía luchar. Era su debilidad, la única persona por la que sería capaz de arriesgarlo todo, incluso su propia vida. Pero ella se negaba a amarlo. Y el dolor lo cegaba, lo destruía lentamente por dentro, como mordida de hombre-lobo.
En su vida como vampiro, siempre había podido controlar sus sentimientos con esa especie de "interruptor" que le permitía apagarlos y encenderlos a su gusto. Se hacía evidente que el interruptor no estaba funcionando como debía ya que, de otra forma, Damon jamás hubiera permitido que Elena le viese en aquella situación, tan devastado como estaba.
Le había hecho bien tenerla entre sus brazos, poder acariciarla y abrazarla todo lo que necesitase. Sin embargo, sabía que las preguntas serían inevitables y que debería responderle con la verdad. Porque, últimamente, era muy complicado para Damon juntar la capacidad suficiente para mentirle. Simplemente, ya no lo toleraba. No con ella.
Cuando se separaron, Elena le quitó la nueva botella de whisky, dejándola sobre la mesa ratona de la sala, lo tomó de la mano y lo obligó a salir con ella al jardín, bajo la inmensa cortina de agua que las nubes negras seguían arrojando.
- ¿Qué quieres? – murmuró Damon con la voz entrecortada.
- Quiero que puedas liberar ese dolor que sientes.
- Yo no siento ningún dolor – se excusó involuntariamente, dejándose llevar por sus impulsos de protegerse con esa coraza helada que siempre colocaba delante de su corazón.
- ¿No? Tú has dicho que tienes motivos para estar como estás.
- No quiero hablar ahora, Elena – musitó secamente.
- Perfecto, como tú lo prefieras – le respondió ella con tranquilidad – búscame, entonces, cuando sí quieras hablar.
Dio la vuelta y se encaminó a la mansión a paso sereno. No podía enfadarse con Damon por lo sucedido. Lo comprendía profundamente. Le parecía lógico que a él le costase expresar sus verdaderos sentimientos después de toda la crueldad y maldad por las que había tenido que pasar en esos tantos años de vida.
Subió de inmediato a su habitación, cruzándose en el camino con Stefan, a quien solo le dedicó una fugaz mirada.
Estaba empapada y algo sucia por el barro que se había formado en el jardín a causa de la lluvia. Decidió que debía darse una ducha, limpiar las marcas que había dejado al entrar e irse a dormir. No tenía pensado cenar, aunque tampoco hubiera estado mal un poco de sangre. Sin embargo, eso implicaba tener que ir a buscarla al banco de sangre del hospital por la medianoche; ya que Damon, entre su depresión, había acabado con las reservas que tenían en el refrigerador del sótano.
Cuando acabó de ducharse, salió a su habitación envuelta en una toalla blanca. Pegó un brinco del susto que le causó ver allí a Damon, husmeando en los cajones de su cómoda. Más precisamente, el vampiro revolvía entre la ropa interior de la morena.
Elena se acercó por detrás, le quitó el sostén que tenia Damon en su mano, lo guardó y cerró el cajón rápidamente. El perfume de Damon, quien también se había bañado, se impregnó en su respiración. Casi se le escapa una sonrisa por el exquisito aroma, pero logró reprimirla a tiempo.
- ¿Qué se supone que haces aquí, revisando mis cosas? – chilló – ¿Ya se te ha pasado la embriaguez?
- Ciertamente, sí. Y estaba muy aburrido en mi cuarto. Además, vine a por las disculpas que tú me debes – dijo él, respondiendo a sus preguntas.
- Ah, ¿sí? ¿Y disculpas por qué? Si se puede saber – indagó Elena mientras elegía la ropa que utilizaría.
- Por haberme arrebatado mi cena de hoy.
- Hice lo que tenía que hacer. Tú prometiste no volver a matar.
- Estaba ebrio, Elena – se defendió el vampiro – y hambriento.
- ¿Hambriento? Acabaste con toda la sangre que había en esta casa y, ¿seguías hambriento?
- Sigo – le corrigió.
- Te diré una sola cosa, Damon. Si tan hambriento estás, puedes ir tú mismo al hospital y buscar tu alimento. Yo estoy sin beber sangre desde hace cuatro días, y no me quejo ni intento matar al primer humano que encuentro.
- ¡Elena! – exclamó con alteración y sorpresa - ¿Cómo permites eso? No puedes estar tanto tiempo sin beber una gota de sangre.
- No he tenido tiempo de ir a buscarla al hospital. He estado muy concentrada en otras cosas estos días y ni hambre sentía. Sin embargo, cuando hoy quise beber un poco, me encontré con el refrigerador del sótano vacío. Asumo que has sido tú, porque dudo que Stefan haya caído de nuevo en la tentación de la sangre humana – repuso Elena con un suspiro.
- Eso no justifica nada. Podrías haberme pedido a mí que te consiguiera un poco, o a Stefan. Hubiéramos corrido a buscarla por ti. De hecho, tú vístete y descansa. Yo iré a conseguirte sangre del hospital.
Antes de que Elena pudiera hacer alguna acotación, Damon desapareció a toda prisa por la puerta de la habitación.
Soltó un suspiro y una sutil sonrisa se dibujó en su rostro. Se apresuró a vestirse y luego limpió rápidamente las marcas de barro que había dejado de camino a la habitación. Cuando hubo terminado, optó por quedarse en los mullidos y cómodos sofás del living. Tomó su diario y un bolígrafo y se sentó en el sofá más amplio, de forma horizontal, subiendo las piernas al mismo para luego flexionarlas y poder apoyar allí su diario al escribir.
Querido Damon:
Querido diario:
Evitaré hacer un comentario sobre mi confusión anterior, para la cual no encuentro un motivo exacto.
Esta ha sido una tarde complicada. Damon ha intentado volver a sus andanzas de vampiro destripador. Trajo a una muchacha, amiga de Jeremy, para utilizarla como su supuesta cena. Yo no podía permitir que eso sucediera, por lo que debí llevarla de regreso a casa e hipnotizarla. Fue una sensación extraña. Claro que ya lo había hecho en ocasiones anteriores, pero nunca me gustó la idea de manipular la psiquis de las personas.
A la vuelta, encontré a Damon enfurecido y a Stefan apenado. Me entristece verlo a Stefan de este modo, es que no puedo hacer otra cosa. Damon está mal, siento que lo está y que necesita ayuda. Sin embargo, es tan orgulloso, terco y fanatizado con la práctica de ocultar sus sentimientos que sólo alarga y dificulta más la situación.
A pesar de ello y de los puntos en contra que pueda tener, es imposible negar que, al menos conmigo, es un hombre maravilloso, atento y tierno. Por momentos me enfada que oculte este lado sensible que tiene, pero a su vez, tampoco quiero que lo muestre mucho porque solo conseguirá enamorar a cuanta mujer se le cruce, más de lo que habitualmente lo hace. ¿Comentario egoísta? Sí. Aunque no sé por qué me preocupo si él y yo no somos nada más que amigos.
Si estuviera diciéndole esto a Bonnie o a Caroline, probablemente me preguntarían por qué hablo tanto de Damon, ¿cierto? Y yo no sabría qué responderles. Simplemente no entiendo lo que está sucediendo. Hasta ayer creía estar locamente enamorada de ambos. Sin embargo ahora, siendo la 1:30 de la madrugada, me preocupo más por Damon que por Stefan.
En mi defensa, puedo objetar que no he visto mucho a Stefan durante el día porque ha estado fuera de casa y, cuando volvió, sucedió todo con Damon. Pero, ¿puede ser esa una explicación aceptable?
Volviendo al tema del momento, si bien Damon logró aplacar las cosas rápidamente –como siempre –, hoy sentí que se le escapó todo de las manos y que yo no pude hacer nada para ayudarle. Por el contrario, tengo la impresión de que la culpa de lo que le sucede es mía.
Verle así me derrumba. Intenté no demostrarlo cuando sucedió y agradezco a quien me enseñó a ser fuerte ante las situaciones difíciles, porque estoy segura de que si Damon me hubiese visto quebrada en ese instante, habría hecho a un lado su dolor para sanar el mío. Y yo no podría permitir conscientemente que algo así suceda, aunque ya sea moneda corriente desde que les conozco, aunque Damon y Stefan se preocupen excesivamente por mí a toda hora.
Tan concentrada estaba que no se percató de la llegada de Damon, quien, por cierto, se encontraba detrás de ella, intentando leer su diario con una sonrisa maliciosa.
Elena se sobresaltó al sentir el aroma a menta que sólo le significaba una cosa: Damon había regresado. Salió de su ensimismamiento y cerró el diario con fuerza.
- Um… ¿puede ser que haya leído "Damon" por allí? – comentó con picardía.
- Sí, "Damon el entrometido" es lo que leíste.
De un bote, el vampiro se sentó a su lado con aquella sonrisa triunfal que fastidiaba a Elena de sobremanera y, a su vez, que adoraba.
- Tus cambios de humor me confunden – espetó Elena.
- Y te gustan – añadió Damon con una sutil carcajada.
- Me gusta tu personalidad y tu forma de ser, pero no tu bipolaridad – le aclaró ella.
Damon sonrió con cierta ironía y a la vez satisfacción por lo que Elena le había hecho oír. La miró fugazmente y se repantigó en su lugar, recostando la espalda en las piernas que la chica tenía flexionadas sobre el sofá.
- ¿Estás cómodo? – preguntó ella, sarcásticamente. Como respuesta, Damon volvió a reír. Tomó la mano de Elena entre las suyas y depositó un beso en el dorso de la misma. Luego estiró el cuello levemente hacia atrás a modo de poder fusionar sus ojos con los de ella, para luego dedicarle una sonrisa juguetona que la vampira relacionó con la de un niño travieso.
- Aquí lo tienes. Te muestras como un bipolar – le acusó ella con una suave risita.
- Eso no es cierto. Pensé que me conocías.
- Te conozco. Y de tanto que te conozco sé que esta bipolaridad es la coraza que utilizas para no mostrarte como eres ni enseñar tus verdaderos sentimientos.
Damon carraspeó, moviéndose un poco como si se estuviera acomodando mejor y cerró los ojos.
Elena acercó su rostro por detrás y, rozando el lóbulo de la oreja de Damon con sus tibios labios, le susurró:
- Acerté… y gané.
El vampiro de ojos azules se limitó a volver a besar la mano de Elena con cariño y detenimiento. Ella sonrió sin ser vista y le besó en la coronilla.
- Vamos, levántate. Si Stefan nos ve, pensará mal y se enojará.
- ¿Es necesario ahora que encontré una posición agradable para descansar?
- Muy necesario.
Como un relámpago, Elena apareció en la otra punta de la habitación así él no podría retenerla.
- Por cierto – habló Damon – ¿cenamos? He conseguido sangre, y traje de más, así que tendremos reserva para unos días.
La morena le sonrió con gratitud.
- Y para… oh, Stefan es quien no tiene reservas de sangre ahora – murmuró con preocupación.
- De seguro ya la ha conseguido. Déjale, Elena.
- Le iré a preguntar. Mientras, tú puedes ir a buscar las bolsas al sótano, muero de hambre.
Le dedicó una cálida sonrisa y subió a velocidad vampírica al cuarto de Stefan, dejando a Damon solo y molesto en la sala.
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Un beso enorme.
