DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.

ELECCIONES

CAPÍTULO 3

Golpeteó la puerta con los nudillos y entró al oír el pase de Stefan.

La habitación estaba tenuemente alumbrada por la gran lámpara del escritorio. Eso y el silencio reinante le dieron a Elena una sensación de calma y tranquilidad.

El vampiro menor se encontraba recostado en su inmensa cama de dos plazas, leyendo un viejo libro de portada azul marino.

- ¿Molesto? – preguntó con voz suave al percatarse de que el vampiro no le prestaba atención.

Otro punto a tener en cuenta, pensó. Con Damon nunca se consideraba una molestia, era mucho más desinhibida y directa. En cambio con Stefan, sentía que tenía que cuidar sus actos y sus palabras, quizás por miedo a arruinarlo todo.

Stefan giró la cabeza en dirección a Elena.

- No, para nada. Pasa – la animó con una sonrisa, depositando el libro sobre la mesita de noche.

Genial. Cuando Elena creyó encontrar una mínima diferencia en sus sentimientos para con los hermanos, todo se derrumbó. Stefan sólo había estado concentrado en su lectura.

La morena se acercó a la cama, devolviéndole la sonrisa.

- Hace un rato volvió Damon de buscar sangre del hospital, y me preguntaba si a ti te había quedado algo para esta noche.

La sonrisa de Stefan se ensanchó aún más por la preocupación de Elena.

- Ven aquí – le susurró, estirándose hacia ella y atrapándola entre sus brazos hasta hacerla caer en la cama junto a él, tras lo cual la besó repetitivamente en la frente.

- Gracias por pensar en mí. Aunque puedes quedarte tranquila, me he alimentado bien. Hoy por la tarde encontré un zorro bastante grande merodeando por ahí – para el fin de la frase, su voz sonó apenada.

Elena depositó un dulce y sonoro beso en su mejilla e intentó zafarse de los brazos del vampiro.

- Me alegra que no te encuentres tan hambriento, pero esta vampira sí lo está – murmuró con una pequeña sonrisa – no he bebido sangre en días y podría atacarte incluso a ti.

Stefan soltó una de sus elegantes y sutiles carcajadas y abrió los brazos, liberándola.

- Hablando de ello, ¿no has vuelto a pensar en cambiar tu dieta?

- Por ahora no, Stef. Estoy muy a gusto con mi sangre.

- Es de humanos – le recordó él.

- Lo sé, y no me molesta. Yo me niego rotundamente a matar gente para alimentarme. Eso sí que me parece horroroso. Pero mientras sea del banco de sangre de algún hospital, la aceptaré.

Stefan suspiró y Elena supo por qué.

- Esto no significa que esté del lado de Damon, Stefan.

- Sí lo estás. Me prometiste intentar seguir mi dieta.

- Y lo hice. Estuve semanas enteras alimentándome a base de sangre animal.

- Sin embargo, preferiste seguirlo a Damon.

- Preferí realizar la dieta con la que estoy ahora porque me es más fácil saciar el hambre con ella y me proporciona más energía. Puedo alimentarme con ambos tipos de sangre, si así te sentirás más tranquilo – propuso Elena con voz serena. Lo que menos quería en esos momentos, sintiéndose tan agotada, era discutir.

La puerta se abrió y dejó a la vista a Damon, quien estaba recostando un lado de su cuerpo sobre el umbral.

- ¿Por qué no simplemente dejas que ella haga lo que le plazca con su alimentación y su cuerpo, hermanito? – dijo el vampiro mayor con su sonrisa irónica y el ceño fruncido. Estaba enfadado, Stefan también, y Elena sabía que si no los separaba de inmediato, comenzaría una pelea que luego no podría frenar. Ella era fuerte, quizás más fuerte que ellos – a pesar de ser una vampira muchísimo más joven –, pero los Salvatore enfurecidos no tenían límite.

- ¿Y por qué tú no te metes en lo que a ti te incumba? ¿Quién te llamó a esta conversación?

- Todo lo referido a Elena me incumbe, y no necesito que nadie me llame para saber lo que le sucede a mi chica.

Oh, no. Eso ya estaba siendo demasiada provocación.

- Veamos, tengo hambre y no me iré hasta que estén separados. Es evidente que hoy no pueden hablar de manera civilizada y tranquila – intervino la morena con total decisión.

- Yo no me moveré de aquí. Esta es mi habitación – masculló Stefan, tomando el libro que antes había dejado.

- Que tengas unas buenas noches – le deseó Elena a Stefan –. Vamos, Damon.

Ambos salieron de aquella espaciosa habitación y se dirigieron a las suyas, las cuales se encontraban ubicadas en la otra punta de la primera planta, una contigua a la otra.

- Te he dejado la sangre en tu escritorio. Disfrútala y no creas que permitiré que esta locura tuya de no comer vuelva a suceder – advirtió seriamente.

Elena rió con frescura. Por alguna extraña razón que sólo su corazón parecía conocer, adoraba que Damon la cuidase tanto.

A él se le dibujó una sonrisa sincera en el rostro a causa de la risa de la muchacha, quien le arrojó un beso volador seguido de otra sonrisa y se adentró en su propia habitación.

Aquella noche Damon no logró pegar un ojo. Estaba que rebosaba de alegría por tener a su amada cada vez más cerca. Después de tanto esperar que la situación salga de su estancamiento por parte de la morena, Damon no podía hacer más que sonreír y permitir que Elena continuase ocupando la totalidad de sus pensamientos.

Al día siguiente, Elena tomó su baño matutino y luego se vistió con una camisa floreada de mangas cortas que se ceñía a su cuerpo y unos shorts blancos de lino. Se miró al espejo de cuerpo completo y sonrió vagamente.

Una vez lista, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. Le extrañó no encontrar por allí a Stefan, el eterno madrugador. «Quizás haya salido», pensó, y miró el reloj que colgaba de una de las paredes. Marcaba las siete de la mañana. ¿Tan temprano? No era posible que Stefan se hubiera ido a esa hora. Tras convivir con ellos durante tantos meses, podía afirmar que conocía bien las acciones y rutinas de ambos, y era enteramente incierto que el vampiro menor abandonara la mansión a esa hora. Algo sucedía. Algo no iba bien.

Aguzó el oído en busca de algún sonido que le indicara dónde podían encontrarse. Nada. No se oía más que le canturreo de algunas aves en el bosque, ni siquiera percibía los latidos de sus corazones. ¿Dónde demonios se habían metido aquellos dos? ¿Les habría pasado algo?

- ¡Stefan! ¡Damon! – gritó con pocas esperanzas de obtener respuesta.

- Sorpresa – murmuró una voz desconocida, detrás de ella.


Hola mis lectoras! Muchísimas gracias por sus reviews, son una gran motivación. Y disculpen mi tardanza en publicar el capítulo. Hoy no tengo muchas palabras para decir, pero les puedo afirmar que la historia se va a poner interesante. Así que espero que les guste y que dejen comentarios!

Un beso enorme.