DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
Capítulo 5
– Debes descansar, Damon – susurró Elena mientras lo abrazaba con sumo cuidado en la cama de él.
– Cuando me duerma, te irás. Ya conozco esos trucos – protestó el vampiro con voz suave y débil, pero aún así reprochadora.
– Sólo bajaré para comer, luego volveré y me quedaré durmiendo contigo. Yo también estoy agotada. Así que duerme, vamos – le animó.
Cuando Damon por fin se rindió, Elena fue escaleras abajo al living, donde Katherine yacía bebiendo un vaso de bourbon.
– ¿Por qué lo has hecho? – vociferó Katherine.
– ¿Hacer qué cosa? – contestó su doble, a la vez que se servía en un vaso sangre que había traído del sótano.
– Salvarme también a mí. Ya sabes, podrías haberme dejado en manos de Klaus, después de lo mal que me he portado…
– ¿De qué me habría servido, Katherine? Tengo los motivos suficientes para querer acabar contigo, pero no lo deseo. Sé que, en el fondo, eres buena y, al igual que Damon, intentas ocultarlo con este carácter sádico y cruel. Además, Stefan y Damon te amaban. Jamás me permitiría hacer algo que les pudiese lastimar a ellos.
– Espera un momento, puede ser que Stefan me haya amado y le doliese si me mataran. Pero Damon no quiere ni verme. ¿No te has dado cuenta de eso, Elena? Damon te ama con locura.
– Te ha querido de igual forma a ti – dudó Elena –. Quizás el sentimiento haya vuelto.
– No seas hipócrita contigo misma. Lo amas y él te ama. Sólo basta que lo mires a los ojos y prestes un poco de atención a cómo se comporta cuando está junto a ti. Créeme, nunca lo había visto tan enamorado. Ni siquiera lo estaba así conmigo.
– ¿Por qué te preocupas tanto por nuestra relación, Katherine?
– Porque yo le he causado mucho sufrimiento a Damon en el pasado, y es hora de hacer algo bueno por él. Asimismo, es patético que sigas con esta farsa de que no sabes lo que sientes. Sí que lo sabes, pero no quieres asumirlo. Ahora ve, métete en su habitación y quédate con él, te necesitará para reponerse. Klaus le ha dado con todo porque ha descubierto que es tu punto débil – suspiró Katherine.
Elena la miró a los ojos y descubrió que su antecesora estaba siendo sincera. Le mostró una sonrisa delicada.
– Gracias – murmuró –. ¿Te quedarás a dormir aquí?
– No sé si soy bien recibida.
– Por mi parte lo eres. A Damon no lo dejaré opinar mucho hasta que se recupere, y Stefan no se negará. De lo contrario, llámame y buscaremos algún modo de convencerlo.
– Elena – dijo Katherine antes de que la susodicha se retirara – perdóname por lo de estos años. No te diré que internamente soy la mejor persona de la Tierra porque estaría mintiendo descaradamente, pero he pasado demasiados años sola, huyendo de Klaus, privilegiando mi existencia por sobre cualquier cabeza, y ya casi no recuerdo cómo era hace quinientos años…
– Tranquila, estoy segura que podrás volver a ser la verdadera tú. Es un gran paso que te sinceres contigo misma.
Tras despedirse, Elena terminó de beber la sangre y fue a la cocina a por otro vaso para Damon. En el camino, se quedó pensando en la conversación con Katherine. Si no hubiera sido porque vio la verdad en sus ojos marrones, no habría podido creer lo que oía.
Al entrar en la habitación del Salvatore mayor, no pudo reprimir una preciosa sonrisa. Él seguía en la misma posición que había quedado cuando ella se fue: de lado, con un brazo extendido como si estuviera abrazando a alguien que había desocupado la cama.
Procurando no hacer ruido, depositó el vaso y la bolsa de sangre sobre una de las mesitas de noche. Luego se descalzó y se recostó con cuidado en la cama. Katherine tenía razón, Damon la necesitaba; y ella estaba dispuesta a no volver a salir de la habitación hasta que se recuperase, si fuera necesario. Tras tantas veces que el vampiro arriesgó su vida por ella e incluso la cuidó, lo mínimo que podía hacer Elena era quedarse junto a él y atenderlo.
Se apoyó de costado en su antebrazo y se entretuvo mirando fijamente a Damon. Su respiración era sosegada y pausada. Y los latidos de su corazón parecían conformar una armoniosa melodía para sus oídos.
El vampiro frunció el rostro en una mueca de dolor. Las dos heridas más grandes, una en el pecho y la otra en el abdomen, no le permitían seguir respirando pausadamente como lo venía haciendo. No necesitó abrir los ojos para advertir que su amada estaba junto a él. Soltó un cansino suspiro de alivio. Ella era lo único que necesitaba en esos momentos.
Tomó una de las manos de Elena y la apoyó lentamente sobre la herida abierta de su pecho, la que más dolor le causaba. La morena se impresionó tanto que, en un acto reflejo, intentó quitar rápidamente la mano. Pero la del vampiro seguía firme sobre la suya, incluso ejerciendo una pizca de presión, como si quisiera que la mano de Elena le uniese los tejidos.
– ¿Qué haces, Damon? – balbuceó, espantada.
– Me duele… – respondió él en un susurro casi imperceptible – mucho – finalizó.
– ¿Quieres beber un poco más de mi sangre?
Damon asintió. Elena lo abrazó cuidadosamente, haciendo que recueste la cabeza en su pecho. Se mordió el brazo con decisión y lo arrimó a los labios del vampiro, quien comenzó a succionar su sangre lentamente hasta creer que era suficiente.
Tras recibir la tibia y exquisita sangre de Elena, Damon cerró los ojos, sintiendo su cuerpo recomponerse en partes. Las heridas más pequeñas o de menor profundidad sanaban; mientras que las dos que más preocupaban a Elena se mantenían casi intactas. Sin embargo, la sangre había hecho que el dolor de las mismas disminuyese y que el sistema de Damon comenzase a recuperar su energía de a poco.
Elena besó la frente de Damon con una calma sonrisa al observar cómo el vampiro de ojos azules lograba relajarse. Intentó quitar la mano del pecho de él, la cual Damon seguía sosteniendo con firmeza.
– Déjala ahí, por favor – le rogó, algo totalmente impropio de aquel ser. Damon estaba cambiando, Elena lo sabía; lo que ella no sabía era que los cambios se debían al inmenso amor que el vampiro le tenía.
– Pero, te haré daño – objetó la morena, para nada convencida.
– Me ayudarás a que sane .
Elena suspiró y cedió a su pedido. Luego, apoyó el mentón sobre la cabeza de Damon y cerró los ojos. Estaba completamente exhausta y, a la vez, se sentía mal consigo misma por lo que había tenido que hacer a lo largo de ese tedioso día.
Era consciente de que matar formaba parte de su nueva naturaleza, así como no de su humanidad, de esa humanidad que no quería que se extinguiera jamás.
Si bien era cierto que había decidido apagar sus emociones al principio del día, también tenía que admitir que no había funcionado como ella creía. Cuando les vio a Damon y Stefan maltratados como estaban –principalmente Damon, quien tenía numerosas y profundas heridas cubriendo su cara, brazos y torso desnudo –, sintió una furia irrefrenable naciéndole en el pecho, que la obligó a olvidar la humanidad y comportarse como lo había hecho: como un ser sanguinario, maléfico y despiadado.
Pero esa no era ella, no quería volverse de aquel modo.
– Tú no eres malvada – le susurró Damon, dejándola pasmada del asombro, pues creía que él se encontraba dormido, y también estaba segura de que no había dicho ni una palabra acerca de sus pensamientos – y no lo serás nunca – concluyó sin abrir los ojos.
Le había leído los pensamientos. ¿Cómo?, pensó ella.
– Un vínculo sanguíneo y mágico nos une – musitó él a modo de respuesta –. Pronto te enseñaré a bloquear tu mente. Es bastante sencillo.
¿Qué tal el capítulo? ¿Les gustó? Espero que sí. Muchas gracias por sus comentarios. En el próximo capi se vendrán algunas explicaciones. Les cuento que voy por el 8, y tengo miles de ideas en mente. Así que si la historia les sigue atrapando, yo podré continuar con las actualizaciones. Es solo cuestión de que me lo digan mediante los reviews :)
Que tengan un buen fin de semana!
