DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.

ELECCIONES

Capítulo 6

El día amaneció cubierto de espesas nubes oscuras. Elena había acabado de darse una ducha y vestirse para cuando fue escaleras abajo a la cocina. Quedó atónita con lo que sus ojos le mostraban. Katherine se encontraba allí, terminando de preparar un suculento desayuno.

– Buenos días, Elena – la saludó, intentando sonar amable.

– Buen día, Katherine. Has podido pasar la noche aquí… – afirmó la morena, sonriendo gentilmente.

– Así es. Tuve una pequeña conversación con Stefan, tras la cual accedió. ¿Sabes? No ha cambiado en nada a como yo lo recuerdo. Siempre tan gentil y bueno, así como desconfiado y arriesgado. Para quedarme, me hizo dar mi palabra de que no te haría daño. Parece que aún no asume lo fuerte que eres.

– Eso demuestra su dulzura.

– Él ha salido, así que podemos hablar con sinceridad, Elena – murmuró Katherine al tiempo que ambas se sentaban alrededor de la mesa –. ¿A quién amas en verdad?

– Damon se encuentra arriba. No podremos hablar.

– Sigue durmiendo – acotó –. Cuando despierte lo sabremos. Ahora, respóndeme –. Katherine la miró impaciente.

– ¿Por qué te preocupa tanto lo que pase entre nosotros? – volvió a repetir Elena la misma pregunta de la noche anterior.

– ¿Entre tú y Damon?

– No, entre Damon, Stefan y yo – corrigió, mirándola con recelo.

– Stefan me importa, Elena. Me extraña que no lo hayas notado por ti misma. He vuelto por él.

– Mientes sin motivo. Ambas sabemos que has vuelto porque ahora eres tú quien necesita de nuestra ayuda.

– Está bien, es cierto – admitió Katherine a regañadientes –. Klaus me busca para hacer conmigo lo que no pudo en estos quinientos años. Y te recuerdo, Elena, que no estoy aquí por mi gusto, sino porque él me ha secuestrado y luego no he tenido otra opción más que quedarme. Sin embargo no mentí anoche cuando te dije que en el fondo quería volver a ser la de hace medio milenio.

– Podrías haber huido de nuevo en cuanto te saqué de las garras de Klaus.

– Stefan me importa – repitió.

– Claro, te importa tanto como tú a mí – exclamó Damon, posicionándose detrás de Elena y apoyando los antebrazos en el respaldo de la silla que ella ocupaba.

– Veo que te encuentras mucho mejor – dijo Katherine con cierta ironía en la voz. Se puso de pie y sirvió el café en tres tazas que luego llevó a la mesa.

– ¿Tú preparaste esto? –. Señaló Damon alzando una ceja – creo que se me ha ido el apetito.

Elena le propinó un codazo disimulado en el estómago. El vampiro hizo una mueca de disgusto y dolor y se sentó a su lado.

Después de desayunar en silencio, sumergidos cada uno en sus propios pensamientos, Damon habló.

– Hay una cosa que aun no entiendo, Elena. ¿Cómo es que tú sabías que tu sangre era veneno para hombres lobo e híbridos?

Elena tragó con dificultad el último sorbo de zumo de naranja que quedaba en su vaso.

– Antes de su muerte, Isobel le confesó a Alaric que, al convertirse en vampira, su sangre adoptó un poder curativo más elevado que el de cualquier otro vampiro.

– Entonces, es por eso que cuando hieren a Rick, él se cura de inmediato. Isobel impregnó el anillo de la inmortalidad con su sangre, ¿cierto? – dedujo ligeramente Damon.

– Exacto, le dio más poder del que ya tenía. Y ella pensaba que mi sangre podría tener un don extra cuando me convirtiera. Creía que, quizá, yo habría heredado eso también.

– Sigo sin entender por qué tu sangre mata a los hombres lobo… – dijo él con retintín, un tanto impaciente. – ¿La maldición de Klaus no se relaciona en nada? – dudó, pero no le oyeron.

Katherine permanecía en un silencio absoluto, oyendo esa parte de la historia que conocía por boca de Isobel y muestras contundentes.

– Debería matarte por ser hija de esa traidora – comentó, al fin.

– Inténtalo y te llevaré con Klaus, sin mi sangre en tu sistema – advirtió Elena sin vacilar.

– Llevaremos – la corrigió Damon –. No pensarás dejarme a un lado de semejante gusto, ¿no? – miró con una sonrisita maliciosa a Katherine y se volvió hacia su vampira favorita –. Continúa, Elena.

– Bien. Para quitarnos la duda, con Rick comenzamos a hacer algunas pruebas. Descubrimos que en los animales, el contacto con mi sangre causa el efecto del ácido, y la ingesta los envenena. Después intentamos con un vampiro sádico que andaba por allí descuartizando gente y, en vez de causarle daño, la sangre lo fortaleció –al final debimos matarlo porque significaba un gran peligro para Mystic Falls–. Nos restaba comprobar la sospecha con hombres lobo, pero no pensábamos arriesgar la vida de Tyler, que era el único en la zona. De todos modos, un lobo normal había muerto con mi sangre y estábamos prácticamente seguros de que podría surtir el mismo efecto.

– Detente aquí un momento – interrumpió Damon con los ojos entrecerrados –. ¿Estás queriendo decir que, cuando permitiste que el híbrido me mordiera, no tenías certeza de que yo saldría con vida?

La mirada incrédula y sombría del vampiro, así como el planteo que formuló, la asustaron.

Titubeó un momento y luego dijo:

– No lo había probado, pero tenía la convicción de que lo mataría.

– ¿Y si no lo hacía? – replicó, enfadado.

– En ese caso, estaba dispuesta a robarle sangre a Klaus sin importar el precio que debiera pagar. No iba a dejarte morir, Damon – murmuró Elena con voz trémula.

– Quizás morir no, pero arriesgar mi vida… o mi existencia, sí – reprochó él, elevando una octava su voz.

Se puso de pie y caminó hacia la puerta de la cocina, completamente ofendido.

– ¿Sabes, Elena? Tú y Katherine son más parecidas de lo que crees – le espetó en un susurro seco y apagado.

Un instante después, salió disparado de la mansión, dejándolas a ambas solas de nuevo.

Aquellas palabras rondaron por la mente Elena sin cesar. Por más de que no le gustase admitirlo, Damon había acertado. Elena tenía cada vez más actitudes como Katherine y, quizás por eso era que se comenzaban a entender mejor. Sintió que le había fallado a él, a ese vampiro de mirada penetrante y cuerpo de escándalo que se pasaba el día coqueteándole y complicando su existencia en la mansión Salvatore. Pero, por otro lado, lo había salvado, y eso era lo que él se negaba a entender.

Elena se quedó todo el día en casa. El clima estaba lluvioso y no le apetecía hacer otra cosa más que leer, cocinar y descansar. Acababa de sacar unos panecillos del horno cuando oyó un auto estacionando frente a la mansión y, posteriormente, el timbre que resonó por todas partes. Por la rapidez entre bajar del auto y llamar a la puerta, Elena dedujo que se trataba de un vampiro. ¿Damon no se ha llevado llaves?, se preguntó frunciendo el ceño. Dejó la fuente de panecillos sobre la encimera y fue a velocidad vampírica hacia la puerta. Se le cortó la respiración al ver que quien estaba frente a ella era Klaus. Pensó por un momento la posibilidad de cerrar la puerta en su cara, pero de nada serviría. Y se dijo, también, que no tenía sentido temerle. Klaus no era tan idiota como para ir a matarla o atacarla allí, donde podían estar Damon y Stefan merodeando.

– Hola, Elena – saludó con una media sonrisa tranquila.

– ¿Qué quieres aquí? – respondió ella bruscamente.

– Tranquila, vengo en son de paz. ¿Crees que podrás dejar de lado nuestras rivalidades por un rato? Yo lo he hecho.

– Es posible, pero nada me certifica que pueda confiar en ti.

– Nunca he faltado a mi palabra, Elena.

La muchacha soltó un suspiro y se hizo a un lado, dejando paso a Klaus.


Hola! Como siempre les digo, muchas gracias por sus comentarios. Me alegra tanto que les guste la historia... ¿Qué les ha parecido este capítulo? ¿Imaginan para qué habrá ido Klaus a la mansión?

Les deseo unas muy Felices Pascuas, y que coman tanto chocolate como puedan, jajaja!

Nos leemos pronto, besos enormes