DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.

ATENCIÓN: A partir de aquí, los capítulos pueden contener spoilers de la Tercera Temporada de Vampire Diaries.

ELECCIONES

Capítulo 7

El vampiro original aguzó el oído al percibir un golpe seco, como si alguien se hubiera lanzado al exterior desde el piso superior de la mansión. Elena lo miró con extrañeza y luego comprendió de qué se trataba.

– Debo asumir que Katherine ha huido de mí a través de la ventana, ¿cierto? – interpretó Klaus y rió divertido.

– Supongo que sí. ¿No irás tras ella? – murmuró la morena, arqueando una ceja.

– Katerina ha pasado a la historia. Ya no es de mi interés.

– Siendo así, ¿por qué la tenías secuestrada hace dos días? – preguntó Elena mientras se dirigía a la cocina para fregar los trastos sucios que habían quedado del almuerzo y la preparación de los panecillos.

– Es una larga historia, y no viene al caso. – Murmuró detrás de la morena –. Tengo una invitación para ti – continuó, bajando el tono de su voz hasta convertirla en un simple susurro.

Elena lo podía sentir muy cerca de ella, estaba casi pegado a su espalda. No parecía Klaus, al menos no el de siempre. Nunca hubiera imaginado que ese híbrido que la mató una vez y la hizo sufrir tantas otras, le estuviera hablando con serenidad y suavidad.

– Como sabrás – dijo Klaus, apartándose un poco de ella e iniciando un paseo por la amplia cocina – mañana se celebrará el Día del Fundador, y mi familia y yo estamos de regreso, por lo que hemos ofrecido que la celebración se realice en nuestra morada.

Elena analizó en su mente aquellas palabras durante un minuto.

–Discúlpame, pero sigo sin comprender el motivo de tu visita. ¿Es acaso una invitación a tu casa?

– Más bien es una invitación al baile que se llevará a cabo en la fiesta. ¿Te apetecería acudir junto a mí?

La vampiresa se volteó, observándolo con sus grandes ojos de color chocolate, muy abiertos. No creía la situación que estaba presenciando. Que Klaus estuviera sin rencores en su casa era extraño, pero que encima la invitara a ir con él a la fiesta del Día del Fundador ya se convertía en un extremo suficientemente peligroso.

– ¿Cuál es la trampa en esto?

– No hay trampa – aseveró el Original, ayudándola a secar algunos platos.

– Si tus ojos no me dijeran que no mientes, me negaría a confiar en ti – susurró Elena.

Klaus esbozó una ancha sonrisa de satisfacción.

– He notado esa habilidad humana tuya. Muy curiosa, por cierto. Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres que pase a recogerte mañana en la noche?

– No es necesario. Podremos encontrarnos allí. De seguro iré con Caroline y Bonnie…

– ¿Qué hace esta rata de alcantarilla en mi casa? – interrumpió una voz grave y enfadada detrás de Klaus.

– Pero mira a quién tenemos por aquí – masculló el aludido, volteándose para enfrentar a Damon. – Veo que te has recuperado muy rápido, quizás no fue suficiente la verbena que utilicé en ti – se llevó una mano a la barbilla, en un gesto de fingido análisis sobre su planteo.

El rostro de Damon continuaba serio y rabioso. Estaba tenso. Sus ojos centellearon con furia en dirección al Original.

– Klaus, dijiste que venías sin ánimos de conflicto – le recordó Elena, intentando apaciguar la situación.

– Eso sólo contigo, muñeca.

Damon se dirigió a la entrada y abrió la puerta de un brusco tirón que hizo chirriar la potente madera de roble.

– Lárgate – ordenó autoritariamente.

– Será lo mejor – convino Elena en voz baja. Klaus le dedicó una mirada muy inusual. La miró con comprensión y ternura.

Detrás de él se escuchó el gruñido del Salvatore mayor, apremiándolo.

– Que termines bien el día – deseó el híbrido a la vampira, y se fue por la puerta abierta.

– ¡Maldita sea, Elena! ¿Me voy unas horas y metes a Klaus en la casa? – chilló Damon, más que irritado.

– Desde ayer por la mañana has estado ausente, no fueron unas simples horas. Y lo que pasó no tiene nada de malo, al menos por ahora. Todavía no entiendo el cambio de Klaus para conmigo, pero es un incomprendido que está pidiendo a gritos un poco de cariño.

Damon la miró entre absorto y dolido por sus palabras.

– Yo te pido cariño desde que te conozco, pero tú no te preocupas nunca por mí. En cambio, sí piensas en Klaus. Te recuerdo, por si lo has olvidado, que él ha querido matarte a ti y a todos los que te rodeamos, nos ha perseguido hasta el cansancio, desató el lado destripador de mi hermano, e incluso te utilizó como su propia bolsa de sangre – gritó exasperado, antes de arrojar contra una pared el vaso de whisky que se había servido y emprender rumbo a su habitación.

Elena se dejó caer sentada en el sofá que tenía detrás. Se sentía aturdida y ciertamente perdida. Posó sus ojos en el frente, donde la gran chimenea encendida resplandecía por las llamas crepitantes de fuego que ondulaban en su interior. Deseó en ese momento poder seguir a Damon y abrazarle de tal manera que le hiciera saber el cariño inmenso que le tenía, pero no quería generarle ilusiones, porque ni siquiera ella había podido aclarar sus sentimientos. Eso mismo la obligaba a mantener una prudente distancia entre ellos aunque, a veces, esa voluntad flaqueaba.

Reparó por un momento en que Damon era quien más la cuidaba y protegía, incluso más que Stefan. Y una sensación de culpa invadió su corazón. El Salvatore mayor le había demostrado más de una vez que era capaz de dar su vida con tal de proteger la de Elena. ¿Y cómo le pagaba ella? Con rechazos e indiferencias constantes a sus sentimientos. No, las cosas no tenían que ser así. Para colmo, Elena había arriesgado la vida de Damon gratuitamente delante de Klaus. Tiene motivos suficientes para odiarme, pensó en voz alta, sin advertirse de ello.

El crujido de la madera de la escalera le indicó que Damon estaba descendiendo.

– Nunca podría odiarte, Elena – dijo el vampiro con una voz aterciopelada y suave. Caminó hacia ella, se sentó a su lado, y la envolvió con sus fuertes brazos.

Como acto reflejo, Elena se acurrucó contra el pecho duro y a la vez cálido del vampiro.

– Pues deberías. Eres demasiado bueno conmigo, y yo no te puedo devolver lo mismo – reconoció la muchacha.

– Sí que puedes, pero no quieres hacerlo para no herir a nadie – susurró Damon en su oído –. No importa lo que hagas, me seguirás teniendo a tu lado, firme como un soldado. A menos que me pidas explícitamente que te deje en paz, y recién ahí me iré para siempre.

Desearía lograrlo, pensó Elena, pero ya eres esencial en mi vida, y todo se derrumbaría sin ti.

La sonrisa de Damon brilló en la penumbra de la sala, la cual se encontraba únicamente iluminada por el fuego de la chimenea.

– ¿Lo ves? Sabes lo que sientes, pero te niegas a aceptarlo – balbuceó él en un tono imperceptible para el oído humano.

– ¿Desde cuándo tienes acceso a mi mente? – quiso saber Elena, mientras acariciaba con las yemas de los dedos el pecho del vampiro, cubierto por una fina camisa negra.

– Desde el día en que me diste a beber tu sangre. No hace mucho de ello.

El vampiro recostó la cabeza en el respaldo del sofá, lo que le proporcionó un mayor espacio a Elena para acomodarse junto a su cuerpo.

– ¿No es lo que me has dicho que hacía Sage?

– Exactamente. Hace décadas, ella me explicó que le había sucedido con Finn debido a que compartieron la sangre de sus venas y se formó un lazo en común. ¿Sabes? La sangre es la esencia de uno, lo es todo. Si a un humano le quitan la sangre de su organismo, muere disecado. Y si a un vampiro lo dejan sin ingerir una gota de sangre, también. Sus nervios se deshidratan y después de un proceso largo y doloroso, mueren. O quedan como muertos, tal cual los vampiros de la tumba. Además, la conversión también puede llegar a influir en casos así. Yo soy tu creador, y ahora compartimos un linaje de sangre vampírica que no hace más que mantenernos unidos. De todos modos, Sage tenía un don especial, porque podía leer los pensamientos de cualquier persona o vampiro – explicó Damon pacientemente y manteniendo un tono dulce al hablarle a ella.

– Pero, yo no puedo leer tu mente – dudó Elena, echando la cabeza hacia atrás hasta dejarla posada sobre el hombro de Damon, mirándole directamente al rostro.

– Eso es porque aún no has bebido mi sangre siendo vampira. Cuando lo desees, sólo házmelo saber.

El pelinegro de ojos azules como el mar movió apenas su cuello y dejó posados los labios sobre la frente de la muchacha.

El silencio se apoderó de la habitación. Un silencio amoroso, relajante, pacífico. Ambos cerraron los ojos, permaneciendo en la misma postura, con sus cuerpos encajados a la perfección, como dos piezas de rompecabezas.

Al cabo de pocos minutos, la tranquilidad y los latidos acompasados del corazón de Damon acabaron por derrotar la resistencia de la morena, y se dejó caer en un profundo sueño.


Holaa! Gracias por leer y comentar :) Lamento que Damon haya enojado a algunas, este vampiro sexy puede ser muy impulsivo a veces, jajaj. Pero así y todo lo amamos, ¿o no chicas?

Sobre el capi de hoy, díganme, ¿se esperaban esto de Klaus? No he leído hasta ahora ningún fic que los tenga a ellos como pareja. Pero tranquilas, porque esta historia sigue siendo Delena a morir!

Espero que les guste el capítulo, pronto publicaré el siguiente...