DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ATENCIÓN: A partir de aquí, los capítulos pueden contener spoilers de la Tercera Temporada de Vampire Diaries.
ELECCIONES
Capítulo 8
La fiesta por el Día del Fundador no estaba resultando como Elena esperaba. Los Mikaelson le habían agregado su estilo característico, convirtiéndolo todo en algo mucho más formal y elegante. No era que no le gustase, pero prefería el antiguo modo, en la plaza central de Mystic Falls, sin tener la necesidad de llevar puesto ese vestido largo y de un rojo llamativo, que se ceñía perfectamente a su cintura y luego caía en capas hasta el suelo. Caroline lo había escogido por ella, y parecía haber procurado que fuera el más atractivo del closet.
La mansión estaba cuidadosamente decorada y ambientada con un estilo clásico. Daba la impresión de encontrarse en pleno 1859. No obstante, poco había cambiado desde la última vez que Elena estuvo allí. Por el contrario, cada detalle le recordaba a esa fiesta de gala en la que había conocido a Esther, la bruja Original, y en la que casi había firmado la sentencia a muerte de todo vampiro existente en la Tierra.
Tomó una copa de champagne de la bandeja de un mozo que pasaba por allí y se giró al percibir la aproximación de alguien conocido.
– Cuánto me alegra volver a verte, Elena – murmuró Elijah con una majestuosa sonrisa.
La vampira le sonrió a la vez.
– Pensé en ti cuando Klaus me informó que su familia estaba de regreso. Me has abandonado – dijo ella con fingida recriminación. Su mueca causó la risa del Original.
– ¿Eso significa que me extrañaste?
Elena hizo un gesto de pequeñez con su pulgar e índice. Luego observó detenidamente a Elijah. Nada era distinto en él. Claro, ¿cómo cambiaría si era un vampiro? Nunca envejecería. Pero tampoco sus facciones se habían modificado.
Se detuvo en una leve sombra en la parte baja de la mejilla izquierda. El vampiro lo notó e intentó alejarse, pero Elena fue más rápida y, llevando una mano hacia el mentón de Elijah, giró su rostro suavemente para poder ver con más claridad aquella marca. Tenía el aspecto de una rara herida comenzando a cicatrizar de forma lenta. Por un momento pensó que se trataba de la misma herida que le había causado días antes a Klaus. Pero no cabía posibilidad de que fuera eso.
– Sígueme. Necesitamos hablar en privado – vociferó él al tiempo que se daba la vuelta hacia las escaleras. Elena alzó un poco su vestido y ascendió detrás de Elijah.
Haciendo alusión a su caballerosidad, el Original abrió una puerta en el fondo del pasillo de la primera planta y le cedió el paso. Entraron en una habitación que mantenía la misma línea decorativa clásica que el resto de la mansión, pero ésta tenía cuadros enmarcados en las paredes y un inmenso ventanal en el ala norte.
El sonido de la puerta al cerrarse sacó a Elena de sus pensamientos. Ya lo tenía a Elijah delante de ella mirándola fijamente cuando se volteó. Todo indicaba que las cosas no iban bien. Sin embargo, una pregunta rondaba por la cabeza de Elena y ese era el momento perfecto para quitarla.
– ¿La invitación de Klaus fue honesta? – dijo sin más, pero intentando ocultar la inquietud que la embargaba.
La pregunta no asombró a Elijah, y Elena creyó que incluso la esperaba con una nota de ansiedad. Él retrocedió un paso y dio un corto paseo por la habitación mientras decía pausadamente:
– Verás, sé que sonará extraño, pero al parecer mi hermano está tan interesado en ti como lo estoy yo. Y quiso ganarme de mano invitándote antes al baile. Así que sí, fue honesto contigo, mas no conmigo –. Para el final, soltó un suspiro cansino, simbolizando que lo que manifestaba era algo detestablemente normal.
Elena permaneció unos minutos en silencio, durante los cuales asumió las palabras de Elijah a duras penas. Si no había entendido mal, el vampiro había confesado que ella le atraía, al igual que a Klaus. Y eso terminaba de transformar su vida en un desastre. Porque ya tenía demasiado con un par de hermanos enamorados de ella, como para ahora agregarle otro más. Cualquier mujer estaría encantada al tener a cuatro vampiros guapísimos detrás suyo. Pero para Elena no era una alegría, sino más bien un caos. No podía imaginar cómo se pondrían Damon y Stefan cuando se enteraran de aquello. Aunque, conociéndolos, era factible que Damon se enfadara y que Stefan se echara hacia atrás para dejarle el camino libre a Elena. De lo que podía estar segura era que sus reacciones serían muy distintas, como todo en ellos.
– ¿Cómo sucedió? Si hasta hace pocos días Klaus me odiaba… – se dijo más para sí misma que para otro.
Pese a no ser una interrogación dirigida, Elijah contestó:
– Probablemente esto no te agrade, pero tienes un parecido físico excepcional con un antiguo amor que mi hermano y yo compartimos. Es sólo que tú posees características que ella no, la fortaleza es una. Y podría firmarte con sangre que eso y tu corazón son las cosas que más atraparon a Niklaus en este último tiempo.
Elena sintió que si no ponía un freno en ese momento, enloquecería. Era demasiada información aplastante junta.
– ¿Qué es esa marca que tienes en el rostro?
– No, hermano. No es momento de conversar sobre ello. Luego podremos hacerlo –. La voz profunda y sosegada de Klaus irrumpió en la habitación antes de que Elijah pudiera siquiera abrir la boca. El híbrido avanzó y se detuvo detrás de Elena.
– El baile comenzará pronto. ¿Me harías el honor de acompañarme? – preguntó caballerosamente. Definitivamente ese era un Klaus muy opuesto al que Elena estaba acostumbrada a tratar. El otro Klaus hubiera largado una amenaza detrás, o algún tipo de advertencia para infundir temor. Sin embargo éste se mostraba tranquilo, como si confiara en la morena y tuviera la certeza de que no había peligro que ameritara subir demasiado su guardia.
Elijah, por su parte, deseaba hablar sobre ese tema que Klaus trataba de evitar y que Elena desconocía. Pudo notarlo con solo verle por un momento. El comúnmente pacífico rostro del Original se había llenado de crispación. Pero se mantuvo callado y no discutió la palabra de su hermano.
Durante lo que duró el baile –marcado por una antiquísima y preciosa danza italiana–,
Damon no le quitó los ojos de encima a Elena a pesar de que él bailaba en medio del salón con una chica esbelta y de cabellos rubios. La miraba con descaro y celos, haciendo brotar pequeños nervios dentro de Elena.
Stefan también la vigilaba constantemente, pero el muchacho era disimulado y ella casi no sentía su mirada penetrante, como sí le sucedía con el par de ojos de Damon.
– Aún me pregunto por qué aceptaste mi invitación – dijo Klaus, y Elena volvió el rostro hacia él.
– Y yo por qué me invitaste.
– Responde a mi pregunta, Elena, por favor.
¿Por favor? ¿Klaus pidiendo algo amablemente? Elena no salía de su asombro esa noche. No sabía si tener miedo o confiar en que el cambio de actitud de Klaus fuera verdadero. Si alguien se lo preguntaba, nunca se había imaginado en una situación así con el vampiro más cruel y fuerte de la historia.
– Confío en que hay una parte de bondad en cada uno y opté por darte una oportunidad – contestó Elena, y esperó la respuesta del Original. Éste mostró su sonrisa ancha y esplendorosa.
– Supongo que ahora voy yo... me gustas, Elena. Tan simple y engorroso a la vez como eso.
Inmediatamente supo que Damon había oído aquello. Cuando miró en su dirección, sólo se encontró con una copa de cristal estrellada contra el suelo y la joven que había bailado con él, sola e histérica en el lugar.
Espero que les haya gustado el capítulo. Nos leemos pronto!
