DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ATENCIÓN: A partir de aquí, los capítulos pueden contener spoilers de la Tercera Temporada de Vampire Diaries.
ELECCIONES
Capítulo 9
– ¿Cuándo te dignarás a darme una explicación, Elena? – reclamó un Damon sombrío y apagado en cuanto la muchacha estuvo en el rellano de las escaleras. Él aún llevaba puesto su traje sin el saco y con la camisa completamente abierta, pero Elena se había colocado un short de algodón de color chocolate junto a una camiseta rosada con un escote disimuladamente insinuante.
Posó su mirada en la del vampiro y torció los labios hacia el costado como gesto de tristeza.
– No sabía qué hacer, Damon – dijo soltando un suspiro una vez que lo tuvo delante. – Sigo sin saberlo…
– Mira, yo puedo tolerar que mi hermano esté detrás de ti y que sea mi competencia directa. Pero solo con él lo permito, porque ya me he acostumbrado a ello. Sin embargo, no soportaré que Klaus y Elijah también te deseen. Simplemente no resisto la idea, Elena. Ponte una vez en mi lugar, una sola. Si tú les das un espacio en tu corazón a ellos, olvídate de mí. Sufriré espantosamente, pero no tendré otra opción más que dejarles el camino libre y apartarme de toda esta puñetera situación…
Elena posó su índice sobre los labios de Damon y volvió a mirarlo a los ojos. Le dolía escucharlo decir aquellas palabras. A las alturas en las que se encontraban, ya no le era posible imaginarse una vida sin los Salvatore. Sin Damon, hipócrita, chilló una vocecita minúscula en la cabeza de ella.
– Yo sólo los quiero a ti y a Stefan. No hay nadie más en mi corazón – susurró Elena, percibiendo cómo sus propios ojos se humedecían.
El semblante del vampiro se contrajo y retrocedió unos pasos para liberarse del agarre de la muchacha.
– No tienes idea de cuánto me gustaría ser el único que habite en tu corazón – musitó con los labios semi-apretados para contener lo que parecían ser lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos celestes.
Impidiéndole continuar la conversación, Damon se volteó y escapó por la puerta como lo había hecho algunos días antes, dejando a Elena absorta, angustiada y con una horrible sensación de soledad.
Elena se disponía a ingresar al Mystic Grill cuando una mujer de voz fuerte gritó su nombre desde atrás. Se aproximaba a paso ligero hacia ella. Era la Sheriff Forbes.
La vampira frenó girando sobre sus talones y la aguardó. Al tenerla cerca, pudo observar la preocupación en los ojos de Elizabeth.
– Elena, precisamente a ti te estaba buscando. Me urge hablar contigo un momento – la voz le salía con cierta aceleración propia de la corrida.
Elena asintió y se adentró en el bar, seguida por la mujer de cabello rubio. Tomaron la mesa más alejada que encontraron.
– Bien, ¿qué es lo que sucede? – preguntó la muchacha, intrigada mientras revolvía con la cuchara el café que minutos antes le habían llevado.
– Iré al grano – anticipó Elizabeth. – ¿Damon ha estado contigo anoche? ¿Le has visto? –. Ante la expresión confundida de la vampira, siguió –: hoy por la madrugada hallamos a una mujer muerta en la carretera, y presentaba las mismas heridas de desgarro, como si se hubiera tratado de un animal.
– ¿Por qué piensas que él es el culpable? – intentó defenderlo Elena, aunque ella misma consideraba que esa pobre mujer había podido ser víctima de un descontrol de Damon. Tristeza no admitida y enojo juntos eran sentimientos peligrosos en el Salvatore.
– Porque la familia Original prometió no atacar a nadie del pueblo. Stefan, Caroline y tú son racionales… todo recae en Damon.
– Bueno – repuso luego de un leve suspiro y varios segundos en los que analizó la posibilidad –. Yo me aseguraré que él no haya sido y buscaré al responsable. Tienes mi palabra.
Elena echó un vistazo al lugar. Había gente por donde mirase y casi todas las mesas estaban ocupadas, incluso la barra. Una cabellera negra azabache resaltaba del resto. El dueño de la misma se pasó una mano por la cabeza, consiguiendo dejar su pelo alborotado. Elena no podía ver el rostro de ese hombre debido a otros dos que le interrumpían la visión, pero se hacía una idea de a quién pertenecía.
No. Una idea no. Ya sabía con certeza quién era. No podía ser otro. Además, estaba sintiendo su presencia mental al mismo tiempo que se debatía en pensamientos cómo actuar en el minuto siguiente.
– Nos vemos luego, Lizz. Tengo algo que hacer – se despidió Elena amablemente, se puso en pie y se marchó hacia la barra.
Una vez detrás de Damon, lo rodeó por el cuello con sus brazos. Intentaba sorprenderlo. Y lo consiguió.
El vampiro la reconoció por su adictivo perfume de flores. Adoraba la mezcla de éste y el aroma propio de la piel de Elena.
– Me deben de haber clavado una estaca. ¿Tú qué crees, Rick? – dijo Damon con voz torturada, como si en verdad le hubiera ocurrido.
Dejó caer su espalda sobre el pecho de Elena. Ella, por su parte, extendió los brazos hasta dejar las manos apoyadas en los pectorales del pelinegro y recargó el mentón en la sien de él.
– Están para una foto – acotó Alaric, divertido.
– ¿Qué tal, Rick? ¿Cómo te ha ido con la tesis?
– Muy bien, Elena. Gracias por preguntar –. Mostró una ancha sonrisa. – Me he enterado lo de Kla…
– Ni te atrevas a tocar el tema ahora – amenazó Damon sin molestarse en abrir sus ojos. Estaba muy cómodo en su posición y algunas copas de más lo habían relajado tenuemente.
– Luego hablaremos – le susurró la vampira a su ex profesor de Historia a la vez que frotaba el pecho de Damon cariñosamente. – Tú cálmate – le indicó al oído – y deja de beber.
Con un rápido movimiento de su mano derecha, le pasó el vaso de Damon a Alaric y se separó del vampiro, posicionándose en medio de ambos.
– ¿Le has contado a tu amigo tus hazañas de la noche anterior? – dijo la muchacha, mirándolo con ojos llenos de reproche y desacuerdo.
– ¿De qué se me acusa en esta ocasión, mi querida Elena? – cuestionó Damon, haciendo una media sonrisa cínica.
– Estoy segura que sabes de qué.
Elena se cruzó de brazos. Aquella discusión podría durar largo rato.
– Será mejor que me vaya y los deje solos – opinó Alaric y se dispuso a retirarse.
– No, quédate – le frenó el vampiro –. Elena tampoco te ha contado que ahora se relaciona con los Originales a la perfección. Es más, acepta invitaciones a bailes y todo.
La morena abrió la boca para quejarse, pero Damon no la dejó hablar y prosiguió él:
– Sucede que Klaus y Elijah le quieren y la pobre de Elena, como no sabe decir que no, piensa tener a dos pares de hermanos locos por ella. Tú sí que lo disfrutas, ¿cierto, Elena? – el sarcasmo tajante y mordaz la afectó más de lo que ella esperaba. Por supuesto que no lo disfrutaba. ¿Cómo se le podía ocurrir eso a Damon? ¿Cómo podía pensar así de ella? ¿Es que tan poco la conocía? ¿O verdaderamente Elena se mostraba como él decía?
Los ojos de Elena se ensombrecieron y la voz le tembló al salir de la boca.
– No tienes derecho a hablarme de ese modo.
Posó su mirada apesadumbrada en la del vampiro por un momento y se largó de ahí. No quería llorar en ese sitio, ni siquiera quería llorar. Pero eso no significaba que pudiera controlar las lágrimas que luchaban por escapar de sus ojos marrones.
Damon volvía a tener motivos para enojarse. Elena lo sabía. Sin embargo, nada servía de justificación para que le tratase de aquel modo tan directo y doloroso. Por otra parte, ella sabía decir que no, y lo hacía cuando era necesario. Pero para aceptar o rechazar algo, hay que entenderlo. ¿Cómo podría Elena decir que no a Klaus y Elijah cuando no comprendía el motivo por el que se le acercaban, la razón de quererla, y siquiera si el sentimiento de ambos era plenamente verdadero?
Entonces sintió una llama de enojo en su interior, y floreció otra pregunta dentro de su cabeza: ¿Por qué Damon no se esforzaba por ayudarla? Inmediatamente algunas respuestas se sucedieron. Quizás fuera porque no tenía cómo solucionar su problema; o tal vez porque estaba tan molesto con la situación que no se había puesto a pensar en ese punto; aunque lo más probable era que él sí lo hubiera pensado y también intentado ayudar, a su manera, pero ella no viera esa ayuda con buenos ojos.
– ¡Elena! – la llamó su voz masculina preferida, y cualquier tipo de enojo se esfumó de su ser, muy a su pesar.
Hola! Lamento la tardanza, no he tenido tiempo antes entre exámenes y trabajo.
Fhl666, me has dado una buena idea con lo del flashback de la conversión de Elena :) En alguno de los próximos capis lo incluiré. Prometido. Respecto a tu otra pregunta, pronto se revelará quién fue esa joven que enamoró a Elijah y Klaus por igual. Es posible que se trate de Katherine, así como no... precisamente hoy he definido quién será XD
Muchas gracias por sus comentarios, son muy alentadores!
Espero que les guste el capítulo, y nos leemos en la próxima =)
