DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.

ATENCIÓN: A partir de aquí, los capítulos pueden contener spoilers de la Tercera Temporada de Vampire Diaries.

ELECCIONES

Capítulo 10

14 de Diciembre

Querido diario:

Es extraño estar escribiéndote desde la plaza, sentada bajo la copa de un viejo abeto. Creo que nunca lo hice, porque tampoco paraba seguido aquí. Hoy necesitaba alejarme de todo y, en lugar de ir al bosque, preferí este sitio. En la mansión está Stefan; en el Grill, Damon; y los Originales andan por aquí y por allá. Tuve suerte de no encontrarme a uno en el trayecto desde casa hasta la plaza.

Hace días que no escribo y no sabes la de cosas que han ocurrido. Para empezar, no he hablado con Stefan. Tengo la sensación de que ya nada es igual y que nos encontramos en un punto sin retorno. No tiene explicación, no hay un por qué, simplemente me distancié tanto de él como me acerqué a Damon.

Técnicamente, entonces, podríamos decir que es uno menos del cuarteto. Y por cuarteto me refiero a Damon, Klaus, Elijah y él. En este momento debería contarte una parte fundamental de la historia: Elijah y Klaus dicen sentir atracción por mí. Pero por los ojos de Elijah, me atrevería a decir que hay un poco más que atracción, lo cual significa: problema. ¿Comprendes la gravedad del asunto? No sé qué haré. Elijah es tan fino y elegante, y Klaus tan peligroso y seductor. Pese a eso, no puedo sentir por ellos lo mismo que siento por…

– Oh, vamos. No te detengas – la instó un Kol recién llegado y reposado a su lado –. ¿De quién se trata?

Elena saltó en su lugar por la sorpresa. ¿Qué demonios hacía Kol allí? Le miró de costado y con suspicacia.

– Ya me parecía extraño no haberme cruzado con alguno de ustedes en todo el día.

– ¿Has perdido tu miedo hacia mí? – el Original se cruzó de brazos.

– Si quisieras matarme, ya lo habrías hecho – masculló ella. Cerró la tapa del diario y lo dejó sobre sus piernas estiradas.

– No me subestimes, Elena. Si no te mato es porque, a falta de uno, tengo dos hermanos enloquecidos por ti, y acabar con tu vida sería quebrantar aún más lo que queda de mi familia. Aunque créeme que, en mi opinión, no estaría nada mal cortar este problema de raíz. Contigo muerta, ni mis hermanos ni tus queridos Salvatore dejarían sus existencias de lado para proteger algo que jamás les hará bien.

– ¿Viniste a darme tu opinión sobre mis problemas amorosos?

– No exactamente. Niklaus quiere verte. Me ha pedido que te dé aviso. Mira, Elena, yo no tengo rencores, pero honestamente no me agrada lo que estás haciendo. ¿No te parece mucho jugar con el corazón de cuatro vampiros?

– Yo no he hecho nada para que tus hermanos me deseen, Kol – refutó la morena, claramente molesta por el planteo.

– Es que no se trata de simple deseo. Ya he visto esto una vez. Pasaron antes por una situación idéntica con otra hermosa joven. Elena, se han enamorado de ti, ambos. Y a pesar de que no concuerde demasiado con Niklaus, no deja de ser mi hermano. Él y Elijah sufrirán, a menos que tú elijas a uno de ellos, cosa que dudo mucho. ¿Serías capaz de dejar a Stefan y a Damon?

Sin ser visto, Damon apareció erguido junto a Elena. Por su postura y su fría mirada, la muchacha advirtió que estaba dispuesto a atacar en medio de la plaza. Debía calmarlo, Kol también tenía un temperamento elevado y el mismo desinterés que Damon por lo que los humanos pensaran.

– Y todo marchaba bien hasta que el guardián carcelero se hizo presente – comentó Kol en voz baja, luciendo una maliciosa sonrisa. – Mi hermano me anticipó que estarías rondando por la zona.

Elena se puso en pie de un salto.

– ¿Klaus te ha dicho por qué quiere verme? – preguntó para distraer a ambos vampiros que no dejaban de dirigirse miradas desafiantes.

– No.

– Bien, entonces vayamos a donde sea que se encuentre – decidió.

– ¿Por qué acudirás a los pedidos de un maldito híbrido como Klaus? – le recriminó Damon, incrédulo.

– Porque es evidente que no me ha llamado para jugar a las escondidas. Debe tener algo importante que decir, supongo.

Tras un bufido poco disimulado, el vampiro accedió a permitirle ir, pero sólo si él la acompañaba.

En cuanto llegaron, Elena observó que Kol los había conducido a la mansión Mikaelson. Las paredes –de un blanco inmaculado– contrastaban con el cielo que, en pocos minutos, se había llenado de nubes grises. El sol estaba oculto detrás de las nubes y los faroles nocturnos de la entrada se encendieron.

Un fuerte escozor cruzó el pecho de la vampira. Se sintió hambrienta. Recordaba haber bebido una bolsa entera de sangre fresca antes de salir de casa, y sus agudos sentidos le indicaban que ningún humano rondaba en el perímetro. Entonces, ¿de dónde provenía semejante sacudida? Damon tomó su mano y le dio un suave apretón, parecía ansioso por irse a pesar de que recién llegaban. Elena deseó que eso la distrajera de la dominante sed de sangre, pero no fue así. Las cosas sucedieron tan presurosamente que apenas pudo distinguirlas.

Sus ojos se tiñeron de un rojo tan oscuro y brilloso como la mismísima sangre y debajo de ellos florecieron pequeñas marcas espeluznantes. Su delicada tez tornó a la de una perfecta depredadora. El escozor se convirtió en una hoguera encendida en el interior de su cuerpo. Podía sentir cada ramal nervioso hirviendo sin límite. Sangre. Necesitaba sangre, y no le importa el modo, pero la conseguiría.

De un momento a otro, casi como un rayo imperceptible, estuvo detrás de Kol y centró su mirada en la yugular cubierta por unos mechones de pelo castaño que caían libremente. Al vampiro Original le faltó tiempo para reaccionar. Un segundo más –o tal vez dos– le hubieran sido de mucha ayuda. Cuando quiso hacerlo, ya la tenía a Elena retrayendo el labio superior y mostrando dos afiladísimos colmillos a muy cercana distancia de su cuello. La morena se hincó con desenfreno sobre Kol y clavó los colmillos en esa tentadora vena palpitante. No supo cómo, pero lo tenía inmovilizado bajo sus brazos mientras la sangre manaba de las dos minúsculas heridas e ingresaba al organismo de ella. La sensación de alivio era maravillosa, mas no suficiente. Quería más sangre.

Liberó el cuello del vampiro y lo dejó caer en el suelo. Se detuvo a verle. Su estado no era tan grave. Las intenciones de Elena no habían sido dañarlo y había frenado a tiempo, pero Kol no salía de su asombro, el cual poco a poco se transformaba en ira.

Ella no le dio importancia y paseó la vista por su alrededor nuevamente. Continuaba en las afueras de la mansión Mikaelson, pero ya no estaban solo Damon, Kol y ella. Elijah y Klaus permanecían de pie junto al coche estacionado. Se encontraban completamente absortos, al igual que Damon. La vampira volvió la mirada hacia el Salvatore con deseos de atacar. Y se disponía a actuar, pero a último momento su instinto la llevó para otro lado.

Apareció detrás del híbrido de cabello rubio y rasgó la piel de su hombro con los colmillos ensangrentados. La sangre fresca fluyó a gran velocidad. Klaus, contrariamente a la reacción que todos esperaban, la rodeó con sus brazos, cerró los ojos y la dejó hacer.

– Ya es suficiente – manifestó en un susurro después de unos minutos, aunque seguía sosteniendo a Elena contra su duro pecho. Si no fuera porque se descompensaría en poco, la habría dejado continuar. ¿Quién hubiera dicho que alguien como Klaus permitiría que le robasen su propia sangre y disfrutaría con ello?

Elena no parecía dispuesta a soltar a su nueva presa. Klaus intentó quitarla, pero se estaba debilitando y sus fuerzas no eran las mismas, de modo que la presión de los colmillos de Elena lo superaba. Por lo que ella percibió, Elijah no había abandonado su puesto y seguía firme, prestando atención a cada detalle que ocurría. Estaba alerta.

– Elena, déjalo – intervino Damon, quien hasta ese momento se había mantenido aislado.

La voz determinante que utilizó le generó a la muchacha una especie de clic en su cabeza y la obligó a tomar conciencia de la situación en la que se había metido. No había sonado como un pedido, sino más bien fue una orden directa, la cual no admitía ningún tipo de negación o rebeldía. Damon había sido sintético y contundente, y eso era lo que Elena necesitaba en aquel momento de severo descontrol.

Desprendió los colmillos de la garganta de Klaus y contempló durante un instante las dos pequeñas marcas. Luego, obediente y apenada, se volvió hacia Damon. Él le dirigió una mirada que mezclaba desentendimiento con comprensión. Elena se alegró un poco al sentir que la seguía aceptando a pesar de la monstruosidad que acababa de cometer.

Sin embargo, en menos de un pestañeo, las facciones del vampiro mayor se contrajeron.

– ¡Cuidado, Elena! – gritó alarmado y la morena creyó que se lanzaría sobre ella, pero Damon la apartó de un empujón y pasó de largo unos pocos metros.


Holaa! Recién terminé de escribir el capítulo y me dije: ¿por qué no subirlo antes? Así que aquí estoy, subiendo un viernes, algo medio raro XD

¿Han visto el final de temporada? Por Dios, ¡Qué final! En un principio no le ponía demasiadas fichas, sin embargo a medida que transcurría, me pegaba más a la pantalla del ordenador. No hare spoilers por las dudas de que alguien lea esto y aún no lo haya visto, pero en verdad me sorprendió el final, ¿qué harán Elena y los Salvatores? Me genera mucha curiosidad, ya se había hablado algunas veces ese tema en la serie y no tenía muy buen fin... Ya quiero que comience la 4ta temporada!

Espero que el capítulo les guste a pesar de que no tiene demasiado Delena, pero es necesario para la trama :) De todas maneras, el próximo sí lo tendrá y los veremos más juntitos como queremos. Ya les he hecho un mini adelanto, jajaj.

Nos leemos pronto! Dejen sus comentarios y gracias por los anteriores :)