Holaa! No tenía pensado publicar tan pronto. Ayer me agarró un ataque de inspiración a las 12 a.m. y he aquí el capítulo 15 jajaj. No me podrán decir que no hay Delena en este. Sucede algo muy picante que podría tener consecuencias. Pero mejor las dejo leer tranquilas...
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
Capítulo 15
Elena dormía sobre su cómoda cama de la mansión Salvatore. Damon, enojado y sintiéndose culpable, la miraba como pocas veces había tenido oportunidad. La piel suave y lisa relucía con algunas pequeñas venas marcadas. Pensó que podría ser consecuencia del tóxico que utilizó el humano. El cabello oscuro le caía naturalmente sobre la almohada. Y la expresión de su rostro denotaba inquietud.
Se sentó en la cama y tomó la mano de ella entre las suyas. Le acarició el dorso con el pulgar suavemente, y la siguió observando. Las pestañas largas y finas, la nariz delicada, los párpados cubriendo sus preciosos ojos marrones. La encontraba perfecta. Su chica ideal. Su princesa de la noche. Eso causaba que tuviera más rencor adentro. No soportaba ver cómo fastidiaban a su chica y él no hacía nada para evitarlo. Si mataba o actuaba según sus impulsos agresivos, Elena se enojaría tanto que no le hablaría en meses, o quizás años. Sus sentimientos estaban potenciados siendo una reciente vampira y el enojo se le prolongaría en el tiempo. Entonces, Damon moriría de pena, oculta bajo sarcasmos e ironías. Aunque, por el otro lado, hubiera sido bueno matar a Dexter cuando tuvo oportunidad. Prefería morir él antes de que la vampiresa continuase exponiéndose ante tanto embrollo.
Elena hizo una mueca que a Damon le pareció adorable. Frunció un poco la nariz achinando los ojos, y los abrió.
– ¿Dónde estamos? – preguntó, paseando la vista por la habitación. Damon le dio un leve apretón de mano y la muchacha volvió la cabeza hacia él.
– En casa, te he traído aquí desde Kansas. ¿Lo recuerdas?
– ¿Kansas has dicho?
– Sí, el ciervo de la bruja mayor te tenía en el cuarto del casero de la detestable Mary Porter.
Elena apoyó su mano libre en el colchón para sentarse con la espalda pegada al cabecero.
– ¿Qué ha pasado con él? – quiso saber.
– ¿Con el anti-Dexter de la vida real? Klaus se alimentó de él hasta dejarlo inconsciente. Es un pobre idiota, Elena, pero sigue con vida… por ahora.
– Él no es culpable. Esther lo controla – aseguró Elena.
– ¡Me importa una mierda si Esther lo controla o no! Te ha hecho sentir mal, te ha secuestrado, te ha alejado por su propia voluntad de mí, y eso… – acercó el rostro a unas milésimas del de Elena y bajó la voz – eso no se lo perdonaría ni al mismísimo Cielo. Siempre te elegiré a ti. No me interesa cuántas cabezas haya que cortar para tu bienestar, yo lo haré. Te guste o no, tú eres mi prioridad en este universo.
Elena hubiera sentido el acelere de su corazón si este siguiera en movimiento. La reacción de Damon fue muy repentina, una que no esperaba. Le hirvió la sangre bajo la piel, el corazón le dio un vuelco. Se quedó sin aliento y sin ganas de discutir. La sinceridad en el Salvatore la silenció por completo. En otra ocasión, le hubiera reprochado todo, desde priorizarla hasta ser capaz de matar sin control por ella. Pero no le nacía hacerlo. Dejó pasar unos minutos incómodos, antes de hablar:
– Tuve miedo por un momento – admitió y se acurrucó contra el pecho de Damon, cual niña, cual humana desprotegida.
Él cerró los ojos en un acto automático y la aferró tanto a su cuerpo como le fue posible. Ya no sentía temor de partirla en pedazos. Elena era fuerte, era como él. Era más parecida a él que nadie. Y la conexión de amor tan puro que nacía desde su interior hacia ella generó que se esforzara por controlar sus impulsos naturales de buscar y matar al que la asustó, y se limitara a brindarle seguridad en el abrazo.
– Lamento tanto haberte dejado. No debería haberme enojado porque me llamaras amigo – respondió él, apesadumbrado –. Fui un completo imbécil. Si no me hubiera ido…
– En algún momento íbamos a descubrir lo que ocurría – lo interrumpió ella –. Esther no se detendrá hasta conseguir lo que quiere. Tenemos que decírselo a Klaus y Elijah. Ellos deben saberlo.
– Ya me encargué yo de comunicárselo a Klaus, y él lo pasará a sus hermanos. Tú necesitas descansar un poco, Elena – recorrió el rostro de la muchacha con sus ojos, deteniéndose unos segundos en las marcas moradas y pequeñas.
– ¿Cómo… cómo que le has dicho? – exclamó, confundida.
– Leí tu mente mientras dormías. Era imposible no hacerlo.
Elena se sintió nerviosa por la insistente observación de Damon.
– ¿Qué es lo que tengo? – pasó sus manos por su cara, preocupada.
– Ten, Elena, bebe. Te hará bien – prometió el vampiro en voz baja mientras se arremangaba un puño de la camisa y exponía su antebrazo delante de los labios de ella.
Elena percibió el exquisito olor natural de su piel y el óxido de la sangre. Su olfato estaba muy despierto por la sed que la embargaba. Miró fijamente a Damon por un momento y él hizo un movimiento sutil con la cabeza, incitándola a obedecerle.
Bajo los ojos de ella se marcaron las venas inyectadas en sangre. Entonces, Elena no pudo resistirse. Le sostuvo la muñeca, retrajo sus labios y clavó los colmillos superiores en la piel tersa del vampiro. De inmediato, la sangre fluyó de la vena a la boca de ella y los dos cerraron los ojos, extasiados por el conjunto de sensaciones acumuladas. La morena sintió su cuerpo llenarse de fuerza y una energía única. Experimentó una poderosa conexión con el vampiro, como si fuesen almas gemelas, un ser dividido que volvía a unirse. Y analizó que, siendo algo tan intenso, seguramente conseguiría leerle pronto la mente a Damon, al igual que le sucedía a él. La sangre, deliciosa, espesa, abundante, revitalizó su organismo y borró las feas marcas que Damon veía en toda su cara.
Damon llevó su otra mano a la cabeza de Elena y le acarició suavemente el cabello mientras la vampiresa bebía sin cesar. El cuerpo de él se relajó tanto que debió invertir posiciones en la cama. Se recostó contra el espaldar, dejándola sentada a horcajadas sobre sus piernas. A ella no pareció importarle demasiado. Damon no era capaz siquiera de pensar. Su mente estaba bloqueada a todo, excepto a ese momento, y a Elena. En lo único que lograba pensar era en ella. Mil imágenes cruzaban su mente, como un video. La mayoría eran de sueños y fantasías secretas que había tenido con su compañera. Más de una vez había imaginado una situación como la que estaba viviendo, y la había vivido con otras humanas y vampiras, pero jamás creyó que se sentiría tan excesivamente a gusto con ella.
Elena inclinó su cabeza al hombro de Damon, apretándole el antebrazo con los labios. Quitó los colmillos y besó esa parte de su cuerpo para limpiar los restos de sangre que se habían escapado. Las caricias en su pelo seguían estando y terminaron por agotarla de nuevo, esta vez sobre el hueco entre el hombro y cuello de aquel vampiro con quien nunca creyó falible tener una buena relación.
Para cuando Elena despertó, Damon estaba solo, bebiendo un vaso de Bourbon en la sala de estar. La morena se sumó y dio un trago corto con cierto asco. Era fuerte para alguien que no estaba acostumbrada a tomar mucho alcohol. Se miraron y supieron que ninguno de los dos quería hablar sobre lo ocurrido en la habitación. Pasó y ya, pensó ella, por primera vez sin ese horrible sentimiento de culpa que solía atosigarla.
– No logro recordar cómo me llevó Dexter hasta Kansas.
– Lo más probable es que te haya dormido. Sé que estabas sola aquí cuando te secuestró. Ni Stefan ni yo andábamos por la zona – Damon señaló el vaso de Elena – muévelo un poco y podrás tomarlo mejor.
Elena le hizo caso. No cambiaba en mucho, pero adquiría mejor sabor, como toda bebida alcohólica. Se sentó en el sillón de una plaza y subió las piernas enroscándolas en una V.
– ¿Cómo me encontraron tú y Klaus? – curioseó.
– Créeme que fue pura suerte que me haya topado con él en el Grill. Sucede que yo llamaba y llamaba a tu móvil, y tú no contestabas. Klaus ocupó el asiento de Alaric y, cuando le comenté lo que sucedía, nos pusimos en marcha los dos para buscarte. Pero tú lo conoces, es menos paciente que yo. Y eso ya es mucho decir. Así que contactó a una de sus brujas y te hizo rastrear.
– ¿Y mi sangre? Dime que has cogido los frasquitos que te indiqué – rogó.
– ¿Con quién piensas que hablas? Por supuesto que lo hice. Y tomó pocos minutos que eso ardiera con una simple llama de fuego. Será como si nunca te hubieran sacado nada – afirmó con seguridad y una mueca de asentimiento chistosa.
Repentinamente sus ojos se ensombrecieron y perdieron brillo. Sin embargo, Elena atisbó una pequeña cuota de esperanza en ellos.
– Según el falso Dexter, la bruja Original prometió salvarte a ti y a uno de nosotros en cuanto mates a Klaus… Elena, si la cosa fuera solo entre Stefan y yo, sin Originales de por medio, sin remordimientos ni culpas, ¿a quién elegirías?
Espero que les haya gustado el capítulo! ¿Qué responderá Elena? Mmm... Hoy no digo que tengo adelantado el capi 16 porque les estaría mintiendo, pero ni bien lo tenga lo publico. Muchas gracias por los reviews, no duden en dejarlos con sus comentarios o si les gustaría que haya algo más en la historia, tomo todo en cuenta :)
Un beso enorme!
