Buen díaa! En verdad lamento la tardanza, además de muchas obligaciones que debía cumplir, por días no he podido tocar la historia. Estaba bastante bloqueada. Noté que cada vez hay menos reviews, y me pregunto si es porque la historia les dejó de gustar, cosa que me encantaría saber, así como críticas, sugerencias y opiniones. Me serían de muchísima ayuda. De todas maneras, muchísimas gracias a las que siguen mi fic en cada capítulo que publico :D
Ahora sí, no me detengo más y las dejo con el capi 17.
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
Capítulo 17
Cuando Stefan y Damon abandonaron la mansión de Klaus, Elena se paseó a través del living nerviosamente.
– Ven conmigo, tomemos aire fresco – la invitó Elijah con gentileza, al tiempo que avanzaba hacia un pasillo a medio iluminar.
La morena lo siguió por todo el recorrido. La casa le pareció tan maravillosa como la mansión Salvatore. Era una especie de laberinto refinado, con detalles clásicos, completamente distinto al estilo rústico de su hogar. Elena se vio de pronto frente a un inmenso jardín con el césped recién cortado y en óptimas condiciones. El vampiro Original la condujo a un banco, de color blanco, muy elegante, desde el cual se podía observar casi la totalidad del jardín.
Permanecieron en silencio unos pocos minutos, hasta que Elijah mostró su comprensión.
– Sé que no estás verdaderamente acostumbrada a todos los problemas que se suceden y superponen en estos tiempos, y lamento que mi familia y yo seamos el foco de eso.
– Todos nos lamentamos lo que ocurre, no es algo que me afecte sólo a mí – susurró Elena, fijando su vista en un punto del jardín –. Elijah, ¿qué hay de cierto en lo de Juliet Petrova?
La muchacha daba por sentado que el Original estaba al tanto del asunto, y no se equivocaba. Elijah se inclinó hacia adelante, los codos apoyados en sus rodillas, entrelazó las manos y miró a Elena.
– Cada cosa que te ha contado mi madre es cierta, excepto la muerte. Juliet no murió nueve meses después de dar a luz a un bebé. Ella ya tenía un niño cuando llegó a la aldea. Supongo que mi madre mintió para que creyeras que había seguido con su vida normalmente. El caso es que la muerte de Juliet sucedió la misma noche que nosotros partimos, dijeron que fue por un lobo.
Elena se mordió el labio inferior, pensando que las palabras de Elijah sonaban mucho más creíbles y sentidas que las de Esther. Por algún motivo, el dolor del Original al hablar le estrujaba el corazón a la vampira.
– De todos modos, hace más de un siglo, Juliet, o tú, reencarnaron. En esa ocasión, tú eras una muchacha vivaz, con las mismas facciones, pero el cabello dorado y unos brillantes ojos celestes como el mar. No eras una dopplegänger. Y Niklaus lo supo en cuanto te vio. Luego, me tocó a mí conocerte, vi tu alma y eso me dio la certeza de que no eras como Katerina, sino la auténtica Juliet.
» Verás, Elena, cada 500 años nace una dopplegänger, pero las reencarnaciones no tienen un tiempo específico. No podíamos saber cuándo volverías. Es solo que esta vez se nos hizo más difícil reconocerte, porque tu alma es más fuerte y poderosa. Es… simplemente distinta.
– ¿Es por esto, entonces, que tú y Klaus se sentían atraídos?
No hubo respuesta, sino un escueto asentimiento por parte de Elijah. Se produjo un nuevo silencio entre ellos. No era incómodo, ya que ambos estaban más bien sumergidos en sus propios pensamientos. Elijah, rememorando bellas escenas del pasado con su eterna amada. Elena, buscando el modo más sencillo de asimilar el cúmulo de información que le había sido arrojado hacía unos días, y que cada vez se completaba más. En su mente apareció la imagen de Damon, y ella cayó en la cuenta de cuánto lo extrañaba cuando pasaban buen rato separados.
– ¿Qué es lo que tanto te molesta, que Elena sienta algo por mí? ¿Es eso, Stefan?
– No, me molesta que Elena no pueda ver lo malo que eres para ella.
Stefan no tuvo tiempo de arrepentimientos. Para cuando se iba a disculpar, Damon ya había localizado a Elena y pronto estuvo frente a ella, claramente disgustado. La morena había oído a lo lejos esa discusión y también comenzaba a molestarse. Sin embargo, intuyó que algo más no iba bien.
– ¿Y la estaca? – preguntó Elijah, poniéndose de pie con Elena.
– No está. Pusimos la casa patas arriba, y nada – gruñó Damon.
– Es imposible, Niklaus obligó a Dexter a develar el escondite. ¿Han revisado bajo los tablones del suelo?
– Sip, estoy diciendo que buscamos por todos lados, ¿hablo en chino, Elijah? – una sonrisa falsa asomó por los labios de Damon, y entrecerró sus ojos.
– ¿Alguna idea de donde pueda estar? – intervino Stefan, acercándose con las manos en los bolsillos de sus vaqueros.
– Es evidente que Dexter mintió – murmuró Elena.
– Será necesario presionarlo hasta arrancarle las palabras de la boca – Damon se deleitó pensando algunos posibles métodos.
Elena se encaminó al interior de la mansión, fue hasta donde tenían secuestrado al inmortal y se abrió paso entre dos híbridos fortachones que custodiaban la puerta. Dexter permanecía maniatado a una pared marrón y, en cuanto ella entró, alzó la cabeza con una pequeña sonrisa.
– Tú no me agradas, yo no te agrado – comenzó la vampiresa con algo de retintín –. El sentimiento es mutuo, pero asumo que deseas conservar tu vida. Así que dime dónde tienes el arma, o todo se pondrá peor para ti.
– Wickery, bajo el puente Wickery – balbuceó con seguridad el hombre.
Elena frunció el ceño y se giró a ver a Elijah, Stefan y Damon, quienes la habían seguido. El último tomó la delantera y se paró junto a ella, mirando hacia la pared.
– ¿Ahora lo pones fácil? ¿Qué escondes? – cuestionó, deslizando la fina punta de una daga por el cuello del inmortal.
– No queremos matarlo, Damon. Recuérdalo.
– Entonces actúa, Elena. No tenemos tiempo para perder con éste haciendo bromas – le exigió el vampiro de ojos azules.
Elena dejó de escucharlo. Sintió de vuelta esas inmensas ganas de beber sangre. Era algo prácticamente imposible de frenar, como una llama ardiente que iba creciendo a pasos agigantados en su interior. Algo que la llamaba a robar el delicioso fluido escarlata sin pedir permiso. Notó las miradas inquisidoras de los vampiros. Y una nueva presencia en el salón. El olor de la sangre le dijo que era Klaus.
El híbrido se acercó a ella por detrás, la envolvió con sus brazos y le susurró unas palabras al oído que Elena no alcanzó a comprender. Luego, la liberó y ella supo que debía ir a por Dexter. Retrajo los labios tal cual fiera y clavó los colmillos en el cuello del muchacho, sin preocuparse por las consecuencias. Pero inmediatamente se arrojó hacia atrás como acto reflejo, y Klaus la volvió a atrapar.
– Aquí está el motivo de tus descontroles, cariño. Él despierta tu sed de este modo.
Elena intercambió miradas de confusión con Damon. Dexter observaba la situación con una diminuta sonrisa maliciosa.
–Analízalo, Elena. Nos has atacado a Kol y a mí el mismo día que nuestro querido invitado pisó Mystic Falls – continuó Klaus como si nada.
El rostro de Elena se marcó con pequeñas venas oscuras.
– Klaus – suspiró ella, atrayendo la atención del híbrido. Él la volteó para quedarse frente a frente y delineó suavemente las marcas en la piel de Elena con sus pulgares.
– ¿Qué diablos tienes en la sangre? – se oyó el bramido de Damon, que se lanzó a Dexter con la daga en alto, completamente iracundo.
– Déjalo, Damon – ordenó Klaus con autoridad, sosteniendo el rostro de Elena dulcemente. Se mordió la muñeca y acercó las heridas a los labios de ella, quien succionó sangre sin dudarlo –. Tiene veneno de hombre-lobo. Lo que me pregunto es a quién se lo ha robado – inquirió con un tono severo al tiempo que usaba la mano libre para acariciar el cabello de Elena de la raíz a las puntas.
Espero que les haya gustado. Un beso enorme y buen fin de semana!
