Holaaa! Pasó bastante tiempo desde el último capi de esta historia, y creo que merece seguir. Lo de mi falta de tiempo ya lo saben, pero con Elecciones me pasa que la agarro por temporadas, más que nada cuando TVD me inspira. Con todo esto del mundo vampírico no es tan fácil captar buena inspiración. El capi de hoy me gustó mucho escribirlo. Es una puerta a algo nuevo que va a pasar y que Damon y Elena tendrán que enfrentar... a ver qué les parece!
ACLARACIÓN IMPORTANTE: Cuando inicié el tema de la Petrova Original no estaba enterada de que su nombre en la serie es Tatia, y por eso la nombré Juliet. Pero decidí modificarlo para asimilar más la historia a TVD también en ese detalle. Sé que es una tontería, pero vale la aclaración. Así que, en resumen, a partir de ahora, Juliet será Tatia :)
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
Capítulo 18
– ¡Nik, no lo hagas! – chilló una Tatia divertida mientras corría en círculos alrededor de los árboles de un frondoso bosque. Niklaus la perseguía con el único objetivo de cogerla en brazos y arrojarla consigo al lago que habían encontrado en un claro de aquel lugar.
El hombre era más fuerte y veloz que la humana, pero le dejaba un margen de ventaja para que el juego resultara divertido. Si la atrapaba rápido, terminaría rápido. Y no era eso lo que quería. Sin embargo, cuando se aburrieron de correr como niños, él atrapó a Tatia y, tras depositar un cálido beso en su cabeza, la levantó y cumplió su meta. Pronto el agua pegó sus vestimentas a sus cuerpos y las curvas pronunciadas de Tatia se hicieron más notorias bajo el vestido verde que tenía, cautivando la mirada embobada de Niklaus en toda su figura.
– Has algo por mí – pidió el muchacho, acunando rápidamente el rostro femenino entre sus manos y frotando suavemente los pulgares contra las mejillas de ella.
– Cualquier cosa – respondió Tatia con un tono de voz íntimo y suave.
– Permíteme convertirte y huyamos juntos. Te prometo una eternidad de felicidad, mi bella dama…
Elena parpadeó y sus ojos se encontraron con la oscuridad de una habitación elegante y bien constituida, sin exceso de muebles. Yacía tumbada en una cama matrimonial, acolchada y cómoda, lo que le daba menos ganas de levantarse, pero sus sentidos se activaron nomás despertar. Y escuchó pasos caminando hacia la habitación, luego otros dentro que se aproximaban a ella entre las sombras. Klaus, el olor de su sangre, que ya había probado, era inconfundible.
– ¿Y Damon? – fue su primera pregunta al Original, quien tomó asiento junto a su cuerpo y la aproximó a él con un brazo.
– Esperaba otro tipo de pregunta, amor, algo así como ¿qué hago aquí? O, ¿dónde estoy? – la sequedad de su voz le indicó a Elena que no se había tomado bien su intriga, pero ella seguía queriendo saber dónde estaba Damon, y no pararía hasta obtener su respuesta.
– Entonces lo siento por ti. Si no piensas decírmelo, tendré que averiguarlo por mis propios medios – intentó abandonar la cama, pero los firmes brazos del rubio la sostuvieron con más solidez hasta inmovilizarla.
– Vas atacando vampiros cada vez que Dexter aparece, no creerás que te dejaré sola, ¿cierto? – la besó en la cabeza, justo como el sueño que ella había tenido –. Damon está en su mansión, y tú en la mía. Ambos relativamente vivos, ¿contenta?
Elena soltó un suspiro de alivio y se relajó un poco. Ni siquiera había notado lo tenso que tenía el cuerpo hasta ese momento.
– Soñé contigo… cuando yo era Tatia – ante la mirada sorprendida pero notablemente más animada de Klaus, Elena prosiguió a contarle brevemente su sueño. Y el rostro de él perdió la sonrisa.
– Eso fue el día que tuve que partir y a ti te mataron. Jamás me lo perdonaré.
– Perdonaremos, hermano, no me dejes fuera – lo corrigió una voz. Los ojos chocolate de Elijah brillaban en la oscuridad con el mismo pesar que los de Klaus, y Elena tuvo deseos incomprensibles de abrazar y consolar a ambos Originales, pero se contuvo.
Elijah tomó el lugar en la cama a su derecha. Y con Klaus a su izquierda, Elena experimentó sentimientos encontrados. Por una parte –la parte que la hacía sentir como Tatia–, estaba a gusto entre esos dos vampiros que solo pretendían amarla y cuidarla. Y por otro lado –el de Elena en su máximo esplendor–, quería huir de esa cama rodeada de Originales y buscar refugio para sus sentimientos en la mansión Salvatore. O tal vez en alguna fuente de sangre caliente. Santo cielo, ¡qué hambrienta se encontraba! Y recién lo notaba.
– Bien, no me quedaré el día entero encerrada aquí, para que lo sepan – informó, cambiando el tema de conversación, y corrió la sábana y frazada que la cubrían. Se movió a velocidad humana hasta los pies de la cama, bastante incrédula de que ninguno hiciera algo por detenerla. Pero, como era de esperar, no pudo poner un pie en el suelo que Klaus ya la había sentado sobre su regazo.
– Naturalmente, lo sabemos. Sin embargo, bella princesa, anteriormente dejé en claro que no te moverías sola hasta controlar tu sed con las apariciones del inmortal, ¿lo recuerdas?
– Cierto, supongo que tendré a dos bolsas de sangre vampírica como guardias – Elena se deshizo prontamente de los brazos de Klaus y les guiñó un ojo antes de meterse al baño de la habitación.
No sabía cuándo se había generado la complicidad entre ellos, ni en qué momento la tensa relación con Klaus había desaparecido para dar paso a situaciones tan… íntimas y cercanas, si es que lo podía calificar así. No obstante –y lo más raro de todo–, le gustaba compartir tiempo y espacio con ellos. Elijah y Klaus la hacían sentir especial, preciada.
No se olvidaba en ningún momento de Damon, de su vampiro de ojos celestiales y apasionados, pero en algún punto se sentía traicionada porque él la dejaba en manos de otros sin hacerse mayor problema. Debía reconocer que también le habría gustado despertar en el cuarto de él, envuelta en su irresistible aroma, impregnado sobre las fundas de las almohadas, y que su rostro perfecto fuera lo primero que viera en la mañana.
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– Sabes que odio que desconfíes de mí, ¿cierto? – a Elena se le erizaron los pequeños bellos de la nuca cuando el aliento de Damon golpeó contra ella. No lo había visto en la sala al bajar las escaleras. El vampiro deslizó lentamente un brazo por su cintura, acariciándole el abdomen en el camino, y la aferró a su cuerpo. Le dio una pequeña sensación de descarga eléctrica cuando chocó su espalda con el firme y duro pecho de Damon –. ¿Olvidaste nuestro secreto?
¿A qué secreto se refería? Elena estaba como atontada, aún pensando en el brazo de Damon sobre su abdomen y las caricias que le proporcionaba la mano en el costado de cuerpo. ¿Y este hombre pretendía así que pensara con claridad? Ya, como si fuera posible.
– ¿Qué… qué secreto? – susurró en un tono tan bajo que un humano no sería capaz de oír.
– Tus pensamientos – reveló él y Elena juraba que le había aparecido esa media sonrisa tan seductora que el chico tenía. Claro, había olvidado lo del lazo sanguíneo y todo eso. Pero… si Damon oía sus pensamientos, ¿por qué no estaba enfadado con ella? Después de todo, Elena había reflexionado en que se encontraba a gusto con los Originales –. ¿Podrías bloquear esa parte de tu mente, preciosa? Es fastidioso oírlo – y ahí la solución a su incógnita.
– Lamento interrumpirlos… oh, no, no lo lamento – se arrepintió rápidamente y con cinismo una Rebekah que observaba desde la entrada a la mansión. Elena supo de inmediato que su punto de objetivo no era ella, sino Damon. Las cosas comenzaban a tornarse cada vez más oscuras entre la Original y el vampiro, se podía percibir en el aire.
– ¿Qué quieres, Barbie? ¿Te has aburrido de obligar a especímenes masculinos de humanos a que se acuesten contigo?
Rebekah hizo su mayor esfuerzo y lo ignoró, para luego dirigirse hacia Elena.
– Dexter no para de llamar por ti.
Elena dejó escapar un suspiro. No quería volver a sentir esa sed descontrolada. Por eso mismo había desistido de la idea de pasar a verlo antes. Ese inmortal era una verdadera tortura.
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Cuando ingresó sola a la alta habitación, se llevó la inmensa sorpresa de que Dexter estaba libre y sentado tranquilamente en una butaca bermellón. Antes de decir nada, Elena escuchó un golpe seco detrás de ella y miró rápidamente por encima de su hombro. Era Damon. Intentaba pasar, pero una especie de bloqueo invisible en la puerta se lo impedía. Luego fue el turno de Kol. Mismo resultado.
– Ninguno podrá entrar, tampoco escuchar. Y menos observar.
La puerta resistente de roble se cerró con un movimiento de mano del inmortal. Y Elena lo supo. No era él. Un fino hilo de humo se desprendía de la mesa a su lado. Salvia encendida.
– Esther – se limitó a decir con sequedad.
– Te he dado suficiente información y oportunidades para cumplir la misión que te encomendé. Y fallaste.
– No recuerdo haber consentido el plan – aclaró Elena, frialdad en su voz. No le gustaba ni un poco el matiz de la conversación.
– Eso no implica que hayas fallado. Y de ti, Tatia, o Elena, no lo esperaba. No queda tiempo, y hasta aquí llega tu participación. Fue un gusto a pesar de todo.
Confundida y enfurecida, Elena atinó a lanzarse sobre la bruja en el cuerpo ajeno. No sólo un escudo invisible la protegía, sino que Esther fue más rápida e inyecto un líquido amarillento en el cuello de la vampira.
– Lamento que el final sea de este modo, pero mis hijos tienen que morir. Y es necesario que tú lo hagas para que ellos caigan.
De un momento a otro, el inmortal ya no estaba. Elena se llevó una mano a la piel de su cuello que comenzaba a arder crudamente y la comprensión la iluminó. Veneno de hombre lobo. Esther la había dejado encerrada allí para que Klaus no pudiera salvarla con su sangre. Ella tarde o temprano moriría y... ¿Cómo no lo había pensado antes? En el primer sueño que tuvo con la bruja Original, esta confesó que había unido a sus hijos mediante la sangre de Finn y que, si Elena cumplía y los mataba, ella la volvería humana. Claro que lo habría hecho, porque para ese momento, Elena también comenzaba a estar unida. Su muerte implicaba la de todo vampiro sobre la tierra. Pero algún complicado hechizo podría haberla devuelto a la vida, como la simple humana que una vez fue.
La puerta doble se abrió de par en par y Elena se estremeció cuando sus ojos hicieron un breve recorrido a la imagen. Los cuatro Originales le devolvían miradas cargadas de preocupación y alarma. Intentaron entrar a la habitación, y nada. A quien más le afectó ver fue a Damon. Elena no lograba descifrar la mirada del dueño de esos penetrantes ojos azules. Parecía una mezcla de sentimientos atormentándolo en su interior.
Reiteraron los intentos por entrar, unidos a golpes descontrolados contra la pared invisible. No había nada que ella pudiera hacer. Contra la magia era imposible lidiar.
Klaus parecía tan desesperado como Damon, mientras que Elijah trataba de buscar una salida racional a aquel problema, como siempre. Rebekah y Kol se veían totalmente impactados. Y Stefan, bueno, él sí que no sabía cómo ayudar, estaba más perdido que otra cosa.
Y, al mismo tiempo que Elena analizaba a los vampiros, el veneno continuaba corriendo a gran velocidad por sus venas. La quemaba y descomponía por dentro. No pudo mantenerse más y se dejó caer al suelo, consciente de que moriría sola y, probablemente, antes de lo pensado por la generosa dosis que le habían dado.
Sólo no me odien jajajaj. Es un nuevo desafío que tiene que pasar nuestra parejita. Igual que en TVD, las cosas buenas para Damon y Elena no son eternas u.u (pero cómo me gustaría que sí lo fuesen ¬¬).
Lamento haberme tardado tanto con el capi, espero que les haya gustado. Y mil gracias por los comentarios y por seguir la historia a pesar de los hiatus que tiene!
Nos leemos pronto en este u otro de mis fics. Que tengan un excelente finde!
