Bueno, la historia llega a su fin en este capítulo. Lo sé, es algo apresurado y me hubiera gustado seguirla un poco más. Lo cierto es que Elecciones es mi primer fic de la serie y lo empecé en 2011, por lo que ya no tiene la misma chispa que al principio, o tal vez seré yo que no puedo escribirlo de la misma forma que antes. Preferí darle un cierre, apresurado, pero cierre en fin, antes que dejar esta historia importante para mí en un stand-by permanente.

Tengo otras ideas en mente, y dos fics iniciando. Eso es en gran parte lo que me impulsó a decidirme para terminar Elecciones, necesito liberar esto para dar paso a cosas nuevas. Actualmente, estoy trabajando con cuatro fics y no es nada sencillo, pero sí divertido jajaj.

El capítulo 19 es el último de Elecciones, pero resta un epílogo que trataré de traerles lo más pronto que pueda. Y ahí sí, ya me despediría definitivamente del fic.

Disculpen la interrupción larga, ya las dejo con el cap, y espero que les guste a pesar de todo!


DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.

ELECCIONES

Capítulo 19

– Bienvenida al otro lado, Elena.

Abrir los ojos y no sentir dolor confundió a la vampira. Pero bastó con ver su cuerpo derrumbado a sus pies para que toda angustia se agolpara en su pecho, luchando por salir en forma de gruesas lágrimas.

Ella no podía estar literal e irrevocablemente muerta. No podía ser cierto. Algo deberían de haber hecho todos los vampiros de la casa para salvarla y éste sólo tenía que ser un mal sueño. Sí, una pesadilla de la que pronto despertaría.

Alzó la vista en busca de alguna señal sobre los vampiros. Klaus, Damon, Elijah, Rebekah… alguien. Y estaban todos dispersos en la gran sala de estar de la mansión, cabizbajos y luciendo entre perdidos y deprimidos. En un sillón individual encontró a Jeremy. Hacía tanto que no lo veía que se emocionó. El único que faltaba era Stefan, y se le hizo un tanto extraño.

De repente, Jer se puso de pie para salir al jardín y respirar un poco de aire fresco. Pero cuando sus ojos chocaron con Elena, se quedó sin aire e intentó disimular, el dolor calando profundo en su mirada. Abrió la puerta y se fue antes de que ella pudiera acercársele.

El cuerpo de la muchacha ya no estaba tendido en el suelo, alguien lo había colocado con cuidado sobre el sofá principal del living. Entonces… era verdad. Ella estaba muerta. En otro caso, no habrían podido atravesar la puerta con el bloqueo de Esther.

Una mano cálida y desconocida se posó en su hombro mientras el desconsuelo y la desesperación inundaban cada poro de su nueva forma. Físicamente se sentía igual que siempre, pero sabía que nada era como siempre. Giró el rostro un momento y supo que Esther le había dado la bienvenida al mundo invisible.

– Tenía que ocurrir. Pronto, mis hijos morirán y la naturaleza recuperará el balance que nunca debió perder.

– No puede ser cierto – se limitó a murmurar la chica.

– Lo es, y lo lamento por ti.

No volvieron a cruzar palabra por dos horas, en las cuales Elena se había sentado junto a Damon –quien no la podía sentir por más esfuerzos que ella hiciera–. Lucía tan destrozado como ella y eso le hacía añicos el corazón. De todos los seres de la tierra, a Damon era a quien menos daño quería hacerle. Él simplemente no merecía más sufrimiento. Apoyó una mano en la nuca del vampiro y su cabeza ligeramente en el hombro masculino. Sería capaz de dar lo que no tenía para poder reconfortarle aunque fuera un poco.

– ¿A dónde ha ido Stefan? – preguntó de repente él, alzando la vista hacia nadie en especial.

– Dijo que encontraría un modo de arreglar esto – murmuró Rebekah con la voz temblorosa. Parecía increíble que ella se sintiera mal por la muerte de Elena, pero así era.

Los músculos de Damon se tensaron bajo la camisa negra que llevaba y Elena se apartó como si hubiera tocado corriente eléctrica. Otro chispazo explotó en el medio de su pecho y sus ojos se abrieron de sobremanera por la incredulidad. ¿Había algo más allá del velo de la muerte? ¿Qué le ocurría ahora?

– No puede ser cierto – oyó exclamar a Esther con una mezcla de asombro y temor. La bruja Original asustada, increíble. Estaba usando las mismas palabras que Elena antes, y la muchacha seguía sin entender nada.

Sintió una fuerza sobrenatural y resistente empujándola hacia su cuerpo muerto. No podía hacer nada por evitarlo, ni tampoco pensar en algo bueno que la aguardase. Estaba tan aterrada por lo que siguiera a eso que cerró los ojos y simplemente dejó que sucediera.

Todo se oscureció a su alrededor y no sintió más. No había perturbación, miedo, alegría, angustia… nada. Supo el exacto momento en que su corazón vampírico volvió a latir y todos los vampiros de la casa se agolparon en torno al sofá de cuero. Sin embargo, no despertó. Algo entre la oscuridad la llamaba, una especie de imagen animada en donde sólo veía a Stefan y Bonnie.

– ¡Noooo! – abrió los ojos, sentándose de golpe en el sofá. Se encontró envuelta en un par de brazos protectores y firmes, y el característico aroma a menta inundó sus pulmones –. Stefan – la voz le salió estrangulada de la garganta al tiempo que el abrazo de Damon cedía un poco. Evidentemente él no había comprendido.

Elena se giró para verle de frente, no le importaba que el resto estuviese impresionado y sin saber cómo reaccionar, había algo muchísimo más importante.

– Stefan. ¿A dónde está Stefan?

Mientras esperaba la respuesta que nunca llegó, rogaba internamente que lo que vio fuera solo una ilusión propia de haber vuelto a la vida. Un trauma o cualquier cosa semejante. Todo menos eso. Damon no resistiría la muerte de su hermano pequeño.

Minutos antes…

No me importa el costo, Elena no debía morir. Bonnie, tú lo sabes. Sabes todo lo que ha hecho Esther con ella aunque no te lo haya contado. Sabes todo por lo que ha pasado.

Lo sé, pero nada amerita lo que quieres hacer, Stefan – finas lágrimas circulaban por las mejillas de tez morena de Bonnie al hablar.

Sólo ayúdame a hacerlo, es lo único que pido. Yo me responsabilizo de todo, puedes culparme por toda tu vida, si así lo prefieres..

Pero, Stefan…

Es mi decisión, y mi elección, por favor – la cortó Stefan. Daba por hecho que Bonnie ya tenía armado un sermón con todos los motivos por los cuales él no debería hacer lo quería, pero la decisión estaba tomada y no la ubicaría en tela de juicio.

Bonnie, resignada ante la actitud testaruda y firme del muchacho, y con una pena terrible, preparó todo. Colocó velas por la habitación y con un pensamiento las encendió. En el centro, se tumbó Stefan y ella se puso de rodillas a su lado con los ojos cerrados. Canalizar el poder le resultó más difícil que otras veces, seguramente a causa del lío emocional. Cuando lo logró, posicionó las manos sobre el pecho de Stefan a varios centímetros de distancia y empezó un cántico inentendible para el vampiro.

Al principio, los ojos de Stefan estaban cerrados, pero lo que debía ser inmediato estaba demorando de más y no se resistió a abrirlos. En ese momento comprendió el por qué. Oscuras venas resaltaban en el rostro de la bruja y un hilo de sangre manaba de su nariz.

Bonnie – gritó sin saber que en aquel instante, en la mansión Mikaelson, Elena estaba gritando su nombre. Se incorporó y agitó por los hombros a la chica. Lo único que obtuvo como respuesta fue el desplome del menudo cuerpo sobre el propio.

Bonnie había muerto en lugar de él. Y no sabía si ocurrió por error y falla de la magia, o por pura determinación de ella.

Ya no importaba, Bonnie estaba muerta, Elena probablemente siguiera igual, y Stefan se sentía la persona más miserable del mundo. Ahora, por su culpa, otra persona inocente se había ido.


Nos leemos en el epílogo, un beso enorme!