Era una noche ajetreada en el Japón moderno, desde temprano en la mañana unas oscuras nubes invadían el cielo, nubes que vinieron acompañadas de una lluvia torrencial que había durado toda la tarde y lo que iba de noche, Kagome se encontraba caminando hacia su casa de su trabajo de medio tiempo, hacia 2 semanas que había cruzado por última vez el pozo y desde entonces trataba de llevar una vida normal, como si todo lo ocurrido hubiera sido un extraño y largo sueño. Con paso tranquilo, recorría las calles mientras movía ligeramente la cabeza y el paraguas al compas de la música que sonaba en sus auriculares.
Mientras esperaba que un semáforo le diera luz de cruce una sensación extraña la invadió, como si alguien estuviera vigilándola, miro a su alrededor pero todo el mundo parecía estar más ocupado en ocultarse de la lluvia que en su simple presencia, justo cuando estaba pensando en hacer un sondeo con sus poderes el semáforo cambio de color, y fue arrastrada por el mar de gente que cruzaba la calle, decidió seguir su camino, a lo mejor solo era el cansancio que la estaba volviendo paranoica. Camino un par de calles con la misma sensación, aunque tratando de restarle importancia, justo cuando llego a la calle donde estaba su casa escucho unos pasos detrás de ella, giro para enfrentarse a su perseguidor, cuál fue su sorpresa al encontrarse con un hombre alto, delgado, con solo unos jeans y una chaqueta de algodón totalmente mojada por la lluvia, llevaba la capucha puesta como para protegerse un poco, no sabía si de la tormenta torrencial o de que ella viera su rostro , lo único que podía ver con claridad era una sonrisa orgullosa y prepotente, la misma sonrisa que había visto por tantos meses.
-Hola Kagome- dijo mientras su sonrisa se volvía mas grande, mas psicópata.
-Inuyasha ¿qué haces aquí?- Pregunto la morena mientras daba dos pasos hacia atrás, había algo en el que no le agradaba.
-He venido a cumplir tu sueño Kagome, a que estemos juntos, justo como siempre quisiste- él se acerco y la tomo del brazo, como para evitar que tratara de escapar, al acercarse tanto, Kagome pudo ver el rostro que hacía tiempo atrás había amado con locura, estaba terriblemente pálido y delgado, sus ojos antes brillantes y llenos de vida, ahora se encontraban oscuros y vacios, no sabía que le había ocurrido al Inuyasha que había amado, pero estaba segura de que el hombre que se encontraba frente a ella era solo una cascara vacía.
-Sabes que eso ya no es posible, ahora suéltame- su voz sonó bastante firme a pesar de que una sensación de miedo se había apoderado de ella.
Inuyasha la miro asombrado, como si no entendiera las palabras que la morena le había dicho, luego apretó su agarre y sus ojos dorados se fueron tornando de un rojo sangre.
-Sabes que el no va a volver, para el dejaste de existir hace siglos, yo soy lo único que te queda del pasado- Se detuvo y la miro de arriba abajo mientras saboreaba sus labios- y te lo hare saber quieras o no- Finalizo mientras la empujaba a un callejón oscuro.
Kagome puso toda su fuerza en tratar de alejarlo, pero a pesar de lo delgado que el peliplata estaba seguía teniendo la misma fuerza que se podía esperar de un hibrido, justo cuando la joven estaba por usar sus poderes de miko, sintió que le ponía la mano en la boca, primero pensó que era pera evitar sus gritos hasta que sintió un olor dulzón y el roce de la tela contra sus labios, casi de inmediato empezó a sentir como sus fuerzas se debilitaban trato de mirar a su atacante, pero todo era una masa oscura sin forma.
Cuando despertó, había dejado de llover, trato de levantarse, pero una fuerte punzada en la cabeza hizo que desistiera de la idea, miro el cielo estrellado por largo rato, como esperando despertar de algún tipo de pesadilla, se rindió luego de unos minutos y trato de incorporarse de nuevo, cuando estuvo de pie se dio cuenta de que su ropa apenas le alcanzaba para cubrirlo necesario, aparte de que estaba húmeda y llena de suciedad, busco su bolso, pero no consiguió nada, solo su paraguas abierto en una esquina, tomo el paraguas y camino los poco metros que faltaban hasta el templo, cuando vio a su madre abrir la puerta soltó una lagrima y su vista se nublo otra vez.
Un insistente pitido hizo que despertara, el principio pensó que era la alarma del despertador, pero luego todos los recuerdo empezaron a aparecer en su mente, trato de levantar su mano para apagar el origen de dicho sonido, pero no pudo levantarla más que unos centímetros antes de que algo parecido a unos cables impidieran su avance, sintió pánico, a lo mejor no había vuelto a su casa e Inuyasha la tenia cautiva en algún lugar.
Lentamente abrió los ojos, al principio todo era borroso, luego su vista se acostumbro lentamente a la luz blanca, su cuerpo se relajo al darse cuenta que se encontraba en una habitación de hospital. Trato de llamar a su madre, pero la voz no le salía de la garganta, se sentía débil, cansada, completamente indefensa, las lagrimas empezaban a empapar su rostro cuando la puerta se abrió, era su madre.
Doctor ya despertó- grito mientras corría hacia ella y la tomaba de las manos- aquí estoy cariño, puedes estar tranquila.
Kagome sintió el suave tacto de su madre y se calmo, a pesar de que las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, trato nuevamente de hablar, pero apenas pudo soltar un ligero quejido, estaba a punto de tratar de incorporarse cuando un hombre de bata blanca que supuso era doctor entro a la habitación.
Tranquila Kagome, no trates de levantarte- él doctor, un hombre alto, de cabello castaño en el que empezaban a asomar las canas a pesar de que no se veía mucho mayor que su madre, se acerco a los pies de la cama y tomo la tabla de estudios- has estado durmiendo por 3 días, es lógico que te sientas un poco débil- levanto la mirada de la tabla y la coloco sobre mi- pero físicamente estas estable, por ahora necesitamos que descanses y te recuperes, luego podrás decirnos que fue lo que te ocurrió- dijo rápidamente, luego llamo a una enfermera y salió de la habitación rápidamente, dejándome a sola con mi madre.
Cariño, estaba muy preocupada por ti- dijo suavemente, mientras retiraba un mechón de pelo de mi frente- no sabía cuando despertarías, y por un momento tuve miedo de que nunca lo hicieras.
En ese momento la enfermera entro con una bandeja, era joven y muy hermosa, la enfermera se acerco a mi madre, quien se levanto, me dio un beso en la frente y salió, sin decir nada, la enfermera se sentó en el lugar donde había estado mi madre.
Kagome, tengo que decirte algo importante- su mirada mostraba comprensión- no sabemos lo que te paso exactamente, pero luego de unos estudios descubrimos que tuviste contacto sexual, suponemos que te violaron por el estado en que llegaste, además de que tus análisis revelaron un droga en tu sistema, pero no es de eso de lo que quiero hablarte, tenemos un medicamento que impedirá que salgas embarazada en caso de que no usaran protección, pero solo es tu decisión tomarlo, si deseas pensarlo puedo volver en un rato, pero debes tomar la decisión hoy, porque mañana el medicamento ya no hará efecto- hubo un minuto de silencio, mire a la enfermera, quien entendiendo perfectamente- volveré en un rato- me dedico una sonrisa tranquilizadora y salió de la habitación, nuevamente me había quedado sola.
Sabía que el Inuyasha que había visto no era el Inuyasha con el que había viajado por tanto tiempo en busca de los fragmentos, sin embargo no pensé que pudiera haber hecho algo tan bajo como violarme, pero aquí estaba, enfrentándome a la posibilidad de tener a los hijos de Inuyasha en mi vientre, bien podría tomar la medicina y olvidarme de lo ocurrido, sin embargo, que podría hacer un medicamento humano en contra de el poder de reproducción de un hibrido, la posibilidad de que funcionara era 50-50, además de que no sabía cómo nacería el pequeño, bien podría ser humano como podría ser hibrido, ella no podría criar sola a un hibrido.
Entre la marea de pensamientos que llegaron a mi mente, apareció el, si Sesshomaru regresaba, como explicarle que esperaba un hijo de su hermano, no lo soportaría, y ella no soportaría que el se alejara por algo que no era su culpa.
Justo al llegar a esa conclusión la enfermera se asomo por la puerta, Kagome le dedico la mirada más decidida que tenia, a lo que la enfermera solo asintió- enseguida traeré el medicamento- dijo para luego cerrar la puerta nuevamente. Kagome no sabía si funcionaria, pero era mejor intentarlo que nada.
Sentada en el piso del baño empezó a recordar todo lo ocurrido luego de tomar la medicina, como mejoro físicamente en cuestión de horas, la conversación donde tuvo que decirle a los agentes de policía que no había podido ver la cara de su atacante, porque a pesar de todo, ella sabía que algo muy malo debió pasarle a Inuyasha para hacerle lo que le hizo. Salió del hospital al día siguiente sintiendo que podía conquistar el mundo, a pesar de decirle a su madre que se sentía muy bien, ella insistió en que se tomara un descanso para reponerse, así que paso los siguientes 7 días en su habitación.
La semana siguiente empezó su rutina nuevamente, tanto en la escuela como en el trabajo, por supuesto ahora no andaba sola por las calles, Hoyo se ofreció gentilmente a acompañarla a su casa luego del trabajo, todo había vuelto a la normalidad, o eso pensaba ella, sabía que había empezado a comer exageradamente, que no podía pasar frente a una pastelería sin que se le antojara cualquiera de las cosas que se encontraban en el exhibidor, empezó a dormir de mas, y no podía tener una naranja cerca sin que le causara dolor de estomago, también empezó a tener cambios de humor, sobre todo cuando pensaba en Sesshomaru, pasaba horas llorando en su habitación, pensando en que tal vez, el la había olvidado, pero aun así, no se preocupo hasta esta mañana cuando se dio cuenta de que tenía un atraso.
Y ahora sentada en el piso del baño de su habitación, un mes después de aquella decisión, veía entre sus manos la prueba de embarazo que en ese momento era el juez de su destino, apenas habían pasado 4 de los 5 minutos necesarios para una respuesta, sin embargo, ella ya sabía cual sería el resultado.
Positivo- suspiro, mientras miraba la pequeña cruz de color rosa en la prueba de embarazo casera.
