Hola… les tengo el segundo capitulo de esta historia (Bueno a quien le aburra el sentimentalismo salten hasta donde dice "capitulo 2"); pero antes quiero disculparme por la tardanza, sobre todo después de lo amables que han sido leyendo y comentando… no esperé que esta historía tuviera tan linda acogida, me emocionó mucho, son personas maravillosas.
BARDICHE T: me alegra que te haya gustado y quizá mereces un premio por dejar el primer review… pero soy pobre :3, Kayla: después de comentarios tan lindos vale la pena el esfuerzo y la verdad es que pongo los primeros nombres que me vienen a la mente… espero que eso no sea un problema, amy: jamás pensé que "raro" resultara tan alegador y espero te siga resultando entretenido, utau-mizuki: te parece un exagerado? … espera Fate es el personaje de los excesos esto es normal en ella, Rainhard: que bueno saber que te agrade la situación de las chicas (cada vez que veo la serie me convenzo de que a Nanoha no le pega lo sumisa) y ya veremos como le va a Fate… no quiero adelantar nada, Comandantekami-sama: me alegra que te encante y me emocionó tu entusiasmo trataré de hacer capítulos más largos pero tardaré más en actualizar (también odio los diminutivos pero siempre acabo usándolos), pascualina: me alegra que te guste y ummm sí algo hay de eso y también una trama que ya se verá más adelante, dark888: me disculpo nuevamente por tardar tanto y claro que va a tener continuación… esta historia apenas empieza, Steell-Angel: me alegra que la trama llame tu atención. Nuevamente gracias a todos.
Sin más continuemos con la lectura.
Disclaimer: Mahou shoujo lyrical Nanoha es propiedad de sus respectivos autores.
(Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia coincidencia)
Amor y éxtasis.
Capitulo 2.
Después de asistir a los primeros oficios del día Fate salió del convento, era tempano y aun así encontró las calles concurridas y con el bullicio de los vendedores de víveres que pregonaban sus productos, mientras mujeres y hombres circulaban por las calzadas o se reunían en las plazas comentando animadamente las buenas nuevas del día. Fate llevaba más de seis años establecida en la ciudad y seguía sintiéndose fuera de lugar en ese ambiente tan caótico. Ciudad Origen era la capital de "La fe", la urbe más poblada y sin lugar a duda la más activa del continente. A diario llegaban y se marchaban peregrinos de los lugares más remotos. Quienes tenían para pagar pernoctaban en posadas, los menos afortunados se quedaban en albergues y cuando estos eran insuficientes se tendían acurrucados contra las paredes en las plazas y calles, Fate se encontró con algunos peregrinos que apenas despertaban, a los que tuvo que rodear para seguir adelante.
Para Fate era un alivio que los gruesos muros del convento donde vivía le brindaran refugio de todo aquel ajetreo, y por fortuna casi no salía de él cuando encontraba en la ciudad. Estaba más acostumbrada a un ambiente más calmo porque había pasado su infancia en un convento muy similar en Tierra Jardín, su nación natal. Desde que recodaba ese era había sido su hogar y la única familia que conoció allí eran las monjas que lo habitaban, no fueron exactamente amorosas aunque eran amables con ella aunque, y en su favor podía decir que se habían esmerado en educarla y alimentar su devoción a la iglesia.
Fate siguió su camino a paso rápido y constante sin prestar atención a lo que pasaba a su alrededor. Cuando en alguna calle encontraba aglomeración la gente se apartaba al notar su presencia para permitirle el paso, algunos incluso hacían una reverencia como si se tratara de algún noble; no obstante que vestía su humilde hábito negro de sarga y calzaba sandalias las personas la veían casi con admiración como si vistiera en terciopelo y seda.
Cuando por fin anduvo por la calzada que desembocaba en la plaza principal frente al templo supremo, tuvo a la vista un gran número de fieles esperando el siguiente oficio, entonces rodeo la explanada para llegar a su destino, el palacio de la gracia, el lugar donde habitaba y despachaba la suprema santidad con su junta de gobierno; el recinto se encontraba a un costado de la plaza, aunque las puertas de acceso estaban sobre una calzada que también conducía a la explanada. Mientras se acercaba el paso se le dificultó por las filas de solicitantes frente a las puertas, era gente que quería conseguir audiencia en alguno de los ministerios para exponer sus casos; algunos tenían que esperar días en ese lugar antes de poder ingresar y lograr abrir un expediente sobre su solicitud. Para Fate era todo era diferente, entró sin problema alguno por la puerta principal, solo se detuvo un momento para que los guardias la reconocieran, cuando lo hicieron no dudaron en apartarse e hicieron una señal para que los guardias que bloqueaban el paso interior manteniendo sus lanzas cruzadas las levantaran y se hicieran a un lado para permitirle el acceso.
Una vez adentro, en el vestíbulo, se encontró con el cambio de guardia que custodiaba la fastuosa escalera y se vio obligada a dar un rodeo para poder acceder al segundo nivel, donde se hallaba el despacho de la Suprema Santidad, esa ruta no le gustaba porque tenía que pasar por algunas de las antesalas de los despachos de varios ministerios y siempre estaban abarrotadas de gente. Justo cuando pasaba frente a la puerta de una antesala escuchó un alboroto, voces de hombres y mujeres clamaban por ayuda y justicia, y no pudo evitar detenerse y mirar al interior donde ya algunos guardias habían aparecido para proteger a los ayudantes que se veían sobrepasados por los quejosos; lo que llamó su atención no fue lo numeroso del grupo sino que entre ellos también se encontraban algunos monjes vestidos con hábitos marrón. Fate pensó que eso no era de su incumbencia y echó a andar nuevamente, recorrió algunos patios y pasillos hasta llegar a una escalera angosta estaba resguardada por una pareja guardias que sin dudarlo le abrieron paso. En el segundo nivel el ambiente era totalmente distinto, el lugar lucía casi desierto si no se contaba a los guardias apostados al inicio de cada pasillo y frete cada puerta.
Fate se detuvo por fin en medio de un amplio corredor y se anuncio a un hombre pequeño y regordete que vestía sotana roja, como todos los monjes y monjas que hacían de ayudantes en el palacio, estaba sentado frente a un enorme escritorio al lado de una puerta de doble batiente finamente labrada. El monje se levanto y desapareció detrás de la puerta para volver después de unos cinco minutos.
—Eminencia, haga el favor de pasar a la antesala, la Suprema Santidad le atenderá en cualquier momento —le indicó el monje con tono amable.
Fate asintió como respuesta e ingresó. La habitación era enorme, de casi treinta metros de largo y solo una puerta al fondo, franqueada por una pareja de guardias, varias ventanas altas al costado derecho; era majestuosa como todo el palacio con las paredes de piedra pulida, y los pisos y columnas de mármol. La ausencia de mobiliario, a excepción de un incomodo banco en el costado izquierdo donde podían sentarse quizá seis personas, daba la impresión de que era más grande aun. Ese vacío en la sala cumplía bien su cometido de mostrarle al visitante más ególatra lo pequeño que era mientras esperaba ser recibido por quien representaba al Dios Creador ante los hombres. A Fate no le afectaba, ella tenía clara su posición como devota y humilde servidora de las causas de la iglesia del santo rey "la fe verdadera".
Pasaron varias horas y Fate esperó pacientemente, a ratos se paseaba por la sala y a ratos permanecía sentada, en un momento se dirigió a una ventana y echo un vistazo, tenía enfrente la plaza y más allá la fachada frontal del templo supremo con sus dos torres y la inmensa cúpula al fondo; miró las figuras de la fuente monumental que representaban una alegoría del Dios Creador en pulcro mármol blanco sometiendo a demonios deformes labrados en roca oscura y mohosa.
A Fate no le inquietaba que el tiempo de espera se alargara, estaba acostumbrada a esos protocolos porque los había tenido que observar desde su niñez. En ese tiempo eran pocas las monjas que tenían un trato familiar con ella, la mayoría solo eran amables; había una en especial, Linith su mentora y hermana guía del convento, fue lo más cercano a una madre que conoció en aquellos días. Hasta entonces nadie le había hablado de sus padres y por eso había dado por hecho que era huérfana. Ese asunto no le afectó mucho porque solo había conocido esa vida; sin embargo a veces sentía curiosidad por saber cómo podía ser era tener madre, padre y hermanos… saber como era vivir con una familia. Un día, cuando tenía 7 años, Linith le mando llamar a su despacho. Fate se anunció y tuvo que esperar un largo rato antes de que su mentora saliera al pasillo cerrando la puerta tras de si. Linith la examinó meticulosamente, luego se inclino poniendo una rodilla en el suelo para alisarle el vestido blanco que eligió para ese día, en un acto reflejo Fate le ayudó, también le peinó un mechón de su cabello y lo acomodo, volvió a examinarla y por fin le brindó una sonrisa. Fate estaba expectante, entonces era tan impaciente como cualquier niña de su edad pero sabía que no debía preguntar. Linith se incorporó, le puso las manos sobre los hombros y aun sonriendo le dijo: "Fate, hoy conocerás a tu madre"… a partir de ese momento la vida de Fate dio un vuelco.
Tenía puesta la atención en ese recuerdo cuando se vio interrumpida por el ayudante que le anunciaba que su espera había terminado y que la Suprema Santidad la recibiría en su despacho.
El despacho de la SuremaSantidad era una habitación sobria, amplia y elegante con escasos decorados en las paredes, cualquiera esperaría ver cuadros, figuras o símbolos religiosos, no había nada eso; más bien daba la impresión de tratarse del despacho de un político o de uno de los antiguos senadores que gobernaban la ciudad antes de ser recuperada por la iglesia. Había libreros altos en las paredes de los costados con tomos, pergaminos y mapas; al centro un escritorio de madera de roble y un sillón detrás con asiento de piel y respaldo de terciopelo, que debía ser ocupado por la Suprema Santidad y que en ese momento se encontraba vacío; al costado derecho estaba una mesa de trabajo inmensa sobre la que había algunos mapas extendidos, pergaminos y un montón de papeles que daban la impresión de desorden, en el otro costado, cerca de la entrada, dos silenciosos escribanos vestidos de rojo ocupaban mesas individuales armados cada uno con papel, pergamino, plumas y tinta, preparados para tomar nota de lo que la suprema santidad demandara.
—¡Fate, querida mía! —Saludó una mujer madura con voz clara y resonante a pesar que había usado un volumen bajo; tenía el cabello largo ondulado color purpura oscuro recogido hacia atrás con un broche y vestía un regio manto de terciopelo purpura y armiño. Se encontraba de pie frente a la mesa de trabajo, y fue hasta ese momento que Fate se percató de lo fría que era la habitación, pero igual no le importó.
—He venido respondiendo a tu llamado, Suprema Santidad —saludó Fate mientras se postraba ante la mujer para besar primero el pie izquierdo y después la mano en la que portaba el anillo, el símbolo que la señalaba como cabeza de la iglesia del santo rey, la auto-nombrada fe verdadera.
La mujer frente a Fate era la representante del Dios Creador ante los hombres, Precia Testarossa. Fate seguía sintiendo la misma emoción que tuvo la primera vez que se encontró frente a Precia cuando era niña, el tiempo no había mermado en nada la admiración que le inspiraba al contrario se había acrecentado porque ahora era más consciente de la gran obra que Precia había emprendido.
Precia fue la única hija de Roberto Testarossa, un caballero de Tierra jardín que peleó en varias batallas por la defensa del culto del santo rey, fue considerado un héroe de la gran guerra que más de 60 años atrás terminó con la expulsión de los infieles que ocupaban Ciudad Origen, y luego llegó a ocupar el puesto de consejero de armas de la iglesia en el primer concilio del culto dentro de la ciudad. Procreó a su hija, Precia, a una edad avanzada y la niña quedó huérfana de padre siendo una niña, poco después cuando su madre también murió su custodia y vasta fortuna quedaron a cargo de una orden de monjas hasta que fuera mayor de edad y pudiera decidir sobre los mismos. Desde muy joven había dado muestras de ser diligente y poseer grandes talentos, por eso a nadie sorprendió que a una edad temprana fundara y financiara con la fortuna familiar una orden cuyo fin era que sus miembros, monjes y monjas, abandonaran la contemplación y el encierro; en cambio tenían que ser letrados con conocimientos en agricultura, ganadería, armas, medicina, filosofía y por sobretodo creyentes, muy devotos y con convicción religiosa, capaces de llevar bienestar junto con "La Fe" a cualquier rincón del continente y convertir en fiel a cualquier persona. Esa estrategia consiguió más seguidores que cualquiera de las guerras que habían puesto en manos de la iglesia del santo rey Ciudad Origen.
Cuando Precia se estableció en la ahora capital del culto, a una edad madura, ya contaba con los meritos suficientes para que el concilio de la iglesia del santo rey la considerara como posible sucesora de la cabeza del culto, algo que no tardó mucho en conseguir.
—Fate, tu presencia nos produce un gran gozo —dijo Precia con dulzura usando el nosotros, refiriéndose al Dios Creador y ella, mientras tomaba el brazo de Fate para animarla a incorporarse—. Son tan pocos los momentos que puedo compartir contigo… mi amada hija… —Precia instó a Fate a andar unos pasos junto a ella, mientras continuaba hablándole. —La tarea de extender nuestra iglesia a todos los confines del continente es tan absorbente que no nos permite disfrutar de tu compañía tanto como nos gustaría… Y ahora, cuando quisiéramos retenerte a nuestro lado, nos vemos en la necesidad de alejarte para que realices una nueva encomienda.
Fate no perdía detalle del rostro de Precia, la observaba con gran admiración, cada gesto y ademan robaban su atención mientras escuchaba atentamente las palabras que le dirigía, eran pocas las ocasiones que compartía con ella pese a vivir en la misma ciudad, debía aprovechar estas escasas oportunidades. Precia le indico que se acercara a la mesa de trabajo. En ese momento Fate se percató de la presencia de una mujer de edad madura, con largo cabello rubio, casi tan alta como Precia y de ojos color lavanda, se trataba de Carim Gracia, la canciller que presidía la junta de gobierno de Ciudad Origen, estaba detrás de la mesa sepultada entre pergaminos y mapas.
—Ilustrísima eminencia —dijo Fate dirigiéndose a la rubia apresuradamente haciendo una amplia reverencia para tratar de enmendar su descuido. Cuando entró dio por sentado que Precia se encontraba sola con su asistente y los escribanos. En cambio la Canciller le brindo una sonrisa con gesto amable haciéndole ver que estaba disculpada por su omisión.
Precia invito a Fate a que ocupara una silla en la mesa, justo frente a Carim. Después hizo una seña al ayudante para que atendiera a Fate, el monje puso sobre la mesa una charola con una copa y un trozo de queso azul al que Fate no le prestó atención. Por el momento lo más importante era atender la tarea que le sería encomendada por la Suprema Santidad y no deseaba perderse ningún detalle.
—Fate, sabes que corren tiempos complicados para las causas de "La fe" —dijo Precia mostrando un poco de cansancio en su voz—. No es el momento para detenernos, las acciones que llevemos acabo ahora serán decisivas para el futuro de nuestro de nuestra iglesia. Siempre supimos que sería una tarea complicada y agotadora, que algunos sacrificios nos serían impuestos… Hemos tenido logros, no podemos quejarnos, la expansión ha sido rápida, pero desordenada… si bien es cierto que hemos establecido abadías y obispados que atienden las necesidades de las almas de nuestros fieles en las poblaciones más importantes del continente… también es cierto que con este actuar tan apresurado algunas cosas escapan a nuestro control. —explicó Precia y después hizo una seña a Carim para que continuara mientras ella se acomodaba en el sillón que presidía la mesa.
—Hermana Fate —empezó a explicar Carim Gracia—. Nos preocupan los retrasos que han sufrido las obras de construcción del templo principal y la abadía en Valle Norte. Los monjes dicen que es debido a que los recursos se han agotado y solicitan más; pero no dan una explicación aceptable del encarecimiento de la obra… Además nos informan que el rey no va a seguir patrocinándonos, se niega a aportar un centavo más. Él piensa que ya se ha gastado demasiado y La Suprema santidad está de acuerdo con él. —Carim hizo una pausa esperando la aprobación de Precia que asintió ligeramente, entonces la rubia continuo—. Pero es una obra necesaria y debemos concluirla con la mayor brevedad… Hermana Fate, requerimos que lleves recursos para la culminación de la obra, aunque en realidad tu tarea principal consiste en hacer una auditoria y supervisar los trabajos… además de encargarte de acelerar la conclusión del templo.
Fate apenas estaba enterada del asunto, por eso debía prestar más atención… sabía poco de construcción; pero si la suprema santidad confiaba en ella para hacer de capataz y administradora de la obra lo haría sin duda.
—Serán algunas semanas, Fate… lo más conveniente es que te establezcas allá con tu grupo —Intervino Precia conservando un tono de voz tranquilo—. También debes encontrar al responsable de despilfarrar nuestros recursos. Sentaremos precedentes con él… no debemos permitir más dispendios entre nuestros miembros…
Precia guardo silencio unos minutos para meditar y después continuó.
—Y Fate, debemos motivar la devoción de nuestros fieles… Busca entre los informes de los milagros que se han reportado en Valle Norte el más creíble, el que pueda documentarse mejor, envíanos la información y los testigos para decretar su autenticidad… Con eso nuestros fieles del norte se volcaran al nuevo templo, convencidos de que el Dios Creador atenderá sus ruegos —Recomendó Precia y se tomo un momento para mirar el mapa de Valle Norte extendido sobre la mesa—. También es necesario que en algún momento tomes camino cruzando por las montañas. —Señaló con el índice una ruta en el mapa—. Con dirección a Puerto Firdo… Hay un poblado de herejes que debes visitar… Y Fate, sobra decir que oficialmente esa visita nunca será hecha.
Fate miró con atención el lugar señalado, tendría que cruzar por las montañas que delimitaban la frontera de Valle Norte al oeste con Cabo Grande, esa ruta ahorraba mucho tiempo… también era peligrosa y por lo tanto poco transitada.
—¿Cuándo debo partir? —quiso saber Fate. Tenía que planear bien ambas excursiones.
—Lo más pronto posible —le informó Carim—. Y hermana Fate, La Suprema Santidad te da libertad para proceder como mejor juzgues en ambas tareas, puedes disponer de recursos y de los miembros que consideres necesarios.
Fate estuvo inexpresiva, totalmente concentrada mientras escuchaba las indicaciones de Carim. Le decía que había muchas posibilidades de que el concilio diera por legitimo cualquier milagro que recomendara debido a la ubicación estratégica del templo. Era el lugar ideal para convertirse en la capital del culto en el norte del continente. Lo siguiente, sería comprar bastos terrenos para ampliar las probables rutas por las que los servidores del culto podrían transitar libremente y también conseguirían más autonomía dentro de los reinos del norte… lugares donde la autoridad del culto fuera superior a la de los reyes (como debía ser). Fate también tenía que evaluar esos terrenos.
Mientras la canciller Carim seguía haciendo recomendaciones, Precia decidió dejar a un lado los asuntos que requerían de su inmediata atención, estaba cansada de tratar hacer entrar en razón a reyes y nobles caprichosos que no querían aceptar la superioridad de dios sobre ellos, por otro lado estaban los pobres a quienes tenía que guiar y mostrarles la verdad única en qué creer. Se recargo en el respaldo del sillón, descansó los codos en los brazales y apoyo la barbilla en su mano derecha, después dirigió la vista a Fate, se distrajo mirándola largamente… le parecía una mujer magnifica… no cabía la menor duda de que era digna hija suya.
Precia concibió a Fate cuando aun no tenía muy claro que seguiría una carrera dentro de la iglesia y dudaba entre confirmar sus votos, hechos desde la adolescencia, o casarse con un noble de Tierra Jardín donde ya era abadesa; pero cuando fue aceptada la fundación de su propia orden tuvo que dejar la idea del matrimonio y la maternidad a un lado para confirmar sus votos. Dejo a Fate en la abadía al cuidado de las monjas de su orden cuando la niña apenas contaba con dos años. Mantuvo a Fate lejos de ella para evitar que pusiera en riesgo su ascendente carrera dentro de la iglesia. Probablemente no sería bien visto que una abadesa tuviera hijos, pues los miembros del culto que confirmaban los votos debían mantener el celibato; sin embargo algunos tenían parejas e hijos, y obtenían el perdón pretextando que procreaban para brindar más fieles al servicio del Dios Creador, pero sin duda también tenían que ver la influencia y riqueza con que contaban esos monjes. Precia contaba con ambas cosas, pero de igual forma mantuvo oculta a Fate en el convento donde la frecuentó en contadas ocasiones.
Fate fue educada con una férrea formación religiosa; y cuando contaba con quince años, Precia encontró en ella a una joven hermosa, saludable, alta y de presencia esplendida. Fate además era devota, fuerte, decidida e inteligente, capaz de hacer cualquier cosa para defender las causas de su iglesia. No cabía duda de que en su propia hija el Dios Creador le había proporcionado un instrumento con grandes habilidades que le ayudaría a establecer la iglesia del santo rey en los confines del continente. A Precia le agradó tanto que la llevo a Ciudad Origen con ella. La presento como su hija, aunque Fate no podía usar el apellido Testarossa por ser hija natural todos sabían quien era y no había puerta en Ciudad Origen que no se abriera ante la hija de la Suprema Santidad.
Varias horas después del medio día, Nanoha guiaba el carromato de sus padres al frente de la caravana que avanzaba lentamente, casi al mismo ritmo cansino al que se movían las escasas nubes en el cielo, había hecho buen clima durante el día y desde pasado el medio día, sin anunciarse, apareció en el horizonte Ciudad Origen. La sola vista de la ciudad incidió en el ánimo de todos miembros de la caravana, que en los últimos días había caído en letargo, y ahora el entusiasmo se había renovado, todo eran risas y bromas. Nanoha percibía la emoción que embargaba a todos por la cercanía a su destino. Ella estaba lejos de compartir esa felicidad, entre más pensaba menos razones encontraba para sentirse feliz por visitar Ciudad Origen.
Recordaba haber recorrido esa ruta tres veces, en realidad cuatro, pero en la primera era tan pequeña que no podía decir con certeza que la recordara. Tenía sentimientos encontrados en cuanto al significado de ese recorrido, por algún motivo no lograba explicar la desesperanza que le provocaba la cercanía con el lugar, desde hacía semanas se sentía incomoda en relación a esa parada obligatoria. Extrañamente comenzaba a cuestionarlo todo. La razón de su continuo vagar por el continente ¿por qué jamás había podido orar en un templo? ¿Por qué su gente no podía tener mayor posesión que lo que podían llevar con ellos? Aun así, desde que recordaba, los demás en la caravana marchaban con ilusión cada vez que Ciudad Origen estaba a la vista.
Al atardecer, cuando se encontraban a unas horas a pie de las murallas de Ciudad Origen salieron de la carretera buscando una llanura rodeada parcialmente de arboles, desde ahí, por un claro, podían ver a lo lejos las murallas, las torres y los campanarios de los templos de la ciudad. Todos se tomaron un tiempo para mirar.
Por su parte Nanoha no quiso perder tiempo y comenzó a disponer las cosas necesarias para levantar la tienda que habitaría junto con sus padres durante el tiempo que permanecieran en esa parada; y cuanto deseaba que esa estancia fuera muy breve. Poco a poco los demás fueron uniéndose al trabajo, mientras algunos se encargaban de levantar las tiendas ocupando una buena extensión de la pradera, otros improvisaban cerca de la arboleda corrales para atar los caballos, mulas y burros que usaban tirar de los carromatos.
Cuando llego la noche ya todo estaba instalado y los miembros de la familia Takamachi descansaban alrededor de una fogata, disfrutando de un estofado de carne seca con cebada y verdura que Momoko se había esmerado en preparar para celebrar su llegada a Ciudad Origen.
—¡Deben estar felices por tener una madre que cocine estupendamente bien! —celebró Shiro Takamachi, el jefe de la familia, llevándose otro bocado a la boca.
—Shiro, estas exagerando de nuevo… es un estofado muy sencillo—dijo Momoko a su esposo, defendiéndose.
—Aun así esta delicioso, no tienes porque ser modesta, mamá —terció Kyoya, el hijo mayor de los Takamachi.
Shiro era un hombre de alrededor de cincuenta años, de cabello oscuro y ojos de igual color, amable que siempre conservaba el buen humor sobre todo cuando estaba cerca de Momoko, su esposa. Nanoha era muy parecida e ella, era quien más que se parecía a ella de los tres hijos que tenían Shiro y Momoko Takamachi, los otros dos, Miyuki de venticinco años y Kyoya el hijo mayor de veintisiete se parecían a Shiro no solo físicamente sino también en su destreza con la espada y otras artes de combate. Dentro del clan Shiro era considerado un hábil guerrero, que ya había tenido oportunidad de demostrarlo cuando algunas bandas de criminales habían osado atacar la caravana. Shiro era apenas un adolescente pero ayudó a repeler a los asaltantes que fueron arrasados por la caravana en cada intento. Pronto los Uminari gozaron de fama por la habilidad de sus miembros como guerreros y los criminales dejaron atacarlos. En la actualidad transitaban por todos los caminos del continente sin riesgo ya que las bandas de asaltantes preferían evitarlos.
Cuando terminaron de cenar Shiro comenzó a contar la historia de cómo sus antepasados habían fundado Ciudad Origen algunos milenios atrás, hablaba con orgullo de cada una de las proezas de su clan mientras habitaron la urbe, los demás a su alrededor lo escuchaban atentos. Momoko estaba sentada a su lado recargando la cabeza sobre su hombro, la mujer no podía evitar sentirse contagiada por el orgullo que sentía su esposo mientras explicaba que sus antepasados se habían defendido de las hordas de salvajes que rodeaban el territorio Uminari en aquellos días.
Esa noche los Takamachi también contaban con la presencia de Shinobu, esposa de Kyoya, una mujer de rasgos delicados y de Keny, su pequeño hijo de tres años, que había caído dormido en brazos de su padre después de comer, ellos estaban a un costado de Momoko; y al lado de Shiro estaban Miyuki que tenía en brazos a su pequeño hijo Seiya de dos años, y su esposo Kanzou, un hombre moreno y alto de que daba la impresión de estar siempre de buen humor.
Cuando Shiro comenzó a contar la historia de la construcción de las murallas de la ciudad, el pequeño Seiya se separo de los brazos de su madre y caminó algo somnoliento hacia su abuelo, se acomodo sobre sus piernas y Shiro lo abrazo y comenzó a arrullarlo mientras continuaba con su relato, cuando terminó la historia el niño estaba completamente dormido.
Por su parte Nanoha guardaba silencio pensando en que ahora los seguidores de la iglesia del santo rey se habían establecido en la ciudad, muchos de sus antepasados habían abrazado la nueva fe y los que no, sus ancestros, se unieron a otros condenados a vagar por el continente.
—¿Podrán cuidar un rato de Seiya? quiero aprovechar para entrenar —preguntó Miyuki a sus padres.
—Por supuesto —respondió Momoko y peino con cuidado los cabellos del pequeño—. Si lo prefieren… él se puede quedar adormir con nosotros —agregó lo último haciendo un guiño a Miyuki que se sonrojó ligeramente.
—Nanoha, también deberías entrenar. No lo has hecho en todo el trayecto y perderás habilidad si continúas sin hacerlo —Advirtió Shiro a su hija que se encontraba sentada sobre unas pieles frente a él.
Nanoha evaluó sus opciones por una parte estaba seguir escuchando a su padre rememorar la gloria de su pueblo y por la otra podía ir con su hermana a hacer algo de práctica de espada… y seguro se llevaría una paliza.
—Tienes razón papá, mientras nos quedemos aqui practicaré todos los días —concedió Nanoha con entusiasmo sorprendiendo a todos.
Aunque en la Familia Takamachi ser hábil con la espada era una tradición, Nanoha nunca había mostrado mucho interés, de niña siempre fue muy inquieta; pero prefería distraerse en cualquier juego de niños que no implicara peleas o el uso de armas, aunque en muchas ocasiones no pudo escabullirse de las sesiones de entrenamiento con Shiro o con Miyuki, quien parecía empecinada en que su hermana menor no fuera la excepción de la familia en el uso de la espada.
—Vaya, parece que alguien está dispuesta a dejar la apatía —apuntó Miyuki con una sonrisa de satisfacción en el rostro mientras hacía una seña a Nanoha para que la siguiera.
Nanoha se levanto y apresuró el paso para ponerse al lado de su hermana, anduvieron por entre las tiendas hasta alcanzar el perímetro del campamento, las fogatas que mantenían encendidas las otras familias les facilitaban la visión en la oscuridad de la noche, avanzaron hasta llegar a la arboleda y se internaron entre los arboles hasta que distinguieron algunas fogatas en un claro cercano y fueron en su dirección.
—Nanoha, espero que está vez seas honesta con tu deseo de entrenar… me decepcionaría saber que lo haces para escabullirte de la sesión de historia de papá —advirtió Miyuki a la cobriza.
Nanoha evitó la mirada de su hermana, solo para confirmar lo que Miyuki acababa de decir.
—Es que esas historias… ya no forman parte de nosotros, Miyuki. Hoy día todo es diferente para nosotros —Nanoha se justificó esperando la comprensión de su hermana —ni siquiera nuestros abuelos habitaron en Ciudad Origen…
—No digas eso, Nanoha. —Miyuki se detuvo y trató de encarar a su hermana que continuaba mirando hacia abajo—. Lo que cuenta papá es importante porque nos hace diferentes a los otros pueblos… y aunque no tengamos un país con una extensión terrenal, aun así somos una nación. Es importante tenerlo presente porque esa convicción es la que nos hace más fuertes y mejores a la hora de pelear y defender a nuestra gente.
Nanoha no se atrevió a responder a su hermana, no comprendía como es que un puñado de gente se podían considerar una nación.
Ante el silencio de su hermana menor Miyuki echo a andar nuevamente, siempre había tratado de guiar a su hermana, y se esforzaba por comprenderla pero había situaciones en las que prefería dejar de insistir.
Miyuki se detuvo porque habían llegado al claro donde varias fogatas que alumbraban a un grupo de hombres y mujeres que entrenaban, algunos con espadas de madera, otros a mano limpia y una pareja a lo lejos usaba lanzas.
—Nanoha, Prométeme que pensarás durante la noche en lo que te dije, y ahora pondrás toda tu atención a la práctica.
Nanoha asintió, después se inclinó para atar las agujetas de sus botas, se quito la capa dejándola sobre la rama de un árbol, todo lo hizo sin perder de vista a Miyuki y todo cuanto sucedía a su alrededor. Su hermana estaba mirando atentamente un combate con espada, cuando Nanoha se sintió preparada se acerco a ella.
—Observa a Yazu —le indico Miyuki en voz baja cuando la percibió a su lado, y señálo al más alto de dos hombres que peleaban usando espadas de madera—. Es uno de los mejores, tiene una técnica excepcional, no solo es fuerte también es muy rápido y por su estatura tiene más alcance que el promedio.
Nanoha y Miyuki observaron el combate un momento, Yazu venció a su oponente varias veces; una vez lo derribo, otra lo desarmó y en otra llevó la punta de su espada de madera al cuello de su contrincante.
—Nanoha, si te esforzaras un poco… serías mejor que él o cualquiera de nosotros.
—Lo dudo, no heredé la habilidad de la familia, además nadie podría igualarlos a mi papá o a ti —dijo Nanoha convencida.
—¿Qué puedes decirme del combate de Yazu? —preguntó Miyuki mientras desenvolvía de un trozo de tela un par de espadas cortas de madera.
Nanoha reflexionó un momento, no esperaba la pregunta, pero desde pequeña las enseñanzas de Miyuki no solo consistían en mostrarle movimientos y apalearla siempre que podía. Acostumbraba poner a prueba todos sus sentidos, sobre todo la observación.
—Entra en una rutina, siempre lanza en el mismo orden sus ataques, aunque varía la velocidad… —respondió Nanoha.
—Es justo como dices, Nanoha —apuntó Miyuki casi con satisfacción al ver que su pequeña hermana no la había defraudado, para ella la observación era la mayor cualidad de Nanoha, casi podía analizar a sus contrincantes con los primeros embates y seguro podía idear una estrategia para vencerlos, pero para conseguir sobrevivir el inicio de una pelea su pequeña hermana tenía que ser hábil también… y esa era la misión de Miyuki—. Algunos guerreros acostumbran seguir una rutina, caen en eso sin darse cuenta, creo que es porque confían demasiado en su fuerza y destreza; pero te aseguro que la próxima vez que lo enfrentes tendrás una buena oportunidad de vencerlo sin importar que físicamente es mucho más fuerte que tú. Ahora vamos, es nuestro turno. —Miyuki le ofreció una de las espadas y se dirigió al lugar que habían dejado libre Yazu y su compañero de práctica.
A la mañana siguiente Nanoha se despertó con dolor en las piernas y en los brazos debido al ejercicio de la noche anterior y los golpes que le había propinado su hermana, se estiró un poco y aun así se levanto con dificultad. Se prometió ejercitarse más seguido.
En cuanto estuvo vestida y arreglada salió de la tienda. Apenas despuntaba la luz del sol en el horizonte, pero la mayoría de los miembros del clan ya estaban de pie. Se encontró a sus padres frente a la tienda, a unos pasos, preparando el desayuno y charlando animadamente frente a una fogata. Ambos la saludaron y la invitaron a unirse.
—Hoy madrugaste, Nanoha —Dijo Shiro mientras acomodaba sobre el fuego la olla donde Momoko vertía ingredientes.
—No siempre me levanto tarde —se defendió Nanoha mirando interesada lo que su mamá preparaba—. Además quiero ayudar con el desayuno.
Después de la actividad de la noche anterior Nanoha se sentía hambrienta y quería apresurar la hora del desayuno.
—Es bueno ver el entusiasmo que tienes hoy porque he planeado varias cosas —le advirtió Shiro mientras instalaba una mesa colocando varias tablas sobre dos caballetes.
—Mientras no sea práctica con espada puedes contar conmigo —replicó Nanoha volviéndose a su madre para esperar alguna indicación, la mayor le ofreció la cuchara para que vigilará el guiso.
—En realidad estaba planeando algo de pelea cuerpo a cuerpo… no siempre se tiene una espada o lanza a la mano —dijo Shiro divertido porque sabía que Nanoha debía tener el cuerpo molido, e inmediatamente rió por la expresión de compungida de su hija—. Jajaja… iremos a purificar a los pequeños al manantial. Recuerda que es la primera visita de Seiya y Keny a la tierra de nuestros ancestros.
Nanoha no se sentía muy emocionada con la idea, pero le pareció que sería entretenido ver a sus pequeños sobrinos ser sumergidos en un remanso de aguas cristalinas y frías… los adultos riendo mientras los niños lloraban desesperados temblando de frio, esperaba que los padres fueran lo suficientemente sensatos de hacerlo al medio día.
—¿Quién sabe? … Quizá en nuestra próxima visita tengamos que llevar a tus hijos a la purificación —dijo Momoko a Nanoha—. En primavera nos encontraremos con la caravana de Yumei.
Y ahí estaba otra vez el recordatorio para Nanoha de que debía cumplir con su deber de contribuir a la preservación de su clan. Hacía años que las sutilezas se habían terminado y los comentarios como el que su madre acababa de hacer eran lo común en las conversaciones familiares. Nanoha oculto su molestia bajando el rostro para mirar fijamente el contenido de la olla que tenía enfrente.
Momoko miro que su hija que apenas frunció el ceño, pero no podía ocultar su desacuerdo, era por demás pretender que esa idea la entusiasmara. Nanoha siempre había sido una chica amable y entusiasta y continuaba siéndolo; sin embargo hacía algunos años Nanoha comenzó a mostrarse inconforme con algunas de sus costumbres y que decir con sus creencias religiosas. En ese tiempo Momoko pensó que se trataba de la rebeldía propia de los jóvenes y que terminaría cuando se casara y tuviera hijos. Seguro que el amor de un hombre y ser responsable del futuro de alguien más que dependiera completamente de ella la harían una mujer más sensible y tolerante con las costumbres de su gente. Entendería la necesidad de conservar su culto, el más antiguo del continente. Su vida necesitaba de alguna motivación más allá de levantarse para ver la luz del sol cada mañana. Le preocupaba su futuro. Dentro de poco su lugar en la caravana estaría comprometido, la única forma de que continuara con ellos siendo soltera era permanecer en la misma tienda que sus padres, como si fuera una niña… Nanoha tenía que casarse y hacerse una mujer.
—Haremos una ceremonia completa —terció Shiro tratando de liberar la tensión—. Hasta el patriarca está emocionado porque hay media docena de niños para ser purificados.
—¿Entonces por qué no lo hacemos como se debe y lo hacemos en el rio y después vamos a orar frente a las murallas de la ciudad? —Cuestionó Nanoha mirando a Shiro y a su madre con clara actitud de reto.
Shiro permaneció en silencio con la mandíbula tensa apretando los dientes, lo había sorprendido el comentario de su hija pero definitivamente lo estaba retando. Acaso su hija pensaba que se trataba de un juego. Nanoha sabía de sobra que ellos tenían prohibido entrar en Ciudad Origen, ir a orar frente a las murallas era una provocación para los seguidores de la iglesia del santo rey ¿Qué pretendía su hija? ¡Que los exterminaran!
Estaba a punto de recriminarla por esa propuesta cuando Momoko se le adelanto imprimiendo una bofetada en el rostro de Nanoha.
La joven se llevo la mano a la mejilla, su madre la había tomado por sorpresa, esperaba ser castigada por su atrevimiento, pero no que su madre fuera quien lo hiciera.
—¡Escucha bien Nanoha! —advirtió Momoko con un gesto de cólera y poniéndose frente a ella—. En primavera concertaremos tu matrimonio.
Nanoha apretó los puños, pero se quedo en silencio, estaba arrepentida por lo que había dicho, sus padres no se merecían eso. No era a ellos a quien debía dirigir su frustración, no estaba enojada con éllos… estaba enojada porque no era justo. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas y sin más echó a correr a cualquier parte. No quería casarse, pero también sabía que no podía permanecer en la misma situación por más tiempo, se sentía tan fuera de lugar entre los suyos… además ya no podía retrasar más lo inevitable… y aun así estaba convencida de que casándose no haría que dejara de sentirse vacía, sin embargo era lo único que podía hacer. Se sentía frustrada y por eso había dicho cosas tan hirientes a su padre, porque estaba inconforme con su situación dentro de la caravana… como si no hubiera lugar para ella así como su clan no tenía lugar en el continente.
Dejo de correr cuando el cansancio la venció, se apoyó en un árbol al lado del camino luego inhalo profundamente, retuvo un instante el aire en sus pulmones y exhalo, lo volvió a hacer varias veces mientras limpiaba las lágrimas de sus mejillas, cuando sintió su cuerpo recuperado y su mente más clara miró alrededor para reconocer el lugar. Había corrido sin un rumbo y ahora se daba cuenta de que se encontraba justo frente a la carretera principal que conducía a las puertas de Ciudad Origen.
Meditó un momento, tenía prohibido entrar, la pena para cualquier uminari o infiel, como los de la iglesia del santo rey los llamaban, que osara poner un pie más allá de las puertas era la mutilación no recordaba si de uno o ambos pies… qué importaba ya.
Nanoha pensó que no tenía mucho que perder, de cualquier forma en primavera se casaría, y con esa idea en la cabeza comenzó a caminar con paso firme rumbo a las puertas de la ciudad.
N/A: Hasta aquí el segundo capitulo, espero les resulte interesante porque todavía estamos en etapa de conocimiento del entorno de ambas, estoy trabajando en la continuación porque ya quiero que la pareja se encuentre. Sin embargo aunque termine el siguiente capitulo me resulta complicado conectarme para subirlo porque me encuentro de viaje, y donde estoy pues... no siempre hay internet. Por favor sean pacientes.
Gracias a todos los que leen y recuerden cualquier comentario, duda, aclaración o aporte es bienvenido, es más diría que necesario.
Saludos a todos y nuevamente gracias por leer.
