Hola a todos, antes que nada me disculpo por la tardanza, ya había comentado los inconveniente que tenia, bueno que no dejan de ser pretextos (ya saben a quien le aburra el sentimentalismo salten hasta donde dice "capitulo 3"). También quiero agradecer los comentarios que han hecho, me han gustado un montón, y claro está también agradezco a quienes nada más leen. Les deseo que se diviertan y disfruten esta historia.
utau-mizuki: gracias niña, sabes que siempre me animas y bueno no quise quitarle su encanto a Precia, y Fate fue indiferente porque eran monjes de sotana marrón encima de los de sotana roja ósea que era una discusión domestica por eso ella no tomó partido, de cualquier forma soy responsable de la confusión y veré que no vuelva a pasar.
Comandantekami-sama: gracias por las cosas tan lindas que dices y me emociona que alguien con tu entusiasmo siga está historia trataré de ser más constante a partir de ahora, dark888: me alegra que te haya gustado el capitulo aquí tienes el siguiente ya lo dije trataré de ser más constante con las actualizaciones porque ya quiero que pasen un montón de cosas, pascualina: gracias por comentar me alegra que te guste y pues otra vez me disculpo por la tardanza espero que este capitulo sea lo suficientemente largo, uri4ever: bienvenida al maravilloso mundo del yuri veras que el nanofate es lo mejor y de verdad me motivan mucho tus palabras, amy: me encanta tu buen humor sé que me tardé pero este capitulo es más largo espero que te guste, BoxesEverywhere: gracias, por gente como ustedes vale la pena el esfuerzo, hare caso por la recomendación y si tienes más no dudes en hacérmelas saber; Kusanagi007: gracias por lo que dices me esforzare para ser merecedora de tan buen comentario. Y de verdad agradezco a todos por leer.
Sin más disfruten de la lectura.
Disclaimer: Mahou shoujo lyrical Nanoha es propiedad de sus respectivos autores.
(Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es una coincidencia)
Amor y éxtasis.
Capitulo 3.
Fate tenía planeado emprender el viaje a Vallenorte al día siguiente después de recibir su encomienda. Hubiera querido hacerlo en cuanto amaneció pero su comitiva estaría lista hasta casi medio día.
En cuanto salió del despacho de su madre, el día anterior, se dirigió al ministerio de tesoro y solicitó recursos para realizar sus tareas, y luego fue a la sede de la guardia para pedir una escolta de al menos veinticinco guardias. Cuando volvió al convento facultó a la hermana Shari para que visitara los archivos de la iglesia y buscara entre los expedientes de los milagros reportados en el norte los más interesantes, Fate confiaba en la habilidad de Shari para revisar meticulosamente los documentos y analizar cada caso; también le solicitó a la hermana Teana que estudiara las rutas para el viaje y en consecuencia se encargara de los abastecimientos. Por su parte Fate pasó la tarde planeando un itinerario, ya entrada la noche empaco los pocos efectos personales que llevaría. Por la mañana casi todo estaba listo para partir a Vallenorte, solo restaban algunos detalles que estaba a punto de resolver en el lugar donde se encontraba ahora.
La Fortaleza, la sede de la guardia, era un palacio con una fachada imponente pero con un interior austero y arquitectura muy simple: tres niveles, un patio interior de buen tamaño y otros varios más pequeños circundados por corredores con arcos sostenidos por columnas de piedra tallada y con pisos de baldosas algo disparejas. La construcción no necesitaba ser ostentosa para albergar a la guardia de la ciudad y a algunos de los miembros del ejército del culto. Fate visitó al ministro de armas, tenía que obtener una carta donde otorgaba el salvoconducto que permitía viajar a los soldados que conformarían su escolta. Ya tenía el documento en el bolsillo del habito, únicamente restaba esperar que su comitiva estuviera lista.
Fate se encontraba esperando en un corredor del segundo nivel, se había recargado en la balaustrada para mirar abajo a los miembros de la guardia que practicaban con espadas embotadas en uno de los patios.
Tenía la atención puesta en una mujer alta de cabello rosa, atado en una coleta, y ojos azules que enfrentaba a dos sujetos a la vez… aun así podía ver que daría cuenta de ambos sin problema. Fate la conocía, había tenido oportunidad de cruzar espadas con ella, claro que de manera amistosa; sin embargo eso no evito que se golpearan con fiereza.
Desde que Fate llegó a la ciudad, casi seis años atrás, había visitado la fortaleza junto con algunas compañeras de su orden para practicar técnicas de combate y uso de armas. Signum, la pelirrosa, era una de las mejores con la espada y por eso Fate quiso probarse practicando con esa guerrera.
Cuando Fate era pequeña pasaba los días esforzándose por aprender y lograr que Precia se sintiera orgullosa con sus avances. Se desvivía estudiando para demostrarle a su madre que podía serle útil… pero seguía siendo muy pequeña para que Precia la considerara como ayuda. Un día, cuando recién cumplió nueve años, presenció la ceremonia de confirmación de votos de una nueva monja, Arf, una joven pelirroja, broceada y muy vivaz, lo que más llamo la atención de Fate era que esa nueva hermana portaba una espada. Cuando Fate cuestionó a Linith por qué un miembro del culto estaba portaba un arma, la mayor, le explicó que la iglesia había logrado un acuerdo con todos los reinos para formar su propio ejército que brindaría protección a sus miembros. Fate inmediatamente le pidió que le enseñara a usar la espada, quería aprender a pelear para proteger a la iglesia… y a su madre, desde ese momento Arf se convirtió en su maestra de armas.
Fate miró a Signum vencer a ambos tipos, después se giro hacía ella brindándole una sonrisa a medias y le hizo una leve reverencia, Fate inclinó un poco la cabeza para responder y la pelirrosa caminó rumbo a la orilla del patio, cuando Fate la perdió de vista buscó en los otros guerreros que seguían practicando, ninguno llamo su atención tanto como Signum, pero siguió observando algunos combates. En eso estaba cuando escuchó unos pasos a su espalda y los ignoró pensando que se trataba de cualquier soldado o guardia, hasta que alguien la llamó.
—¡Fate, que agradable sorpresa!
Fate reconoció enseguida a quien la saludó con exagerado entusiasmo y se giro lentamente para responder con una reverencia. Se trataba de la hermana Hayate Yagami una mujer que rondaba casi su misma edad, tal vez dos años más; de cabello castaño hasta los hombros, algo menos de un palmo más baja de estatura que Fate, ojos azules y una sonrisa despreocupada que nunca abandonaba su rostro; vestía tan regia como una princesa con un vestido de seda en blanco y negro con bordados dorados, seguro hechos con hilo de oro. A Fate le molestaba que se tomara tan a la ligera las normas que como monja que era debía observar, y desde que Yagami era adulta jamás la había visto usar un habito.
Debió sospechar que Yagami rondaba por el sitio ya que Signum era parte de la guardia personal de la castaña… sin duda un alarde más.
—¡No cabe duda de que el Dios Creador es benévolo conmigo al permitirme este encuentro con mi querida amiga! —Insistió la castaña mientras continuaba acercándose a Fate que permaneció en silencio casi sin entender el tono familiar que usaba con ella.
—Hermana Yagami, no considero que seamos amigas —respondió Fate tratando de parecer indiferente y dio unos pasos para alejarse, de alguna manera no quería quedar entre la balaustrada y la castaña.
—Claro que no solo somos amigas… es como tú misma lo has dicho Fate, más que amigas somos…¡hermanas!—insistió la castaña casi saltando y por un momento Fate se sintió amenazada al ver que Yagami extendía los brazos ¿Acaso pretendía abrazarla?
—… Hermanas de Fe —remarcó Fate en tono neutro y dando algunos pasos atrás, hubiera querido retroceder más pero la pared en su espalda se lo impidió.
—Tienes razón Fate, ambas somos devotas servidoras de nuestra iglesia… es por eso que nuestro lazo es más fuerte e íntimo…casi divino, querida… hermana Fate —Arremetió Yagami plantándose frente a Fate que se sintió cercada entre la pared y su interlocutora—. Pero dejemos esos asuntos tan insignificantes y háblame de ti, dime ¿cómo te ha ido desde que no nos vemos?
—Me temo que en mi vida no ha pasado nada que deba saber, hermana Yagami.
Fate se apartó lentamente sin dejarse intimidar, ahora que se había encontrado con la castaña difícilmente la dejaría escapar. No coincidía frecuentemente con esta mujer, quizá una o por mucho dos veces al año; sin embargo Yagami siempre se comportaba con esa familiaridad, como si fueran muy cercanas, incluso en una ocasión había intentado besarle en la mejilla. Era cierto que la conoció cuando eran niñas, pero jamás fueron amigas, ni siquiera pertenecían a la misma orden. Yagami era lo que se conocía como una princesa del alto culto, abadesa de una vasta región que recolectaba cuantiosos diezmos, aunque en descargo de ella sus propiedades e inmensa fortuna eran heredadas. Para nada llevaba una vida recatada y austera como dictaba la iglesia que debían vivir sus miembros; por el contrario, llevaba una vida licenciosa, ostentosa y con escandalosos excesos, y por si fuera poco no hacía el mínimo esfuerzo por ocultarlos; además cuando se encontraba en la ciudad vivía en un palacio en una zona que solo habitaban nobles acaudalados y otros príncipes de la iglesia como ella. Definitivamente la castaña no era del agrado de Fate. No podía entender que la castaña llevando una vida alejada del ejemplo del santo rey, el maestro fundador de su culto, pudiera ser digna de servir a su iglesia. Cuando Fate llegó a Ciudad Origen con la convicción de servir a la iglesia y se percató de que personas de la clase de Yagami podían servir a la misma causa que ella hizo saber sus dudas directamente a su madre.
La Suprema Santidad le dijo:"Fate, para obtener la unidad de nuestra iglesia y conseguir la salvación de las almas de sus fieles es necesario actuar en varios frentes, y para ello se requiere de gente con diversos talentos, si estos son superiores a sus debilidades es menester nuestro ignorarlas. Para realizar la gran obra de nuestra iglesia debemos valernos de las fortalezas de gente como Yagami y otros más".
La castaña se paseo un poco y luego de nuevo se acercó a Fate quedando a unos dos pasos de distancia.
—Fate, quizá tengas razón, después de todo vives encerrada en el convento, excepto cuando tienes alguna encomienda… Por lo demás no es que hagas gran cosa. —Yagami se movió nuevamente a la espalda de Fate y después se acerco por su costado para seguir hablando, esta vez en voz baja—. Sin embargo… ayer fuiste testigo de un extraño evento en las antesalas de ministerios. Y aunque no lo creas ese suceso puede resultar interesante para ambas… —Soltó Yagami con su entusiasmo un tanto menguado, más seria, pero Fate no se fió.
Se vieron interrumpidas por un soldado que se asomo por la puerta de un despacho, llamó a Yagami que se acercó a él, no sin antes advertir a Fate que no tardaría nada en volver. Cuando la castaña volvió Fate la notó un tanto ensimismada, pero en cuanto estuvo a su lado recuperó el buen humor.
—Fate ¿Quieres saber los detalles del incidente que ocurrió ayer en los ministerios? … —Yagami esperó obtener alguna reacción en Fate y ante la pasividad de la rubia no dejó decaer el entusiasmo—. Vamos Fate, sé que estabas ahí. —Yagami se volvió a acercar a Fate tratando de ver un atisbo de curiosidad en la rubia, pero Fate permaneció sin inmutarse—. Eres tímida y por eso no quieres mostrar que te mueres por saber; pero igual seré buena contigo y te contaré.
Yagami miro alrededor disimuladamente y dirigió la vista al patio, buscó algo de interés entre los soldados que entrenaban.
—¡Mira Fate, Signum volverá a pelear! —La castaña señaló con entusiasmo y pego una carreara hasta llegar a la balaustrada.
Fate supuso que Yagami no quería que nadie escuchara, estaban demasiado lejos de cualquier par de oídos pero entendió la precaución y se acerco a la balaustrada hasta quedar al costado de la castaña, ambas mirando hacía el patio donde los ruidos de las espadas y los gritos de los guerreros cubrirían en algo su conversación. No era que a Fate le interesara enterarse de los detalles de ese incidente pero en su ámbito Yagami tenía fama de ser la persona mejor informada de cuanto pasaba en la ciudad, Fate quería evaluar la calidad de información que Yagami era capaz de ofrecer, quizá algún día podía serle de ayuda.
—Fate, el grupo que protagonizó ese exabrupto proviene de un lugar recóndito de Marcaeste, son habitantes de algunos pueblos pequeños en Bosque negro…Hasta allá han llegado los hermanos mensajeros…Que por cierto han hecho un buen trabajo llevando el mensaje del Dios Creador a ese inhóspito lugar y pronto colectaremos buenos diezmos de esa región.
Fate frunció el seño ante las últimas frases, totalmente fuera de lugar por parte de la castaña y además se estaba impacientando. Yagami la miró evaluando su reacción y volvió la vista hacía al patio para continuar hablando.
—Como te decía, esas personas y los monjes vinieron a pedir la ayuda de la iglesia porque niños de varios poblados de la región han desaparecido… Ayer les informaron que la iglesia no podía intervenir, solo la justicia del rey de Marcaeste puede proceder en estos casos. La respuesta de la junta fue que no tenemos facultades para investigar y hacer justicia dado que no se trata de un asunto religioso… por eso protestaban, pedían que la junta reconsiderara su decisión.
Yagami omitió mencionar que, después de ser desalojados, ese grupo acudió a su palacio para pedirle que interviniera en favor de su causa ante la junta o les facilitara una audiencia con la Suprema Santidad.
—Era de esperarse esa resolución, la iglesia no tiene facultades para actuar en crímenes comunes… Antes de acudir a la iglesia debieron ir con el rey ¿Ya pidieron ayuda a la autoridad de su país? —cuestionó Fate y se llevó la mano derecha a la barbilla mientras meditaba acerca del tema.
—Lo hicieron apenas desapareció el primer niño, pero el lugar está tan alejado que parece que a los reyes les satisfice la explicación de que se trata de una jauría de lobos. Dejo la tarea a los cazadores locales… —aclaró la castaña en tono serio, algo raro de ver en ella.
—Y esa gente… ¿Ellos no creen que se trata realmente de lobos? —inquirió Fate y la castaña negó con la cabeza—. ¿Qué es lo que piensan ellos?
—Dicen que no se trata de lobos porque no han encontrado restos; además también desapareció uno de los hermanos mensajeros que predicaban en los pueblos de la zona, y días después encontraron en una encrucijada su cadáver con la cabeza y los miembros cercenados. Afirman que se trata de la obra de una bestia endemoniada.
—De sobra sabes que los demonios no existen, Yagami. Efectivamente se trata de la obra de una bestia, pero no un demonio, es un hombre… un criminal —espetó Fate casi soltando un bufido por lo absurdo que resultaban las explicaciones de los aldeanos.
—Fate, es natural que la gente crea en la existencia de demonios… después de todo también creen en el Dios Creador y sus milagros. Muchos se aferran a la fe porque se sienten protegidos… —dijo Yagami justificando las conclusiones de los pueblerinos.
Fate miró duramente a Yagami, ahora también le disgustaba la forma en la que la castaña hablaba del Dios creador. Pero enseguida volvió a centrarse en el caso, lo que realmente importaba era que la iglesia no podía intervenir sin el permiso de los reyes, o sin que ellos lo solicitaran. Otra cosa sería si esto hubiera pasado en Vallenorte o en Tierra Jardin, países donde se tenían convenios y buenas relaciones con los reyes. Lo del monje… era triste, pero no era extraño que algunos desaparecieran cuando iban a predicar en lugares alejados e inhóspitos donde la iglesia del santo rey aun no era aceptada; algunos desertaban y otros… tenían suerte si recuperaban sus restos. Todos los monjes mensajeros eran consientes del peligro que corrían, Fate quiso formar parte de ellos cuando se ordenó, pero Precia le dijo que la necesitaba a su lado para tareas más importantes.
—En este caso lo único que puede hacer la Suprema Santidad es pedir a los reyes que les brinden ayuda… a fin de cuentas todo sigue quedando en manos de ellos—dijo Fate con desanimo.
Fate odiaba este tipo de cosas. Si la iglesia tuviera la autoridad que merecía como representante de dios ante los hombres, estaría por encima de todo y todos. Entonces podrían tomar el caso en sus manos o exigir a los reyes que dieran una solución satisfactoria. Lamentablemente no era así.
—Tal vez te equivoques al decir que no tenemos facultades —dijo Yagami y miró a Fate para cerciorarse del interés que había despertado el asunto en la rubia—. Se trata de niños inocentes. Los niños son lo más valioso de cualquier pueblo… y también son los más amados para el Dios Creador y para la iglesia. Eso debería bastar; sin embargo debemos concentrarnos en reclamar nuestra injerencia en la investigación de la muerte de uno de nuestros miembros sin importar en qué lugar apartado del continente sucedan los hechos, no hay antecedentes, ni convenios con Marcaeste; pero podemos asistirnos con el convenio que acordaron todos los países, ese en el que se nos permitió tomar acciones para defender a nuestros miembros de ataques en lugares donde no nos brinden protección los reyes… Y si se relaciona con la desaparición de los niños también estamos facultados para intervenir… Ayer hablé con su Suprema Santidad y la Canciller del tema y solicité la comisión de esa investigación.
Fate se sorprendió un poco, siempre consideró que Yagami prefería ser emisaria de la Suprema Santidad ante los reyes y nobles o permanecer en la capital de la fe haciendo de oradora representando los intereses de La Suprema Santidad, tenía habilidad y conocimientos de todas las leyes y antecedentes históricos para desempeñar esa tarea y era su costumbre lograr negociaciones a favor. Fate estaba confundida; pero de la castaña se decían algunas cosas extrañas, como que ofrecía bendiciones a cualquiera, incluso a mujeres de dudosa reputación y a ladrones de poca monta; y había un rumor en especial, algo totalmente inverosímil, acerca de que estuvo entre los monjes que visitaron los pueblos que sucumbieron a la epidemia peste para llevar a los enfermos el último consuelo y el perdón del Dios Creador, también decían que había estado en la epidemia de malaria en las costas del oeste, los otros monjes contrajeron la enfermedad para después morir, la castaña increíblemente había sobrevivido. Fate dudaba de la veracidad de lo último.
La castaña le dijo que la junta no tenía intenciones de abrir una investigación, la situación era delicada con los reyes de Marcaeste que no terminaban por aceptar la autoridad de la suprema santidad ni siquiera en asuntos religiosos dentro de su país. De momento no veían conveniente tensar más la relación por estos sucesos; pero Yagami argumentó que no intervenir mermaría la autoridad de la iglesia en todo el continente en casos en que los miembros del culto estaban involucrados. Además debían establecer un precedente dentro de Marcaeste. Después de todo conseguirían más fieles en cuanto la gente supiera que nadie estaba demasiado lejos como para que la Suprema Santidad no se ocupara de sus penas. Fue así como consiguió que se considerara enviar a alguien a investigar.
—¿Tienes idea de quién será enviado? —cuestionó Fate.
—No han nombrado a nadie todavía, pasarán la propuesta por otras manos… esta tarde se designará a alguien. Hubiera preferido ir yo misma o… poder facultar a alguien de mi confianza —respondió Yagami un tanto desalentada—. En cambio tengo la encomienda de ir a Marcaeste, pero a la capital, a negociar con los reyes la autonomía de las abadías en el país.
Yagami daba la impresión de preferir enfrentarse a un asesino que negociar con los reyes de Marcaeste.
Escucharon el ruido de una puerta abrirse y tres monjes de edad mediana y aspecto solemne caminaron por el corredor, ambas mujeres los miraron e hicieron una reverencia como saludo y los otros respondieron de igual manera. Fate aun seguía confusa por el atrevimiento de la castaña no solo a solicitar ser ella quien llevara a cabo una investigación sino también a coaccionar a la junta de gobierno y al Suprema Santidad a hacer indagaciones que al principio no consideraban hacer. Por un momento pensó que le hubiera gustado atrapar a ese criminal y asegurarse de que no volviera a tocar a un solo niño… por un momento deseo haberlo pedido a su madre… se pregunto si la Suprema Santidad hubiera accedido a enviarla a ella. El caso era que la iglesia ya iba a tomar cartas en el asunto, eso ya era algo, y ella ya tenía asignada una encomienda que ayudaría a fortalecer a la iglesia. Suspiró y se prometió a si misma que cuando volviera se informaría de la situación, quizá después de realizada la investigación habría oportunidad de actuar. Se había olvidado de la castaña hasta que ésta la sorprendió diciéndole:
—Así que al norte… espero que no tengas que pasar el invierno allá, además…veinte soldados son demasiado para una escolta ¿Quién osaría atacar a la hija de la suprema santidad?
De alguna manera a Fate no le sorprendió que Yagami estuviera enterada de su viaje y de hecho no le extrañaría que supiera también los detalles.
—Hermana Fate, espero que en alguna fecha próxima después de tu regreso de Vallenorte decidas visitar mi humilde morada. —La invitación de Yagami hubiera parecido una súplica de no haber sido por la sonrisa traviesa que afloró en sus labios y la mirada desinhibida que poso sobre el rostro de Fate, seguro buscando alguna reacción a sus palabras.
—No creo que los caminos que el Dios Creador me tiene deparados me conduzcan a su… palacio, hermana Yagami. Aun así hoy la tendré presente en mis oraciones.
Fate quiso ser ofensiva recordándole a Hayate que desaprobaba su vida ostentosa, por su parte Yagami pareció no darle importancia… continuó con esa sonrisa como si estuviera recordando un chiste muy gracioso y advirtiera "no te lo cuento porque no entenderías".
—¿Solo hoy? … y pensar que tu siempre estas presente en mis oraciones querida… hermana Fate—dijo la castaña y después emitió un suspiro— ¿Cuándo aceptaras que hablar conmigo hace que tu alma atormentada encuentre la paz que tanto busca?—declaró la castaña y Fate frunció el entrecejo molesta por el atrevimiento.
Yagami se acercó a Fate que no sabía si se sentía molesta o abrumada, definitivamente las dos cosas.
—Le aseguro que mi alma goza de paz, no necesito de consuelo alguno, hermana Yagami—dijo Fate secamente.
Pero la castaña fue más allá, se paró de puntillas y se acerco tanto al oído de Fate que casi sentía el roce de sus labios en la oreja mientras le susurraba:
—Hermana… Fate, no cabe duda que tu alma está en paz; pero que me dices de tu atormentado cuerpo… te aseguro que con mi ayuda encontraría el consuelo que tanto anhela.
Después de decir eso Yagami se retiró sonriendo de manera casi burlona y Fate se quedó pasmada, confundida mientras escuchaba los pasos de Yagami desvaneciéndose a su espalda. Pensó un rato, analizando la forma en que la castaña la miraba intentando provocarla…
—Hermana Fate, todo está listo para partir—anunció la hermana Teana desde el final del pasillo y Fate salió de la confusión en la que la había dejado la castaña.
Fate miró a la joven mujer de cabello cobrizo y gesto solemne que la había llamado. No respondió, en cambió se dirigió a la salida del edificio que estaba más cerca de las caballerizas, en el patio con suelo de tierra que estaba frente a las puertas, ya abiertas, se encontró con su comitiva lista para salir. Fate montó el caballo que le tenían reservado, lo mismo hizo Teana, y sin mediar palabra espoleo rumbo a la salida seguida por su escolta.
Se sentía algo abrumada por el comportamiento de la castaña… siempre intentaba esos juegos de provocación, pero nunca había ido tan lejos como ahora. Tenía que recuperar la serenidad y centrarse en su misión.
Fate dirigía su comitiva por calles amplias dando un rodeo al centro de la ciudad, avanzaban con lentitud por lo transitado de las calles a esa hora, hubo un momento en que tuvieron que hacer dos columnas para seguir adelante. Saldrían por la puerta la puerta noroeste de la ciudad, ya estaban cerca cuando Fate ordenó hacer alto; tenían que esperar a Shari, que vendría directo del archivo donde pasaría la mañana copiando documentos.
Nadie desmonto, Fate confiaba en que la espera sería breve. Algunos de los soldados conversaban en voz baja, por su parte Teana permanecía en silencio como casi siempre, a Fate le agradaba la forma de ser de su compañera de orden; solo hablaba lo necesario y además era muy servicial, congeniaron bien desde la primera tarea que realizaron juntas, no obstante que jamás habían tenido una conversación con temas más allá de lo relacionado con las encomiendas que hacían.
La espera se estaba alargando, Fate observo a un grupo de peregrinos que acababa de cruzar las puertas de la ciudad, se acercaban lentamente por la calzada, trató de adivinar de donde venían, observó sus ropas desgastadas de algodón y lana; y cuando distinguió sus rasgos bronceados, seguro eran de Puesta Oeste, de las costas del sur. Cuando pasaban a su lado, un anciano que se aferraba a su bastón con cada paso se le acercó.
—Ilustrísima eminencia, concédanos su bendición… —le solicitó el anciano con voz temblorosa, era evidente que se esforzaba por mantener la vista hacia arriba—. Venimos de lejos y cuando por fin llegamos a nuestro destino el Dios creador nos envía un ángel para darnos la bienvenida a esta su morada.
—Soy una más entre los que sirven al Dios Creador, que se encuentra siempre con todos nosotros, esta es la morada del santo rey, su profeta —dijo Fate mientras desmontaba.
Los peregrinos comenzaron a congregarse en torno a la rubia que se acercó al anciano para impedirle que se pusiera de rodillas como estaban haciendo ya el resto de los peregrinos. Fate recorrió con la mirada a la gente alrededor de ella, se detuvo en una mujer que tardó en reaccionar y arrodillarse, tenía el cabello cobrizo y vestía de azul. Algo en ella la hacía parecer diferente a los otros peregrinos; a Fate le pareció extraña su postura que, aun de rodillas, conservaba una posición relajada y erguida a pesar de inclinar la cabeza, el gesto de su rostro era una mezcla de curiosidad y cautela… eso confundió un poco a Fate, pocas veces en su vida había visto a alguien con una mirada tan digna. "hay demasiado orgullo en esos ojos azules" pensó Fate, se quedo mirándola quizá más de la cuenta… aunque solo había sido un instante. Fate continuó recorriendo a los demás peregrinos con la mirada y se movió para colocarse al centro, extendió el brazo derecho al frente y comenzó a recitar:
—El Dios creador se regocija por la devoción de sus fieles…
-xOx-
Nanoha se sentía confundida oyendo sin oír el discurso de la monja rubia frente a ella, estaba más pendiente de la actitud de la gente a su alrededor, tenía que imitarlos para no delatarse; ya había cometido el error de quedarse de pie mientras todos se arrodillaban, había quedado al frente y por eso tardo en reaccionar, de vez en cuando alzaba el rostro para mirar también a la monja que recitaba una bendición.
Cuando Nanoha estuvo lo suficientemente cerca de las puertas de la ciudad vio que eran resguardadas por guardias que revisaban al azar a la gente que querían entrar. Las dudas la asaltaron, se preguntó si era buena idea ingresar, después de todo aun podía girar y volver sobre sus pasos. lo meditó un rato y se dijo que era imposible que supieran que pertenecía a la caravana con solo verla… pero de cualquier modo el riesgo era latente; en eso estaba cuando vio venir un grupo de peregrinos, y pensó que mezclarse con ellos sería una buena forma de pasar inadvertida mientras ingresaba.
Mientras pasaba cerca de los guardias la asaltó la angustia y se esforzó por verse de de lo más normal… y nadie pareció percatarse de que ella no debía estar ahí. Paso sin inconvenientes y poco a poco se relajo al darse cuenta de que nadie notaba nada raro en ella, a simple vista lucía igual que todos los demás.
Dentro de la ciudad los peregrinos miraban a todos lados con la misma curiosidad que Nanoha, debía ser también su primera vez; pensó en andar un poco más con sus improvisados compañeros, ya después se apartaría para explorar por su cuenta.
Habían avanzado una corta distancia por la calzada cundo escucho que alguien exclamaba:
—¡Es tan hermosa que parece un ángel!
Todos se movieron para congregarse a un lado de la calzada, Nanoha los siguió curiosa por ver a ese "ángel", tuvo que escurrirse entre la gente para tener mejor visión. Y ahí estaba, montando un caballo negro magnifico, una mujer rubia con extraños ojos rojizos, jamás había visto unos iguales… ciertamente tenía rasgos muy hermosos. Nanoha se sintió confundida por el gastado habito negro que vestía, como si llevarlo le diera cierta aura etérea; sin embargo estar montada en un semental formidable y acompañada por soldados armados volvía a la rubia completamente terrenal. Nanoha sabía de sobra que se trataba de una monja de la iglesia del santo rey. No era ignorante en la forma de vestir de los monjes, después de todo continuamente se encontraba con ellos en los caminos y también en los pueblos y ciudades que visitaba.
Estaba examinando a la monja cuando la vio desmontar y después dio unos pasos hacia un anciano con quien parecía estar hablando, era una mujer más alta que el promedio, la volvió a mirar otra vez de arriba abajo y se detuvo en sus sandalias gastadas. De pronto todos a su alrededor estaban arrodillados con las manos unidas sobre el pecho y la cabeza inclinada… y ella permanecía de pie igual que la rubia y el anciano, reaccionó y se dejo caer sobre sus rodillas con toda la prisa que fue capaz.
Ahora mientras permanecía atenta a las reacciones de los peregrinos no podía evitar alzar la mirada de vez en cuando para ver a la monja rubia, ciertamente era hermosa, hasta su voz lo era; podía afirmarlo aunque ni cuenta se daba de lo que decía, pero había algo extraño en su mirada, una sentimiento que en ese momento no podía descifrar.
Los peregrinos murmuraron una corta oración y Nanoha clavó la vista en el suelo para que nadie se percatara de que no sabía que decir, después se incorporó junto con los demás, vio a la rubia montar y ponerse en marcha; tuvo que hacerse a un lado para ceder el paso a la comitiva encabezaba por la rubia… y la vio alejarse lentamente y siguió mirando hasta que cruzaron la puerta. Se había quedado meditando, preguntándose en cómo sería la vida de esa monja, seguro que muy diferente a la suya; se preguntó ¿dónde irá?… quizá a algún lejano lugar… ¿Tardaría en regresar? ¿Volvería a encontrarse con ella algún día?
Se sintió torpe ¿para qué quería saber de la vida de una monja? sacudió la cabeza como queriendo con ello alejar sus inquietudes. Y ahora que había recuperado su interés en explorar la ciudad se daba cuenta que no reconocía en la gente que rondaba alrededor a los peregrinos con los que cruzo la muralla, seguro siguieron con su camino, los había escuchado decir que querían llegar al templo supremo lo más pronto posible. Las circunstancias la obligaban a ir por su cuenta antes de lo planeado, así que comenzó a andar por la calzada más amplia que encontró.
Nanoha decidió que lo mejor era andar por las calles más transitadas, así era más probable que pasara inadvertida. Ciudad Origen era muy diferente a todas las ciudades donde había estado antes, todas las construcciones eran de piedra y al parecer no había una sola calle sin adoquinar; no obstante había un ligero olor a sucio, Nanoha pensó que debía ser por tanta gente, jamás había visto tanta en un solo lugar, a ratos el bullicio se hacía ensordecedor.
Después de un rato se encontró andando por una calle donde abundaban las tiendas, se vendían todo tipo de cosas, curioseó un poco en las que tenían productos a la vista, más adelante había una plaza donde vendedores de a pie o con carretillas pregonaban todo tipo de mercancía. Abundaban los vendedores de comestibles y cuando percibió el olor de algunos recordó que tenía el estomago vacio. No había comido nada desde la noche anterior y ya era avanzado el medio día, se recriminó a si misma por no llevar dinero, de haberlo hecho podo haber comprado algo y lo peor era que la tripa empezaba a gruñirle y más porque se encontraba frente a un local donde vendían empanadas de cerdo, el olor era delicioso.
—¡Mejor sigue tu camino si no tienes dinero! —le dijo con disgusto un hombre gordo apenas la vio acercarse a su mercancía.
Nanoha retrocedió y echó a andar por la calle lo más rápido que pudo. Estaba tan hambrienta que debía notársele en la cara. Lo mejor era alejarse de todo lo que pudiera tentar a su estomago. Más adelante se encontró con vendedores de ornamentos y joyería de fantasía… A juzgar por su buen ojo algunas piezas valían la pena y la mayoría eran baratijas. Algunos en la caravana se dedicaban a comerciar ese tipo de piezas, llevaban ámbar de Bajoeste y cristales arcoíris de Marcaeste al sur, a Tierra Jardin y a las costas del oeste; y llevaban al este ornamentos de plata y bronce hechos por los artesanos del oeste.
—Señorita, este collar hará un marco perfecto para su hermosura. —La halagó un vendedor extendiéndole un collar con pequeñas cuentas azules, que a la luz del sol emitían destellos brillantes. Nanoha agradeció y con un gesto con la mano lo rechazó tratando de ser lo más cortés posible, y siguió su camino.
—Combina con el azul de sus ojos, como si el artista que lo hizo se hubiera inspirado en su bello rostro… Y lo puede tener por muy poco —insistió el comerciante alcanzándola y parándose frente a ella —. Solo diga cuánto ofrece…
—Ahora no me lo puedo permitir. No llevo dinero conmigo.
El comerciante pareció perder interés un instante hasta que puso su vista en el collar que portaba Nanoha.
—¡Que piedra tan interesante! —exclamó el hombre acercándose más para observar la esfera roja que pendía del collar de la cobriza—. ¿Le interesa venderla?... puedo ofrecer un buen trato.
—Es una joya de familia, me es imposible venderla —respondió Nanoha mostrando algo de pesar y de manera disimulada se aparto lentamente. Sabía que negarse rotundamente era tomado como una provocación por cualquier comerciante y no dudaría en tomar el reto de persistir hasta vender algo. La misma Nanoha a veces se comportaba así.
—Espere… esa joya, la esfera roja la he visto antes…
Nanoha se tenso con lo que el vendedor acababa de decir, enseguida se puso en alerta, debía alejarse inmediatamente.
El rubí que colgaba en su cuello era una joya que su familia tenía desde tiempos inmemoriales igual que cada familia de abolengo del antiguo Uminari. Por derecho le correspondía a Miyuki por ser la hermana mayor; sin embargo la había cedido a Nanoha. Su hermana nunca dijo porque renunciaba a un tesoro familiar, y Nanoha sospechaba que lo hizo para que llevara consigo algo que le recordara a su familia y su origen… y eso seguro que Miyuki no lo necesitaba.
—¡Eres de la caravana! —la acusó el hombre.
Nanoha emprendió una carrera para escabullirse de él.
—¡Es una infiel, es una perra infiel!
Nanoha escucho que gritaban a su espalda. La desesperación la invadía a medida que veía que la gente confundida comenzaba a bloquear su paso, se escurrió como pudo y logro avanzar un poco más; pero los grito eran más insistentes, otros se habían al clamor y la acusaban con vehemencia.
—¡Es una infiel!
—¡Una infiel, deténganla!
Oía gritar a hombres y mujeres. Sintió que una mano la apresó del brazo tratando de detenerla, con un movimiento rápido se zafó dejando a quien pretendió apresarla con la mano torcida. Instantes después tenía tras de ella a una turba gritando acaloradamente, y frente a ella la gente confundida le bloqueaba el paso. Estaba atrapada y pronto se vio rodeada. Un sujeto se adelanto a para tratar de agarrarla, lo recibió con un fuerte puñetazo en la nariz, y el chillido de dolor que soltó el hombre se perdió en el griterío.
Eso confundió a la turba un instante, pero enseguida reaccionaron más acalorados, esta vez probaron dos tipos, Nanoha esquivó al primero y al segundo le conectó una patada en las costillas y remató con un puñetazo en la mandíbula, y recibió con un codazo al primero que ya estaba lanzándose nuevamente sobre ella. Después todo paso muy rápido, ni siquiera se entero de cuantos, eran muchos y se abalanzaron sobre ella, tiró patadas y puñetazos a diestra y siniestra; pero no pudo evitar verse inmovilizada por incontables manos. Sus pies ya no tocaban el piso, la tenían sujeta por los brazos y las piernas y de en cuando le tiraban también del cabello, se agitaba con fuerza para tratar de debilitar el agarre, pero fue ella la que primero sintió las fuerzas abandonarle. Los gritos enfurecidos de algunos hacían eco en su cabeza.
—¡Vamos a castigarla como se merece! —alguien gritó y muchos corearon la propuesta.
—¡Hay que llevarla ante la justicia del Santo Rey! —propuso una mujer.
—¡Vamos que darle una lección ahora mismo!
—¡No, tenemos que presentarla en el templo supremo, la corte hará justicia!
Se oyó gritar a hombres y mujeres, la turba acalorada coreaba o contradecía las propuestas. Nanoha se estremecía más pensando en lo que podían hacerle y lo único que le restaba era gritar con todas sus fuerzas pidiendo que la soltaran. Estaba aterrada y no podía defenderse, sus gritos se perdían con el clamor de la gente, aun así podía gritar cuanto quisiera y nadie iba a prestar atención a sus protestas.
—¿Qué pasa aquí? —Se oyó una voz femenina con tono autoritario—. Pregunté ¿Qué diablos sucede aquí? —Todos buscaron a la dueña de la voz que parecía forcejear para acercarse hasta la cautiva.
—¡Es una infiel! —respondieron varias voces.
—¡Déjenme pasar! —demandó la recién aparecida.
Nanoha vio a una mujer pelirroja, menuda, vestida de terciopelo acolchado rojo y un sombrero del mismo color. Se abría paso amenazando a todos con algo similar a un martillo de guerra.
—¡Por favor, diles que me suelten! —pidió Nanoha.
—Así que una infiel… —dijo la pelirroja malhumorada, se acerco más para examinar a la cobriza, era tan pequeña que tuvo que apartar a uno de los hombres que la mantenían sujeta y se apoyo en el antebrazo de otro para acercarse lo más que pudo a su rostro.
—¡Por favor, no hice nada malo!
—¿Qué te suelten?... —preguntó la pelirroja con una mueca—. Ah no, no podemos, cometiste una falta y debes pagar por eso ¡Vamos a llevarla al ministerio de justicia! —anunció la pelirroja.
Nanoha vio sus esperanzas de ser liberada desvanecerse… pidió una y otra vez que la soltaran, pero nadie parecía escucharla.
Le ataron por las muñecas, luego los brazos al torso y comenzaron a tirar para anduviera, algunos la insultaron y alguien intentó agredirla, pero la pelirroja lo castigó golpeándolo sin miramientos en el vientre con el mango del martillo, quedo revolcándose el suelo por el dolor, después de eso y algunas advertencias de la pelirroja nadie lo volvió a intentar.
Había andado unos pasos cuando notó que la turba aminoraba el paso, los que iban adelante se decantaron poco a poco a los costados hasta que los que la jalaban hicieron alto total.
—Vita, ¿quién es ella… y por qué la tienen atada?
Nanoha tenía a varias personas cercándola, se puso de puntillas para poder ver a la mujer que estaba en medio de la calle y había preguntado por su situación. Se trataba de una castaña de ojos azules vestida tan finamente como una princesa, la gente se apartaba y le hacía reverencias. Detrás de ella estaba una mujer alta, de cabello rosa y presencia imponente, ataviada con cota de malla y una brillante coraza color purpura.
—¡Es una infiel, Hayate! —respondió la pelirroja.
—¡No he hice nada malo! —insistió Nanoha recuperando la esperanza de ser escuchada.
La gente alrededor estaba expectante, el clamor se desvaneció y apenas eran audibles algunos susurros. L castaña se acercó más.
—¿Y quién asegura que se trata de una infiel? —La castaña miró alrededor esperando respuesta—. ¿Pueden probarlo?... Porque si no lo hacen, en cuanto llegue la guardia haré que se los lleven por alterar el orden y asaltar a una peregrina.
Se hizo un silencio incomodo, la gente comenzó a bajar la cabeza y algunos encogían los hombros.
—¡Libérenla ahora mismo! —ordenó la castaña, los hombres tardaron en reaccionar y se quedaron quietos asimilando la orden. La pelirroja cortó de tajo la soga con una daga que se guardo en el cinturón, tomó a Nanoha del antebrazo y la condujo a empujones frente a la castaña.
—¡Pero eminencia, no se trata de una peregrina, en verdad es una infiel! —Clamó un hombre que Nanoha reconoció como el vendedor de joyería—. Tiene un rubí, la esfera roja que simboliza el fuego que el dios antiguo dio a los hombres en el viejo culto. Solo los infieles de familias antiguas lo tienen.
Nanoha se tenso pensando en que todo volvería a comenzar, disimuladamente echó in vistazo a todos lados, ahora que no estaba atada quizá podría escapar si se escabullía por una de las callejuelas a su derecha. Por su parte la castaña le echo un vistazo a la piedra que colgaba del cuello de Nanoha.
—¡Sandeces! —espetó la castaña— No solo los infieles tienen esas joyas. En la época antigua, cuando los infieles fueron desterrados, los ladrones los despojaron de sus cosas de valor y las vendieron al mejor postor… Cualquiera puede poseer una. Incuso entre las joyas de mi familia hay dos o tres de esas. Además nosotros, los miembros y representantes de la iglesia del santo rey, somos los únicos facultados para determinar quien es infiel. Tu soberbia ha ido demasiado lejos—Hayate miró severamente al comerciante y después a todos alrededor, la mayoría bajaban la cabeza mostrando congoja—. Deberían estar arrepentidos por su comportamiento.
Nanoha se sintió aliviada al oír las palabras de la castaña, tanto que no se detuvo a meditar en ellas, de momento lo único que importaba era que estaba a salvo.
—No obré de mala fe, Eminencia, el Dios Creador sabe que lo hice por defender la ley del Santo Rey, me deje llevar por la soberbia, pero me arrepiento —dijo el vendedor postrándose de rodillas frente a la castaña.
—El Dios Creador es misericordioso, y si lo deseas de corazón te perdonará —concedió Hayate y le indicó al hombre que se levantara—. Y a todos los demás que les brinde sabiduría y tranquilidad de conciencia —rezó para los que continuaban congregados alrededor, luego inclinó la cabeza y cerró los ojos—. Y ojalá les perdone tanta estupidez. —Lo último lo dijo apenas en un susurro audible solo para Nanoha que permanecía a su costado expectante de cuanto sucedía y que tuvo que ahogar una sonrisa.
Algunos se retiraron y otros permanecieron sin moverse, quizá meditando en lo que acababa de suceder.
—¡Aquí ya no hay nada que ver, es hora de que sigan con sus cosas! —advirtió con tono amenazador la pelirrosa poniendo la mano sobre el pomo de su espada. Eso terminó por convencer a todos de retirarse.
Una aparente calma volvió, y gradualmente se escucharon otra vez los pregones de los comerciantes.
Nanoha al fin se sintió a salvo, se acomodo el vestido que mostraba algunos ligeros desgarres y peinó su cabello lo mejor que pudo usando los dedos. Cuando terminó se acercó a la castaña que estaba riñendo a la pelirroja por su comportamiento. Era gracioso que la fiera guerrera del martillo de guerra fuera reñida como una niña.
—¡Gracias eminencia! —dijo Nanoha haciendo una reverencia, como había visto que hacían los demás frente a la castaña.
—Hayate, llámame por mi nombre, eminencia solo lo usan los fieles. —La castaña le guiñó un ojo y amplió su sonrisa. Antes de que Nanoha dijera nada le hizo una seña para que guardara silencio—. Por cierto todavía no me has dicho tu nombre.
—Mi nombre es Nanoha. Y nuevamente gracias, Hayate.
Hayate propuso a Nanoha llevarla a un lugar donde pudiera asearse. Salieron de la zona de comercios y anduvieron por calles más tranquilas. La compañía de la castaña le resultaba agradable, todo el tiempo sonreía y le hablaba con familiaridad, como si fueran amigas, pensó Nanoha.
Durante el recorrido Hayate le hablo de la organización de la ciudad. Básicamente era igual que cuando era gobernada por senadores y un presidente del senado; ahora los monjes del alto culto, los abades presididos por el canciller, ocupaban el lugar de los antiguos senadores; pero encima de todos se encontraba la Suprema Santidad, la cabeza de la Iglesia del Santo Rey, que tenia poder sobre cualquier asunto relacionado con la ciudad y con la iglesia; para os asuntos de la iglesia estaban los ministerios que igual eran precedidos por abades.
Llegaron a al atrio de un templo, donde Nanoha uso una fuente para asearse, después subieron al campanario, desde ahí tendrían una buena vista. La altura de la construcción era impresionante, Hayate le dijo que las torres del templo supremo eran casi el doble de altas, desde donde estaban podían ver verlo y también una buena parte de la ciudad. Nanoha contempló largamente por cada uno de los arcos que había en cada lado de la torre cuadrada. Después fue a sentarse en un murete y recargo la espalda en la columna del arco. Hayate le ofreció una empanada y un vaso de vino especiado que les había traído Vita, se sirvió su porción y fue a sentarse al lado de Nanoha.
—Nanoha, ¿por qué te atreviste a venir a la ciudad? No creo que no supieras lo que podía pasarte si te descibrían.
Nanoha meditó antes de responder, ahora se daba cuenta de la estupidez de su acto.
—Fue un impulso… me sentía confundida y no sé… necesitaba hacer una locura —respondió Nanoha encogiéndose de hombros, y luego se quedo observando la empanada que tenía en la mano y recordó lo hambrienta que estaba.
—Tuviste mucha suerte de que hoy me encontrara con una persona muy importante para mí… últimamente no salgo mucho, y verla me animó tanto que me dieron ganas de dar un paseo. Además somos pocos los que pensamos que esa prohibición no tiene razón de ser… ya viste como reaccionó la gente.
Nanoha suspiró, este día había resultado extraño para ella y de alguna manera también para la castaña.
—Hoy no ha sido mi mejor día; lo único bueno que me ocurrió fue conocerte —dijo Nanoha, y no supo porque recordó a la monja rubia montando un caballo negro, quizá también había sido algo bueno.
—Miralo de esta forma: si el día de hoy no hubieras tenido todos esos problemas no me hubieras conocido —dijo Hayate y emitió un suspiro—… Caprichos del destino o… la voluntad de Dios.
Nanoha asintió y dio otra mordida a su empanada, se preguntó si Hayate conocería a la rubia, pero inmediatamente renunció a la idea de preguntar; sin embargo ambas monjas, tan diferentes la una de la otra despertaban su curiosidad.
—Hayate, ¿te gusta ser monja?
La pregunta tomo por sorpresa a la castaña, no hubiera esperado que a Nanoha le interesara el tema, además hasta el momento ambas habían evitado los temas personales.
—Te seré sincera. Me gusta pero no puedo negar que hay cosas que me disgustan. Digamos que disfruto las cosas que me gustan y sobrellevo lo mejor que puedo las que no me gustan.
—Lo siento, es que no te ves ni te comportas como pensé que lo haría una monja —se disculpó Nanoha—. ¿Entonces usar habito está entre las cosas que te disgustan?
Hayate rio y negó con la cabeza.
—El habito lo guardo solo para ocasiones especiales. —Ambas rieron por el comentario, pero Hayate dejo de reír y su semblante se tornó meditabundo—. Antes lo usaba, pero un día quería molestar a alguien y pensé que ponerme un vestido fino y provocativo era una buena forma de hacerlo… y funcionó. Después a esa persona dejo de importarle y a mí se me hizo costumbre vestir de esta manera… No creas, en realidad somos pocos monjes los que podemos vestir como nos venga en gana… y faltar a nuestros votos.
Hayate no tenía que decirle que esos privilegios los compraba una gran fortuna. No le dio más vueltas y mejor se preguntó cómo se vería la rubia en un hermoso vestido como el de Hayate o quizá en uno sencillo como los que ella vestía. Después su curiosidad se enfocó en saber más.
—¿Qué son esos votos?
—Los que hizo nuestro profeta y fundador, el Santo Rey: voto de servicio, de pobreza y celibato. Algunos, como si esos no les bastaran, hacen otros: ayunan, guardan silencio y algunas otras cosas locas que no creerías… Siempre pensé que hasta la gente de las caravanas sabía de nuestras costumbres.
Nanoha se sorprendía por el tono crítico y el sarcasmo con el que la castaña se refería a algunas practicas de su culto. Era obvio que el voto de pobreza se lo saltaba ¿haría lo mismo con los otros?
—Yo solo sabía que celebraban oficios y no se casaban… ah y que vestían habito. Tampoco es que me hubiera interesado antes. —Ciertamente el interés de Nanoha surgió después de encontrase con esa rubia de habito negro y se acrecentó con el extraño comportamiento de la castaña—. Hayate ¿Por qué te hiciste monja?
La castaña encontraba fácil responder con sinceridad las preguntas de la cobriza… como si hablara con una amiga, era cómodo hablar con una chica avispada y accesible que no pertenecía a su misma religión.
—Mi familia siempre fue muy devota, exageradamente devota. Alguien hizo una promesa y a mí me correspondía pagarla… Pero también fue mi deseo. Desde muy pequeña quería estudiar historia, política y religión. Una dama de la nobleza puede hacerlo hasta donde su señor esposo lo permita, en cambio en una monja es normal y puede pasarse la vida estudiando si quiere… y después usar el conocimiento para servir a la iglesia… La suprema Santidad no desdeña la ayuda de nadie. —Hayate bebió de su vaso y se levantó para servirse más, le ofreció a Nanoha que rechazo el ofrecimiento, después volvió a su lugar y continuó—. Sin embargo hay muchas razones por las que alguien se convierte en monje… y también hay muchas formas de hacerse monje.
A Nanoha le llamaba la atención que pudieran estudiar, pero a fin de cuentas terminaban sirviendo a la iglesia en lugar de servir a un esposo… Terminó tratando de adivinar los motivos por los que cierta rubia acabó siendo monja. Dudaba que su historia fuera parecida a la de Hayate.
—Pase siete años en un convento antes de confirmar mis votos —dijo Hayate y luego suspiro—. Los más felices de mi vida.
—Siete años… Increíble, y yo que pensé que habías comprado el titulo —bromeó Nanoha y ambas rieron.
Nanoha no podía evitar sentir que algo trágico había pasado después de esos años felices que mencionó la castaña, no quiso cometer una indiscreción preguntando.
—Ya que he sido muy amable saciando tu curiosidad —dijo la castaña y Nanoha percibió cierta picardía en la sonrisa que de la castaña—. Es justo que me digas por que una bella mujer de las caravanas que pasa de los veinte años sigue siendo soltera… y sobre todo doncella.
—¡No es posible que lo sepas! cómo…
—¿Lo de que eres doncella? No estaba segura, pero lo acabas de confirmar… Aunque en realidad tengo un don para adivinar el estatus de las mujeres —dijo Hayate entre risas.
Nanoha guardo silencio un rato. Cuando la castaña dejo de reír la miro de forma tan intensa que se estremeció; pero en cuanto se sonrojó y desvió la mirada Hayate estalló en risa nuevamente haciéndole ver que estaba jugando con ella.
—Algo me dice que corro peligro estando a solas contigo.
—Pues estoy segura que soy yo quien está en peligro —arremetió Hayate volviendo a reír por el bufido que soltó Nanoha—. Ya dejemos eso y contesta lo que pregunté.
Nanoha espero a que Hayate dejara de reír, admiraba la facilidad de la castaña para estar de buen humor.
—Quería estar enamorada del hombre con quien fuera a casarme, y eso no ha pasado hasta ahora —respondió Nanoha con sinceridad, después de todo se lo debía a la castaña—. Está mañana tuve una discusión con mis padres y me dijeron que me casaré en primavera. —Nanoha bajo la cabeza le dolía recordar lo sucedido.
—Y entonces viniste aquí a que te cortaran los pies…
—Ya te dije que fue un impulso.
—Y… ¿Lo conoces? al que será tu esposo.
Nanoha asintió con la cabeza
—Es un hombre excepcional —dijo Nanoha incorporándose, miró más allá de la ciudad aquellos lugares donde su gente acampaba. Ella por fin estaba del otro lado; y sin embargo nada había cambiado para ella—. Ya lo decidí, haré lo que tengo hacer —dijo Nanoha con decisión en su voz y también en su mirada.
—Nanoha, a veces estar decidido no basta para ir en contra de nuestros verdaderos deseos, encuentra un propósito, algo en lo que realmente creas… eso te ayudará a seguir adelante —le recomendo la castaña.
Nanoha respondió con una sonrisa. Después de eso decidió que ya era hora de volver a su caravana con su familia, se despidieron con la promesa de volver a verse. Hayate insistió en que Vita la escoltara para que no tuviera problemas. Durante el trayecto Nanoha intento varias veces entablar una conversación y la pelirroja le contestó con un gruñido en cada intento, lo curioso fue que Vita insistió en escoltarla hasta que estuvieran a unos pasos de su campamento argumentando que Hayate quería que llegara sana y salva.
Cuando Nanoha estuvo frente a sus padres se disculpó y les anunció que se casaría voluntariamente en primavera.
N/A: Pues este fue el tercer capitulo, y con él la tan esperada aparición de Hayate… Por lo demás espero que hayan puesto atención porque se mencionan asuntos que más adelante serán relevantes, y no quiero que se confundan, se pierdan o digan que recién me lo invento todo. Sé que ese encuentro entre las protas fue muy breve y poco emotivo, pero fue el primero y prometo que subirán de intensidad en cada capitulo.
Gracias a todos los que leen y les recuerdo cualquier comentario, critica, duda, aclaración o aporte es bienvenido.
Saludos a todos.
