Hola a todos…

Me disculpo por la tardanza, no era mi intención… mientras hice este capitulo ocurrieron varias cosas, la mayoría desagradables y hubo momentos en los que simplemente no quise continuar con esto y con otros proyectos… sin embargo me he dado cuenta que tengo que continuar adelante, así que retomé está historia.

Nutella, Mizuki, Comandantekami-sama , Kusanagi07 y al lector/a anónima; les agradezco sus comentarios, no saben lo agradable que es recibirlos.

Pascualina… yo también estoy desesperada ya quiero que empiece el nanofate; pero también quiero una buena historia de detrás de esa gran historia de amor.

Sin más aquí está el capitulo 4.

Disclaimer: Mahou shoujo lyrical Nanoha es propiedad de sus respectivos autores.

(Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es una coincidencia)

Amor y éxtasis.

Capitulo 4

Veinticuatro días después de su partida de Ciudad Origen, y seis después de su llegada a Burgo alto, capital de Marcaeste, Hayate Yagami por fin tendría una audiencia con los reyes; o por lo menos eso le dijeron cuando la condujeron al salón del trono.

Desde su llegada a la capital, todos los días había concertado una reunión con los reyes, con sus consejeros o con el primer ministro. Cada día sucedió lo mismo: cancelaban de última hora haciéndole saber que de improviso se había presentado algún otro asunto de suma importancia.

Hayate comprendía de sobra ese proceder… querían agotarla para que terminara aceptando cualquier condición que ellos ofrecieran. Le iban a mostrar quien mandaba en Marcaeste. Sabía acerca de ese tipo de estrategias, después de todo ella en su lugar habría hecho algo parecido. Mientras se paseaba por la sala del trono se felicitó por haber rechazado la invitación a hospedarse en el castillo, hubiera sido un suplicio. La abadía no era de lo más lujosa, pero sus hermanas se esforzaban por hacerle su estancia lo más confortable posible. Ahora que había recorrido algunas salas del castillo comprobaba que era más incomodo que la abadía, al menos con sus hermanas había cierta atmosfera hogareña que en este lugar no se respiraba.

El castillo era totalmente de piedra, inmenso e imponente, digno de la orgullosa familia que lo habitaba, y era tan frio que tiraban paja sobre los pisos para conseguir algo de calor y limpieza también. Hayate había estado antes en castillos como ese, las cortes de Vallenorte y Cabo Grande habitaban en castillos de piedra; sin embargo podía jurar que cualquiera de aquellos eran más acogedores. Que diferente a los castillos y palacios de piedra pulida y brillante mármol de Ciudad origen, Puesta Oeste, Tierra Jardín o Bajo Este, su país natal…

Hayate recorrió una vez más el inmenso salón donde podían caber más de quinientas personas. El frio era intenso, contó seis chimeneas de buen tamaño pero ninguna estaba encendida, suspiró y se abrigó con su capa de lana; para ese día eligió un modesto atuendo de lana peinada de color negro con motivos en blanco, los colores de su orden. Llevaba cerca de dos horas esperando de pie, la única silla disponible era el trono; sin embargo para ella, como para cualquier miembro de la iglesia, esa situación no resultaba cansada, estaba acostumbrada a someter su cuerpo a peores pruebas. Sonrió recordando las penitencias que hacía en sus días en el convento, aun ahora acostumbraba pasar horas de rodillas rezando, implorando perdón por sus múltiples pecados.

Para distraerse recorrió una vez más el salón. Se detuvo apreciando los tapices que decoraban las paredes, todos los motivos eran de caza y batallas; sin embargo la hechura era burda y estaban tan viejos que los colores lucían opacos, los miró tan detenidamente que encontró algunos hilos halados y manchas de humedad. Cuando terminó con los tapices siguió con los trofeos de caza: pieles y cabezas de bestias imponentes. No obstante, ninguna era reciente, no había una pieza con menos de treinta años, incluso algunas se estaban carcomiendo.

Hayate Yagami estaba acostumbrada a entrevistarse con gente que ostentaba poder, no se sentía intimidada por presentarse ante los reyes de Marca este. Sonrío recordando lo que el tío abuelo Gil, el único familiar cercano que le sobrevivía, le contaba, acerca de que Los reyes de Bajo Este no solo habían estado presentes en la ceremonia donde Hayate recibió su nombre y su fe, sino que también fueron testigos de honor, y que incluso la firma de la suprema santidad en turno constaba en la pagina del libro de su familia donde estaba inscrito su nacimiento… Entonces otro recuerdo hizo que su sonrisa se tornara amarga, otra ocasión en que los reyes y las cabezas de las familias más importantes asistieron a su palacio a presentarle sus respetos cuando sus padres habían perecido victimas de una epidemia. Hayate era una niña pequeña y todavía sufría las secuelas de la misma enfermedad que posteriormente la postró en cama durante años, todos aseguraban que su familia se extinguiría con ella, pero inexplicablemente sanó. Apenas recordaba a sus padres, solamente que eran muy jóvenes y siempre procuraban ayudar a la gente pobre. Su muerte fue un suceso inesperado que la había convertido en la única heredera de la familia, y lo irónico era que de cualquier forma su familia se extinguiría con ella, ese hecho parecía inevitable.

Siguió meditando en lo normal que fue haciéndose tratar con la realeza o el alto clero. Cuando ingresó al convento, tuvo una audiencia con el anterior Suprema Santidad, un privilegio que le otorgaba la cuantiosa donación hecha a la iglesia para que le permitieran ingresar en sus filas. Hayate a sus nueve años estaba emocionada, creía que ese encuentro marcaría su vida, pero el anciano frente a ella resultó ser como cualquier otro… Después, a los doce años, estuvo frente a Precia Testarossa cuando ésta recién había sido investida como Suprema Santidad, no podía negar que la mujer imponía bastante como cabeza de la iglesia, tenía una presencia más etérea aunque eso no la hacía verse menos implacable y decidida. Fue la misma Precia quien la envió con alguien que sí marcó su vida… la magnánima canciller Carim Gracia, esa mujer le impresionó tanto desde su primera entrevista que la pequeña Hayate no hiló más de dos palabras en sus respuestas (por vez primera se sintió como la niña que aun era).

Carim siempre era tan educada y de trato amable, en aquella ocasión le puso una mano en el hombro y le dijo: "Hayate Yagami… me han dicho que tienes talento. Serás mi pupila. Vienen tiempos decisivos para la gente de fe como nosotras, Precia sueña con establecer la iglesia en todo el continente y conseguir la unidad de todos los fieles bajo su guía… puede ser que lo consiga, ella quiere imponer la iglesia como si se tratara de una conquista con la salvedad de las armas, usando a los hermanos mensajeros como ejército. Ya ha obtenido más fieles que su antecesor y no lleva ni un año como cabeza de la iglesia; sin embargo, la he convencido de que ese camino es agotador y no ofrece garantías para conservar los territorios que conquistemos… lo que debemos hacer es política… esa es la única manera de establecernos definitivamente, hacer que nuestros logros perduren, ese es el camino para prevalecer. Igualaríamos el poder de los reyes… Entonces, pequeña, mi sueño es hacer de Ciudad Origen un estado, la capital de la iglesia, cuya soberanía y leyes se impongan más allá de sus murallas… en todo el continente. Crearemos precedentes para influir en los gobiernos de todos los reinos. Y tú, pequeña, me ayudarás a hacer realidad ese sueño".

Hayate estaba tan impresionada por la imponente presencia de la canciller que en ese momento no reflexionó en el significado que esas palabras pudieran tener.

Hayate suspiro con pesadez, se daba cuenta de que ese encuentro se había tornado en otro recuerdo amargo. Ahora, once años después la iglesia hacía política lo mismo que oficios, y negociaba con los gobiernos de cada país como si se tratara de una nación más, y los miembros del alto clero, como ella podían abstenerse de hacer reverencias a cualquier rey. Y ella había sido uno más entre los instrumentos de Carim y Precia para conseguir el estatus que tenía la iglesia. Pero Hayate consideraba que su logro más significativo era que la gran canciller de Ciudad Origen dejara de llamarla "pequeña".

El chirrido de las puertas al abrirse hizo que abandonara sus recueros, volteo para ver quien entraba, aparecieron cuatro sirvientes cargando dos braceros, los llevaron hasta el estrado del trono y dejaron uno a cada lado, avivaron el fuego de estos y después salieron, no sin antes hacer una reverencia, Hayate levantó la mano derecha ofreciéndoles su bendición haciendo la señal de la t.

Ahora entendía las razones de Precia para nombrarla como su emisaria. Por todos era conocida la poca aceptación que los reyes de Marcaeste tenían hacía la iglesia. Hubiera sido inadmisible que Carim, la gran canciller de Ciudad Origen; o el secretario de los ministerios recibieran ese trato. Precia lo hubiera calificado de humillante; en cambio para Hayate Yagami, abadesa emisaria, era tolerable.

Escuchó un alboroto y se volvió hacia las puertas del salón donde venía entrando una comitiva de unas diez personas presidida por la reina Leti Lowran, una mujer de alrededor de cincuenta años, delgada y con marcadas arrugas en el rostro; llevaba una corona sencilla sobre la cabeza. Una vez adentro la reina hizo señas y todos se retiraron a excepción de cuatro guardias que se quedaron resguardando la puerta una vez que la hubieron cerrado.

Hayate siguió con la mirada a la mujer desde que entró hasta que subió al estrado y se acomodó en el trono. Al parecer sólo trataría con la reina. En sus planes estaba que fuera así, había fuertes rumores de que el rey había quedado parapléjico por una caída del caballo, algunos aseguraban que también se golpeo tan fuerte la cabeza que ahora era tan nada para gobernar. Desde entonces era la reina quien gobernaba y no admitía recomendaciones de nadie, ni consejeros, ni ministros.

—Hubiera apreciado que la Suprema Santidad en persona viniera a tratar los asuntos que me anuncia en su carta —dijo la reina sin más preámbulo señalando el pergamino que sostenía en la mano izquierda. Hayate conocía de sobra el contenido de esa carta en la que Precia la presentaba como su emisaria para negociar el estado de las abadías, y también anunciaba que enviaba a un investigador a Bosque negro.

La castaña percibió el tono dolido de la mujer mayor, que se había puesto a leer para si misma la misiva. Al parecer repasaba algunos puntos.

—La Suprema Santidad les tiene en alta estima —explicó Hayate cuando vio que la reina ya no leía más—, ella no acostumbra viajar para negociaciones. Debemos tener presente que desde tiempos del Santo Rey el lugar de la Suprema Santidad es Ciudad Origen; pero como su emisaria es para mi un honor comunicar sus deseos.

—Una emisaria muy joven por cierto —dijo la reina examinando a la castaña, jugó un poco con la misiva en sus manos y después la dejo en una mesa a su costado.

—Le aseguro que cualquier acuerdo que firmemos será respaldado íntegramente por la Suprema Santidad —dijo Hayate con seriedad, la reina sonrió a medias.

—Ya me he informado de ti… Hayate Yagami —dijo la mayor, se recargó en el respaldo y puso las manos en los brazales, Hayate sintió el escrutinio de la reina, era como si la mujer tratara de ver a través de ella—. Fuiste la encargada de ir a Tierra Jardín a convencer al rey Chrono de que no promoviera su divorcio. —La reina mostró una sonrisa socarrona—. Dime ¿Por qué causas quería el divorcio ese niño mimado?

Hayate evaluó el rostro de la reina, el asunto despertaba su morbo; sin embargo a ella le dolía ser conocida más por esa intervención propia de una casamentera que por sus logros políticos. Por otro lado podía sentir la discordia en el ambiente, tenía que tratar de hacer algo para que la reina se confiara y el ambiente se relajara un poco.

—Que no había consumado el matrimonio, pues consideraba poco atractiva a su esposa —respondió Hayate con formalidad como si se tratara de algún asunto de estado, quizá con algo tan trivial la reina se confiara.

—Hasta donde sé lograste que se desistiera del divorcio… ¿Cómo lo convenciste? —cuestionó la reina con tono divertido.

—La Suprema Santidad envió un mensaje al rey Chrono recordándole que un rey tiene deberes que cumplir para con su pueblo, y… le recomendó usar la imaginación cuando visitara a su esposa —respondió Hayate manteniéndose ecuánime.

—¿Qué?... No creo que bastara con tan poco —dijo la reina con decepción.

Hayate recordó que, por propia iniciativa, había llevado a la cortesana más conocida de Bajo Este con Amy, la esposa del rey Chrono, para que la instruyera en ciertas artes conyugales. Como bien dijo la reina Leti los consejos de Precia no hubieran sido suficientes. Hayate había tomado medidas extremas, pero claro que eso jamás se sabría por su boca.

—Tiene razón, lo más importante para conseguir un acuerdo fue la buena voluntad de las partes —agregó Hayate, esperaba que la reina no quisiera hablar de los chismorreos de las cortes en lugar de negociar la autonomía de las abadías en su reino—. La misma buena voluntad que la Suprema Santidad ofrece a Marcaeste.

—Buena voluntad dices?… Ja… Y Precia anuncia que van investigar la muerte de un monje en Bosque negro… Ignorando nuestra autoridad. Les recuerdo que no tienen facultades —advirtió la reina con sequedad, no quedaban rastros de la mueca divertida de un instante atrás.

—No es intención nuestra ignorar su autoridad, es por ello que La Suprema Santidad les informa de sus intenciones. Después de todo la finalidad de esa investigación es determinar si la vida de los nuestros corre peligro —explicó Hayate, trató de mantenerse ecuánime en su discurso—. En tal caso, tendríamos que enviar a nuestros hermanos mensajeros escoltados. La iglesia tiene facultades para procurar seguridad a sus miembros y a sus propiedades en todos los países del continente cuando las autoridades locales no estén en condiciones de brindársela. Hay acuerdos entre Marcaeste y la iglesia. Pero si la investigación demuestra que se trató de un caso especial y que ese territorio es seguro para nosotros… entonces no habrá necesidad de las escoltas.

La reina permaneció un rato pensando, Hayate aprovechó para dar un paseo, se movió un poco al costado de la reina, quería distraerla, que se sintiera incomoda en su propio trono, y tal vez, con suerte, la mujer perdería algo de confianza.

—Si ese es el caso… aceptaré la investigación… —respondió la reina poco convencida —. Como dices hay un acuerdo que le permite a la iglesia hacerlo; sin embargo… no era necesario que se preocuparan por el asunto. Mi hijo fue a encargarse personalmente. Le gusta la cacería y acabará con esos lobos antes de que su investigador ponga un pie en Bosque negro.

—La Suprema Santidad agradecerá esa acción. Nuestra investigación corroborará que no existan más lobos que amenacen a los nuestros. En caso que se tratara realmente de lobos y no de otro tipo de bestias.

—¿Dudan que se trate lobos? —cuestionó la reina tratando de seguir con la mirada a Hayate que paseaba con pasos lentos a un costado.

—Encontraron el cuerpo con los miembros cercenados; pero además de eso la carne de nuestro hermano estaba intacta, no hubo gran dificultad en identificarlo… ¿No cree que si fueran lobos o cualquier otra bestia hubieran quedado solo huesos roídos?— inquirió Hayate volviendo a ponerse frente a la reina para observar sus reacciones y medir el efecto de sus palabras, era consiente que no debía ahondar en el tema, pero no pudo evitarlo.

—Será que a los lobos de Marcaeste no les gusta el sabor de la carne de la iglesia —justificó la reina sin poder reprimir una risilla cargada con sorna, luego a su rostro volvió a una seriedad amenazante—. Espero que Precia lo tenga presente cada que piense en enviar a su gente a nuestro país.

Para Hayate esa era una advertencia que debía considerar en su discurso, pero se sintió obligada a responder con su propia advertencia.

—Será más bien que a los lobos de Marcaeste les… indigesta… la carne de la iglesia. Ahora esas bestias saben que no somos alimento para ellos. —Hayate remarco cada palabra mirando directamente a la reina, después, ante el silencio de ésta, miró a un lado, arriba, la luz que se filtraba por un vitral, después volvió a dirigirse directamente a la reina—. Lobos o no nuestra misión es persistir para estar cerca de nuestros fieles, esa es la tarea que el Santo rey nos encomendó… y ningún tipo de bestia nos obligará abandonarla.

La reina frunció el ceño y, ante el silencio, Hayate volvió moverse unos pasos, esta vez aparentó curiosidad por la escena del vitral.

—Este acercamiento de la iglesia es inesperado… comprenderán que tenga mis reservas —dijo la reina después de un largo rato de meditación, al parecer estaba recapitulando, la castaña daba la impresión de estar a la altura para responder a cada amenaza. Buscó con la mirada a Hayate que estaba a un lado, en un lugar poco accesible a la vista de la reina que tuvo que moverse un poco de su cómoda posición para poder verla—. Después de todo por mucho tiempo hemos permanecido… ¿Cómo decirlo?.. Olvidados por la iglesia.

Hayate volvió a su lugar frente a la reina que la siguió en todo el proceso, era una artimaña que usó la castaña para ser el centro de atención, al parecer comenzaba a funcionar.

—Es algo que la Suprema Santidad quiere enmendar. Una muestra es el esmero que hemos puesto por estar cerca de todos los súbditos de Marcaeste. Para mantener la labor de la iglesia requerimos construir más abadías. Como apreciará es esencial para iglesia contar con libertad de acción dentro de ellas —declaró Hayate satisfecha, al fin podía poner el tema sobre la mesa.

—Y no nos oponemos a que construyan abadías; porque lo harán con los propios recursos de la iglesia —respondió la reina—. Lo que no aceptamos es la autonomía, después de todo… fue dios, quien nos hizo reyes y nos dio el derecho de gobernar sobre nuestro territorio y nuestros súbditos. Si esas abadías están dentro de nuestras fronteras… también debemos gobernar en ellas.

Hayate odiaba su situación, deseaba tener algo más que la buena voluntad y la devoción de la reina para negociar, eso y no tener nada eran lo mismo. Y por sobre todo lo que más odiaba era que en unos treinta años se convertiría en alguien como la mujer amargada que tenía enfrente.

-xXx-

Era una tarde bella y apacible de otoño con clima frio pero agradable, no había una nube que opacara el intenso azul en el cielo, el sol amenazaba con ocultarse detrás de la montaña al oeste, en poco tiempo su brillo comenzaría a tornarse rojo, y teñiría de igual color las montañas, el campo y hasta las hojas secas que aun pendían de las copas de arboles. Fate esperaba que fuera lo único que tiñera de rojo ese día.

La rubia estaba sobre el lomo de su caballo en la cima de una colina, desde ahí observaba, en la planicie, Puerto firdo, un poblado de casas con paredes encaladas y tejados rojos, podía distinguir un modesto templo de piedra con una explanada al frente, y el mar más allá, en el norte.

Para esa tarde Fate y Teana habían dejado el habito, y estaban vestidas como los demás: con jubón acolchado oscuro debajo de una brillante coraza negra, la de Fate tenía algunos relieves en dorado, encima portaban capa negra con capucha. Ninguno llevaba armadura completa. Fate prefería usar solo la coraza y los brazales. No contaba con un escudero para ayudarle a vestirse, y portar todos los accesorios sería un estorbo. Usarla le daría más protección pero le quitaba agilidad. Además tenían que viajar lo más ligeros posible.

Fate y Teana estaban allí desde hacía un rato junto con seis guardias de su comitiva, iban a reunirse con otros ocho que, comandados por Vice, salieron seis días antes que ellas de Fuerte blanco, la capital de Valle norte donde supuestamente Fate debería estar supervisando la construcción de un templo y avalando el milagro que había salvado de la malaria a un poblado. El resto se habían quedado junto con Shari en Fuerte blanco cubriendo su ausencia. Fate y los demás habían cruzado la frontera por las montañas para internarse en el territorio de Gran Cabo, el camino era peligroso y al subir a las montañas el frio calaba hasta los huesos, por eso estaba desierto; pero a los pocos que se atrevían a andar ese trayecto les ahorraba casi la mitad del tiempo que hacían rodeando las montañas. Cabalgaron durante siete días continuos, parando unas cuatro o cinco horas durante la noche y otro rato en el día, lo suficiente para descansar y alimentar sus monturas. Cambiaron los caballos en una abadía establecida al pie de las montañas del lado de Valle norte, ese fue el único lugar en el que pernoctaron bajo techo, los demás días durmieron al aire libre. Fate tenía que ocultar su incursión al otro lado de la frontera, por eso evitó cruzar por cualquier pueblo o pasar la noche en alguna posada.

Cuando llegaron habían recorrido los alrededores para buscar a sus compañeros, al no encontrarlos, decidieron esperar a que ellos los buscaran. Desde el lugar donde estaban podían observar el poblado y los caminos de acceso.

—Llegarán en cualquier momento —dijo Teana que desmontó y fue a atar su caballo a la rama baja de un árbol. Luego buscó en sus alforjas y saco una espada corta que traía envuelta en una manta, la extrajo de la vaina y la examinó.

—Eso espero… Quiero terminar con esto lo antes posible. Si nos encontramos con ellos después que haya oscurecido tendremos que esperar hasta mañana —apuntó Fate, sin apartar la vista del poblado.

Después de que transcurrió algo más de una hora uno de los hombres llamó a Fate que se paseaba por la colina.

—Eminencia —dijo el hombre señalando en una dirección al tiempo que dirigía el reflejo del sol sobre su daga al mismo punto—. Ahí vienen, por la arboleda.

Fate se acercó y miró a donde apuntaba el hombre, entre las copas de los arboles distinguió una nube de polvo, eran ellos.

—Llegó la hora —dijo Fate con tono fuerte y autoritario, y se dirigió a su montura—. ¡Prepárense!

Los demás se incorporaron, unos fueron a inspeccionar sus monturas y otros alistaron sus espadas y escudos.

Fate revisó sus alforjas, buscó los brazales y guanteletes luego se puso ambos accesorios. Saco una espada larga, la inspecciono, la metió en la vaina y se la colgó en la espalda. Se volvió en cuanto escuchó los cascos de los caballos lo suficientemente cerca. Vice, un hombre castaño como de treinta y tantos años venía al frente del grupo, y pararon frente a ella.

—Eminencia, es bueno ver que llegaron sin novedad —saludó Vice sin desmontar.

—El santo rey está de nuestro lado —respondió Fate— ¿Tienes todo listo? —preguntó y Vice asintió—. ¿Cuál es la situación?

—Marco, el pulcro, está en el pueblo. Todas las tardes predica en el templo o frente a él, en la plaza. A esta hora debe estar por empezar —informó Vice—. Hasta donde he podido ver tiene a la gente bien engatusada con sus cuentos. Sus seguidores van a defenderlo con uñas y dientes, eminencia.

Fate lamentaba que así fuera, deseaba que los lugareños no intervinieran, pero si lo hacían tendrían el castigo que merecían. Ella iba por Marco, un monje desertor de la iglesia que ahora predicaba su propio culto, un hereje. A esos desertores los llamaban "pulcros". Era uno más de los que acusaban a la iglesia de corromperse. Los pulcros como él se llamaban a si mismos los verdaderos portadores del mensaje del Santo Rey, interpretaban las consignas del profeta a su manera. Les llamaban pulcros porque imponían normas a sus seguidores para que se conservaran puros según ellos, cosas tan absurdas como que no comieran carne o huevos, algunos hasta prohibían el queso y la leche; decían que todo eso era producto del pecado, y los que los comían ensuciaban sus cuerpos según ellos. Los niños crecían debiluchos y enfermizos por falta de alimentación, pocos eran los que sobrevivían con ese estilo de vida. Otros prohibían a sus seguidores que fueran con sanadores cuando enfermaban o resultaban heridos, pues les decían que si conservaban sus almas y cuerpos sin pecar el Dios Creador los curaría milagrosamente; si no se curaban… se lo merecían y morir era un justo castigo por sus culpas. El colmo eran los que predicaban la poligamia y hasta el incesto. La mayoría de estos pulcros habían sido miembros de la iglesia, "descarriados cargados de egoísmo y carentes de verdadera devoción" que se aprovechaban de la ignorancia y falta de voluntad de sus seguidores. Fate no sabía quienes resultaban ser peores si los ateos que pecaban obsesamente o esos pulcros que motivaban a los ignorantes a profesar una fe falsa y llena de blasfemias.

Para Fate la facilidad con la que la gente se dejaba manipular era sorprendente. La gente era tan débil de voluntad que los convencían de atentar contra su salud y su dignidad sin que cuestionaran nada, no eran capaces de hacer algo por sí mismos. Su madre decía que estaba en la naturaleza de los seres humanos la necesidad de ser guiados tanto para el bien como para el mal. Ser la guía para el bien era la razón de ser de la iglesia.

Vice le contó que desde que llegó había frecuentado el pueblo para enterarse de la situación. Ya había identificado a Marco, era castaño, alto y fornido, vestía harapos, una capa remendada color marrón, y siempre andaba descalzo. Desde que la iglesia había declarado "expulsados de la fe" a los habitantes del pueblo por seguir a ese pulcro, los lugareños andaban armados para proteger a Marco, a quien proclamaban como su maestro y guía.

Había dos caminos de acceso al pueblo, y otro que conducía al puerto. Vice había ofrecido dinero a los pocos barcos para que se retiraran esos días y hasta ese momento ningún otro había atracado.

Fate meditó unos cuantos minutos, por la tarde era el mejor momento para actuar, Marco estaría en la plaza o el templo predicando. Según sus órdenes tenía que capturar a Marco y darles una lección a sus seguidores, les daría una paliza que los hiciera arrepentirse de repudiar a la iglesia. Después de todo contaba con que fueran los más cercanos a él quienes le defendieran… tenía esperanza que los otros se apartaran. Tomó la decisión. Con un gesto les indicó a los demás montar, después ella hizo lo propio.

—¿Están listos? —preguntó Fate a Vice y a los hombres que llegaron con él y permanecían sin desmontar. Todos respondieron afirmativamente—. Iremos por él ahora mismo. Vice, Teana y yo, vamos por Marco. Kyle —indicó Fate dirigiendo la mirada a una mujer pelirroja que había llegado con Vice y estaba a su derecha— ¿ya conoces al pulcro? —la mujer asintió—. Cierra el otro acceso al pueblo para que no escape, lleva a alguien contigo. Ben y Armand —llamó a dos hombres que estaban más atrás de Vice—, cierren la salida a los embarcaderos. Los demás vendrán con nosotros, se encargaran de dispersar a la gente. Cuando lo tengamos salimos todos a galope y nos vemos aquí mismo. No esperaremos mucho. Así que si alguien se retrasa, y no nos alcanza aquí, siga de largo hasta el paso de las montañas. Nos detendremos hasta estar del otro lado del paso, en territorio de Valle norte. —Fate recorrió el rostro de cada uno de sus compañeros buscando alguna duda, lo único que encontró fue decisión—. ¿Algo que añadir?

—A ese Marco, ¿tenemos que atraparlo vivo o muerto? —preguntó Vice.

—Vivo, no lo haremos un mártir —aclaró Fate—; pero si resulta muerto igual viene con nosotros.

Fate esperó por si alguien más quería intervenir, todos permanecieron en silencio. Los caballos se movían inquietos, como si presintieran lo que estaba por suceder. Fate acaricio el cuello de su caballo para tranquilizarlo. Después recitó una pequeña oración, entonces, ella y los demás, encomendaron su alma al Dios creador y pidieron la intervención del Santo Rey en su favor.

Fate terminó de orar, pico espuelas, y se abrió paso para ponerse al frente del grupo. Se encaminó seguida por los demás hacia la vereda que más adelante se unía al camino principal. En la medida que el terreno era menos escalpado incrementó la velocidad hasta marchar a todo galope rumbo al poblado.

Cuando estaba cerca del pueblo desenvaino la espada con la mano derecha y asió con firmeza el escudo en su mano izquierda junto con la rienda. Escuchó replicar campanas, y cuando ya marchaban sobre la calle principal del pueblo vio a la gente correr asustada. Los gritos que al principio se oían como alaridos desesperados comenzaron a hacerse un ruido sordo en sus oídos. Contrario a lo que hubiera deseado, solo unos pocos se dispersaban hacia la seguridad de las casas, la mayoría corría en dirección a la plaza donde estaba congregada una multitud alrededor de un hombre alto y castaño, era Marco que predicaba como hacía todas las tardes conforme había dicho Vice. Tenían que actuar rápido para que no se escapara.

Al principio todo era confusión entre los pobladores de Puerto Firdo, el grupo de asaltantes vestidos de negro encabezado por Fate asestaban golpes a diestra y siniestra con las espadas planas para dispersar a la gente; aun así muchos resultaron con cortes, los lugareños gritaban y corrían en desorden, se apartaban de su camino como mejor podían. Pero cuando estaban llegando a su objetivo fueron encontrándose con hombres que los amenazaban con guadañas y picas. Fate esquivó un lanza que paso cerca de su hombro derecho, con un tajo apartó una guadaña que amenazaba el cuello de su caballo, su montura coceaba a quien encontraba a su paso. Todo se complicaba, no quería matar a nadie, bastaba con amedrentarlos y mostrarles la furia de la iglesia; sin embargo, si insistían en atacarlos seguro que habría heridos e incluso muertos. No podían permitirse dudar.

Los lugareños eran guerreros improvisados, sin orden y sin estrategia; pero se aferraban, eran fieros y los superaban en número más de cinco a uno. También estaban los niños y las mujeres que incitados por Marco comenzaban a formar un escudo humano alrededor de él.

Fate y sus compañeros trataron de mantenerse unidos, y lo habían conseguido pero su marcha comenzaba a hacerse lenta. Lanzaban golpes a un lado y otro y con el escudo empujaban a quien se interponía en su camino. No podían permitir que detuvieran la carga. Si los frenaban se les abalanzarían encima y sería su fin.

—¡Sigan cargando! —ordenó Fate y pico espuelas, se abrió paso lanzando tajos con tanta fuerza que logró partir algunas lanzas, astillas y puntas salieron volando a cualquier parte.

Los alaridos de dolor ahora acompañaban a los gritos de furia, y entre ellos se distinguía la voz grave de Marco.

—¡Deténganlos! ¡Dios está con nosotros… nos ayudará a vencer a sus enemigos, a la capital del pecado en que se ha convertido Ciudad Origen!... ¡son mujerzuelas que se venden al mejor postor! —proclamaba Marco el pulcro.

Después todo pasó más rápido aun. Teana se abrió paso entre Vice y Fate, que iban al frente. Su caballo saltó atropellando a los que le bloqueaban el paso, no la detuvo que fueran mujeres, ancianos o niños, se lanzo directo sobre Marco. Fate y Vice la siguieron haciendo más amplia la brecha que Teana había abierto. Marco y algunos otros habían echado a correr, no había dado ni diez pasos cuando Fate le dio alcance, al tiempo que desmontaba lo ciñó del cuello de la capa y luego le puso la espada en las costillas. Vice bajo de su caballo y le ató las manos a la espalda, después le cubrió la cabeza con un saco. Mientras Teana junto a los demás hacían cuanto podían por apartar a los que trataban de liberarlo. Fate montó y Vice le ayudo a subir a su prisionero al frente de su montura con la cabeza colgando de un lado del caballo y las piernas del otro. Fate afirmó el escudo en la mano izquierda, con la misma tomó las riendas y emprendió la marcha.

—¡Lo tenemos! —gritó Vice volviendo a montar.

Todos se movieron para seguir a Fate mientras Vice y Teana cubrían la retaguardia. Fate salió a todo galope aun lanzando tajos con su espada para apartar las lanzas y picas que se cruzaban en su camino, imprimía tanta fuerza como podía, entre el griterío escucho crujir algunas. Miraba a todos lados atenta por si le arrojaban lanzas o flechas. Hasta donde había visto no tenían arcos, la fortuna estaba de su lado… y también el Dios Creador. Uno a uno sus compañeros fueron uniéndosele en su carrera.

Y así, en apenas unos minutos, que se habían tornado eternos, entraron y salieron del pueblo llevándose con ellos a su prisionero.

Cuando Fate llegó al punto de reunión en la colina, desmontó para revisar a su caballo, por suerte no estaba herido. Ella tenía algunos cortes ligeros en las piernas, nada de que preocuparse.

Marco continuaba gritando maldiciones en contra de la iglesia, lo había hecho desde el principio, pero ahora en la calma del lugar sus consignas se oían con más elocuencia. Fate le quito el saco de la cabeza y le ató la boca con un trozo de tela que rasgo de la propia capa de su prisionero, que no se amedrento y siguió emitiendo gruñidos roncos, después le volvió a cubrir la cabeza con el saco.

Los demás fueron llegando y enseguida revisaban la gravedad de sus heridas y las de sus caballos, al parecer no había nada que pudiera considerarse mortal. Los últimos en presentarse fueron Vice y Ben, sus caballos resultaron heridos y sangraban copiosamente. Ben tenía un agujero en la pierna derecha, Vice lo ayudo a desmontar y otro hombre le hizo un torniquete para evitar de se desangrara, después compartió con él su montura. Vice no dudo en usar la espada para atravesar el corazón de su caballo, después hizo lo propio con el de Ben, tomo sus alforjas y las repartió con los demás, y montó junto con Teana.

Estaba oscureciendo cuando se pusieron en marcha, pero la luna llena les permitió continuar casi hasta media noche. El siguiente día detuvieron para dormir unas horas durante la noche y durante el día pararon otro rato para alimentar sus monturas, debían cuidarlas, no tenían recambios hasta que cruzaran la frontera. Al tercer día, emprendieron su marcha aun de madrugada y comenzaron el acenso a las montañas. Al principio el trayecto fue constante y a buena velocidad mientras anduvieron por las veredas serpenteantes que ascendían por las laderas boscosas de la montaña, poco a poco el paisaje se convirtió en una ladera cubierta de nieve, y más arriba ya cerca de la cima, las pendientes se hicieron demasiado empinadas, las veredas se volvieron angostas y escabrosas, el avance se hizo lento y tuvieron que descabalgar para guiar a pie sus monturas. Anduvieron un buen tramo durante la noche hasta que encontraron un muro que les cubriera del viento para levantar el campamento. Fate hubiera querido parara hasta estar del otro lado de la montaña, en territorio de Valle norte, pero no tenía caso forzar a sus compañeros.

Después de levantar el campamento Fate se alejó un poco de los demás para orar, encontró un lugar cerca de un acantilado, miró el paisaje bajo sus pies, únicamente distinguía niebla en la negrura de la noche. Sentía el viento helado golpearle el rostro, aspiro profundo llenando sus pulmones con ese aire gélido y fue soltándolo lentamente.

Se postró de rodillas sobre la nieve, unió sus manos entrelazando los dedos y se las llevo a la frente haciendo presión, comenzó a decir en voz baja una oración que repitió en cuanto la terminó, y una vez más… la repitió innumerables veces hasta que le pareció que el sonido de su voz se confundía con el viento. Esperaba que eso le ayudara a dejar de escuchar los alaridos de la gente que corría desesperada mientras su grupo asaltaba el pueblo… Se lo merecían por repudiar a la iglesia, aquello ameritaba un castigo y habían tenido una buena parte; sin embargo el clamor de los niños persistía en su cabeza, la había perseguido la imagen del caballo de Teana que sin clemencia pasó por encima de la gente. Recordaba a los niños, sus rostros confusos y aterrados, no entendían porque había pasado aquello. Tenía claro que se podía pecar incluso por ignorancia… pero eran niños. Su madre le había dicho que si lastimaba inocentes el Dios Creador le perdonaría por esos actos, ya que eran por su causa… era una incursión necesaria. Después de todo esa gente había sido expulsada de la iglesia y tenían que arrepentirse para ser perdonados, lo más importante era que su alma sería salvada, los inocentes serían recompensado y bendecidos por Dios, y después de castigarlos Fate oraba por ellos.

Consiguió algo de calma después de orar un largo rato, estaba a punto de repasar sus intenciones cuando los gritos del pulcro la interrumpieron, alguien le había desatado la boca para darle de comer y había empezado a gritar otra vez.

—¡Los veré arder el las llamas del infierno! —Sentenciaba la voz ronca de Marco, sus palabras hacían eco en la cima de la montaña.

Fate se irguió y se enfiló con pasos largos hasta donde estaba el pulcro. Marco permanecía de pie con las manos atadas en la espalda.

—¡Llegará el día en que el Santo Rey volverá a estar entre nosotros, se levantará de entre los muertos, y borrará de la faz de la tierra la podredumbre que hay en su iglesia —clamó Marco con menos potencia en su voz ahora que tenía a Fate frente a él, el rostro inexpresivo de la rubia parecía advertirle que callara, sin embargo el pulcro se sintió instigado a continuar—… Y arderán en el infierno todos los que la han corrompido, empezando por la mujerzuela que ocupa el trono de Ciudad Origen, la capital del pecado…

El discurso de Marco fue interrumpido cuando el puño de Fate se estrelló con fuerza en su pómulo izquierdo haciéndolo caer de bruces sobre el suelo de nieve endurecida donde todos vieron rebotar su cabeza, apenas emitió un gemido por el dolor. Fate se inclinó poniendo una rodilla en el suelo, lo tomo de la cabellera enmarañada y lo obligo a levantar el rostro para que la mirara.

—¡Basta de Blasfemias! —demandó Fate.

Marco calló momentáneamente más por la confusión que le provocó el golpe que por la orden de la rubia. Fate lo tomo del cuello de la capa y lo incorporó de un tirón; Marco se recuperó y su vitupera lengua volvió a arremeter.

—Se quién eres… solo una abominación que se mueve entre tinieblas al servicio de esa mujerzuela —Marco escupió cada palabra en la cara de Fate.

La rubia afianzo su agarre al cuello de Marco y le pateo en la parte posterior de las rodillas obligándolo caer hincado, luego lo abofeteo tan fuerte que esta vez el pulcro escupió sangre en lugar de palabras.

—No más blasfemias… Retráctate de lo que acabas de decir —ordenó Fate, sin soltarlo.

Marco solo reía y en cuanto se recuperó volvió a hablar.

—Sientes que la verdad te quema ¿no es así?... Estas comenzando a sentir las llamas del infierno…

Fate amenazaba con volver a golpearlo, no le daría la oportunidad de dirigir un insulto más hacía su madre cuando se sintió sujetada por Teana.

—Hermana Fate. No lo escuche, quiere despertar su ira… No debe permitirlo.

Teana soltó a Fate para dirigirse al pulcro y le amordazo la boca nuevamente. Aun sin poder hablar los ojos de Marco brillaban triunfales.

—No lo alimentaremos esta noche —anunció Teana incorporándose y mirando a los demás que se habían reunido en torno a ellos—. Mañana… ya veremos, dependerá de él si le damos de comer o no. Después de todo no morirá por ayunar tres o cuatro días. Si sigue con esa actitud le daremos de beber por la nariz.

Fate permaneció inmóvil, en silencio, escuchó a Teana y se sintió avergonzada por dejarse provocar de esa manera… estaba bien golpear a Marco, pero lo había hecho fuera de si. Admiraba el temple que mostraba Teana, siempre hacía lo que hubiera que hacer sin permitir que las emociones la perturbaran.

Sin embargo Teana Lanster no siempre fue así. Cuando la conoció era una persona muy diferente, su hermano era un abad que contaba con muchas denuncias de abuso. Era famoso por su crueldad y prácticas de cultos siniestros donde realizaba orgías y hasta sacrificios, su hermana, Teana, participaba en esas prácticas también. Durante mucho tiempo los hermanos Lanster actuaron protegidos por el poder económico y político que tenía su familia. Los reyes de su país frenaban cualquier tentativa de la iglesia a imponerle alguna sanción al abad Tiida Lanster. Las cosas continuaron así hasta que Fate secuestró a ambos hermanos en una incursión parecida a la que estaba realizando ahora. Durante el trayecto hacía Ciudad Origen el abad Tiida Lanster se reía y se burlaba de sus captores diciéndoles que en cuanto sus superiores se dieran cuenta de quien era lo soltarían… y entonces iban a desear jamás haberse cruzado en su camino. En cambio Teana la agarro contra Fate, la amenazó constantemente con hacerla objeto de los actos más sucios que la mente humana es capaz de maquinar. Una vez en territorio de Ciudad Origen entregó a ambos hermanos a una comitiva y no volvió a saber de ellos. Más de un año después de ese evento le notificaron que Lady Lanster quería ordenarse como monja y le solicitaba a Fate la aceptara como su protegida. Fate recordaba las amenazas de Teana, entre las que podía enumerar el que iba a conocerla carnalmente… No tenía intención de aceptarla como su protegida; pero Precia le recomendó hacerlo. Cuando volvió a ver a Teana Lanster se encontró a una persona totalmente diferente, era una creyente devota, prudente y con el ferviente deseo de servir a la iglesia.

En poco tiempo se hizo agradable la compañía de Teana, hablaba solo lo necesario, era servicial y sobretodo muy capaz en cualquier tarea que Fate le encomendaba… incluso en ocasiones como esta podía tomar control de la situación para darle un respiro y volver a centrarse en los verdaderos objetivos de su misión.

Fate miró al pulcro que aún permanecía de rodillas con la mordaza en la boca, pero con satisfacción en la mirada, esta vez Fate lo observo impasible durante un rato luego se retiró a descansar.

Dos días después Fate y sus acompañantes se encontraban cruzando Bosque espeso, una región al oeste de Valle norte, se dirigían al encuentro de una comitiva que les estaría esperando para que entregaran a Marco, después retornaría a Fuerte blanco pretendiendo que no lo había abandonado desde que llegó dos meses atrás.

Fate no sabía cuál sería el destino del pulcro, pero estaba segura que la iglesia se encargaría de que no volviera a contaminar el alma de la gente. No era el primero que secuestraba, recordaba uno en especial: Jail Scaglietti, era diferente a Marco, no se trataba de un predicador, era un pensador ávido de conocimiento que había llevado a la práctica procedimientos prohibidos para comprobar las teorías de antiguos pensadores. El colmo fue que llego a someter a sus seguidores a extrañas pruebas desde producir contagios, según él controlados, de epidemias hasta cosas absurdas como mentiras bien preparadas entre sus seguidores, solo para ver como reaccionaban tanto individual como colectivamente. Hacía meticulosas anotaciones de sus procedimientos y hasta los recomendaba a otros pensadores. Fate lo consideraba el más peligroso de todos… por lo menos los demás temían al castigo divino… Fate estaba convencida de que Jail no creía en la existencia de Dios. Sabía que Jail permanecía encerrado en una abadía cerca de Ciudad Origen y que había algunos monjes empecinados en que podía ser reformado y devuelto al camino de la verdad. Después de ser testigo del cambio que hubo en Teana Lanster, Fate pensaba que quizá era posible hacer algo por Jail.

Cerca del medio día observaron un campamento bien establecido con varios carromatos, eran los suyos, seguro estaban simulando llevar suministros a alguna abadía para conducir al pulcro por territorio más allá de Valle norte sin llamar la atención. Fate observó salir a su encuentro a una mujer alta de cabello largo, rubio como plata y con un parche que cubría su ojo derecho, vestía una armadura blanca y capa de igual color.

—Bienvenidos sean, eminencia —saludó la mujer. Mientras sujetaba el caballo de Fate para que la rubia desmontara, después con una seña llamó a uno de sus hombres para que se llevara el caballo—. Quisimos estar en el lugar acordado dos días antes, ya sé que es mejor que su eminencia se incorpore a sus labores a la brevedad.

Fate se percató que había llegado por lo menos un día antes de la fecha pactada para el encuentro. Lo que decía la mujer le recordó su encomienda de supervisar los trabajos de la construcción del templo principal de Valle norte, esperaba que Shari no hubiera tenido inconvenientes en su ausencia.

—Gracias capitana Cypha, tomaremos el resto del día para descansar y saldremos mañana mismo a la capital.

—No sé… si eso sea conveniente —intervino Cypha.

—¿Sucede algo? —inquirió Fate.

Cypha le indico que mirará a su costado derecho, Fate descubrió la presencia de un hombre delgado y moreno que estaba de pie frente a una tienda, era Fortis Huckeinbein, hermano de la capitana Cypha y el asistente personal de Precia. Fate se alarmó. Si Fortis estaba allí era por algo importante relacionado con su madre. Fate dio instrucciones a Teana para que entregara la custodia de Marco a Cypha y acomodara a los demás en el campamento después fue a buscar a Fortis.

—¿Ha pasado algo en Ciudad Origen? —preguntó Fate sin siquiera saludar.

Por el rostro de Fortis cruzó fugazmente una mueca de desagrado, que no pasó desapercibida para Fate, sabía que era un hombre orgulloso y seguro esperaba que Fate le dedicara una reverencia cuando se dirigía a él, pero la rubia estaba tan preocupada que no le dio importancia a los protocolos. Por un momento el asistente personal de Precia Testarossa recordó que, aunque no contara con ninguna envestidura especial, Fate no dejaba de ser la hija única de la Suprema Santidad, entonces recapituló y dedico una fraternal sonrisa a la rubia.

—No ha ocurrido nada grave, hermana Fate. Mi presencia aquí se debe a que una nueva encomienda le ha sido asignada.

—¿Debo abandonar mis deberes en la construcción del templo? —cuestionó Fate tomándose el mentón con la mano derecha, le llevaría algunos días ir al templo para darle nuevas instrucciones a Shari para después comenzar con su nueva misión.

—Estoy aquí por dos razones: a partir de hoy me encargaré personalmente de la culminación del templo, y la otra es para comunicarle los detalles de su nueva tarea… a partir de ahora usted debe dedicarse de lleno a la búsqueda de un desertor…—Fortis se buscó en las bolsas de la sotana y sacó una carta que entregó a la rubia—. Hay otros buscándolo… La iglesia tiene que ser la primera en dar con él.

—Un desertor… ¿Algo más que pueda serme útil? —quiso saber Fate.

—Además del nombre del desertor, algunos de sus datos personales y el lugar donde se le vio la última vez. No hay nada más —respondió Fortis encogiendo los hombros.

Fate observó la carta con el sello de su madre intacto, seguro eran las instrucciones para la búsqueda que tenía que realizar. No hacía falta que Fortis le dijera que tenía que comenzar con su misión desde esa misma tarde.

-xXx-

Desde el día en que Nanoha anunció que se casaría con Yumei la próxima primavera la atmosfera cambió en torno a ella, los miembros de su familia parecían más felices y animados. El ambiente tenso de los últimos meses había sido superado, incluso sus amigos y compañeros de la caravana se dirigían a ella con un nuevo respeto… no era que antes la ignorarán, porque Nanoha siempre gozó del aprecio de su gente; pero varias cosas habían cambiado, ahora incluso le consultaban sobre su punto de vista de tal o cual cosa. La cobriza se divertía recordando que tres meses atrás todavía a cual más le hacían todo tipo de recomendaciones, como si fuera una cría, y de la noche a la mañana se había convertido en una mujer de juicio respetable.

No obstante, Nanoha aún no sabía lidiar con lo que sentía en relación a su futuro matrimonio, era como si algo dentro de ella hubiera sufrido una derrota, había renunciado al sueño de encontrar a alguien especial a quien pudiera amar y con quien compartir su vida… No podía evitar preguntarse a diario si con esa actitud conforme podría bastar para que algún día se sintiera satisfecha con ella misma, más aun... ¿Dejaría de pensar que existe algo más para ella? ¿Sería posible que algún día conociera el éxtasis al lado de alguien que no amaba?

La caravana se había trasladado al sur para pasar el invierno en territorios donde el frio de la estación era menos intenso. Se encontraban en una región baja al suroeste de Bajo este. Para acampar eligieron una zona con colinas no muy altas y basta vegetación, habían evitado las planicies porque el viento azotaba más fuerte en ellas; y dentro del bosque contarían con más madera para el fuego y mejor oportunidad de caza y pesca. Lo malo era que tenían que establecerse lejos de cualquier pueblo habitado para no quitarles recursos a los habitantes del país. Esa era la condición que les imponían los reyes de Bajo este para otorgarles permiso de establecerse allí por los meses que durara el invierno. Si se establecían en zonas habitadas tenían prohibida la caza; sin embargo con la venta de sus mercancías podían procurarse alimentos.

Esa mañana hacía el frio tradicional del invierno, en esas regiones podían haber nevadas de vez en cuando, aun así el clima era agradable comparado al frio intenso en el norte y el este del continente o de las regiones montañosas de todos los países.

Nanoha cruzaba entre las tiendas de sus compañeros de caravana, llevaba dos cestos de buen tamaño, uno en cada brazo. Andaba a paso apresurado pese a que todavía era temprano, no se detuvo aun cuando frente a varias tiendas la invitaron a compartir un bocado del desayuno, a todos les brindó un sonriente "buen día" y siguió adelante. Cuando salió del claro donde habían levantado el campamento se internó en el bosque, siguió por una vereda que descendía hasta la hondonada donde corría el riachuelo que les abastecía de agua, a esa hora de la mañana vio a algunas mujeres lavando ropa. Nanoha continuó su camino por un corto tramo rio arriba hasta salir de la hondonada, llegó a un claro donde el sol daba de lleno desde el amanecer hasta ya avanzado el medio día. Algunas personas, entre ellos Shiro Takamachi se afanaban en algunas tareas. Nanoha hizo alto al lado de dos mujeres y un hombre que rodeaban una enorme olla de hierro, el hombre vigilaba el fuego bajo ésta y las mujeres revisaban la consistencia del contenido.

—¡Huele delicioso! —dijo Nanoha no sin antes aspirar profundamente—. ¡Ya quiero probarla! ¿Estará lista para el medio día?

—Una sopa de un día necesita un día entero de cocción —le respondió la mayor de las dos mujeres intentando reñirla, Nanoha la hubiera tomado en serio si la mujer hubiera usado un gesto serio mientras le advertía en lugar de la sonrisa—. Estará lista hasta que el sol empiece a ocultarse detrás del risco —dijo señalando la punta de un risco al oeste—. Y te garantizo que solo después de entonces la probaras.

Nanoha sonrío ante la advertencia y echó a andar, saludó con un gesto con la mano a otros cuatro o cinco grupos que se reunían alrededor de ollas iguales.

La sopa de un día se había convertido en una tradición dentro de la caravana, nadie sabía desde cuando fue que comenzaron a prepararla en la época de invierno. Se trataba de un caldo espeso donde vertían todo tipo de carnes, cereales, vegetales y algunas especias de los que disponían, comenzaban cocerla un día por la tarde y estaba lista hasta el día siguiente después de un día entero de cocción, el primer ingrediente que ponían en la olla era carne seca de algún tipo, después iban agregando cada determinado tiempo los demás ingredientes. El resultado era una sopa tan espesa que se podía usar una hogaza de pan con un hoyo al centro como plato para comerla.

Nanoha dejo los cestos al lado de la mesa de tablas sostenidas por caballetes donde su padre y hermano estaban amasando enérgicamente una bola de buen tamaño de masa cada uno.

—Justo a tiempo, Nanoha —dijo Shiro cuando la menor de sus hijas estuvo junto a él —. Ya acabé de amasar ¿Me ayudas a formar las hogazas? Kyouya ¿puedes encargarte del horno?

Nanoha asintió con la cabeza y enseguida puso manos a la obra.

—Por supuesto. Me ocuparé primero de la leña —Respondió Kyouya sacudiéndose la harina que le había quedado impregnada en los brazos y en la ropa, y luego rió cuando se dio cuenta que sin querer había hecho saltar un poco sobre Nanoha.

—¡Oye…! —se quejó Nanoha, que ahora veía su vestido azul oscuro retocado de blanco.

Cuando la caravana permanecía una larga temporada en un lugar algunas familias acostumbraban hornear su propio pan, La familia Takamachi era de las mejores en esa tarea. Se las ingeniaban para improvisar hornos, ya sea con barriles forrados de lámina de hierro, a veces tenían la suerte, como en esta ocasión de encontrar una diminuta caverna totalmente de piedra con un hoyo en el fondo que sirviera de respiradero. Cubrían el interior con lajas planas de piedra que encontraban en el rio, luego encendían fuego dentro y cerraban la abertura de entrada para que el interior se calentara durante horas. Mientras el pan crecía reposando al sol. Cuando solo quedaban brazas limpiaban el interior y listo, introducían las hogazas de pan para que se hornearan.

Para los integrantes de la caravana no había nada más esperado en la estación de invierno que los días en que se comía la sopa de un día servida sobre pan de costra gruesa recién horneado, lo acompañaban con una cerveza que comenzaban a preparar desde el mismo día en que levantaban el campamento, según la mayoría la bebida podía ser de lo peor que podían haber bebido en sus vidas… sin embargo no perdían esperanza de que en esa ocasión estuviera mejor que en el año anterior. Era agradable reunirse alrededor de los fuegos, y comer y beber juntos.

Cerca del medio empezaron a hornear el pan y pronto un delicioso olor impregno la brisa que acompañaba el correr de las aguas del riachuelo. Nanoha descansaba en un lugar sombreado a unos cuantos pasos de la mesa, el trabajo había sido extenuante, aunque ya casi concluían con lo más pesado. Su padre y hermano se encargaban totalmente del horneado, Con una pala plana de madera introducían las hogazas, luego las volteaban usando la misma pala. Nanoha esperaba a que el pan enfriara para guardarlo en los cestos, pero en ese momento las primeras piezas aun no salían del horno; así que Nanoha podría tomarse unas horas para descansar.

—Parece que todo va bien… —Observó Momoko, la madre de Nanoha, que se acercaba portando otros dos cestos como los que Nanoha había llevado—. Ya estaba pensando que tendría que traerles algo para comer hasta acá.

La Mujer dejó los cestos al lado de la larga mesa de tablas, luego comprobó con la mirada el trabajo que su familia estaba realizando.

—No tardará mucho… por lo visto acabaremos temprano… hay otros que esperan usar el horno—respondió Shiro.

—¿Por qué no comemos aquí? Acabaremos de hornear pronto, pero pasaran varias horas antes que el pan enfrié —propuso Kyoya que se secaba con el antebrazo algunas gotas de sudor que escurrían por su frente. Luego siguió cerciorándose que las tablas en la entrada del horno estuvieran sellándolo correctamente.

—Buena idea, así Nanoha no se quedará aquí sola esperando hasta poder guardar el pan —aprobó Shiro.

—Iré a avisar a Miyuki y Shinobu para que se nos unan, traeremos todo aquí…

—Yo voy —ofreció Nanoha cortando a Momoko—. ¿Quieres que traiga algo en especial?

Nanoha se levantó y ante la negativa de Momoko se puso en marcha rumbo al campamento, cuando andaba por la vereda serpenteante hacia la hondonada observo que ya no estaban las mujeres que lavaban un rato atrás, ya habrían terminado y ahora estaban en el campamento alistando todo para la tarde. Se preguntó si habría música… pronto concluyo que si iba a haber cerveza la música para bailar era imprescindible…

—¿¡Pero qué!? —exclamó cuando casi arrolla a una criatura que se había plantado en su paso—. ¿Quién eres? —pudo preguntar cuando se recuperó de la sorpresa

El niño o… niña, no podía adivinar su sexo, tenía el cabello enmarañado y sucio, la cara no dejaba ver los rasgos por tanta mugre y la ropa sucia y hecha girones, y para rematar tenía el ojo derecho cubierto por un parche. Lo único que podía ver claramente era el verde de su ojo derecho que la miraba fijamente con una expresión extraña.

—Vivio… Vivio… ¿Dónde te has metido? —oyó la voz de un hombre detrás de la maleza. Nanoha se puso en alerta, expectante, el hombre que llamaba parecía acercarse. Estaba segura que el desconocido no intentaría atacarla estando prácticamente en el campamento de la caravana, un grito de alerta y ese tipo quienquiera que fuera se llevaría una paliza… quizá ella misma podría disminuirlo si no estaba armado. Entonces apareció, se trataba de un hombre alto, delgado, portaba ropas verdes algo desgastadas; el cabello largo, rubio, sujeto en una coleta… y ojos verdes.

—Ho… hola —saludó el hombre apenas esbozando una sonrisa, al parecer lo sorprendió encontrarse con Nanoha.

—¿Quién eres? —cuestionó Nanoha, colocándose entre el hombre y el niño, lo hizo como un acto reflejo, no supo porque sintió que le correspondía protegerlo.

—Yo… nosotros somos viajeros, vamos al oeste —respondió el hombre señalando al niño y llevándose una mano a la nuca —mi nombre es… Y… Yohn, si me llamo Yohn, y ella es Vivio.

Para Nanoha no pasó desapercibida la inseguridad en el sujeto, le parecía extraño que él no luciera tan andrajoso como la niña. Lentamente y sin darle la espalda se movió al costado de la niña y la miró fugazmente para no perder de vista al hombre. Era muy pequeña, tendría unos seis… quizá siete años.

—Vivio ¿vienes con este hombre? —quiso saber Nanoha

—Ella es hija mía… no habla —explicó Yohn ante la falta de respuesta de la niña—. Le gusta explorar y por eso paso todo el tiempo tras ella.

Nanoha sintió que le tiraban del vestido.

—¿Me das pan? —pidió la pequeña una vez que Nanoha había volteado a mirarla.

—Dijiste que no hablaba… —reclamó Nanoha —parece que lo hace y… muy bien.

—Quise decir que no habla con extraños… eso, que no habla con extraños… Anda Vivio dile a la señorita que soy tu padre.

—Él es mi padre —dijo la niña reclamando la atención de Nanoha— ¿Me vas a dar pan ahora?

Ante la afirmación de la niña, Nanoha se relajó un poco y se inclinó frente a ella para observarla mejor. El rostro de la pequeña estaba famélico y los labios resecos.

—Mi nombre es Nanoha, Takamachi Nanoha… ¿Tienes hambre verdad? —Ante su pregunta la pequeña asintió enérgicamente y Nanoha le lanzó una mirada desaprobatoria al hombre.

—Es un honor, Nanoha… No nos ha ido muy bien, nos asaltaron… de pura suerte seguimos vivos. Hace semanas que no tenemos un centavo… y tampoco soy bueno cazando, hemos sobrevivido gracias a la caridad de la buena gente que encontramos en el camino. —John se justificó… parecía sincero; sin embargo Nanoha no confiaba en alguien tan fácilmente.

—¿Me vas a dar pan? —volvió a insistir Vivio que seguía tirando del vestido de nanoha cada vez que dejaba de mirarla.

—Te daré pan y sopa después de bañarte —dijo Nanoha sonriendo haciendo un guiño.

La pequeña se tensó ante la mención del baño, evidentemente no le gustaba. Nanoha ni siquiera quiso adivinar desde cuando haría que Vivio no se lavaba siquiera la cara.

—Mira, —Nanoha señaló— allá arriba se está horneando un pan delicioso, aun no puedes comerlo porque hay que esperar que salga del horno y después a que enfrié, silo comes caliente te hará mal; pero en cuanto terminemos de bañarte estará listo… ahora, para que veas que no soy tan mala, te daré un poco de sopa… ¿estás de acuerdo?

Vivio frunció el ceño y arrugó la nariz mostrando su descuerdo; sin embargo, se quedó evaluando la propuesta.

—Está bien; pero me darás una pieza grande completa… nada más para mí. —dijo Vivio haciendo un ademan extendiendo los brazos.

A Nanoha ese gesto le pareció divertido. Luego le ofreció la mano a Vivio para llevarla, la niña pensó un momento dudando en tomar la mano que se le ofrecía, entonces Nanoha se inclinó poniendo una rodilla en el suelo para quedar a la altura de la pequeña.

—Vivio, haces bien en desconfiar de los extraños —dijo Nanoha brindándole una sonrisa sincera, Vivio tenía toda su atención puesta en ella—. No pasa nada si no quieres tomar mi mano. Por ahora solo tenemos un trato, después… si tú lo quieres, quizá podamos ser a amigas.

Vivio asintió, tenía una expresión seria, pero también triste pensó Nanoha. Podía ver en sus ojos que había sufrido. Nanoha hubiera querido saber que había pasado en la vida Vivio. Miro a Yohn buscando en su rostro alguna respuesta… en el rostro reflexivo del hombre solo habían más preguntas.

Nanoha se percató que Vivio la esperaba, el gesto en su rostro era de impaciencia, recordó que la niña tenía hambre.

—¿Vamos? — Invitó, ambos asintieron.

Esta vez Vivio no dudo en seguirla. Camino al campamento Yohn le conto algunas cosas, que Vivio tenía ocho años, muy pequeña de tamaño para su edad, pensó Nanoha; además que llevaban días sin comer y que pudieron percibir el olor a comida y pan recién horneado desde muy lejos, fue cuando Vivio echó. El la siguió como pudo, pero le ayudó más el olor. Yohn no esperaba encontrar a la caravana acampando allí.

Cuando llegaron al campamento todos miraban con curiosidad a los invitados de Nanoha, ella explicó a unos cuantos que se trataba de viajeros y que les había ofrecido de comer. En la caravana siempre eran bienvenidos los visitantes, se les recibía con comida y bebida. Cuando explico que les prometió un plato con sopa, alguien quiso ir hasta la cañada con dos cuencos para traerles sopa de un día, como se trataba de visitantes no se las negaron. Cuando Nanoha pidió a una familia intercambiar algunas piezas de pan por un vestido para Vivio, se negaron a recibir nada e insistieron en obsequiar la prenda a la pequeña.

Nanoha esperaba que Yohn quisiera bañar a su hija, pero en cuanto todo estuvo listo él se apartó, entones Nanoha lo hizo, durante el baño Vivio permaneció tensa y con los ojos cerrados, muy apretados; Nanoha se cuidó de preguntar la razón del parche en el ojo izquierdo, probablemente no era un tema agradable para la niña. Poco a poco los rasgos de la pequeña comenzaron a descubrirse, el cabello era rubio y su piel clara, aunque algo quemada por el sol.

Más tarde cuando se reunieron todos para comer la sopa de un día, Nanoha mostró a Vivio la forma correcta de hacerlo: le dio una hogaza de pan redonda, luego le hizo hoyo al centro, extrajo el migajón poniéndolo a un lado de la escudilla y después hicieron fila para que les sirvieran la sopa en el pan.

Cuando estaba oscureciendo el ambiente se animó comenzaron a servir cerveza, tan mala como siempre, y la música comenzó a escucharse; se dejaron oír las carcajadas y cantos. Esa noche Nanoha no bailo, no cantó, ni bebió; se quedó apartada mirando a alguien que miraba a los demás con expresión seria, algo ausente… Vivio.

Yohn había pedido permiso a los líderes de la caravana para andar junto a ellos, en su trayecto hacia el oeste, cuando la caravana se dirigiera al sur se separarían; se lo concedieron con la condición de que colaborara en cualquier tarea durante su permanencia con ello.

Días después Nanoha supo el motivo de la tristeza de Vivio, se enteró por Yohn que la madre Vivio había muerto antes de iniciar el viaje. Poco a poco la niña se había vuelto más amistosa con ella, aunque seguía sin hablar mucho y solo respondía con monosílabos a lo que se le preguntaba. Un día cuando despertó se encontró con la niña durmiendo en su cama y abrazada a ella, ese acto la conmovió de una forma que no conocía, pero la hizo feliz sin saber explicárselo. Desde entonces y sin cuestionar nada Vivio durmió con ella. Cuando se pusieron en marcha Vivio andaba con ella cuando caminaba y subía al carromato con ella. Más de uno le decía que lo hacía excelente de Madre.

Un día, cuando acampaban en un prado, Nanoha no pudo zafarse de entrenar con Miyuki, pensaba que dejarían de insistir con eso después de anunciar su matrimonio; sin embargo, al parecer eso no cambiaba nada para su hermana.

—¿No pretenderás que por casarte ya no será necesario que sepas empuñar una espada?

—Pues siendo realistas… no veo para que la usaría… hasta los bandidos nos ignoran —dijo Nanoha con un toque de sarcasmo.

—¿Cómo puedes decir eso? —cuestionó Miyuki con gravedad y Nanoha se encogió de hombros—. ¿Olvidas las razones por las rozones por las que las mujeres de las caravanas empezamos a empuñar armas?... no puedo creer que hayas olvidado que cuando nuestra gente fue expulsada los bandidos cayeron sobre ellos como buitres… y a la mujeres no solo las ultrajaban… después las abrían en canal para buscar entre sus tripas las joyas que pensaban que se habían tragado para esconderlas. Desde entonces debimos aprender a pelear… para defendernos.

Nanoha recordó las palabras de Hayate cuando dijo que mucha gente tenía joyas de los infieles, ella incluso. Se preguntó si sería verdad que la castaña tuviera joyas de su pueblo y la forma las habría obtenido su familia.

Luego, recordó que Vivio la estaba siguiendo, últimamente seguía a Nanoha para todos lados. Miró a la pequeña que estaba justo en medio de ella y su hermana, su único ojo miraba fijamente a ninguna parte y Nanoha pudo reconocer la furia en su rostro.

—Deberías ser más cuidadosa —recomendó Nanoha a su hermana, luego se inclinó poniendo una rodilla en el suelo —Vivio, no hay porque temer ahora estamos a salvo…

Nanoha no sabía que decir… no conocía realmente la historia de Vivio, eso la desesperaba, temía preguntarle a la pequeña porque quizá le recordaría algo muy desagradable y sabía que muy probablemente Yohn no le contaría la verdad. Entonces Vivio la desconcertó más, la tomó por sorpresa y le quitó la espada que Miyuki le acababa de dar.

—Parece que alguien quiere aprender a blandir una espada —observó Miyuki—. Nanoha ¿Qué tal te va tener una discípula?... te falta por aprender, pero serás capaz de enseñarle lo básico.

A partir de ese día Nanoha comenzó a enseñar a Vivio bajo la supervisión de Miyuki. No lograban mucho avance porque la niña no tenía la fuerza suficiente… Nanoha pensaba que si lograba que aprendiera a sostener una pequeña daga sin cansarse sería un gran avance.

Un día en que Vivio había accedido a ir a jugar con los niños, Nanoha se encontró a John descansando sobre las raíces de un viejo roble, estaba solo y meditabundo.

—Deberías ser más precavido… —dijo Nanoha, luego se sentó a su lado, él la miró extrañado—. Para mi es obvio que Vivio no es tu hija —agregó—. No puedo negar que se parecen en el físico; pero el trato es como si solo fueran dos conocidos… los demás no tardarán en sospechar…

Yohn meditó las palabras de Nanoha.

—Yo… es como dices. —Yohn se frotó la cara como si quisiera quitarse algo muy pesado de ella—. Cuando la encontré estaba en el bosque al lado de su madre moribunda agonizante… antes de morir me hizo prometerle que llevaría a Vivio a Puesta Oeste con familiares de ella… dijo que corría un gran peligro si seguía en Marcaeste, que tenía que ocultarla. No tuve mucho tiempo para pensar… hice la promesa. Luego sepulté a su madre… cubrí su ojo izquierdo… es color rojizo, los ojos de su madre eran iguales, uno rojo y el otro verde. Pensé que si la gente veía que teníamos el cabello y ojos del mismo color creerían que de verdad era hija mía… antes no hablaba, ni siquiera conmigo… cuando te encontramos fuer la primera vez que la escuché hablar.

Nanoha estaba sorprendida por la repentina confesión. Yohn emitió un largo suspiro, como liberándose de un gran peso.

—¿Por qué no acudiste a la autoridad?

—Yuuno… mi verdadero nombre es Yuuno.

—Yuuno ¿Por qué no pediste ayuda? —Volvió a insistir Nanoha.

—La madre de Vivio insistió en que no lo hiciera… era precisamente de la autoridad de quien se ocultaban… me dijo que corría un gran peligro si la encontraban… Lo prometí y luego ella murió, una promesa hecha a alguien que murió debe cumplirse.

Yuuno parecía muy agotado, como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros. Nanoho lo miraba fijamente mientras en su cabeza trataba de comprender lo que el hombre acababa de confiarle.

—No diré nada… pero… ¿qué es lo que vas a hacer para cumplir esa promesa?

—Si permanezco más tiempo con ustedes podría meterlos en un problema… las caravanas de uminaris deben permanecer al margen de los conflictos de cualquier país. Nadie puede enterarse que dieron refugio a unos fugitivos —explicó Yuuno un poco más tranquilo y con más aplomo—. Cuando lleguemos a Llanomedio ustedes seguirán al oeste, nosotros iremos al sur, he pensado que debemos viajar por mar… haremos menos tiempo… y si nos han estado siguiendo no sabrán que nuestro verdadero destino es Puesta Oeste.

—Te ayudaré… no es mucho pero voy a darte todo mi dinero, con eso puedes conseguir los pasajes en barco hasta algún puerto de Puesta Oeste —ofreció Nanoha—... Admiro lo que estás haciendo.

—Ojalá fuera el más adecuado para esto, pero no cesaré de intentarlo —prometió Yuuno.

Faltaban pocos días de camino para llegar a Llano medio, Nanoha sabía que el momento de despedirse de Vivio y Yuuno estaba muy próximo, se sintió embargada por un sentimiento de tristeza. Le preocupaba el destino de Vivio, pero que podía hacer además de la oferta que ya había hecho a Yuuno.

-xXx-

Era una noche sin luna, la oscuridad cobijaba todo el paisaje, algunas luciérnagas emitían un rebelde, aunque fugaz destello… las ilusas querían imitar a las estrellas, fracasaban totalmente, pero había que reconocerles que no dejaban de intentarlo. Para Fate y sus acompañantes había sido agradable dejar el clima helado de Vallenorte y Marcaeste… en estos lares el invierno era más bondadoso, podían acampar a descubierto y ahorrar el tiempo que gastaban en montar tiendas.

Fate buscó un lugar apartado, portaba en su mano derecha el fuete. La noche era tan oscura, que bastaban unos cuantos pasos para ocultarse de los demás, pero Fate fue más allá, hasta el cobijo de un soto de encinas. Se postró de rodillas, encogió los brazos, unió las manos con los dedos entrelazados dejándolas sobre el pecho y recitó una oración en voz baja. Una vez que concluyó desató el cordón del habito, después hizo lo propio con la camisa que llevaba abajo, descubrió su espalda; aguardó un momento para meditar.

Había pasado días complicados. Estaba tras un desertor que parecía que se lo había tragado la tierra, pero estaba convencida que encontrarlo era cuestión de tiempo. Llevaba casi mes y medio moviéndose por todo el este del continente, y había estado dos meses en el norte, eso la desesperaba… A veces, cuando pasaba tanto tiempo fuera con Teana como su compañía más cercana, venían a ella ciertos pensamientos inspirados por las amenazas hechas por Teana cuando la conoció. Esta vez esos pensamientos estaban acompañados de un deseo desesperado por tocar su intimidad, se sentía tan frustrada que sucumbió cuando por la mañana se aseaba en un arroyo. No era que deseara el contacto de la cobriza… era que no podía evitar recordar sus propuestas lo que la ponía así.

Había pecado gravemente… sentía tanta vergüenza por sus pensamientos y su proceder que solo había una forma de limpiar su alma… y su cuerpo.

Fate aspiró profundamente, aseguró el fuete arremetió pasándolo sobre su hombro izquierdo y asestando en la espalda un fuerte golpe. En su mente repetía las palabras de su madre una y otra vez "debemos someter la voluntad de la carne". Inhalo profundamente volvió a asegurar el látigo y asesto un golpe más, pasando el brazo sobre su hombro derecho, con el impacto se estremeció de dolor… Comenzaba a funcionar, pronto esa sensación, ese intenso dolor sería lo único que ocuparía su cuerpo… y su mente.

Los siguientes días Fate se sentía más centrada en su misión, todo lo hecho anteriormente no había en vano, por lo menos ahora tenía un área delimitada, aunque grande, donde estaba segura que podía estar el desertor. Ojalá y tuviera más información, no sabía qué era lo que hacía a este desertor tan importante, regularmente la iglesia solo se ocupaba de los que ocasionaban problemas; los que desaparecían sin más los ignoraba… Fate estaba segura que la clave estaba en quien lo acompañaba. Shari había logrado obtener toda la información con la que contaba la iglesia del desertor, pero de su acompañante no conocían ni el nombre.

Después de que Fate y su grupo se internaron furtivamente en Marcaeste logró averiguar que el desertor huyó en dirección al oeste, después al sur… Era poco probable que después fuera al este, Fate estaba segura que no buscaría ir hacia las montañas… solo quedaba ir al sur y al oeste. Aunque era muy cuidadoso de no pasar por pueblos y no andar por caminos principales para no dejar rastro, aun así tenían que alimentarse. Fate se había centrado en las quejas de algunos granjeros acerca de que sus raciones habían sido robadas y también algunos viajeros les dieron referencias de haber visto a alguien parecido por este o tal lugar. Tres días antes Fate pensó que la fortuna había vuelto a estar de su lado, hacía tiempo que no encontraban rastro alguno, ni pasado ni reciente… como si hubieran desaparecido. Entonces en un templo uno de los fieles les contó que había visto a algunos viajeros, nadie parecido a los que buscaban, y que también se había encontrado con una caravana.

Fate averiguó los itinerarios de las caravanas que se movían por el sur del continente, había una en el oeste, viajando de norte a sur, y otra que viajaba del este al centro, venían de Bajoeste. Al parecer ambas caravanas se encontrarían en el pleno de la primavera en algún lugar al sur de Tierra jardín. Era una fortuna que tanto el gobierno como la iglesia estuvieran bien enterados del itinerario de viaje de las caravanas. El objetivo de Fate era la caravana que se movía de este a oeste… Y Después de tres días de viajar sin descanso por fin los tenía a la vista.

Fate se acercó galopando lentamente a la planicie donde se habían levantado las tiendas, su contacto con los infieles de las caravanas se limitaba a saludar con un gesto con la mano cada vez que se cruzaban, esta sería la primera vez que hablaría directamente con ellos. Los infieles no podían interferir con los asuntos de gobierno o de la iglesia… si sabían algo tenían que informárselo. En el mejor de los casos el desertor podría encontrase con ellos. Fate instruyó a Vice y los demás a que vigilaran desde zonas altas por si alguien como los que buscaban intentaba huir mientras ella y Teana hablaban con los líderes de la caravana.

Avanzó un poco por entre las tiendas, solo hasta donde le fue posible, no quería descabalgar por si tenía que moverse de prisa.

—¡Que la voluntad de Dios nos brinde un buen día a todos —saludó Fate con tono alto, quería ser escuchada por todos!

La mayoría parecían desconcertados ante la inesperada visita de unas monjas de habito negro montadas en caballos finos.

—¡Buen día! —al fin respondió un hombre mayor que se abría paso entre la gente que empezaba a congregarse frente a las visitantes.

—Nos disculpamos por irrumpir de esta manera… necesitamos de su ayuda —informó la rubia—. Buscamos a un hombre… Es alto, rubio, ojos verdes, no más de treinta años… lleva con él a una pequeña de ocho, rubia, tiene un ojo verde y el otro rojo... quizá esté haciendo pasar a la niña por niño… o a lo mejor encontró una forma de cubrir sus ojos o su cabello… ¿Nadie vio nada?

La gente frente a ella guardó silencio, sin embargo se miraban unos a otros expectantes. "Vieron algo" pensó Fate, tenía la certeza que el desertor anduvo con la caravana. Si hablaban era más fácil, si no… de todos modos lo encontraría solo tenía que conseguir ayuda del gobierno de Bajo este para registrarlos, si ya no estaba con ellos buscaría en los lugares donde pudo haberlos abandonado… Fate sabía que estaba cerca. La caravana se metería en un serio problema si elegían no colaborar.

—Eminencia, nos puede decir ¿por qué interesa a la iglesia ese hombre? —preguntó el mismo hombre, el único que había respondido a su saludo.

—Se trata de un monje desertor, su nombre es Yuuno, Yuuno Scrya; seguramente está usando otro, uno falso… estaba a cargo de una tarea en el este. Hace más de dos meses abandonó sus deberes y secuestró a la niña. La niña es huérfana su custodia pertenece a la iglesia y también la del hombre que la secuestró.

Un murmullo corrió entre los congregados, intentaban ponerse de acuerdo en que estaba bien informar a las monjas frente a ellos. Fate miró que varios hombres mayores se reunieron al centro intercambiaron palabras en voz muy baja. Fate esperó pacientemente.

—Ciertamente vimos a un hombre rubio acompañado de una niña, la presentó como su hija… no tenemos la certeza de que sea quien busca, eminencia —dijo un hombre de cabello negro que estaba al centro con los demás, debían ser los líderes de la caravana.

—¿Saben dónde se encuentran ahora? —preguntó Fate.

—Les brindamos nuestra hospitalidad, como lo hemos hecho con más viajeros. Nos acompañaron durante casi cuatro semanas; pero partieron por su cuenta hará unos cinco días… Ya no están entre nosotros, eminencia —remarcó el hombre.

Fate lamento no haber considerado las caravanas desde antes… una semana antes y Scrya ya hubiera estado en sus manos.

—¿Comentó con alguien a donde se dirigían? ¿Alguien vio que rumbo tomaron? —Preguntó Fate recorriendo con la mirada a todos —. Al norte… tal vez al sur —sugirió para animarlos a contestar.

—Yo hablé con el hombre justo antes que partiera—dijo una mujer de unos veinte, cabello cobrizo y ojos azules; que miraba a Fate directamente y sin rastro de duda en su voz.


N/A: ... bueno este apenas el segundo encuentro, y prometo que en adelante los encuentros entre la heroínas serán más continuos.

Nuevamente gracias por leer y como siempre son bienvenidos los comentarios, dudad o sugerencias (no discrimino)

Saludos