Hola… si recuerdan esta historia, pues les tengo una nueva entrega, sí, después de mucho, mucho tiempo (ya saben, si no la recuerdan se vale desde el principio, todavía es poco ;D ).
Disculpen por la tardanza, no era mi intención… solo que se me complico resolver algunas partes del capitulo, pues lo deje... hasta que ciertas personas hicieron campaña de presión para que terminara el capitulo.
panyam, vikavolk, Mizuki, pascualina, StEpHyGrOcK3107, scarlet Fate (es un honor), Mirx (tambien es un honor), y al lector anonimo gracias por leer, y sobretodo, gracias por sus comentarios, es muy agradable leerlos.
Una disculpa a Rainhard, por mi descuido al omitirte en el capítulo anterior, espero perdones mi distracción y continues leyendo.
No se si deba agradecer a las personas que me presionaron para que terminara (mizuki) este capitulo, pero igual les agradezco
Gracias a Valkyrie por usar la motivación adecuada ;D
Sin más aquí está el capitulo 5.
Disclaimer: Mahou shoujo lyrical Nanoha es propiedad de sus respectivos autores.
(Esta historia es ficticia y cualquier parecido con la realidad es una coincidencia)
Amor y éxtasis.
Capitulo 5
"¡Es tan hermosa que parece un ángel!"… Nanoha recordó las palabras que dijera aquel anciano al ver a la monja rubia en Ciudad Origen. Ahora estaba nuevamente frente a ella, en su campamento. La reconoció en cuanto la vio montada sobre el nervioso caballo negro… un caballo entrenado para pelear. Se trataba de la misma monja rubia de extraños y bellos ojos rojos. Al volver a verla corroboró la impresión que tuvo en la primera vez que la viera… que era hermosa. Nanoha detalló las facciones de su rostro, la boca, la nariz, las cejas, los ojos; todo en esa mujer era de una belleza extraordinaria, pese a ese gesto, demasiado serio, demasiado formal, y la severidad de la mirada; después se enfocó en el cuello y lo poco que dejaba ver el habito. No tenía duda que se trataba de una de las mujeres más bellas que había visto en sus recorridos por el continente… una monja de la Iglesia del Santo Rey.
Era raro que los monjes visitaran su caravana, la mayoría pasaban de largo cuando cruzaban con ellos en algún camino, otros pocos solo les brindaban un saludo y los menos, los amigables y bonachones, esos se atrevían a conversar con ellos y hasta aceptaban compartir sus alimentos. Sin embargo, si lo pensaba, era más raro que ella, perteneciendo a las caravanas, hubiera traspasado las murallas de Ciudad origen y lo había hecho… Al parecer Dios, el único que movía los hilos del destino, le devolvía aquel atrevimiento de esta manera.
A todas luces esta visita, y sobre todo estas monjas, eran diferentes en varios aspectos a los monjes que Nanoha hubiere visto antes, incluyendo a la misma Hayate que le había parecido bastante peculiar. Aunque vestían gastado habito negro y calzaban alpargatas su actitud no podía ser calificada de humilde y distaba de ser amistosa… más bien debía calificarse de autoritaria.
Nanoha estaba tan sorprendida como sus compañeros por la irrupción de las monjas, pero más aún por los motivos. Hasta donde había podido escuchar estaban buscando a Yuuno, y se referían a él como un monje desertor que había secuestrado a una niña; Vivio, adivinó Nanoha. En la confesión que Yuuno le hiciera casi una semana atrás no mencionó que fuera un monje, tampoco le dijo que escapaba de la iglesia. Nanoha rememoró las palabras que dijera el rubio, en ese momento parecía sincero, quizás no consideró importante decirle que era un monje porque ciertamente ya no lo era, entonces ya había desertado. Además Yuuno dijo estar dispuesto a cumplir con una promesa a costo de lo que fuera, pero… ¿Le habría mentido también respecto a eso?
Yuuno dijo que lo perseguía un gobierno del este, Marcaeste. Si no dijo que lo buscaba la iglesia fue porque, muy probablemente, él no lo sabía; no obstante… él pertenecía a la iglesia -tenía que saberlo-… Además, ahora la iglesia reclamaba la custodia de Vivio por ser huérfana. En su cabeza Nanoha repasaba tan aprisa como podía los eventos y también lo que Yuuno le confesara… Algunas conclusiones se formulaban mientras se mantenía atenta a lo que decía la monja frente a ellos.
—¿Comentó con alguien a donde se dirigían? ¿Alguien vio que rumbo tomaron? —Preguntó la monja recorriendo con la mirada a todos—. Al norte… tal vez al sur. —Apremió a responder.
—Yo hablé con el hombre antes que partiera —dijo Nanoha mirando a la monja directamente y sin vacilación en su voz.
Nanoha anduvo con pasos seguros emergiendo de entre sus compañeros hasta quedar frente a las monjas a corta distancia; el caballo de la rubia se movió inquieto, pero Nanoha permaneció inamovible. La monja acarició el cuello del caballo para calmarlo, ese simple gesto funcionó. Todos alrededor guardaron silencio y las visitantes miraron a Nanoha inquisitivamente.
—¿Te dijo a donde se dirigía? —la interrogó la monja cobriza que estaba un poco atrás de la rubia.
Nanoha escuchó la pregunta y permaneció mirando un instante más a la rubia, después se dirigió a quien la estaba cuestionando.
—Dijo que Iba al noreste. Nos abandonó cuando cruzamos Llano medio, tomo por la vereda que va a Lago largo —respondió Nanoha sin turbarse. Sintió la mirada de la rubia inspeccionándola, no solo escuchaba su respuesta, también estaba valorando el tono de su voz, sus gestos, su postura. Podía sentirlo claramente.
—¿Te dijo si iba a cruzar el lago? —preguntó ahora la rubia luego de valorar la respuesta.
—Eso no lo dijo… únicamente que iba al noroeste. —Nanoha pensó que si daba detalles más exactos concluirían que mentía. Lo que había dicho era lo suficientemente vago considerando que estaban en el sureste del continente. Por lo menos eso debía parecerle a la rubia que se llevó la mano derecha a al mentón en una actitud clara de reflexión—. Eminencia… aun así… puede que no sea quienes están buscando. —dijo Nanoha, mas enseguida se dio cuenta de lo inútil de su intento de sembrar la duda en las visitantes.
Las monjas parecieron no tomar en cuenta las dudas de la cobriza, quedaron en silencio, tal vez tratando de adivinar qué dirección tomaron Yuuno y Vivio una vez en la orilla del lago. Nanoha permaneció mirándolas fijamente, tratando de adivinar sus pensamientos.
—Eminencia, como hemos dicho, nos acompañaron un tiempo —intervino Kichiro, un hombre moreno más o menos de la edad del padre de Nanoha, era uno de los líderes de caravana, había sido hasta el momento el único que respondía al interrogatorio de las monjas—. Y como Nanoha dice —la señaló con un gesto con la mano—, tan pueden ser quienes están buscando como no.
—Eso lo corroboraremos nosotras mismas… es muy probable que sean quienes buscamos —respondió la rubia en voz alta y con tono tajante.
—Seguro que así será, eminencia.—Esta vez se escuchó la voz tranquila de Shirou Takamachi, que se abría paso entre la gente congregada y se colocó a la altura de Kichiro y Nanoha—. Como ya hemos dicho, nosotros solo les brindamos hospitalidad, igual que hacemos con la mayoría de los viajeros que nos lo piden. No teníamos conocimiento que pudiera tratarse de alguien proscrito por la iglesia… Les hemos dicho cuanto sabemos con la intención de que nuestra colaboración les sea satisfactoria.
Cuando Nanoha superó la sorpresa que provocara las palabras de su padre, comprendió que él les recordaba a las visitantes que solicitaban la ayuda de la caravana y no acusándolos de proteger proscritos.
—… Y estamos agradecidas —respondió la monja rubia algo turbada, más instada por las palabras de Shirou que por iniciativa propia—. Su colaboración es de gran valor para nuestra causa…
—En ese caso… —Shirou volvió a intervenir con el mismo tono tranquilo y cordial, con un gesto amable en el rostro—, ya que les hemos colaborado satisfactoriamente, sus eminencias considerarían tomar un descanso, el fin del día está próximo… y sobra decir que son bienvenidas a disfrutar de nuestra hospitalidad. Más aun, sería un honor para nosotros que nos acompañaran. —Sin duda la oferta sorprendió tanto a las monjas, que se movieron algo incomodas en sus monturas, como a los demás miembros de la caravana que se quedaron en silencio aguardando la respuesta.
—Nosotras… —respondió al fin la rubia un poco confundida por el ofrecimiento—. Agradecemos la invitación, lamentamos no poder aceptar… debemos continuar buscando. Si se trata de ellos nos llevan varios días de ventaja, no podemos perder tiempo.
Después del rechazo se hizo un tenso silencio que provocó que los caballos, presintiendo algún riesgo, comenzaron a moverse nerviosos listos para la carga.
—Si ese es el caso, es nuestro deseo que tengan próxima la fortuna de encontrarlos. —dijo Kichiro, y sus palabras aligeraron el ambiente.
—La voluntad de Dios Creador permitirá que así sea —declaró la rubia, luego acomodó las riendas en sus manos—. Y también les permita seguir su camino en paz.
La última sentencia parecía el anuncio de la retirada de las visitantes, igual lo tomaron como despedida.
—Que sea la voluntad de Dios —respondió Kichiro a la escueta despedida.
Ambas monjas hicieron girar sus monturas y avanzaron lentamente saliendo del campamento. El silencio permaneció por largo rato, y era tal, que aun podían oírse los cascos de los caballos cuando las monjas ya habían salido de la planicie del campamento.
Nanoha permaneció sin moverse, lo único que pudo hacer fue a seguir con la mirada a las monjas hasta que sus siluetas se perdieron en la arboleda. Por un momento se lamentó que no aceptaran la oferta, le habría gustado conversar con la rubia… estaba segura que si sonreía mostraría sus dientes blancos y alineados… con la belleza que poseía esa mujer no podían ser de otra manera. Sonrió débilmente con algo de frustración, no había forma que lograra ver una sonrisa en esa mujer; y casi al instante se reprendió por lo absurdo de sus pensamientos.
—Ellas se lo pierden —dijo Kichiro con tono divertido, su comentario hizo que Nanoha despertara de su ensimismamiento, él le guiñó un ojo con complicidad, luego soltó una carcajada y se alejó aun riendo.
Poco a poco los miembros de la caravana fueron recuperándose de la tensa confusión que les provocara la inesperada visita de las monjas. Algunos murmuraban tratando de explicar lo que acababa de ocurrir.
Nanoha sintió sobre ella algunas miradas, sus compañeros habrían notado la cercanía que tuvo con los visitantes, ahora calificados de proscritos, mientras viajaron con la caravana; seguramente más de uno se cuestionaba si la cobriza sabía más de lo que dijo a las monjas, aunque la mayoría prefirió retomar las conversaciones y quehaceres que realizaran antes de la interrupción de las monjas.
Nanoha optó por ignorar las miradas suspicaces y trató de mostrarse despreocupada. Lo más sensato era hacer como si no le importara, y así debía ser, por mucho interés que le despertara no era asunto suyo; sin embargo, en su interior, la invadía la curiosidad, no podía evitar sentirse inquieta por las circunstancias. Sus pensamientos se arremolinaban en torno la reciente visita de las monjas de la Iglesia del Santo Rey y la partida de Yuuno y Vivio. Sentía la necesidad de comprender la situación de Vivio y los reclamos de las monjas. Para ella, hasta ese día, Yuuno parecía ser un hombre honesto que, sin nada que lo obligará, había aceptado la misión de cuidar a una niña huérfana hasta reunirla con sus familiares para cumplir la promesa que hiciera a la madre de la niña, ahora muerta; Nanoha lo admiraba por eso. Y ahora se presentaban esas monjas diciendo que Vivio había sido secuestrada y que Yuuno era un desertor de la iglesia, perseguido como el criminal que debía ser si es que había secuestrado a la niña. Algo dentro de ella le hacía necesitar aclarar los sucesos. Instintivamente comenzó a andar lentamente rumbo a las tiendas de su familia; casi se había olvidado de la participación de su padre en el evento y hasta que él le habló.
—No debiste hacerlo…
Nanoha escuchó las palabras resonar en su cabeza, le resultaban ajenas, se repitieron algunas veces y luego fueron desvaneciéndose. Se sintió extrañamente aturdida. En ningún momento se había detenido a pensar en si debía o no hacer, si era conveniente o no hablar…
—Nanoha, ¿con qué propósito les dijiste eso?
La pregunta fue dicha con calma. Shirou había dejado desde hacía meses el tono de reprimenda cuando se dirigía a ella. Su marcha se hizo más lenta. Shirou ya caminaba a su lado.
Nanoha seguía absorta, tanto que al principio las palabras de su padre le resultaron ajenas. Luego las consideró.
—Yo… no creo que ellas tengan razón —respondió al fin, su voz y su mirada parecían ausentes.
Cuando Yuuno abandonó la caravana tuvo cuidado de hacerlo muy de madrugada, y aunque algunos ya estaban iniciando la faena del día, difícilmente hubieran notado la dirección que tomaron. La caravana había acampando en una llanura al lado del camino. Si se continuaba por el camino más adelante había una encrucijada: de frente se seguía rumbo a Tierra Jardín, la caravana continuaría en esa dirección; hacia el oeste a Lago largo; y hacia el sur, después de cruzar el bosque, estaba la costa de Bajo este. Los que los vieron marcharse no tuvieron forma de saber el rumbo que tomaron.
Sin embargo Shirou parecía saber que no fueron hacia lago largo, como dijera Nanoha a las monjas. Probablemente el mismo Yuuno le comentara sus planes de ir a la costa… o los vio mientras buscaba leña… quizá otros también los habían visto. Extrañamente, a Nanoha no le preocupaba que su padre y sus compañeros supieran que había mentido a las monjas sobre el paradero de los visitantes, al menos no tanto como la situación de Vivio y Yuuno.
—Hija, No importa lo que creas o no. Esto no es asunto tuyo. ¿Qué pasaría si se dan cuenta que, premeditadamente, les mentiste? —Shirou estaba convencido que Nanoha no era consciente de la gravedad de sus acciones.
—… ¿Cómo te diste cuenta?
—A ese, el tal Yuuno, y a Vivio… los vi tomar el camino rumbo al sur, cuando salí a buscar algo para cazar en el bosque… tal vez no fui el único que los vio —respondió Shirou reflexivo.
Su padre le hablaba con calma mientras seguían caminando, probablemente trataba que los demás no notaran la gravedad de su conversación, o porque ya no la reñía como meses atrás, antes de ser una mujer próxima a casarse; pero ella se sentía igual que siempre: insignificante.
—¿Y si Yuuno es inocente? ¿Y si realmente no secuestró a la niña? —inquirió Nanoha tratando de convencer a su padre, aunque su intento resultaba débil hasta para ella misma.
—¿Cómo puedes saberlo?
—Él me lo dijo, que había prometido a la madre de Vivio… justo antes que muriera llevarla con su familia. —Naoha trató de buscar la mirada de su padre mientras decía, pero él continuaba con la mirada fija hacia el frente, pudo notar el rostro tenso—. No la secuestró.
—¿Y si te mintió? —insistió Shirou tratando que su hija entendiera razón—, ¿qué será de la niña si te equivocas y realmente él la secuestró?... Ya lo oíste, es un moje desertor. Te estás convirtiendo en su cómplice… y nos arrastras contigo.
Hasta ese momento no había considerado la posibilidad de que Yuuno fuera el secuestrador que las monjas decían; y sobre todo, que su propósito fuera distinto de lo que le aseguró. Cuando las monjas lo acusaron, concluyó que la iglesia reclamaba la custodia de la niña, por ser huérfana, que la buscaban para llevarla a uno de esos lugares donde, según había escuchado, la iglesia recluía a los huérfanos. Mintió a las monjas sobre el paradero de Yuuno porque quería ayudarlo… Para Nanoha lo importante debía ser que Vivio pudiera llegar con sus familiares, como lo había pedido su madre antes de morir. Y también estaba aquello que dijera Yuuno, que en Marcaeste había huido de la autoridad.
Y Por primera vez pensó que había sido muy crédula y confiada… quizá debió haber dudado un poco, se dejó llevar por sus presentimientos. Pero Vivio no parecía huir de Yuuno, viajaba con él sin mostrarle temor. Y una vez más trató de convencerse que había hecho lo correcto.
—Vivio no se comportaba como si Yuuno la estuviera obligando a ir con él —dijo nanoha, pero parecía más una reflexión que una afirmación.
—Aun así, no es asunto nuestro, no debemos inmiscuirnos —recomendó Shiro, veía la confusión en la mirada algo extraviada de su hija, pensó que al fin conseguiría que comprendiera sus razones—. Nanoha, no hay nada que puedas hacer, lo mejor es que lo olvides.
Ahí estaba otra vez, las palabras de su padre le recordaban lo insignificante que en realidad era, qué más daba lo que pudiera creer si a fin de cuentas nada podía hacer, y a nadie le importaba. "Quizá valía tan poco su opinión que lo que dijera a las monjas no tendría consecuencia alguna" pensó y se esforzó por reprimir una sonrisa sarcástica que pugnaba por ser liberada.
Y muy probablemente sería así para ella por el resto de su vida. Se preguntó si realmente no era capaz de hacer nada por la gente que le interesaba.
—Tal vez tengas razón —Nanoha concedió a medias, luego suspiró, Shirou interpretó esa actitud como la aceptación de su error.
—¿Vamos a ayudar a tu madre a preparar la cena?
Nanoha asintió como respuesta a la invitación y con una sonrisa débil caminó tras su padre.
Mientras ayudaba a preparar la cena estuvo distraída, recordaba a Vivio y el apego efímero que le profesó; la niña parecía feliz a su lado, la seguía a todas partes mientras anduvo con la caravana y se esforzaba por aprender con ella a sostener una daga… Nanoha sonrió al recordar la expresión de seriedad y concentración de Vivio mientras le explicaba… Y al final no había ayudado gran cosa a la niña… era frustrante. Quería dejar de sentirse de esa manera, tan impotente… tan inútil. Mientras servía el guiso en escudillas que luego repartió a su padre y su madre, pensó en la posibilidad de hacer lo que deseaba "¿por qué no?" se repitió varias veces la pregunta antes de ir más allá, luego, cuando la resolución fue suficiente, la decisión fue tomada.
Cuando Shirou y Momoko miraban a su hija comer distraídamente lejos estaban de imaginar que en ese momento ideaba una forma de partir en busca de Vivio.
Horas después cuando, cuando pasaba de media noche, y Nanoha estuvo segura que sus padres dormían profundamente, con todo sigilo salió de la tienda. Era una noche fría y con luna. Anduvo hasta el carromato de sus padres, bajo éste busco un bolso que había ocultado horas antes sin que nadie se diera cuenta, sacó una capa gruesa de lana y se la puso lo más a prisa que pudo. Luego tomó una vieja silla de montar, se la echo al hombro, y se dirigió a las orillas del campamento donde estaban los improvisados establos, desató uno de los caballos de sus padres y lo guio a pie, con cautela, hasta el camino. Cuando creyó que estaba lo suficiente lejos, ensilló el caballo y monto sobre él.
Tenía algo de miedo, sentía culpa por dejar a los suyos de esa forma, pero pensaba que realmente no había otra manera, si les hubiera comunicado la decisión que había tomado seguramente la hubieran retenido. Y a medida que avanzaba cruzando el bosque una nueva sensación se apoderaba de ella "libertad" pensó, y por primera se sintió realmente feliz.
-O-
Esa mañana el frio se era un poco más intenso que en los días anteriores, una capa ligera capa de neblina se extendía sobre el bosque haciendo más blancos los rayos del incipiente sol matutino. Eso era lo más frio que podría ser el invierno en ese territorio al oeste de Bajo este. Fate y su comitiva recogían afanosamente el campamento que habían levantado al pie de una colina, a poca distancia del camino. El día anterior, después de su encuentro con la caravana, habían vuelto sobre el camino con dirección al este, hubiera preferido llegar a la encrucijada de Llano medio, pero tenían ya la noche encima, no tenía caso forzarse ellos y a sus monturas, confiaba que manteniendo un trote constante llegarían a la encrucijada de Lago largo antes de medio día.
Fate estaba lista para partir, pero debía esperar que los otros terminaran de empacar, no había prisa, al menos no como en los días anteriores, ahora tenían certeza de que estaban cerca, a unos cuantos días de distancia. Además tenían una referencia de la dirección que había tomado el desertor.
—Hermana Fate, estamos listos —avisó Teana, por un momento pareció que dudaba, luego se acercó más para quedar al lado de Fate que permanecía con la vista puesta en el camino —. Vice dice que durante su guardia, la primera de la madrugada, escuchó a un jinete andar por el camino, desde acá no alcanzo a verlo, cree que iba rumbo al este… pero no puede asegurarlo.
Fate consideró la información, ese era un camino transitado, pero de noche… era extraño para cualquier camino que alguien se aventurara…
—Quizá algún mensajero.
—Cuando lleguemos a Lago largo… tal vez deberíamos dividirnos, no sabemos si cruzaron el lago o lo bordearon —sugirió Teana.
—Esa mujer, la de la caravana, ¿piensas que nos dijo la verdad? —inquirió Fate, sin dejar de mirar al camino.
—Lo he pensado, pero no puedo asegurar que mintiera. Antes no había tratado con los infieles, es la primera vez que cruzo palabra con ellos, no niego que fueron cordiales.
Para Fate también era la primera vez, recordaba el encuentro con algo de confusión, había tantos detalles en que fijarse… las reacciones de la gente alrededor de ella, el silencio forzado. Pudo sentir y ver en sus miradas la curiosidad que les provocara su aparición, la confusión cuando les reveló los motivos de su visita. Lo más seguro era que para la mayoría de ellos fuera la primera que alguien como ellas los visitara… le pasaba igual que Teana, no podía estar segura de la verdadera postura de la caravana hacia la gente de la iglesia. Sin embargo, lo que vio y sintió si le dejó la certeza de algo: aquellos infieles le profesaban la misma confianza que ella a ellos.
Esa mujer, habló sin turbación alguna, Fate percibió su mirada, por momentos curiosa, por momentos penetrante. Estaba acostumbrada a que los demás dirigieran su atención en ella, pero a forma en que la miró esa mujer le había producido una extraña confusión.
Era poco lo que sabía de la gente de las caravanas, que profesaban el viejo culto, que practicaban el comercio. Su madre había dicho en alguna ocasión que verlos vagar por el continente les recordaba a todos que Ciudad Origen pertenecía al Santo rey y a su culto, y en otra, cuando alguien le preguntó el motivo por el que la gente de las caravanas estaban armados, La Suprema Santidad respondió que ayudaban a limpiar los caminos de bandidos.
—Aun si tuviéramos la certeza de que esa mujer nos dijo la verdad… el desertor pudo mentirle —dijo Fate, se giró para quedar frente a Teana —. Cuando lleguemos a la encrucijada, iras con Vice y alguien más rumbo a Lago largo, los demás irán conmigo a rumbo al sur, por el bosque.
Fate se dirigió a donde estaban los demás, la mayoría ya esperaban sobre sus monturas. Les dio indicaciones, Teana, Vice y Ben irían al oeste, si no encontraban rastro alguno de ellos en 12 días volverían a la abadía de Llano medio donde tenían que esperar las instrucciones de Fate, que por su parte iría rumbo al sur, cruzaría el bosque y luego llegaría hasta la costa.
-O-
Hayate daba por sentado que las carcajadas podían oírse hasta el final de pasillo detrás de la puerta; pero de sobra sabía que Karen Huckenbein no era una persona precisamente discreta cuando de su diversión se trataba.
—¿Y por qué es que no puedes superarlo? —cuestionó Karen, una bella mujer quizá dos años mayor de edad que Hayate, su largo cabello negro azulado le caía al frente en una trenza pasando por el hombro derecho, tenía la tez pálida, boca pequeña y ojos alegres de un azul muy oscuro; vestía una túnica negra de seda sin mangas.
—No es que no lo haya superado… —respondió Hayate defendiéndose. Se sumergió un poco más en la tina de baño en la que estaba, le gustaba la sensación del agua caliente cubriendo sus hombros, era reconfortante.
—Entonces… será que el poco entusiasmo de su eminencia se debe al clima frio del norte —afirmó Karen con evidente sarcasmo, se levanto del sillón que ocupaba frente a la tina y fue hasta un estante, y comenzó a buscar entre algunos frascos—. Es que su eminencia está mal acostumbrada a conseguir lo que quiere.
—Ya esperábamos la negativa de Marcaeste a aceptar la autonomía de las abadías… pero es una canallada que impongan impuestos sobre los diezmos… exigir que la iglesia pague impuestos por los diezmos, ya pagamos bastante por los derechos de propiedad —se quejó Hayate.
—Que atrevimiento de Leti… mira que no permitir que la iglesia haga su voluntad dentro de Marcaeste donde ella no es más que… la reina, poca cosa —dijo Karen fingiendo indignación.
Ante la falta de respuesta de Hayate, abandonó el estante y fue hacia la tina. Ofreció a la castaña una expresión seria, como pocas veces le veía cuando estaban a solas.
—Al menos conseguiste que aceptara el establecimiento de más abadías y… que sea la iglesia quien nombre al personal que las administrará, eso está bastante cerca de la autonomía —por primera vez las palabras abandonaron su boca sin rastro de burla—. Iré por unas esencias que ayudaran a que te sientas más tranquila.
Hayate vio a Karen abandonar la habitación y cerrar la puerta tras ella, miró alrededor como reconociendo por primera vez el lugar. Era una habitación pequeña con piso de mármol y paredes de piedra pulida blanca, la falta de cuadros o tapices brindaba la sensación de espacio y pulcritud, una chimenea que hacía el ambiente más confortable, y al costado una ventana alta y angosta permitía la entrada de luz; el mobiliario era escaso: la tina de madera de encimo al centro, dos sillones, una mesa entre ellos, y un estante pegado al muro donde se encontraban varios frasquitos, eran los aceites, ungüentos y esencias necesarias para la labor de limpieza y embellecimiento.
Cuando volvió a Ciudad Origen, luego de su visita a la corte de Marcaeste, acudió a informar a la Suprema Santidad de los acuerdos conseguidos. La indiferencia de Precia mostraba lo poco complacida que estaba con los resultados. Hayate se había esforzado en al menos conseguir que Leti Lawran, la reina, aceptara la construcción de más abadías e iglesias, y que la Suprema Santidad nombrara a los monjes y abades que las administraran, eso sin necesitar la aprobación o recomendaciones del gobierno de Marcaeste… pero resultaba poco a cambio de no tener autonomía y pagar impuestos sobre los diezmos. Incluso Hayate le veía como una derrota.
Después Hayate expuso algunas propuestas para lograr ganar terreno, y establecer la influencia de la iglesia pese a la falta de autonomía y recursos. La castaña pensaba que siempre había huecos legales donde moverse y más si era su gente quien estaba presente en Marcaeste, eso le daba un gran margen de maniobra, costaría más dinero, mucho más, pero la castaña se encargaría que de que cada céntimo invertido en ese país valiera la pena para la iglesia Al principio notó en Precia una mueca de molestia, luego desinterés. En cambio Carim Gracia, la gran canciller de Ciudad Origen, no pudo disimular su decepción, Hayate le reconoció el esfuerzo por mostrarse neutral; pero al final logró molestarla esa actitud de comprensión compasiva que le brindó la canciller. Sintió deseos de hacerle saber que se guardara su compasión, no le hacía falta.
A día siguiente salió rumbo a Valle norte, después de cinco días de viaje sin descanso se encontraba en Viento negro, una provincia al sur de Vallenorte. Los Huckenbein, una de las familias más influyentes de ese país, residían en esa región. Su morada era un castillo de piedra blanca, amurallado, que coronaba una colina. Desde hacía algunos años Hayate se había convertido en huésped distinguida de la cabeza de esa familia, Karen.
Necesitaba tiempo para pensar en una estrategia, decidió salir de Ciudad Origen para evitar presiones de cualquier tipo. Además la pasaba bastante bien en Viento negro a pesar del frio, estaban en pleno invierno, la nieve lo cubría todo alrededor. Pero dentro era cálido y confortable.
Esa misma tarde había llegado, en cuanto Karen la recibió tuvo el descuido de contarle los detalles de su visita a Leti Lawran, en cualquier momento lo haría, pero con el cansancio del viaje no era que estuviera del mejor humor para los comentarios de Karen.
Su anfitriona volvió a la habitación acompañada de tres criadas, dos portaban cubos de agua caliente, Hayate se movió a un lado para que sacaran agua con un cubo y otro cubo fuera vertido, el agua aun no se había enfriado, pero agradeció la atención. Una de las criadas sostenía una charola con varios frascos que Karen comenzó a verter en la tina, no sin antes oler el contenido, poco a poco la habitación se llenó de un agradable aroma, algo muy ligero pero perceptible. Antes de retirarse otra de las cridas sirvió en dos copas de plata un vino rosado, todo ante la supervisión de Karen, que con un gesto aprobó la acción, y luego le hizo una señal para que se marcharan.
—¿Verdad que es agradable? —preguntó Karen mientras tomaba una de las copas para ofrecerla a la castaña.
—Ciertamente, lo es —confirmó Hayate, inhaló profundamente y soltó el aire lentamente, comenzaba a sentirse más relajada.
—¿En todo el tiempo que permaneciste en Burgo alto pudiste ver a rey? —Hayate negó con la cabeza—. Entonces son ciertos los rumores… lo de que la caída del caballo lo volvió un bulto.
—Lo único que sé con certeza es que él ya no gobierna, lo hace Leti, sola, el consejo solo aprueba lo que ella decide— respondió Hayate, bebió un pequeño trago de la copa y la dejo en el borde de la tina, con cuidado.
—Quizá te hubiera ido mejor con él… sin embargo Marcaeste está mejor en las manos de Leti —Karen se acomodó en el sillón—. La iglesia y los otros países seremos los afectados, era fácil obtener negocios ventajosos de Griffith Lowran.
—¿Lo conociste? —preguntó la castaña, extrañamente era poco lo que sabía de ese personaje, la iglesia no tenía mucha presencia en su país, y no había tenido oportunidad de tratarlo. Karen asintió.
—Buen soldado, guapo, agradable, muy agradable… su pueblo lo quería, espero que siga siendo así. Sin embargo, puedo comprender la amargura de Leti.
Hayate ya lo sabía, lo de lo bienquerido que era el rey, fue parte de la información que obtuvo de los reyes antes de partir a Marcaeste, lo que despertaba su interés era el asunto de la amargura de Leti, quizá Karen podría decirle algo que le sirviera, le dirigió una mirada inquisitiva apremiandola a continuar.
—Él era… un mujeriego, además de ser el rey era atractivo, pocas mujeres lo rechazaban y esas que lo hacían… él encontraba el modo de seducirlas. Y si piensas que la pareja solo procreó un hijo… pues no creo que se ocupara mucho en la felicidad de la reina. Por lo demás… como rey tenía poca visión, si lo halagabas podías conseguir que te comprara lana a precio de oro. Hizo varias incursiones al este, cruzó las montañas para conquistar la estepa, lo intentó tres veces, las mismas que volvió derrotado. Nunca he comprendido la razón por la que es tan querido. Cuando estaba en su país les exprimía cada céntimo para pagar ejércitos, se iba dejándolos miserables y llevándose con él a su hombres: padres, maridos e hijos; y bastantes mujeres también. —Karen soltó una risilla y guiñó un ojo—. Leti se quedaba al mando, y es tan buena administradora que consiguió que no los consumiera la hambruna, ejecutó a un montón de ladrones para mantener el orden, y acabó con algunas rebeliones, pero luego volvió el marido e hizo lo mismo; y en cada ocasión la reina mantuvo, al menos, la paz y unidad del país… y mira las injusticias de la vida, Leti es la reina más odiada por su propio pueblo entre las reinas que hay en el continente. Mira que dios se ha mostrado bondadoso con la gente de Marcaeste al librarlos de Griffith y dejarlos en manos de Leti.
Karen esperó en silencio alguna respuesta de Hayate, que parecía meditar.
—¿Qué sabes de Griffith el joven? —cuestionó Hayate.
—Poco, no es del tipo que se hacen notar, según sé la relación familiar de Lowran es buena… pero el hombre no se deja ver mucho, es más del tipo pensador.
—Si Griffith padre muriera él sería rey —apuntó Hayate.
Karen se puso de pie y miró juguetonamente a su huésped.
—Cuando te conocí me diste la impresión que eras del tipo pensador.
—Y lo soy —confirmó Hayate, por primera vez en ese día sonrió.
—Lo eres, pero solo un poco —contradijo Karen.
Hayate recordó cuando conoció a Karen. Cual más le aconsejó ser precavida con la consejera del rey de Vallenorte. Karen aún era joven y ya gozaba de un gran prestigio. Era conocida por su habilidad y claridad de pensamiento para brindar consejo al rey que todavía era un niño y no contaba con ningún familiar que hiciera de regente, Karen estaba presente en cualquier decisión de gobierno.
En ese tiempo Hayate tenía 17 años, estaba en Puesta oeste, había una epidemia de malaria, colaboraba atendiendo a los enfermos; sonrió de pensar en el disgusto que ese acto le habría provocado a Carim, debió ser grande pues cuando la canciller se enteró la hizo llamar, Hayate no ignoró sus indicaciones y no abandonó Puesta oeste, entonces Carim hizo que la misma Precia le ordenara presentarse ante ella en Ciudad Origen. Ignorar a la canciller era un lujo que podía permitirse pero no podía desacatar el llamado de Precia, entonces volvió con desgano para que se le encomendara la tarea de hacer de emisaria en Vallenorte.
La misma Carim le advirtió de la astucia de Karen, y luego otros hicieron lo mismo, ms tanta precaución solo despertó su curiosidad. Cuando conoció a Karen reconoció que era tan astuta como decían; después de interminables negociaciones consiguió algunos acuerdos. Su relación se hizo cercana, tal vez porque pasaron mucho tiempo juntas, horas interminables de negociaciones, y mientras, para ambas era fácil conversar de muchas otras cosas.
—Pues cuando te vi por primera vez pensé que eras del tipo timador —dijo Hayate en tono juguetón.
—Pero con su eminencia siempre he sido honesta —se defendió Karen—, y para probarlo, ahora mismo, le ofreceré un acuerdo con términos muy ventajosos para su eminencia.
Karen se colocó justo frente a la castaña y deslizo su vestido por sus hombros dejándolos desnudos, luego la prenda resbaló hasta el suelo dejando a la morena completamente desnuda. Hayate no dejaba de ver el rostro de Karen, sabía que estaba desnuda, pero prefería mirar las promesas que le brindaban la mirada decidida y la sonrisa divertida de Karen.
—Ummm… encuentro los términos muy satisfactorias para ambas… partes, aceptaré el acuerdo —declaró Hayate con una gran sonrisa en los labios.
-O-
Nanoha guiaba su caballo lentamente por la calles de Garza-blanca, un pueblo al suroeste de Bajoeste, las calles eran de tierra y las casas, algunas eran de barro encalado y otras, las menos, de piedra. Era avanzada la tarde cuando llegó, y decidió indagar por el paradero de Yuuno entre la gente que andaba por la calle y los comerciantes, se ocuparía en eso al menos hasta que anocheciera, ya después, si no tenía suerte buscaría una posada.
Cuando dejó la caravana cabalgó toda la noche, lo hizo a trote tranquilo… no quería cansar al viejo y manso caballo de sus padres, el animal solo estaba acostumbrado a tirar del carromato a paso lento, por eso no quiso forzarlo. Se sintió segura mientras anduvo por el camino principal, ya en la encrucijada, cuando se internó en el camino del bosque, la acometió el miedo, a las bestias y asaltantes; eso, sumado a las dudas que la acometían con más frecuencia a medida que avanzaba la noche, la mantuvieron con angustia; sin embargo cuando por el oeste apareció el sol, volvió a albergar la sensación de seguridad y certeza. Volvió a sentirse segura, ligera y libre.
Durante el día avanzo trato de avanzar constantemente, luego anduvo con una familia de comerciantes, le comentaron que cuando salieran del bosque, cuando llegaran a Garza-blanca los caminos estarían amas transitados de comerciantes y viajeros que iban a la costa, a los puertos. La segunda noche consiguió un cuarto en una posada, la misma que usaron los comerciantes, al tercer día salieron del bosque y pasado el medio día avistaron Garza-blanca.
Recorrió completa la calle principal, preguntando a todo el que se le cruzara, algunos la ignoraban pero la mayoría le daban respuestas confusas. Por el pueblo, por ser de paso, a diario veían a más de cinco que se parecían a los que ella estaba buscando. Así, preguntando, había llegado a la salida del pueblo, vio un tenderete de pan bastante concurrido, ella traía provisiones suficientes, pero decidió probar suerte, se dirigía allí cuando una voz conocida la llamó.
—¡Nanoha! ¡Nanoha! —Era Vivio que al tiempo que la llamaba corría en su dirección, instintivamente Nanoha le ofreció los brazos para recibirla, la pequeña la abrazó y ella correspondió levantándola del suelo.
—¡Vivio! ¿te encuentras bien? —preguntó, luego que pudiera al fin examinar su rostro, lucía bastante bien, por su aspecto y su olor adivinaba que la niña no se había bañado desde que abandonara la caravana, también estaba un poco más delgada.
—Sí, estoy bien —respondió Vivio con evidente alegría.
—Vivio… —Yuuno apareció a espaldas de Nanoha, ella giró —Nanoha, que… ¿Qué haces aquí? —cuestionó Yuuno, en verdad estaba sorprendido.
Nanoha puso a Vivio en el suelo, medito un memento, no sabía cómo decirle a Yuuno lo que había pasado con las monjas.
—Yo… estaba preocupada por Vivio. —le ofreció la mano a la niña que no dudo en tomarla, luego miró a Yuuno y continuó—. Unas monjas llegaron a la caravana buscándote… buscándolos, te acusan se ser un monje desertor y quieren a Vivio.
Yuuno, se puso pálido al escuchar sus palabras, quedo en silencio, y parecía que su frente comenzaba a sudar copiosamente, se pasó la mano por el rostro, luego la volvió a pasar por el mentón. Yuno se veía notablemente confundido, Nanoha seguía mirándolo con atención.
—Sí, era monje de la iglesia del santo rey, estaba en un lugar allá en Marcaeste, tan lejano, recóndito, que pensé que ni siquiera notarían que ya no estaba allá. Pero, la gente Marcaeste, esos de los que la madre de Vivio la ocultaba. Ellos debieron denunciarnos, pero aun así… no me lo explico.
—Los acompañaré para asegurarme que Vivio llegará sana y salva con sus familiares —dijo Nanoha, en su mirada se veía determinación.
—¡Siiiii! —exclamo la pequeña.
Yuuno vio alrededor, estaban frente al tenderete de pan, había mucha gente cerca de ellos.
—Que les parece si nos ponemos en marcha ahora mismo —ofreció Yuuno invitándolas a caminar—. Te contaré todo lo que se más tarde. —Hizo una mueca, Nanoha comprendió que él no quería arriesgarse a que alguien les escuchara.
Yuuno le contó a Nanoha que estaban a punto de partir, aprovechaban que una familia que comerciaba lana saldría del pueblo esa misma tarde. Nanoha lo encontró conveniente. Cuando iniciaron el viaje, cargaron todas sus pertenencias a la grupa del caballo de Nanoha, los demás andarían a pie, pero seguramente Vivio montaría a ratos.
A Nanoha le gustaba esa sensación… saberse capaz de proteger a alguien, de hacer algo trascendente. Y mientras iniciaban el viaje se hizo la promesa de mantener a salvo a la niña.
-O-
Los días anteriores Fate había galopado casi sin descanso, no obstante se había detenido en cada poblado, sin importar lo desierto que pudiera lucir, para preguntar a los habitantes por Scrya. No consiguió que le dijeran algo relevante. A pesar de la nula información estaba convencida que iban rumbo a la costa, desde algún puerto podría llegar a cualquier lugar del continente. Tenía que atraparlos antes que tuvieran la oportunidad de embarcarse. Ojalá y pudiera saber más de Scrya… o de la niña, tendría alguna oportunidad de averiguar a donde se dirigían.
No tardaría en alcanzarlos, estaba convencida que iban a pie, ¿qué tan rápido podía andar una niña?... esa era su apuesta, con los caballos les era fácil cubrir más terreno.
Después que abandonó el bosque era frecuente encontrar comerciantes que viajaban a los puertos del sur a embarcar sus mercancías. Fate supuso que Scya intentaría lo mismo que con la caravana y buscaría viajar andando junto a los comerciantes. A partir de entonces había revisado entre los viajeros, incluso inspeccionó algunos carromatos; algunos se mostraron descontentos, ella solo ignoró sus quejas.
Pasaba el medio día cuando cruzaron un poblado, Garza-blanca, cada quien indagó por separado en los comercios y posadas, No los encontraron. Fate quiso ponerse en marcha enseguida.
Aun quedaban casi dos horas antes que la noche cayera cuando frente a ellos vieron a un grupo como de 15 personas, llevaban carromatos tirados por mulas, unas lonas no permitían saber que era lo que transportaban.
Fate se acercó trotando lentamente, avanzo por el bordé derecho del camino, uno de sus hombres la siguió, el otro avanzo por el borde izquierdo, mientras avanzaba trataba miraba con atención a cada persona. El que iba a la cabeza del grupo, los identifico y detuvo la marcha.
—¡Dios bendice nuestra jornada con su presencia! —saludó el hombre.
—¡Dios ya nos ha bendecido a todos! —respondió Fate.
Recorrió con la mirada al grupo, hacía frio y la mayoría cubría su cabeza con la capucha de sus capas con sombreros de punto, algunos también se cubrían la boca y la nariz.
Un hombre dijo algo, Fate no le prestó atención, miro a una niña que se esforzaba en cubrirse el rostro, y Fate avanzo hacia ella.
Nuevamente gracias por leer y como siempre son bienvenidos los comentarios, dudas o sugerencias (aqui no se discrimina)
Saludos
