Capítulo 49: Seres de luz
Lara ha muerto.
Lo dijo con voz mortecina, sin apenas mover los labios. Se había reclinado contra la pared de roca porque no podía más. Frente a él, Maddalena se retorció las manos y dijo:
¡Dios mío! No será verdad.
Kurtis alzó lentamente la cabeza. Tenía los labios amoratados. Junto con el rostro impregnado de sangre viva y seca, tenía un aspecto totalmente siniestro.
Ojalá no fuera verdad.- murmuró. – Sabía que le harían eso. Nada menos que eso.
Así son las cosas, Guerrero, dijo con tristeza Loanna, a quien sólo él podía ver, A las mujeres que somos fuertes nos someten así. Demonios, humanos, la ironía reside en que, a la larga, todos son iguales. No desfallezcas ahora. Hiciste una promesa.
Le he fallado.- murmuró él de nuevo, con inexpresividad forzada – Quiero que sepas lo que le han hecho, Giulia, para que sepas lo que te espera. Ésta es la Senda Amarga.
¡No! – dijo Maddalena – Ya verás como todo va a salir bien. Saldremos de ésta.
Si la hubieran torturado tan sólo, no dudo que hubiera resistido. Era muy fuerte. Pero no estaba preparada para la humillación. La violaron como si fuera una muñeca de juguete. Luego, la abrieron en canal y le arrancaron…
¡Calla, por el amor de Dios! – la pelirroja se abalanzó y le tapó la boca - ¡Santa Virgen! ¡Estás ardiendo! Sin duda estás delirando. Estás herido, cansado, tienes fiebre… es normal, es normal. Debes descansar. Ya verás como todo se arregla, dejarás de ver fantasmas, de tener malas visiones, falsas visiones…
Ya no hay tiempo para eso, reflexionó Loanna, Nada es más cruel que la realidad.
No tenía fuerzas. Se derrumbó en el suelo, temblando. No tenía ya ojos para llorarla, pero la lloraba de todos modos con unos sollozos roncos nacidos de lo más profundo de su ser. Se llevó las manos al rostro destruido.
Le he fallado.- repitió obsesivamente, mientras la sangre seguía deslizándose entre las rendijas de los dedos – Sólo traté de protegerla, y he fracasado.
¡No es cierto!
Sólo fracasarás si te quedas inactivo. ¡Levántate!, la voz de Loanna era ahora severa, ¡No avergüences a tu compañera! Ella ha muerto por darte una oportunidad. ¡Lilith se ha alzado, alimentada con la sangre de tu hijo! Pero ni aún ahora estás solo. ¡Levántate, o fracasarás!
Ánimo.- Maddalena le aferró las manos – No podemos quedarnos aquí. Hay que seguir adelante. Quizá estés equivocado y ella no esté…
Una luz brillante la cegó. Dio un grito de dolor y se tapó los ojos. Incluso Kurtis, que veía gracias al Don, captó aquella iriscente y poderosa claridad. Tres formas luminosas empezaron a tomar forma ante ellos. Loanna fue la primera en reaccionar. Avanzó unos cuantos pasos y se inclinó en señal de respeto.
La luz fue difuminándose hasta dar forma a tres figuras altas y esbeltas, tres seres hechos de luz, alineados uno junto al otro. Sus cuerpos eran de hombre y estaban desnudos, pero unas enormes alas, luminosas también y casi transparentes, les brotaban de la espalda hasta sobresalirles por encima de la cabeza y extenderse ampliamente. Al principio no captaron sus rostros, que eran puras manchas de luz.
Salve a vosotros, oh Venerables, oh Antiguos, saludó Loanna llevándose las manos a los labios y después a la frente.
Por fin podían verlos con claridad. Maddalena se desplomó de rodillas, temblorosa, boquiabierta, y hundió los dedos en el hombro de Kurtis.
Oh Dios mío, no puede ser verdad.
Eran tres ángeles, altos, espléndidos y sobrecogedores. Sus cuerpos, aunque desnudos, no presentaban el menor rastro de vello, pliegue o imperfección alguna, eran como estatuas de mármol, como antiguos dioses y héroes griegos de canónica perfección. Y aún así, resultaban distintos pese a lo similares que eral, pues el ángel del centro, daba impresión de fornido y poderoso, el de la derecha, ágil y vital, mientra que el de la izquierda tenía formas más suaves, como de adolescente. La belleza de sus rostros era sobrecogedora. Jamás habían contemplado hermosura semejante, ni la perfección de los rasgos de Betsabé era comparable con el esplendor de aquellos rostros y la fuerza de sus miradas.
Con el corazón palpitante, Maddalena advirtió que el ángel del centro empuñaba una espada de plata, el de la derecha, una vara como la que usaban los peregrinos, pero también de plata, y el de la izquierda simplemente sostenía con languidez una pluma y un pergamino que desenrollado casi tocaba el suelo. Fue éste ángel, de aspecto juvenil, quien tomó la palabra, usando una voz múltiple e indefinida, que era a la vez joven y vieja, de hombre y de mujer, y que sonaba como mil voces al unísono:
Que la paz esté con vosotros, incluso en momentos como éste. También contigo, Giulia la siciliana, pese a los demonios que te atormentan. Recibiste una educación cristiana y por eso nos reconoces. En efecto, nosotros somos los Tres Arcángeles, siervos del Padre. Yo soy Gabriel, el Mensajero, y éstos son Miguel, el Guerrero, y Rafael, el Guía. Hemos acudido porque ella nos llamó al morir.
… al morir…, repitió el eco de sus múltiples voces.
Kurtis alzó lentamente el rostro al oír aquello.
¿Os llamó Lara?
Así es, respondió Gabriel con dulzura, mirando tristemente al hombre, Venimos en tu ayuda, Hijo de la Luz, porque la oscuridad es demasiado fuerte ahora y tus fuerzas flaquean.
… flaquean…
Miguel dio un paso adelante. Pese a su belleza, su expresión severa y el ceño fruncido le daban un aspecto terrible. Llevaba una larga cabellera rubia y los ojos claros como el agua de manantial. Alzó la espada de plata y tocó con su punta la barbilla de Kurtis, haciéndolo alzar la cabeza ciega. En su actitud había cierta agresividad y fascinante desdén. Maddalena le rodeó los hombros, protectora, asustada ante la actitud del ángel.
No es más que un pobre mortal, su voz, a diferencia de la de Gabriel, era una amalgama de voces profundas y potentes, No tuvo fe en su corazón y tuvo que sacrificar su vista para poder ver de verdad. Es lamentable.
… lamentable…
Entonces intervino Rafael. Sus voces eran más didácticas y prosaicas:
Los ojos del cuerpo nada valen, se ve con el corazón. Dinos, joven mortal, ¿qué es lo que quieres de nosotros?
… nosotros…
Kurtis farfulló:
Yo no quiero nada. Lara os llamó. Haced lo que ella quisiera.
Miguel retiró la espada, para alivio de Maddalena. Gabriel sonrió.
Pero ella nos mandó a ti. Dijo que tú responderías, lo dijo con su último aliento. Ahora eres el que queda.
… el que queda…
En ese momento, la fascinada Maddalena extendió un brazo hacia el joven ángel y trató de tocarle la pierna, pero no notó nada, ni frío ni calor, ni roce alguno. Gabriel volvió a sonreír:
Lo siento, pequeña Giulia, pero no somos corpóreos, no puedes tocarnos.
…tocarnos…
Kurtis respondió con acritud.
Lara ha muerto. Todo lo demás me trae sin cuidado. Vosotros sois ángeles. Sabréis qué hacer.
Miguel frunció el ceño.
¿Y tú eres el que había de venir, el poderoso Guerrero de la Luz? Más bien eres un cobarde. La Gran Ramera acaba de despertar y tú sólo te lamentas y avergüenzas a tu compañera, que al menos tuvo valor hasta la muerte.
… muerte…
Loanna se adelantó y colocó su mano en el hombro de Kurtis, contacto que él sí podía notar aunque tampoco era corpórea.
Oh Venerable, Santo Miguel, apiádate. Eres un ser divino y no conoces el dolor humano, ni los estragos que causa en nuestros débiles corazones. Os suplico que lo ayudéis, pues os lo pidió la Amazona, a quien ya atendisteis en el pasado, cuando invocó vuestro Oráculo.
Rafael se inclinó y escrutó el rostro de Kurtis. Luego sacudió la cabeza y murmuró:
¡Lleva la muerte escrita en él!
… en él…
Kurtis sonrió con amargura.
Bien, eso son buenas noticias.
No hay tiempo que perder, dictaminó Miguel, irguiéndose, Hablaré con Samael.
… Samael…
El eco multitudinario retumbó arrastrando consigo el temido nombre. Maddalena vio estremecerse al joven Gabriel y clavar en su compañero sus atemorizados ojos.
Hermano, el Padre no te ha dado autorización para ello.
… para ello…
Debo hablar con él, la expresión de Miguel era resuelta, No te preocupes, pequeño, ya le vencí una vez, puedo volver a hacerlo, y al decir esto aferró con fuerza el pomo de su espada. Y si fracaso, que el Padre me castigue.
… me castigue…
No parecía que ser alguno en el universo pudiera castigar a aquella poderosa y esplendorosa criatura. Maddalena no podía apartar sus ojos de ellos, gruesas lágrimas le corrían por las mejillas. Ahora un aura rojiza rodeaba a Miguel, quien alzó la espada y desplegó sus alas.
Samael me escuchará.
…escuchará…
Una llamarada lo rodeó y al instante se había desvanecido. Rafael se acercó y dijo a Kurtis:
Yo mismo te guiaré hacia el lugar donde murió tu compañera, donde la Diosa Impía está despertando. Sé fuerte y consuélate porque ella ya no sufre. Está en paz, yo mismo arrebaté su alma al desprenderse de su cuerpo de los demonios que querían agarrarla y arrastrarla a la negrura, y la he llevado hacia la Luz. Alégrate y lucha, porque si eres valiente la volverás a ver.
… volverás a ver…
Maddalena habría logrado salir de su fascinación y ahora se secaba las lágrimas.
¿Y ahora qué? - y temiendo haber sido irrespetuosa, añadió.- ¡Oh Santos, oh Venerables, oh Antiguos!
Gabriel sonrió, como si le divirtieran aquellos epítetos.
Ahora, hacia delante, hacia cualquier final.
… cualquier final...
Rafael se irguió, extendió la vara, y la pared se abrió ante él, revelando un camino en la roca tenuemente iluminado por su cuerpo celestial. Magdalena ayudó a Kurtis a levantarse.
Seguidme, es hora. Gabriel…
Lo sé, hermano. Ven, Loanna Von Skopf, ya has intervenido suficiente. Vuelve a tu merecido descanso. Volveré pronto.
… pronto...; dijo su juvenil eco, y se desvaneció tras una llamarada azul, llevándose a la silenciosa y compungida Loanna con él.
Lentamente, Maddalena y Kurtis emprendieron el camino, siguiendo el aura luminosa de Rafael, hacia la inquieta oscuridad.
(...)
Miguel se posó suavemente en el suelo, plegó sus alas y oteó la negrura que le rodeaba. Luego gritó:
¡Samael!
… Samael…
No hizo falta que lo repitiera más allá de los ecos de sus voces. Un destello de luz se materializó frente a él, creció, se expandió y dio lugar a otro ser de luz.
Qué honor. Mirad quién se digna a visitarme después de tanto tiempo.
… tanto tiempo…
El arcángel guerrero logró ocultar su sorpresa. El ser que había frente a él era tal y como lo recordaba, no había cambiado nada respecto a milenios atrás. Era el mismo que había derrotado y condenado a la eterna oscuridad.
¿Qué ocurre, hermano?, dijo Samael con sarcasmo, ¿Esperabas, acaso, verme con cuernos y rabo, tal y como creen los mortales que soy?
.. que soy…
El arcángel Samael, que los mortales llamaban Satanás, se diferenciaba en muy poco al bello y espléndido Miguel. Era tan hermoso, alto y fornido como él, salvo que sus ojos, y su espesa cabellera, eran negros como el azabache.
Si quieres, puedo adoptar esa forma. Las iglesias están repletas de imágenes de ti mismo pateándome a mí, un engendro horrible. Te sentirás más cómodo si no hay nadie rivalizando con tu poderío, ¿no es así, hermano?
…hermano…
Basta. No he venudo a ver trucos. Ese ser al que llamas tu compañera acaba de despertar.
… de despertar…
En mi presencia, te dirigirás hacia mi esposa Lilith con el debido respeto"
… respeto…
Las facciones armoniosas de Miguel se contrajeron. Manejó la espada con tanta velocidad que una milésima de segundo después la hoja rozaba la boca de Samael.
Ten cuidado. Ya te clavé la espada en la boca una vez. Sólo el Padre merece respeto.
… respeto…
El otro sonrió calmadamente.
Ah, Mi-ka-el, siseó pronunciando su nombre en hebreo, Qué poco cambiamos los ángeles. Millones de milenios y seguimos como al principio. Mientras perdemos el tiempo en estas bravuconerías, mi Esposa está despertando y está realmente furiosa. Decidida a vengarse de la oscuridad a la que la arrojasteis junto a mí.
… junto a mí…
Debes detenerla, Samael.
…Samael…
¿Cómo, es una orden?
… orden…
Si no lo haces será destruida. Y tú y tus demonios también.
…también…
Nada ni nadie puede destruirnos, salvo el Padre, como bien sabes. Y Él no nos quiso destruir en el pasado. Imaginó un castigo peor, la larga agonía en esta negrura sin fin. Ver cómo mis hermanos ángeles se transformaban lentamente en repugnantes engendros mientras mi Esposa y yo permanecíamos incorruptibles. Sí, incluso Moloch fue una vez más hermoso que el tierno Gabriel, y mírale ahora. Se ha vuelto tan cruel como el más rastrero de los mortales. Nosotros somos creación del Padre, y esto es lo que nos ha hecho.
…ha hecho…
El arcángel guerrero tensó el puño sobre el pomo de su espada y serró sus níveos dientes:
Como sigas blasfemando, te arranco la lengua, Samael.
Samael…
Eres fiel siervo y buen luchador, Miguel, pero el inteligente soy yo. Me necesitas a mí y a mi lengua.
.. lengua…
¿Detendrás pues a Lilith?
…Lilith…
Bajo una única condición
…condición…
¿Cómo osas poner condiciones?
… condiciones…"
Porque yo soy el osado, y tú el obediente. Envíale al Padre este mensaje que voy a transmitirte, y si acepta mis condiciones, la detendré. De lo contrario, dejaré que dé rienda suelta a su justa cólera.
…cólera…
¿Pretendes negociar con el Padre? ¿Quién te has creído que eres?
…eres…
Samael sonrió.
El mismísimo diablo.
… Diablo…
(...)
Hija mía…
Su voz era como todas las voces de todas las mujeres del mundo al unísono. Grandiosa, terrible, dignísima. Betsabé hincó la rodilla en el suelo, temblorosa. La luz que surgía de la estatua rota la cegó. Cerró los ojos, estremecida.
Te has portado bien, hija mía. Bienvenida a mi Reino. Dime ahora qué es lo que deseas y yo te lo concederé.
Estaba claro. Lo había decidido hacía mucho, pero en ese momento le falló la voz. Tembló, forzó de nuevo la foz y farfulló:
Destruye, Madre Bendita, el Orbe y los Fragmentos, para que ya nada pueda herirme o dañarme.
Sea así.
