Chasseurs de dragons : À la fin du monde.

Chapitre 2: Sentiments caches.

Lian-chu dormitaba mientras sentía el frío viento de la madrugada chocar contra su rostro, habían pasado las horas infinitamente desde que él y Gwizdo emprendieron el viaje en búsqueda de Zoria.

Abrió los ojos, deseando no encontrase en el saint george, pues quería pensar que nada de aquello había sucedido realmente, añoraba desde muy en el fondo, encontrarse acostado en su cama y con un Gwizdo dormido a lado suyo, pero no fue así, no podía aun creer lo que estaba pasando y no lo quería creer tampoco, miro a su amigo agotado y tratando de mantener a flote el saint geoger y comprendió que aunque no lo quería, todo lo que vivió apenas la tarde de ayer había sido cierta, lo entristecía demasiado, por que entrar en una guerra significaría varias cosas negativas en su vida, y aunque era un tanto ignorante de su parte, a el no le importaba el exterminio de los Dragones, no, lo que le importaba era el hecho de que si llegaba a pasar sería un adiós muy largo que darle al hombrecillo frente de él, aquel estafador de cuerpo delgado y de pequeña estatura que a pesar de ya rebasar los 20's aún tenía la apariencia de una escasa edad de 15 años, cosa que aún le sentían hacer estragos amargos hacia el mundo, maldiciendo toda la mala suerte que tenia por ser así, el cazador sabia que lo odiaba, por ser más alto, más fuerte, más valiente y por tener aquel toque de masculinidad que el no tenía y le dolía pensar que se tendría que alejar de él hasta quien sabe cuanto tiempo.

En realidad, el cazador sabia muchas cosas de su amigo el estafador, desde las más vergonzosas hasta las mas privada, pero a pesar de los largos años de amistad que se tenían, Lian-chu aún le ocultaba cosas a Gwizdo, principalmente sentimientos, y eran esos sentimientos ocultos que protegía con sosiego y tan arduamente, por que eran de vital importancia y que según él, era una de las razones de las cuales dependía para seguir con su existencia, no lo diría, quizás nunca lo haría, por que estaban bastante escondidos, incluso para él, los sacaba de vez en cuando privadamente y para si mismo, no quería que alguien se enterase, por que eran poco éticos que tenia hacia el estafador, pero fue esa mañana la cual lo hizo delirar, en su cabeza rondando preguntas de la cuales no encontraba respuesta satisfactoria, pues, ¿Qué harían esos sentimientos para sobrevivir si nunca llegarían siquiera a rozar el corazón de Gwizdo?.

Comenzó a tener esos sentimientos cuando su pubertad se encontraba palpitante en cada centímetro de su piel y lo sintió pleno cuando su cuerpo cambio de proporciones, para ese entonces el cazador había cumplido 15 años, era el chico más alto de todo el orfanato y era el más fuerte, por lo que no tardo mucho el tiempo en volverse el centro de atención de las niñas de la misma edad, inclusive lo conocían las niñas que pronto se irían de aquel orfanato, también comenzó a tener nuevos amigos que lo incitaron a tener una vida más divertida y más activa en muchas cosas, ese fue el año en el que Lian-chu cambio de adentro para fuera, por que gracias a que sus nuevos amigos no le hablaban a Gwizdo, él también se había alejado de el pequeño estafador, fue en el año en que ambos se volvieron dos desconocidos. Pero no le importo, por que el pequeño ya no le hacía falta, por que ahora tenía amigos y mucho más importante, había comenzado a tener una relación sentimental con una chica un año más grande que el, se llamaba Camelia, era una niña de pequeña figura y su cabello era del mismo color de las guineas nuevas que a veces le daban a la Madre Hubbard, era linda, y varios niños estaban enamorados de ella, lo que a Lian-chu lo hacía sentir como el hombre más odiado, pero el era feliz, por que, le había enseñado al cazador lo que era el deseo carnal, lo meramente físico y nada más.

Pero a pesar de que lo llenaba en ese sentido, él siempre sintió que había algo más alejado de aquella relación y que lo hacia sentir incompleto, no sabía que era, pero lo alteraba y le oprimía el pecho, era algo parecido a lo que vivió cuando era niño, pero no sabía que, tal vez le faltaba alegría, o quizás, un buen amigo, sin embargo, no quería volver a estar con Gwizdo, por lo menos no en publico, por que ahora él cazador lo miraba en forma graciosa, pues el pequeño estafan te había crecido tan solo milímetros que inclusive los niños de 12 eran más altos que él, lo que le caía en gracia, por que el tenia la misma edad de Camelia, era un cobarde, y le temía a todo. No obstante, el destino fue amable con él una noche tormentosa y le respondió a Lian-chu.

Aquella noche fue tremenda mente distinta y el cazador la recordaba sentidamente: Él estaba acostado en su cama, con los brazos por debajo de la cabeza y con los ojos cerrados, estaba pensativo por algunas cosas que Camelia le había dicho ese día, que aún que no eran de tanta importancia, ahí estaban, rondando por su cabeza como el problema más grande, entonces abrió los ojos, y observo el lugar, y a todos los niños ya dormidos, voltio levemente la cabeza para mirar por la ventana que se encontraba al lado de su cama, miro las nubes chocar entre si, y pronto observo como una extraña luz se creaba en medio de ellas, "un rayo" pensó, y si efectivamente era eso y se vio acompañado de un trueno, cosa que sobre salto a Lian-chu e inconscientemente miro la litera de a lado, precisamente, la cama de abajo, que era la de Gwizdo, y como si ya supiera el resultado de aquel vistazo se echo para atrás, hubo otro trueno, y fue ese ultimo que hizo que aún más se desconsentiría, por que se vio acompañado de lo que era un gemidito, le erizo la piel, pues era parecido a los que lograba sacar de Camelia de vez en cuando, pero aquel era... "celestial". Era bajo, y la voz del dueño temblaba, era cálido, tímido, dulce y meramente erótico, no era chillan te ni molesto, y mucho menos fingido como los de la chica, no, era hermoso e hizo que el corazón de el cazador se removiera de su lugar y dando paso a un gran palpitar; Se levanto de su cama, más no bajo al suelo y rodó los ojos de donde había creído que salio aquel gemido, y lo miro mucho para su sorpresa, por que después de él, el único despierto era su ex-amigo de la litera de alado, era Gwizdo que se encontraba en aquella posición que ponía siempre que tenia miedo, escondía su cabeza a la altura de sus hombros, separaba las piernas y el trasero lo mantenía elevado y arqueando la columna para aún mostrarlo más, temblando y chillando con sus manos tratando de proteger a sus oídos de aquel ruido insoportable. Nunca le sorprendió verlo así, pero fue totalmente distinto. Pues lo miro como nunca lo había hecho, y sintió la leve tentación de bajar las escaleras de su litera y tomarlo ahí, en frente de todos y sin importar que, nunca imagino que él lo excitara mas de lo que hacia camelia, pero ahí estaba, sin saber que estaba dándole una fantasía a quien una vez fue amigo suyo.

Sus labios temblaron cuando otro trueno se escucho, y de nuevo Gwizdo empleo gemidos y entonces susurro.

-...Gwizdo...?

Su amigo lo voltio a ver e inconscientemente se levanto apresurado y subió las escaleras de la litera de su amigo, se acurruco en las sabanas y abrazo a Lian-chu escondiendo su rostro en el pecho del más grande, quien no sabía que hacer exactamente. Por que su corazón estallaba de una forma tan acelerada, sentía bombear la sangre tan frenéticamente y sus pulmones trataban de coger todo el aíre que se encontraba en aquella habitación, se encontraba desesperado pero entonces se dio cuenta que en verdad, no podía alejarse de él, que lo necesitaba, por que esa sensación incontrolable que esa noche experimento, lo había llevado a cielo, que la quería experimentar todas las veces necesarias de toda su vida.

Acurruco a Gwizdo aún más a lado suyo, y lo demás fue historia. A la mañana siguiente, Lian-chu corto toda relación con Camelia y con los amigos que se burlaban de su ahora tesoro más valioso, jamás volvería a alejar a el estafador de sus brazos, y jamás le haría daño de nuevo, por que comprendió varias cosas, en solo un instante...

Lian-chu miro a su amigo y se acerco a él y pensando un poco las cosas le susurro al oído.

-Debemos tomar un descanso, Gwizdo.