Chasseurs de dragons : À la fin du monde.
Chapitre 3: La ville et les soldats. (partie 1).
El atardecer se sumaba al paisaje cuando Gwizdo decidió hacerle caso a su amigo de tomar un descanso, casi a regañadientes lo acepto, por que el estúpido de Hector ya no podía pedalear, descendió el saint geroge en una isla pequeña y con algunos árboles, lo que los ayudaría a que los soldados de la Quinta unión no los vieran tan fácil.
Y cuando tocaron suelo el dragonsuelo no pidió permiso para tirarse en la tierra y quedarse dormido sin importar que su estomago también le pedía algo de comer, Gwizdo se evito regañar a Hector, pues lo entendía en ese momento, pero aún más importante estaba el encontrar a Zoria. Se sentó en silencio en una roca grande y su amigo lo acompaño, pero decidió no prestarle atención a Lian-chu y saco uno de aquellos mapas viejos y comenzó a leerlo.
-Pensé que íbamos a tomar un descanso- dijo Lian-chu mirando a su amigo un tanto celoso de la importancia que le daba en ese momento Gwizdo a la búsqueda de Zoria, por que para ser sinceros, a él nunca le había importado.
-Y lo estamos haciendo gran dote, mira a aquel holgazán- dijo Gwizdo y señalando a Hector.- Esta durmiendo como una princesita.
-Tú también deberías descansar y dejar de pensar un poco.-Lian-chu se acerco un poco más a el estafador, y le arrebato el mapa de las manos, y alzo su brazo, estúpidamente para que Gwizdo no lo pudiera alcanzar.- Solo un momento por favor.-suplicó, Gwizdo lo miro a los ojos, y en regañadientes se dijo a si mismo que en ese momento lo que menos se necesitaba era una pelea entre ellos, entonces asintió levemente con la cabeza.- Gracias Gwizdo.
Gwizdo lo miro con el ceño fruncido, había veces que el mismo no soportaba lo sobre protector y amable que era el cazador, aveces lo odia demasiado, pero siempre recapacitaba, pues él no era nada sin Lian-chu, se sentó a su lado y sacando la comida que jenneline había preparado y repartiendo porciones desiguales, pues el más grande tenía más apetito que él. No se dijeron nada, el silencio les acompaño en su cena, eso y los ronquidos de Hector, se miraban de reojo, pero pronto apartaban sus vistas para proseguir con el masticar de la carne. Lian-chu, se sintió triste, pues creyó que el estafador estaba así a causa de que le quitara el pergamino, pero de tan solo recordarlo mirando el mapa y con esa preocupación en los ojos la piel le volvía a hervir de la pura rabia, por que nunca se preocupo por Zoria, nunca lo hacia, de quien debería de preocuparse sería de el, del cazador, su mejor amigo, el que lo protegía con su vida, el era mucho más importante que Zoria. El era su mejor partido...
Su interior se silencio tan rápido como termino de pensar aquello, dio un suspiro preocupante, por lo que hizo que su amigo lo mirar de pronto.
-Si no vamos a la ciudad...-dijo susurrante.-¿Qué le pasaría a Zoria?.
-No lo se.-Respondió con el ceño un tanto fruncido.-...y el que no lo sepa... me preocupa demasiado.-confeso mirando el suelo cabizbajo.
Lian-chu lo miro perplejo, pues de nuevo en su mente vagaba aquellas palabras del "Nunca le importo" si nunca lo había hecho ¿Por que ahora si?, se pregunto molesto a si mismo, y la idea de que el hombrecillo se hubiera enamorado de ella le hizo retorcer su alma quebrada, incluso no lo pudo soportar, e inconscientemente las palabras se le salieron de los labios palpitantes de rabia antes de siquiera darse cuenta de lo pensado.
-A ti nunca te importo...
Abrió rápido más los ojos al escucharse a si mismo, y se apresuro a percatarse de que esa no hubiera sido una idea en voz alta, pero lo fue, esa fue la gota que derramo el vaso de aquella noche, miro a Gwizdo tratando de solucionar las cosas, pero las palabras se iban volando cuando su boca se abría a tomar aire y la tenia que cerrar de nuevo para pensar en algún consuelo, Gwizdo por su parte, lo miro, suspirando de verdadero enojo, por que ese fue uno de esos días donde realmente sintió odio hacia su amigo, controlo sus lágrimas que comenzaban a advertirle de que iba pronto a soltar un llanto, trago saliva y antes de siquiera de comenzar los descensos del agua salada en sus mejillas se volvió dándole la espalda a su amigo que por desgracia había captado sus ojos rojos.
-¿Eso crees?.- la voz de el estafador le corto aún más sus sentimientos, pues había veces en los que aquella voz pequeña le hacia más daño que cualquier otra cosa, lo vio vagamente limpiarse las lágrimas y continuo.-Hoy...dormiré en el Saint Geoger, tú quédate aquí, hazle compañía a Hector.
-Gwizdo yo...- el cazador comenzó a articular palabras para solucionar las cosas, pero el estafan te era mucho más rápido en ser sarcástico (aunque no sabia lo que era) con él.
-Mañana quiero despegar temprano, y buscarla, para dejar esta farsa, como lo haz dicho.
Y Gwizdo se apresuro a la nave vieja un poco más alejaba aquel lugar, el cazador se dedico a solo seguirlo con la mirada, vagamente, el pequeño tomo su manta y sacudiendo un poco el polvo de el suelo de la nave se acostó rápidamente y se tapo con ella más de la cabeza, Lian-chu había arruinado todo, eran pocas las veces en las que se enojaban, pero siempre el enojo era de el estafador hacia él, por que cuando él era el enojado, siempre se lo recompensaba el clima, un dragón, o muy pocas veces un pequeño regalo del pequeño. Pero siempre fue distinto cuando el tenia que enfrentarse al enojo de su amigo, por que casi nunca lo en contentaba, no del todo, pero ahí estaba, otra vez sentado en la roca y mirándolo en silencio y docto por la técnica que siempre le resultaba más factible, cargo a Hector y lo llevo cerca de Gwizdo, y se fue a un lugar de la isla, un poco alejado, sin casi arboles para ver las estrellas y algunas de las islas cercanas, se tumbo y paso sus manos por debajo de la nuca, respirando hondo y con tranquilidad de tener en la conciencia que esa noche no dormiría del todo bien, cerro los ojos intentando que el frió aire de la noche le calmara los nervios de tener a su mejor amigo enojado, pero el viento no era el viento natural que sus años de cazador le había enseñado, abrió de golpe los ojos y contemplo arriba de la isla donde estaba una gran nave con los escudos de la quinta unión, resplandecientes y bien hechos, los miro aparcarse enfrente de una isla cercana, observo como unos pequeños hombres descendían de una cuerda a la isla, miro las antorchas que llevaban en las manos y sus fuertes golpes que daban en algunas puertas, entraban sin permiso y empujaban o golpeaban a todos que se les interpusiera en sus caminos, agarraban a algunos, atándole las manos y los pies, y Lian-chu se aseguro de que ellos eran cazadores de dragones, como él, y los sabía por que uno de tanto, fue un amigo de Gwizdo por una época muy pasada, y que ahora si bien seguro ya el estafador le habría olvidado, Lian-chu se aseguro de eso, pues a el lo invadieron de celos cuando aquel hombre le dijo a su amigo que se fuera con el y le dejara solo, pues vagamente supo que aquel hombre, tenia intenciones más asquerosas o ilegales para el estafador. Se alegro un poco al verlo ahí, tumbado en el suelo con unos cuantos más, por que así se sintió seguro de que jamás lo volvería a ver, pero algo le hacia palpitar de dolor su corazón, por que la violencia aplicada a la isla fue brutal, entonces recapacito un segundo, y miro a una joven cilla quizás más joven que Zoria, y se dijo que ella, podría ser la muchacha que tenían amarrada y con golpes espantosos en el rostro. Gwizdo tenia razón en sentir preocupación por ella, y lo reconoció por un momento, tenían que encontrarla antes de que los soldados dieran con ella. Volvió a trote con sus amigos, procurando de que no había sido vistos y comenzó a ordenar todo.
Cuando Gwizdo despertó, se sorprendió a mira todas las cosas ordenadas y bien acomodadas en el saint geoger, y miro un poco asustado a un Lian-chu arreglando una ala de la nave, se sentó esperando que su movimiento alertara un poco a el cazador, y así lo hizo, ambos se miraron en silencio, pues aún se sentían los estragos del día anterior, pero no duro mucho, pues eran aún más grande la curiosidad de el estafador.
-Lian-chu ¿Qué demonios te pasa?
-Sigo tus ordenes, Gwizdo, arreglo las cosas para que podamos pronto zarpar y encontrar a Zoria.-Lian-chu dijo sarcástico, pero pronto guardo silencio, pues no planeaba decirlo lo de la anoche anterior, pues no quería ver que se preocupaba más por la chica pelirroja. Gwizdo se levanto y despertó a Hector, nunca pensó que a Lian-chu también se le hubieran subido los cabos como a él, pero tener a dos hombres enojados entre si en una guerra no seria bueno para ninguno de los dos, por lo que docto fue tragarse su ego y no tomárselo en serio, no decirle nada.
Despegaron apenas el sol comenzaba a levantarse por los cielos y no pararon hasta llegar a la ciudad.
