Este capitulo se me hizo eterno, hasta hoy lo acabe lol quise que Lian-chu se viera como un mujeriego, no se, esa clase de personajes me gustan mucho, como Iro man y Batman que son ricos y mujeriegos lol no se, me gustan mucho, y la verdad a veces el cazador si es muy empalagoso, quiero que sea como un hombre de doble cara, amable por fuera y un hijo de su gran mami por dentro, Bueno espero que les guste, a mi en lo personal el final del capitulo me dejo insatisfecha pero es que se me había hecho demasiado largo. Bueno, espero sus comentarios :)
-ANA PARK
Chasseur de dragons : À la fin du monde.
Chapitre 4 : La ville et les soldats. (partie 2).
La ciudad no quedaba tan lejos de la isla donde habían descansado, no hicieron ninguna parada, y llegaron apenas el sol se desvanecía de los cielos, aparcando el Saint Geoger en una isla cercana a la ciudad, pues habían decidido que llegar con la nave podría ser muy obvio, y aceptaron seguir su camino a pie. La ciudad, ya había pasado por los ojos del estafan te con un poco de recelo, pues nunca olvidaría aquella vez que su sueño de ser rico se había cumplido aunque durara muy poco, pero se negaba a recordarlo, pues no solo paso esa alegría, también muchas cosas negativas recordaba de ese viaje, desde que tubo que arriesgar su vida para conseguir el huevo de dragón, hasta un Lian-chu hiper enojado con él, y aquel sinvergüenza que le había estafado todo su dinero, no quería recordar eso, por que de alguna manera, ese había sido un capitulo difícil en su vida, cerro los ojos y dio un gran suspiro sin tanto ruido, pues al estar con Lian-chu enojado, no quería que se volteara y se preocupara por él, pues aún le era molesto aquella sobre protección. Caminaron en silencio por las pequeñas islas que conducían a la majestuosa ciudad.
Era un lugar muy peculiar, pues tenía una gran muralla que los protegía de los dragones, con armas al rededor de ella, pues así era mucho más fácil de atacar a los intrusos, pero cuando se iba en pie, la única manera de entrar, era por la gran puerta principal donde era reguardada por soldados que miraban unos pequeños pases para dejar pasar, era una medida de seguridad que se implemento después del suceso del que fue protagonista Gwizdo, pues no se querían arriesgarse a tener a un nuevo dragón, inclusive tenían que observar las pertenencias de quienes querían entrar a la fortaleza, dejaban pasar de todo, armas y comida seca, por lo que no fueron centro de duda en ese sentido, lo que más les preocupaba, era que los pases falsos que Gwizdo había hecho para ellos los delatara y rápidamente los echaran a patadas, eran documentos de muy buena calidad, que inclusive un experto dudaba, pero esa noche, les era un poco más complicado, pues los soldados los miraban con una lupa, y si eran muy inteligentes, (lo cual dudaba mucho Gwizdo) sabrían que ellos no eran simples peregrinos. Los soldados pasaron una mirada rápida a ambos hombres, pero en especial a Gwizdo, quien sudaba frío con la mirada penetrante de los soldados, intento no ser muy obvio, pero sus piernas temblaban del miedo, y eso no lo podía ocultar, entonces uno de los soldados miró de nuevo el pase con duda y después pregunto con su voz rasposa.
-Esta, ¿Es tu edad verdadera?.
Gwizdo se quedo helado, el miedo se comenzó a volver furia, ¿Como era posible que dudaran de sus edad? se sintió indignado, lo peor que le pudo pasar, hubiera preferido que averiguaran que eran falsos, o que siquiera dudaran, pero ahí estaban, ambos soldados con sus escudos relucientes preguntándose si el pequeño tenia realmente 25 años y no 13, Gwizdo frunció el ceño, y justo antes que dijera algo de lo que se pudo arrepentir su amigo lo detuvo con una mano. No le dirigió su mirada al estafador, lo que él si hizo, un poco de remordimiento se paso por su cuerpo, pues, había veces que extrañaba esa mirada, pero de cierta forma su cuerpo se calmo, miro de nuevo a los soldados y pensando una escusa comenzó resoplar.
-Es genético - dijo- Una herencia que me dejaron mis padres, no he crecido lo que tenía que crecer, pero si, esa que esta escrita ahí es mi verdadera edad. Así que le pido señor, que no se burle de mi condición, no todos somos afortunados.- su mirada se poso una vez más a la sombra de su amigo, pero, meneo la cabeza y rápidamente dejo de mirar.
Los soldados se miraron uno al otro, pero no remilgaron y tan rápido como devolvieron los pases falsos gritaron que abrieran la puerta, entonces entraron sin complicaciones ni reclamos, y caminaron sin mencionar nada, claro, Gwizdo aún se sentía enfadado de muchas cosas, ese día había sido un asco de día desde un principio. Pero decidió dejar la mente y concentrarse en la vista que era dicha. La ciudad era el lugar donde Gwizdo soñaba con vivir algún día, quizás cuando Lian-chu se casara y dejara de cazar dragones, pero claro, el cazador se iría con su mujer a la granja que siempre soñó, por lo que dejaría solo a el estafador y lo que daría pie a cumplir todos sus deseos de una sola persona. A Gwizdo se le hacía hermoso aquel paisaje, tan lleno de gente y de pequeños negocios, no era como una aldea llena de campesinos mugrosos y en los huesos, no, hasta en eso, la ciudad tenia variedad, había hombres y mujeres llenos de glamour vestidos de una elegante forma y desmoronados de dinero, pero también estaban los comerciantes y los posaderos, pero no se rebajaba a la suciedad de una aldea, por que en la ciudad tenían todo, les llegaban mercancías de otras aldeas y las vendían sin que sus ciudadanos movieran los dedos tan solo para sacar las guineas y pasarlas de mano a mano. Los edificios repletos de habitaciones simples, con algunas mujeres mirando por la ventana y otras tantas metiendo prendas de vestir de los tendederos que se cruzaban en las habitaciones de los edificios cercanos, algunos niños corrían por los barrios todavía, y algunos borrachos se acostaban en algunas banquetas, la ciudad era el único escenario que conocían donde la gente tenia otras preocupaciones que los dragones, pero entonces a Gwizdo se le nublaron los ojos con la ultima idea, sabía que si comenzaban una guerra, la ciudad también tenía que prepararse, por lo que ningún cazador aparcado ahí se salvaría de no ser reclutado, y la ciudad perdería ese glamour que tanto le encantaba, que no se salvarían muchos y que por esa razón le preocupaba bastante Zoria, por que ella era muy importante para Jeanneline, y también para el cazador, y aunque no lo era tanto para él, también le llegaba a preocupar. No quería imaginarse que algún día Lian-chu le recriminara que nunca pudo salvar a alguien, y esa vez, sintió que estaba comprometido a encontrarla, no cesaría hasta que eso no pasara.
Caminaron vagamente por los barrios de donde se encontraban las tantas posadas, los bares aún abiertos e inclusive en algunos otros lugares de ética baja, donde algunos hombres buscaban satisfacer sus necesidades más básicas, nunca habían visto lugar semejante, por lo menos no Gwizdo, ya que era un hombre abstenido del sexo y que no lo necesitaba, incluso Lian-chu, sabia muy bien que el pequeño era virgen hasta la punta del pie, cosa contraria del cazador, que de entre tantas mentiras, estaba aquellas noches donde, él se iba y regresaba hasta el amanecer de la mañana siguiente, no era que la satisfacción que le daba el pequeño sin darse cuenta no fuera suficiente, lo era, pero gracias a su experiencia con Camelia, su cuerpo se había acostumbrado tanto a aquel contacto físico, ya había vivido la experiencia de casi tomar aquella dulce virginidad de su compañero para solo gusto de él, pero no podía, por lo menos no así, tan salvaje mente como su mente la proyectaba, por lo que docto por contratar debes en cuando, una de esas mujeres que buscaban lo mismo que él.
Dudaron mucho que Zoria, su compañera de increíble percepción de la responsabilidad y de la ética estuviera ahí, y en un intento desenfrenado, dieron la vuelta, pero fue en ese momento, que un brazo fuerte salio de un callejón oscuro para apretar a Gwizdo desde los hombros y llevarlo consigo, obvio, Lian-chu lo siguió, pero al adentrase en aquella estrecha callecita, sus ojos captaron los azules de Zoria, sentada en una silla de madera junto algunos hombres de mirada pesada,vio como el del brazo fuerte dejaba a Gwizdo a un lado cerca de él, y entonces de nuevo poso su mirada acusadora a los de Zoria. Ella se levanto y se poso cerca de ellos y los abrazo fuertemente.
-Escuche lo de el consejo de sabios...-La voz entrecortada y susurrante de la cazadora hizo que ambos, estafan te y cazador se relajaran un poco al lo que vivieron en tan solo unos segundos.-Pensé que no los volvería a ver...
-Tranquila Zoria.- dijo Gwizdo tratando de controlar así a la cazadora quien apretaba, a su parecer, un poco más fuerte su cuello de lo que apretaba la espalda de Lian-chu, ese afecto sobre protector más leve de Zoria, también lo sacaba de quicio, nunca le gusto la sobre protección, por que lo hacían sentir débil, y Zoria por defecto era igual que Lian-chu, solo que más delgada, más pequeña, y quizás más cariñosa, y aunque no lo quería admitir, le gustaba mucho que Zoria fuera así con él.
Cuando las escuálidas manos de la joven cazadora suavizaron el apretón, el pequeño estafan te pudo respirar mejor, Zoria les dedico una sonrisa encantadora a ambos hombres, y pronto se dio media vuelta para presentar les a los 4 hombres sentados en pequeños bancos de madera podrida, eran hombres muy fuertes, y por su aspecto no eran de ahí, y por sus cicatrices, Gwizdo podía atinar que se dedicaban a lo mismo que el hombre que tenía al lado suyo. Cazadores.
Benoít era el hombre que se veía más envejecido de todos, su cuerpo, se veía marcado de cicatrices desde la punta sus dedos hasta en su cuello, y su ojo blanco izquierdo advertía que quizás, esa era una prótesis, su piel blanca y llena de arrugas y su barba tupida blanca a no más poder, se veía que era un hombre pesado, tal vez estricto, pero sobre todas esas cosas, la que más llenaba de curiosidad al joven estafador, era aquella mirada que lanzaba al suelo, con melancolía, y quizás con tristeza. Casper e Isaac eran hermanos gemelos, de unos treinta o quizás de unos treinta y cinco, eran más jóvenes que Benoít, pero el paso de los años también se veía que les había afectado, no tenían marcas horribles como las del cuerpo del viejo hombre, pero si se veían intimidan tes, con sus ojos azulados que parecían, no tener brillo, sus ropas igual viejas y gastadas y sus botas con lodo, hacían pensar que habían caminado durante un largo tiempo, con sus manos entrelazadas y jugando con sus cuchillos escuálidos, eran un ejemplo que ellos estaban más que unidos, y el ultimo Phoenix, el que había agarrado del pescuezo a Gwizdo, Phoenix era el más joven de los otros tres cazadores, se veía no solo en el rostro, también en actitud, su piel marrón pero no exagerando, era brillante, tal vez era solo el sudor, pues la ciudad, no solo era un altar al glamour que tanto enloquecía al pequeño estafan te, también era un lugar donde los humos de las innumerables chimeneas chocaban junto con el calor ya establecido, a pesar de que era de noche, y solo los alumbraba una pequeñas lampara de aceite, se podía ver claramente aquel brillo, pues también se reflejaban con las luces que provenían de afuera del pequeño callejón sin salida, Phoenix era igual en muchos aspectos a sus compañeros, su cuerpo tenía marcas de peleas, y se notaba cierta dureza en la mirada, como a veces se le veía a Lian-chu, a pesar de todo, sin duda era un hombre misterioso, pues no solo su color de piel era inhumano, también tenía manchas de pintura de esas que se decía se hacían afuera de los territorios de la quinta unión, antes de llegar a los confines del fin del mundo, donde su rey Huang Fei había creado un método de pintura permanente para la piel que se ponían con una maquina especial parecida a una aguja gigante, y se llamaban Tatuajes.
Gwizdo contuvo la respiración por un corto tiempo, pues con aquellos hombres, le era difícil sentirse seguro, miro un par de veces a Zoria, y se preguntaba vagamente como fue que ella los encontró, cuando su mirada se poso en el suelo, sintió el helar de una de esas cuatro miradas, y para su mala suerte, aquella mirada que le lanzaban no era más que la de Phoenix, quien sonreía para si mismo al verle quieto.
Lian-chu miro ese cambio de miradas entre Gwizdo y el otro hombre, y como si fuera ya costumbre, su piel hirvió de coraje, de nuevo el estafador lo hacía, de nuevo hacía que los celos infernales que producía el cazador se volvieran contra él, ¿Qué tanto le miraba aquel hombre a su Gwizdo?, cerro los ojos y tomo del hombro a su amigo, tratando de llamar su atención, y lo logro, pero vagamente, pues tan rápido los ojos azules lo vieron, también se desviaron al suelo.
-¿Tienes un plan, Gwizdo?
La voz de Zoria detuvo el acto en ese momento, fue como si su voz cálida hubiera calmado los estragos que existían entre el cazador y el pequeño hombre, y agradeció ese alago, miro un poco confundido el lugar, intentando aclarar su mente aturdida por el cazador al lado suyo.
-Si, lo tengo.- Dijo casi susurrando, y mirando sin para el callejón tratando de saber si ese era un lugar seguro para dar a conocer su plan maestro para librarse de aquella guerra.- ¿Aquí se quedan?.- pregunto inseguro, para lo que Zorian sonrió y señalo una pequeña puerta cerca de los gemelos y respondió.
-No, sigan me.
Todos entraron a la puerta escondida, que suponiendo la gran inteligencia del estafan te los tenía que llevar a un lugar, quizás a un casa, un edificio abandonado, o uno de esos comercios que abundaban en aquel barrio de mal agüero, y su suerte fue decayendo cuando al pasar por completo y cerrar la puerta a su espalda lo vio implorando en un susurro su frase ya gastada.
-Oh señor, señor, señor.
Se quedo con la espalda apoyada contra la pared mientras meditaba lo que sus ojos veían, un Burdel, aquel lugar donde se alojaba la cazadora era un Burdel, miro con curiosidad el lugar, era la planta baja, donde el centro habían mesas como en la posada de Jeanneline y un pequeño bar, miro a las mujeres que se pintaban para iniciar su jornada laboral, sin mirar ni de reojo a los hombres que habían entrado ahí, ni a la joven cazadora, Gwizdo, se atrevía a decir que sus pies jamás habían pisado un lugar como aquel, por lo que sus nuevos compañeros lo notaron y se dedicaron a reír, Lian-chu por su parte veía el lugar dudoso de no haberlo visto antes, o de siquiera no haber estado ahí, pero es que su vida se había transformado demasiado cuando en su juventud fue popular, por lo que conoció varios establecimientos, cuando Madre Hubbart los dejaba ir a la ciudad por mandado, y quizás sus sospechas fueron ciertas, pues de las grandes escaleras de caracol, descendía lo que parecía ser la dueña del lugar, era Antoinette, una mujer que conoció cuando aun era novio de Camelia, una prostituta más grande que el con la que paso innumerables noches de placer, era una mujer fina, elegante, y muy bonita, no importaban los años que pasaban por su rostro, ella aun se veía como la recordaba, y tal vez ella se encontraba en las mismas, pues cuando su cuerpo bajo por completo y no sin antes dedicarle una mirada vaga a los hombres que se reían de un pequeño hombre y de la joven ahí, impactada, sus ojos encontraron a los del cazador, la mujer se quedo helada, y sin decir ninguna palabra sonrió, susurro para si misma con sus finos labios, "Lian-chu" lo que hizo que el cazador su pusiera nervioso, cuando los demás hombres la miraron dejaron de reír.
-Buenas.- Su voz eran encantadora siempre y cuando estuviera de buen humor, esa noche, por suerte lo estaba.
Gwizdo la miro una sola vez, y sintió que era grosero dedicarle ese tipo de mirada una mujer, y no cualquier mujer, a una prostituta por lo que tímido trato de mirar al suelo, acercándose inconsciente a su amigo grandullón, como si fuera un infante, y Lian-chu, estaba deseando en ese instante cargar al pequeño e irse rápido, y tratar de olvidar su encuentro con la mujer.
-No esperaba...- comenzó hablar la mujer dirigiéndose en especial a Zoria, aunque dirigía seguidamente la mirada a el cazador que se encontraba en frente suyo, Lian-chu.- No esperaba a que trajeran más compañeros. Pero bueno, si he decidido aceptarlos a ustedes, dos más no son nada tampoco, ¿Quienes son?
El cazador miro con el ceño fruncido a la mujer enfrente suyo, sentía la burla plenamente de aquella voz, y resonó en sus tímpanos, con la ira que aún no calmaban sus impulsos de los celos anteriores y que volvían a nacer desde la boca del estomago, comenzó a odiar aquel momento, lo reconocía, Antoinette era una mujer de esas que se deben cuidar, y no jugar con ellas, pues si bien, era igual que jugar con fuego, y Lian-chu aceptaba que cuando vivió la aventura con ella, no solo jugo, también la hirió, si es que eso era posible, trato de negar con la cabeza, pero no pudo, pues tal vez lo que quería o anhelaba la mujer era decir su nombre antes de siquiera "conocerlo" y así revelar algunas cosas que no quería rebelar, pero, si era así ¿Porqué molestarse en preguntar? Antoinette era una mujer que a duras penas se ponía a pensar en las opciones que tenia en una situación así, era más bien una mujer que se guiaba de sus instintos principalmente, aunque era muy inteligente, y tampoco se descuidaba en ese sentido, si lo que ella quería era burlarse de él, quizás inclusive después de bajar las escaleras le hubiera dirigido a él con frases típicas de ella "Lian-chu, pensé que ya no te interesaba venir a los burdeles, me han dicho que haz cambiado de lugar, tengo algunas chicas que son del tipo que te gustan, ¿Harás de nuevo aquellos fetiches que tanto atraen a las chicas? o prefieres solo hablar conmigo como los viejos tiempos" y cosas por el estilo, pero entonces la luz le ilumino en una idea poco ortodoxa pero quizás muy atrevida de lo que al parecer la prostituta había decidido apoyar desde un principio, Fingir, claro estaba, Antoinette era también una mujer que comprendió mucho la mente del cazador, y quizás ella había percibido desde un instante el hecho de que él, jamás había mencionado de aquellas vividas aventuras en los burdeles de la ciudad, sonrió levemente, para si mismo y para que la misma Antoinette supiera que lo había captado.
-Me llamo Lian-chu.- Se atrevió decir desviando la mirada a su pequeño compañero que se escondía detrás suyo.- Él es... Gwizdo.
La mujer frunció el ceño al escuchar el escuálido nombre del pequeño hombre, y Lian-chu tal vez sabia por que, Antoinette sabía quien era el estafador, lo había escuchado irrepetibles veces en la boca del cazador y de sus antiguos amigos en todo lo que se refería a la burla y la humillación, planes de que hacerle esa noche al llegar a casa y otras tantas semanas, ella sabía que él había sido el amigo de aquel gigantesco hombre, y recordó vagamente aquella vez donde aquel hombre le dijo, "Nunca más, Nunca jamás volveré con aquel enclenque de Gwizdo, jamás..." y Lian-chu también recordó ese instante.
-Hector, mi Hector.-La voz del escuálido dragón hizo que ambos, mujer y hombre reaccionaran de aquel pasado y sacudiendo la cabeza, para que así aquellos recuerdos se despejaran de sus mentes, regresaron a la normalidad. Desviaron su mirada al dragoncillo, y antes de volver la mirada Antoinette se acomodo el cabellos corto y negro detrás de la oreja, sonrió levemente y volvió con los ojos del cazador.
-Interesante nombre para un pequeño ¿No es así?, ¿También son cazadores?.
-Si.-Dijo Lian-chu apartando la mirada de la de la mujer.- Así es, somos cazadores.
-Si es así, sigan me, no quiero que ustedes delaten el burdel, necesito que todos ustedes se alojen en le último piso, espero, que no sea irrelevante.
La mujer se volvió de nuevo a las escaleras contoneándose lentamente, quizás para provocar al cazador, y así subió las escaleras tapizadas de una alfombra roja, lentamente, para guiarlos al lugar donde tenían que discutir algunas cosas y poder descansar, Lian-chu, sabía que Antoinette no solo hablaría con los demás, si que, estaría dispuesta a llamar su atención, y aclarar los malentendidos del pasado, el cazador respiró hondo y fue el último en seguir los pasos de sus nuevos compañeros, deseando que lo que restaba del día no se volviera pesado y olvidar ese momento rápido.
