Un nuevo capitulo \u/ lo hubiera terminado antes pero me fui de vacaciones, yeeei!, estaba feliz por que pase todas mis materias y mire mucho yaoi lol, bueno espero que lo disfruten y comenten, ojala y degusten sus vacaciones y que descansen un montón, también sus fiestas. ¡FELIZ NAVIDAD! que ya se acerca. :)

-Ana Park

Chasseurs de dragons.

Chapitre 7 : La villa et le soldats.

El "si" le retumbo en casi todo su cuerpo, pero especialmente se detuvo en su palpitar aturdido, que su corazón mostraba impaciente, y se sintió culpable. Antoinette no era una mujer que mostrará ese timbre de voz, tan alejado, tan conmocionada, que sintió que esa no era la voz que le conocía a la mujer.

-¿En serio?.-Preguntó confundido, no lo quería creer, pues, a pesar de que el podía ser muy cruel, no se creía capaz de romperle el corazón a alguien, y siéndose sincero él mismo, no lo había hecho antes, entonces de nuevo el dolor en el pecho se aumento ¿Cómo podría remediar aquel dolor?, se sintió estúpido, y no supo que hacer. Comenzó a dudar si los sentimientos que tuvo con la mujer fueron lo que ella esperaba, si aún los sentía, y tratando de aclarar su mente volvió a preguntar.-¿De verdad?...

-Si.

He ahí de nuevo, el tremendo "Si", de nuevo retumbando, incluso ahora haciendo eco, de nuevo esa impaciencia.

El cuerpo de Lian-chu se convulsiono levemente, aun que mejor dicho, comenzó a temblar, por que estaba nervioso, la sensación había sido tan ajena que incluso no sabía que clase de sentimiento era ese, quizás, tan solo no le gustaba ver a una mujer llorar, lo sabía muy bien, así fue educado antes de que sus padres muriesen, pero no le enseñaron a que hacer cuando una mujer lloraba enfrente de si, y mucho menos cuando ese llanto había sido causa de sus propias acciones.

Respiro hondo, y miro el pequeño cuerpo de la mujer temblar quizás más de la manera que el lo hacía, cabizbaja, tal vez llorando y sin querer mostrarlo, miró una gota negra del maquillaje en la alfombra roja, definitivamente la mujer lloraba. Entonces la mente de Lian-chu dio paso a recordar las cosas vividas en aquellas cuatro paredes, de entre tantos cuadros con los ojos de estos posados sobre los de él, como si fueran testigos vivientes, una vez más sindo cómplices, lo recordaba, aunque fue sin querer. Fue un día donde Camelia y él caminaban en las calles solas de la ciudad, en la zona donde a Camelia le gustaba caminar, pues ella era una mujer adolescente más que nada que disfrutaba de pasear por lugares poco éticos, y fue esa primera vez, esa noche donde conoció a Antoinette y del como la conoció, era un recuerdo admirable que aún le gustaba guardar, pero solo a ratos, pues en realidad no le importaba, por un momento en su cabeza se susurro "Me enamoré de ella en un instante", y era verdad, cuando vio a Antoinette en la banqueta de una de las calles, arreglándose el vestido, sacando un espejo y limpiando algunos desperfectos de su muy elegante aunque vulgar maquillaje, la mujer miro inconsciente a Camelia, y fue ese momento, donde Lian-chu observó con asombro los ojos verdes de la mujer, miro el perfecto cuerpo, las caderas anchas, el busto no pequeño, no enorme, perfecto, y las piernas que se podían ver desde la tela casi transparente, delgadas y de muslos bien proporcionados, la mujer le llegaba por el hombro, ella era muy pequeña entonces, pero muy muy atractiva, les saludo de beso, y ese fue el primer encuentro de muchos otros, no todos recaían en el sexo, pues, Antoinette era su consejera, había veces en las que tan solo ellos se quedaban acostados uno junto al otro, con los brazos entrecruzados y hablando de ocurrencias sucedidas el día con día de sus vidas inquietas, Antoinette se había vuelto más una amiga que un objeto meramente sexual como lo era para muchos, y por un momento, comprendió el por que ella se había "enamorado" de él, estaba claro, él no la trataba como objeto, la trataba como una mujer, como lo que era.

Tragó saliva, si la ocasión lo hizo dudar, ahora todo se le volvía más claro.

-No te amo...

La mujer alzó la vista confundida, se limpió las lágrimas y sonrió, respirando agitada, riendo como queriendo decir que las lágrimas se aproximaban de nuevo, estaba riendo de tristeza, esas eran palabras fuertes, lo eran para ella, quien había guardado todo sus años para la llegada de ese hombre, con el miedo de escuchar esas palabras que evidentemente escucharía, por que sabía que no la amaba, pero cuando las escucho lo supo cien por ciento, sin duda, ese enamoramiento fugaz solo había durado lo que su nombre decía, fugazmente, quizás solo unos minutos, quizás unos cuantos segundos, pero ella se había enamorado tan profundamente que pensó que alcanzaría el corazón de Lian-chu, más sin embargo, no fue así.

-Lo se...-Dijo tragando saliva, ya sin llorar, sin pensar en nada, pues ya lo sabía.-Lo se muy bien Lian-chu.-La mujer dio media vuelta y abrió la puerta y se hizo a un lado, diciéndole indirectamente al hombre que ya había acabado la plática, Lian-chu pasó a su lado, para salir lo más calmado posible, pues ahora se preocupaba por Gwizdo quien estaba en la zona de abajo, desprotegido, entonces de nuevo la voz de la mujer le detuvo.-Dime algo... ¿Encontraste a la persona indicada?, ¿Hallaste a el amor de alguien?.

Lian-chu sintió el corazón acelerarse, pues era seguro que la mujer ya lo había sospechado.

-Si.-Respondió.

Avanzó un poco más y una vez en el pasillo la mujer cerró lentamente la puerta, mirándolo con aquellos hermosos ojos verdes, aun cristalinos, con las lágrimas a punto de salir, pero siendo forzosamente retenidas, haciendo un brillo especial que el cazador creyó que esa sería la última vez que vería a la mujer que se escondía en la puerta, y no lo pudo negar, un extraño movimiento hizo su corazón, sintiéndose culpable, y un peso muerto se despegó de sus hombros, solo para ponerle otro de menos intensidad, sin duda, esos ojos delatantes se quedarían con él para toda la vida y finalmente la mujer dijo lo que serían las últimas palabras de aquella plática.

-Espero que sea más bonita que yo, y más buena en los asuntos de amores, si no, me sentiré demasiado decepcionada mi querido Lian-chu.

Y cerró por completo la puerta dejando las palabras en el viento, y dejándolas olvidadas en la conciencia del cazador. Miró por última vez y a detalle la puerta de madera, tallada con inscripciones en un latín, obvio no sabía lo que decían, y tal vez ni siquiera la misma dueña lo sabría, pero quien sabe, a lo mejor, esas eran palabras que Antoinette tenía grabadas en la cabeza aunque no sabía ni como se escribían, Lian-chu tocó los detalles, la manija dorada con sus grabados en él, para que sus dedos recordaran que alguna vez estuvo ahí. Se podría haber dicho que tales actos duraron minutos enteros, pero no, fueron segundos que se disiparon como horas en el cerebro de Lian-chu.

Pero tan rápido como lo hizo, fue tan rápido para cruzarse por todo el pasillo y encontrar de nuevo a Gwizdo; Y cuando cruzó el umbral del bar, se detuvo asombrado por lo que sus ojos miraban.

[...]

Gwizdo pataleo tanto hasta que Casper e Isaac se aburrieron de cargarlo, más sin embargo no lo dejaron escapar, lo sostenían de los brazos pero ya con sus pies tocando suelo, en realidad, Gwizdo no era un hombre que no le gustara beber, al contrario, la gustaba mucho, pero siempre lo hacía junto a Lian-chu, por que siempre que se emborrachaba hacía cosas vergonzosas que después de la resaca recordaba, por eso solo lo hacía junto a su mejor amigo, por él ya sabía todo lo que su escuálido cuerpo y su mente tenían para ofrecer al mundo, por eso su miedo, no conocía a los hombres de ahí, y mucho menos a las mujeres de relucientes escotes, ese era un mundo nuevo del cual Gwzido prefería alejarse.

Ya no lucho por zafarse del agarre, estaba decidido a beber una o dos copas, divertirse un poco con aquellos hombres borrachos, miró a Boint hablándole a una de las chicas, que no eran muchas en realidad, se avergonzó cuando el hombre viejo lo miro, casper e isaac reían de quien sabe que cosa, para Gwizdo, ellos eran los que estaban más borrachos, y en una banca solitaria se encontraba Phoenix, bebiendo de una botella grande de alcohol, sin hablar o dirigir la mirada a nadie de ahí, salvo por él. Se sintió intimidado, no solo por aquellos ojos rasgados, si no también por los azules del viejo quien también lo miraba, pero no le importo, "solo dos copas" dijo, después iría a buscar a su amigo, se acerco disimuladamente a la mesa donde estaba Phoenix, y se sentó junto a él.

La sangre le hirvió, cuando los ojos negros del hombre a su lado lo siguieron y después se desviaban como diciéndole que no importaba, se enojó no lo evito. Pero incluso antes de gritarle una de las chicas de escote grande se le acerco.

-¿Estas seguro que eres mayor de edad?

Se voltio sorprendido, incluso esa mujer con demasiado maquillaje le decía eso, sus mejillas se enrojecieron y se enojo aún más, pero no lo demostró, quizás no con la chica, pero si con Phoenix, quien juntó a los otros tres hombres rieron sin parar por lo antes mencionado.

-Viene con nosotros Merlinda, déjalo beber unos cuantos tragos y déjanos en paz.- La voz de Phoenix se escuchaba profunda, incluso de haberlo escuchado desde antes nunca le había prestado atención a su voz, por que para ser sincero, usualmente siempre le ponía atención a la voz de su compañero, quizás por que era la voz que más le importaba detectar si se encontraba enojado, o quizás decepcionado, pero esa noche, el cazador estaba en otro lado haciendo quien sabe que cosas...

Se detuvo, era cierto, miró a los lados justo cuando el tarro de cerveza toco con la mesa de madera haciendo ruido, su corazón se detuvo por instantes indefinidos, ¿Qué era sensación?. Recordó aquel rostro impresionado que observo cuando su amigo fue llevado a la habitación de Antoinette, ¿Porqué lo habría jalado de esa manera? ¿Qué relación tenían? ¿Y Porqué...?

-Oye niño, no te ordene un tarro para que lo miraras decepcionado, bebe de una vez.-De nuevo la voz de Phoenix lo dejaba sin palabras, era como si su voz tan solo sirviera para que él dejara de pensar, era obvio que el hombre era de la región de Huang Fei, desde que habían ido ahí se dio cuenta que las voces de la gente de ahí lo dejaban extasiado, mejor dicho, atontado, porque todas esa voces eran tan profundas, tan frías, tan serenas y razonables, no eran como la del cazador, pues la del cazador era más amable, más cálida, más suave, pero a pesar de que la voz de Lian-chu le gustaba mucho, la de los hombres de las regiones de Huang Fei lo desconcertaban y le gustaba aún más esa sensación de descontrol que radiaban contra él.

-Relájate Phoe, seguro el niño no toma.

He ahí de nuevo una voz que lo alejaba de lo que realmente le importaba, otra vez la voz del viejo Boint, "¿Phoe?" se pregunto, y no pudo evitar reírse como loco, señalando al hombre a su lado y señalando al viejo, quienes no entendían del todo a las carcajadas de el más pequeño, pero se alegraron, pues el punto, era que se destensaran para el viaje que los esperaba en la mañana.

Una vez más, la chica que Phoenix había llamado Merlinda apareció con un tarro más, Gwizdo vio como el viejo tragaba sin vacilar el baso que era pesado y de un solo trago, voltio y vio como Phoenix, Casper e Isaac lo hacían de esa misma forma, recordó que una vez miró a Lian-chu beber, (él no tomaba, solo lo acompañaba cuando Gwzido lo hacía), fue igual, entonces vacilo de su estancia ahí, por que él no bebía así, se atrevía a decir, que lo hacía a pequeños tragos, un tarro de los que los hombres bebían le podría durar a él toda la noche, y tal vez, aún habría suficiente para la mañana siguiente, se sintió poco hombre, y los ojo de aquellos hombres le intimidaban, aunque en realidad no lo veían, entonces sin más, frunció el ceño, y tomo el jarró con decisión y al levantar lo respiró hondo y se lo bebió todo, y cuando ya no habían más que unas cuantas gotas la soltó, y comenzó a toser con desesperación, sintió que el alcohol se le subía rápidamente a la cabeza, el cuarto le dio vueltas y sintió que vomitaría si seguía sentado, sintió la sangre le comezón a hervir y sus mejillas tal vez se habían sonrojado de la manera que menos le agradaba a el estafan te, se levantó, y sintió que sus pies se tropezaban entre ellos mismos, se sintió mal, "Mala idea" se dijo.

Caminó unos cuantos pasos, cuando de repente sintió su frente chocar con algo frío, miró atontado a el hombre con escudo, y se quedó helado, su cuerpo comenzó a temblar, una gota de sudor se deslizó por su frente, tragó saliva y de pronto sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo, estaba en los aires, el hombre lo había levantado.

-Mira lo que tenemos aquí...

Observó la cara del hombre, sin duda lo conocía, era el soldado de la puerta de la ciudad, el que se burló de él, sintió miedo, y no supo que hacer.