Me tarde un poquito con este, pero es que no me gustaba como quedaba, lo reescribir como 7 veces, pero creó que este esta pasable, espero que les guste y dejen comentario.

-Ana Park

Chasseurs de dragons : À la fin du monde.

Chapitre 10 : Pardon.

Salieron aprisa, sin siquiera dirigirse la mirada, en especial el par que parecía como si hubiesen peleado, a pesar de que no habían transmitido palabra desde la mañana, cruzaron barrios, ignoraron los soldados, y una vez en la salida, se dividieron, como si no se conocieran, salir era más fácil que entrar, pero Gwizdo nunca planeó dividirse, pero no contó con que las naves de los otros hombres estaban en islas distintas y tan alejadas, Hector solo refunfuñaba, por que habían caminado mucho y los hombres se habían llevado la comida que Antoinettte les había dado, Gwizdo lo sabía, también él tenía hambre, pero tenía otras cosas en la mente, aún no se podía olvidar de aquella acción tan personal que se tomó Lian-chu con la mujer de bellas curvas, resoplo, no sabía que había pasado, pero Lian-chu parecía nervioso, como si Gwizdo le hubiera dicho algo malo o como si hubiera tenido una conversación efusiva con alguien más, quizás Antoinette.

Se detuvo cuando el nombre de la mujer probo su mente, no quería creerlo, pero cada vez que pensaba en Lian-chu por alguna razón, el nombre de esa mujer aparecía sin más que decir. Se mordió el labio inferior, tratando de reprimir un suspiro dudoso, sintió que era como aquella vez cuando fueron a las islas reales de Huang fei.

Tan solo de recordarlo, el frío le crispo la columna vertebral, por que cuando pensaba en aquel rey, se le helaba la sangre, fuera de los rumores que se daban en las viejas calles y fuera de lo que los libros escritos de mano a mano, era cierto que aquel hombre no tenían palabras que lo describieran, él y el cazador lo descubrieron por las malas, y fue la razón por la que ahora mismo, el espadachín lo odiaba con todo su ser, cosa que para él era un sentimiento de escaso valor, pues nunca odio al hombre, y jamás lo podría odiar.

-Gwizdo?...-Pregunto la voz de Lian-chu, que lo desconcertó de su propia mente, volvió a mirarle, más no respondió.- Podemos irnos cuando des la orden.

Su corazón se volcó cuando le vio un brillo especial a los ojos de el cazador, ¿Qué pasaba? ¿Estaba llorando?, sintió la respiración hacerle un hueco en el pecho, ¿Qué pasaba? se volvía a preguntar, entonces se sintió raro y las mejillas se le pusieron rojas.

-Te..-logro decir.- Tengo que hablar contigo de algo antes.- Voltio y miro a Hector.- Vete de aquí por unos minutos lagartija.

Hector frunció el ceño y reprimió unas palabras que hubiesen sido peor decir en el momento, dejo la pesada carga que llevaba en la espalda y sin más que puros murmullos de si mismo decidió alejarse un poco de ellos, lo suficiente para no oírlos o verlos.

Ambos vieron en silencio la ida de Hector, y una vez que lo perdieron de vista decidieron verse a los ojos, a pesar de que Gwizdo aparentaba ser valiente, las rodillas le tiritaban como locas, se mantuvo callado y analizo un poco la mirada oscura de su amigo, él parecía más calmado e incluso se veía nervioso, pero ¿De que estaba nervioso?, respiro hondo, tan hondo como sus pequeños pulmones le dejaron, ¿Qué le diría?, ¿Qué preguntaría?, ni siquiera él mismo sabía que decir o hacer, era verdad que en esos momentos ellos habían tenido un par de peleas, pero ahora que lo pensaba, quizás nunca tuvieron mucho valor o importancia, él incluso había olvidado por que estaban enojados.

Quizás lo que más le inquietaba a Gwizdo era la relación que tenía el cazador con la mujer de el burdel, pero no sabía si debía preguntar eso, de todos modos dudaba que tuvieran alguna relación, por que el hombre en frente suyo parecía tan inocente y tranquilo que se le hacía ridícula la idea de que él conociera esos lugares tan frívolos y llenos de pecado.

-De que quieres hablar Gwizdo.-Dijo el hombre de gran estatura, que lo saco de sus propias reflexiones.

-Eh...-Comenzó a decir, pero ahora más que nunca parecía que las ideas se iban volando de su mente dejándolo vacío y sin saber que responder.-Lo siento.-Fue lo único que supo atinar a decir, los nervios se incrementaron y sus mejillas se tiñeron de rojo carmín, sus latidos tampoco parecían normales, pues sentía el corazón latiendo impaciente y sonoro en sus oídos.-Lo siento grandote, no fue mi intención que te enojaras conmigo o con los demás, te pido una disculpa.

Lian-chu resopló dudoso, por unos escasos segundos creyó que el pequeño contratista había recordado el fugaz beso que se habían dado, pero a pesar de eso se sintió vagamente más tranquilo.

-No estaba enojado.-Admitió, más no dijo que eran sus celos lo que habían hecho acto de presencia, esa faceta psicópata de él no se la quería mostrar a nadie.

-Si lo estabas, no me engañes.-Respondió Gwizdo.-Así mismo te pusiste en las islas de Huang Fei, sabes, quizás desde esos días comencé a conocerte mejor, así que no quiero que de nuevo suceda algo así, ¿Te parece si lo olvidamos todo?.

Lian-chu se quedó helado ¿Olvidar todo? repitió, su corazón latió rápido pero después de unos segundos parecía que comenzaba un latido más cansado y doloroso, si olvidaban todo, entonces también implicaba su beso, su primer beso, y él no quería eso, miró a Gwizdo y comprendió que si él no le decía que había pasado nunca lo recordaría por su propia cuenta.

Pero quizás era la mejor idea de todas, pues tampoco creía que el acto se repetiría de nuevo.

Lo medito bastante y después de escasos minutos respondió.

-Esta bien Gwizdo.

Con una sonrisa falsa que incluso el contratista vio. Ese beso, sería otra recuerdo que jamás diría a nadie.