Salseo jajaja :O

-Ana park

Chasseurs de dragons : Á la fin du monde.

Chapitre 12 : Voyage.

Resoplo sonoro y con aire de tristeza, frunció el ceño levemente e hizo una mueca exagerada con sus labios, su mejilla roja y con un puñetazo dibujado en ella decía más que mil palabras a la situación que se encontraba abordo de Saint George.

Gwizdo manejaba con inteligencia y calma su nave, y Hector pedaleaba y pedaleaba sin concentrarse en los murmullos bruscos que los hombres detrás suyos decían.

-Desgraciado.-murmuro Lian-chu.

-Patético semental.-respondió Phoenix.

Llevaban así desde que Gwizdo abrió los ojos semi inconsciente de lo que había vivido y tan rápido como lo hizo aparto con enojo a ambos hombres y solo aceptando la ayuda de su felpudo amigo que parecía más calmado. Zarparon sin cuchichiar ni decir ni pió del asunto, no eran cosas que tenían que pasar una semana antes de la guerra, el contratista tenía muchos planes que hacer, como por ejemplo pasar a las islas de los gnomos, esos chiquillos irritantes que extraían diamantes y algunos otros forjaban espadas, y una vez afuera de la Quinta unión, tenía pensado ir a ver a Huang fei, idea que claro aún no le contaba a su amigo y a como iban las cosas, no debía por que decirle.

La puesta de sol lo inundo en un cálido calor, respiro hondo, y contuvo el aire tanto como pudo, había veces que solo eso quería hacer, estar volando y respirar el aire que la brisa de una tarde le regalaba, era una de las pocas formas en las que sentía paz, mucha paz, en el orfanato lo hacía en la orilla de la isla, muy muy lejos del lugar donde los horribles niños quienes le hacían bullying no lo encontraran, lo dejo de hacer en esas épocas cuando Lian-chu apareció, aquel oso blando y cálido que encontró en el bosque, bueno, más bien fue él quien lo encontró, machacado por los golpes dados e inconsciente.

Pudo sentir esa misma tranquilidad como alguna vez la sintió en las islas reales de Huang Fei, su corazón incluso dejo de existir y su cuerpo de materia se había ido ya, desde hacía unos segundos atrás, solo eran el alma de Gwizdo quien se encontraba así, con paz, con relajación. Pero esa sensación murió rápidamente cuando escucho un bum debajo suyo, miro de reojo y con miedo una pequeña isla muy muy abajo que estaba siendo saqueada a la fuerza bruta, sus compañeros lo siguieron con la mirada, y a pesar de la impotencia que llegaron a sentir, no pudieron hacer nada.

Y aquella experiencia poco grata, mantuvo con los nervios de puntal al pobre Gwizdo, que cada vez, y un poco más, lo dejaba con un amargo sabor de boca y con el corazón encabritado, y sin quererlo, comenzó a sentir también que algo malo pasaría, y que el de cierta forma sería culpable del hecho, nunca se dejaba llevar por lo que sus impulsos dictaban, siempre prefirió pensar y tomar decisiones a base de sus propias ideologías y planes, con el beneficio siempre al principio, pero esa vez no, esta vez realmente sintió que si no seguía aquellos impulsos perdería algo importante, y temió todo aquello, la tranquilidad se había marchado y había cedido a una sensación, todo, menos paz.

Siguieron su camino, cada vez con más calma y en el anochecer pararon en una isla desierta y repleta de arboles y arbustos, descendieron y una vez en tierra descargaron comida que Phoenix había llevado en una bolsa un tanto grande.

Gwizdo contuvo la respiración cuando sus pies tocaron la tierra húmeda y después, siguió en silencio a los hombres quienes al igual que él se mantenían a la raya de una conversación.

Phoenix sacó de la bolsa un pedazo de pan, y con un pequeño cuchillo de mano lo corto en rebanadas casi iguales, sedeó una a Lian-chu, quien solo lo tomó por que era obvio que estaba hambriento, después le dio una de las grandes a Gwizdo y la más pequeña Hector, quien se relamía los labios.

-¿Qué creen que nos pase?.-La voz de Phoenix quebró el silencio que había nacido ahí, los ojos azules del contratista lo contemplaron y notó que el hombre se encontraba preocupado, otro punto para que los nervios no bajaran de su organismo.-No me hagan caso...-Continuó al no encontrar respuesta de ambos hombres.-Pero siento un mal presentimiento.

-No me gustaría estar de acuerdo contigo.-Respondió Lian-chu.-Pero yo también siento algo parecido.

El cazador se levanto y les dio la espalda a Gwizdo y a Lian-chu, se alejo levemente hacia el Saint Geoger, rebuscando cosas de su propiedad.

El castaño miro con hipnotismo el fuego danzarín de su fogata improvisada, el pan añejo y sus rodillas temblorosas, por lo menos no era el único quien tenía esa sensación de mal presentimiento, y algo dentro suyo se tranquilizo maliciosamente, por que no era algo de lo que se tendría que aliviar, pero lo estaba.

-¿Gwizdo?.-La pregunta de su amigo lo saco de sus pensamientos, volvió a mirarlo y el cazador prosiguió.-Tengo mucho miedo Gwizdo.-siguió.-Deberíamos irnos, irnos con Zoria a la posada y protegernos ahí.

-Lian-chu...

El cazador lo detuvo con un abrazo, fuerte, que lo desconcertó por completo, su corazón palpito rápidamente y los nervios le atacaron el cuerpo, no eran como los nervios que sintió cuando vio a la aldea siendo asaltada, eran distintos, tal vez era la respiración de Lian-chu lo que lo ponía incomodo, por que sobre todo él era muy cosquilloso, y aquella cálida respiración le invadirá el cuerpo, dándole pequeños espasmos.

Siempre fueron sensaciones que él sentía cuando tenía contacto con su amigo, y por alguna razón esas sensaciones le daban impaciencia, y que siempre le ponían colorado.

-¿Lian-chu?.-Dijo cuando sintió que el abrazo se había prolongado.

Y entonces de improvisto sintió los labios húmedos de su amigo rosar los suyos, cargados de una pasión que jamás hubiese creído que aquel hombre tuviera, abrió los ojos como platos y miró para todos lados encontrándose con los ojos de animalejo azul quien los miro con suma sorpresa y desconcierto, para su fortuna Phoenix no estaba, por que esa hubiese sido una mirada mucho menos soportable, cerro los ojos e intento con sus brazos débiles apartar al cazador de él, pero lo único que consiguió fue haber sentido la lengua de su amigo invadir su boca, un delicioso éxtasis se incremento en la boca del estomago "Oh señor señor" se dijo para si, por más que tratará quitarse de encima a Lian-chu él parecía inclinar un poco más de su peso.

Poco a poco Gwizdo se dejo llevar por el beso, y una vez que su fuerza se hubiese consumido por completo, los labios finos de Lian-chu se alejaron de los suyos, dejándolo con un sentimiento de no completo, como si aquellos labios hubiesen tocado algo en él que lo hacía sentir pleno y completo y eso le dolió en el alma.

Pero también lo dejo confundido.