Chasseurs de dragons : A la fin du monde.
Chapitre 21 : La frères et Huang Fei.
Zoria contuvo las lágrimas cuando miro a sus amigos casi derrotados, Boint había podido lastimar a uno, pero su ataque no le detuvo, Casper e Isaac yacían inconscientes en una esquina, hacía mucho que los soldados le habían dejado ahí, y ella simplemente no podía acercarse para asegurarse que estaban vivos, pero en una situación así es muy difícil pensar en algo positivo, así que Zoria ya los considera muertos, con ella no se habían metido, estaba tirada y con un pierna rota, la sangre había hecho un charco exageradamente grande y a pesar de no sentir dolor, tampoco sentía esperanzas, se la rompió cuando intento atacar a uno de los soldados, pero en realidad no recuerda como sucedió, y se quedo así sosteniéndose la pierna sin muchas fuerzas para seguir, fue entonces que vio como la única mujer del grupo comenzaba a parlar con Phoenix.
-Déjame seguir Phoenix querido.-Le dijo con una media sonrisa.
-No puedo, no para que sigas haciendo esto.-Contesto.
-Siempre fuiste... un hermano menor muy rebelde...
Zoria contuvo el aire por unos segundos y después con horror miro como la mujer extendía la espada y en el acto, Phoenix le trataba de esquivar, Phoenix lo vio venir porque estaba muy despistado tratando de evitar el ataque de arriba, pero de una forma bastante sutil la mujer de coleta saco con la mano libre lo que parecía ser una pequeña navaja de mano, la clavo en el costado del cazador y le revolvió el estomago en un movimiento circular, el aullido de dolor que Phoenix lanzó al aire le hizo temblar de miedo, y también le hizo sentir la bilis apunto de salirle por la boca, la sangre de Phoenix cubrió su pantalón, y su espada cayo al suelo al no tener la firmeza de su brazo, haciendo un ruido sordo y la mujer sonrió.
¿Cómo era posible que alguien hiciera eso con su propio hermano?.
Lloro cuando vio el cuerpo de Phoenix temblar y a punto de caer al suelo, su hermana saco el cuchillo con brutalidad y por fin observo como el cuerpo de Phoenix se relajaba en el suelo de mármol blanco que ahora se llenaba con su sangre.
-¡Phoenix!.-Grito la cazadora de manera quebrada.
Observo a la mujer y trato de lanzarle una mirada asesina, pero lo único que recibió en el acto fue, una sonrisa.
-Yo que tu no gritaba preciosa.-Dijo la mujer con tono burlón, dio media vuelta y comenzó a correr hacía uno de los pasillos donde había visto por ultima vez a Gwizdo, se contuvo un momento y se sintió pequeñísima en aquella situación, nunca había visto a alguien asesinar, o por lo menos atacar de esa manera, Boint termino matando a uno de los soldados, mientras los demás comenzaban a caminar por donde la mujer de antes se había ido, Boint no los siguió, y Zoria agradeció mucho que no lo hiciera.
El hombre avejentado se acerco a Casper e Isaac, miro como le tomaba el pulso a ambos y como le quitaba una daga a uno de ellos de una de sus piernas.
-Están vivos.-Menciono.
Zoria no respondió, se limito a limpiar sus lagrimas y a tragarse el dolor de su pierna rota, se arrastro hasta Phoenix y una vez cerca de él, acaricio su rostro inconsciente, ¿Qué podía hacer en una situación así? Después de unos segundos comenzó a preocuparse por el bienestar de Gwizdo...
(...)
-Si tu no lo matas lo haré yo.-Menciono la mujer ignorando la situación, se acerco a la cama del rey y le apunto con ella, sonriendo de manera maliciosa y en un suave movimiento ataco a Huang Fei.
Gwizdo fijo su mira por unos segundos al acto de la mujer y los cerro con fuerza cuando miro la cercanía de la espada y del joven rey, pero entonces escucho una exclamación, como un suspiro. Tuvo que abrir los ojos cuando la escucho y observo con asombro como el mismo Huang Fei sostenía la espada, sin importarle que la sangre le corriera por el brazo.
-¿Qué?.-Exclamo sorprendida la mujer mientas su semblante perdía un poco de control.
-Oh, pequeña, pequeña tonta.-Dijo el dragón mientras abría los ojos lentamente.-¿Qué te había dicho?.-Cinamomo Yang seguía intentando torpemente ganarle en fuerza pero era muy obvio que Huang Fei le ganaba por mucho, la espada le fue arrebatada de las manos de Cinamomo Yang quien miraba con verdadero horror al dragón.-Te lo dije, pensé que era más inteligente.-Huang Fei se fue acercando al mismo paso que la mujer iba retrocediendo, cambio el mando de la espada para quedarse agarrando del mando, como debía ser, Gwizdo solo se quedo ahí con Lian-chu acostado sobre sus piernas semi consiente del asunto, intentando pensar sin sentir miedo.- Te dije, que tú no puedes matarme...
Cinamomo Yang intento sacar las pequeñas agujas de su bolsillo pero al momento de lanzar las una capa de protección que se encontraba alrededor de Huang Fei le impidieron el paso a seguir, saco una navaja, "su ultimo recurso" pensó Gwizdo, pero cuando Huang Fei estaba enfrente de ella, Cinamomo Yang no pudo atacar, se quedo paralizada.
Huang Fei la tomo del rostro con una mano, "mirándola" fijamente, los labios de Cinamomo Yang se entreabrieron sacando un leve gemido y su ceño aún fruncido parecía que se relajaba poco a poco. Observo como Huang Fei le clavaba su propia espada en el abdomen a la mujer. Cinamomo Yang no intento luchar, se dejo asesinar, por las manos del rey.
El mismo contuvo el aliento cuando vio a la mujer yacer en el suelo, sus gemidos, su llanto y su propia sangre se veía sub real, y sintió lastima por ella, porque él siempre creía que la gente podía cambiar, que a lo mejor Cinamomo Yang tenía una segunda oportunidad para recompensar todas las cosas malas que había hecho. Pero no.
Miro a la nana aparecer por la puerta e ignoro a la mujer muerta para acercarse a su preciado discípulo.
-Estas despierto.-Dijo con lagrimas en los ojos, mientras acariciaba el rostro pálido de Huang Fei.
El rey paso de largo el afecto de la mujer y miro a Gwizdo que aún mantenía la mirada fija en aquella escena, olvidando en ratos a su amigo que desde hacía un buen de rato había dejado de quejarse del dolor de su pierna herida, quizás porque la escena que presenciaron había sido demasiado como para poder tacharla como mentira.
-Gwizdo...-El mencionado se estremeció al escuchar su nombre al ser pronunciado por los apetitosos labios del rey, con aquella voz profunda y sensual, mala idea, en un mal momento, pensar en esa clase de cosas cuando su mejor amigo se encontraba herido, sin embargo como siempre que le pasaba con Huang Fei, el estafador no pudo apartar la mirada de las cuencas oscuras del dragón, dejándose llevar por los nervios, y por otra variedad de sentimientos encontrados, pudo sentir el cuerpo de Lian-chu ponerse rígido ante la a proximidad del dragón, pero lo dejo estar.
-Huang Fei...-Suspiro de manera torpemente tratando de esquivar su mirada.
-Te pedí que no volvieras Gwizdo...-Dijo sincero dirigiéndose a el estafador.-Te pedí que no lo trajeras conmigo de nuevo.-esta vez se dirigió a Lian-chu, quien fruncía el ceño.-No puedo estar contigo.-Volvió su atención al castaño.-No puedo quedarme demasiado cerca Gwizdo, no es bueno para mi, no es bueno para ti, fue un completo error pensar que venir aquí iba a ser una buena idea...
-No iba a permitir que te mataran Huang Fei.-Respondió con pánico Gwizdo.
-Alguien como Lian-chu no podría nunca matarme.-Volvió su cabeza en dirección a su nana y con un gesto la mujer salio de la habitación.-Ya te lo había dicho Gwizdo... ya te lo había dicho... a veces el destino es un poco cruel.-La nana volvió con la pipa de Huang Fei y con un frasco con un liquido morado, el dragón se sentó en la cama, con apariencia cansada y aspiro profundamente dejándose llevar por los encantos del opio.-No puedes protegerme sabiendo que no significo nada para ti, o que estamos tratando de no significar nada el uno para el otro, ambos sabemos a quien amas...
Lian-chu dijo escapar un suspiro, observo como la mujer se acercaba con el extraño liquido y lo fregaba en su herida, sintió a la piel quemarse, expulsando humo y después sintió el cambio de temperatura radical en la zona, había pasado de estar hirviendo a pasar a un frió glacial, que hizo que se estremeciera con deleite al dejar de sentir el dolor de antes, pronto y con fascinación vio como la herida se cerraba con rapidez, eso debería de ser una clase de magia o algo parecido, aún así el acto hizo que se sintiese un poco confundido, ¿Porqué Huang Fei le ayudaba de esa manera sabiendo que se odiaban, sabiendo que él estuvo a punto de matarle?, ¿Sería por Gwizdo?, si, seguro era por él.
-Quiero que se vayan mañana por la mañana si es posible, mi Nana se encargara de ayudar a tus amigos Gwizdo... pero prohibiré que Phoenix abandone el lugar, tiene muchas cosas que decirme de su hermana.
-¿Su hermana?.-pregunto confundido.
-Cinamomo Yang era hermana de Phoenix. Supongo que nunca te lo menciono cuando se estuvieron compartiendo un poco de intimidad.
La cara de Gwizdo se puso roja y la de Lian-chu fue claramente un poema, no había sido nada malo, ¡Unos cuantos besos! nada fuera de lo anormal, de todos modos todo aquello iba a ser pasajero, pero como lo decía Huang Fei le hacía sentir que se había liado con Phoenix llegando hasta el fondo, una imagen relacionado con ello se le cruzo por la cabeza e hizo que comenzara a temblar nervioso.
-No, creo que lo olvido.-Dijo todo sin respirar y al momento de pronunciar la ultima silaba se contuvo todavía unos segundos más para volver a coger aire. Se sintió culpable. ¿Cómo le hacía Huang Fei para saber todo aquello?.
Lian-chu le miraba amenazante pero sin soltar ningún reclamo, solo un bufido. como si fuera un toro o algo así...
-Estoy seguro que pronto tus arranques de celos harán algo de lo cual te arrepientas mucho Lian-chu, controla tu cólera... pero matarme no iba a ser tu mayor obstáculo.-Sonrió un poco adivinando la expresión del cazador.-No tomaré cartas del asunto, Cinamomo Yang supo manipularte muy bien...yo creo que sus amigo ya están bien...salgan por favor.
Lian-chu se levanto con la barbilla en alto, intentado asumir un puesto de superioridad e intimidante hacía el dragón, también trato de ser valiente, y no temer mucho al ver a Cinamomo Yang muerta, Gwizdo le siguió, pero antes de atravesar la puerta pudo escuchar un suspiro de lamento de Huang Fei que le lanzaba a Gwizdo, y como un escaso "te extrañe" se escapaba de los labios del rey.
