Capítulo 4

John no podía creer que estuviera corriendo a mitad de la noche por todo Londres siguiendo a alguien a quien consideraba un arrogante y que lo estuviera disfrutando. Porque era cierto, sentir el viento en su rostro y correr hacia lo desconocido detrás de Sherlock era lo más emocionante que le había sucedido. Ni siquiera podía reprimir la sonrisa que se dibujó en su rostro.

Sin embargo, tenía que esforzarse demasiado para poder seguir los pasos de su compañero, ya que era más alto y podía avanzar mucho más rápido dando unos cuantos pasos. Después de varios minutos, Sherlock se detuvo cerca de un parque; John se detuvo junto a él, respirando con dificultad, todavía tenía esa sonrisa emocionada en los labios, pero se desvaneció rápidamente cuando se dio cuenta de que había una escena del crimen cerca de ahí y que se encontraban varios miembros de la policía observando lo que parecía el cadáver de una mujer.

-Sherlock, creo que deberíamos irnos... -comenzó, tomándolo del brazo insistentemente.

Pero su compañero se giró hacia él y le guiñó un ojo.

-No, este es el lugar al que quería llegar.

-Pero, Sherlock...

El joven fue interrumpido nuevamente, sólo que esta vez por un hombre con una gabardina café y unos pantalones grisáceos.

-Me alegra que hayas llegado -dijo él, mirando a Sherlock.

John se fijó en él con mayor atención y se dio cuenta de que sólo era unos cuantos años más grande que ellos.

-Es el inspector Lestrade -dijo, Sherlock, dirigiéndose a John nuevamente.

El hombre extendió una mano hacia el joven y le dirigió una mirada sorprendida a Sherlock, que, como era lógico, él ni siquiera supo interpretar.

-Puedes llamarme Greg -soltó el inspector con amabilidad.

Pero John se quedó petrificado en ese momento y tardó bastante en darle la mano y sonreírle, porque, para ser sincero, no tenía ganas de hacerlo. Lo observó detenidamente tratando de averiguar qué clase de relación tenía con Sherlock. En realidad, no tenía ni la menor idea de lo que estaban haciendo en ese lugar y, precisamente, eso era lo que debería preocuparle más, sin embargo, su mente no podía dejarse de preguntar acerca de Sherlock...

-¡Hola, fenómeno! ¿Cómo persuadiste a Lestrade para que invitara aquí? -se escuchó una voz femenina, molesta. Era una mujer con el cabello rizado y oscuro.

Sherlock puso los ojos en blanco y le sonrió de una manera que quedaba claro que no le agradaba su presencia. John tuvo que reprimir una risa que amenazaba con escapar de sus labios. Su compañero se parecía más a un niño pequeño en esos momentos.

-También estoy alegre de volver a verte, Donovan -dijo él.

-¿Y quién es este? -Preguntó ella arqueando una ceja hacia John.

-Viene a ayudarme con la investigación -respondió Sherlock-. Es mi amigo...

John se ruborizó violentamente en ese momento; luchó por reprimir la sonrisa complacida que se dibujó en sus labios, pero fue inútil, estaba demasiado alegre por haber escuchado esa palabra... tal vez Sherlock no lo había dicho en serio, pero de cualquier manera lo había hecho sentir bien... Aunque se suponía que no debería estar sintiendo eso, ya que él había pensado en que lo mejor era no tener ningún contacto con su compañero de habitación, pero todo había cambiado cuando había descubierto que Sherlock era tan interesante...

-¿Amigo? -Donovan se rió, burlándose-. Pero si tú no tienes amigos. ¿Qué te hizo? ¿Te siguió a tu casa? ¿Te secuestró?

-No, soy su amigo de la universidad -respondió John, frunciendo el ceño. Detestando el manera en que ella lo trataba-. Me llamo John Watson.

-Donovan, ya te dije que lo necesitamos -dijo Lestrade, después de un momento, al ver que ella no parecía querer dejarlos pasar-. Quiero su opinión.

-En realidad me quiere para que resuelva el caso por él sin paga y sin recibir el crédito por ello, pero está bien -comentó Sherlock rápidamente, sonriendo hacia John y él no pudo evitar corresponder a su sonrisa.

-Lo haces sonar como si hicieras todo el trabajo por mí -gruñó Lestrade.

-Hago todo el trabajo por ti. Ahora... ¿Dónde está el cuerpo? ¿Lo identificaron?

Greg los condujo hasta donde se encontraba el cadáver de la mujer; según el informe que habían hecho, se trataba de una joven de 26 años, caucásica, llamada Clarice Tradis. Sherlock se puso unos guantes de látex y se inclinó para observar a la mujer más detenidamente.

John estaba detrás de él, viendo sus movimientos con fascinación; de pronto, notó que Greg se acercaba y no pudo evitar preguntar... tenía que saber.

-¿Conoces a Sherlock desde hace mucho tiempo?

Lestrade frunció el ceño.

-Tres años... aunque no podría decir que lo conozco exactamente... Él es diferente... pero eso ya debes saberlo.

-Sí... -John giró la cabeza nuevamente, y vio a Sherlock inclinado, olfateando el cabello de la víctima y, aunque pareciera una locura, no pudo evitar sonreír- Él es completamente diferente a los demás.

Sin embargo, tenía que insistir, las dudas no lo dejarían dormir si se quedaba con ellas.

-Así que Sherlock es... ¿tu amigo?

Greg lo observó como si estuviera loco.

-No creo que él me considere un amigo; soy más bien una herramienta que le trae casos interesantes... Tú eres su primer amigo... bueno, por lo menos que yo conozca. Debes tener algo que a él le parezca muy interesante, nunca había traído a nadie aquí. Aunque, en realidad, lo que me parece más extraño aún es que tú puedas considerarlo tu amigo. Porque, tienes que admitirlo, a veces es insoportable.

Pero John no pudo responder porque se rió y era tan inapropiado reírse en ese momento, pero no le importó porque estaba completamente feliz. Se sintió alegre tras escuchar la respuesta del joven inspector e incluso se esfumó completamente esa aversión que sintió por él cuando lo conoció.

Después de que superó su alegre crisis, abrió los labios para decir algo, pero fue interrumpido por Sherlock.

-Este es uno de los casos más sencillos y aburridos, Greg. Deberías pensar mejor antes de decidir llamarme, en primer lugar. Creo que hasta podrías haberlo resuelto tú y tus compañeros sin mi ayuda...

-¡Sherlock! -Exclamó John, reprendiéndolo.

-No te preocupes -dijo Greg observando al rubio-, estoy acostumbrado. Entonces, Sherlock, ¿lo tienes? ¿Lo resolviste?

-¡Por supuesto que lo hice! Un niño podría haberlo hecho.

-Sherlock...

-De acuerdo... fue su marido. Tuvieron una discusión aquí, hace aproximadamente cuatro horas, él la ahorcó y al darse cuenta de lo que había hecho, se subió al automóvil y se escapó. Pero no es muy inteligente, en estos momentos debe estar en su casa, tratando de negarse lo que pasó.

-Es imposible que sepas todo eso con un vistazo -resopló Greg-. Esa información no puede estar en...

-Lo está -lo interrumpió Sherlock-, y tú lo ves, pero no observas.

-Exageras, sólo quieres impresionar a tu nuevo "amigo" -comentó Donovan.

No importaba si esa era la intención de Sherlock o no, John ya estaba impresionado. Sin embargo, le sorprendió ver un rastro de... ¿rubor? en las mejillas de él cuando la policía mencionó aquello.

-No, yo no quiero hacer eso -dijo, viéndose algo incómodo por primera vez.

-Basta, Donovan -intervino Greg-. De acuerdo, Sherlock, te creo... pero necesito que me expliques un poco más.

-Su anillo, su anillo de matrimonio estaba sucio, pero no el resto de las joyas que llevaba puestas -comenzó Sherlock-. ¿Por qué una mujer que se preocupa tanto por su aspecto personal, por cada detalle, descuidaría su anillo de matrimonio? Porque su relación con su marido iba mal. Sin embargo, la parte interna del anillo se veía brillante, lo que indica que se pulía al momento de sacarlo de su dedo... Ella tenía amantes, pero no era lo suficientemente cuidadosa como para evitar que su esposo se enterara. La siguió hasta aquí y una vez que ella y su amante se despidieron se presentó ante ella y comenzó a discutir... ¿Cómo sé eso? Por las huellas que hay aquí, además sus unas tienen un poco de sangre, lo que indica que se defendió, pero conocía al atacante. Él huyó al darse cuenta de lo que había hecho, pero casi puedo asegurar que sigue en su casa y ni siquiera se ha cambiado la ropa que llevaba puesta en ese momento. Fue una pelea pasional, como lo son todos los conflictos entre pareja y por lo mismo estúpidos y carentes de interés... Vamos, John, ya no hay nada aquí para nosotros.

Y Sherlock comenzó a caminar, dejando a los policías con la boca abierta. John tuvo que parpadear varias veces antes de comenzar a seguirlo.

-Eso fue... increíble.

-¿Eso crees? -le preguntó Sherlock, dirigiéndole una mirada curiosa.

-Sí.

Al regresar a la universidad y llegar hasta su habitación, John se acostó en su cama inmediatamente con una sonrisa en los labios. Definitivamente había sido el día más emocionante de su vida.

-¿Me vas a llevar otra vez, verdad? Cuando Greg tenga algo más para ti...

-¿Quieres volver a ir? -La voz de Sherlock parecía sorprendida y John se esforzó por no reírse; se sentía bien que por una vez él no fuera el único asombrado.

-Sí. ¿Me invitarás la próxima vez?

Sherlock se quedó en silencio. Ya que John no podía ver nada en la oscuridad, se imaginó que su rostro había adoptado una expresión pensativa... considerando todo.

-De acuerdo.

John sonrió en la oscuridad; se removió en la cama y trató de dormir porque tenía que asistir a clases, entregar trabajos... pero no podía, quería seguir escuchando su voz.

-Sherlock...

-¿Sí?

-¿Podrías contarme algunos de los casos que resolviste?

-¿De verdad quieres saber ahora? -Por alguna razón, Sherlock parecía entusiasmado.

-Aunque sea uno o dos...

Pero se interrumpió cuando escuchó que Sherlock se levantaba de su cama y se acercaba a él. Sin saber exactamente cómo había pasado, Sherlock se sentó a su lado. John se ruborizó e inmediatamente se sentó al sentir la calidez de su compañero cerca de él. Y cuando estuvo completamente sentado, se dio cuenta de que sus hombros estaban rozándose, ni siquiera se molestó en moverse, a pesar de que en la cama había mucho espacio.

-¿Qué haces, Sherlock?

-Es que no puedo decirte nada sin mostrártelo; aquí guardo toda la información de mis casos resueltos -dijo, emocionado, señalando su laptop. Parecía un niño pequeño que acaba de recibir un nuevo juguete. Incluso había olvidado que era él quien deseaba mantener la menor comunicación con John como fuera posible. Por supuesto, el joven rubio estaba demasiado contento con este cambio y jamás pensaría en recordarle a Sherlock que tenía que ignorarlo.

-Este fue mi primer caso, el niño que murió ahogado en la alberca, la policía jamás me escuchó...

Y John descubrió que podría escucharlo horas, que podría quedarse todo el día y toda la noche oyendo su voz. Pero no sólo era eso lo que lo mantenía atento, sino que había descubierto que su compañero era una persona increíblemente inteligente, la persona más inteligente que él había conocido. Y le gustaba estar sentado cerca de él, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del suyo o respirando profundamente su aroma.

Sin embargo, cuando Sherlock consideró que era suficiente de relatos, se levantó rápidamente y se dirigió a su cama, haciendo sentir a John repentinamente solo y frío.

Sólo al despertar a la mañana siguiente se dio cuenta de que algo estaba mal, algo había cambiado. Había experimentado un extraño sueño que todavía no estaba seguro si era eso o una terrible pesadilla. Porque en ese sueño John caía irremediablemente hacia un abismo profundo y ya no podía salir de ahí.

Y, a pesar de que había regresado a la realidad al abrir los ojos, sentía como si todavía estuviera en aquel abismo. Y John supo que aquella caída era definitiva, jamás podría recuperarse de ella.