Amaneció nublado al día siguiente. Espeon y Absol ya estaban esperándolos en la puerta del pasillo que daba a los dormitorios cuando todos los aprendices estaban levantados.
-Bien, aprendices. –Dijo Espeon, alzando la voz para que se le oyera lo mejor posible.- ¿Habéis decidido los equipos?
Hubo un murmullo de voces entre los Pokémons recién llegados.
-Supongo que algunos sí y otros no. Bueno, buscad grupo ya los que no tengáis.
Los que aún no habían encontrado ningún equipo de rescate empezaron a moverse por aquí y por allá preguntando si podían unirse.
Absol se había ausentado un momento mientras Espeon hablaba, pero acababa de volver.
-Espeon, nos faltan algunos objetos que darles en su primera misión.
Espeon lo miró fijamente y suspiró.
-¿No te dije que los compraras ayer? –Preguntó, intentando no elevar más la voz de lo necesario.
-Sí, pero se me debió de olvidar… Lo siento.
Espeon meditó unos segundos. Acto seguido, se volvió hacia sus aprendices y vio a Vulpix, del equipo Kurono, hablando tranquilamente con tres Pokémons más. Sin pensárselo dos veces, se acercó a ella.
-Hola. -Le dedicó una leve sonrisa.- ¿Te importaría ir a comprar algunos objetos a la Tienda Kecleon? Creo que esa podría ser tu primera misión.
A Vulpix se le iluminó la cara y asintió frenéticamente.
-¡Claro que sí! –Exclamó.
Espeon sonrió y le dio una nota con las cosas que debía comprar y el dinero con el que pagaría los artículos.
-Te esperamos aquí. –Dijo Espeon, y acto seguido volvió con Absol.
Vulpix salió del Pokégremio y se dirigió a la aldea. Todos la miraban con curiosidad. Era un Pokémon de un lugar lejano, más bien extranjero, a muchos kilómetros de allí. Venía de otra región, al igual que Shinx y Grovyle.
Al llegar a la tienda, los hermanos Kecleon la miraron de arriba abajo y sonrieron.
-Buenos días, señorita. ¿En qué podemos ayudarla?
Vulpix consultó la lista y luego habló.
-Me gustaría que me dieran algunas Sem. Revivir, dos Elixir Máx. y cinco Fugaesferas.
-De acuerdo.
Los hermanos Kecleon empezaron a rebuscar en sus almacenes y al cabo de unos minutos, metieron todo en una bolsa y se lo dieron a Vulpix.
-600 Pokés, por favor.
Vulpix les dio el dinero y volvió al Pokégremio, no sin antes toparse con miradas curiosas hacia ella.
En el Pokégremio, todo estaba muy agitado. Pokémons que corrían de aquí para allá buscando un equipo donde meterse, Pokémons contando sus anécdotas de cómo llegaron aquí y cómo descubrieron el lugar…
La pequeña Cindaquil que hasta ayer estaba sola, se acercó a Espeon.
-Perdona…
Espeon se giró hacia ella.
-¿Sí? –Dijo, mirándola a los ojos.
-Eh… Unos amigos míos se han retrasado un poco en el viaje, y… ¿Crees que podremos esperarlos?
Espeon miró al cielo y luego volvió a mirar a Cindaquil.
-¿Tardarán mucho?
-No, creo que estaban a una hora de aquí.
Espeon asintió.
-Supongo que podemos esperarlos. Gracias por avisarnos.
-De nada. –Cindaquil sonrió y se metió de nuevo en la multitud.
Vulpix entró al pasillo donde se encontraban todos y le dio la bolsa de la tienda a Espeon.
-Aquí tienes.
-Muchas gracias por ir, Vulpix. –Dijo Espeon sonriendo, mientras le daba un toque amistoso en el hocico con la pata.
Al cabo de una hora, aparecieron en el Pokégremio dos nuevos aprendices: Un Squirtle y un Munchlax.
-¿Son estos tus compañeros, Cindaquil? –Preguntó Absol, mirando a los recién llegados.
Cindaquil corrió hacia ellos y los abrazó.
-¡Sí! ¡Son ellos! –Exclamó.
-Genial. Procedamos con la inauguración entonces. –Dijo Espeon, conduciendo a los aprendices a la sala donde se habían reunido ayer.
Espeon se encontraba en el medio del escenario, con Absol a su lado, aunque algo más atrás.
-Bien, aprendices. Estáis aquí para explorar territorios nuevos, rescatar Pokémons en apuros, y subir de rango vuestro equipo tanto como os sea posible. –Mientras hablaba, los iba mirando uno a uno a los ojos. –Recordad que esto no es solo un pasatiempo. Es una responsabilidad. –Hizo una breve pausa. –Así que esforzaos al máximo.
Espeon los miró a todos durante un breve momento, y continuó hablando.
-Os podría dar el sermón, pero no serviría de mucho. Aún sois jóvenes y no entenderéis mucho de lo que os podría decir. –Miró a Absol y luego a los aprendices. –Dicho esto, sois oficialmente miembros del Pokégremio de Espeon.
Se oyeron clamores y vítores.
-Después de la comida, os mandaré vuestra primera misión. Hasta entonces, descansad, hablad, o haced lo que queráis, siempre y cuando esté permitido.
Espeon y Absol se bajaron del escenario y cerraron la puerta de la sala a su paso. Los aprendices volvieron al pasillo de sus dormitorios.
