Capítulo 5

John trató de distraerse mientras terminaba de guardar los libros que necesitaría ese día. El sueño que había tenido todavía lo perturbaba; a pesar de haber despertado seguía sintiendo que se encontraba irremediablemente atrapado. De pronto, se dio cuenta de que Sherlock seguía en su cama, con la bata azul sobre su cuerpo, no parecía tener intenciones de salir de la habitación.

-¿No vas a asistir a tu primera clase? -le preguntó John, frunciendo el ceño-. Creí que a esta hora tenías algo que entregar...

-No creo que el profesor me quiera ahí de nuevo -comentó Sherlock, interrumpiéndolo.

-¿Qué hiciste? O para ser más precisos: ¿qué le dijiste? -exigió el rubio. No llevaban mucho tiempo de que habían iniciado el ciclo escolar y él ya se había metido en problemas... otra vez. Y, considerando su historial, probablemente otra situación así y terminarían por expulsarlo. Y, para ser sincero, John no deseaba que eso sucediera.

Sherlock lo miró de reojo, pero continuó tecleando en su computadora.

-Sólo mencioné que se había equivocado al dar un resultado y que su manera de dar clase daba mucho que desear debido a que su mente tendía a divagar mucho y me hacía perder tiempo...

John levantó su mano para hacerlo callar.

-Creo que escuché suficiente, ya entendí. Bueno, levántate y vístete.

Sherlock le dirigió una mirada confundida y el joven hizo un gran esfuerzo por ocultar la sonrisa que luchaba por mostrarse en sus labios. Raras veces se veía a Sherlock confundido y aquella expresión en su rostro lo hacía lucir bien, de alguna manera. Sin embargo, John tenía que mantenerse serio, tenía que parecer molesto con él.

Aunque cada vez le era más difícil estarlo.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Es necesario -insistió John, mientras se inclinaba hacia él y lo obligaba a levantarse. Rápidamente lo empujó hacia el cuarto de baño. Sherlock todavía se veía bastante confundido, pero, aunque pareciera extraño, hizo todo lo que el rubio le dijo.

-¿A dónde vamos? -preguntó mientras se arreglaba la bufanda. John lo tomó de la mano y lo arrastró fuera de la habitación.

-No hagas preguntas.

Sin embargo, cuando se acercaron a la sección de Ciencias Naturales, Sherlock se detuvo y John se dio cuenta de que todo ese tiempo tenía su mano firmemente aferrada y la soltó, sintiéndose un poco avergonzado.

-Quieres que me disculpe con él -dijo el joven de cabello oscuro.

-Es lo mejor para ti, créeme -replicó John-, necesitas mantenerte alejado de los problemas, ya tienes suficientes manchas en tu historial.

-No me importa.

-Sherlock, pueden expulsarte.

-Aún así no me voy a disculpar por hacer una observación que es verdadera...

El joven se interrumpió cuando John se acercó más a él y lo obligó a inclinarse tirando de su bufanda.

-No todo en la vida es tener la razón o ser inteligente, Sherlock. A veces tienes que ceder en algunas cosas... por favor, sólo en esta ocasión escúchame, ¿si?

El rubio disfrutó un poco ver a su compañero incapaz de responder nada; lo observó fijamente durante unos instantes. John aprovechó esos momentos de mutismo para tocar su rostro. Por un maravilloso momento, creyó ver que las mejillas de Sherlock se ruborizaban y sus hermosos ojos brillaban.

-De acuerdo -dijo, después de un rato, aclarándose la garganta y dando un paso hacia atrás. Y John, a pesar de sus deseos, tuvo que quedarse donde estaba y negarse a acortar la distancia nuevamente.

-¿Lo harás?

-Sí.

Sin embargo, aquello que él le había dicho al profesor debió molestarlo mucho ya que su rostro se transformó en el momento en que vio a Sherlock acercarse al aula.

-Creí haberle dicho, señor Holmes, que no lo quería ver por aquí de nuevo.

Pero John se acercó más, pensando que era el momento perfecto para intervenir.

-En realidad, creo que le agradará lo que Sherlock quiere decirle. Está muy arrepentido, en serio.

El hombre se giró hacia el rubio y arqueó las cejas con curiosidad, probablemente preguntándose qué haría él ahí, defendiendo ese estudiante tan arrogante. Afortunadamente, John era de las personas que se veían responsables y confiables ante los demás, así que el profesor asintió y le permitió a Sherlock hablar.

Pero el joven de ojos verde-azul no parecía muy dispuesto a abrir los labios. Parecía petrificado y John tuvo que golpearlo en el hombro para hacerlo reaccionar.

-Lo siento -se notaba que aquellas palabras rara vez salían de aquellos labios, el joven parecía demasiado reacio al momento de decirlas-. No debí cuestionar sus métodos de enseñanza. No volverá a suceder.

El hombre que lo observaba estaba tan sorprendido que no dijo nada durante un momento. Al parecer, Sherlock Holmes no se disculpaba con frecuencia ante nadie. John trató de no sonreír.

-Está bien, puede pasar -dijo el hombre, finalmente. Sherlock no perdió ni un instante y entró en el salón. Era temprano, por lo que todavía estaban entrando otros estudiantes. Algunos de ellos habían observado la escena y lucían tan sorprendidos como el profesor.

John se alejó de ahí, intentando con todas sus fuerzas no reírse, pero estaba tan distraído que casi tropieza con una joven.

-Nunca había visto a Sherlock disculparse -comentó ella, era evidente que había sido una de las 'espectadoras' de la escena.

-Siempre hay una primera vez para todo -sonrió John, quien todavía encontraba bastante divertida la situación. Trató de no girarse, ya que estaba seguro que, desde donde se encontraba, podría alcanzar a ver a Sherlock, sentado.

-Me alegra que por fin haya encontrado a alguien como tú -dijo ella-. Alguien que lo haga ser mejor persona.

-No creo que yo pueda lograr que Sherlock cambie -replicó él.

-Pero lo hiciste disculparse, eso ya es decir mucho. Debe ser muy difícil para ti tener un novio como él.

-Sí, no tienes ni idea, a veces es un dolor de cabeza...

Sin embargo, John se interrumpió al darse cuenta de que ella había dicho una palabra... novio. Ella pensaba que Sherlock y él tenían una relación de pareja. De pronto, su rostro adquirió un color rojizo. Ni siquiera pudo articular ninguna palabra en ese momento. La escuchó reírse.

-No... no es lo que tú... yo no... él no es, no somos... nos conocimos hace muy poco tiempo -balbuceó John. No podía creer que no pudiera terminar ninguna frase correctamente.

Pero ella sólo sonrió más.

-Entonces fue un click, ¿no?

-¿Un qué?

-Un click -repitió ella, más animada-, ya sabes, cuando conoces a alguien y sabes que esa persona es la indicada. Cuando esa persona parece encajar perfectamente contigo, tanto que no sabes cómo es que viviste tanto años sin ella... y cuando estás con esa persona, todo parece tener sentido.

El rubio se dio cuenta de que las palabras de ella comenzaron a hacer eco en su cabeza, de pronto sintió deseos de girarse y sus ojos pudieron ver a Sherlock, sentado dentro del salón con una expresión que denotaba el gran aburrimiento que comenzaba a sentir. No pudo evitar sonreír al verlo así. Sin embargo, pensó que la joven probablemente se había dado cuenta de su mirada y que seguramente seguía creyendo que ellos eran una pareja. Así que se volvió hacia ella, listo para contradecirla, cuando se dio cuenta de que había desaparecido y que en aquellos momentos estaba entrando a su salón de clase.

Así que John tuvo que marcharse, sintiéndose avergonzado y confundido al mismo tiempo.

El resto del día fue un poco extraño para él, no pudo concentrarse completamente en sus clases y cuando Sarah había intentado hablar con él y decirle que había comenzado una relación con otro (alguien cuyo nombre John no podía recordar), no le importó en lo más mínimo.

Se sentía tan extraño que cuando se dirigió a la biblioteca todavía creía que nada podía sacarlo de aquel estado de confusión y frustración que lo estaba volviendo loco, hasta que sus ojos captaron una cabellera oscura y rizada. Sherlock estaba sentado en una de las mesas, con bastantes libros cerca de él, pero también estaba observando atentamente su teléfono. John sintió la tentación de sentarse junto a él, pero se recordó que tenía que entregar un libro y dirigirse a su siguiente clase.

Entonces, cuando había decidido ignorar que Sherlock se encontraba ahí, se dio cuenta de que una joven se acercaba y se sentaba junto a él.

Una joven bonita de cabello claro y que lo miraba con adoración. Y que hablaba con él y sonreía...

John no se dio cuenta de que sus piernas lo habían acercado hasta aquella mesa hasta que se encontró a unos centímetros de ellos.

Sherlock levantó la cabeza y le sonrió. Y el rubio, sin escuchar a su pensamiento racional, se sentó junto a él.

-¿Es tu amigo, Sherlock? -preguntó ella, tratando de no hacer mucho ruido.

El joven de cabello rizado volvió sus ojos hacia el teléfono, pero asintió, sin prestarle mucha atención. Ella parecía acostumbrada a ello, por lo que no se molestó, en lugar de eso, se dirigió a John.

-Me llamo Molly.

-John -respondió el joven, quizás demasiado bruscamente. Pero se las arregló para sonreír. Y es que él no podía explicárselo, ella era verdaderamente adorable y amable, no tenía por qué sentirse de esa manera. Sacudió la cabeza y comenzó a repetirse mentalmente que ella le agradaba, que no había nada malo en ella... tal vez era un poco molesto que le dirigiera tantas miradas a Sherlock y que pareciera fascinada con él, pero...

John volvió a sacudir la cabeza. Ella era agradable, sí, muy agradable. Él no tenía motivos para molestarse.

Entonces Molly se levantó.

-Nos vemos la próxima clase -le dijo a Sherlock-, tengo que irme. Adiós, John. Me dio mucho gusto conocerte.

Y el rubio sonrió al verla alejarse y se dio cuenta de que mientras más lejos se encontrara Molly, a él le parecía una joven mucho más encantadora.

De pronto, recordó que tenía que volver a clases, así que se puso de pie. Sin embargo, en ese momento una idea había surgido en su mente.

-Sherlock... ummm...

El joven levantó la mirada al escuchar su nombre, John sintió que sus mejillas comenzaban a arder, aunque era absurdo porque lo que iba a decir no era nada extraordinario, muchos amigos lo hacían; y aún así su corazón estaba latiendo aceleradamente.

-Me preguntaba si... bueno... yo termino mis clases a las tres de la tarde, más o menos y pensaba ir a comer, así que me preguntaba si querías... ummm... comer conmigo.

-Ya te dije que comer ralentiza mi proceso de pensamiento, John.

-Sí, pero... tal vez... bueno, tú podrías seguir contándome acerca de los casos que has resuelto mientras yo como. Recuerdo que la otra noche dijiste que lo que me habías dicho no era ni la tercera parte...

Sherlock sonrió.

-¿De verdad quieres que te cuente más? -Preguntó-. Creí que te había aburrido, la mayoría de la gente se aburre.

-No creo que nada de lo que tú digas pueda aburrirme, Sherlock -dijo John y de pronto se dio cuenta de lo había dicho y desvió la mirada-. Aunque si tienes algo mejor que hacer...

-Nos vemos a las tres en la cafetería -lo interrumpió Sherlock.

-De acuerdo -dijo John antes de alejarse. Sólo cuando estuvo seguro de que él no podría verlo, se permitió sonreír.