Capítulo 6
Quería escaparse entre la multitud de estudiantes mientras todos se encontraban agotados y desesperados por regresar a sus casas; John guardó sus libros y se levantó de su asiento, la puerta estaba cada vez más cerca, sólo tenía que llegar a la cafetería y esperar a Sherlock. No podía creer que se sintiera nervioso y emocionado al mismo tiempo; tenía la sensación de que debía analizar más a fondo aquellas emociones, pero en esos momentos no podía concentrarse.
Antes de que lograra salir alguien lo tomó del brazo. Tratando de ocultar la ligera molestia que había sentido, se giró. Era Sarah.
-¿No tienes hambre, John? Nosotros vamos a ir a comer y me preguntaba si querías acompañarnos...
Pero el joven negó con la cabeza, sin dejarla terminar.
-No, gracias.
-Vamos, acompáñanos sólo un momento, será divertido.
-Lo siento, Sarah, pero voy a comer con alguien.
-Oh -soltó ella, observándolo atentamente-. Ya entiendo y supongo que no la quieres hacer esperar.
John se ruborizó al interpretar su mirada.
-¡No es lo que piensas! Voy a comer con un amigo.
La sonrisa regresó a los labios de la joven.
-Entonces invítalo con nosotros. En nuestra mesa siempre hay lugar para alguien más.
Y, por más que lo intentó, no pudo evitar reírse. Porque se imaginó a Sherlock rodeado de todos sus compañeros, con el ceño fruncido, detestando cada momento junto a ellos. En algún momento él se las ingeniaría para insultarlos, todos se marcharían ofendidos y sólo quedarían ellos dos, como al principio. No, definitivamente a su compañero no le agradaría eso. Y, para ser sincero, él no se sentía muy deseoso de querer compartir a su amigo.
-Gracias, pero a él no le gusta mucho la gente.
-Te compadezco -soltó Sarah, entonces-. No entiendo cómo lo soportas. Pero no creo que suceda nada malo si lo dejas esperando. Se lo merece.
John frunció el ceño.
-A mí me agrada Sherlock. Yo lo invité a comer -admitió, sabiendo que su rostro comenzaba a adquirir un color rojizo-. Él es la persona más interesante que he conocido en mi vida. Y sí, a veces puede ser insoportable y me provoca dolores de cabeza, pero yo...
Sin embargo, se calló justo a tiempo. En realidad no tenía idea de lo que estaba diciendo; las palabras habían emergido solas de sus labios, sin pedirle permiso.
Además, la mirada de Sarah había cambiado, lo observaba con demasiada atención, casi como si quisiera analizarlo.
-De acuerdo... entonces nos vemos mañana.
John trató de no sentirse demasiado confuso cuando se alejó de ella y se dirigió a la cafetería. Definitivamente él había cambiado y no podía evitar notarlo, por más que quisiera negarlo... algo le había ocurrido el día que había conocido a Sherlock. Ahora constantemente se sentía frustrado y confuso, como si una lucha interna se estuviera desatando en él. Estaba atrapado por algo que no deseaba averiguar, sólo quería dejar de sentirse así...
Entonces se detuvo un momento y sonrió, olvidándose de todo. La cafetería estaba llena, pero desde afuera él pudo distinguir aquel cabello oscuro y despeinado... también notó que el cuello del abrigo estaba hacia arriba, haciendo que sus pómulos se notaran más. Se preguntó si había hecho aquello de despeinarse el cabello con las manos antes de entrar al lugar; John no quería admitirlo, pero le gustaba observar cuando Sherlock hacía eso.
Compró algo para comer y se sentó junto a él. Sherlock no se había dado cuenta de que había entrado a la cafetería hasta que estuvo frente a él; estaba demasiado concentrado en su teléfono... como siempre.
Sin embargo, cuando levantó la mirada, lo vio sonreír. Y John sintió como se le secaba la garganta y experimentó una extraña sacudida en su pecho. De pronto sintió la necesidad de acomodarse la camisa y pasarse los dedos por su cabello... quería lucir bien. Parpadeó, sintiendo que su cara enrojecía... dándose cuenta de que se estaba comportando como si estuviera... en una cita.
-John... ¿estás bien?
Sherlock se inclinó hacia él y John pudo oler su aroma a limpio, pudo observar que el azul de su bufanda hacía a sus ojos brillar con mayor intensidad. Y se dio cuenta de que él parecía disfrutar de su compañía, también. Ya no se veía irritado o molesto por estar junto a él como lo había hecho cuando se conocieron. Y eso era todo lo que John necesitaba saber. Se movió más cerca de él, su rodilla tocó ligeramente la de su compañero y le gustó aquella sensación eléctrica que recorrió su cuerpo cuando eso sucedió.
-Nunca he estado mejor en toda mi vida -le contestó regresándole la sonrisa.
Sherlock pareció mucho más relajado y sin perder el tiempo, continuó contándole los casos que había resuelto. Si no estuvieran en una cafetería, John se hubiera permitido cerrar los ojos y dejarse llevar por aquella voz profunda, pero se resistió. En cambio, intentó concentrarse en su comida, aunque ya había perdido todo el apetito.
-Sherlock...
-¿Sí? -el joven arqueó sus oscuras cejas. Estaba por contar otro de sus casos, pero John lo había interrumpido.
-Yo creo... -empezó, sintiéndose ridículo; su corazón latía con fuerza y su cabeza comenzaba a dar vueltas. No entendía por qué era tan difícil decir algo como eso. Era sólo un cumplido, algo que tenía que decir para evitar volverse loco- que eres la persona más inteligente e interesante que he conocido en toda mi vida.
El joven abrió los labios y respiró profundamente, como si fuera a responder algo, pero se quedó completamente petrificado. John pudo ver la sorpresa y la confusión en sus ojos. Parpadeó rápidamente varias veces, cosa que John encontró adorable, y volvió a abrir los labios, pero nada podía salir de ellos. Por un momento, se sintió verdaderamente orgulloso de dejar a Sherlock incapaz de formar una respuesta coherente.
Y disfrutó mucho más al observar cómo, lentamente, la piel de los pómulos de su compañero comenzaba a teñirse de rojo.
-Eso fue... -comenzó Sherlock, con torpeza, aclarándose la garganta- me siento muy... halagado, gracias.
John sonrió y se sintió tentado a tomar la mano de su compañero. Pero se contuvo. No sabía cómo podría reaccionar él ante eso, ni siquiera podía explicarse porqué sentía la necesidad de hacer contacto físico con él.
Sin embargo, cuando su mano comenzaba a estirarse sobre la mesa y acercarse a la de él. El teléfono de Sherlock sonó y él se puso de pie inmediatamente. Observó la pantalla y se despidió de John.
-Nos vemos más tarde -fue lo último que le dijo, antes de marcharse. Y todo lo que hizo el joven rubio fue suspirar, frustrado. Agachó la cabeza y se concentró en terminar su comida.
Por lo menos eso era lo que intentaba hacer hasta que alguien se sentó frente a él. Sarah, otra vez.
-Estaba molesta contigo, ¿sabes? -comenzó, sin siquiera saludarlo.
-¿Qué? -John estaba mucho más confundido que molesto en esos momentos.
Ella sonrió, como si estuviera hablando con un niño pequeño al que le faltara mucho por aprender.
-Estaba molesta porque no me invitabas a salir. Creí que te gustaba y como tú también me gustabas pensé que ibas a decidirte pronto.
-Sarah, yo...
Pero ella levantó una mano, interrumpiéndolo.
-Déjame terminar. Como te decía, creí que ibas a pedirme una cita, pero no lo hiciste y en la fiesta me ignoraste completamente, incluso intenté ponerte celoso, pero no funcionó y eso me dejó bastante confundida porque yo te había visto celoso cuando me acerqué a Sherlock, estaba segura que lo estabas, lo vi escrito en tu rostro con claridad... Y, entonces, cuando te vi aquí hoy, lo entendí todo.
John se puso nervioso, no le gustaba para nada la mirada que le estaba dirigiendo la joven.
-Por supuesto que esa vez te pusiste celoso -ella continuó sonriendo tranquilamente-, pero yo malinterpreté las cosas.
-No sé exactamente qué estás tratando de decir, pero estás equivocada...
Sarah negó con la cabeza y continuó como si él nunca hubiera hablado.
-No puedo estar enojada contigo, John. En primer lugar porque conocí a alguien más y en segundo porque vi tu expresión cuando estabas con él... y pude entender porqué no tienes espacio para nadie más en tu cabeza. Estás enamorado.
Su corazón iba a salirse de su pecho y sus mejillas se derretirían en cualquier momento debido al calor que sentía en su rostro.
-Y está bien... bueno, no entiendo cómo es que te enamoraste de alguien tan... difícil como Sherlock, pero debo admitir que es muy atractivo... Y he visto que él te trata diferente que a los demás, así es que si te atreves a decirle...
Pero John ya se había levantado del asiento y negaba con la cabeza repetidamente. Su rostro se había puesto pálido repentinamente, mientras la sangre seguía bombeando en sus oídos. Se encontraba en un estado de pánico.
-Estás equivocada -le dijo antes de salir rápidamente. Ni siquiera la ausencia de Sherlock en el departamento le sirvió para tranquilizarse. Cuando llegó no pudo concentrarse en nada, su cabeza daba vueltas rápidamente y sus pies no podían quedarse quietos. Caminaba de un lado a otro, tratando de convencerse de que eso no era cierto. Sin embargo, las palabras de Sarah habían sido un golpe doloroso y certero.
No, no podía ser posible. Él no estaba enamorado de Sherlock Holmes. Sólo lo consideraba fascinante y muchas veces lo sacaba de quicio hasta hacerlo desear tomarlo del cuello y hacerlo inclinarse más cerca para... John sacudió la cabeza, borrando ese último pensamiento. No, Sherlock era completamente opuesto a él, además era un completo arrogante, insensible y atractivo idiota que resultaba, también, ser un verdadero genio con una voz increíblemente profunda.
John se dejó caer en la cama y enterró el rostro en la almohada, gritando de frustración. Duró la mayor parte de la tarde en decidirse qué era lo que tenía que hacer. Tenía que ignorar a Sherlock. Debía seguir el plan que había pensado desde el primer día, evitarlo. Si lo lograba estaba seguro que todo aquello se le pasaría pronto.
Pero cuando llegó la noche y con ella Sherlock, los planes de John se desmoronaron. Por más que intentó concentrarse en lo que estaba leyendo, los pasos de su compañero al entrar a la habitación fueron suficiente para que él girara la cabeza en su dirección.
Y lo vio completamente feliz. John no podía ignorar eso, no podía no ir con él a sus excursiones nocturnas.
-¡John, tenemos otro caso! Y este parece mucho más prometedor que el anterior. ¡Es realmente interesante! -exclamó él.
Y el joven no pudo evitar corresponder a su sonrisa, porque le había gustado que lo incluyera en los casos. Su idea de ignorarlo se desvaneció y cuando Sherlock, en su euforia y alegría, se inclinó y tomó su rostro entre sus manos, John se convenció de que nunca podría hacer lo que se proponía. Sherlock era como una droga y él se había convertido en un adicto, uno que no podría curarse, uno que haría lo que fuera por seguir consiguiendo su dosis aunque ello le provocara la muerte.
-Vamos a salir hoy -le informó su compañero, con los ojos brillantes. Su rostro estaba tan cerca, que John sentía que se ahogaba en su mirada.
-Sí -dijo John, aunque no había hecho nada de su tarea, aunque al día siguiente tenía que ir a clases.
Porque John Watson no podía decirle que no a Sherlock Holmes.
Y justo cuando el rubio comenzaba a pensar que si se inclinaba un poco más podría alcanzar los labios de Sherlock, él se retiró.
-Es un asesino en serie, John -comenzó a explicarle-. Al parecer secuestra parejas de los bares y días después deja sus cadáveres en alguna parte de la ciudad. Es cuidadoso y un verdadero genio, adoro a los genios, están tan desesperados por el reconocimiento, les fascina ser halagados...
-Me he dado cuenta -comentó John, riéndose, sin dejar de mirar a su compañero.
-... y es precisamente por esa sensación de superioridad que dejan indicios, para burlarse de los demás. Hay cosas bastante interesantes en los cuerpos que ha dejado... en las diez víctimas.
John tomó el teléfono que Sherlock le extendió y comenzó a ver las fotos que le había mandado Greg, y se dio cuenta de algo...
-Por eso tenemos que salir hoy, debemos saber dónde caza, tenemos que tratar de averiguar qué es lo que pasa por su cabeza, por qué los elige...
-Sherlock... todos son... son parejas homosexuales.
El joven de cabello oscuro asintió, sin inmutarse.
-Sí, por eso vamos a ir a este bar -dijo y le dio una tarjeta.
John observó la tarjeta... creía haber escuchado sobre aquel bar.
Un bar gay.
