Todos los equipos llegaron juntos al Bosque Nocturno. Una vez en la entrada, se miraron los unos a los otros. El bosque era oscuro, y bastante espero, a pesar de ser aún de día.

-Bueno, chicos. –Dijo Vulpix después de haber estado mirando la entrada del bosque largo rato.- Si no nos damos prisa, no llegaremos antes del anochecer. Así que… Shinx, Riolu, Grovyle. ¡Vamos!

Y, diciendo esto, empezaron a internarse en el bosque. Segundos después, la oscuridad volvió a apropiarse de la entrada.

-¿Qué, vamos? –Dijo Cindaquil, mirando a Squirtle y Munchlax.

-Está muy oscuro, ¿no crees? –Comentó Squirtle, que era algo asustadizo.

-Vamos, seguro que esas Manzanas Negras tienen que estar riquísimas como cena. –Dijo Munchlax, cogiendo a los otros dos Pokémon del brazo y arrastrándolos dentro.

Poco después, todos los aprendices habían entrado dentro del Bosque Nocturno, cada uno yendo por caminos diferentes.

Vulpix iba encabezando el grupo. No perdía detalle de por dónde habían pasado y por dónde no, mirando el mapa de vez en cuando.

-Por ahí. –Dijo Vulpix, señalando hacia el camino de la izquierda, ya que se encontraban en una bifurcación del camino.

-No creo que sea por ahí. –Añadió Riolu, parando a Vulpix, que ya se decía a caminar.

-¿Por qué no? –Preguntó la chica, mirándolo con cara de pocos amigos.

-Fíjate bien. –Dijo, señalando una ramita caída de uno de los árboles.

-Sí, es una rama, ¿y qué? –Respondió Vulpix, empezando a perder la paciencia.

Grovyle se puso en medio de los dos y señaló también la rama.

-La dejamos al pasar por ahí, ¿recuerdas? –Dijo este, mirando a su "jefa".

Vulpix dudó unos segundos y luego asintió. No dijo nada, sacó pecho y cogió el camino de la derecha. Los demás la siguieron sin decir nada más, discutir en un bosque con tanto silencio no tendría que ser demasiado bueno.

El equipo de Cindaquil avanzaba torpemente por el bosque, abriéndose paso entre ramas caídas, raíces que sobresalían del suelo, y árboles iguales por todos lados.

-¿Por qué no nos enviarían a un lugar menos… peligroso? –Preguntó Squirtle, que iba pegado a la espalda de Munchlax.

Cindaquil había empezado a perder la paciencia y el fuego de su espalda iba en aumento.

-Eh, Cindaquil. –Dijo Munchlax. – Cuidado con las llamas. Recuerda que esto es un bosque.

Cindaquil miró de reojo su espalda y comprobó que sus llamas iban en aumento. Cerró los ojos, suspiró e intentó con todas sus fuerzas controlar sus nervios. Poco a poco, las llamas se apagaron.

-Gracias por avisar. – Comentó Cindaquil, sonriendo levemente.

Una vez pasado el susto, siguieron caminando, esquivando las ramas caídas o las ramas bajas, y las raíces que sobresalían.

No sabían cuántas horas habían pasado, pero, al cabo de mucho tiempo y esfuerzo, Shinx vio a lo lejos un árbol mucho más grande y negro que los demás, que dejaba ver unos rayos de sol a su alrededor.

-¡Eh! ¡Mirad! ¡Es ahí! –Dijo el pequeño, eufórico.

Grovyle, Vulpix y Riolu, quienes casi habían perdido las esperanzas, levantaron las cabezas y vieron la luz.

-¡Es verdad! –Exclamó Vulpix.

-¡Vamos! ¡No hay tiempo que perder! –Dijo Grovyle.

Dicho esto, los cuatro echaron a correr hacia el árbol.

Cindaquil vio luz a lo lejos.

-¡Luz! ¡Vamos, corred! –Exclamó, echando a correr, seguida de sus dos compañeros.

Al llegar allí, comprobaron que Vulpix y su equipo habían llegado antes y ya se habían hecho con algunas de las Manzanas Negras.

-Vaya… Hemos llegado tarde… -Susurró Squirtle, mirando a Vulpix recoger las manzanas.

Vulpix les echó una mirada y sonrió.

-Vaya, otro equipo nos ha dado caza.

Cindaquil, Squirtle y Munchlax se acercaron, observando que aún quedaban algunas.

-Podéis coger las demás, nosotros ya tenemos suficientes. –Comentó Vulpix, llamando al resto de su equipo y marchándose del claro.

Los tres se miraron, al principio incrédulos. Se mantuvieron en silencio unos segundos, que parecieron interminables, hasta que Munchlax habló.

-Vamos, al menos, seremos los segundos.

Y, dicho esto, los tres empezaron a coger las Manzanas Oscuras que habían sobrado, guardándolas en su mochila y volviendo por donde habían llegado.

Una vez que en el Pokégremio estaban todos, Espeon carraspeó y habló.

-Buen trabajo, aprendices. Todos habéis superado el Bosque Nocturno, algunos con más suerte que otros.

Los aprendices cuchichearon entre sí.

-Ya sé que algunos no han conseguido Manzanas Oscuros, pero al menos habéis conseguido puntos para vuestro equipo. Y, que no las hayáis conseguido no significa que no disfrutéis de la cena que nuestro chef, Tropius, ha preparado con ellas. ¡Vamos, jóvenes, todos al comedor! –Y, diciendo esto, los condujo hasta el comedor.

Allí, todos se sentaron y comieron como nunca. El día había sido agotador, no estaban acostumbrados a ese trote.

Había mesas donde había solo un equipo, pero había otras donde habían dos o tres equipos juntos, contando cómo habían llegado al claro.

Hora y media después, el comedor quedó vacío y los aprendices se fueron a dormir. Todos cayeron rendidos. Espeon y Absol sonrieron viendo como el pasillo de los dormitorios estaba desierto, y como solo se oía la respiración tranquila de los Pokémons.

-Ha sido un buen día para ellos. –Comentó Espeon, cerrando la puerta y dirigiéndose a su habitación.

Absol sonrió también y se metió en su despacho, organizando las misiones de mañana.

Bien, aquí esta el capítulo 4… ¿Qué os está pareciendo la historia? Por favor, dadme una opinión. Necesito saber si hay que cambiar alguna cosilla. Gracias.