Capítulo 7

-Sherlock... entonces... ¿tú pretendes que vayamos a este bar y finjamos ser pareja? -preguntó John, ignorando el sonido de su sangre bombeando en sus oídos. Estaba observando atentamente hacia él, sin poder creer lo que estaba pasando. Todo parecía más difícil para él, ahora que sabía la verdadera naturaleza de sus sentimientos hacia Sherlock.

Su compañero le lanzó una mirada curiosa; arqueó las cejas.

-No había pensado en eso exactamente, pero creo que tu idea es buena, así podremos mezclarnos mejor -sonrió él-. ¿No es un problema para ti, verdad?

-No -dijo, pero tuvo que aclararse la garganta. De pronto, su rostro se había coloreado de un rojo intenso y extrañas imágenes habían aparecido en su mente-, por supuesto que no.

Pero sí lo era; lo era porque sus sentimientos todavía eran nuevos para él y sabía que Sherlock no los correspondía, sabía que él era un insensible que sólo le interesaba resolver enigmas. Eso era su verdadera pasión. Y en esa mente tan brillante y extraña no había espacio para una relación. Podría negarse, aún tenía tiempo. Podía decirle a Sherlock que no iba a ir, que tenía que estudiar... Sin embargo, él sabía que no podía decirle que no... además, una parte de él se sentía verdaderamente emocionado en intentarlo, aquella noche él podría acercarse a Sherlock, no tendría que reprimirse y él no sospecharía nada, su secreto quedaría a salvo, porque todo sería... fingido o por lo menos eso es lo que pensaría él.

-Cámbiate de ropa -le dijo él, haciéndolo salir de sus pensamientos.

-¿Qué?

-Tienes que lucir... diferente -aconsejó Sherlock, antes de desaparecer tras la puerta del baño.

John no podía imaginarse qué era exactamente lo que quería decir su compañero con eso, así que simplemente escogió unas prendas más llamativas. Se puso unos pantalones que le quedaban apretados y una camisa que sólo usaba en ocasiones especiales, una camisa que le favorecía bastante. Sin resistir la tentación, se pasó los dedos por el cabello, observando constantemente la puerta del baño, esperando verse bien.

Y Sherlock salió con una chaqueta negra, un pantalón de mezclilla y unas botas. John resopló y frunció el ceño de frustración; podía sentir su pulso acelerado y sus mejillas ardiendo. Detestaba que Sherlock se viera atractivo con todo lo que se ponía y detestaba, más que nada, ser completamente consciente de ello. Era inevitable reaccionar a él.

Así que John lo siguió; se dejó guiar hasta aquel bar, a pesar del presentimiento que lo iba consumiendo poco a poco; sus sentimientos terminarían destrozados al final de la noche.

Y John se sintió completamente indefenso; mientras entraban en el bar y todas aquellas parejas pasaban frente a ellos; la conversación y la música subió hasta sus oídos y se dejó llevar. Jamás había estado en un lugar como esa y probablemente jamás hubiera asistido de no ser por Sherlock. Nunca se había sentido atraído hacia un hombre hasta que lo conoció.

-Este es el lugar donde caza, John -le dijo su compañero, con una alegría que cualquiera vería completamente fuera de lugar. Muchos asesinatos habían sido cometidos, pero Sherlock disfrutaba mucho ese momento, tratar de entrar en la mente del asesino, buscar una respuesta. Pero John no era cualquier persona y sintió que su propio rostro reaccionaba ante la alegría de Sherlock con una sonrisa. Además, el ruido hacía difícil la comunicación y su compañero tenía que inclinarse muy cerca de él para que lo escuchara. Y John disfrutaba la sensación cálida de su aliento cerca de su cuello o de su oído.

Lograron sentarse en una mesa; John, en ese momento, se daba cuenta de que la apariencia de Sherlock atraía bastante mirada apreciativas e instintivamente acercó su silla más a la de él. Los hermosos ojos de su compañeros comenzaron a buscar entre la gente a su alrededor.

-¿Crees que esté aquí?

-Sería una coincidencia increíble y, por lo tanto, poco probable -respondió él-. Pero lo que busco hoy no es a él, sino quiero averiguar cuál es su patrón. Necesito saber cómo selecciona a sus víctimas, qué es lo que ve en ellas que lo hace elegirlas. Si conoces la presa conocerás más al depredador...

John no pudo evitar reírse con el comentario.

-Entonces yo probablemente esté tan desquiciado como...

Sherlock giró su cabeza, mirándolo fijamente. Sus cejas se arquearon.

-¿Qué? ¿De qué hablas?

-Nada importante -sonrió John-. Voy a ir por unas bebidas.

Sherlock asintió, distraído nuevamente y siguió observando a las personas. Ellas estaban tan distraídas que ni siquiera prestaban atención al joven que los analizaban detenidamente.

-Dos cervezas, por favor -dijo John, una vez que se acercó a la barra. El joven detrás de ella le sonrió y se giró para sacar dos vasos.

-Afortunado -comentó, guiñándole un ojo, mientras servía el contenido en los dos recipientes de vidrio.

-¿Qué?

-El joven misterioso de chaqueta negra, el que está sentado allá. ¿Es el tuyo, no?

John siguió su mirada y se dio cuenta de que estaba viendo directamente a Sherlock. Se ruborizó.

-Sí... es mío -aquellas palabras brotaron como algo nuevo y delicioso de sus labios, le gustaba haberlas pronunciado, aunque inmediatamente se sintió extraño al hacerlo, ya que no eran ciertas.

-Y dime... ¿cómo es?

-Es la persona más inteligente que he conocido -dijo John al instante, no le costaba mucho trabajo hablar sobre él-. Puede llegar a ser completamente frustrante, pero es imposible permanecer enojado con él mucho tiempo.

-Se ve algo peligroso...

John se rió.

-Siempre se mete en problemas, si eso es a lo que te refieres.

-Supongo que nunca te aburres estando junto a él -continuó el joven, observando a John atentamente.

-Todo es más interesante cuando él está cerca.

El joven le acercó las dos cervezas y esperó a John le pagara.

-¿Estás perdidamente enamorado, verdad?

John se apresuró a darle las monedas; de pronto se sintió incómodo. ¿Era tan evidente? ¿Por qué todos parecían llegar a la misma conclusión?

-Tal vez -se atrevió a decir.

-Bueno... entonces deberías cuidarlo un poco más -comentó el joven, observando algo detrás de él-. Es lo malo de este lugar, no puedes dejar a tu pareja sola ni siquiera cinco minutos... porque llegan los cuervos.

John había tomado las dos cervezas con las manos y estaba a punto de preguntarle a qué se refería, pero al girarse, un movimiento captó su atención. Un joven de cabello castaño se había sentado junto a Sherlock y lo miraba de una manera que no le agradó nada a John.

Sin pensarlo comenzó a caminar hacia ellos, empujando a varias personas a su paso; estaba tan concentrado en lo que veía delante de él, que ni siquiera se daba cuenta cuando más de alguno lo observaba con el ceño fruncido mientras pasaba a su lado.

El joven se inclinaba hacia adelante, acercándose a Sherlock lo más que podía y le lanzaba sonrisas encantadoras. Extendió su mano y comenzó a acariciar su cabello, cualquier persona (aunque no fuera muy inteligente), entendería lo que él trataba de hacer... a excepción de Sherlock Holmes. Los sentimientos y emociones humanas, siempre que se relacionaran con él, le eran completamente ajenos. Así que él lo observaba con confusión, sin entender porqué aquel joven trataba de acortar la distancia entre ellos.

Entonces John se detuvo frente a ellos y, con cierta brusquedad, dejó las cervezas en la mesa. Se aclaró la garganta y esperó hasta que el joven le regresó la mirada.

-John, ya te habías tardado -comentó Sherlock, quien, para alivio de John, no parecía estar disfrutando mucho de la nueva compañía.

No podía verse en un espejo, pero sabía exactamente que sus emociones no eran las más pacíficas en aquel momento. Sin embargo, se sorprendió al notar que el joven se levantaba y retrocedía unos pasos sin dejar de verlo. Definitivamente su expresión debía reflejar bastante bien sus sentimientos.

-Lo siento, no sabía que él tenía... pensé que estaba solo -dijo a modo de disculpa. Y se retiró de ahí sin decir más.

Sólo entonces John logró relajarse un poco, y volver a girarse hacia Sherlock. Él parecía bastante sorprendido.

-Eso fue... parecía que -se giró hacia John, él desvió la mirada. Movió la cabeza de un lado a otro, como si descartara la idea que le había surgido-. Me alegra que se haya ido, se comportaba extraño, aunque fue útil.

John apretó los puños. A veces le desesperaba la ceguera de Sherlock. ¿Cómo podía alguien ver a través de todo y no darse cuenta de lo que estaba frente a él?

-No se comportaba extraño -gruñó-, simplemente estaba flirteando contigo.

Sherlock negó con la cabeza.

-Imposible, me habría dado cuenta.

-¡Por supuesto que no, Sherlock! ¡Tú nunca te das cuenta de esas cosas! -exclamó y se dio cuenta de que estaba reaccionando bastante mal. Trató de calmarse.

-Fue... amable, simplemente. Contestó a todas las preguntas que le hice acerca del bar.

-Te habría escuchado (o por lo menos fingido que lo hacía), aunque le hubieras contado toda historia del tabaco -resopló John-. Porque le interesabas y trataba de hacerte sentir lo mismo, pero él no tenía idea que estaba frente a un psicópata imbécil que ni siquiera sabe...

-¿Por qué estás tan molesto? -preguntó Sherlock, quien parecía sinceramente consternado.

-No lo estoy -respondió él, tratando de calmarse. Odiaba ser tan evidente y detestaba más sentirse de aquella manera. Tomó uno de los vasos y se lo llevó a los labios, no tardó mucho en terminárselo.

Sherlock lo observó con curiosidad, pero no hizo ningún otro comentario. John respiró profundamente y se tomó el segundo vaso.

-Creí que ese era para mí -dijo su compañero.

-Yo lo necesitaba más que tú -respondió John, quien finalmente logró relajarse.

-Creo que si vuelvo a revisar las fotografías y documentos que envió Greg podría averiguar más... A pesar de que caza en diferentes lugares, éste parece ser el que va más de acuerdo con sus necesidades. Sin embargo, necesito analizar todo más detenidamente, todavía no logro encontrar qué es exactamente lo que busca...

Mientras Sherlock continuaba describiéndole las situaciones y personalidades de las personas a su alrededor (ya que pensar en voz alta le ayudaba más a hacer sus deducciones), John respiró profundamente y estiró una de sus manos sobre la mesa hasta alcanzar la de Sherlock. Sintiéndose repentinamente ridículo, se ruborizó, pero no retiró su mano, sino que apretó con fuerza la mano de su compañero.

Sherlock se interrumpió y sus ojos se posaron sobre sus manos unidas y después en su rostro. Arqueó una ceja, interrogante.

John carraspeó, sintiendo mucho calor, de pronto.

-Se supone que vinimos aquí como pareja -soltó. Sherlock asintió, aceptando su argumento como válido y continuó hablando. John se preguntó qué tan lejos podría llegar con eso hasta que su compañero comenzara a sospechar.

-Vamos a bailar -se atrevió a decir, momentos después. Se dio cuenta que esa noche sería la única oportunidad que tendría de estar cerca de él y no quería desperdiciarla.

-¿Qué? ¿Por qué...?

Se veía tan desconcertado, que John estuvo a punto de reírse, pero se controló justo a tiempo.

-Tal vez así puedas entender lo que él busca. Si te mezclas completamente entre ellos -ni siquiera sabía si lo que decía tenía sentido, pero quería convencerlo. Se levantó y tiró de su mano con amabilidad. Le sonrió-. Vamos, Sherlock, sólo una vez.

Un poco confundido, el joven de cabello oscuro se levantó y siguió a John entre la multitud.

-¿Estás seguro de esto, John?

-Completamente -respondió él, acercando su cuerpo al de Sherlock. Comenzó a moverse y cuando vio que él comenzaba a relajarse, se dio cuenta de algo fascinante-. ¿Te gusta bailar, verdad?

Sherlock sonrió y se inclinó cerca de él.

-Siempre me ha gustado.

El corazón de John reaccionaba violentamente ante la cercanía de Sherlock. Y la cerveza que había consumido lo ayudó a sentirse más ligero y alegre. Sus brazos se colocaron alrededor del cuello de su compañero, como si actuaran por cuenta propia. Con un movimiento lo obligó a inclinarse más cerca.

-¿John?

-Shh, no hables, por una vez... -John inclinó su cabeza hacia arriba y unió sus labios a los de Sherlock. Y cuando sintió su boca cálida y dulce, se dio cuenta que era mejor de lo que se había imaginado. También supo que había deseado besarlo desde la primera vez que lo conoció.

Sintió cómo el cuerpo de Sherlock se puso rígido por la sorpresa, pero también se percató cuando comenzó a relajarse y el momento en que sus labios le correspondieron... Y cuando John, con el corazón latiendo salvajemente en su pecho, quiso acercarse más a él, Sherlock se apartó. Tenía las mejillas ruborizadas y su respiración era agitada.

-John... esto, ¿no es real, verdad?

Sintió una punzada de dolor en el pecho cuando Sherlock dijo aquellas palabras, pero trató de mantenerse inexpresivo. Por un momento se sintió tentado a decirle la verdad, pero no podía, no quería arriesgarse a que Sherlock se alejara de él.

-No, sólo estamos fingiendo... eso era lo íbamos a hacer -le dijo, antes de acercarlo nuevamente hacia él. Sabía que era su última oportunidad y aunque se arriesgaba demasiado, no pudo resistirse a besarlo nuevamente. Y mientras sus labios probaban los de él, no podía creer cómo era que Sherlock fuera tan ciego, no podía creer que no sintiera que sus besos eran reales, que entregaba su corazón en cada uno de ellos.

Pero se trataba de Sherlock Holmes, él era completamente inexperto en temas que se relacionaban con las emociones. La falta de aire lo obligó a separarse de él. Entonces, su compañero tomó su rostro entre sus manos, sus mejillas seguían ruborizadas y su respiración era tan agitada como la de él, pero ahora sus ojos brillaban intensamente.

-¡Gracias, John! -exclamó Sherlock, completamente feliz-. ¡Ya sé cómo lo vamos a encontrar! Creo que ya sé lo que busca...

Pero John no correspondió a su sonrisa, porque de pronto se sintió desdichado, por un maravilloso momento había pensado que las palabras de Sherlock serían completamente diferentes.